Domingo. Siete de la tarde. Comienza la crisis, también denominada como “síndrome del estudiante” o del miedo al lunes. Sudores fríos, tristeza, un nudo en el estómago… El sufridor descuelga el teléfono. “Buenas tardes, ¿puedo ayudarle en algo?” La angustia se siente en el hilo de voz que trata de hacerse fuerte al otro lado de la línea: “Mañana tengo que trabajar, creo que no soy capaz de enfrentarme a ello”. En ocasiones, la acongoja es desesperada, e incluye lágrimas: “sufro acoso. Mis jefes menosprecian mi trabajo y mis compañeros no me apoyan”.
Estos extractos anónimos de conversaciones reflejan un sufrimiento universal pero con nombres y apellidos. Miles de trabajadores sufren a diario y en silencio los vaivenes de la vida laboral en Francia, uno de los países con más estrés y con una de las mayores tasas de suicidios asociadas al trabajo de Europa.
Entre las 7 de la tarde y las 11 de la noche del domingo los teléfonos de la plataforma de llamadas de Psya empiezan a echar humo. Ante la irremediable llegada del lunes, es cuando registran su pico de llamadas. A un lado de la línea, ciudadanos de a pie con crisis de angustia o de ansiedad. Al otro, un grupo de psicólogos trata de calmar a un rebaño que teme tanto al lobo que incluso algunos piensan en poner fin a sus días antes que ser devorados por el enemigo.