Las empresas han tenido tradicionalmente una relación cercana con el gobierno que es claramente simbiótica: las empresas necesitan permiso de éste para poder operar y el gobierno no podría generar desarrollo económico si las empresas no existieran.
Esta relación se ha fortalecido con el tiempo, al grado que los organismos internacionales consideraron imperativo no solamente regular las relaciones laborales de las empresas, sino exhortarlas a generar un mayor desarrollo en las comunidades en las que están insertas.










