Los conflictos de interés son inherentes a la naturaleza humana. El ser humano se ve constantemente confrontado entre fuerzas internas y opuestas. Ovidio decía: “Veo lo mejor, lo pruebo y sigo lo malo”.
Y, parecidamente, Pablo de Tarso: “No es el bien que mi voluntad desea, sino el mal que mi voluntad detesta lo que hago”. Pero, además, abundan los conflictos de interés exteriores, dado que cada persona tiene sus propios intereses que a menudo chocan con los de los demás.
Todo el mundo, y en especial los políticos, los científicos, los periodistas, los empresarios y los profesionales, nos vemos con frecuencia inmersos en conflictos de interés.





