Cada año, el Reino Unido desecha cerca de 2,500 millones de vasos de papel. Aunque la mayoría de estos envases contienen fibras reciclables de alta calidad, el revestimiento de polietileno complica su recuperación y reciclaje eficiente. Como resultado, la mayoría termina como basura común o en vertederos, perpetuando un modelo insostenible en el consumo de bebidas para llevar.
Frente a esta realidad, varias marcas líderes del sector de alimentos y bebidas se han unido para impulsar una iniciativa innovadora. Durante tres meses, McDonald’s, Costa Coffee, Greggs, Pret a Manger y Caffe Nero pondrán a prueba un sistema de reciclaje con IA que no solo busca mejorar la tasa de recuperación, sino también incentivar a los consumidores mediante recompensas por su participación activa.
Un piloto colaborativo con tecnología pionera
El plan piloto es financiado por un fondo conjunto del Programa Nacional de Reciclaje de Vasos del Reino Unido y tendrá lugar en varias tiendas estratégicas. La propuesta es sencilla pero ambiciosa: que los consumidores devuelvan sus vasos usados y reciban 5 peniques por cada uno, escaneándolos con una aplicación inteligente sin necesidad de códigos QR ni de barras.
La tecnología clave detrás del programa es desarrollada por Bower, en colaboración con Google. Su sistema de detección fotográfica utiliza inteligencia artificial para identificar los vasos, registrar su devolución y procesar automáticamente la recompensa. Se trata de la primera vez que este tipo de sistema se utiliza a nivel mundial para vasos desechables.
Además, se recopilarán datos demográficos y de comportamiento a través de la app y encuestas diseñadas por Valpak y Keep Wales Tidy, quienes supervisan el proyecto. Según Hannah Osman, gerente nacional de reciclaje de vasos de Valpak, “la colaboración entre marcas, tecnología y comunidades está generando soluciones prácticas con impacto ambiental real”.
Incentivar con tecnología: un cambio de lógica
Este programa no solo innova en materia de infraestructura tecnológica, sino también en la forma en que se incentiva el reciclaje. Al recompensar directamente a los consumidores, se establece una nueva lógica: el reciclaje deja de ser una obligación difusa para convertirse en una acción tangible con beneficio inmediato.
La aplicación Bower facilita la experiencia del usuario al eliminar obstáculos como el escaneo de códigos, y permite que cualquier consumidor, sin importar su nivel de familiaridad con la tecnología, pueda participar fácilmente. Este diseño inclusivo refuerza la viabilidad del reciclaje con IA como estrategia escalable.
Como lo señaló Darren Hughes, especialista en residuos de Costa Coffee, “esta es una oportunidad emocionante para probar nuevas formas de involucrar a los clientes y hacer el reciclaje más accesible para todos”. El componente educativo del piloto también incluye una campaña de concienciación paralela, coordinada por Keep Wales Tidy.
¿Por qué los vasos de papel siguen siendo un problema?
A pesar de que los vasos de papel se perciben como sostenibles, su recubrimiento plástico interno complica su procesamiento en plantas de reciclaje convencionales. Aunque el Reino Unido cuenta con infraestructura para tratarlos, solo el 2.8% de los vasos fueron reciclados en 2019, según datos de Valpak.
Esto evidencia un reto estructural: la desconexión entre las capacidades técnicas y la participación ciudadana. Por eso, el piloto de reciclaje con IA busca cerrar esa brecha a través de un enfoque sistémico. Al recopilar datos de uso y comportamiento, el programa puede optimizar futuras campañas y diseñar intervenciones más efectivas.
El vaso de papel es apenas un símbolo de un problema mayor: el consumo desechable. Transformar esa lógica requiere de innovación tecnológica, incentivos económicos y campañas educativas que activen a los consumidores. Este programa lo intenta desde todos esos frentes al mismo tiempo.
Inteligencia artificial como aliada del medio ambiente
El uso de inteligencia artificial aplicada al reciclaje está abriendo nuevas posibilidades en la gestión de residuos. En este piloto, la IA no solo identifica objetos, sino que recopila información clave para mejorar procesos, reducir errores humanos y generar análisis predictivos.
Este enfoque permite que el reciclaje deje de ser una operación lineal y se convierta en un circuito retroalimentado por datos. La IA potencia la eficiencia operativa y permite adaptarse a distintos contextos urbanos y demográficos, haciendo que el modelo sea replicable a gran escala.
Berfin Mert, cofundador de Bower, resumió el espíritu de la colaboración: “esta iniciativa demuestra cómo la tecnología, las marcas y las comunidades pueden unirse para combatir el desperdicio e impulsar un cambio ambiental real”. El reciclaje con IA no es solo una innovación puntual, es una señal de hacia dónde puede evolucionar la economía circular.
El papel de las marcas en una cultura de reciclaje
Este piloto también refuerza la importancia del liderazgo corporativo en temas de sostenibilidad. McDonald’s y las demás marcas involucradas están dando un paso importante al asumir su responsabilidad en la gestión del ciclo de vida de sus productos. No basta con usar materiales reciclables; hay que facilitar su recuperación efectiva.
Además, al invertir en infraestructura tecnológica y en incentivos económicos para los consumidores, estas empresas están modelando nuevas expectativas sociales. En lugar de esperar que los ciudadanos reciclen por convicción, están apostando por mecanismos que premian ese esfuerzo.
El reciclaje con IA no sustituye el trabajo de base ni la educación ambiental, pero sí lo complementa con herramientas más sofisticadas y efectivas. En una época donde la tecnología es omnipresente, usarla al servicio del planeta es más una responsabilidad que una opción.
¿Una nueva era para el reciclaje?
Este plan piloto de tres meses puede parecer una iniciativa modesta frente a los desafíos del cambio climático, pero en realidad propone un nuevo modelo de acción: ágil, accesible y respaldado por datos. Al unir incentivos, tecnología e inteligencia artificial, este esfuerzo redefine cómo se puede impulsar el reciclaje en espacios urbanos de alto consumo.
El reciclaje con IA no es solo una innovación técnica, sino un experimento social que pone al consumidor en el centro de la solución. Si la experiencia resulta positiva, su escalabilidad puede marcar un punto de inflexión en la forma en que gestionamos los residuos cotidianos. Porque incluso un vaso, cuando se recicla bien, puede cambiar el rumbo.
Los compromisos de sustentabilidad se han convertido en una herramienta clave para las empresas que buscan proyectar una imagen responsable ante el mundo. En un contexto donde los consumidores valoran cada vez más el impacto ambiental y social de las marcas, declarar públicamente metas ecológicas se ha vuelto una estrategia común. Pero no todas estas promesas se traducen en acciones reales.
En los últimos años, ha aumentado la preocupación por el uso engañoso de estos compromisos. El llamado greenwashing ocurre cuando una empresa exagera, distorsiona o directamente miente sobre su desempeño ambiental. Se trata de una práctica que afecta la credibilidad de la sustentabilidad corporativa y que puede tener consecuencias tanto reputacionales como legales.
A través de ejemplos de diferentes sectores —moda, energía, transporte, alimentos, tecnología—, esta nota expone algunos compromisos de sustentabilidad que aunque fueron ampliamente difundidos, no han cumplido con lo que prometían y muestra cómo muchas empresas usan el lenguaje verde como fachada sin modificar sus operaciones, ni rendir cuentas de manera transparente.
12 compromisos de sustentabilidad que terminaron siendo greenwashing
1. McDonald’s y sus empaques “más verdes”
McDonald’s anunció en 2018 que eliminaría todos los plásticos de un solo uso y que migraría hacia empaques 100 % reciclables, compostables o reutilizables para 2025. La promesa fue recibida con entusiasmo por consumidores y medios. Sin embargo, años después, se reporta que sus empaques continúan generando toneladas de residuos difíciles de reciclar, especialmente en mercados con infraestructura limitada.
Un informe de Break Free From Plastic identificó a McDonald’s como uno de los principales contaminadores de residuos plásticos del mundo. Además, la empresa ha sido criticada por sustituir popotes plásticos por versiones de papel no reciclables. Este tipo de compromisos de sustentabilidad parecen más una respuesta cosmética a la presión pública que una transformación genuina del modelo operativo.
2. H&M y su “Conscious Collection”
H&M promocionó su “Conscious Collection” como una línea de ropa sustentable hecha con algodón orgánico y materiales reciclados. Aunque esta colección se ha vuelto una constante en sus tiendas, representa una fracción mínima del total de prendas que produce la marca. Además, no hay trazabilidad completa de los materiales ni evidencia sólida sobre el impacto ambiental positivo de esta línea.
Organizaciones como Changing Markets Foundation han criticado a H&M por prácticas de greenwashing al usar etiquetas como “conscious” sin validación externa. El compromiso de sustentabilidad es cuestionable si la empresa continúa promoviendo la moda rápida, impulsando el hiperconsumo y generando residuos textiles masivos sin un cambio en su modelo de negocio.
3. Volkswagen y el escándalo del “diesel limpio”
Volkswagen prometió desarrollar una línea de autos diésel limpios con emisiones mínimas, asegurando a sus clientes un producto “ecoamigable”. Años después, se reveló que la empresa instaló software ilegal para manipular los resultados de pruebas de emisiones en más de 11 millones de vehículos a nivel mundial. Fue uno de los mayores escándalos de fraude corporativo relacionados con sostenibilidad.
El caso, conocido como Dieselgate, evidenció cómo los compromisos de sustentabilidad pueden ser utilizados de manera fraudulenta para atraer consumidores conscientes. Volkswagen enfrentó miles de millones de dólares en multas y una grave pérdida de confianza pública. Más allá del daño económico, el impacto ambiental real fue mucho mayor de lo que la empresa declaró.
4. Shell y su apuesta por “energía más limpia”
Shell ha invertido millones en campañas que promueven su compromiso con la transición energética. En sus reportes públicos, declara apoyar una reducción progresiva del uso de petróleo y gas, apostando por una matriz energética más diversificada. Sin embargo, sus cifras revelan que más del 90 % de su inversión aún va dirigida a hidrocarburos, dejando apenas 8 % para renovables.
Activistas climáticos y analistas han denunciado que Shell utiliza el lenguaje de sostenibilidad sin modificar su núcleo de operaciones. Su estrategia sigue centrada en la extracción de combustibles fósiles, lo cual contradice sus compromisos de sustentabilidad. Las acciones de compensación de carbono también han sido cuestionadas por no tener impacto verificable y perpetuar la dependencia de la industria petrolera.
5. Amazon y su neutralidad de carbono para 2040
Amazon lanzó su iniciativa “Climate Pledge” prometiendo ser una empresa neutra en carbono para 2040. Aunque la meta suena ambiciosa, los informes de sostenibilidad muestran un crecimiento constante en sus emisiones de carbono, impulsado por su modelo logístico centrado en entregas exprés, aviones, furgonetas y centros de distribución energéticamente intensivos.
Expertos han señalado que Amazon confía excesivamente en mecanismos de compensación, como la compra de créditos de carbono, en lugar de reducir emisiones reales. Además, el crecimiento acelerado de la empresa pone en duda su compromiso con un modelo más limpio. Estos compromisos de sustentabilidad, si no se acompañan de cambios estructurales, corren el riesgo de volverse un caso más de greenwashing corporativo.
6. Coca-Cola y su “mundo sin residuos”
En 2018, Coca-Cola se comprometió a recolectar y reciclar el equivalente al 100 % de sus botellas para 2030. A pesar de esta promesa, ha sido nombrada por múltiples auditorías ambientales como la mayor contaminadora plástica del mundo durante cuatro años consecutivos. Gran parte de sus envases siguen siendo de un solo uso y difíciles de recolectar.
La compañía ha sido criticada por promover soluciones individuales como el reciclaje, sin transformar su modelo de distribución global. Su estrategia de greenwashing consiste en desviar la responsabilidad hacia los consumidores y gobiernos locales. Mientras tanto, continúa promoviendo el uso masivo de plásticos en sus operaciones globales sin ofrecer alternativas verdaderamente sostenibles.
Coca-Cola has a plastic problem. Oceana’s report projects The Coca-Cola Company’s plastic use will exceed 9.1 billion pounds (4.1 million metric tons) per year by 2030 if the company does not change its practices. https://t.co/p6JMv7aWA1
Zara, una de las principales marcas de moda rápida, presentó un ambicioso plan de sustentabilidad con objetivos como el uso exclusivo de tejidos ecológicos para 2025 y la neutralidad en carbono en sus instalaciones. A primera vista, parece una transformación relevante. Sin embargo, su modelo de negocio basado en la sobreproducción y la rotación constante de colecciones contradice estos compromisos.
La empresa continúa lanzando nuevas prendas cada semana, incentivando un consumo masivo que genera enormes cantidades de residuos textiles. Además, no hay informes independientes que respalden avances significativos en su cadena de suministro. Los compromisos de sustentabilidad de Zara no están acompañados por un rediseño sistémico, lo que los convierte en una estrategia que prioriza la imagen sobre la acción real.
8. BP y su cambio de nombre a “Beyond Petroleum”
British Petroleum sorprendió al mundo al cambiar su nombre a “Beyond Petroleum” y lanzar campañas en favor de la transición energética. Prometió reducir su huella de carbono y diversificar sus inversiones hacia energías renovables. Sin embargo, datos de sus reportes financieros revelaron que más del 97 % de sus ingresos aún provienen de combustibles fósiles.
Este rebranding fue ampliamente criticado por ambientalistas y medios, que lo catalogaron como uno de los casos más evidentes de greenwashing en la industria energética. Sus compromisos de sustentabilidad fueron desacreditados al comprobarse que la empresa apenas modificó sus operaciones. La estrategia se enfocó en la narrativa, sin transformar su estructura ni modelo de generación de valor.
9. Starbucks y su eliminación de popotes plásticos
Starbucks eliminó los popotes de plástico como parte de su promesa de reducir residuos plásticos en sus más de 30,000 tiendas globales. No obstante, los reemplazó con tapas de mayor tamaño y peso, cuyo impacto ambiental en términos de producción y desecho es incluso mayor. Además, no hay evidencia de que los nuevos materiales sean más reciclables en la práctica.
Este tipo de compromisos de sustentabilidad puede resultar contraproducente si no se evalúa el ciclo de vida completo del producto. Aunque la iniciativa fue celebrada por su simbolismo, en la práctica no representó una mejora ambiental significativa. Este caso demuestra cómo acciones aisladas, sin visión sistémica, pueden disfrazarse de sustentabilidad cuando en realidad son solo ajustes superficiales.
10. Unilever y sus productos “naturales”
Unilever ha sido una de las empresas más vocales sobre su compromiso con la sustentabilidad, promoviendo líneas de productos con ingredientes “naturales” y envases reciclables. Sin embargo, investigaciones han revelado que gran parte de estos productos no cuentan con certificaciones que avalen prácticas sostenibles ni trazabilidad completa de origen.
Además, términos como “natural” o “libre de químicos” se han usado sin regulación clara, lo que puede inducir a error al consumidor. Estos compromisos de sustentabilidad, aunque bien intencionados, se ven debilitados por la falta de transparencia y rigor en su ejecución. Sin métricas claras ni auditorías externas, el riesgo de incurrir en greenwashing aumenta considerablemente.
11. Ryanair y su “vuelo ecológico”
Ryanair se ha promocionado como “la aerolínea más verde de Europa”, basando su afirmación en factores como eficiencia de combustible y menores emisiones por pasajero. Sin embargo, expertos señalan que toda la industria aérea es, por definición, altamente contaminante. Su promesa se basa en comparaciones relativas que no abordan el impacto total de sus operaciones.
Además, ha sido criticada por minimizar la gravedad de su huella de carbono y no invertir significativamente en tecnologías limpias o combustibles alternativos. Los compromisos de sustentabilidad en la aviación requieren acciones más profundas, como compensación efectiva, innovación y reducción real de vuelos innecesarios, no solo publicidad inteligente y datos comparativos favorables.
12. Chevron y su campaña “We Agree”
Chevron lanzó la campaña “We Agree” para mostrar su preocupación por el medio ambiente, afirmando que estaba comprometida con energías limpias y reducción de impactos. No obstante, sus prácticas incluyen continuar con la explotación intensiva de petróleo y gas, además de litigios prolongados con comunidades afectadas por contaminación ambiental.
Diversas organizaciones han señalado que Chevron utiliza la publicidad verde para suavizar su reputación sin implementar cambios significativos en sus operaciones. Sus compromisos de sustentabilidad carecen de credibilidad cuando se enfrentan a su historial legal y ambiental. Es un ejemplo claro de cómo una narrativa bien construida no puede sustituir a la responsabilidad corporativa real.
¿Qué tienen en común estos “compromisos de sustentabilidad”?
En apariencia, todos estos compromisos de sustentabilidad apuntan a mejorar el impacto ambiental de las empresas, hablan de reciclaje, reducción de emisiones, productos más ecológicos o inversiones en energías limpias, pero al examinar su implementación, emergen patrones similares de incongruencia, omisión y superficialidad.
La mayoría carece de mecanismos efectivos de evaluación o rendición de cuentas. Muchas veces, se trata de anuncios vagos, sin metas concretas o con plazos tan largos que resultan imposibles de verificar a corto plazo. A esto se suma la falta de transparencia sobre cómo y cuándo se cumplirán los objetivos.
Los compromisos de sustentabilidad deben ser coherentes con el modelo de negocio. No basta con cambiar el empaque si se mantiene una lógica de consumo excesivo o si no se transforman los procesos clave. La coherencia, la trazabilidad y la rendición de cuentas son los pilares que diferencian una estrategia legítima de una que solo busca mejorar la imagen.
¿Cómo detectar un compromiso falso antes de que sea greenwashing?
Aprender a identificar compromisos de sustentabilidad poco confiables es clave para quienes trabajan en responsabilidad social, pero también para cualquier persona interesada en un consumo informado. Existen varios elementos que pueden servir de alerta: metas difusas, sin plazos claros, sin datos verificables o con avances que nunca se reportan.
Otro signo común es la desproporción entre la acción comunicada y el impacto real del negocio. Si una empresa altamente contaminante promueve una pequeña acción ecológica como eje de su estrategia de sustentabilidad, probablemente esté desviando la atención de los verdaderos problemas. Esto es típico en sectores como el energético, el aéreo o el textil.
Finalmente, es necesario observar si hay auditorías externas, certificaciones independientes o participación de terceros en el monitoreo de los avances. Cuando los compromisos de sustentabilidad se desarrollan de forma aislada, sin escrutinio público o mecanismos de validación, aumenta el riesgo de que se conviertan en greenwashing encubierto.
Promesas vacías, impactos reales
Los compromisos de sustentabilidad deben entenderse como algo más que una declaración de intenciones. Son pactos éticos con la sociedad, el planeta y las futuras generaciones. Por eso, cuando no se cumplen, no solo defraudan al consumidor: contribuyen al desgaste del concepto mismo de sustentabilidad.
En una era de crisis climática, pérdida de biodiversidad y desigualdades crecientes, el greenwashing representa una distracción peligrosa. Las empresas que adoptan estas prácticas priorizan su reputación a corto plazo por encima de una transformación real. Peor aún, generan desconfianza hacia aquellas organizaciones que sí están haciendo bien las cosas.
El reto es claro: pasar del discurso a la acción. Exigir compromisos de sustentabilidad auténticos, medibles y con impacto verificable es una tarea que involucra a gobiernos, sociedad civil, inversionistas y consumidores. Porque cuando la sustentabilidad se convierte en propaganda, todos perdemos.
Un nuevo fenómeno mediático está moldeando el discurso hecho para consumo femenino desde espacios digitales con una peligrosa carga ideológica: se trata de la “womanosfera”, una red de medios, influencers y publicaciones que promueven un retorno a los valores conservadores más restrictivos. Alejada del empoderamiento y los derechos, esta tendencia coloca el valor de la mujer en su delgadez, fertilidad y capacidad de agradar a los hombres.
Revistas, podcasts y creadoras de contenido se alinean para impulsar una narrativa donde el feminismo se presenta como un error histórico. En este nuevo ecosistema, ser deseable, servicial y conservadora es el nuevo ideal femenino. Quienes se preguntan qué es la womanosfera deben entenderla como un engranaje digital que, con estética actual y lenguaje accesible, promueve una ideología retrógrada disfrazada de sentido común.
El ecosistema mediático que impulsa la womanosfera
Revistas de estilo de vida, medios de derecha e influencers están construyendo un universo que glorifica estereotipos pasados. Desde artículos sobre cómo cocinar para “seducir al marido” hasta tutoriales sobre cómo ser más “femeninas” para atraer a un hombre deseable, este contenido configura el nuevo rostro del antifeminismo digital. La pregunta qué es la womanosfera encuentra su respuesta en estos espacios que se presentan como alternativos, pero que en realidad replican roles de género profundamente opresivos.
Publicaciones como Evie y Conservateur promueven una feminidad que glorifica la sumisión, la maternidad y la belleza como deber. Influencers como Riley Gaines o Allie Beth Stuckey no solo glorifican estos ideales, sino que atacan de forma sistemática a quienes se salen del molde. Lo que se vende como una defensa de la libertad femenina es, en realidad, una narrativa que limita sus derechos y define su valor desde una lógica patriarcal.
La creación de esta womanosfera no es accidental. Como lo destaca Anna Silman en su artículo publicado en The Guardian, se trata de una estrategia de largo plazo que busca disputar el terreno cultural que históricamente ocupó el feminismo. Estos espacios no solo replican la estética de medios progresistas, sino que buscan establecer una comunidad cohesionada donde ser feminista es sinónimo de fracaso, y la realización femenina solo se alcanza dentro de la familia y el hogar.
El podcast de Cooper: propaganda con rostro juvenil
Brett Cooper se ha convertido en una de las principales exponentes de esta tendencia. Su canal de YouTube fue el segundo de mayor crecimiento político en 2025, y su audiencia es mayoritariamente femenina. Con una estética amigable y un tono conversacional, Cooper transmite mensajes abiertamente antifeministas. Para ella, “los hombres construyeron la civilización” y “las mujeres deberían celebrarlo, no resistirlo”.
En uno de sus episodios más virales, Cooper pregunta: “¿Quieres volver a sentarte en un cubículo cuando podrías tener este hijo tan maravilloso que has creado con el amor de tu vida?”. Este tipo de retórica, cargada de juicios de valor, es presentada como una elección personal, pero en el fondo actúa como una crítica velada a las mujeres que priorizan su carrera, independencia o deseo de no ser madres.
Su discurso mezcla ataques a celebridades feministas, burlas a los movimientos progresistas y la exaltación de un modelo de mujer tradicional. Cooper forma parte clave de lo que es la womanosfera: un espacio donde el antifeminismo se disfraza de empoderamiento para imponer nuevamente la idea de que el valor de una mujer está en su cuerpo, su docilidad y su fertilidad.
Revistas conservadoras: el regreso de Cosmo en versión reaccionaria
Evie, autodenominada como el “Cosmo conservador”, ha dado un paso más allá en la promoción de roles femeninos tradicionalistas. Aunque su portada podría confundirse con cualquier revista de bienestar, su contenido está plagado de mensajes que asocian el éxito femenino con la capacidad de reproducirse y agradar a los hombres. Sus artículos incluyen recetas para quedar embarazada y consejos sexuales “solo para mujeres casadas”.
Esta publicación idealiza cuerpos normativos, demoniza el feminismo y desprecia abiertamente a quienes no se ajustan al modelo de mujer blanca, delgada y heterosexual. La belleza, según Evie, no es diversa ni subjetiva: es un estándar que las mujeres deben alcanzar si quieren ser amadas. Esta postura, lejos de ser inofensiva, representa un retroceso similar al de las revistas del siglo XIX.
La revista también promueve desinformación sobre anticonceptivos, cuestiona los métodos médicos modernos y glorifica la maternidad como única vía de autorrealización. Quienes se preguntan qué es la womanosfera deben mirar con atención este tipo de contenidos que, con envoltorio elegante, pretenden reinstalar un orden social que reduce a las mujeres a su función reproductiva y ornamental.
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Influencers como agentes de poder político y social
Detrás de estos espacios no solo hay ideología, también hay estrategia política. Medios como The Daily Wire, The Blaze y grupos como Turning Point USA han invertido en la formación de influencers conservadores. En palabras de Charlie Kirk, “invertimos a largo plazo en creadores que serán los líderes de opinión del futuro”. Estas figuras no son entretenimiento: son actores con influencia real en la opinión pública.
Emily Amick advierte que subestimar este fenómeno es un error: “Lo que vimos en las elecciones presidenciales de 2024 fue que la esfera de los hombres tuvo más impacto del que se esperaba. Creo que en 2028 veremos lo mismo con la womanosfera”. Esta influencia parasocial convierte a los influencers en referentes íntimos, presentes en la vida cotidiana de su audiencia.
La irresponsabilidad ética del contenido que difunden es alarmante. Desinformar sobre salud reproductiva, demonizar a las mujeres independientes y promover modelos excluyentes no es solo una estrategia mediática: es una violación a los principios básicos de equidad. Este tipo de contenido debería ser objeto de revisión, regulación y crítica desde las instituciones, los medios y la sociedad civil.
Retrocesos disfrazados de empoderamiento
Los creadores y difusores de la womanosfera no son ingenuos. Saben tomar fragmentos de debates reales —crisis de soledad, precariedad económica, sobrecarga laboral producto de las dobles responsabilidades en el trabajo y la casa— y distorsionarlos para justificar la vuelta a un modelo que atenta contra la equidad de género. Bajo la apariencia de libertad, promueven un sistema que reduce a la mujer a objeto sexual, servicial y reproductivo.
Lo que está en juego no es solo el discurso mediático, sino los derechos ganados. Cada publicación, podcast o video que impulsa esta agenda es un intento de socavar la autonomía femenina. Ante este panorama, quienes trabajan por la justicia social y la responsabilidad empresarial deben entender qué es la womanosfera y oponerse activamente a su narrativa: una que legitima la desigualdad y busca perpetuar la subordinación de las mujeres.
En el marco del Día Internacional de la Tierra 2025, Ipsos presentó su más reciente investigación global, “Las personas y el cambio climático”, un estudio que revela la percepción de los mexicanos frente a la crisis climática. Los resultados son contundentes: el 77% de los ciudadanos considera que el país debería hacer más para combatir esta crisis, y el 79% se declara preocupado por sus impactos. La conciencia y el sentido de urgencia están presentes. ¿Pero qué tan alineadas están las acciones del gobierno con esta preocupación?
Una nota reciente del periódico Reforma ( Diana Dante) , titulada “Fallan metas verdes”, expone una realidad que contrasta con las expectativas ciudadanas. Según el Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030, solo el 11% de la energía en México provendrá de fuentes renovables, mientras que el 89% restante seguirá dependiendo de combustibles fósiles. Esta cifra está muy por debajo de la meta original de 35% para 2024 y alejada de los compromisos internacionales como el Acuerdo de París.
Mientras tanto, el 80% de los mexicanos considera que no actuar ahora es fallar a las futuras generaciones. Apenas el 26% cree que México es un líder mundial en la lucha climática, y solo el 38% percibe que exista un plan claro para actuar. En paralelo, solo el 25% confía en las afirmaciones ambientales de las empresas.
Hay una desconexión clara entre la percepción social, la credibilidad institucional y las prioridades públicas.
Hacer bien las cosas… por negocio: así avanza la IP mexicana
En México, la iniciativa privada no actúa para ocupar el lugar del gobierno ni para suplir sus omisiones. Las empresas operan impulsadas por su necesidad de ser competitivas: generar eficiencias, innovar, cumplir con estándares de clientes e inversionistas, gestionar riesgos y construir reputación. Muchas de las prácticas ambientales que ejecutan —reducción de emisiones, manejo de residuos, ahorro energético— no nacen por una agenda pública, sino por una lógica de negocio que las vuelve más rentables, más resilientes y más atractivas en el mercado global.
En este contexto, cuando el Estado desacelera su ambición o limita su acción, no significa que las empresas se hagan cargo de lo que no hace el gobierno. Significa que siguen avanzando, desde sus propios motores, y que —al hacerlo— generan externalidades positivas que también responden a inquietudes sociales.
Aquí es donde aparece una oportunidad estratégica: ocupar con inteligencia aquellos espacios que hoy están disponibles. No para confrontar, sino para demostrar que la acción empresarial —si es transparente, consistente y medible— puede ser reconocida, valorada y preferida por múltiples grupos de interés: desde reguladores y comunidades hasta consumidores, clientes y medios.
Liderar sin chocar: cómo ocupar espacios sin hacer ruido político
El desafío para las empresas no está en “hacer quedar mal” al gobierno. Al contrario. Una narrativa bien diseñada puede posicionar sus avances como parte de una visión de país que permite —y no obstaculiza— este tipo de prácticas responsables. Una narrativa que hable de cómo, en México, las empresas encuentran terreno para avanzar en sostenibilidad gracias a marcos regulatorios que, aunque mejorables, existen y se pueden aprovechar.
De hecho, no sería la primera vez que el sector público termina por seguir el ejemplo de la iniciativa privada, institucionalizando prácticas previamente desarrolladas por empresas líderes.
Convertir eficiencia en reputación
Muchas veces, sin llamarlo por su nombre, las empresas ya están haciendo sostenibilidad. Procesos más eficientes, tecnologías limpias, ahorro de recursos… todo eso genera beneficios ambientales concretos. Lo que falta no es acción, sino consciencia estratégica.
El verdadero reto está en alinear liderazgos internos que rara vez se cruzan: operaciones, marketing, asuntos corporativos, ESG, sustentabilidad. Imaginemos esa reunión clave donde se reconoce que lo que ya se hace bien —por eficiencia o innovación— puede también convertirse en un nuevo atributo de marca. Que lo técnico se lea como ambiental, y que lo ambiental se proyecte como reputacional.
Ahí está la oportunidad: alinear esfuerzos, comunicar con propósito y ocupar un espacio que hoy no tiene dueño, pero sí muchas miradas encima.
La expectativa ya está puesta. La ciudadanía observa, espera y decide. Y si algo distingue a las empresas con visión, es su capacidad para detectar vacíos y transformarlos en preferencia.
Ese vacío existe. Y no es solo un hueco por llenar, es una plataforma lista para quienes lideren desde lo que ya saben hacer: eficiencia, innovación y gestión responsable. Actuar en sostenibilidad no es una concesión, es una ventaja competitiva. Es tomar posición, ganar legitimidad y construir un liderazgo que la sociedad —y el mercado— están listos para reconocer.
Porque en los negocios, como en la vida, los espacios disponibles no esperan. Y quien se adelanta, marca la pauta.
Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.
Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.
El sistema alimentario mundial es responsable de cerca del 30% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Desde la producción intensiva de carne hasta el desperdicio de alimentos, nuestras decisiones diarias en torno a la comida tienen un impacto directo sobre el planeta. Comer se ha convertido en un acto político y ambiental que requiere conciencia y responsabilidad.
En un contexto de crisis climática, pérdida de biodiversidad y degradación del suelo, repensar nuestros hábitos alimenticios es una necesidad urgente. Si bien los gobiernos y empresas tienen un rol clave, cada persona puede ejercer un poder transformador desde su plato. Comer más sostenible no es una moda, es una forma de proteger el presente y garantizar el futuro.
Por ello, en este artículo te presentamos algunas ideas para comer más sostenible desde casa. Todas están pensadas para consumidores comunes que quieren reducir su impacto ambiental sin sacrificar salud, sabor, ni presupuesto, ya que cambiar el mundo también puede empezar por lo que ponemos en nuestra mesa.
10 ideas para comer más sostenible
1. Elige proteína vegetal como base de tu dieta
Reemplazar parcialmente la carne roja por proteínas vegetales —como lentejas, garbanzos, tofu o tempeh— puede reducir significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero. La ganadería intensiva requiere grandes cantidades de agua, tierra y alimento para animales, y es una de las principales causas de deforestación. En contraste, las leguminosas capturan nitrógeno y mejoran la calidad del suelo.
Además del beneficio ambiental, las proteínas vegetales aportan fibra, vitaminas y minerales clave para una dieta balanceada. Comer más sostenible implica valorar no solo el impacto del alimento, sino también su aporte nutricional. Con recetas sabrosas y bien equilibradas, es posible disfrutar de la comida sin renunciar al sabor ni al compromiso con el planeta.
2. Compra local y de temporada
Los alimentos que se cultivan cerca de donde vives requieren menos transporte, lo que se traduce en menores emisiones y menor uso de embalaje. Además, suelen necesitar menos conservación artificial, porque llegan más rápido al punto de venta. Esta práctica también evita depender de productos que requieren refrigeración constante o transporte aéreo.
Comprar de temporada significa respetar los ciclos naturales de producción, lo que favorece cultivos más sostenibles y con menos necesidad de químicos. Comer más sostenible es también comer con el calendario agrícola en mente. Así, no solo reduces tu huella ambiental, sino que también obtienes productos más frescos, nutritivos y sabrosos.
3. Planea tus comidas y evita el desperdicio
El desperdicio de alimentos es uno de los grandes problemas ambientales invisibles. Cada producto que tiramos representa recursos desperdiciados: agua, energía, tiempo y dinero. Planificar tus menús semanales, revisar lo que tienes en casa y hacer una lista de compras ajustada son pasos sencillos para evitar que los alimentos terminen en la basura.
Además, puedes aprender a aprovechar mejor cada ingrediente: tallos, cáscaras y restos pueden convertirse en caldos, encurtidos o compost. Comer más sostenible también es aprender a ver el valor en lo que muchas veces desechamos por costumbre. La creatividad en la cocina es una aliada poderosa para reducir tu impacto ambiental y aprovechar al máximo cada compra.
4. Da prioridad a los envases reutilizables o a granel
Los supermercados están llenos de productos sobreempaquetados que generan residuos difíciles de reciclar. Comprar a granel, llevar tus propios frascos o bolsas reutilizables reduce el uso de plásticos de un solo uso y disminuye la presión sobre los sistemas de reciclaje. Esta práctica tiene un impacto directo y visible en la cantidad de basura doméstica.
Además, comprar a granel suele permitirte adquirir solo lo que necesitas, evitando el desperdicio por exceso. Comer más sostenible es también pensar en cómo llega la comida a casa, no solo en qué comemos. Cada recipiente reutilizado es una pequeña victoria contra la contaminación plástica y una apuesta por un consumo más consciente.
5. Prefiere productos agroecológicos y orgánicos certificados
Los alimentos agroecológicos y orgánicos se cultivan sin pesticidas ni fertilizantes químicos, lo que protege la salud de los suelos, del agua y de quienes los producen. Aunque suelen ser más costosos, su impacto ambiental y social es menor. Favorecen la biodiversidad y permiten prácticas agrícolas que regeneran el ecosistema en lugar de degradarlo.
Apoyar estos modelos productivos fortalece a pequeños agricultores y fomenta economías locales más sostenibles. Comer más sostenible también es una forma de activar un sistema agroalimentario justo y transparente. Elegir orgánicos certificados es invertir en una cadena de valor que prioriza la salud ambiental, la justicia social y la seguridad alimentaria.
6. Incorpora alimentos fermentados o preparados en casa
Hacer tus propios fermentos —como kéfir, kimchi, chucrut o yogur— reduce la dependencia de productos industriales, que suelen venir con envases plásticos, aditivos y cadenas logísticas contaminantes. Estos alimentos no solo tienen una larga vida útil, sino que además promueven la salud intestinal y fortalecen el sistema inmunológico.
Prepararlos en casa te conecta con procesos más lentos y conscientes, donde cada etapa tiene un sentido. Comer más sostenible también es reconectar con técnicas ancestrales que permiten conservar alimentos de manera natural. Además, hacer tus propios fermentos puede ser una actividad educativa, divertida y profundamente transformadora.
7. Reduce el consumo de ultraprocesados
Los alimentos ultraprocesados generan una carga ambiental significativa por su producción, transporte, empaques y residuos. También contienen ingredientes de bajo valor nutricional y alta huella ecológica, como aceites refinados, jarabes de maíz y aditivos químicos. Estos productos son diseñados para durar, no para nutrir.
Comer más sostenible significa elegir alimentos frescos, preparados en casa y mínimamente procesados. Esto no solo reduce tu impacto ambiental, sino que mejora tu salud y tu relación con la comida. Priorizar lo natural es una forma de desintoxicar tu dieta… y también el planeta.
8. Cultiva tus propios alimentos, aunque sea en macetas
Tener un huerto urbano o plantar aromáticas en casa disminuye tu dependencia del sistema industrial y reduce la huella de transporte y empaques. No necesitas un jardín grande: macetas en el balcón, una caja con tierra en la ventana o incluso hidroponía casera son opciones viables y sostenibles.
Cultivar tus propios alimentos es un acto de autonomía y conciencia ambiental. Comer más sostenible también es comprender el ciclo de vida de una planta, valorar el tiempo de la naturaleza y reconectarte con lo que comes desde la semilla. Cada tomate, albahaca o lechuga cosechada en casa tiene un sabor diferente: el de lo hecho con tus manos.
9. Replantea tu relación con los “alimentos feos”
Millones de frutas y verduras son descartadas cada año simplemente por no tener el tamaño o la forma “perfecta”. Sin embargo, estos alimentos son igual de nutritivos y están en óptimas condiciones. Comprar productos “imperfectos” combate el desperdicio estructural y apoya iniciativas que valoran toda la cosecha.
Al elegir productos que otros descartarían, estás enviando un mensaje claro al sistema alimentario. Comer más sostenible también es desafiar los estándares estéticos impuestos por el mercado y recuperar la diversidad natural de los alimentos. Cada alimento “feo” que eliges es un acto de justicia ecológica y económica.
10. Infórmate y educa a otros sobre alimentación sostenible
Una de las herramientas más poderosas para transformar el sistema alimentario es el conocimiento. Investigar el origen de lo que consumes, leer etiquetas, entender sellos ecológicos y compartir esta información con otros genera un efecto multiplicador que va más allá del plato.
Comer más sostenible no es solo una acción individual: es un movimiento colectivo que necesita ser comprendido y replicado. Conversar sobre estos temas en familia, con amigos o en redes sociales ayuda a generar conciencia y empoderar a más personas para actuar. La educación alimentaria es una semilla que cambia hábitos y transforma comunidades.
Alimentación sostenible: mucho más que una tendencia
Cada vez más estudios confirman que cambiar nuestros hábitos alimenticios es una de las formas más efectivas de reducir nuestra huella ecológica. Una transición global hacia dietas basadas en plantas podría recortar hasta un 70% de las emisiones del sistema alimentario. Comer más sostenible se perfila como una de las estrategias clave para alcanzar los compromisos climáticos internacionales.
Además del impacto ambiental, existen beneficios directos para la salud. Reducir productos ultraprocesados y aumentar el consumo de alimentos frescos puede prevenir enfermedades cardiovasculares, obesidad y diabetes. Comer más sostenible no solo es una acción ambiental, también es una herramienta poderosa de prevención y autocuidado.
La sostenibilidad alimentaria también está conectada con la justicia social. Cambiar lo que comemos y cómo lo producimos puede mejorar las condiciones de trabajo en el campo, reducir la inequidad en el acceso a alimentos saludables y fomentar modelos económicos más equitativos. Comer más sostenible es, en última instancia, una forma de cuidar tanto el planeta como a las personas.
El rol de las empresas, gobiernos y consumidores
Los consumidores individuales tienen un poder importante, pero no están solos. Para facilitar decisiones sostenibles, es necesario que los gobiernos promuevan políticas públicas que incentiven la producción responsable, subsidien alimentos frescos y regulen la publicidad de productos no sostenibles. Comer más sostenible debe ser un derecho, no un lujo.
Las empresas, por su parte, deben asumir su papel en la transformación. Desde la reducción de envases hasta la mejora de condiciones laborales en sus cadenas de suministro, su influencia es clave. Los sistemas de trazabilidad, transparencia y ecoetiquetado permiten a los consumidores elegir con información clara. Comer más sostenible también depende de lo que las marcas ofrecen.
Finalmente, los consumidores deben ver su rol más allá del acto de compra. Al exigir productos responsables, al compartir conocimiento, al cocinar en casa y al educar a sus familias, cada persona se convierte en agente de cambio. Comer más sostenible no es solo una tendencia: es una oportunidad para construir un modelo alimentario que funcione para todos.
Un acto cotidiano con poder transformador
Cada comida que preparamos es una oportunidad para actuar. Comer más sostenible no requiere cambios drásticos, sino decisiones informadas y progresivas que, sumadas, tienen un gran impacto. Al elegir alimentos de menor huella ambiental, reducimos emisiones, protegemos ecosistemas y cuidamos nuestra salud.
La alimentación puede convertirse en un puente entre el compromiso personal y la acción colectiva. Una receta familiar, un huerto urbano, una compra consciente son pequeñas revoluciones cotidianas. Comer más sostenible nos recuerda que el cambio empieza en lo más íntimo y cotidiano: nuestra mesa.
En un mundo que demanda soluciones urgentes, transformar la forma en que comemos es uno de los caminos más accesibles y potentes. Comer más sostenible es sembrar conciencia, cosechar bienestar y alimentar futuro. Porque cada bocado cuenta, y porque el planeta también se defiende con cuchara y tenedor.
La industria textil global se encuentra en un punto de inflexión. Las marcas que lideran no solo innovan en diseño o rendimiento, sino que integran la sostenibilidad como eje estratégico. Tal es el caso de PUMA, que ha alcanzado un hito contundente: el 90% de sus productos ya están hechos con materiales reciclados o certificados, un objetivo que se había fijado para 2025 pero que cumplió un año antes.
Este logro no solo posiciona a la marca como referente en responsabilidad corporativa, sino que refuerza su papel como impulsora de una economía circular. La sostenibilidad de PUMA no es una meta de escritorio, sino una serie de acciones concretas con impactos medibles. Con ello, la empresa reafirma su Visión 2030 y se compromete a reducir su huella ambiental con liderazgo y coherencia.
Un hito anticipado: materiales reciclados, visión y resultados
Desde 2021, PUMA se propuso que 9 de cada 10 de sus productos fueran fabricados con materiales reciclados o certificados. En 2024, logró cumplir este objetivo, demostrando la capacidad de su equipo y sus socios para acelerar las metas ambientales. “Alcanzar nuestra meta un año antes de lo previsto es un testimonio del excelente trabajo en equipo”, destacó María Valdés, directora de producto.
Este logro se materializa en cifras contundentes: el 75% del poliéster utilizado en sus prendas ya es reciclado, mientras que el 13% del algodón proviene de fuentes recicladas. Son avances que responden a un plan estructurado y al compromiso transversal de la compañía en toda su cadena de valor. No se trata solo de usar nuevos materiales, sino de cambiar la lógica de producción.
Una muestra clara de esta transformación es el proyecto RE:FIBRE, una apuesta pionera por el reciclaje textil a textil. A través de este programa, PUMA reutiliza desechos industriales y postconsumo para fabricar nuevos productos, disminuyendo la dependencia de insumos plásticos convencionales. En 2024, un 13,9% del poliéster en sus productos de indumentaria provino ya de esta innovadora técnica.
Estos resultados no son aislados, sino parte del enfoque Visión 2030. PUMA avanza hacia un modelo circular con metas verificables, orientadas a reducir las emisiones y regenerar recursos. Así, la sostenibilidad de PUMA se consolida no solo como un valor empresarial, sino como una práctica operativa y competitiva que transforma a fondo la industria deportiva.
La sostenibilidad de PUMA también es social
La sostenibilidad de PUMA no se limita al entorno natural. En el eje social, la empresa ha apostado por mejorar las condiciones laborales en su cadena de suministro. Entre las acciones más relevantes se encuentran las capacitaciones sobre derechos humanos, con un enfoque particular en la prevención del acoso sexual.
Desde 2021, más de 290,000 empleados han participado en estas formaciones. Esta cifra revela un esfuerzo sistémico por transformar no solo los procesos productivos, sino también las culturas organizacionales. Además, el salario promedio de los principales proveedores de PUMA fue 66% superior al salario mínimo en 2024.
Ese avance representa una mejora de tres puntos porcentuales respecto al año anterior y responde a una política de beneficios laborales orientada al bienestar. Esto no solo garantiza condiciones más dignas, sino que también genera entornos laborales más seguros y productivos. El enfoque de PUMA muestra cómo la sostenibilidad social debe ser parte esencial del negocio.
La sostenibilidad de PUMA se entiende, así, como una estrategia integral que reconoce que no hay futuro sostenible sin derechos humanos. Apostar por proveedores mejor capacitados, más justos y con condiciones laborales avanzadas es una inversión en la resiliencia operativa de largo plazo. Esto consolida a PUMA como líder en prácticas responsables y escalables.
Reducción de emisiones: un enfoque integral
En el plano ambiental, PUMA ha logrado reducciones significativas de emisiones. Desde 2017, las emisiones generadas por sus propias operaciones han disminuido un 86%, un avance que fue posible gracias al uso exclusivo de energía renovable en oficinas, almacenes y tiendas. Esto incluye también la implementación de flotas eléctricas y la instalación de dos grandes plantas solares.
Pero el compromiso va más allá de sus operaciones directas. En su cadena de suministro, una de las más complejas del sector, logró una reducción del 17% en las emisiones generadas por los bienes y servicios adquiridos. Este esfuerzo requirió colaboración constante con proveedores y el rediseño de procesos logísticos clave, todo bajo criterios de sostenibilidad de PUMA.
A futuro, la empresa busca una reducción absoluta del 90% en sus emisiones propias y del 33% en su cadena para 2030. Estas metas están alineadas con los compromisos del Acuerdo de París y con lo que la ciencia climática establece como urgente para limitar el aumento de la temperatura global a 1.5 °C. PUMA demuestra que los objetivos ambiciosos pueden cumplirse con claridad estratégica.
Innovación y circularidad: hacia el futuro sostenible
Uno de los elementos que diferencia a PUMA es su apuesta decidida por la circularidad. El proyecto RE:FIBRE, al utilizar residuos textiles en lugar de botellas plásticas, plantea una nueva lógica de producción y reciclaje. Este enfoque disminuye la dependencia de materiales no renovables y reduce significativamente las emisiones.
La sostenibilidad de PUMA también se refleja en el rediseño de productos pensando en su durabilidad, menor uso de insumos vírgenes y la posibilidad de ser reciclados nuevamente. Esto no solo responde a la demanda de consumidores más conscientes, sino que también prepara a la empresa ante un futuro con regulaciones ambientales más estrictas.
Además, PUMA ha fortalecido su innovación con alianzas clave, participación en iniciativas globales y transparencia en sus métricas. Sus informes de sostenibilidad comunican avances reales y retos pendientes, lo que genera confianza entre stakeholders. Esta honestidad refuerza su reputación como marca con propósito, sin descuidar su liderazgo comercial.
PUMA no solo cumple con las expectativas del mercado: las supera. Al alcanzar en 2024 su meta de materiales reciclados para 2025, demuestra que el cambio sostenible es posible si se impulsa con visión estratégica, alianzas sólidas y un enfoque holístico. Este avance refuerza la sostenibilidad de PUMA como uno de sus valores centrales, no como un accesorio reputacional.
En todos sus frentes —ambiental, climático y social—, PUMA avanza con paso firme y resultados medibles. Su enfoque demuestra que es posible integrar la responsabilidad en cada área de operación sin perder competitividad. De hecho, la sostenibilidad se convierte aquí en un diferenciador clave, en una ventaja estructural y reputacional.
Para los líderes de sostenibilidad empresarial, PUMA ofrece un ejemplo valioso: cumplir metas antes del plazo, generar impacto positivo y comunicarlo con claridad. La sostenibilidad de PUMA no solo transforma su cadena de valor, sino que inspira al sector a seguir por un camino más justo, circular y resiliente.
En septiembre de 2019, Australia vivió una de las mayores manifestaciones públicas desde las marchas contra la guerra en Irak. Más de 300,000 personas salieron a las calles impulsadas por un movimiento juvenil global, encabezado por Greta Thunberg. La huelga escolar por el clima marcó un antes y un después para una generación que, megáfono en mano, pedía justicia ambiental y acción política urgente.
En ese escenario estaba Grace Vegesana, una joven australiana que esperaba reunir a un centenar de personas en una plaza del centro de Sídney. Llegaron cinco mil. “¡Dios mío, hemos desatado una bestia!”, recuerda. Esa chispa inicial se convirtió en fuego: las manifestaciones crecieron rápidamente, alcanzando cifras históricas y posicionando a los jóvenes como agentes centrales del cambio climático.
Cinco años después de aquel suceso, The Guardian logró contactar a varios de esos jóvenes seguidores de Greta Thunberg. Sus testimonios revelan un mapa emocional y político de lo que ha significado ser parte de ese hito colectivo. Algunos, como Vegesana, continúan en la lucha climática. Pero lo hacen desde trincheras distintas: menos visibles, más estratégicas y profundamente adaptadas a un contexto cambiante. Algunos siguen en la lucha desde otros espacios, otros se han replegado y unos más han encontrado nuevas formas de resistir, dentro y fuera de las calles.
Incredible pictures as Australia’s gathering for the #climatestrike This is the huge crowd building up in Sydney. Australia is setting the standard! Its bedtime in New York…so please share as many pictures as you can as the strikes move across Asia to Europe and Africa! pic.twitter.com/7eAPUQPq5C
Seguidores de Greta Thunberg: del asfalto a los despachos
El movimiento por el clima no solo formó activistas, también moldeó líderes. Hoy, Grace Vegesana, una de las estudiantes que acudió a la convocatoria del movimiento dirigido por Greta Thunberg en Australia, dirige la Coalición Juvenil Climática de Australia (AYCC), donde coordina campañas, alianzas y estrategias digitales. Si en 2019 su voz se alzaba en medio de una multitud, hoy lo hace tras una pantalla, armando contenidos para TikTok o preparando acciones legislativas con jóvenes líderes de todo el país. “Es muy diferente, pero seguimos luchando”, afirma.
Lo que comenzó como un grito masivo en las calles se ha transformado en una red de iniciativas más discretas, pero igualmente comprometidas. Algunos de los seguidores de Greta Thunberg se han profesionalizado, otros militan desde la política institucional, como es el caso de Lincoln Ingravalle, ahora embajador climático de UNICEF, que colabora con una empresa energética desde donde sigue impulsando políticas sostenibles. “Hay cansancio, pero el impulso persiste”, afirma.
Este paso de las calles a los espacios institucionales ha permitido que jóvenes formados en la protesta ahora participen directamente en la formulación de leyes y políticas. Isabelle Zhu-Maguire, por ejemplo, ayuda desde Canberra a convocar coaliciones locales de acción climática. “No lamento aquellos días de movilización juvenil, porque no creo que hayan desaparecido del todo”, señala.
La experiencia dejó huella. Como dijo Amanda Tattersall, profesora de la Universidad de Sídney, “los movimientos sociales siempre han tenido altibajos; lo que perdura es el liderazgo y la capacidad democrática que se consolidan en el siguiente movimiento”. Los seguidores de Greta Thunberg no desaparecieron: se transformaron en actores de la acción climática.
Cuando la lucha se volvió silenciosa
Sin embargo, no todos lograron mantenerse activos. La pandemia detuvo el crecimiento del movimiento justo cuando debía pasar la estafeta a una nueva generación. Las huelgas escolares se trasladaron a lo digital, pero como explicó Zhu-Maguire, “se sintieron menos influyentes políticamente”. La acción colectiva perdió fuerza y visibilidad.
Además del aislamiento, surgió un nuevo desgaste: la sobrecarga emocional. Kayla Hill, quien lideró protestas frente a la residencia del primer ministro, abandonó el activismo en 2023. “Mucha gente se sintió realmente insegura sobre cómo seguir luchando”, comentó. Para muchos, la desilusión fue inevitable cuando la política no respondió con acciones contundentes.
A esto se sumaron nuevos desafíos globales: guerras, crisis económicas, la inflación y el alto costo de la vida. Según encuestas recientes, solo el 8% de los jóvenes australianos consideran el clima como su preocupación principal. Hoy, la participación cívica está fragmentada, y muchos exactivistas han optado por atender sus necesidades más inmediatas.
Activismo 2.0: entre TikTok y el escepticismo
Con el declive de las marchas masivas, las redes sociales se convirtieron en el principal escenario para la acción. Desde oficinas como la de la Coalición Juvenil Climática de Australia, los jóvenes editan videos, lanzan campañas en TikTok y viralizan mensajes políticos. “Es una herramienta poderosa, pero también puede fracturar audiencias”, advierte Grace Vegesana.
La pérdida de unidad es evidente. Zhu-Maguire destaca que “uno de los éxitos de las huelgas escolares fue la forma en que todos las sortearon; fue un momento de unidad”. Hoy, proliferan emprendimientos sociales e iniciativas individuales, pero falta cohesión para generar presión pública efectiva. La acción colectiva ha sido reemplazada por una lógica más atomizada.
También han influido factores legales. La intensificación de leyes contra protestas ambientales ha generado mayor cautela. “Hay más miedo entre padres y organizadores”, explica la investigadora Eve Mayes. Aun así, nuevos grupos como el Movimiento Mañana siguen ideando estrategias creativas para mantener viva la conversación climática. El legado persiste, aunque con nuevas formas.
¡La lucha sigue viva, la lucha sigue siendo crucial!
Muchos de los seguidores de Greta Thunberg dejaron de marchar, pero no han dejado de influir. Lo que comenzó como un movimiento juvenil espontáneo se convirtió en una escuela de liderazgo para una generación entera. Aprendieron a organizar, comunicar, presionar y resistir. Hoy, aplican esas habilidades en nuevos frentes.
El mundo necesita su energía, incluso cuando la lucha parezca menos visible. Como dijo Natasha Abhayawickrama: “No se puede salir a la calle después de cada desastre natural… Vivimos en este mundo”. Pero vivir en él también implica actuar por él. La lucha climática no ha terminado: simplemente ha cambiado de escenario. Cada paso, cada acción, cada voz, sigue contando.
Desde el inicio de 2025, Microsoft ha implementado cambios significativos bajo la dirección de Amy Coleman, su nueva directora de personal. Su objetivo: elevar los niveles de productividad en un entorno cada vez más competitivo. La empresa, en línea con otras big tech, ha endurecido sus expectativas de rendimiento y ahora ofrece a ciertos empleados la opción de irse voluntariamente… a cambio de una compensación.
Este nuevo enfoque busca atacar de raíz el bajo desempeño, dejando claro que el rendimiento será la piedra angular de la permanencia laboral. Con el lanzamiento de su Plan de Mejora del Rendimiento (PIP, por sus siglas en inglés) y del Acuerdo de Separación Voluntaria Global (GVSA), Microsoft pone sobre la mesa una pregunta clave en materia de responsabilidad empresarial: ¿se trata de eficiencia o de exclusión?
Rendimiento bajo la lupa: un giro drástico para los empleados de Microsoft
La nueva estrategia de Microsoft pone el foco en la eficiencia individual. Aquellos empleados de Microsoft que sean evaluados con resultados bajos —calificados en la categoría de 0% o 60%— deberán optar por dos caminos: entrar a un PIP o aceptar el GVSA, que ofrece una salida voluntaria con una indemnización de hasta 16 semanas de salario.
Estos cambios han sido comparados con el sistema Pivot de Amazon, ampliamente criticado por ser una forma encubierta de forzar renuncias para cumplir cuotas de despido. En el caso de Microsoft, los trabajadores afectados tienen apenas cinco días para decidir su futuro, y en caso de elegir el plan de mejora, pierden el derecho al pago. Además, si abandonan la empresa en ese contexto, no podrán volver a postularse por dos años.
Este endurecimiento de criterios llega en un contexto donde las tecnológicas buscan mayor austeridad tras años de expansión agresiva. Como parte de esta tendencia, los empleados de Microsoft están recibiendo un mensaje claro: el alto rendimiento ya no es deseable, es imprescindible. La barra ha subido, y el margen de error se ha reducido drásticamente.
Así funciona la nueva política de salida de Microsoft
El Plan de Mejora del Rendimiento (PIP) es un programa estructurado que establece metas específicas, plazos y evaluaciones. Si el empleado no mejora en ese período, puede ser despedido. Para evitar ese proceso, Microsoft ofrece el GVSA: una salida “voluntaria” acompañada de una compensación económica.
Esta opción puede parecer beneficiosa para algunos empleados de Microsoft, pero también implica una presión considerable. El trabajador debe decidir en corto tiempo si se queda para intentar mejorar su desempeño bajo un sistema estricto o si renuncia, aceptando que su ciclo en la empresa ha terminado.
La combinación del PIP y el GVSA dibuja un panorama donde el mensaje subyacente es claro: si no estás rindiendo, la empresa facilitará tu salida. Aunque esta medida se presenta como transparente y globalmente consistente, en la práctica podría vulnerar derechos laborales y generar un ambiente de incertidumbre y ansiedad permanente.
¿Estrategia justa o cultura del descarte?
La decisión de Microsoft de endurecer sus políticas internas pone sobre la mesa un dilema ético en materia de responsabilidad social empresarial (RSE). Si bien elevar los estándares de rendimiento puede ser legítimo, vincular directamente bajo desempeño con salida forzada pone en entredicho el compromiso con el bienestar y desarrollo de sus colaboradores.
Desde una perspectiva de RSE, estas acciones deben evaluarse más allá de su lógica operativa. ¿Qué soporte real está brindando la empresa para que los empleados de Microsoft mejoren su desempeño antes de verse forzados a irse? ¿Qué acompañamiento emocional o profesional se ofrece durante este proceso? La ausencia de estas garantías puede convertir una política de mejora en una estrategia de expulsión silenciosa.
Asimismo, limitar las posibilidades de reintegración laboral dentro de la misma organización o vetar futuras postulaciones refuerza una lógica punitiva. El aprendizaje y la reinserción laboral son valores clave para una cultura organizacional ética y humana. La medida de Microsoft parece alejarse de este ideal.
Derechos laborales y el nuevo paradigma corporativo
Más allá de la productividad, las empresas deben garantizar que sus políticas respeten los derechos laborales fundamentales. El hecho de que empleados de Microsoft con bajo rendimiento no puedan transferirse a otras áreas internas, ni volver a aplicar a corto plazo, puede vulnerar principios de inclusión y movilidad interna.
Este tipo de medidas puede tener implicaciones legales distintas según cada país. Mientras en EE. UU. el sistema permite más flexibilidad, en otras jurisdicciones puede considerarse como coercitivo o discriminatorio. Las empresas globales deben tener un enfoque sensible a los marcos regulatorios y a la dignidad de sus trabajadores.
A medida que la inteligencia artificial y las nuevas métricas digitales redefinen la medición del talento, se vuelve urgente establecer salvaguardas éticas. Microsoft ha incluido herramientas de capacitación con IA para mejorar las conversaciones de feedback, pero estas deben ser complementadas con prácticas que prioricen el respeto, la justicia y la salud mental en el entorno laboral.
¿Eficiencia a toda costa?
La apuesta de Microsoft por elevar los estándares de rendimiento refleja una tendencia cada vez más común entre las grandes tecnológicas: hacer de la productividad el único indicador válido. Sin embargo, al ofrecer dinero a los empleados para que se vayan, sin un soporte suficiente para mejorar, se corre el riesgo de erosionar la confianza organizacional y debilitar el compromiso colectivo.
Los empleados de Microsoft son más que cifras en una tabla de rendimiento. Las empresas responsables saben que los entornos de alta exigencia deben ir acompañados de estructuras de apoyo, formación continua y respeto por los procesos de desarrollo individual. La eficiencia, cuando no considera lo humano, deja de ser sostenible.
En conmemoración del Día de la tierra, Arcos Dorados, el mayor franquiciado independiente de McDonald’s del mundo y la cadena de restaurantes de servicio rápido más grande en América Latina y el Caribe, reafirma su compromiso con la calidad y visión sustentable para impulsar comunidades prósperas y un planeta más sustentable.
“En Arcos Dorados, reconocemos la importancia de proteger nuestro planeta para las generaciones futuras”, mencionó Jimena Rodríguez Grave, Gerente de Comunicación y Relaciones Públicas de Arcos Dorados México.“Nuestra estrategia “Receta del Futuro” nos guía en la reducción de nuestra huella ambiental y en la promoción de prácticas sustentables en toda nuestra cadena de valor.”
La estrategia de sostenibilidad de la compañía genera un impacto positivo a través de iniciativas y proyectos estructurados en seis pilares fundamentales: empleo joven, diversidad e inclusión, abastecimiento sustentable, cambio climático, economía circular, y familia y bienestar.
Para un abastecimiento sustentable, la empresa se compromete a trabajar con proveedores para promover prácticas agrícolas sostenibles, incluyendo la gestión responsable de la tierra, la conservación del agua y la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
En México, 70% de sus proveedores producen en México, llevando lo mejor del país a sus cocinas y generando empleo para miles de mexicanos. En McDonald’s, los insumos como pan, carne, pollo, queso, vegetales frescos, salsas y café, todos son orgullosamente producidos por manos mexicanas. De igual forma, el café es cultivado en Chiapas, Oaxaca y Veracruz, el cual cuenta con la certificación de Rainforest Alliance, que respalda prácticas sostenibles que promueven el bienestar de las comunidades y el cuidado del medio ambiente.
Del mismo modo, en los restaurantes reciclan el aceite y facilitan su conversión en biodiésel y productos de limpieza. Hasta el momento, la compañía lleva recuperados más de 3 millones de litros en la región.
Se trabaja activamente para reducir el consumo de agua en sus operaciones y promover su gestión responsable en las comunidades donde opera. Se implementa la recuperación de agua de lluvia y de la condensación de aires acondicionados, reutilizándola para riego y limpieza.
Arcos Dorados promueve soluciones circulares para extender la vida útil de los residuos, fomentando el reciclaje y la reutilización para beneficiar al medioambiente y a las comunidades. La compañía reutiliza materiales desechados, convirtiéndolos en nuevos productos. Por ejemplo, las bolsas de McDelivery están hechas 100% con materiales reciclados y más del 90% de los empaques provienen de fuentes responsables, lo que ha permitido la reducción del consumo y cuentan con certificación FSC o similar, lo que garantiza el origen responsable de la fibra.
Con esta práctica, reducen el desperdicio y fomentan la sostenibilidad a través de una economía circular responsable. La compañía está avanzando en su objetivo de utilizar embalajes 100% renovables, reciclados o certificados para 2025. Además, se están implementando programas para reducir los residuos en sus restaurantes y fomentar el reciclaje entre sus clientes.
Respecto al cambio climático, la compañía promueve el uso de energías renovables y el consumo responsable de recursos, minimizando su huella de carbono.En los restaurantes, se implementan medidas para reducir las emisiones, incluyendo la inversión en energías renovables, la mejora de la eficiencia energética y la optimización de la cadena de suministro, con el objetivo de construir restaurantes más sustentables, con ahorro de energía y una arquitectura eficiente.
“En McDonald’s abrazamos el abastecimiento sustentable no solo como una práctica, sino como un compromiso con el presente y el futuro: garantizamos productos de calidad, impulsamos la producción local y protegemos el medio ambiente“, afirmó Rodríguez Grave. “A través de nuestra estrategia ‘Receta del Futuro’, trabajamos día a día para dejar una huella positiva en las comunidades donde operamos y en el planeta que compartimos.”Para obtener más información sobre la estrategia “Receta del Futuro” y sus iniciativas de sostenibilidad, visite https://recetadelfuturo.com/.
El Premio Zayed a la Sostenibilidad hace el llamado a Pymes, ONG y escuelas secundarias a participar de su edición 2026. La convocatoria es para aquellas soluciones sostenibles y de impacto significativo.
Las postulaciones están abiertas: clic aquí, hasta el 23 de junio, y para fomentar la participación se aceptan inscripciones en español. A continuación, le explicamos el paso a paso para que participe con su iniciativa:
Una vez en la plataforma, podrán elegir su idioma preferido.
Rellene los campos requeridos para crear una cuenta y recibirá un correo electrónico para verificarla.
Ingrese al enlace que le llegó a su cuenta de correo para crear una contraseña y siga las instrucciones.
Comience con el llenado de los espacios requeridos. La información se irá guardando en el sistema por lo que podrá hacerlo según su disponibilidad de tiempo. Recuerde que la fecha límite es el 23 de junio.
El fondo de US$5.9 millones impulsa a las PYMEs, ONG y escuelas secundarias en el desarrollo de sus soluciones, otorgando 1 millón de dólares a los ganadores en las categorías de Salud, Alimentos, Energía, Agua y Acción por el Clima; mientras que en la categoría de Escuelas Secundarias Globales -dividida en seis regiones del mundo- repartirá hasta 150.000 dólares a cada ganador para que implemente o expanda aún más su iniciativa.
Razones para postular su proyecto
Financiamiento significativo para impulsar soluciones reales, fondo de USD 5.9 millones: el Premio Zayed a la Sostenibilidad otorgará US$1 millón a los ganadores en las categorías de Salud, Alimentos, Energía, Agua y Acción por el Clima. Las Escuelas Secundarias Globales podrán recibir hasta US$150.000 por región para desarrollar o expandir sus proyectos sostenibles.
Está abierto a PYMEs, ONG y escuelas: la convocatoria está dirigida a organizaciones sin fines de lucro, pequeñas y medianas empresas y centros educativos. Es una oportunidad para que proyectos de distintos tamaños y enfoques obtengan visibilidad, respaldo técnico y proyección internacional.
Puede aplicar en español y desde cualquier parte: la plataforma de aplicación acepta inscripciones en español, facilitando la participación de proyectos latinoamericanos. Solo debe ingresar a zayedsustainabilityprize.com y seguir los pasos para crear su cuenta.
El impacto es real, más de 400 millones de beneficiados: desde su creación, el premio ha transformado la vida de más de 400 millones de personas en comunidades vulnerables mediante soluciones tangibles en energía limpia, acceso al agua potable, alimentación, salud y resiliencia climática.
Las escuelas también pueden liderar el cambio: la categoría de Escuelas Secundarias Globales busca proyectos liderados por estudiantes que propongan soluciones creativas a los desafíos sostenibles. Incluso pueden estar en fase de diseño, siempre que presenten un enfoque innovador.
Más que un premio, una red global de apoyo y visibilidad: un catalizador de transformación, además del financiamiento, los ganadores acceden a asesoría experta, conexiones estratégicas y exposición internacional.
Evaluación con criterio internacional
La evaluación de cada inscripción al Premio consiste en un proceso en tres etapas. Primero, se revisa que todas las inscripciones cumplan con los criterios de evaluación: Impacto, Innovación e Inspiración. Esto permite identificar las inscripciones calificadas y seleccionar los candidatos elegibles.
A continuación, se realizan evaluaciones por un Comité de Selección compuesto por paneles de expertos internacionales independientes, específicos de cada categoría. De esta lista corta de candidatos, se eligen los finalistas, quienes luego son enviados al Jurado del Premio, que elige por unanimidad a los ganadores en las seis categorías.
Los ganadores serán anunciados en la ceremonia de premiación en 2026, en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos.
El Premio Zayed a la Sostenibilidad es un catalizador de progreso, que empodera a los agentes de cambio para generar un impacto sostenible a gran escala.