Se llama Pablo Fajardo y, aunque su físico menudo nada tiene que ver con el de ‘Superman’, es un ‘superhéroe’ de carne y hueso capaz de haber sentado en el banquillo de los acusados a la todopoderosa petrolera Chevron y hacerle pagar 9.500 millones de dólares por destruir la Amazonía ecuatoriana.
El hombre que ha demostrado al mundo que las grandes multinacionales no son “intocables” nació en la costa de Ecuador, en el seno de una familia “extremadamente humilde” que migraba por el país buscándose la vida, según explica a EFEverde en una entrevista con motivo de una visita a Madrid para participar en un acto en Casa de América.
