Las investigaciones internas que llevan a cabo, por una parte, el grupo Renault y, por otra, los servicios secretos franceses sobre el caso de espionaje industrial del que ha sido objeto el grupo automovilístico francés apuntan a la misma pista: China. Los tres altos cargos suspendidos el lunes de empleo y sueldo, acusados de sacar información confidencial y comprometedora de la empresa relativa a ciertos componentes de los futuros coches eléctricos, pasaron estos datos a intermediarios especializados en este tipo de enjuagues industriales que, a su vez, los pusieron en manos de grupos constructores chinos, según publicó ayer el diario francés Le Figaro.
Renault ni confirma ni desmiente. El diario evoca fuentes relacionadas con la investigación y añade que el contenido de los informes escamoteados versan sobre el funcionamiento de las baterías de los automóviles eléctricos de segunda generación, esto es, de ninguno de los cuatro que sacará al mercado la marca francesa este año o el que viene, sino de los que aún se encuentran en fase de estudio y que se comercializarán más allá de 2012.