Por muchos años el deporte había significado una receta idónea para legitimar casi cualquier acción política; pero con el capitalismo al extremo y el alto impacto del negocio y costos del deporte, esto ha llegado al fin de sus días.
Organizar el Mundial de Italia 1934 le dio buenos réditos a Benito Mussolini y los Juegos Olímpicos de 1936 fueron la presentación formal de Adolf Hitler ante el mundo. También la justa veraniega en México 1968 justificó y permitió que lo sucedido la noche del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco pasara a segundo término para el gobierno de nuestro país (los JO eran la excusa perfecta para olvidarlo).










