De una u otra forma, debido a muy particulares motivaciones –personales o profesionales, cercanía al usar sus servicios, consumir sus productos o porque simplemente las empresas y sus directivos son inevitables–, la gente, con el paso del tiempo, se va forjado en su interior opiniones acerca de qué compañías y cuáles de sus líderes merecen el apoyo, respeto e, incluso, a veces, el afecto de sus consumidores.
También, desde luego, las personas hacen su propia lista negra donde encasillan a aquellas compañías y empresarios de los que desconfían, con los que no quieren entablar una relación de negocio o que como clientes simplemente prefieren evadirlos.







