En 2009, primero en un informe tajante y luego a través de apariciones públicas, militares estadounidenses y analistas de inteligencia hicieron un anuncio: el cambiante clima global supone una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos.
A modo de explicación, los oficiales alertaron sobre las consecuencias de fenómenos tales como el aumento del nivel de los mares y el derretimiento de los hielos, que representan una amenaza directa.
Algunas bases militares clave podrían quedar bajo el agua mientras que otras corren el riesgo de sufrir tormentas cada vez más extremas, y en el Ártico, donde hasta hace poco se podía navegar sin mayores inconvenientes, habrá que identificar y proteger rutas marítimas.


