Activistas reclaman que las multinacionales se impliquen para mejorar las condiciones de trabajo
Haga la prueba. Vaya a su armario y revise las etiquetas de sus camisetas. Seguro que en muchas —a menudo las más sencillas, esas que puede comprar a solo 6,95 euros, dice “Hecho en Bangladesh” o made in Bangladesh—. Quizá hayan sido cosidas en talleres textiles no tan distintos de los alojados en un edificio de ocho plantas que colapsaron el miércoles en las afueras de Dacca (Bangladesh). Con más de 300 muertos y cientos de desaparecidos es una de las mayores catástrofes de una precaria industria que llena las tiendas de occidente de ropa baratísima y es clave en la economía de Bangladesh.








