China, el país más contaminante del mundo, dio la semana pasada un giro inesperado en su política ambiental al comprometerse a limitar sus emisiones de dióxido de carbono (CO2) y ofrecer, por primera vez, una cifra.
El Gobierno chino prometió reducir entre 40 y 45 por ciento su “intensidad energética” antes de 2020, un tipo de medición que liga las emisiones contaminantes al Producto Interno Bruto (PIB).
Esto no se traducirá, prevén los expertos, en una reducción neta de las emisiones, ya que se espera que la economía china crezca por encima del 6 por ciento anual hasta 2020.
