Empezó con una idea tan sencilla como bien intencionada. A la conclusión de una exitosa gira para promover la filantropía entre multimillonarios de Estados Unidos, Bill Gates y Warren Buffett acordaron otro viaje promocional para visitar a recién acuñados multimillonarios en China y hacerles ver las bondades de aportaciones caritativas.
Pero entonces, una cosa curiosa empezó a suceder. Grandes empresarios chinos, inicialmente entusiasmados por reunirse con sus colegas estadounidenses empezaron a hacer llamadas discretas, preguntando si en la cena serían obligados a comprometer sus fortunas. Algunos hasta cancelaron, alegando conflictos de agenda. Cuando los medios chinos se percataron del asunto, empezaron a lanzar acusaciones de avaricia, junto con una galopante especulación sobre quién había sido invitado y quién declinó. El resultado ha sido una buena dosis de introspección entre los ricos en China sobre cómo ayudar a la sociedad y sobre las responsabilidades que trae consigo la nueva riqueza.

