Por: Leopoldo Lara Puente
Esa fue la pregunta básica que nos hicimos el pasado martes y jueves, cuando tuve la fortuna de ser invitado a compartir la mesa de trabajo y de diálogo con dos clubes rotarios emblemáticos en la ciudad: el Rotaract de los jóvenes y el Villa de Nuevo Laredo integrado por mujeres.
Las y los integrantes de ambos clubes con la misma actitud propositiva y echada para adelante; con la agudeza y sabiduría femenina, con el entusiasmo y el interés sin límite de los jóvenes.
Me permitieron formar parte de sus sesiones y enterarme de primera mano de las acciones que llevan a cabo por la comunidad, que benefician al capital social. También pude dialogar libremente, alentado además por su apertura y receptividad.
Con los jóvenes percibí su enorme interés por entender lo que va a ocurrir en este año electoral que definirá rumbos en México (algunos de ellos votarán por primera vez); por la educación, que la identifican como la base de todo desarrollo (muchos de ellos continúan preparándose académicamente); por la manera de trabajar en equipo de manera más eficaz y por llevar a cabo acciones a favor del medio ambiente que detengan o controlen la depredación que hemos realizado en el planeta.
Con la mujeres los temas se concentraron en identificar causas de beneficio colectivo en las que ya participan y en las que pueden participar, así como los espacios para dar a conocer sus opiniones de manera formal en la comunidad, con la fuerza de sus acuerdos como grupo, pero en el plano público. A la vez, reflexionan sobre la equidad, sobre los valores éticos y morales, la transparencia que todos debemos observar y la congruencia de nuestro discurso y acciones.