En la actualidad 60% de personas a nivel mundial, en particular mujeres y niñas, recurren al lavado de la ropa a mano, una tarea pesada que requiere mucho tiempo y en la que se gastan muchos litros de agua. Para transformar esta situación, Whirlpool Corporation, a través de la iniciativa social The Washing Machine Project y diversos grupos comunitarios, ha estado haciendo entrega de 255 lavadoras manuales en diversas comunidades y hogares de Puebla y en esta ocasión también lo hacen en Ocuilapa, Chiapas.
Según la Organización Mundial de la Salud, el 70% de los hogares de todo el mundo dependen de las mujeres y las niñas para la recogida de agua y el lavado de ropa, quienes dedican aproximadamente 20 horas a la semana al lavado a mano de la ropa en comunidades desfavorecidas.
Por esta razón, y como parte de su programa de Responsabilidad Social Global House and Home cuyo objetivo es mejorar la vida en el hogar de las comunidades en las que opera para lograr resiliencia y mejores oportunidades, Whirlpool en conjunto con la iniciativa The Washing Machine Project y diversos grupos comunitarios, realizó la entrega de 255 lavadoras manuales en México fabricadas completamente por empleados voluntarios de Whirlpool, de las cuales, 225 se entregaron en Puebla y 30 en Chiapas.
“Cada lavadora que entregamos representa mucho más que un electrodoméstico, son herramientas de cambio social que devuelven aproximadamente 15 horas mensuales a una familia al reducir el tiempo dedicado al lavado de ropa a mano, permitiendo que las mujeres enfoquen el tiempo en su educación, al emprendimiento de un negocio, a la convivencia familiar o simplemente al descanso”, afirmó Delia Sánchez, Senior Manager de Comunicación, Relaciones Públicas, Responsabilidad Social y Cultural de Whirlpool LAR.
La lavadora llamada Divya, es la primera lavadora manual del mundo que se puede plegar y que permite a los usuarios lavar su ropa sin necesidad de electricidad ni de una fuente de agua conectada. Su diseño sencillo reduce la necesidad del esfuerzo físico prolongado que suele requerir el lavado a mano de la ropa, sustituyéndolo por una sencilla máquina manual que se puede utilizar con frecuencia y de forma segura.
La colaboración para hacer entrega de lavadoras manuales se ha replicado para generar cambios tangibles en comunidades donde el acceso a electrodomésticos convencionales está limitado por infraestructura o recursos económicos en países como la India, México, República del Congo y Uganda, por mencionar algunos.
“Este proyecto representa la filosofía de Whirlpool de desarrollar soluciones prácticas que mejoren la vida cotidiana de las personas, y con The Washing Machine Project estamos transformando vidas, no solo con electrodomésticos avanzados para mercados desarrollados, sino también con innovaciones adaptadas a las necesidades de todas las comunidades”, agregó Delia Sánchez.
Se espera que durante los próximos cinco años esta iniciativa beneficie a alrededor de 150,000 personas en todo el mundo para mejorar su calidad de vida al aportar soluciones de lavado eficientes y sostenibles donde más se necesitan.
¿Sabías que el café es la segunda bebida más consumida en el mundo, solo después del agua? En México, esta tradición se remonta a más de 250 años, una historia que ha ido tejiéndose con el trabajo de miles de familias cafetaleras. Gracias a la geografía y el clima privilegiado de varias regiones, México se ha consolidado como un productor de café reconocido mundialmente por su calidad y sabor distintivo.
El café mexicano no es solo un producto comercial; es un patrimonio cultural y natural. Cada grano representa el esfuerzo, la pasión y la dedicación de comunidades que han trabajado la tierra por generaciones, transmitiendo conocimientos y tradiciones que se reflejan en cada taza. Esta conexión profunda con la tierra y la historia es lo que hace único al café mexicano.
Sabormex lleva más de 75 años llegando a las mesas de las familias de México. Su compromiso con la calidad y el origen les ha permitido ofrecer uno de los cafés más vendidos que se cultiva, cosecha y tuesta exclusivamente en México.
Café Mexicano: Calidad y origen 100% nacional
La marca Café Mexicano destaca por su proceso de producción integral y su apego a la autenticidad. Desde la siembra hasta el tostado, todo se realiza en México, lo que no solo asegura la frescura y calidad del producto, sino que también impulsa la economía local. Esta cadena de valor completa es un ejemplo de cómo se puede cuidar y potenciar un producto nacional con orgullo y responsabilidad.
Al producir café exclusivamente en tierras mexicanas, se genera empleo en comunidades rurales, ayudando a mantener vivas las tradiciones y a fortalecer el tejido social. De esta forma, el impacto social como valor añadido, junto al característico sabor de la mezcla de grano arábico y robusta con tueste medio oscuro se ha consolidado como un distintivo para nuestro producto cada vez más valorado por los consumidores.
Pero el café enfrenta retos significativos: el cambio climático y el abandono de la tierra por parte de las nuevas generaciones. Por ello, Sabormex entiende que es fundamental no solo preservar la tradición, sino también innovar y buscar nuevas soluciones para asegurar que el cultivo del café continúe siendo viable y rentable en el futuro.
Jóvenes por la Caficultura Sostenible: educación y oportunidad
Ante estos desafíos, en 2023 Sabormex, en alianza con Brianna’s, lanzó el programa “Jóvenes por la Caficultura Sostenible”, un diplomado diseñado para formar y motivar a las nuevas generaciones de productores y colaboradores en el sector cafetalero. Este programa nace con el objetivo de empoderar a jóvenes de comunidades cafetaleras, ofreciéndoles las herramientas necesarias para enfrentar los retos de la industria y promover un desarrollo sostenible.
El programa se realiza en colaboración con AMSA/ECOM, el Centro de Investigaciones Económicas, Sociales y Tecnológicas de la Agroindustria y la Agricultura Mundial (CIESTAM) y la Universidad de Chapingo. Así, se garantiza un contenido académico riguroso y pertinente, que combina conocimiento técnico con aspectos sociales y ambientales, alineado con las necesidades reales de los jóvenes y sus comunidades.
Además de la capacitación, el programa ofrece un reconocimiento que busca no solo premiar el esfuerzo, sino también incentivar la permanencia y el compromiso. De esta forma, Sabormex apuesta por una educación integral que combina formación, apoyo económico y motivación para sembrar en las nuevas generaciones la pasión por el café y la sostenibilidad.
Resultados que inspiran y motivan
El impacto del programa “Jóvenes por la Caficultura Sostenible” es evidente en sus resultados. La primera generación, en 2023, contó con 24 jóvenes becados, con 21 apoyos de Sabormex y3 adicionales gracias a la colaboración con Chep. Esta alianza permitió ampliar el alcance y asegurar una mayor participación de jóvenes con gran potencial.
En 2024, la segunda generación reconoció a 27 jóvenes participantes, de los cuales 15 fueron patrocinados por Sabormex y 11 por Brianna’s, consolidando así un esfuerzo conjunto para seguir impulsando a más jóvenes hacia el futuro de la caficultura. Este crecimiento refleja la confianza en el programa y la importancia de la educación para el desarrollo sostenible del sector.
Para 2025, la tercera generación ya está en marcha, con 44 jóvenes inscritos. De ellos, 26 participaron en el evento kick-off, donde tuvieron la oportunidad de vivir una experiencia enriquecedora que marcó el inicio de su camino formativo. Estos resultados muestran no solo números, sino también historias de jóvenes motivados que están dispuestos a ser agentes de cambio en sus comunidades.
Un día único para conectar y aprender
El evento de lanzamiento del diplomado es una experiencia fundamental para los jóvenes participantes. Provenientes de diferentes estados como Oaxaca, Veracruz y Puebla, y de diversas comunidades y etnias, vivieron un día lleno de aprendizajes y actividades prácticas. Durante la jornada, visitaron centros de compostaje, plantas de beneficio húmedo gourmet, áreas de tratamiento de aguas residuales y procesos especiales.
Este día no solo busca abrirles la mente y mostrarles nuevas oportunidades, sino también fomentar la interacción entre ellos. Es una ocasión para que los jóvenes se conozcan, compartan sus experiencias y se sientan motivados a enfrentar los retos con una visión común y colaborativa. Este sentido de comunidad es vital para fortalecer el relevo generacional y el compromiso con el sector.
Además, el kick-off sirve para inspirar y motivar a los jóvenes a asumir un papel activo en la construcción de un futuro sostenible para el café mexicano. Las experiencias vividas les brindan nuevas perspectivas y herramientas para que, a lo largo del diplomado, puedan desarrollar proyectos innovadores que contribuyan a la conservación de esta tradición y al desarrollo económico de sus regiones.
Preservar la tradición con innovación y sostenibilidad
La caficultura mexicana enfrenta retos urgentes como el cambio climático y la necesidad de un relevo generacional que esté preparado para innovar. Por eso, el programa “Jóvenes por la Caficultura Sostenible” no solo busca preservar la tradición, sino también fomentar la creatividad y el uso de tecnologías que permitan una producción más eficiente y amigable con el medio ambiente.
La educación es el pilar que permitirá que las nuevas generaciones enfrenten estos desafíos. A través de este diplomado, los jóvenes aprenden sobre innovación en modelos de negocio, contabilidad y finanzas, prácticas sustentables, innovación en procesos y manejo técnico del cultivo de café, todo con el fin de asegurar un desarrollo integral y duradero para la caficultura en México.
Estos jóvenes serán los líderes que transformarán el sector, impulsando modelos de negocio responsables, promoviendo el cuidado ambiental y apoyando a sus comunidades. Así, el café mexicano no solo mantendrá su calidad y prestigio, sino que también será un ejemplo de sostenibilidad y responsabilidad social.
El compromiso de Sabormex con la educación, la innovación y la colaboración es una muestra clara de que el café mexicano puede y debe seguir siendo un producto emblemático, sostenible y con impacto social positivo. Cada taza de Café Mexicano representa no solo un sabor excepcional, sino también el esfuerzo y la pasión de una generación que apuesta por un futuro mejor.
A pocos meses de la COP30, los obispos católicos del Sur Global han emitido un pronunciamiento sin precedentes: un llamado histórico por el Acuerdo de París, en el que demandan medidas climáticas urgentes, justas y ambiciosas. Representando a más de 800 millones de personas en África, Asia, América Latina y el Caribe, las conferencias episcopales se unieron por primera vez para exigir que los compromisos nacionales sean coherentes con la magnitud de la crisis climática actual.
Este llamado colectivo se da en un momento crítico: a diez años de la publicación de Laudato Si’ y de la firma del Acuerdo de París, cuando los efectos del calentamiento global ya impactan de forma devastadora en regiones vulnerables. A través de una declaración de 34 páginas, los líderes religiosos plantean una hoja de ruta ética y política que interpela tanto a gobiernos como a instituciones financieras internacionales.
Un llamado histórico por el Acuerdo de París y la acción climática
El llamado histórico por el Acuerdo de París fue presentado en una rueda de prensa desde la Oficina de Prensa del Vaticano, a través de una declaración conjunta de las Conferencias y Consejos Episcopales Católicos de todo el Sur Global. En este documento, los obispos instaron a los Estados a reforzar sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) con la urgencia y ambición que exige la emergencia climática.
Según el acuerdo adoptado en 2015, cada país debe diseñar sus propias NDC para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y adaptar sus economías al cambio climático. Sin embargo, los obispos consideran que el ritmo de implementación ha sido insuficiente: “Diez años después de la publicación de Laudato Si’ y la firma del Acuerdo de París, los países no han respondido con la urgencia necesaria”, escribieron en el comunicado.
El cardenal Filipe Neri Ferrão, presidente de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia, enfatizó la dimensión humana de esta crisis:
“En Asia, millones de personas ya están viviendo los efectos devastadores del cambio climático: tifones, migración forzada, pérdida de islas y contaminación de los ríos”.
Por ello, el llamado no se limita a lo técnico, sino que tiene un fuerte enfoque ético y de justicia global.
Un eco de Laudato Si’: la continuidad del llamado del papa Francisco
Este llamado histórico por el Acuerdo de París también representa una continuación directa del mensaje de Laudato Si’, la encíclica del papa Francisco publicada en 2015, que revolucionó el enfoque de la Iglesia sobre el cuidado de la casa común. El documento episcopal cita explícitamente esta encíclica como fundamento moral y espiritual para exigir una acción climática más decidida.
Laudato Si’ subraya la conexión entre el colapso ecológico y la pobreza, y ha sido uno de los textos más influyentes en el ámbito del desarrollo sostenible. Su espíritu se reflejó en el preámbulo del Acuerdo de París, reconociendo el rol de las religiones en la construcción de conciencia climática global.
Ahora, en vísperas de la COP30, los obispos reafirman esta postura, comprometiéndose a seguir abogando por los más vulnerables, fortalecer alianzas intercontinentales en el Sur Global y trabajar hacia una coalición climática entre el Norte y el Sur. El mensaje es claro: la crisis climática es también una crisis moral.
Justicia climática: deuda ecológica y financiamiento justo
El documento episcopal exige a los países ricos saldar su deuda ecológica sin generar nuevas cargas para los países en desarrollo. Según los obispos, la historia de contaminación del Norte Global impone una responsabilidad proporcional en la transición energética y en el financiamiento climático. “La financiación debe entregarse directamente a las comunidades vulnerables, con total transparencia”, señala el llamado.
También denuncian el uso contradictorio de las ganancias provenientes de los combustibles fósiles para financiar lo que se presenta como una transición energética. Para los obispos, esta lógica es inaceptable si no hay un compromiso claro de superar los modelos extractivos. “Resulta gravemente contradictorio”, expresan, “utilizar las ganancias de la extracción petrolera para financiar la transición energética”.
Los bancos de desarrollo y las instituciones financieras internacionales también son interpelados. El documento exige que cesen las inversiones en combustibles fósiles y proyectos extractivos, y pide poner fin a todo intento de “financiarizar la naturaleza”, es decir, de convertir ecosistemas como ríos y bosques en mercancías reguladas por el mercado.
Piden concretar uso de energía limpia para el futuro
Po su parte, el obispo Allwyn D’Silva, presidente de la Oficina de Desarrollo Humano de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia, fue contundente al afirmar:
“Los combustibles fósiles pertenecen al pasado; el futuro debe ser impulsado por energía limpia y renovable”.
Esta declaración sintetiza el espíritu transformador del llamado: se trata de un giro de paradigma, no solo tecnológico, sino ético. Los obispos apelan al principio de precaución científica y exhortan a limitar el calentamiento global a 1.5°C, tal como lo señala la comunidad científica internacional. De no hacerlo, los impactos serían “catastróficos”, especialmente para las regiones más pobres del planeta. Por ello, su propuesta está acompañada por acciones concretas de la Iglesia en favor de la resiliencia climática y la defensa de los derechos humanos.
Además, la declaración reconoce el rol de los pueblos indígenas, las mujeres y los jóvenes en la protección de la biodiversidad y el clima. Son ellos quienes, históricamente excluidos de las mesas de decisión, hoy deben ser reconocidos como actores centrales en cualquier solución justa y sostenible.
La Iglesia, la justicia y el Acuerdo de París
Este llamado histórico por el Acuerdo de París no es solo una advertencia ante la crisis climática, sino una propuesta de transformación social basada en la justicia, la equidad y el respeto por la creación. Al elevar sus voces de manera conjunta, los obispos del Sur Global marcan un precedente sin igual en la historia de la diplomacia moral y la participación eclesial en temas internacionales.
Más allá de los discursos técnicos, este pronunciamiento interpela a los líderes mundiales, pero también a las empresas, instituciones financieras y sociedades civiles. En el marco de la COP30, el mensaje es contundente: el tiempo de las palabras ha terminado; ahora es el momento de actuar con la urgencia, profundidad y solidaridad que exige nuestro planeta.
En los últimos años, el debate sobre el lenguaje inclusivo en la empresa ha cobrado fuerza. Para algunos, se trata de una estrategia superficial guiada por las tendencias del momento. Para otros, es una herramienta potente que abre espacios de reconocimiento y equidad en los entornos laborales. Lo cierto es que el lenguaje no es neutro, y lo que decimos —o callamos— también estructura las relaciones de poder.
Adoptar o no prácticas de lenguaje inclusivo puede parecer una decisión menor, pero tiene implicaciones profundas. Las palabras reflejan y, al mismo tiempo, moldean la cultura corporativa. En un mundo empresarial que busca ser más diverso y justo, vale la pena preguntarse: ¿el lenguaje inclusivo en la empresa es una moda pasajera o un pilar real de transformación?
¿Qué es el lenguaje inclusivo en la empresa y por qué genera tanto debate?
El lenguaje inclusivo busca nombrar, visibilizar y no excluir a personas por su género, identidad, discapacidad u otras condiciones. En el contexto laboral, se trata de revisar y adaptar las formas de comunicación —verbales y escritas— para que todas las personas se sientan reconocidas y respetadas. Desde evitar expresiones sexistas hasta sustituir genéricos masculinos, el objetivo es claro: abrir la conversación a la pluralidad.
Algunas críticas apuntan a que esta tendencia responde más a una presión social o reputacional que a un convencimiento auténtico. En este sentido, implementar lenguaje inclusivo en la empresa puede parecer una estrategia de marketing con poco impacto real. Sin embargo, su aplicación coherente y sostenida puede tener efectos transformadores, sobre todo en ambientes con alta diversidad.
El dilema, entonces, no está en el lenguaje en sí, sino en cómo se implementa. Cuando es parte de una cultura organizacional comprometida con la inclusión, va más allá de lo simbólico. Pero si se limita a un manual de estilo sin cambios estructurales, pierde fuerza y se convierte en un gesto vacío.
En definitiva, el lenguaje inclusivo en la empresa es tanto un espejo como un motor: refleja los valores institucionales y puede impulsar nuevas formas de convivencia. Su impacto no depende solo de su uso, sino del contexto, del compromiso detrás y de la escucha activa a las personas que históricamente han sido invisibilizadas.
5 casos en los que el lenguaje inclusivo puede transformar el entorno corporativo
1. Fomentar una cultura de respeto desde el primer contacto
El lenguaje que se utiliza en procesos de reclutamiento y bienvenida puede ser decisivo para que las personas se sientan aceptadas desde el inicio. Formular convocatorias con términos neutros como “persona candidata” o “quien postule” evita suposiciones sobre género, origen o situación personal. También permite que personas de grupos históricamente excluidos se reconozcan en las vacantes y se animen a participar.
Este enfoque transmite un mensaje claro de inclusión desde el primer contacto: todos y todas son bienvenidos en igualdad de condiciones. Aplicar lenguaje inclusivo en la empresa en estas etapas iniciales favorece la atracción de talento diverso, mejora la reputación corporativa y fortalece los principios de equidad. Así, las palabras se convierten en el primer puente hacia una cultura verdaderamente transformadora.
2. Visibilización equitativa de mujeres y minorías
Modificar el lenguaje para referirse a todos los géneros en cargos, convocatorias o comunicados ayuda a corregir una invisibilización histórica. Al hablar de “las gerentas y los gerentes” o de “las personas líderes”, se valida que hay mujeres, personas no binarias y otros grupos ocupando esos roles. Esta visibilidad lingüística tiene un efecto simbólico potente y genera referentes positivos.
El lenguaje inclusivo en la empresa también contribuye a que más personas se sientan legitimadas para aspirar a posiciones de liderazgo. Al nombrar a quienes antes se excluía por omisión, se impulsa una cultura organizacional más equitativa. Además, se envía un mensaje claro: el talento no tiene género ni pertenece a un grupo exclusivo.
3. Inclusión de personas con discapacidad
Usar un lenguaje respetuoso y no capacitista en las comunicaciones internas y externas ayuda a eliminar barreras simbólicas que muchas veces pasan desapercibidas. Evitar expresiones como “no ve” o “no escucha” cuando no son necesarias, y priorizar términos consensuados como “personas con discapacidad” en lugar de eufemismos, es un paso básico. También es clave adaptar materiales a formatos accesibles para todos.
El lenguaje inclusivo en la empresa en este ámbito permite que las personas con discapacidad participen en igualdad de condiciones. Más allá de las palabras, promueve una conciencia organizacional más empática y reduce la estigmatización. Así, se fortalece el compromiso con la diversidad funcional y se construyen espacios de trabajo verdaderamente incluyentes.
4. Desestigmatización de condiciones de salud mental
El lenguaje tiene un papel crucial en cómo se perciben y se viven las condiciones de salud mental dentro del entorno laboral. Frases como “está loco” o “es bipolar” dichas sin cuidado pueden reforzar prejuicios y crear climas hostiles. Sustituir estas expresiones por términos neutros y respetuosos ayuda a crear una cultura organizacional basada en la empatía y el respeto.
Cuando se usa lenguaje inclusivo en la empresa para hablar de salud mental, se fomenta un ambiente de seguridad psicológica. Las personas se sienten más dispuestas a compartir sus experiencias o pedir apoyo sin temor al juicio. Esto mejora la comunicación, disminuye el estigma y contribuye al bienestar general del equipo.
5. Integración en contextos multiculturales
En organizaciones con equipos diversos a nivel cultural o lingüístico, el lenguaje puede ser una herramienta de inclusión o una barrera. Evitar localismos, usar expresiones claras y neutras, y facilitar traducciones accesibles puede marcar la diferencia en la participación de todas las personas. A su vez, adaptar los mensajes para que no supongan una carga cultural o lingüística refuerza el respeto por las diferencias.
El lenguaje inclusivo en la empresa, entendido también como culturalmente sensible, permite que todas las personas comprendan, participen y se sientan parte de la dinámica organizacional. Esto fortalece la colaboración, reduce errores por malentendidos y promueve un entorno donde cada quien puede aportar desde su identidad sin sentirse excluido por la forma en que se comunica el resto.
Más allá de lo simbólico: claves para una implementación efectiva
El lenguaje inclusivo debe ir más allá de los manuales de redacción o las publicaciones en redes sociales. Su implementación implica procesos continuos de formación, escucha activa y revisión de políticas internas. No basta con cambiar palabras: es necesario transformar las estructuras que perpetúan la exclusión.
Uno de los mayores errores es usar lenguaje inclusivo en la empresa de forma inconsistente. Por ejemplo, aplicarlo solo en días conmemorativos o restringirlo al área de comunicación. Integrarlo en toda la cultura organizacional, desde recursos humanos hasta operaciones, hace la diferencia.
También es clave abrir canales de retroalimentación con personas trabajadoras que pertenecen a grupos históricamente excluidos. Ellas pueden ofrecer perspectivas valiosas sobre cómo ciertas expresiones o prácticas afectan su experiencia laboral, más allá de lo visible o medible.
Nombrar es transformar
El debate sobre el lenguaje inclusivo en la empresa no es solo gramatical: es ético, político y cultural. Elegir nombrar a todas las personas no implica renunciar a la claridad, sino ampliar los márgenes de lo que se considera legítimo, visible y digno en los espacios laborales
Más que una moda, el lenguaje inclusivo puede ser una herramienta poderosa cuando se conecta con acciones reales. Si se adopta con coherencia y escucha, puede transformar entornos, reparar ausencias históricas y dar forma a culturas organizacionales más equitativas.
En un mundo en el que la responsabilidad social corporativa va más allá del marketing, incorporar el lenguaje inclusivo en la empresa no es un gesto menor. Es una forma concreta de demostrar que las palabras importan, y que las empresas que escuchan y nombran con respeto construyen un futuro más justo.
Reducir el consumo de carne es una de las acciones más urgentes para mitigar el cambio climático, dado el papel que juega la industria cárnica en las emisiones de gases de efecto invernadero, la deforestación y el uso intensivo del agua. Aunque las dietas basadas en plantas presentan múltiples beneficios ambientales, los esfuerzos por modificar los hábitos alimenticios han tenido resultados limitados a nivel global.
Un nuevo estudio del PsyLab de la Universidad Católica de Milán sugiere que consumir menos carne no es una decisión que dependa solamente de la lógica o los datos científicos, sino de factores emocionales y morales. Dichos hallazgos redefinen las estrategias necesarias para impulsar dietas más sostenibles y apuntan hacia nuevos marcos de comunicación centrados en el asco, el placer y las justificaciones morales.
Consumir menos carne se logra mediante emociones, no argumentos
El estudio reveló que los mensajes que apelan al disgusto físico o moral pueden ser más eficaces para motivar a las personas a consumir menos carne. Los investigadores probaron distintos tipos de mensajes: uno mostraba heridas e imágenes insalubres en granjas industriales, otro apelaba a la injusticia del sufrimiento animal, y un tercero era neutral.
Los resultados indicaron que el mensaje con imágenes físicas provocó una reducción en el disfrute al comer carne. Esta disminución del placer no cambió directamente la conducta alimentaria, pero sí afectó las emociones asociadas al consumo. Como resultado, los participantes se mostraron más propensos a elegir alimentos de origen vegetal.
El asco no convenció mediante razonamientos, sino debilitando el atractivo emocional de la carne. Esta vía indirecta puede ser más efectiva que los argumentos tradicionales centrados en salud o impacto ambiental, que a menudo no logran modificar comportamientos profundamente arraigados.
El papel del asco físico y moral en la dieta
El estudio encontró que las imágenes de condiciones antihigiénicas en la producción animal reducían la respuesta hedonista al consumo de carne. Aunque no generaban una decisión inmediata de cambio, abrían una ventana para adoptar una dieta vegetal a través del debilitamiento del placer alimenticio.
Por otro lado, el mensaje de disgusto moral —centrado en el sufrimiento animal— no tuvo efectos universales. Sin embargo, entre quienes creían firmemente en la superioridad humana, sí redujo la desconexión moral que permite justificar el consumo de carne pese al conocimiento del daño que provoca.
Este hallazgo muestra que quienes mantienen una postura antropocéntrica pueden ser más sensibles a argumentos que cuestionen su derecho moral a dominar a los animales. Así, consumir menos carne puede surgir no por salud o ecología, sino por el derrumbe de una narrativa de poder.
Justificación, placer y hábitos arraigados
Una de las barreras más resistentes para consumir menos carne es el hedonismo carnívoro. El estudio muestra que muchas personas siguen consumiendo carne no porque ignoren sus consecuencias, sino porque encuentran un alto nivel de satisfacción emocional en ella.
Incluso quienes no creen en la supremacía humana y poseen conciencia ética, mantienen el hábito debido al placer, no por desconexión moral. Por eso, el mensaje de disgusto moral tuvo menos efecto en ellos: ya están convencidos, pero no necesariamente listos para cambiar.
Esto revela una dualidad en las motivaciones alimentarias: por un lado, la racionalización moral; por otro, la fuerza del hábito emocional. Cambiar la dieta, por tanto, no depende solo de la lógica, sino de intervenir en el sistema de gratificaciones y narrativas que sostienen nuestras elecciones cotidianas.
Nuevas herramientas para el cambio: más allá de la razón
Los hallazgos del PsyLab apoyan un cambio en la forma de comunicar temas ambientales y de salud pública. Las emociones, valores y normas sociales están demostrando ser más eficaces que los datos en sí mismos. En este contexto, el asco aparece como una herramienta de transformación cultural, pues según Patrizia Catellani, directora del estudio:
“El asco es más que una reacción visceral: puede ser una herramienta poderosa para desafiar creencias y hábitos arraigados”.
Por eso, enmarcar el consumo de carne como emocional y moralmente inaceptable podría ser más efectivo que insistir únicamente en los impactos ambientales.
Los responsables políticos y activistas que buscan que la gente consuma menos carne pueden integrar estos hallazgos en campañas más creativas y emocionalmente resonantes. Aunque los mensajes basados en el asco pueden generar reacciones adversas, también alcanzan a públicos resistentes o indiferentes a los argumentos racionales.
Cambiar la dieta desde el corazón
El estudio demuestra que para lograr que las personas consuman menos carne, no basta con explicar los daños ecológicos o sanitarios. Es necesario apelar a emociones profundas como el asco, la culpa o la compasión, que conectan con dimensiones personales y morales. En este nuevo paradigma, los argumentos racionales se complementan con recursos narrativos más eficaces.
De cara a los desafíos del siglo XXI, los comunicadores sociales y responsables de políticas deben considerar el papel central de la emoción en el comportamiento humano. Solo así podrán diseñar intervenciones que no solo informen, sino que realmente transformen los hábitos alimentarios y, con ello, el futuro del planeta.
La industria de la moda, responsable de hasta el 8 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, enfrenta una creciente presión para cumplir sus compromisos ambientales. Diversas marcas se han fijado metas de cero neto para 2050 o incluso antes, respaldadas por objetivos basados en ciencia y promesas de transformación profunda de sus cadenas de suministro.
Sin embargo, un nuevo estudio de Stand.earth revela que muchas de estas metas no solo están lejos de cumplirse, sino que podrían estar retrocediendo. A través del análisis de 42 marcas globales, el informe muestra que la mayoría está avanzando demasiado lento —cuando no retrocediendo— en su camino hacia la descarbonización.
Marcas de moda posponen la sostenibilidad: hallazgos clave del estudio
El estudio de Stand.earth expone una realidad preocupante: para 2025, solo un tercio de las marcas evaluadas habrá logrado una reducción del 10 % en sus emisiones, mientras que un 40 % incluso habrá aumentado su huella climática. Esta evidencia contradice los discursos corporativos sobre liderazgo climático y sostenibilidad. Todd Paglia, director de la organización, fue tajante:
“Las marcas se están moviendo demasiado lento”. En lugar de avanzar hacia sus metas de neutralidad de carbono, muchas empresas están generando una desconexión entre lo que prometen públicamente y lo que implementan en sus cadenas de producción.
El informe también muestra que apenas una fracción de las marcas analizadas está financiando iniciativas reales para reducir emisiones. La carga recae, en cambio, sobre los proveedores de países como Bangladesh, India o Camboya, que no cuentan con el músculo financiero para costear la transición.
El rezago estructural en los países productores
Uno de los puntos más críticos del informe es el retraso de acciones climáticas en los centros de manufactura. En Bangladesh, por ejemplo, el 83 % de las emisiones de la industria provienen de la quema de gas natural para producir energía térmica. Este patrón se repite en India y Vietnam, donde los procesos de lavado, teñido y acabado dependen de combustibles fósiles.
Reducir estas emisiones requiere inversiones sustanciales en tecnologías limpias, como bombas de calor o fuentes renovables. Sin embargo, el Apparel Impact Institute (AII) estima que en Bangladesh existe una brecha de inversión de 4,800 millones de dólares para cumplir con las metas climáticas hacia 2030.
Pese a este panorama, las marcas de moda posponen la sostenibilidad al no destinar fondos suficientes para transformar sus cadenas de valor. De las 42 marcas estudiadas, solo seis han financiado proyectos de descarbonización directamente, y muchas limitan su apoyo a evaluaciones o pilotos de pequeña escala.
Casos aislados de acción frente a un sistema rezagado
Entre las pocas marcas que han actuado con mayor decisión se encuentra H&M, que ha financiado iniciativas de baja emisión en 23 fábricas y planea expandir sus pruebas de tecnologías energéticamente eficientes en Asia. “La tecnología ya está aquí; no se trata de innovar, sino de implementarla”, explicó Kim Hellström, gerente de sostenibilidad del grupo sueco.
Aun así, los casos como H&M son la excepción, no la norma. Kristina Elinder Liljas, del AII, subraya que los presupuestos corporativos deben alinearse con los objetivos climáticos para que las alianzas con proveedores sean sostenibles:
“Todos tienen algo en juego: las marcas deben asegurar su futuro, y los proveedores, su relevancia”.
El estudio advierte que sin acuerdos de compra a largo plazo, precios justos e incentivos financieros, los proveedores no podrán asumir los costos de esta transformación. La transición energética, lejos de ser solo una cuestión tecnológica, es una cuestión de corresponsabilidad económica.
La urgencia de acelerar: promesas vs. realidad
Más allá del caso a caso, el estudio apunta a una tendencia general: muchas marcas de moda posponen la sostenibilidad que prometieron públicamente hace años. Aunque aproximadamente la mitad ha establecido metas basadas en ciencia, estas no se traducen en planes operativos reales ni en inversión efectiva.
Mohiuddin Rubel, exdirector de la Asociación de Fabricantes de Prendas de Bangladesh, lo resume con claridad: “Las marcas están transformando sus objetivos en mandatos sin financiamiento”. El resultado es un sistema donde los proveedores son responsables del cambio, pero no cuentan con los medios para lograrlo.
Esto plantea un escenario peligroso: si las marcas no transforman sus estructuras de colaboración y financiamiento, el avance hacia la neutralidad de carbono se detendrá. Y con ello, no solo estarán incumpliendo sus promesas, sino comprometiendo su propia sostenibilidad empresarial en un mundo cada vez más regulado y exigente.
Del compromiso a la coherencia
La sostenibilidad no puede seguir siendo postergada El estudio de Stand.earth no deja lugar a dudas: las marcas de moda posponen la sostenibilidad en detrimento de sus propios compromisos y del bienestar del planeta. Si bien algunas empresas comienzan a financiar la transición energética, el avance es insuficiente frente a la magnitud de la crisis climática y la urgencia de descarbonizar la industria.
Cumplir con los objetivos de cero neto implica actuar ahora, con inversión, planificación y responsabilidad compartida. No se trata solo de mantener una buena imagen corporativa, sino de asegurar un modelo de negocio viable en un futuro bajo en carbono. Las marcas tienen en sus manos la posibilidad de liderar, pero el tiempo para actuar se está agotando.
Un nuevo informe publicado por la organización Corporate Accountability revela un dato preocupante: el 80 % de los 100 proyectos de compensación de carbono más grandes del mundo no cumplen con los estándares necesarios para asegurar una compensación real de los créditos de carbono. Esta conclusión pone en entredicho la validez ambiental de millones de créditos retirados por empresas para compensar sus emisiones.
Aunque el mercado voluntario de carbono (VCM) sigue creciendo, el estudio advierte que muchos proyectos sobrevaloran sus beneficios o causan daños sociales en comunidades vulnerables. Estas prácticas socavan la confianza en un mecanismo que, en teoría, debería ayudar a mitigar el cambio climático de forma creíble y medible.
Compensación real de los créditos de carbono: entre la promesa y la falla sistémica
El análisis de Corporate Accountability revisó los créditos retirados en 2024, evaluando los beneficios climáticos reales de los proyectos más influyentes en el VCM. El hallazgo más destacado del informe es que ocho de cada diez proyectos eran “problemáticos” debido a beneficios inflados o impactos negativos en las comunidades.
La sobrevaloración de emisiones, la falta de adicionalidad (beneficios climáticos que no habrían ocurrido sin el proyecto) y la escasa permanencia fueron algunos de los problemas detectados. De hecho, casi una cuarta parte de los proyectos analizados no generó beneficios adicionales de carbono.
Erika Lennon, del Centro de Derecho Ambiental Internacional, sintetizó el hallazgo clave: “El problema no reside solo en un mal actor; es una característica inherente al sistema”. Esto confirma que los riesgos para una compensación real de los créditos de carbono son estructurales y no meras excepciones.
Impacto desigual y desregulación: el Sur Global en el centro del debate
El informe denuncia también que más del 90 % de los proyectos problemáticos se desarrollan en países del Sur Global. La falta de regulación efectiva y las metodologías obsoletas han convertido a estas regiones en un terreno fértil para prácticas opacas o ineficientes.
Algunos de los proyectos evaluados incluyen iniciativas forestales, plantas de energía renovable y programas de electrodomésticos de bajo carbono. En todos los casos, se detectaron brechas significativas entre lo que se promete y lo que realmente se entrega.
Ante las críticas, Mandy Rambharos, directora de Verra, rechazó los resultados del informe, alegando que la metodología “no considera la complejidad de los proyectos ni los avances recientes”. Sin embargo, el estudio subraya que el VCM actual no puede asegurar consistentemente una compensación real de los créditos de carbono si no se aplican estándares rigurosos y universales.
Reformas lentas frente a un crecimiento acelerado
Mientras tanto, el mercado sigue creciendo. Según Wood Mackenzie, se prevé que el mercado voluntario alcance las 500 millones de toneladas de CO₂ en 2025 y hasta 3 mil millones en 2050. Esto representa una expansión significativa, pero plantea dudas si la credibilidad no mejora al mismo ritmo.
Las reformas, hasta ahora, avanzan de forma desigual. Aunque países como Reino Unido, Japón y Kenia han comenzado a establecer principios de calidad y transparencia, la mayoría de las jurisdicciones aún carece de regulaciones robustas.
Corporate Accountability insta a las empresas a redirigir sus recursos hacia soluciones más comprobadas, como la reducción directa de emisiones y la inversión en energías limpias. “¿Quién es responsable de los repetidos fallos de los controles y equilibrios?”, pregunta la organización, aludiendo a la falta de mecanismos de vigilancia efectivos.
Precios, demanda y expectativas: un mercado en tensión
Actualmente, los precios promedio de los créditos de carbono rondan los 10 dólares por tonelada, pero se espera que aumenten más de cinco veces para 2050, impulsados por una mayor demanda y estándares más estrictos.
Sectores como la aviación, con emisiones difíciles de eliminar, podrían liderar esta nueva demanda. Pero el informe advierte que sin una mejora sustancial en la integridad de los proyectos, esta presión de mercado no garantizará una compensación real de los créditos de carbono.
Peter Albin, analista de Wood Mackenzie, lo resume así: “El mercado de compensación está entrando en una fase decisiva. Si bien la presión de la demanda por compensaciones de mayor calidad puede moderar el crecimiento a corto plazo, sienta bases para su expansión futura”.
El mercado de carbono en la cuerda floja
El informe de Corporate Accountability marca un antes y un después en la percepción pública del mercado voluntario de carbono. Si ocho de cada diez créditos no cumplen con su promesa, se requiere una reestructuración profunda del sistema. Sin reglas claras ni monitoreo efectivo, no puede haber confianza ni legitimidad.
Asegurar una compensación real de los créditos de carbono es hoy una necesidad crítica, no una aspiración a futuro. Para ello, se necesita más transparencia, financiamiento ético y una mayor rendición de cuentas. La próxima década será crucial para definir si este mercado se convierte en una herramienta real contra el cambio climático o en otra promesa vacía.
En su ya tradicional espacio de los jueves, la presidenta Claudia Sheinbaum encabezó la presentación de nuevas inversiones como parte del “Plan México”, esta vez en el sector farmacéutico. Junto a su equipo económico, destacó el compromiso por generar desarrollo con impacto social, innovación nacional y beneficios ambientales tangibles.
En la conferencia matutina del jueves 3 de julio de 2025, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó, junto con los secretarios de Economía y Salud, nuevos anuncios de inversión que consolidan el perfil del “Plan México” como una política industrial activa con enfoque social, ambiental y de innovación.
En esta ocasión, el turno fue para la industria farmacéutica nacional. Empresas como Laboratorios Kener, Genbio y Grupo Neolpharma anunciaron una inversión conjunta superior a los 15 mil millones de pesos en proyectos que apuntan a la producción nacional de medicamentos estratégicos, ingredientes activos, terapias avanzadas y plataformas biotecnológicas.
Autosuficiencia, innovación y acceso
“El Plan México quiere decir producir más en México”, sentenció la presidenta. “Queremos que se fortalezca la producción nacional frente a situaciones de riesgo, pero también para el fortalecimiento de nuestra economía”, explicó.
Marcelo Ebrard, secretario de Economía, destacó que la producción local de tratamientos avanzados como las células Car-T cells permitirá hacer accesibles terapias que hoy cuestan 250 mil dólares, reduciendo hasta en 80% su precio y acercándolas al sistema público de salud.
Inversión con impacto social
Cada empresa participante presentó proyectos con una dimensión económica, pero también con promesas de salud pública, innovación científica y bienestar social.
Federico Prince, de Laboratorios Kener, anunció una inversión de más de 5 mil 180 millones de pesos, incluyendo una planta de células Car-T cells “única en Latinoamérica”, que generará cerca de 800 empleos directos especializados. “Nuestros planes están totalmente alineados al Plan México. La soberanía farmacéutica es fundamental para reducir la dependencia del exterior”, afirmó.
José Miguel Ramos, de Genbio, compartió que su planta en Chalco es “la única en su tipo en Latinoamérica” para fraccionamiento de plasma humano, y que ya ha invertido más de 2,400 millones de pesos. “Estamos generando empleos altamente especializados, con talento mexicano y operando a los más altos estándares de calidad”, dijo.
Por su parte, Luz Astrea Ocampo, de Neolpharma, anunció ocho proyectos con una inversión estimada en 6 mil millones de pesos. La empresa se comprometió a impulsar la innovación nacional a través de alianzas con universidades públicas para desarrollar biofármacos, vacunas y medicamentos biotecnológicos.
Compromisos ambientales
Además del impacto económico y social, algunas de las empresas hicieron referencias al componente ambiental de sus proyectos.
Neolpharma destacó la incorporación de energías renovables, en particular energía solar fotovoltaica en sus instalaciones, así como el uso de procesos de química verde para reducir residuos tóxicos. También se mencionaron acciones relacionadas con eficiencia energética y sostenibilidad en procesos industriales.
Producción para exportación
Otro componente reiterado en la presentación fue la vocación exportadora de los nuevos proyectos. Directivos empresariales señalaron que México tiene potencial para convertirse en proveedor regional y global de ingredientes activos, medicamentos biotecnológicos y soluciones terapéuticas avanzadas.
Se mencionaron ya acuerdos con organizaciones internacionales para exportar a Medio Oriente, África y Asia, además de planes de vinculación con instituciones multilaterales y ONG para reubicar cadenas de suministro hacia México.
Alianzas y perspectiva global
La presidenta informó que su gobierno mantiene conversaciones con países como India, Alemania y Brasil para fortalecer la colaboración en producción farmacéutica, biotecnología e innovación. También se destacó el papel de Birmex como eje de futuras alianzas estratégicas para producir vacunas en territorio nacional.
El debate sobre el futuro de la publicidad petrolera ha llegado al Parlamento del Reino Unido, pues según información del portal edie, el próximo lunes 7 de julio, Westminster Hall será el escenario donde se discutirá la posibilidad de prohibir los anuncios de combustibles fósiles, una medida impulsada por más de 110,000 ciudadanos que firmaron una petición liderada por el locutor ambiental Chris Packham. La creciente preocupación por el impacto climático y sanitario de esta industria ha reavivado un debate que toca tanto a gobiernos como a agencias creativas.
Actualmente, la promoción de combustibles fósiles está prácticamente desregulada en el Reino Unido. Sin embargo, los compromisos legales del país en materia climática y de salud pública han intensificado las demandas por una regulación más estricta. Muchas voces coinciden en que se trata de un vacío ético urgente de atender, sobre todo cuando las emisiones de carbono continúan aumentando y las campañas publicitarias mantienen una narrativa engañosa sobre sostenibilidad.
Publicidad petrolera y responsabilidad creativa
Más de 60 agencias de publicidad con más de 1,000 empleados firmaron recientemente una carta abierta para exigir al gobierno que trate la publicidad petrolera como en su momento se trató la del tabaco. La petición fue impulsada por Purpose Disruptors, Clean Creatives y Creatives for Climate, quienes han liderado el movimiento de transformación dentro de la industria creativa. El argumento es claro: las técnicas de promoción de los combustibles fósiles son similares a las del tabaco y producen un daño público comparable.
Caroline Davison, directora general de Elvis, destacó que muchas agencias ya han optado por no colaborar con clientes vinculados a combustibles fósiles. Pero considera que la acción voluntaria ya no basta. «Necesitamos que el gobierno tome la iniciativa, genere más impulso e introduzca legislación que prohíba esta forma de publicidad», declaró. La comparación con el tabaco no solo es retórica, sino que tiene respaldo estadístico: tras prohibir su promoción, el consumo cayó un 37%.
Huge thanks to all who helped get us over the line for my ban fossil fuel ads petition– now we can expect a debate in Parliament on the issue of fossil fuel advertising and sponsorship .
Las agencias que apoyan esta medida también destacan el potencial de las industrias creativas para contribuir activamente a un futuro más sostenible. Redirigir su talento hacia la promoción de soluciones limpias, dicen, es una “victoria para todos”. En un contexto de crisis climática, seguir promocionando productos con alto contenido de carbono no solo resulta inmoral, sino contraproducente para la propia reputación de las marcas y sus aliados creativos.
Precedentes y posturas internacionales
Aunque la propuesta pueda parecer radical para algunos sectores, ya existen ciudades que han adoptado restricciones similares. Glasgow, por ejemplo, ha prohibido los anuncios de combustibles fósiles en espacios públicos. Estas acciones locales comienzan a marcar una tendencia que podría extenderse en otros países comprometidos con la descarbonización. La publicidad petrolera, en este contexto, se percibe cada vez más como un anacronismo.
A nivel internacional, las críticas también han escalado. El secretario general de la ONU, António Guterres, fue tajante en su discurso de 2023: «Insto a todos los países a prohibir la publicidad de las empresas de combustibles fósiles». Su llamado se extendió también a medios de comunicación y empresas tecnológicas, a quienes pidió dejar de aceptar este tipo de anuncios. Su denuncia es clara: esta publicidad contribuye a sostener el poder de los “padrinos del caos climático”.
Estas declaraciones no son aisladas. Reflejan una creciente conciencia global sobre el poder que tiene la comunicación para influir en comportamientos y percepciones. Y también, sobre cómo ese mismo poder puede perpetuar la inacción frente a problemas urgentes como la crisis climática. La publicidad petrolera, en ese sentido, ya no puede ser vista como neutra o inofensiva.
We banned tobacco advertising because smoking kills .
Fossil fuels kill too – 5.1 million people a year according to one study in the British Medical Journal .
Una de las preguntas clave es si realmente la prohibición de la publicidad petrolera puede cambiar hábitos de consumo o acelerar la transición energética. La evidencia del tabaco sugiere que sí: limitar el acceso a mensajes normalizadores tuvo un efecto significativo en la disminución del uso. Aplicar esa lógica al sector energético implica desincentivar indirectamente la dependencia de los combustibles fósiles, sin necesidad de medidas punitivas directas sobre los consumidores.
Además, esta estrategia genera un efecto cultural importante: transforma la narrativa pública sobre lo que es deseable o aceptable. Si hace una década se celebraba la “innovación” petrolera, hoy se pone en entredicho su legitimidad ética y su sostenibilidad. Prohibir su publicidad puede ayudar a reconfigurar imaginarios sociales en torno al progreso, el confort y el desarrollo. Y es ahí donde la labor comunicativa tiene un papel decisivo.
Por supuesto, no se trata de una medida mágica. Los cambios estructurales requieren decisiones políticas, inversión en energías limpias y nuevas formas de producción y consumo. Pero detener la promoción activa de lo que el mismo planeta ya no puede sostener, es al menos un primer paso. Un paso coherente con los compromisos climáticos globales y con el sentido común.
¿Qué sigue para la publicidad y la ética?
La presión para poner fin a la publicidad petrolera no es un capricho ideológico, sino un reflejo del momento crítico que vive la humanidad frente al colapso climático. La responsabilidad no solo recae en los gobiernos o las empresas de combustibles fósiles, sino también en las agencias creativas y los medios que han dado voz y legitimidad a esta industria durante décadas. Cambiar el rumbo implica reconocer el rol que ha jugado la comunicación en la crisis actual.
Prohibir los anuncios de combustibles fósiles puede marcar un punto de inflexión ético y cultural para el sector publicitario. Dejar atrás mensajes que perpetúan la dependencia del carbono es también abrir camino a nuevas formas de inspirar, informar y conectar con las audiencias. En tiempos de emergencia climática, seguir promoviendo lo insostenible no es una estrategia: es una omisión ética. Y como toda omisión, también comunica.
Hace unos días compartí este artículo: ¿Ya es ESG igual a inversión responsable? Ahí comentaba que, para muchas entidades financieras, el ESG —o más bien, la inversión responsable— se traduce en gestionar riesgos con consistencia.
Hoy, dos notas publicadas en Reforma parecen ejemplificar esa idea con claridad:
Afore XXI Banorte, dirigida por David Razú Aznar, es reconocida como el mejor fondo de pensiones del país por su capacidad de mantener rendimientos competitivos ajustados por riesgo, considerando criterios ASG en sus decisiones de inversión.
Por otro lado, varias fibras han decidido remover a CIBANCO como fiduciario. Más allá del aspecto noticioso o legal, este caso muestra lo que ocurre cuando los riesgos reputacionales, operativos y de gobernanza no se atienden adecuadamente. Hoy, se estima que los accionistas han perdido una parte significativa del valor del negocio; algunos cálculos hablan de hasta un 80%.
Eso también es ESG. No se trata de etiquetas, ni de informes, ni de rankings. Se trata de decisiones estratégicas que priorizan la continuidad y rentabilidad del negocio… o sea, su sostenibilidad.
Porque en el mundo financiero, proteger a los shareholders es el punto de partida de cualquier estrategia sostenible. Al final, sostenibilidad es lograr que el negocio permanezca… y hacerlo de manera sustentable es la forma más sólida de conseguirlo.
Ahora sí, a desayunar. 🍳
Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.
Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.
El grupo LATAM ha integrado a toda su flota el software Aircraft Performance Monitoring (APM), desarrollado por la empresa europea Storkjet, con el objetivo de continuar avanzando en la eficiencia operacional y reducción del uso de combustible.
La herramienta permite comparar el desempeño real de vuelo de cada aeronave con su rendimiento original de fábrica, ajustando la planificación y ejecución del vuelo para reflejar el comportamiento actual del avión. Esto es clave, porque el avión, a lo largo del tiempo, va perdiendo eficiencia y su rendimiento real cambia. El computador del avión hace todos los cálculos pensando en su modelo de rendimiento de fábrica, pero el APM permite hacer ajustes tanto en la planificación como en la ejecución del vuelo, para que todas las estimaciones y decisiones se tomen de manera más precisa, lo que reduce el consumo de combustible y por lo tanto las emisiones de gases de efecto invernadero. En palabras simples: esto permite que el avión vuele de forma más precisa y eficiente, según su estado real, y no como si fuera nuevo.
Una funcionalidad importante del sistema es la de analizar y controlar el rendimiento real de cada aeronave, lo que permite cuantificar con gran precisión cuánto más combustible necesita en comparación con cuando era nueva. Este monitoreo del rendimiento permite mejorar e identificar tareas de mantenimiento que mejoran la eficiencia del avión, como el lavado de motores o del fuselaje, o el alineamiento de distintas superficies de control.
Otra función que genera un impacto importante en la eficiencia es el Idle Factor, que aplica exclusivamente a la flota Airbus, y permite ajustar el punto óptimo para iniciar el descenso del avión. El software compara el empuje actual con el de fábrica, y ajusta los cálculos del computador del avión para que esa fase se realice con la menor resistencia aerodinámica y el mínimo uso de motores. Este ajuste permite que el descenso se haga de forma más suave y eficiente, usando menos motor y combustible.
La implementación de este sistema permite a LATAM un ahorro estimado de US$2.5 millones en combustible al año, equivalente a evitar la emisión de aproximadamente 7,900 toneladas de CO2 anuales. Además, entrega nueva información que permitirá identificar nuevas oportunidades de eficiencia
“Sabemos que la sostenibilidad se construye desde la operación diaria, con acciones concretas. La incorporación de este software es una muestra de cómo la tecnología e innovación puede ayudarnos a ser más eficientes en cada vuelo, optimizando recursos y reduciendo nuestras emisiones de gases efecto invernadero. Este tipo de herramientas nos permiten seguir avanzando con responsabilidad hacia una aviación más sostenible”, dice Stephano Gachet, Gerente de abastecimiento y combustible del grupo LATAM y líder del programa Fuel Efficiency.
Esta iniciativa refuerza el programa Fuel Efficiency, que el grupo LATAM lanzó en 2010 y que ha permitido mejorar su eficiencia en un 6.5%, evitando el consumo de más de 2 millones de barriles de Jet Fuel al año y la emisión de más de 5.6 millones de toneladas de CO2. Esta cifra equivale a lo que genera LATAM en sus operaciones aéreas en Ecuador, Colombia y Chile en un año aproximadamente, o casi la mitad de las emisiones alcance 1 del grupo LATAM en el mismo período.
En los últimos meses, una preocupación ha comenzado a tomar fuerza entre expertos en bioseguridad, inteligencia artificial y responsabilidad social: la IA podría aumentar riesgo de pandemias de forma significativa. Según un reciente estudio difundido por TIME, los avances en esta tecnología podrían haber quintuplicado la posibilidad de una pandemia causada por humanos, todo en tan solo un año.
Detrás de esta predicción se encuentran advertencias de empresas como OpenAI y Anthropic, que han alertado sobre el potencial mal uso de herramientas avanzadas de IA. Lo preocupante no es únicamente lo que la tecnología puede hacer, sino lo accesible que se ha vuelto para actores sin experiencia previa en biotecnología. Un riesgo latente que toca tanto al sector privado como al público, y que interpela directamente a quienes trabajamos por un futuro más ético y seguro.
El dato que encendió las alarmas: ¿una IA más peligrosa que útil?
El estudio realizado entre diciembre de 2024 y febrero de 2025 encuestó a 68 expertos en bioseguridad y pronosticadores especializados. En promedio, calcularon un 0.3 % de riesgo anual de una pandemia de origen humano. Sin embargo, si la IA igualara la capacidad de un equipo de virólogos, esa cifra aumentaría a un 1.5 %.
Es decir, la IA podría aumentar riesgo de pandemias hasta cinco veces. Esta conclusión surge del cruce entre predicciones y capacidades reales de modelos actuales, como ChatGPT o Claude, que ya superan a expertos humanos en pruebas de resolución de problemas complejos de virología.
El dato no es menor. Históricamente, la barrera técnica para crear armas biológicas había sido un factor de contención. Hoy, esa barrera podría desaparecer gracias a la IA.
¿Qué hace que este riesgo sea tan diferente?
El problema no es únicamente la existencia de la tecnología, sino su capacidad para democratizar conocimientos peligrosos. Chatbots avanzados pueden guiar a usuarios sin formación previa a través de pasos técnicos complejos para modificar virus.
Seth Donoughe, investigador de SecureBio, fue uno de los primeros en demostrar empíricamente que los mejores sistemas de IA ya rebasan las capacidades humanas en pruebas virológicas. La implicación es clara: el conocimiento letal ya no está restringido a laboratorios gubernamentales.
En este nuevo panorama, la IA podría aumentar riesgo de pandemias al permitir que personas con intenciones maliciosas accedan a procedimientos antes reservados a especialistas.
Una predicción que llegó antes de lo esperado
Uno de los hallazgos más perturbadores del estudio es la desconexión entre la percepción de los expertos y la realidad tecnológica. La mayoría creía que la IA no alcanzaría capacidades virológicas avanzadas hasta después de 2030. Pero las pruebas revelaron que eso ya ocurrió.
Esto muestra no solo lo rápido que evoluciona la IA, sino también lo difícil que es predecir sus implicaciones sociales. Aun con márgenes de error, los datos sugieren que la IA podría aumentar riesgo de pandemias mucho antes de lo que imaginábamos. Este desajuste entre expectativa y realidad debe impulsar una nueva ética anticipatoria.
Medidas urgentes: salvaguardas a nivel de modelo
El informe identifica dos categorías clave de mitigación. La primera incluye medidas a nivel de diseño de los modelos, como limitar respuestas a prompts maliciosos o restringir el acceso a modelos de “pesos abiertos”.
Empresas como OpenAI y Anthropic ya están tomando cartas en el asunto, pero los expertos afirman que estas acciones deben acelerarse y estandarizarse. La protección contra el jailbreaking de los modelos es una medida concreta y urgente.
Para contener el hecho de que la IA podría aumentar riesgo de pandemias, es necesario tratar estos riesgos como amenazas globales, con una gobernanza colaborativa y transparente.
Control en la cadena de suministro biotecnológica
El segundo tipo de salvaguardas implica regular a las empresas que sintetizan ácidos nucleicos. Actualmente, no están obligadas a verificar los códigos genéticos que reciben antes de producir materiales biológicos.
Esto abre la puerta a que un actor con acceso a IA envíe un código peligroso y reciba en casa componentes para crear un patógeno. Una regulación que imponga controles como “conozca a su cliente” podría marcar la diferencia.
Aquí, la responsabilidad social empresarial se vuelve vital: las empresas biotecnológicas no pueden seguir operando sin protocolos éticos robustos.
¿Cómo se puede reducir el riesgo?
A pesar de las cifras alarmantes, el estudio también traza una ruta de mitigación. Si se aplican las medidas sugeridas, el riesgo anual podría reducirse al 0.4 %, apenas por encima del 0.3 % original.
La clave está en actuar ahora. Esperar una regulación posterior a un incidente sería irresponsable y costoso. Si la IA podría aumentar riesgo de pandemias, entonces también puede ser parte de la solución.
La responsabilidad recae no solo en los desarrolladores de IA, sino en gobiernos, laboratorios, universidades y organizaciones de la sociedad civil.
¿Dónde queda la responsabilidad social?
Desde la perspectiva de responsabilidad social, este tema exige una respuesta ética multisectorial. Las empresas tecnológicas deben adoptar políticas de IA segura, con principios claros de no maleficencia.
Al mismo tiempo, los organismos públicos deben colaborar para crear marcos regulatorios que combinen innovación con prevención. La transparencia y la auditoría de algoritmos se vuelven imprescindibles.
Debemos incorporar esta conversación a nuestra agenda: si la IA podría aumentar riesgo de pandemias, también estamos frente a una deuda moral con las generaciones futuras.
Una nueva frontera para la ética y la prevención
La posibilidad de que la inteligencia artificial facilite la creación de pandemias no es ciencia ficción: es una advertencia basada en datos actuales. La velocidad de avance tecnológico requiere una ética que no reaccione tarde, sino que se anticipe.
La IA podría aumentar riesgo de pandemias si no se toman medidas preventivas inmediatas. Pero también puede impulsarnos a diseñar un sistema de gobernanza global más justo, transparente y resiliente.
En tiempos de disrupción, la responsabilidad social ya no es una opción: es la única vía para proteger lo más valioso que tenemos en común, nuestra salud y nuestro futuro colectivo.
Un jurado en San José, California, determinó esta semana que Google debe pagar más de 314.6 millones de dólares a los usuarios de teléfonos Android en ese estado por haber recolectado datos sin consentimiento. La decisión se basa en una demanda colectiva que acusó a la empresa de obtener información personal de dispositivos inactivos para beneficio corporativo, violando la privacidad de más de 14 millones de personas. Es un precedente importante en la lucha por los derechos digitales.
Este caso revela no solo una conducta inadecuada, sino una estructura de negocio basada en prácticas opacas que comprometen a los consumidores. El fallo dejó claro que los usuarios asumieron “cargas obligatorias e inevitables” para que Google capitalizara su información personal sin autorización. El problema no es solo técnico, sino ético. Y deja en evidencia una vez más la débil relación de la empresa con los principios de responsabilidad social.
Google pagará a usuarios de Android: ¿por qué?
Según la demanda presentada, Google transmitía y recibía datos desde dispositivos Android incluso cuando estos estaban inactivos. La información era usada para publicidad dirigida, una práctica que consumía datos móviles sin el consentimiento claro de los usuarios. A pesar de haber sido presentado como un intercambio voluntario mediante los términos y condiciones, el jurado determinó que en realidad se trataba de una práctica forzada e injusta.
La defensa de Google insistió en que los servicios implicados eran “críticos para la seguridad, el rendimiento y la confiabilidad del sistema”, y que los usuarios habían aceptado estas condiciones. Sin embargo, esta postura ignora que la mayoría de las personas no comprende completamente los extensos textos legales a los que deben aceptar si quieren usar sus dispositivos. En la práctica, no hay opción: si quieres un teléfono funcional, debes ceder tu privacidad.
Que Google pague a usuarios de Android es una forma de reparación, pero no necesariamente de justicia. El verdadero problema persiste: las grandes tecnológicas construyen sus modelos de negocio sobre prácticas abusivas que disfrazan de inevitables. En este caso, no solo hubo un abuso de confianza, sino una falta flagrante de RSE, al privilegiar el beneficio comercial por encima del bienestar y los derechos de sus usuarios.
¿RSE ausente?: cuando aceptar términos no es consentir, sino no tener opción
El caso evidencia una falla sistémica en la ética empresarial de Google. El hecho de que la empresa intente justificar la recolección masiva de datos bajo el amparo de políticas de privacidad es una señal alarmante. Cuando una corporación fuerza al usuario a entregar el control de su dispositivo como condición para utilizarlo, hablar de consentimiento es un eufemismo. Esto va en contra de los principios básicos de la responsabilidad social corporativa.
Aún más preocupante es que Google continúe defendiendo estas prácticas, apelando al fallo y sin mostrar señales de replantear su modelo de obtención de datos. La transparencia no puede reducirse a un enlace al final de una página. La confianza se construye con decisiones conscientes, ni con cláusulas impenetrables. El comportamiento revelado por este juicio sugiere una brecha profunda entre la reputación pública de Google y su conducta operativa.
En lugar de liderar con ética, la empresa optó por estrategias de recopilación que colocan la carga en los usuarios. Y si bien Google pagará a usuarios de Android por esta mala práctica, no ha ofrecido garantías de que la situación no volverá a repetirse. Esta omisión de responsabilidad es lo que más debe preocupar a quienes promueven la ética digital y la RSE en el sector tecnológico.
Recolección de datos forzada
Este caso también invita a reflexionar sobre la falta de regulaciones que impidan la recolección forzada de datos. Las cookies, los sistemas de rastreo y los permisos predeterminados forman parte de un ecosistema donde el usuario nunca es el centro. Se trata de una industria que ha hecho del seguimiento de nuestros movimientos una práctica normalizada, sin consultar ni informar de forma clara y suficiente.
¿Por qué debemos pagar con nuestra privacidad para acceder a herramientas básicas? ¿Por qué se permite que los servicios gratuitos se financien con vigilancia, y no con opciones más transparentes? Si Google paga a usuarios de Android es porque su modelo dependía de una práctica que jamás debió ser impuesta. Lo justo sería que el consentimiento fuera real, no una trampa legal.
Exigir leyes más estrictas ya no es una exageración: es una necesidad. Las tecnologías deben funcionar al servicio de las personas, no a expensas de ellas. Si las corporaciones no se autorregulan, corresponde a los gobiernos intervenir. Porque la privacidad no debería ser una moneda de cambio. Y si lo es, los ciudadanos tienen derecho a exigir: ¿por qué tengo que pagar para que no usen mis datos?
¿Qué pasará ahora con el resto de los usuarios?
El juicio resuelto en California podría ser solo el principio. Un segundo proceso legal, esta vez a nivel federal, busca extender las compensaciones al resto de los usuarios de Android en Estados Unidos. El juicio está programado para abril de 2026 y apunta a los mismos cargos: uso no consentido de datos personales mediante transferencias ocultas de información desde dispositivos inactivos. El fallo en California sin duda servirá como referencia.
Esta situación debería encender alertas también en otras partes del mundo, donde aún no se han presentado demandas similares. Si los usuarios californianos merecen compensación, ¿por qué no también los millones de usuarios de Android en Europa, América Latina o Asia? Esta doble vara no solo es injusta, sino insostenible para una empresa que se presenta como líder en innovación responsable.
Finalmente, más allá de las multas o compensaciones económicas, lo que está en juego es el futuro de la confianza digital. Que Google pague a usuarios de Android es un síntoma de un problema más profundo: una cultura empresarial donde el usuario es un producto y no un agente con derechos. Mientras esa lógica no cambie, ningún veredicto será suficiente.
¿Reparación o advertencia?
La decisión judicial que obliga a Google a pagar a usuarios de Android marca un momento clave para la ética tecnológica y la responsabilidad corporativa. No se trata solo de un fallo legal, sino de un mensaje a las empresas que construyen su éxito sobre prácticas opacas. La ciudadanía exige más que compensaciones: exige respeto, transparencia y control sobre sus datos. Exige poder elegir sin ser obligada a renunciar a su privacidad.
Las corporaciones tecnológicas tienen una deuda urgente con la sociedad. Mientras insistan en protegerse detrás de contratos abusivos disfrazados de consentimiento, seguirán profundizando la desconfianza. Este veredicto no cierra el caso: lo abre a una conversación global sobre regulación, derechos digitales y responsabilidad social. Porque si el precio de usar tecnología es perder el control de nuestra vida digital, entonces no estamos hablando de progreso, sino de imposición.
En la actualidad, las empresas y los negocios de diversos sectores han innovado sus formas de producción; sin embargo, los impactos ambientales derivados de estas actividades económicas también son cada vez más considerables. Ante tal escenario, la prevención y la reparación de los daños ecológicos ocasionados por actividades empresariales son esenciales para preservar el futuro.
GMX Seguros, empresa mexicana especializada en responsabilidad civil y daños, te explica a continuación en qué consisten los seguros de responsabilidad ambiental y cómo pueden beneficiar tanto a la sostenibilidad de tu negocio como al ecosistema.
¿Qué es la responsabilidad ambiental?
De acuerdo con la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), un impacto ambiental es cualquier modificación del ambiente ocasionado por la acción del hombre o la misma naturaleza. En el caso de los impactos ocasionados por los humanos, estos se pueden clasificar según su origen, por el aprovechamiento de recursos, contaminación u ocupación del territorio.
Los efectos en el entorno natural también se pueden diferenciar por sus consecuencias: negativas o positivas, directas o indirectas, acumulativas, sinérgicas, residuales, temporales o permanentes, reversibles o continuas. Un ejemplo de estos eventos son los derrames petroleros, que pueden costar millones de dólares e incontables pérdidas para las empresas y, sobre todo, para el ecosistema.
Ante la complejidad de los impactos ambientales, surge el concepto de responsabilidad ambiental, que define la obligación de los sujetos responsables de prevenir y reparar los daños ocasionados por sus actividades. Es decir, devolver los recursos naturales afectados a su estado original, al financiar el costo de las acciones preventivas o reparadoras.
¿Cómo funcionan los seguros de responsabilidad ambiental?
Los seguros de responsabilidad ambiental son un tipo de seguro empresarial especializado, cuyo objetivo es cumplir con las leyes ambientales vigentes para que tanto las grandes empresas como los pequeños y medianos negocios atiendan los daños ambientales, a los terceros afectados, las causas por los que se originan y los efectos que puedan reparar.
Estos seguros están diseñados para cubrir los daños y la responsabilidad civil a consecuencia de daños en la naturaleza, derivados de la contaminación que ocasione una empresa con motivo de sus actividades comerciales. Esto, a través de un cálculo de dichos daños con el fin de reparar el daño o, en su defecto, indemnizar para llevar a cabo acciones alternativas de reparación.
Esta cobertura es necesaria para las empresas que por su actividad puedan causar contaminación al medio ambiente; que manejan o generan materiales y/o residuos peligrosos; o que tienen una obligación legal y/o contractual con las autoridades o sus clientes. En este sentido, la adquisición de estos seguros debe ser un complemento al desarrollo de un plan de atención a emergencias y/o contingencias ambientales, así como del estricto cumplimiento de las leyes y normas de esta índole.
En adición a su enfoque ambiental, estos seguros contribuyen a la sostenibilidad y el patrimonio empresarial, ya que otorgan un blindaje financiero ante posibles eventos que pudieran comprometer la continuidad del negocio, no sólo en términos operativos, sino reputacionales. Además, al requerir de una evaluación previa de los riesgos que tiene una compañía, también facilitan la mejora de estos.
“Los seguros de responsabilidad ambiental son una herramienta clave para las empresas que desean operar de manera responsable, proteger su patrimonio y contribuir activamente a la conservación del ecosistema. La recomendación es que se acerquen con un experto que les ayude a evaluar sus riesgos ambientales, que derivan principalmente de los procesos de operación, con el fin de contratar la póliza que mejor se ajuste a sus necesidades”, explicó Gabriel Sánchez, director adjunto de GMX Seguros.
El Parlamento sueco ha dado un paso decisivo en la regulación del trabajo sexual en línea al aprobar una ley que prohíbe la compra de contenido en OnlyFans y otras plataformas similares cuando este es personalizado y en directo. Esta nueva legislación extiende el marco legal existente contra la compra de servicios sexuales a los entornos digitales, donde la proliferación de plataformas ha desdibujado las fronteras entre pornografía, prostitución y trata.
Aunque ver y pagar por contenido pregrabado sigue siendo legal, la nueva norma penaliza los pagos por actos sexuales realizados en vivo, a petición del comprador, así como cualquier forma de lucro o promoción de estos servicios. Con esta medida, Suecia se posiciona como uno de los primeros países del mundo en aplicar su normativa contra la prostitución al ámbito digital, como parte de una estrategia más amplia de combate a la explotación sexual.
¿Qué establece la nueva ley sobre compra de contenido en OnlyFans?
La reforma aprobada por el Parlamento prohíbe expresamente pagar a alguien para que realice un acto sexual en vivo con el objetivo de ser observado a distancia. Esto incluye video en directo y otras formas de interacción personalizada que impliquen una transacción económica. También castiga a quienes obtienen beneficios o promueven a quienes ofrecen estos actos bajo encargo, incluso si se trata de plataformas digitales internacionales.
La ley fue promovida por el comité de justicia del Parlamento y recibió un respaldo multipartidista, lo que refleja un amplio consenso político. La diputada socialdemócrata Teresa Carvalho, una de las principales impulsoras de la reforma, afirmó que:
“Esta es una nueva forma de compra de sexo y ya es hora de que modernicemos la legislación para incluir las plataformas digitales”.
Por su parte, Sanna Backeskog, también diputada socialdemócrata, aseguró durante el debate que:
“Se trata de una prostitución digitalizada, en la que se han borrado las fronteras entre la pornografía y la trata de personas, pero se han instalado la explotación y el abuso”.
La medida entrará en vigor el 1 de julio, y prevé sanciones similares a las que ya existen para la compra de sexo físico. La legislación busca cerrar las brechas legales entre lo que ocurre en el mundo físico y lo que sucede en línea. Con esta actualización, los legisladores aseguran que el entorno digital dejará de ser una zona gris desde la cual se facilita la prostitución y se debilitan los esfuerzos contra la trata.
“OnlyFans”: Porque las mujeres pueden ganar entre 12 mil y 15 mil dólares mostrándose desnudas, con una buena propaganda en redes sociales pic.twitter.com/axzdLb08Gt
Según sus promotores, esta ley pretende eliminar la puerta de entrada que representa el mundo digital hacia formas más graves de explotación sexual. Teresa Carvalho argumentó que la medida no tiene como fin atacar a los creadores de contenido, sino “proteger a los jóvenes y a las personas vulnerables”, quienes a menudo son blanco de redes de trata disfrazadas de oportunidades económicas.
Además, la norma responde a la preocupación creciente por los vínculos documentados entre la explotación digital, el consumo de drogas y la captación de menores. Al prohibir la compra de contenido en OnlyFans en su forma personalizada y en vivo, se espera frenar una cadena que puede derivar en prostitución forzada u otras formas de abuso.
Uno de los objetivos centrales es uniformar la ley: que lo ilegal en el mundo físico también lo sea en el digital. Esto responde a una lógica de equidad normativa y de protección integral frente a nuevas dinámicas de explotación. Con ello, se elimina la ambigüedad legal que hasta ahora facilitaba el comercio sexual digitalizado.
El Parlamento sueco también apunta a reducir la impunidad con la que operan muchas de estas plataformas, que no siempre se regulan desde los países donde sus usuarios residen. Esta ley, afirman, podría sentar un precedente para otras naciones que enfrentan los mismos desafíos.
OPINIÓN | "OnlyFans puede ser tu antesala a la prostitución"
Prostitución legal, compra ilegal: la contradicción sueca
Suecia ha sido históricamente un país pionero en el combate a la prostitución. Desde el año 1999, la ley prohíbe la compra de servicios sexuales, aunque permite su venta. Esta asimetría legal se basa en un enfoque de género: los compradores —mayoritariamente hombres— son quienes reciben sanciones, mientras que las vendedoras —generalmente mujeres en situación vulnerable— no son penalizadas.
Este modelo, sin embargo, ha generado debates sobre su eficacia y coherencia. En un contexto donde vender sexo es legal, prohibir la compra de contenido en OnlyFans parece, para algunos críticos, una extensión contradictoria. ¿Es lógico castigar al comprador digital mientras se permite la venta de contenido pregrabado o incluso físico bajo ciertas condiciones?
El gobierno sueco sostiene que esta medida es coherente con su enfoque de tolerancia cero hacia la explotación sexual. Argumentan que plataformas como OnlyFans pueden ser usadas como canales de captación para fines más graves, como la trata de personas. Por eso, buscan cerrar esa vía con una ley preventiva.
Aun así, el dilema ético persiste: ¿cómo proteger sin vulnerar la autonomía de quienes deciden ofrecer contenido sexual por voluntad propia? El desafío ahora será aplicar la norma sin criminalizar a quienes, fuera de redes de explotación, utilizan estos medios como fuente de ingresos legítima.
¿Funcionará esta medida? Críticas y vacíos legales
La aprobación de esta ley ha desatado una ola de críticas tanto de parte de creadores de contenido como de expertos en seguridad. Algunos artistas de OnlyFans han denunciado que la nueva norma pone en riesgo su estabilidad económica y que puede dar pie a interpretaciones ambiguas que afecten a personas no involucradas en trata ni prostitución forzada.
Otros señalan que la ley puede volverse ineficaz, ya que un creador podría simplemente preguntar a sus suscriptores qué desean ver y publicar contenido en esa línea, sin que sea técnicamente “personalizado”. De esta manera, se eludiría la penalización sin romper las reglas de la plataforma, dejando la ley sin efecto práctico.
Incluso dentro del Parlamento hubo voces que alertaron sobre las dificultades para hacer cumplir la medida. El diputado liberal y ex policía Martin Melin expresó: “Veo un desafío para la policía en cuanto a detectar y probar el delito. Me cuesta un poco ver cómo funcionará, pero eso lo tendrán que resolver la policía y la fiscalía en el futuro”.
Además, algunas preocupaciones giran en torno al delito de proxenetismo: un familiar o pareja que sepa que su conviviente genera contenido sexual en plataformas podría ser acusado por lucrar con esa actividad. Estos aspectos subrayan la complejidad de legislar sobre prácticas digitales sin caer en sobrecriminalización.
¿Un paso hacia adelante en la era digital?
Con esta nueva ley, Suecia se posiciona a la vanguardia en la regulación del trabajo sexual digital y en el control de la explotación a través de plataformas. La compra de contenido en OnlyFans se convierte, así, en una actividad sujeta a sanción, cerrando un vacío legal que hasta ahora permitía prácticas cuestionables bajo el disfraz de “contenido personalizado”.
Esta legislación responde a una realidad digital en evolución, donde los peligros de la trata, la explotación y la coerción pueden camuflarse detrás de interacciones consensuadas. En este contexto, la acción del Estado es fundamental para garantizar entornos digitales más seguros, sobre todo para personas vulnerables y menores de edad.
No obstante, el éxito de la medida dependerá en gran medida de su implementación efectiva, del respeto a los derechos de los creadores legítimos y de un debate público constante. Regular la compra de contenido en OnlyFans es solo el inicio: lo que sigue es construir marcos éticos y legales que equilibren libertad individual, protección social y justicia digital.
Seguro te ha pasado: vas caminando por el supermercado, navegas en Internet o un voluntario se te acerca en la calle y te pide ayuda para quienes más lo necesitan. Quizá donaste en ese momento, con el corazón en la mano. Pero luego, en silencio, te asaltó la duda: ¿A dónde fue mi dinero? ¿Realmente ayudó? ¿Se cumplió con lo que me prometieron al pedir el donativo?
Estas preguntas no solo son válidas, sino necesarias. Vivimos en un mundo donde la desconfianza crece cuando no podemos ver los resultados de nuestras buenas acciones. Por eso, conocer asociaciones que rinden cuentas es vital. Construyendo es una muestra perfecta de esta transparencia.
Desde 2008, esta organización sin fines de lucro impulsa la solidaridad de voluntarios y donantes a través de proyectos de construcción que mejoran la calidad de vida de familias en situación vulnerable. Te contamos más sobre a dónde va tu donativo cuando apoyas a Construyendo. Ya seas una persona física o una empresa que busca aportar a causas sociales, esto te interesa.
¿Por qué Construyendo requiere de donativos?
Como mencionamos anteriormente, Construyendo es una asociación sin fines de lucro. Esto significa que su propósito es completamente social y no busca generar ganancias económicas. Cada recurso que recibe es reinvertido en su causa: transformar la vida de quienes más lo necesitan por medio de espacios seguros, dignos y funcionales.
Su labor se materializa en la edificación de viviendas, escuelas, albergues, centros comunitarios, clínicas de salud, centros de oración y reconstrucciones en zonas afectadas por desastres naturales. Ha tenido presencia en 12 estados y 34 municipios de la República Mexicana. Uno de sus proyectos más recientes fue en Acapulco, Guerrero, donde se sumaron a la reconstrucción tras el paso devastador del huracán Otis, gracias al esfuerzo conjunto de voluntarios, aliados estratégicos y donantes.
Para lograr estos objetivos se necesitan recursos económicos, los cuales se destinan tanto a la construcción como a los gastos operativos necesarios para que el proyecto funcione. Muchos de estos fondos provienen de aliados donantes como Bimbo, The Home Depot, Anáhuac México, Fundación Intercambiando México, Fundación Diez Morodo y otras. Pero también, y en gran medida, gracias a personas como tú, que creen en un México más justo. Las donaciones a Construyendo son, en muchos casos, el primer paso para transformar vidas.
¿Qué ha logrado hasta ahora?
La respuesta se puede resumir en cifras claras que representan miles de historias de vida transformadas: en 17 años de trabajo (2008 a 2024), Construyendo ha recaudado más de $500 millones de pesos. Ha construido 2,238 viviendas, entregado 267 espacios escolares, movilizado a 67,579 voluntarios y, lo más importante, impactado directamente a 49,410 beneficiarios.
Sin embargo, vale la pena mirar de cerca los resultados más recientes de 2024, que muestran el ritmo y el alcance actual de su labor: 188 viviendas construidas, 3,174 beneficiarios, 31 espacios escolares entregados, 6,054 voluntarios movilizados y una recaudación total de $99,655,597 pesos.
Además, en 2024, Construyendo generó un derrame económico de $4,869,712.77 pesos para proveedores locales y en Acapulco $8,410, 365,23. Lo que contribuye a activar y desarrollar la comunidad a través de la contratación de negocios regionales.
Cada número representa un esfuerzo colectivo, pero también una historia de esperanza que nace del poder de las donaciones a Construyendo.
Lo que diferencia a Construyendo es su compromiso por rendir cuentas. Cada acción se respalda con documentación clara y accesible, lo cual permite a cualquier donante tener la certeza de que su aportación no solo fue útil, sino que llegó a las manos adecuadas. La transparencia aquí no es un valor agregado: es una promesa cumplida.
Ver para creer: cómo se comprueba el impacto
La transparencia del trabajo de Construyendo se sostiene sobre evidencia audiovisual, testimonios auténticos, reportes financieros y un informe anual. Cada proyecto cuenta con fotografías, videos y palabras de quienes participaron y recibieron apoyo. Estas historias vivas nos permiten ver el antes y el después de cada construcción.
En cuanto a los reportes financieros y el informe anual de responsabilidad social, estos pueden ser consultados libremente en su sitio web. No hay letras pequeñas, ni procesos ocultos. Todo lo que se hace está documentado y abierto para quienes deseen confirmar en qué se utilizó cada recurso.
Este compromiso genera algo que no puede comprarse con dinero: confianza. Y cuando una organización inspira confianza, el impacto de su labor crece, se amplifica y perdura en el tiempo. Quienes realizan donaciones a Construyendo saben que su contribución se convierte en acción, y que su confianza tiene un respaldo claro.
Lo que también se construye
Detrás de cada proyecto hay mucho más que materiales de construcción. Lo que se edifica es también autoestima, esperanza y comunidad. Cuando una familia recibe una vivienda digna, también recibe un mensaje poderoso: tu vida importa. Esa emoción compartida entre voluntarios, beneficiarios y donantes crea vínculos invisibles, pero profundos.
Tu donativo tiene el poder de conectar realidades distintas. A veces, quien dona no conoce personalmente a quien recibe la ayuda. Pero entre ambos hay algo en común: el deseo de construir un país más solidario. Y ese puente se fortalece con cada aportación. Porque lo que se construye con amor y con transparencia, permanece. Así, las donaciones a Construyendo reconstruyen el tejido social.
El cimiento más fuerte: la confianza
Hoy más que nunca, las causas sociales necesitan no solo apoyo económico, sino también confianza. Y eso solo se logra con claridad, compromiso y resultados visibles. Construyendo ha hecho de la transparencia su cimiento más fuerte, y gracias a ello, ha podido crecer y transformar miles de vidas.
Cuando decides donar, estás confiando. Y cuando lo haces con Construyendo, tienes la certeza de que esa confianza se respeta y se honra. Porque en cada hogar nuevo, en cada aula entregada, en cada comunidad reconstruida… tu generosidad ya dejó una marca imborrable. Y en ese camino, las donaciones a Construyendo son la base de todo lo que juntos, seguimos construyendo.
Cada vez más marcas hablan de cambio climático, igualdad de género o inclusión. Pero no todas lo hacen con la misma honestidad ni por las mismas razones. Algunas están verdaderamente comprometidas con la transformación social; otras simplemente aprovechan causas sociales para vender más. En este contexto, distinguir entre propósito de marca y oportunismo social es más importante que nunca.
Las audiencias son más críticas, exigen autenticidad y se informan mejor. Las empresas, por su parte, enfrentan el reto de construir una narrativa sólida y coherente, que no suene a marketing vacío. Esta nota busca responder una pregunta clave para consumidores, líderes de RSE y especialistas en reputación corporativa: ¿cuál es la diferencia entre propósito de marca y oportunismo social, y cómo se puede identificar?
Propósito de marca y oportunismo social: ¿en qué se diferencian?
El propósito de marca es la razón de ser de una empresa más allá del lucro. Define su contribución positiva a la sociedad y se refleja de forma consistente en sus productos, cultura interna, estrategias de negocio y campañas. No es una táctica de comunicación, sino una brújula que orienta todas sus decisiones a largo plazo.
El oportunismo social, en cambio, consiste en usar causas sociales o ambientales como una herramienta de marketing oportunista, sin respaldo en acciones genuinas o sin coherencia con la operación cotidiana de la empresa. Estas acciones suelen coincidir con fechas conmemorativas, momentos de tensión social o tendencias virales, pero carecen de profundidad, compromiso o continuidad.
La diferencia entre propósito de marca y oportunismo social radica en la coherencia. Una marca con propósito alinea su discurso con sus prácticas. Por ejemplo, si una empresa habla de equidad salarial, lo respalda con políticas internas. Una marca oportunista puede lanzar una campaña feminista mientras mantiene una brecha salarial interna no resuelta.
Además, el propósito es permanente; el oportunismo es pasajero. El propósito se anticipa a los cambios sociales, mientras que el oportunismo reacciona a ellos. Esta distinción no es solo ética, también es estratégica: los consumidores recompensan la autenticidad y penalizan la hipocresía con desconfianza y rechazo.
10 ejemplos de propósito de marca vs oportunismo social
1. Inclusión laboral de personas con discapacidad
Una empresa que actúa con propósito integra la inclusión como parte central de su modelo de negocio. Implementa ajustes razonables en el entorno laboral, adapta procesos de reclutamiento, capacita a líderes en diversidad funcional y promueve la accesibilidad digital y física en todos sus espacios. Además, mide sus avances e involucra a las personas con discapacidad en el diseño de políticas. La inclusión no es una acción puntual, sino una práctica sistémica y sostenida.
En contraste, una empresa oportunista publica un video emocional con personas con discapacidad cada diciembre, pero mantiene entornos laborales excluyentes. No cuenta con baños accesibles, sus procesos de selección discriminan y sus sistemas digitales son inaccesibles. Su discurso sobre inclusión se limita a la comunicación externa, sin acciones concretas que mejoren las condiciones reales. El mensaje queda en la superficie, sin transformación estructural.
2. Reducción real de residuos plásticos
El propósito se refleja cuando una compañía rediseña sus productos para eliminar plásticos innecesarios, invierte en tecnologías compostables o reutilizables y establece alianzas para gestionar sus residuos de forma circular. Informa con transparencia sus metas, logros y áreas de mejora, bajo estándares reconocidos. La coherencia está en toda su cadena: desde el proveedor hasta el consumidor final.
El oportunismo social aparece cuando una empresa lanza una campaña para dejar de usar popotes o bolsas por un mes, pero continúa empleando envoltorios excesivos, empaques mixtos no reciclables o embalajes de un solo uso sin justificación. Estas acciones se comunican con slogans verdes, pero no están acompañadas de estrategias integrales. La sostenibilidad se convierte en una excusa estética, sin impacto ambiental real.
3. Apoyo a la equidad de género en el lugar de trabajo
Una empresa con propósito establece políticas claras de igualdad salarial, promueve el liderazgo femenino, combate el acoso laboral y visibiliza los cuidados como corresponsabilidad. Evalúa sus indicadores con perspectiva de género y ajusta sus prácticas con base en diagnósticos internos y externos. La equidad no se reduce a una fecha, sino que estructura su cultura organizacional.
En cambio, una empresa oportunista sube un post con frases de empoderamiento cada 8 de marzo, regala flores a las empleadas o lanza una campaña visual con mujeres líderes… mientras mantiene una brecha salarial significativa, carece de protocolos contra la violencia y limita las oportunidades de ascenso para mujeres. La desconexión entre lo que se comunica y lo que se vive internamente delata el oportunismo.
4. Compromiso con el comercio justo
Cuando una empresa tiene un propósito auténtico, establece relaciones duraderas con productores locales, paga precios que garantizan condiciones dignas, respeta los ciclos agrícolas y apoya el desarrollo de capacidades en las comunidades. Además, certifica su cadena de valor con organismos confiables y comunica datos verificables sobre trazabilidad y condiciones laborales.
En cambio, una empresa que actúa por oportunismo coloca etiquetas como “justo” o “local” en sus productos, aunque sus proveedores reciban pagos por debajo del costo real o estén sujetos a condiciones laborales precarias. La narrativa apela a la conciencia del consumidor, pero no resiste una revisión crítica. Las palabras suenan bien, pero no están respaldadas por hechos.
5. Fomento de la diversidad en campañas de comunicación
El propósito se ve cuando una empresa representa diversidad de género, raza, cuerpos, edades y capacidades en sus campañas de forma continua y coherente con su cultura organizacional. Esta representación se basa en diálogos internos, códigos de inclusión y acciones afirmativas en su operación diaria. La comunicación no es un escaparate, sino una extensión de sus valores.
El oportunismo surge cuando una empresa lanza una campaña con personas diversas solo durante un mes temático —como junio o marzo— sin haber transformado sus prácticas internas. Si no contrata personas diversas, no asegura su bienestar dentro de la empresa o no escucha sus voces, entonces el mensaje se convierte en un decorado. La representación es usada como recurso estético, sin generar inclusión real.
6. Apuesta por energías renovables a largo plazo
Una empresa con propósito traza un plan claro de transición energética, invierte en infraestructura propia o contratos a largo plazo con proveedores de energías limpias y establece metas de reducción de emisiones validadas por terceros. Esta estrategia se comunica de forma transparente y forma parte de su operación diaria, más allá de las fechas o tendencias del momento.
El oportunismo ocurre cuando una empresa anuncia la compra de energía renovable solo durante fechas simbólicas como el Día de la Tierra, mientras sus instalaciones siguen dependiendo principalmente de combustibles fósiles. Este tipo de acciones buscan mejorar la imagen pública sin modificar la fuente real de su consumo energético, lo que refleja una intención superficial y temporal.
7. Apoyo a comunidades locales vulnerables
Una empresa con propósito crea programas a largo plazo en comunidades, en diálogo con sus habitantes, priorizando la educación, la salud o el desarrollo económico. Evalúa impactos con herramientas sociales, respeta saberes locales y construye relaciones basadas en la reciprocidad, evitando el asistencialismo y enfocándose en soluciones sostenibles.
En cambio, el oportunismo social se manifiesta cuando una empresa dona productos excedentes durante una crisis puntual y lo convierte en una campaña de relaciones públicas. No hay continuidad, diagnóstico previo ni seguimiento, solo una acción de corto plazo que se comunica ampliamente pero que no aborda la raíz del problema. La ayuda parece más una estrategia de imagen que una convicción social.
8. Educación ambiental entre clientes y empleados
El propósito de marca se evidencia cuando una organización capacita constantemente a su personal sobre sostenibilidad, promueve prácticas responsables y educa a sus consumidores sobre consumo consciente, reciclaje, ahorro energético o impacto ambiental. Estas acciones se integran en su cultura y no se limitan al área de marketing.
El oportunismo ocurre cuando se lanza un reto viral en redes sobre hábitos ecológicos, como plantar árboles o reducir el agua, sin respaldo educativo ni coherencia con los productos que la empresa ofrece. Si no hay un compromiso real para cambiar comportamientos internos o para rediseñar el modelo de negocio, el mensaje pierde credibilidad y se percibe como un truco publicitario.
9. Transparencia en el uso de recursos naturales
Una empresa con propósito publica informes detallados sobre su uso de agua, energía, materias primas y emisiones. Utiliza métricas estandarizadas, establece metas de reducción y se somete a auditorías externas. Además, mantiene un diálogo constante con comunidades, ONG y organismos reguladores para mejorar su impacto ambiental.
El oportunismo se presenta cuando se utilizan etiquetas como “eco-friendly” o “natural” sin definir qué significan ni proporcionar datos verificables. A menudo, este discurso se sostiene con imágenes verdes, lenguaje emocional o símbolos de la naturaleza, pero sin ninguna trazabilidad sobre la extracción o el uso responsable de los recursos que realmente consume la empresa.
10. Atención a la salud mental de los trabajadores
Una empresa con propósito diseña políticas laborales que priorizan el bienestar emocional: horarios flexibles, espacios seguros para hablar del estrés, acceso a apoyo psicológico y líderes capacitados en escucha activa. Estas medidas son permanentes y se ajustan conforme cambian las necesidades del equipo.
El oportunismo se refleja cuando la empresa publica frases motivacionales por el Día Mundial de la Salud Mental, pero mantiene cargas laborales insostenibles, una cultura de disponibilidad 24/7 y ambientes de trabajo tóxicos. No basta con hablar del tema: sin acciones reales y estructuras de cuidado, la salud mental se convierte en una moda más que en una responsabilidad.
Más allá del marketing: por qué importa esta diferencia
Entender la diferencia entre propósito de marca y oportunismo social no es solo una cuestión de semántica, sino de ética empresarial y sostenibilidad a largo plazo. Las marcas con propósito auténtico construyen relaciones duraderas con sus audiencias, fortalecen su reputación y generan valor compartido.
En cambio, las acciones oportunistas pueden provocar el efecto contrario: desconfianza, boicots y pérdida de legitimidad. Hoy, una campaña mal ejecutada o incoherente puede viralizarse como ejemplo de “social washing”. Las audiencias ya no toleran narrativas huecas ni compromisos de papel.
Además, tener un propósito claro permite a las marcas navegar contextos complejos con mayor solidez. Una identidad coherente reduce el riesgo reputacional y alinea todas las áreas del negocio con una visión transformadora. Por eso, cada vez más expertos en RSE consideran que el propósito no es opcional: es estructural.
Frente a un mundo en crisis —climática, social y económica— las marcas no pueden quedarse en el eslogan. Quienes realmente lideran el cambio, lo hacen desde sus decisiones cotidianas, desde el diseño del producto hasta el trato a sus empleados. Ese es el camino del propósito. Todo lo demás es oportunismo.
Autenticidad, el gran diferenciador
Reconocer la diferencia entre propósito de marca y oportunismo social es clave en un momento donde las marcas tienen un papel cada vez más influyente. El propósito va más allá de las palabras: se traduce en políticas internas, prácticas sostenibles y una narrativa coherente. El oportunismo, en cambio, se disfraza de compromiso sin asumir responsabilidad real.
Las empresas que deseen construir confianza deben apostar por el largo plazo, por acciones sostenidas que resistan el escrutinio. En un entorno donde el consumidor es más consciente y exigente, solo las marcas auténticas lograrán consolidarse como agentes de cambio. La diferencia entre liderar y decepcionar está en elegir entre el propósito o el oportunismo.
Google ha decidido dar un paso audaz hacia el futuro energético. Según información de Energy Digital, a través de un acuerdo con la empresa Commonwealth Fusion Systems (CFS), planea adquirir 200 MW de electricidad provenientes de una planta de energía de fusión que se construirá en Virginia. Esta alianza no se limita a un contrato de compra: también implica una segunda inversión directa en la compañía.
Este movimiento es parte de una estrategia más amplia para asegurar un suministro confiable, libre de carbono y con alta capacidad, necesario para sostener su infraestructura tecnológica, particularmente sus centros de datos. Si bien la promesa de esta tecnología aún no se ha materializado plenamente, Google apuesta por convertir lo que hoy parece ciencia ficción en una fuente tangible de energía limpia.
Google apuesta por liderar la adopción de la energía de fusión
El acuerdo con CFS no es menor. Además de comprometerse a adquirir energía de la planta ARC, Google mantiene la opción de comprar electricidad de futuras instalaciones. ARC será la primera planta comercial de esta empresa y representa la culminación de un trabajo que comenzó con la máquina de demostración SPARC, actualmente en construcción en Massachusetts.
«Nuestra nueva inversión apoyará los esfuerzos para conectar a la red su primera planta comercial», explica Michael Terell, vocero de Google, en una entrada de blog. «Esperamos que nuestro acuerdo de compra impulse estos esfuerzos y, como parte del acuerdo, tenemos la opción de comprar energía de futuras plantas».
Google también destaca la importancia de este paso en términos de impacto estratégico. «Escalar cualquier tipo de nueva tecnología requiere pasos audaces, y las centrales eléctricas pioneras no son la excepción», añade Michael. Esta visión se alinea con el objetivo de la empresa de operar con energía limpia firme: constante y sin depender de las condiciones del clima.
¿Qué es la energía de fusión y por qué Google la considera clave?
Para entender la magnitud de esta apuesta, es clave saber qué es la energía de fusión. Se trata del proceso que alimenta al Sol y las estrellas, donde núcleos atómicos ligeros se fusionan a temperaturas extremas —superiores a los 100 millones de grados Celsius— para formar plasma. Este proceso libera una enorme cantidad de energía.
La diferencia principal con la fisión, utilizada en las centrales nucleares actuales, es que la fusión no genera residuos radiactivos de larga duración ni riesgos de accidentes catastróficos. Además, puede proveer energía limpia en todo momento, sin depender de la variabilidad solar o eólica, lo que la convierte en una opción altamente deseable para industrias con alta demanda energética. Michael Terell, vocero de Google lo resume así:
“Imagina un mundo alimentado por la misma energía que alimenta al sol y a las estrellas. La fusión tiene un enorme potencial como fuente de energía del futuro: es limpia, abundante e intrínsecamente segura, y se puede construir prácticamente en cualquier lugar”.
Tecnología de punta: tokamaks compactos y superconductores
La innovación detrás del proyecto de CFS reside en su uso de reactores tokamak, dispositivos con forma de rosquilla que utilizan potentes campos magnéticos para contener el plasma. A diferencia de otros desarrollos similares, los tokamaks de CFS emplean imanes superconductores de alta temperatura, lo que permite construir reactores más pequeños, eficientes y viables comercialmente.
Esta tecnología es precisamente la que sustenta el proyecto SPARC, la antesala de ARC. Según Michael, “los avances en imanes permiten un diseño de tokamak más compacto y comercialmente viable”. La tecnología SPARC está diseñada para demostrar la viabilidad energética de la fusión antes de escalarla en ARC.
Esta evolución representa un punto de inflexión. Hasta hace poco, se pensaba que la energía de fusión estaba a décadas de distancia de la comercialización. Hoy, empresas como CFS —y gigantes como Google que apuestan por ellas— están acelerando ese cronograma, demostrando que lo que parecía un objetivo lejano puede estar más cerca de lo que se pensaba.
Más allá de la fusión: una estrategia integral de energía limpia
El compromiso de Google con la energía de fusión se enmarca en una política energética mucho más amplia. Desde 2010, la empresa ha adquirido más de 22 GW de energía limpia, incluyendo fuentes eólicas, solares, geotérmicas y nucleares avanzadas. Esto ya ha resultado en una reducción del 12 % en las emisiones de sus centros de datos.
Michael sostiene que esta estrategia busca preparar a Google para un futuro donde la demanda energética será aún mayor. “A medida que crece la demanda mundial de energía, empresas como Google pueden desempeñar un papel importante en el apoyo a tecnologías que puedan proporcionar capacidad de generación limpia en la próxima década”.
Aunque la fusión sigue siendo una apuesta de alto riesgo tecnológico y financiero, su incorporación en la estrategia de Google revela una visión clara: las grandes corporaciones pueden y deben invertir en soluciones energéticas de largo plazo. En ese sentido, saber qué es la energía de fusión ya no es solo una curiosidad científica, sino una herramienta clave para el liderazgo sostenible.
Hacia un nuevo paradigma energético
Saber qué es la energía de fusión es fundamental para comprender el giro que empresas tecnológicas como Google están dando en materia de sostenibilidad. Al invertir en una fuente energética que promete ser segura, limpia y permanente, la empresa no solo busca asegurar su futuro operativo, sino también liderar una transición energética global.
Este paso firme hacia la fusión muestra que la sostenibilidad ya no es solo una meta ética, sino una estrategia corporativa avanzada. En un mundo donde la presión climática y energética se intensifica, Google demuestra que las soluciones del mañana pueden comenzar a construirse hoy.
La crisis climática está tomando forma de catástrofe lenta pero devastadora. Según un nuevo informe publicado por el Centro Nacional de Mitigación de Sequías de EE. UU. (NMDC), en colaboración con la ONU y otras entidades, la sequía ha empujado a más de 90 millones de personas a padecer hambre extrema, principalmente en África oriental y meridional. Esta situación, lejos de ser episódica, es resultado de años de degradación ambiental y falta de gestión eficaz del agua.
El informe subraya que estamos ante una emergencia humanitaria de escala global, con consecuencias de la sequía que van desde la pérdida de cosechas y la muerte de ganado hasta desplazamientos masivos. Somalia, Zimbabue y otras naciones africanas presentan escenarios alarmantes, pero la amenaza se extiende por el Mediterráneo, América Latina y Asia. La falta de agua dulce, la sobreexplotación de acuíferos y la creciente desertificación perfilan un futuro inseguro para la producción alimentaria mundial.
Una catástrofe climática en cámara lenta
El informe advierte que las consecuencias de la sequía se han intensificado año tras año, afectando con severidad el acceso a alimentos, agua y energía. En África oriental y meridional, la sequía ha provocado pérdidas masivas en las cosechas y matado decenas de miles de cabezas de ganado. En Somalia, uno de cada cuatro habitantes está al borde de la inanición, y más de un millón han sido desplazados.
Zimbabue es otro caso ilustrativo: la producción de maíz se redujo un 70 % y murieron 9,000 animales por la escasez de agua. En general, una sexta parte del sur de África ya necesitaba ayuda alimentaria en agosto pasado. Estas cifras no solo reflejan el presente, sino que anuncian un porvenir aún más sombrío si no se actúa de manera global y urgente.
Mark Svoboda, del NMDC, declaró que no estamos frente a una sequía común, sino ante una catástrofe climática sin precedentes:
“Esto no es una sequía. Es una catástrofe global de lenta evolución, la peor que he visto”.
Esta situación, producto de décadas de mala gestión y agravada por el cambio climático, pone en jaque el bienestar de millones. Las consecuencias de la sequía no son ya una amenaza futura: son una emergencia del presente.
Además, el fenómeno de El Niño en los últimos dos años exacerbó las condiciones climáticas extremas, acentuando las temperaturas y reduciendo las lluvias. El resultado ha sido una serie de impactos en cadena: escasez de agua potable, crisis alimentarias localizadas, racionamientos energéticos y una creciente presión sobre los sistemas sociales y económicos.
Naciones más afectadas por la sequía extrema
África se encuentra en el epicentro de esta crisis. Somalia, Zimbabue y países del sur y este africano están viviendo los efectos más agudos. El informe destaca que más de 90 millones de personas de estas regiones enfrentan inseguridad alimentaria severa debido a las condiciones de sequía extrema que han empeorado año tras año.
En América Latina, la situación no es menos preocupante. La reducción del nivel de agua en el Canal de Panamá ha afectado gravemente al transporte marítimo y, con ello, al comercio internacional. Entre octubre de 2023 y enero de 2024, el tránsito se redujo en más de un tercio, incrementando los costos y afectando las cadenas de suministro globales.
El Mediterráneo también sufre las consecuencias de la sequía de forma alarmante. Marruecos ha tenido seis años seguidos de déficit hídrico, mientras que en España, la producción de aceitunas cayó 50 %, duplicando el precio del aceite de oliva. Turquía enfrenta desertificación en el 88 % de su territorio, con acuíferos agotados y aparición de sumideros.
En Asia, India y Tailandia han sido golpeadas por la escasez de lluvias, lo que elevó los precios del azúcar en EE. UU. un 9 %. La sequía ya no distingue regiones ni niveles de ingreso. Como advierte el informe, ninguna economía está exenta de sufrir los efectos de un fenómeno que trastoca los sistemas productivos, sociales y ecológicos.
Impactos económicos y en seguridad alimentaria
Las consecuencias de la sequía no se limitan a lo ambiental o humanitario. Las interrupciones en la producción de cultivos como el arroz, el café y el azúcar, mencionadas en el informe, han generado alzas de precios y tensión en las cadenas de suministro globales. Esto afecta tanto a las economías agrícolas como a los consumidores finales.
El racionamiento energético es otro efecto colateral. Al depender del agua para la producción hidroeléctrica, varios países han tenido que aplicar restricciones que afectan tanto a hogares como a industrias. Esto agrava la presión sobre sistemas económicos ya debilitados por la inflación y los conflictos geopolíticos.
Se proyecta que una sequía promedio en 2035 costará al menos un 35 % más que en la actualidad, según datos de la OCDE. Estos impactos económicos deben ser parte de la planificación a largo plazo, ya que las pérdidas actuales son solo una fracción de los costos que podrían materializarse en las próximas décadas si no se toman acciones correctivas inmediatas.
Agua dulce, un recurso cada vez más escaso
La crisis hídrica está estrechamente ligada a las consecuencias de la sequía. La demanda mundial de agua dulce superará la oferta en un 40 % para finales de esta década. Esto no solo amenaza la seguridad alimentaria, sino también la estabilidad social, especialmente en regiones donde el acceso al agua ya es limitado.
Más de la mitad de la producción mundial de alimentos está en riesgo debido al deterioro de los recursos hídricos. La sobreexplotación de acuíferos, la contaminación del agua y los patrones erráticos de lluvias están afectando la capacidad del planeta para sostener a una población en crecimiento. Esto requiere no solo soluciones tecnológicas, sino también una cooperación política global.
Además, el derretimiento acelerado de los glaciares amenaza el suministro de agua para 2,000 millones de personas. Esta pérdida sin precedentes no solo pone en peligro la agricultura, sino también la disponibilidad de agua potable para vastas regiones de Asia y América del Sur, aumentando el riesgo de conflictos por el acceso a este recurso vital.
Urge cooperación global para enfrentar la sequía
Los expertos coinciden: no se trata de fenómenos aislados, sino de una nueva normalidad. Ibrahim Thiaw, de la ONU, alertó que la sequía es un “asesino silencioso” y es la realidad que ya viven millones:
“La sequía es un asesino silencioso . Se infiltra, agota los recursos y devasta vidas a cámara lenta. Sus cicatrices son profundas. La sequía ya no es una amenaza lejana. Está aquí, se intensifica y exige una cooperación mundial urgente. Cuando la energía, los alimentos y el agua se agotan a la vez, las sociedades empiezan a desmoronarse. Esa es la nueva normalidad para la que debemos estar preparados”.
Frente a este panorama, la cooperación internacional es más urgente que nunca. Se necesitan estrategias conjuntas para restaurar ecosistemas, mejorar la gestión del agua y anticiparse a futuras crisis. La respuesta debe ser multidimensional: técnica, financiera y política. La indiferencia solo amplificará las consecuencias de la sequía en los años venideros.
Además de mitigar, es imperativo adaptarse. Las políticas públicas deben considerar escenarios de escasez hídrica crónica y promover modelos agrícolas sostenibles. Invertir hoy en resiliencia climática no es solo una cuestión ética, sino también económica y estratégica. El costo de la inacción será inmensurable.
Una emergencia que exige respuestas inmediatas
La información revelada en el informe confirma que estamos ante una crisis de múltiples capas que compromete la seguridad alimentaria, la disponibilidad de agua y la estabilidad económica. Las consecuencias de la sequía se hacen sentir en todos los continentes, alterando vidas y poniendo a prueba la capacidad de respuesta de gobiernos e instituciones. Es momento de abandonar la idea de que esta es una amenaza futura: es una realidad presente.
Si la comunidad internacional no actúa con urgencia y coordinación, esta crisis continuará creciendo, sumiendo a millones más en el hambre y la pobreza. Las sequías no pueden seguir siendo vistas como eventos excepcionales. Son parte del nuevo clima del planeta y deben enfrentarse con estrategias sólidas, inversión en infraestructura hídrica y un compromiso real con la sostenibilidad. El futuro de la humanidad depende, literalmente, de nuestra capacidad de adaptarnos.
Hoy más que nunca, el activismo se ha convertido en una herramienta poderosa para provocar cambios sociales, políticos y ambientales. Frente a crisis climáticas, desigualdades persistentes y violaciones de derechos humanos, millones de personas buscan transformar el mundo desde distintas trincheras. Pero no existe un solo camino: hay múltiples formas de involucrarse, con distintos enfoques y niveles de impacto. La participación ciudadana, en sus diferentes expresiones, es una forma de ejercer poder desde lo colectivo. Entender las rutas del activismo es entender cómo se construye una sociedad más justa.
Comprender los distintos tipos de activismo permite valorar las diversas formas en que la ciudadanía se moviliza. Algunas estrategias se enfocan en la incidencia política, otras en el cambio cultural, y otras más en la transformación económica o la justicia ambiental. Cada tipo de activismo responde a una necesidad particular y a un contexto específico, pero todos comparten el deseo de crear un mundo más equitativo. En esta nota, abordamos 12 formas de activismo y su impacto, con el objetivo de ampliar la comprensión del tema y fomentar una participación más consciente. Ya sea desde lo digital, lo artístico o lo comunitario, todas las voces suman.
¿Qué es el activismo y por qué es tan relevante?
El activismo es una forma de participación social que busca generar cambios estructurales o culturales a través de la acción colectiva. Puede manifestarse en protestas, campañas, proyectos comunitarios, acciones legales o iniciativas digitales, entre muchas otras. Lo define su voluntad de transformar realidades injustas o insostenibles. Su motor es la conciencia social y el deseo de justicia.
Aunque a menudo se asocia solo con manifestaciones callejeras, el activismo adopta múltiples formas según el contexto, las herramientas disponibles y las capacidades de quienes lo ejercen. Puede surgir desde una comunidad rural, una red de artistas, una plataforma de jóvenes o una empresa con sentido ético. Su diversidad es precisamente una de sus fortalezas: permite que más personas se involucren desde distintos frentes.
La relevancia del activismo radica en que desafía la inercia social, cuestiona el poder y amplía los márgenes de lo posible. Ha sido clave en la conquista de derechos civiles, laborales, ambientales y culturales a lo largo de la historia. En un mundo donde muchas decisiones se toman sin participación ciudadana, el activismo actúa como contrapeso, como llamada de atención y como catalizador de soluciones colectivas.
12 tipos de activismo y su impacto
1. Activismo político
El activismo político busca transformar leyes, políticas públicas y estructuras de poder institucionales. Se expresa en marchas, campañas legislativas, peticiones, debates públicos o candidaturas ciudadanas. Este tipo de activismo busca influir directamente en las decisiones gubernamentales, promoviendo cambios que beneficien a la mayoría. También exige transparencia, rendición de cuentas y participación democrática real. Es una herramienta clave en contextos donde los derechos están amenazados o no se respetan.
Su impacto es visible cuando logra reformas estructurales, como leyes de igualdad, protección ambiental o acceso a la salud. Pero incluso cuando no logra resultados inmediatos, el activismo político genera presión, visibilidad y apertura de debate. Además, empodera a las personas como agentes de cambio dentro de sus comunidades. Este tipo de activismo fortalece la ciudadanía activa y combate la apatía política. Al participar, se construye democracia desde abajo.
2. Activismo ambiental
El activismo ambiental se enfoca en la defensa del planeta, los ecosistemas y los derechos de la naturaleza. Puede tomar la forma de acciones legales, campañas de educación ambiental, limpiezas comunitarias o bloqueos pacíficos contra megaproyectos destructivos. También impulsa la conservación de bosques, la transición energética, la protección del agua y la lucha contra el cambio climático. Abarca desde lo local hasta lo global, adaptándose a distintas realidades ecológicas.
Su impacto no solo es ecológico, sino también social: al proteger los recursos naturales, se protege la vida de millones. Este tipo de activismo ha forzado a gobiernos a firmar acuerdos internacionales y a empresas a reducir su huella ambiental. Además, promueve una nueva cultura de consumo, más consciente y sustentable. Es una respuesta directa a la emergencia climática, y también un llamado ético a cuidar aquello que sostiene toda forma de vida. En su raíz está la interdependencia.
3. Activismo digital
El activismo digital, o ciberactivismo, usa las plataformas tecnológicas para amplificar causas sociales. Se basa en redes sociales, sitios web, campañas virales, hashtags, videos y recursos interactivos para informar, denunciar o convocar. Permite movilizar a miles de personas en cuestión de horas, rompiendo las barreras geográficas y mediáticas. También facilita la articulación de movimientos descentralizados y horizontales. Es una de las formas de activismo más utilizadas por las nuevas generaciones.
Su impacto reside en su velocidad y alcance. Ha logrado viralizar causas invisibilizadas, presionar a autoridades e impulsar acciones colectivas masivas. Sin embargo, también plantea desafíos: puede quedarse en lo simbólico si no se conecta con acciones concretas. Aun así, ha democratizado la participación y ha brindado voz a quienes antes no tenían acceso a los canales tradicionales. Bien utilizado, el activismo digital es una poderosa herramienta de transformación.
4. Activismo económico
El activismo económico cuestiona cómo se produce, consume y distribuye la riqueza en el sistema actual. Se manifiesta en boicots, consumo ético, inversión responsable, apoyo a empresas sociales o creación de monedas comunitarias. Busca reconfigurar las dinámicas económicas desde la justicia, la sostenibilidad y la equidad. Este tipo de activismo desafía el poder corporativo y promueve modelos que priorizan el bienestar sobre la ganancia.
Su impacto es profundo, pues transforma las reglas del juego económico desde la acción cotidiana. A través del consumo informado, las personas pueden presionar a empresas a respetar derechos humanos, ambientales y laborales. También incentiva la economía circular, solidaria o colaborativa. Al cambiar los patrones de producción y consumo, se abren posibilidades para una economía más humana. El poder de compra se convierte, así, en un poder político.
5. Activismo artístico
El activismo artístico emplea el arte como vehículo para cuestionar, sensibilizar y transformar la realidad. A través de murales, poesía, performance, cine o música, transmite mensajes de resistencia o esperanza. Esta forma de activismo no solo informa: toca las emociones, interpela desde lo simbólico y genera experiencias transformadoras. Es especialmente eficaz cuando las palabras no bastan, o cuando el discurso dominante invisibiliza ciertas realidades. Su lenguaje es sensible, pero su impacto puede ser profundamente político.
El arte permite que personas que no participan de espacios tradicionales de activismo se expresen y actúen. También resignifica espacios públicos, genera reflexión colectiva y crea puentes entre luchas diversas. El activismo artístico desafía estéticas hegemónicas y crea nuevas narrativas sobre justicia, identidad y memoria. Puede impactar en la cultura mucho antes que una ley o una política pública. Por eso, se ha convertido en una de las expresiones más vitales del activismo contemporáneo.
6. Activismo comunitario
Este tipo de activismo nace desde las propias comunidades y se enfoca en resolver problemas concretos como el acceso al agua, la salud, la educación o la vivienda. Parte del conocimiento local y se basa en la organización vecinal, el diálogo colectivo y la construcción de soluciones desde abajo. A menudo trabaja con pocos recursos, pero con mucha convicción. Promueve la autonomía, la resiliencia y la participación directa de quienes viven las problemáticas.
El impacto del activismo comunitario puede no siempre ser visible a gran escala, pero transforma profundamente los territorios. Fortalece lazos sociales, genera redes de apoyo mutuo y recupera la capacidad de autogestión. Además, ofrece un modelo alternativo al asistencialismo y al paternalismo institucional. Este tipo de activismo demuestra que los cambios duraderos comienzan en lo cotidiano, desde lo más cercano. Es, en esencia, activismo en acción constante.
7. Activismo feminista
El activismo feminista lucha contra las desigualdades estructurales de género que atraviesan todas las dimensiones de la vida. Denuncia la violencia, la discriminación, la invisibilización del trabajo de cuidados y las brechas económicas, entre muchas otras injusticias. También construye alternativas basadas en la equidad, la autonomía y el reconocimiento de las diversidades. Este activismo ha sido clave para conquistar derechos, transformar lenguajes y cuestionar jerarquías históricas.
Su impacto ha sido global: ha cambiado leyes, modificado culturas y resignificado espacios públicos y privados. Además, ha hecho visibles intersecciones entre género, clase, raza, orientación sexual o discapacidad. No se trata solo de mujeres, sino de justicia para todas las personas marginadas por un sistema patriarcal. El activismo feminista es tanto resistencia como creación, tanto denuncia como propuesta. Y su potencia sigue creciendo en todo el mundo.
8. Activismo juvenil
El activismo juvenil es impulsado por jóvenes que reclaman su derecho a un presente y un futuro dignos. Participan en causas ambientales, educativas, políticas o culturales, con una mirada crítica e innovadora. Usan herramientas digitales, crean colectivos escolares o universitarios y lideran movilizaciones masivas. Su activismo nace de la urgencia y del deseo de que sus voces sean escuchadas ahora, no en un futuro lejano.
El impacto de este tipo de activismo es enorme: renueva agendas, propone nuevas formas de organización y rompe con lo establecido. Su frescura, su creatividad y su claridad ética son un impulso vital para muchos movimientos. Además, cuestiona estructuras adultocéntricas y exige una participación genuina en la toma de decisiones. El activismo juvenil no es solo futuro: es presente con propuestas, compromiso y visión.
9. Activismo educativo
El activismo educativo promueve una enseñanza más inclusiva, crítica y transformadora. Se enfoca en garantizar el acceso igualitario a la educación, mejorar las condiciones escolares y cuestionar los contenidos que perpetúan desigualdades. También busca visibilizar el rol del magisterio, defender la educación pública y ampliar los horizontes pedagógicos. A menudo, se enfrenta a políticas restrictivas o desfinanciación sistemática, pero sostiene su labor desde la convicción ética.
Su impacto es profundo: forma a generaciones con pensamiento crítico y conciencia social. Además, la educación activista rompe con la idea de que aprender es repetir, y propone aprender para transformar. Incentiva el diálogo, la empatía y la acción social desde las aulas. También revaloriza el conocimiento como herramienta de resistencia, sobre todo en contextos donde educarse es un acto político. Cambiar la educación es, muchas veces, cambiar el mundo.
10. Activismo ético-empresarial
El activismo ético-empresarial parte de la premisa de que las empresas tienen una responsabilidad social más allá del lucro. Este tipo de activismo se ejerce desde dentro de las organizaciones —por empleados, directivos o consumidores— para exigir prácticas más justas, sostenibles y humanas. Impulsa la adopción de principios éticos en la producción, las relaciones laborales y el impacto ambiental. También promueve la transparencia y la coherencia con los valores que se comunican.
Su impacto puede ser profundo y sistémico, pues las empresas tienen una gran capacidad de influencia en la vida social y económica. Cuando una compañía adopta políticas verdaderamente responsables, puede transformar cadenas de valor completas. Además, al responder a exigencias ciudadanas, el sector privado se convierte en aliado del bien común. El activismo ético-empresarial plantea que el cambio no debe venir solo desde fuera, sino también desde quienes forman parte de las estructuras de poder económico.
11. Activismo desde el cuidado
Este tipo de activismo pone en el centro el trabajo de cuidar: acompañar, sostener, alimentar, escuchar, proteger. Acciones que históricamente han sido invisibilizadas, feminizadas o desvalorizadas. El activismo desde el cuidado reconoce que esas tareas son fundamentales para sostener la vida y que tienen un valor político. Implica transformar la forma en que entendemos la acción social, integrando la empatía, la reciprocidad y la ternura como formas de lucha.
Su impacto puede parecer silencioso, pero es inmenso: reconstruye vínculos, crea redes de contención y humaniza las luchas. A menudo se practica en contextos de crisis, desplazamiento o pobreza, donde cuidar es también resistir. Este tipo de activismo nos recuerda que la transformación social no solo se logra con confrontación, sino también con gestos de humanidad cotidiana. Es una forma de decir: cambiar el mundo también pasa por cuidar a quien lo habita.
12. Activismo interseccional
El activismo interseccional parte de la comprensión de que las opresiones no actúan de forma aislada, sino entrelazada: género, clase, raza, orientación sexual, discapacidad, edad y otros factores se combinan y profundizan. Este tipo de activismo articula distintas luchas, reconoce las experiencias complejas y trabaja por la justicia desde una mirada integral. No busca jerarquizar causas, sino construir puentes entre ellas, reconociendo su interdependencia.
Su impacto es potente porque rompe con enfoques parciales que dejan fuera a grupos históricamente marginados. Al integrar múltiples dimensiones de desigualdad, promueve soluciones más justas y efectivas. También abre el activismo a más voces, a más cuerpos, a más historias. El activismo interseccional no es solo una estrategia: es una ética del cuidado colectivo, donde nadie queda al margen. Es, sin duda, una brújula para el activismo del presente y del futuro.
Diferentes formas de impactar positivamente
Conocer los distintos tipos de activismo permite comprender mejor el ecosistema de luchas actuales. No todas las personas pueden o quieren marchar, pero pueden contribuir desde el arte, la economía, la empresa o el cuidado. Esta amplitud es una de las fortalezas del activismo contemporáneo: su capacidad de adaptarse a diferentes talentos, territorios y tiempos de vida. La movilización social ya no es exclusiva de las calles, sino también de las redes, los foros, las aulas y los hogares. Diversificar las formas de acción es vital para lograr un cambio profundo.
Además, es importante entender que todas estas formas están interrelacionadas. Un activismo ambiental puede articularse con el feminista, el comunitario o el educativo. Lejos de competir, los tipos de activismo se complementan y fortalecen mutuamente cuando construyen alianzas. Esta convergencia es clave para enfrentar desafíos complejos, como la crisis climática o la injusticia económica, que no pueden resolverse desde una sola perspectiva. La interseccionalidad, más que una teoría, es una práctica colaborativa que abre nuevas rutas para la transformación. Sumarse desde cualquier frente contribuye a la causa común.
Finalmente, cabe recordar que el activismo no es exclusivo de las organizaciones sociales o de quienes tienen militancia tradicional. Empresas, universidades, medios y personas que nunca se han movilizado también pueden adoptar posturas activistas si actúan con coherencia ética y responsabilidad pública. El activismo no exige perfección, pero sí compromiso. Elegir involucrarse, aunque sea con pequeñas acciones, marca una diferencia frente a la indiferencia. En un mundo donde los problemas son globales y urgentes, cada decisión cuenta y cada esfuerzo suma. El activismo, al final, es una forma de cuidado hacia los demás y hacia el futuro.
Todas las formas de cambiar el mundo cuentan
Cada uno de los tipos de activismo descritos aquí representa una puerta de entrada para involucrarse en la construcción de un mundo más justo. No importa si tu trinchera es la comunidad, el aula, el arte o la empresa: lo importante es actuar desde el compromiso y la ética. Hoy es necesario más que nunca hacer frente a la normalización de la injusticia, la violencia y la desigualdad. Las distintas formas de activismo nos recuerdan que no estamos solos, y que sí existen caminos colectivos hacia otro modelo de sociedad. Ser parte de ese cambio es también una forma de resistencia y esperanza.
En tiempos donde la apatía parece instalarse, el activismo demuestra que otra realidad es posible. Reconocer su valor, entender sus formas y apoyar sus expresiones es también una forma de participar. Transformar el mundo no es una tarea exclusiva de grandes líderes o movimientos masivos: comienza con decisiones pequeñas, sostenidas y conscientes. Cada acción que promueve el bienestar común tiene valor, sin importar su escala. Porque frente al inmovilismo, el activismo ofrece movimiento; frente al miedo, organización; y frente al cinismo, la convicción de que aún podemos construir un futuro mejor.