Nacida como una estrategia para ganar prestigio en el mundo empresarial, y ante los consumidores, el ostentarse como una empresa socialmente responsable (ESR), más allá de un compromiso que dicte una buena conducta tanto al interior como al exterior de la compañía, puede convertirse una acción de doble moral cuando se incurre en prácticas desleales e incluso ilegales, según especialistas.
De acuerdo con el Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi), organismo que otorga el distintivo ESR, para que una empresa pueda decirse socialmente responsable, tendría que cumplir con los siguientes ejes: calidad de vida en la empresa, vinculación con la comunidad, cuidado y preservación del medio ambiente y ética empresarial. Es justamente el último punto el que cuesta más trabajo a las firmas.

