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¿Y si dañar gravemente al planeta fuera un delito? LATAM propone una ley contra el “ecocidio”

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América Latina concentra aproximadamente un tercio de la biodiversidad mundial, pero también enfrenta una de las situaciones más complejas para quienes defienden el medio ambiente. En 2025, el 85% de los 124 asesinatos de activistas ambientales registrados por Global Witness ocurrió en la región, de acuerdo con los datos citados por Stop Ecocide International.

En este escenario, abogados, ambientalistas e investigadores presentaron en México un proyecto de ley contra el ecocidio que busca ofrecer a los congresos latinoamericanos un marco para sancionar daños ambientales graves y, al mismo tiempo, fortalecer la protección de quienes denuncian estos delitos. La iniciativa parte de un problema que trasciende la existencia de normas: que las leyes ambientales existan no garantiza que se apliquen.

¿Qué propone la ley contra el ecocidio en América Latina?

El proyecto fue presentado en Ciudad de México por Stop Ecocide International, el Centro Mexicano para la Justicia Ambiental (CEMDA) e investigadores de la Universidad Iberoamericana de México.

Se trata de una ley modelo, es decir, un marco que puede servir como referencia para que los congresos de distintos países desarrollen o fortalezcan su propia legislación. No constituye por sí misma una norma vigente en toda América Latina.

Su propósito es establecer herramientas para sancionar la destrucción ambiental grave y evitar que las dificultades para investigar un delito terminen funcionando como una justificación para no actuar. Rodrigo Lledo, director para América Latina de Stop Ecocide International y uno de los autores del proyecto, resumió la problemática así: “Somos expertos en aprobar leyes preciosas que luego no se aplican”. No obstante, la filosofía de la propuesta queda condensada en otra de sus declaraciones: “No hay excusa”.

¿Qué problema busca resolver la ley contra el ecocidio?

Uno de los principales obstáculos identificados por la iniciativa es la impunidad. Los daños ambientales pueden ser complejos de investigar porque determinar quiénes son responsables, especialmente cuando existen múltiples actores, cadenas productivas o actividades ilegales, puede resultar difícil.

La propuesta de ley contra el ecocidio plantea que esa dificultad no debería liberar al Estado de su responsabilidad de detener la destrucción y reparar el daño. Por eso, el proyecto busca presionar para que las autoridades continúen las investigaciones y persigan a los responsables en lugar de abandonar los casos cuando identificar al autor resulta complicado.

Esta aproximación cambia el centro de la discusión: no se trata únicamente de crear nuevas prohibiciones, sino de establecer mecanismos para que la incapacidad de identificar rápidamente a un responsable no se traduzca en inacción.

¿Cómo protegería la propuesta a quienes defienden el medio ambiente?

La iniciativa también reconoce que perseguir delitos ambientales puede poner en riesgo a quienes participan en las investigaciones o denuncian los hechos. Por ello, el proyecto propone que los gobiernos otorguen mayores medidas de protección a:

  • Denunciantes.
  • Testigos.
  • Expertos que participen en casos penales de ecocidio.

Entre las medidas contempladas se encuentra la posibilidad de escolta policial, además de penas más severas para quienes cometan delitos contra estas personas.

La dimensión social de la propuesta resulta difícil de separar de la ambiental. Según Global Witness, citado en la información de la iniciativa, 105 de los 124 asesinatos de defensores ambientales registrados en 2025 ocurrieron en América Latina.

Una legislación que incremente las sanciones por destruir ecosistemas, pero no proteja a quienes denuncian esa destrucción, tendría una debilidad evidente: el riesgo de que investigar y denunciar sea demasiado peligroso.

ley contra el ecocidio

El caso del río Atrato muestra el límite de reconocer derechos sin garantizar su cumplimiento

La experiencia de Colombia ofrece un ejemplo de la distancia que puede existir entre una decisión jurídica y la protección efectiva de un ecosistema. Hace una década, la Corte Constitucional colombiana reconoció al río Atrato como una entidad viva con derechos a la protección y conservación. Sin embargo, de acuerdo con la información proporcionada por Stop Ecocide, el río continúa afectado por la contaminación asociada con la minería ilegal.

El caso permite observar uno de los desafíos que la propuesta de ley contra el ecocidio intenta abordar: reconocer jurídicamente el valor de un ecosistema no necesariamente significa que desaparecerán las actividades que lo destruyen.

La aplicación de la ley, la capacidad de investigación y la posibilidad de sancionar efectivamente a los responsables son determinantes para que la protección ambiental trascienda el papel.

¿Qué significaría una ley contra el ecocidio para las empresas?

Aunque la propuesta está dirigida principalmente a fortalecer la respuesta de los Estados frente a daños ambientales graves, su eventual adopción tendría implicaciones relevantes para las empresas.

La primera sería un cambio en la forma de gestionar el riesgo ambiental. Un impacto grave sobre un ecosistema podría dejar de analizarse únicamente como un problema de cumplimiento, reputación o compensación económica y adquirir una dimensión penal, dependiendo de cómo cada jurisdicción adopte y desarrolle este tipo de legislación.

Esto elevaría la importancia de contar con controles ambientales sólidos en actividades con potencial de generar daños significativos.

Para las empresas, la discusión plantea al menos cinco prioridades:

1. Identificar riesgos ambientales antes de que se conviertan en daños.
La prevención adquiere mayor peso cuando las consecuencias pueden involucrar responsabilidades legales.

2. Fortalecer la trazabilidad.
Las compañías necesitan conocer no solo sus propios impactos, sino también aquellos asociados con operaciones, proveedores y actividades que forman parte de sus cadenas de valor.

3. Documentar el cumplimiento.
Contar con políticas ambientales no es suficiente. Es necesario demostrar que existen controles, monitoreo y mecanismos de respuesta.

4. Proteger los canales de denuncia.
La existencia de mecanismos seguros para reportar posibles daños ambientales puede convertirse en un componente relevante de gobernanza.

5. Integrar el riesgo ambiental a la toma de decisiones.
La evaluación de proyectos debe considerar no solo su viabilidad económica, sino también los posibles impactos sobre ecosistemas y comunidades.

¿Puede una ley contra el ecocidio acelerar las metas climáticas?

La propuesta no sustituye las políticas climáticas ni las estrategias de conservación, pero sí puede contribuir a elevar el costo institucional de destruir ecosistemas.

Esto resulta especialmente relevante para América Latina por su enorme riqueza natural y por la presión que enfrentan sus territorios. Una mayor capacidad para investigar y sancionar daños ambientales podría fortalecer la aplicación de las políticas existentes y reducir los espacios de impunidad.

Sin embargo, la ley contra el ecocidio tampoco resolvería por sí sola el problema. Su efectividad dependería de que los países desarrollen instituciones capaces de investigar, procesar y sancionar los casos, así como de proteger a las personas involucradas.

La experiencia del río Atrato ilustra precisamente esa diferencia entre reconocer una obligación y conseguir que se cumpla.

Del compromiso ambiental a la responsabilidad por el daño

Para el sector empresarial, el debate sobre el ecocidio introduce una señal importante: las metas ambientales serán cada vez menos relevantes si no están acompañadas de mecanismos capaces de prevenir y responder ante daños reales.

La ley contra el ecocidio todavía es una propuesta de referencia para los congresos latinoamericanos, no una legislación regional vigente. Su importancia, por ahora, está en poner sobre la mesa una pregunta que puede modificar la manera en que gobiernos y empresas entienden la responsabilidad ambiental: ¿qué ocurre cuando el daño a un ecosistema es tan grave que las sanciones convencionales dejan de parecer suficientes?

La respuesta dependerá de cada país. Pero para las empresas, la discusión ya ofrece una conclusión práctica: anticipar, prevenir, documentar y corregir los impactos ambientales puede ser mucho más relevante que esperar a que una nueva norma defina dónde comienza la responsabilidad penal.

El impacto del cambio climático en el mercado laboral: talento y productividad en riesgo

El cambio climático ya está modificando las condiciones bajo las que trabajan millones de personas. Olas de calor, sequías, inundaciones, tormentas y huracanes afectan la infraestructura, la salud y la continuidad de las actividades productivas, mientras que la transición hacia economías bajas en carbono también transforma la demanda de trabajadores y las habilidades que necesitan las empresas.

La dimensión laboral de esta transformación puede ser considerable. La ONU estima que 80 millones de empleos podrían perderse en 2030 como consecuencia de los efectos asociados al cambio climático. Para los líderes ESG, esto coloca al talento y la productividad en el centro de la estrategia climática: una empresa puede reducir sus emisiones y, al mismo tiempo, enfrentar mayores riesgos de ausentismo, accidentes, menor rendimiento y dificultades para sostener sus operaciones.

¿Cómo afecta el cambio climático en el mercado laboral?

De acuerdo con la Cepal, los mercados laborales enfrentan una doble presión: la intensificación de fenómenos climáticos extremos y los compromisos para avanzar hacia economías bajas en carbono.

El organismo identifica tres dimensiones principales en las que se manifiesta el impacto:

  • Demanda laboral: los fenómenos extremos pueden destruir infraestructura, interrumpir redes productivas y reducir el consumo, disminuyendo la contratación.
  • Oferta laboral: las altas temperaturas y sus efectos sobre la salud pueden reducir la disponibilidad y capacidad de las personas para trabajar.
  • Productividad: el calor afecta tanto las actividades físicas como las cognitivas, reduciendo el rendimiento incluso en espacios interiores.

El impacto, además, no se distribuye de manera uniforme. Agricultura, construcción, actividades industriales expuestas al calor y otros trabajos al aire libre concentran una mayor vulnerabilidad, especialmente cuando existen condiciones laborales precarias o barreras estructurales para acceder al empleo.

cambio climático en el mercado laboral

¿Cuántos empleos están en riesgo por el cambio climático?

La ONU calcula que, bajo un escenario de aumento de 1.5 °C de la temperatura global para finales de siglo, en 2030 se perdería 2.2% de las horas de trabajo en el mundo debido al incremento de las temperaturas.

Ese porcentaje equivale a alrededor de 80 millones de empleos de tiempo completo y a pérdidas económicas estimadas en 2.4 trillones de dólares.

La cifra permite dimensionar un riesgo que para las empresas puede aparecer primero como un problema operativo. Menos horas efectivas de trabajo significan menor capacidad productiva, mientras que las interrupciones provocadas por fenómenos extremos pueden añadir costos de reparación, reorganización y recuperación.

Incluso situaciones cotidianas permiten observar esta relación. En ciudades como la Ciudad de México, las lluvias intensas pueden provocar retrasos, accidentes y estrés, con efectos sobre la salud, el ausentismo y el desempeño de las personas trabajadoras.

cambio climático en el mercado laboral

¿Por qué el calor extremo amenaza al talento y la productividad?

El estrés térmico no solo representa una condición incómoda para trabajar. Las temperaturas extremas generan respuestas fisiológicas que pueden comprometer la capacidad de trabajo y aumentar los accidentes, señala la Cepal.

El impacto es especialmente relevante en actividades que requieren esfuerzo físico o exposición directa a temperaturas elevadas, pero no se limita a ellas. El organismo advierte que el aumento de la temperatura también puede afectar tareas cognitivas realizadas en espacios interiores, debido a alteraciones en la velocidad neural y la atención.

Cuando las condiciones se vuelven más exigentes, las personas pueden tomar pausas con mayor frecuencia y reducir la intensidad del esfuerzo. El resultado es una menor productividad.

La Cepal estima que, en un escenario de 1.5 °C, la productividad laboral de la región disminuiría 5%, mientras que en un escenario de 3 °C la reducción podría llegar hasta 14%.

El cambio climático en el mercado laboral también redefine quién puede trabajar

La discusión sobre talento suele concentrarse en atraer, desarrollar y retener personas con las habilidades necesarias para el negocio. Sin embargo, el cambio climático introduce otra pregunta: ¿qué condiciones permiten que esas personas puedan trabajar de manera segura y sostenida?

La Cepal advierte que las transformaciones ambientales pueden alterar las condiciones laborales y las trayectorias de inserción de amplios segmentos de la población, afectando especialmente a quienes ya enfrentan brechas y barreras estructurales.

Esto convierte la adaptación laboral en un asunto de gestión de talento y también de equidad. Si determinados grupos están más expuestos al calor, a fenómenos extremos o a empleos con menor protección, los impactos climáticos pueden profundizar desigualdades existentes.

Para las empresas, el riesgo no está únicamente en perder puestos de trabajo. También está en reducir la disponibilidad de talento, incrementar accidentes y ausentismo, y dificultar la continuidad de operaciones en los lugares más vulnerables.

cambio climático en el mercado laboral

¿Qué implica el riesgo climático para la estrategia ESG?

El cambio climático en el mercado laboral obliga a ampliar la conversación sobre transición justa y adaptación. No basta con analizar emisiones, consumo energético o metas de descarbonización si las condiciones físicas en las que trabajan las personas también están cambiando.

Para los líderes ESG, algunas preguntas resultan especialmente relevantes:

  • ¿Qué puestos de trabajo están más expuestos a temperaturas extremas y fenómenos meteorológicos?
  • ¿Qué impacto pueden tener estos riesgos en el ausentismo, los accidentes y la productividad?
  • ¿Las instalaciones cuentan con condiciones adecuadas para proteger a las personas ante episodios de calor extremo?
  • ¿Qué operaciones podrían interrumpirse ante inundaciones, tormentas o huracanes?
  • ¿Qué trabajadores enfrentarán mayores dificultades durante la transición hacia una economía baja en carbono?
  • ¿La estrategia climática contempla capacitación y protección para las personas cuyo trabajo será transformado?

Estas preguntas conectan dos agendas que con frecuencia se gestionan por separado: la acción climática y la estrategia de talento.

Adaptarse al clima también es proteger la productividad

El cambio climático en el mercado laboral no es un riesgo futuro que pueda gestionarse únicamente mediante metas ambientales. Sus efectos ya pueden trasladarse a indicadores que las empresas conocen bien: horas trabajadas, accidentes, ausentismo, capacidad productiva y continuidad operativa.

La evidencia de la Cepal muestra que el calor puede afectar tanto al trabajo físico como al cognitivo, mientras que la ONU dimensiona el impacto potencial en millones de empleos y trillones de dólares. La magnitud del problema hace que la adaptación de los lugares de trabajo deje de ser exclusivamente una cuestión de seguridad ocupacional.

Para las empresas, anticiparse significa identificar dónde el clima puede comprometer al talento y diseñar respuestas antes de que el impacto llegue a la operación. En esa tarea, la estrategia ESG tiene una función concreta: conectar los riesgos ambientales con las personas, los procesos y los resultados del negocio.

El cambio climático en el mercado laboral terminará midiéndose no solo por los empleos que desaparezcan, sino también por la capacidad de las organizaciones para mantener condiciones de trabajo seguras, productividad y acceso a oportunidades en un entorno climático cada vez más exigente.

¿Realmente no tienen azúcar? Starbucks es demandada por sus bebidas proteicas

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Starbucks enfrenta una demanda colectiva que pone bajo escrutinio una de las promesas más atractivas para los consumidores que buscan productos “sin azúcar”. El problema es que, de acuerdo con la acusación presentada ante un tribunal federal en Seattle, ocho bebidas proteicas de la compañía contienen entre 13 y 21 gramos de azúcar por porción.

La demanda contra Starbucks, presentada por los despachos Hagens Berman y Sterlington PLLC, cuestiona que la compañía utilice la denominación “sin azúcar” en bebidas que contienen lactosa, un tipo de azúcar presente naturalmente en la leche. Más allá del desenlace legal, el caso abre una discusión relevante para las empresas de alimentos y bebidas: ¿cuánto puede alejarse una etiqueta de la interpretación que razonablemente hará el consumidor?

¿Qué bebidas de Starbucks están en el centro de la demanda?

La demanda contra Starbucks señala ocho productos de su línea de bebidas proteicas, lanzada en septiembre de 2025:

  • Sugar-Free Vanilla Protein Latte.
  • Sugar-Free Caramel Protein Latte.
  • Sugar-Free Vanilla Protein Matcha.
  • Sugar-Free Caramel Protein Matcha.
  • Las versiones heladas de estas cuatro bebidas.

Según los demandantes, las bebidas contienen entre 13 y 21 gramos de azúcar por porción venti de 20 o 24 onzas, proveniente de la lactosa de la leche.

La acusación sostiene que, bajo las regulaciones federales señaladas en la demanda, una bebida que supera los 0.5 gramos de azúcar por porción de 12 onzas no puede utilizar legalmente la expresión “sin azúcar”.

El conflicto, por tanto, no se limita a cuánto azúcar tiene una bebida. Está en juego la relación entre la composición real del producto, la forma en que se presenta y lo que un consumidor puede entender al verlo anunciado como “Sugar-Free”.

¿Por qué Starbucks es acusada de publicidad engañosa?

Los demandantes argumentan que Starbucks aprovechó una preocupación creciente entre los consumidores: reducir el consumo de azúcar. La demanda cita que 75% de los estadounidenses desea reducirlo o eliminarlo de su dieta.

La compañía, según Reuters, promociona estas bebidas como “ricas en proteínas” y “sin azúcar añadido”, mientras que las porciones venti contienen entre 270 y 340 calorías.

Aquí aparece una distinción que resulta particularmente relevante para la percepción del consumidor: que un producto no tenga azúcar añadido no significa necesariamente que no contenga azúcar.

La lactosa está naturalmente presente en la leche. Sin embargo, para una persona que encuentra en el nombre de una bebida la expresión “Sugar-Free”, la expectativa puede ser mucho más sencilla: que el producto contenga una cantidad mínima o nula de azúcar.

La demanda contra Starbucks sostiene precisamente que esa presentación puede inducir a error y también acusa a la empresa de omitir divulgaciones federales que, según los demandantes, serían necesarias para aclarar que las bebidas no califican como productos bajos en calorías ni están diseñadas para el control de peso.

¿Cuánto azúcar contienen realmente las bebidas?

La diferencia entre una promesa comercial y los datos nutricionales es especialmente visible cuando se observa la cantidad señalada en la demanda.

Las bebidas contienen entre 13 y 21 gramos de azúcar por porción venti. Los demandantes comparan esta cantidad con los 25 gramos diarios de azúcar recomendados para las mujeres por la Asociación Estadounidense del Corazón.

Incluso utilizan otra referencia para dimensionarla: un paquete estándar de Reese’s Peanut Butter Cups contiene 22 gramos de azúcar total.

Esto no significa que una bebida con azúcar natural sea necesariamente equivalente, desde el punto de vista nutricional, a un producto de confitería. Pero la comparación sirve para explicar el argumento central de los demandantes: una etiqueta que comunica ausencia de azúcar puede generar expectativas muy diferentes frente a una bebida que contiene una cantidad considerable de este nutriente.

 demanda contra Starbucks

La demanda contra Starbucks también es un problema de confianza

El riesgo para Starbucks no termina en una posible indemnización o en la modificación de los nombres de sus productos.

Una demanda de este tipo puede afectar algo más difícil de recuperar: la confianza del consumidor en la información que la marca proporciona sobre sus productos.

En alimentos y bebidas, las decisiones de compra dependen cada vez más de atributos específicos: cantidad de azúcar, proteínas, calorías, ingredientes, origen y otros elementos relacionados con salud y bienestar. Cuando una compañía utiliza uno de esos atributos como parte central de la propuesta de valor, la precisión de la comunicación adquiere un peso estratégico.

En este caso, la tensión es evidente:

“Sin azúcar” puede ser interpretado como una promesa sobre el contenido del producto, mientras que “sin azúcar añadido” describe otra característica.

Si el consumidor percibe que ambas expresiones fueron utilizadas de una manera confusa o deliberadamente ambigua, el problema deja de ser exclusivamente regulatorio. Se convierte en una cuestión de credibilidad.

¿Qué consecuencias podría enfrentar Starbucks?

Los demandantes buscan una indemnización por daños y perjuicios no especificada por publicidad engañosa y presuntas violaciones de distintas leyes estatales de protección al consumidor.

Además, un fallo favorable podría obligar a Starbucks a cambiar los nombres de las bebidas.

La compañía todavía no había respondido a la solicitud de comentarios de Reuters al momento de la información proporcionada, y el abogado de los consumidores tampoco había respondido inmediatamente.

El impacto potencial, sin embargo, puede medirse en varios frentes:

  • Legal: mayores costos derivados del litigio y posibles indemnizaciones.
  • Comercial: modificación de nombres, etiquetas o comunicación de los productos.
  • Reputacional: pérdida de confianza entre consumidores que buscan opciones con menor contenido de azúcar.
  • Gobernanza de producto: mayor presión para revisar cómo se validan las afirmaciones utilizadas en marketing.
  • Relación con consumidores: riesgo de que una controversia nutricional se sume a otras percepciones negativas sobre cambios recientes en la oferta.

Este último punto es importante porque Starbucks ya enfrentó reacciones negativas por la reformulación de su chai latte a principios de 2026. Clientes habituales cuestionaron el cambio de sabor e incluso impulsaron peticiones para recuperar la receta anterior.

Un litigio sobre el etiquetado y una reacción negativa ante modificaciones de productos son situaciones distintas, pero juntas pueden contribuir a una percepción de que la compañía está tomando decisiones sobre sus productos que no necesariamente coinciden con las expectativas de sus consumidores.

 demanda contra Starbucks

¿Qué puede aprender una empresa del caso Starbucks?

La demanda contra Starbucks muestra que el riesgo ESG no siempre aparece en una crisis ambiental o en un incumplimiento laboral. También puede surgir de algo aparentemente cotidiano: la manera en que una empresa describe lo que vende.

Para las compañías de alimentos y bebidas, algunas lecciones son claras:

1. Revisar las afirmaciones comerciales desde el consumidor, no solo desde el área legal.
Una expresión puede cumplir técnicamente con una determinada interpretación y, aun así, generar una expectativa distinta en quien compra.

2. Distinguir entre precisión legal y claridad comercial.
“Sin azúcar” y “sin azúcar añadido” no comunican necesariamente lo mismo. Si una diferencia puede resultar relevante para una decisión de compra, debe ser comprensible.

3. Auditar las promesas de producto antes del lanzamiento.
Las afirmaciones nutricionales deberían someterse a revisiones que involucren, además de marketing, áreas legales, regulatorias, nutricionales y de asuntos corporativos.

4. Considerar el riesgo reputacional antes de que llegue una demanda.
El costo de corregir una etiqueta puede ser considerablemente menor que el de reconstruir la confianza después de que los consumidores perciban que fueron engañados.

5. Escuchar las señales de los consumidores.
La reacción al chai latte demuestra que incluso modificaciones aparentemente menores pueden convertirse en un problema de percepción cuando una marca tiene una base de consumidores acostumbrada a determinadas características de sus productos.

La lección detrás de una bebida “sin azúcar”

La demanda contra Starbucks todavía tendrá que resolverse en los tribunales y las acusaciones de los demandantes no equivalen a una determinación judicial de responsabilidad. Pero el caso ya plantea una cuestión que trasciende a la compañía.

Cuando las marcas compiten por consumidores interesados en bienestar, proteínas, reducción de azúcar o alimentación más consciente, las palabras utilizadas en el empaque y en la publicidad forman parte del producto.

Por eso, la gestión responsable no consiste únicamente en cumplir con el mínimo regulatorio. También requiere preguntarse qué entiende una persona cuando lee una promesa comercial y si esa interpretación coincide con lo que realmente está comprando.

Para Starbucks, el desafío será demostrar que la distancia entre lo que dicen sus bebidas y lo que los consumidores creen que están comprando puede explicarse con claridad. Para otras compañías, la advertencia es todavía más sencilla: cuando la confianza es parte del valor de una marca, una etiqueta ambigua puede terminar costando mucho más que cambiar unas cuantas palabras.

Mujeres e IA: menos oportunidades en los nuevos empleos y más riesgo de desplazamiento

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La inteligencia artificial está creando algunos de los empleos de mayor crecimiento y mejor remunerados de la economía, pero las mujeres no están llegando a ellos al mismo ritmo que los hombres. Al mismo tiempo, ellas tienen mayor presencia en algunas de las ocupaciones que la IA puede transformar o automatizar con mayor rapidez.

El resultado es una paradoja que debería preocuparnos: las mujeres podrían tener menos participación en los empleos que surgen alrededor de la IA y, a la vez, mayor exposición a los puestos que esta tecnología puede desplazar. Sin embargo, esto no es únicamente un asunto de representación. También involucra igualdad de oportunidades, movilidad económica, condiciones laborales y gobernanza tecnológica.

¿Por qué las mujeres están quedando fuera de los empleos de IA?

Los datos de un informe de LinkedIn muestran una brecha considerable en el acceso a las nuevas oportunidades. En 2024, las mujeres representaron alrededor de una cuarta parte de las nuevas contrataciones en puestos relacionados con IA, frente a 50% de las contrataciones en empleos no vinculados con esta tecnología.

La diferencia es todavía mayor en las posiciones ejecutivas: las mujeres representan apenas 13% de las nuevas contrataciones relacionadas con IA.

La dimensión económica de esta brecha también es relevante. Las ofertas de empleo relacionadas con IA se han duplicado desde 2023 y estos puestos tienen, en promedio, salarios que duplican los de empleos que no requieren trabajar directamente con IA. Sin embargo, dentro de las ocupaciones relacionadas con esta tecnología, las mujeres están sobrerrepresentadas en puestos de menor remuneración, como la anotación de datos.

La consecuencia es una desigualdad que puede profundizarse conforme la IA gane peso en la economía: quienes tienen menor acceso a los empleos mejor pagados también tienen menos posibilidades de beneficiarse de la nueva movilidad económica que puede generar la tecnología.

Como explicó Sarah Steinberg, directora de alianzas globales de políticas públicas de LinkedIn, “la IA está creando algunos de los empleos de mayor crecimiento, mejor remunerados y con mayor impacto en la economía global”, pero las mujeres están “sorprendentemente poco representadas”.

mujeres en la IA

Mujeres en la IA: una brecha que empieza antes de hablar de automatización

La discusión suele concentrarse en cuántos puestos de trabajo podría eliminar la inteligencia artificial. Sin embargo, existe una pregunta anterior: ¿quién está consiguiendo los puestos que la IA está creando?

Urvashi Batra, cofundadora y CEO de una plataforma de IA para proveedores de servicios tecnológicos, cuenta que incluso como fundadora ha experimentado diferencias en la manera en que los inversionistas reciben su proyecto. Ella y su cofundador han aprendido que tienen más posibilidades de obtener financiación cuando es él quien presenta la propuesta.

El problema tampoco se limita a la inversión.

Las empresas de IA están contratando rápidamente, pero, de acuerdo con Brenda Darden Wilkerson, presidenta de AnitaB.org, muchas siguen buscando talento mediante “las mismas redes, las mismas recomendaciones y los mismos filtros” utilizados tradicionalmente en la industria tecnológica.

Eso puede reproducir una desigualdad conocida: si las redes profesionales de las que surgen las contrataciones están dominadas por hombres, recurrir a ellas una y otra vez no necesariamente produce una fuerza laboral más diversa, aunque la tecnología contratada sea completamente nueva. La IA puede ser una industria relativamente joven, pero sus mecanismos de acceso no necesariamente lo son.

mujeres en la IA

¿Qué empleos ocupan las mujeres y cuáles están más expuestos a la IA?

La otra mitad del problema está en los puestos que ya ocupan las mujeres. Una investigación de LinkedIn muestra que ellas tienen mayor presencia en trabajos con alta exposición a la disrupción de la IA, entre ellos el servicio al cliente. Esto significa que el riesgo no está únicamente en no acceder a las nuevas posiciones: también existe en que algunas de las ocupaciones donde hoy participan más mujeres sean transformadas o reducidas por la automatización.

Así, la brecha puede producirse por dos vías:

  • Menor acceso: las mujeres están subrepresentadas en los nuevos empleos relacionados con IA, particularmente en posiciones ejecutivas.
  • Mayor exposición: tienen una presencia importante en ocupaciones que pueden experimentar una fuerte transformación por la automatización.
  • Brecha salarial: dentro de los empleos vinculados con IA, los hombres reciben un salario medio aproximadamente 45,000 dólares superior al de las mujeres.
  • Concentración en puestos de menor valor: las mujeres están sobrerrepresentadas en ocupaciones como la anotación de datos, mientras los puestos de mayor remuneración y responsabilidad concentran una mayor participación masculina.

No se trata, por tanto, de asumir que la IA necesariamente eliminará el empleo femenino. El riesgo es más específico: que la transición hacia una economía más automatizada redistribuya las oportunidades de manera desigual.

Mujeres en la IA: la velocidad de la tecnología también puede convertirse en una barrera

Incluso para las mujeres que ya trabajan en el sector, mantenerse dentro de la industria puede representar un desafío.

Jayeeta Putatunda, jefa de ingeniería de IA en la firma de inversión Turing, describe un entorno en el que los avances son tan rápidos que mantenerse actualizado puede requerir jornadas de hasta 12 horas. También señala que no es extraño ser la única ingeniera mujer dentro de un equipo y tener que hacer un esfuerzo adicional para conseguir que sus ideas sean escuchadas.

La situación se vuelve más compleja cuando se combina con responsabilidades de cuidado.

Putatunda relata que después de cuatro meses de licencia de maternidad encontró estructuras y modelos completamente diferentes al regresar a su trabajo. El apoyo de sus compañeros y el reparto equitativo del cuidado de sus hijos con su esposo le permitieron ponerse al día.

mujeres en la IA

Su experiencia apunta a un aspecto que las estrategias empresariales de talento suelen pasar por alto: la brecha no necesariamente se origina en falta de interés o capacidad, sino en las condiciones que permiten o impiden mantenerse en una industria que cambia a una velocidad extraordinaria.

Si progresar en IA requiere disponibilidad permanente, jornadas extendidas y actualización continua, las personas con responsabilidades de cuidado pueden enfrentar una desventaja estructural. Y esa carga sigue recayendo de manera desproporcionada sobre las mujeres.

¿Qué implica esta brecha para las empresas y el ESG?

La discusión sobre mujeres en la IA no debería limitarse a cuántas mujeres aparecen en las fotografías de los equipos tecnológicos. Para las empresas, el desafío está en revisar toda la trayectoria laboral: contratación, remuneración, promoción, permanencia y acceso a posiciones de decisión.

Esto plantea al menos cinco preguntas de gobernanza:

  1. ¿De dónde proviene el talento? Revisar si las empresas dependen excesivamente de redes y recomendaciones que reproducen los mismos perfiles.
  2. ¿Quién accede a los empleos de mayor valor? No basta con aumentar la contratación femenina si las mujeres permanecen concentradas en puestos operativos o de menor remuneración.
  3. ¿Quién recibe capacitación? La actualización de habilidades debe considerar que la velocidad de la IA puede dejar atrás a quienes no cuentan con tiempo o recursos para capacitarse continuamente.
  4. ¿Quién permanece en la industria? Las métricas de representación deberían complementarse con datos sobre rotación, promociones, salarios y permanencia.
  5. ¿Quién participa en las decisiones sobre IA? La diversidad también importa entre quienes diseñan, implementan y gobiernan los sistemas que afectarán a toda la fuerza laboral.

Desde una perspectiva ESG, esto desplaza la conversación de la diversidad como iniciativa aislada hacia la gestión responsable de la transformación tecnológica.

Menos mujeres en la IA también significa menos poder para decidir sobre la IA

Estados Unidos ya tiene un problema de representación en tecnología: las mujeres ocupan alrededor de un tercio de los empleos tecnológicos y abandonan la industria con mayor frecuencia que sus colegas hombres. Las barreras incluyen la falta de inclusión y las dificultades para avanzar profesionalmente.

Ahora, la inteligencia artificial introduce una nueva dimensión.

Si las mujeres tienen menor presencia en los equipos que desarrollan IA, menor acceso a sus puestos mejor remunerados y mayor exposición a los empleos que pueden ser transformados por ella, la brecha deja de ser solamente laboral. Puede convertirse en una brecha de poder. Esa es precisamente la preocupación expresada por Felicia Newhouse, fundadora de AI Powered Women:

“Estamos hablando de quién captará una nueva e importante fuente de movilidad económica”.

Su advertencia es que la diferencia de participación podría terminar convirtiéndose en una diferencia de poder. Y existe otra dificultad: las empresas han reducido en los últimos años algunos programas de diversidad, equidad e inclusión. En ese contexto, iniciativas específicamente dirigidas a incorporar y promover mujeres en tecnología pueden encontrar mayores obstáculos institucionales.

mujeres en la IA

¿Cómo evitar que la transición hacia la IA amplíe la brecha de género?

Las empresas no pueden controlar por completo la evolución del mercado laboral, pero sí pueden decidir cómo gestionan la transición dentro de sus organizaciones.

Para evitar que la adopción de IA profundice desigualdades, una estrategia empresarial debería combinar:

  • Capacitación y reskilling para personas cuyos puestos serán transformados.
  • Criterios transparentes de promoción y remuneración en las áreas de IA.
  • Ampliación de las fuentes de reclutamiento, más allá de las redes profesionales tradicionales.
  • Seguimiento de representación femenina no solo en la plantilla, sino en puestos técnicos, directivos y de decisión.
  • Políticas de flexibilidad y corresponsabilidad, especialmente en áreas donde se espera disponibilidad constante.
  • Evaluaciones de impacto laboral antes de implementar sistemas de automatización que puedan afectar de manera diferenciada a determinados grupos.

La pregunta para las organizaciones ya no debería ser solamente cuántos empleos reemplazará la IA. También deberían preguntarse quiénes accederán a los empleos que surjan, quiénes podrán conservar los que se transformen y quiénes tendrán voz para decidir cómo se produce esa transición.

La experiencia de las mujeres en la IA muestra que una tecnología nueva no garantiza por sí misma oportunidades más igualitarias. Si las empresas reproducen las mismas redes de contratación, las mismas brechas salariales y las mismas condiciones laborales que históricamente han limitado la participación femenina, la inteligencia artificial puede terminar automatizando no solo tareas, sino también desigualdades.

Para el ESG, esa es una señal que merece atención: la inclusión en la economía de la IA no será resultado automático de la innovación. Tendrá que ser una decisión deliberada de gobernanza.

¿Proteger a los hombres del feminismo? Este país debate sanciones por falsas acusaciones de agresión sexual

“Quiero ser la primera ministra en la historia de Occidente en defender a los hombres”. La frase de la senadora chilena Vanessa Kaiser resume el tono de un debate que comienza a extenderse por América Latina: la idea de que las leyes creadas para proteger a las mujeres de la violencia han generado un sistema injusto para los hombres, particularmente ante las acusaciones falsas de violencia sexual, doméstica o de género.

Kaiser es una de las autoras de un proyecto de ley que busca sancionar las acusaciones, denuncias o querellas falsas y establecer un procedimiento específico para determinar cuándo existió una utilización deliberada del sistema judicial. La iniciativa contempla reparación para las personas afectadas y, entre otras medidas, indemnización, retractación pública y consecuencias penales.

La propuesta no es, por sí misma, el problema. Una acusación deliberadamente falsa puede destruir relaciones familiares, reputaciones y proyectos de vida, por lo que ningún sistema de justicia debería dejar ese daño sin respuesta. El problema aparece cuando la excepción comienza a presentarse como una amenaza generalizada y cuando legislar para combatirla parece adquirir mayor urgencia que resolver las fallas que todavía impiden a miles de mujeres denunciar, sostener sus casos y obtener justicia.

No obstante, el caso de Chile no es el único. Países como Bolivia, Argentina y Perú han impulsado iniciativas similares, mientras organizaciones de derechos de las mujeres advierten que esta coincidencia puede estar configurando una respuesta regional que, bajo la bandera de proteger a los hombres, termine haciendo más difícil que las víctimas denuncien.

¿Qué están proponiendo Bolivia, Chile, Argentina y Perú?

Lo que ocurre en Chile refleja iniciativas que aparecen casi simultáneamente en otros países latinoamericanos, las cuales comparten una preocupación: sancionar con mayor severidad a quienes denuncien falsamente violencia de género, sexual, doméstica o familiar. Sin embargo, cada país ha planteado mecanismos distintos:

  • Bolivia: una propuesta de reforma a la Ley 348 contempla penas de hasta seis años de prisión por denunciar falsamente violencia de género. Otra iniciativa aprobada en términos generales por el Senado endurecería las penas por acusaciones falsas y establecería agravantes cuando estén relacionadas con violencia de género o delitos sexuales.
  • Argentina: un proyecto pendiente en el Senado busca elevar la pena máxima por denuncia falsa de uno a tres años y hasta seis años cuando se trate de determinados delitos graves. Una versión posterior eliminó la referencia expresa a violencia de género y la sustituyó por una categoría más amplia de “delitos intencionales graves”.
  • Perú: legisladores han propuesto condenas de hasta seis años de prisión específicamente para denuncias falsas relacionadas con violencia contra las mujeres o la familia.

El argumento jurídico es sencillo: la presunción de inocencia debe proteger a todas las personas y nadie debería ser castigado por un delito que no cometió. Pero hay una pregunta que también es importante: ¿qué tan frecuente es realmente el fenómeno que estas reformas buscan combatir?

falsas acusaciones de agresión sexual

Una discusión cuya evidencia no muestra una avalancha de denuncias falsas

Las cifras disponibles no respaldan la idea de que las falsas acusaciones constituyan una epidemia regional. Por ejemplo, en Bolivia, las denuncias falsas representaron 0.13% del total de casos presentados en 2024. En Argentina, las investigaciones por denuncias falsas equivalieron a aproximadamente 0.09% de los casos penales examinados entre 2023 y 2025, es decir, alrededor de uno por cada mil. Además, en las jurisdicciones donde es posible identificar el delito con mayor detalle, apenas 8% de las denuncias falsas estaban relacionadas con violencia de género o intrafamiliar. Chile, por su parte, no cuenta con estadísticas nacionales oficiales sobre este fenómeno.

Eso no significa que las denuncias falsas no existan ni que deban ignorarse. Significa que la política pública debería guardar proporción con el problema que pretende resolver.

Aquí aparece una de las principales tensiones una legislación diseñada para corregir desigualdades históricas puede y debe ser revisada cuando produzca efectos injustos, pero esa revisión necesita evidencia. Convertir casos excepcionales en una narrativa sobre mujeres que utilizan sistemáticamente las leyes para perjudicar a los hombres puede terminar produciendo un efecto contrario al que debería perseguir la justicia: que las víctimas tengan todavía más miedo de denunciar.

¿Qué ocurre mientras las falsas denuncias reciben atención legislativa?

El contraste más relevante está en la dimensión que sí tiene evidencia abundante: la violencia que permanece fuera de los tribunales.

En Chile, solo 12.1% de las mujeres que habían sufrido violencia sexual denunciaron su experiencia más reciente, según una encuesta gubernamental de 2024. En Argentina, el registro nacional de feminicidios muestra que solo 15% de las mujeres asesinadas por violencia de género en 2025 había denunciado previamente. Otra encuesta encontró que 77% de las mujeres que habían sufrido violencia por parte de su pareja no había presentado una denuncia.

La pregunta entonces cambia: no se trata únicamente de cómo sancionar a quien utiliza fraudulentamente el sistema judicial, sino de cómo conseguir que el sistema sea capaz de distinguir, investigar y resolver adecuadamente los casos que sí llegan a él.

En Bolivia, las mujeres enfrentan sistemas judiciales sobrecargados, dificultades económicas y prejuicios institucionales. Algunas abandonan los procedimientos porque no pueden pagar los gastos legales, mientras fiscales, policías y jueces enfrentan una elevada carga de casos.

En Perú ocurre algo similar: las víctimas pueden encontrarse con escepticismo policial, procesos prolongados y acumulación de expedientes. En algunos casos, la pareja agresora condiciona la manutención de los hijos al desistimiento de la denuncia.

Por eso, el vacío que una política pública debería atender con urgencia no es solamente el que deja una acusación falsa. También está el que existe cuando una denuncia verdadera no consigue convertirse en protección, investigación y justicia.

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Proteger a los hombres sí; utilizar esa protección para cuestionar los derechos de las mujeres, no

La discusión también exige evitar un falso dilema. Defender los derechos de las mujeres no debería significar asumir que cualquier hombre denunciado es culpable. Del mismo modo, defender a un hombre acusado injustamente no debería requerir presentar las políticas de igualdad como una amenaza para toda la población masculina.

El propio discurso de algunos impulsores de estas reformas muestra hasta qué punto el debate puede desplazarse del derecho hacia una batalla cultural. En Chile, Kaiser ha descrito las falsas acusaciones como “un tumor” que se extiende y cobra cada vez más víctimas, mientras en Bolivia un senador defensor de la reforma afirmó que se necesitan normas que “contrarresten” la Ley 348.

Ese lenguaje importa porque puede instalar una premisa peligrosa: que las leyes contra la violencia hacia las mujeres son, en sí mismas, instrumentos contra los hombres.

No lo son. Una legislación con perspectiva de género busca reconocer que existen patrones de violencia que afectan de manera diferenciada a las mujeres. Eso no elimina la presunción de inocencia ni justifica una condena sin pruebas. La solución a una mala aplicación de la ley no debería ser desmontar el principio que hizo necesaria esa ley.

Las alegaciones contra la legislación a favor de la mujer también revelan un problema de machismo

Existe una paradoja en este debate. Una parte de quienes cuestionan las leyes de género sostiene que estas crean un sistema donde las mujeres pueden acusar y los hombres quedan indefensos. Sin embargo, esa interpretación puede reproducir precisamente uno de los prejuicios que las políticas de igualdad buscan combatir: asumir que las mujeres mienten, exageran o instrumentalizan con facilidad las instituciones.

Durante años, uno de los obstáculos para denunciar violencia ha sido que las mujeres no sean creídas. Las nuevas iniciativas pueden reforzar ese prejuicio si transmiten que una mujer que no consigue demostrar su acusación corre el riesgo de convertirse en delincuente.

Hay una diferencia fundamental entre una denuncia falsa deliberada y una denuncia que no logra probarse. Confundir ambas categorías sería una grave falla de gobernanza. Una investigación puede terminar sin condena por falta de pruebas, inconsistencias, errores procesales o deficiencias institucionales sin que eso demuestre que quien denunció inventó los hechos.

Si la legislación no distingue cuidadosamente esas situaciones, el remedio puede convertirse en una nueva barrera de acceso a la justicia.

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¿Qué debería hacer una legislación realmente equilibrada?

El debate no debería cerrarse rechazando cualquier sanción contra las denuncias fraudulentas. Al contrario: un sistema de justicia sólido debe contar con mecanismos para investigar y sancionar el uso deliberadamente malicioso de las instituciones.

Pero esos mecanismos deberían cumplir condiciones claras:

  • Exigir evidencia de falsedad intencional, no únicamente que una denuncia termine archivada o sin condena.
  • Garantizar el debido proceso tanto a la persona denunciada como a quien denuncia.
  • Evitar penas desproporcionadas que puedan disuadir a víctimas reales.
  • Mejorar las investigaciones para reducir tanto las condenas injustas como los casos de violencia que quedan impunes.
  • Generar estadísticas confiables que permitan saber la dimensión real de las denuncias falsas.
  • Atender las barreras de acceso a la justicia, como los costos legales, la saturación institucional, los prejuicios y la duración de los procesos.

La clave está en no construir políticas públicas sobre una percepción cuando existen pocos datos que la respalden.

La deuda no es legislar más rápido, sino conseguir que la ley funcione

La preocupación por la legislación para sancionar las violencias contra la mujer no puede convertirse en una excusa para ignorar las consecuencias de la violencia de género. América Latina cuenta con marcos legales importantes, pero la existencia de una ley no garantiza por sí misma protección.

El mecanismo de seguimiento de la Convención de Belém do Pará, Mesecvi, advirtió en agosto que las iniciativas de Argentina y Bolivia podrían convertirse en una barrera legislativa adicional para acceder a la justicia, incrementar el temor a represalias y profundizar la revictimización. El organismo también señaló que estaba siguiendo propuestas similares en Guatemala, Uruguay y Paraguay.

Ese señalamiento coloca el debate en una dimensión más amplia. El objetivo de un Estado de derecho no es escoger entre hombres y mujeres, sino construir instituciones capaces de proteger los derechos de ambos sin borrar las desigualdades que hacen necesarias determinadas políticas.

Sí, un hombre acusado falsamente debe poder defenderse. Sí, quien deliberadamente utiliza el sistema judicial para perjudicar a otra persona debe enfrentar consecuencias. Pero también debe poder denunciar una mujer que vive violencia sin asumir que será tratada como sospechosa por defecto.

El éxito de la legislación no debería medirse por cuánto retroceden las políticas de género, sino por si las sociedades consiguen construir sistemas de justicia más precisos, imparciales y accesibles. El verdadero desafío de gobernanza no es proteger a los hombres del feminismo ni a las mujeres de los hombres: es garantizar que ninguna persona necesite pertenecer a un grupo determinado para ser escuchada, protegida y tratada con justicia.

Mujeres indígenas encuentran en el emprendimiento una ruta hacia la reinserción

Ser mujer, indígena y encontrarse privada de la libertad puede significar enfrentar distintas capas de desigualdad antes, durante y después del proceso penitenciario. En el marco del Día Internacional de las Mujeres y las Niñas Indígenas del Mundo, FUNDACIÓN ADO, brazo social de MOBILITY ADO, e Interculturalidad, Salud y Derechos A.C. (INSADE) ponen el foco en un reto menos visible: generar herramientas reales para que las mujeres puedan reconstruir su autonomía económica y su proyecto de vida. 

Ser libre también significa tener herramientas para decidir sobre el propio futuro. 

Bajo esta premisa, ambas organizaciones impulsaron “Hecho en libertad: contribuyendo a la reinserción social sostenible de mujeres indígenas privadas de su libertad”, proyecto desarrollado en el CERESO Las Cruces, en Acapulco; el CERESO de Atlacholoaya, en Morelos; y el Centro Femenil de Reinserción Social Santa Martha Acatitla, en Ciudad de México. La meta inicial contemplaba atender a 100 mujeres; sin embargo, 105 participantes concluyeron satisfactoriamente los procesos de capacitación, alcanzando 105% de cumplimiento respecto a los objetivos planteados.  

La intervención combinó talleres de emprendimiento con formación práctica en áreas como auxiliar de cocina, bisutería, dulces tradicionales, velas aromáticas, serigrafía, elaboración de peluches, productos de belleza y encapsulado en resina. El objetivo fue que las participantes no solo adquirieran un oficio, sino también herramientas para generar ingresos y desarrollar alternativas productivas al momento de su reinserción.  

Mujeres indígenas

Los resultados muestran avances que van más allá de lo económico. Las participantes fortalecieron su autoestima, confianza, comunicación, trabajo en equipo y capacidad para la toma de decisiones, al tiempo que recuperaron proyectos de vida y construyeron redes de apoyo. Algunas desarrollaron productos comercializables e integraron sus creaciones a catálogos digitales para ampliar sus posibilidades de venta.  

“La reinserción social requiere algo más que abrir una puerta: requiere generar capacidades, confianza y oportunidades reales para comenzar de nuevo. Cuando una mujer desarrolla herramientas para emprender, trabajar y tomar decisiones sobre su futuro, también se fortalece su posibilidad de reconstruir su proyecto de vida con mayor autonomía”, señaló Andrés Pérez-Peña Campos, Gerente General de FUNDACIÓN ADO. 

El proyecto también reconoce que muchas mujeres privadas de la libertad enfrentan condiciones de vulnerabilidad previas a su ingreso al sistema penitenciario, como pobreza, discriminación, violencia de género y falta de acceso a educación o empleo. Fortalecer sus capacidades productivas puede contribuir a romper ciclos de exclusión y ampliar sus posibilidades de reinserción social.  

Mujeres indígenas

El impacto trasciende a las beneficiarias directas. Muchas son madres, hijas o sostén económico de sus familias, por lo que recuperar autonomía y herramientas para generar ingresos también puede repercutir positivamente en sus hijos, familiares y comunidades. El proyecto estima 315 beneficiarios indirectos vinculados con las 105 participantes.  

Además, todas las participantes recibieron capacitación en emprendimiento con enfoque ambiental, promoviendo el uso de materiales biodegradables, compostables y reciclables, así como prácticas productivas sostenibles.  

Con esta iniciativa, FUNDACIÓN ADO reafirma su compromiso de impulsar proyectos que fortalezcan capacidades, autonomía económica y oportunidades reales para poblaciones en condiciones de vulnerabilidad, articulando alianzas con organizaciones especializadas para acompañar procesos de desarrollo con una visión humana, incluyente y sostenible. 

Dreame y Adopta MX unen esfuerzos para apoyar a animales en situación de abandono

Por segundo año consecutivo, Dreame Technology, compañía global de soluciones inteligentes para el hogar, y Adopta MX, organización dedicada al rescate, rehabilitación y adopción responsable de perros y gatos, unen esfuerzos en el marco del Día Mundial de los Animales, que se conmemora cada 4 de octubre, para continuar generando un impacto positivo en la vida de animales en situación de abandono o maltrato.

Tras la colaboración realizada en 2025, ambas organizaciones renuevan su alianza este año con una nueva rifa con causa, a través de la cual buscan involucrar a la comunidad y recaudar fondos que permitan a Adopta MX continuar con su labor. Como parte de esta iniciativa, Dreame donará cinco sets de productos, cada uno integrado por: un comedero inteligente PW10 y un bebedero inteligente PY10. Los cinco sets serán destinados a la rifa realizada por Adopta MX, por lo que habrá cinco ganadores.

Dreame y Adopta MX

La totalidad de los recursos obtenidos a través de la dinámica será destinada directamente a Adopta MX para contribuir a cubrir las diferentes necesidades de los animales bajo su cuidado y del refugio, incluyendo alimentación, atención veterinaria, medicamentos, mantenimiento y otros gastos esenciales.

“En Dreame creemos que la tecnología puede contribuir a mejorar la vida dentro y fuera del hogar. Por segundo año consecutivo, nos llena de entusiasmo sumar esfuerzos con Adopta MX y respaldar la importante labor que realizan todos los días por los animales que más lo necesitan. Queremos que esta iniciativa también sea una invitación a nuestra comunidad a involucrarse y generar, juntos, un impacto positivo”, señaló Carlo Dubon, Sr. Marketing & Communication Manager de Dreame en México.

Una alianza que continúa transformando vidas

Adopta MX es una organización sin fines de lucro dedicada al rescate, rehabilitación y adopción de perros y gatos en situación de calle, abandono o maltrato. Su misión es brindarles una segunda oportunidad en un hogar lleno de amor, promoviendo la convivencia responsable y el respeto hacia los animales. Dicha asociación impulsa adopciones responsables, realiza jornadas de esterilización y campañas de concientización, además de participar en eventos y colaboraciones que fomentan la cultura de la adopción. Gracias al apoyo de voluntarios, adoptantes y aliados, ha logrado cambiar la vida de cientos de animales, transformando cada rescate en una historia de esperanza.

¿Cómo participar?

La rifa será organizada directamente por Adopta MX, que dará a conocer a través de sus canales oficiales la dinámica, requisitos de participación, datos para realizar las aportaciones y fechas correspondientes. Los participantes tendrán la oportunidad de ganar uno de los cinco Sets Dreame, cada uno integrado por:

  • 1 Dreame PW10, comedero automático inteligente para mascotas: permite programar y administrar las porciones de alimento de forma práctica, ayudando a mantener una rutina de alimentación incluso cuando los dueños no están en casa.
  • 1 Dreame PY10, fuente de agua inteligente para mascotas: ofrece agua fresca y disponible de manera continua, con un sistema diseñado para facilitar la hidratación diaria de las mascotas.
Dreame y Adopta MX

De esta manera, cada participación representará mucho más que la posibilidad de ganar tecnología para el hogar: será también una aportación directa para continuar alimentando, protegiendo y brindando atención a perros y gatos que esperan una segunda oportunidad.

En este Día Mundial de los Animales, Dreame y Adopta MX invitan a la comunidad a sumarse nuevamente a esta causa y demostrar que cada aportación, sin importar su tamaño, puede contribuir a transformar la vida de un animal. Para conocer todos los detalles de la dinámica, consulta los perfiles oficiales de Instagram de Dreame México y Adopta MX.

A través de esta rifa con causa, Dreame reafirma su compromiso con el bienestar animal y reconoce la importancia de sumar esfuerzos para respaldar la labor de organizaciones como Adopta MX. Por segundo año consecutivo, esta iniciativa busca convertir la solidaridad de la comunidad en apoyo directo para los animales rescatados, contribuyendo a brindarles alimento, cuidados y mejores condiciones mientras esperan la oportunidad de encontrar un hogar.

Ruta Rosa de Afirme contribuye a la prevención de cáncer de mama de más de mil mujeres de 20 estados de la República

Con la encomienda Toca, dona y salva vidas de su iniciativa Ruta Rosa, Afirme Grupo Financiero ha contribuido a la detección oportuna y prevención del cáncer de mama de más de mil mujeres mexicanas de 20 estados del país. 

En el marco del Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama, la institución dio el campanazo de salida a la Ruta Rosa Afirme 2026, que sumará diez puntos de atención médica a las más de 70 ciudades que han recorrido sus consultorios móviles de 2023 a 2025, periodo en el que 750 mujeres han sido valoradas clínicamente para ayudar a la detección oportuna de esta enfermedad, cuyas posibilidades de curación pueden alcanzar hasta el 95 por ciento en etapas tempranas, según el Instituto Nacional de Cancerología.  

Los consultorios móviles visitarán sucursales de Crédito Sí, en Durango, Saltillo, Monclova, Torreón, Mazatlán, Culiacán, Los Mochis, y en Lincoln, Apodaca y Solidaridad, en Nuevo León, donde las asistentes podrán acceder a una valoración médica inicial gratuita y, en caso de requerir estudios complementarios, recibirán un certificado para la realización de mastografías sin costo, que podrían llegar a más de 150, que se sumarían a las 420 que se han realizado en los últimos 3 años.  

Ruta Rosa de Afirme

Durante este periodo, Afirme Seguros ha emitido más de mil pólizas de seguro diseñadas específicamente para la protección de este padecimiento en su primer diagnóstico, con una suma de 500 mil pesos para cubrir gastos de atención médica. 

Adicionalmente, durante octubre, Afirme habilitará la opción de donación en cajeros automáticos y colocará alcancías en sucursales participantes. Cada peso aportado por clientes y colaboradores será duplicado por Afirme para fortalecer los programas de atención y acompañamiento de Unidas Contigo A.C., organización conformada por mujeres sobrevivientes de cáncer de mama y voluntarias. 

Al asistir en representación de la Secretaría de Salud de Nuevo León, la doctora Nubia Aridia Linares Cervantes, coordinadora estatal del Programa de Cáncer de la Mujer, reconoció a Afirme y a la Asociación Unidas Contigo por esta iniciativa, y señaló que, al cierre de junio de este año, el número preliminar de defunciones por este padecimiento en la entidad fue de 243, en tanto que al cierre de 2025 fue de 481, al refrendar “el compromiso de la administración con este importante tema”. 

Flora Ferrera Fernández, presidenta de Unidas Contigo, organismo cuya misión es concientizar a la población sobre la importancia de la detección oportuna del cáncer de mama y apoyar a las personas diagnosticadas para enfrentar adecuadamente su proceso, invitó a sumarse a la iniciativa para que “toquemos corazones, donemos esperanza y salvemos vidas”. 

En su oportunidad, Luis Alberto Salazar, director ejecutivo de Microfinanzas de Crédito Sí, reveló que el 94% de sus clientes son mujeres. “Mujeres emprendedoras, jefas de familia, que trabajan incansablemente por sus hijos y sus sueños, por lo que Crédito Sí se suma a Ruta Rosa otorgando más de 250 consultas médicas gratuitas realizadas por personal capacitado”. Y de ser necesario, agregó, la realización de una mastografía, porque “creemos en un México más sano y solidario”.  

Ruta Rosa de Afirme

Por su parte, Ana Luisa Rodriguez, subdirectora de Banca digital de Afirme Seguros, aseguró que “el amor más valiente inicia cuando decidimos cuidarnos; una lucha que nos une más allá de la empatía, la lucha y la esperanza: prevenir como acto de amor”, al explicar que Seguros Afirme tiene en el mes de octubre un seguro diseñado específicamente para el cáncer de mama con un descuento del diez por ciento y un apoyo de 500 mil pesos en la etapa de primer diagnóstico. 

Paloma Acevedo, subdirectora de Capacitación de la Universidad Afirme y sobreviviente de cáncer de mama, enfatizó que “nadie debería enfrentar una enfermedad sintiéndose solo; detrás de cada diagnóstico hay una persona, una mamá, una hija, una esposa… una persona que tiene esperanza, por ello sumémonos a Ruta Rosa 2026, porque cuando muchas personas hacemos algo pequeño, habremos ayudado a que alguien cumpla sus sueños”.  

En su momento, Carlos Padilla, director ejecutivo de Productos de Afirme Grupo Financiero, compartió que “la labor de la banca es un pacto social. Nuestra labor va más allá de acompañar a los clientes y a la comunidad en la consecución de sus sueños. Cada donativo para la iniciativa Ruta Rosa resulta en solidaridad, empatía y la voluntad de que más personas tengan acceso a información y a prevención. Esto nos suma a nosotros”.  

Por último, Chary González, directora Laboral, Comunicación y Vida de Afirme, habló de un objetivo fundamental con Ruta Rosa: “fortalecer la prevención, ampliar la conversación sobre el cáncer de mama y acompañar con esperanza a quienes enfrentan este problema”. Exhortó a directivos, clientes, autoridades, comunidades y asistentes a “que prevenir sea parte de nuestra vida cotidiana; impulsemos la educación en salud, infórmense, participen, compartan y conviértanse en embajadores con sus familias y círculo cercano”.

Ex responsable de transparencia de OpenAI renuncia y cuestiona la responsabilidad de las empresas de IA

En menos de 48 horas, la industria de la inteligencia artificial ofreció dos visiones opuestas de lo que significa actuar con responsabilidad. El sábado 3 de octubre se conoció la renuncia de David Robinson, quien dirigió el trabajo de transparencia del equipo de seguridad de OpenAI. Su diagnóstico: la empresa avanza demasiado rápido para el nivel de cuidado que exige la tecnología.

Un día después, el director ejecutivo de esa misma compañía, Sam Altman, defendió en una entrevista con Politico que el mundo debe aceptar ciertos daños a cambio de los beneficios de la IA. Leídas juntas, ambas declaraciones plantean una pregunta central para cualquier interesado en gobierno corporativo: ¿quién decide cuánto riesgo es aceptable, y quién paga cuando algo sale mal?

La renuncia: “prueba y error” ya no alcanza

Robinson explicó su salida en un ensayo publicado en The Atlantic. Su crítica no apunta a las personas: reconoce que sus excompañeros son capaces, trabajadores y bienintencionados. Apunta al modelo operativo.

Según Robinson, OpenAI creció con una lógica de ensayo y corrección: lanzar, observar fallas y ajustar. El problema es que el costo de cada error crece junto con las capacidades de los sistemas. Como ejemplo, citó episodios en los que la empresa no logró evitar que su IA se saliera de control durante las pruebas.

Su conclusión es que, al encadenar un lanzamiento tras otro, la compañía no alcanza el nivel de atención necesario. Lo que hace falta, escribió, es algo mucho más cercano a la perfección desde el principio.

El modelo nuclear

La propuesta más concreta del ensayo es que los laboratorios de IA operen como centrales nucleares: varias capas de redundancia y una planeación minuciosa, de modo que un error humano aislado no desemboque en un desastre. Robinson añadió una observación incómoda para el sector: las empresas de IA hoy no saben cómo hacerlo, pero otras industrias sí.

La renuncia no es un caso aislado. Se suma a varias salidas recientes en los grandes laboratorios, incluida la del investigador de Anthropic Jacob Coxon en septiembre, quien también advirtió sobre riesgos catastróficos.

La respuesta de facto: aceptar “cosas malas”

En la entrevista con Decoded, el boletín tecnológico de Politico, Altman sostuvo que los beneficios de la IA justifican tolerar ciertos riesgos. En sus palabras, el mundo debería aceptar que ocurran algunas cosas malas a cambio de esos beneficios y de la autonomía de las personas.

Altman fue explícito: no cambiaría la apertura de la tecnología por una garantía de cero hackeos, cero usos indebidos o cero fraudes. A la vez, aclaró que no acepta los riesgos catastróficos, entre ellos una pérdida grave de control sobre los sistemas.

También marcó distancia con Anthropic. Criticó la idea de que una tecnología tan poderosa quede en manos de un solo laboratorio y defendió que siga siendo ampliamente accesible. Sin embargo, semanas antes había respaldado públicamente el llamado de Dario Amodei, director de Anthropic, a frenar el ritmo de desarrollo de los modelos más avanzados.

Altman no respondió directamente a Robinson. Pero su planteamiento es, en la práctica, la otra cara del debate: donde el exempleado pide casi perfección antes de lanzar, el director ejecutivo propone aceptar daños como parte del costo del progreso.

Responsabilidad corporativa en el entorno de la IA

El choque entre ambas posturas no es filosófico; es un problema clásico de gobierno corporativo. Tres temas lo ilustran.

1. Externalidades sin dueño. Cuando un director ejecutivo dice que la sociedad debe aceptar ciertos daños, está proponiendo que terceros absorban costos que la empresa no paga. Es la definición de una externalidad. En industrias como la química, la farmacéutica o la energía, ese tipo de riesgo se gestiona con responsabilidad legal, seguros obligatorios y supervisión independiente. En la IA, ese andamiaje apenas existe.

2. Quién fija el umbral de riesgo. Altman distingue entre daños “aceptables” (fraudes, mal uso) y catastróficos (pérdida de control). Pero esa línea la traza la propia empresa, que también se beneficia comercialmente de lanzar rápido. La referencia nuclear de Robinson es pertinente: en ese sector, el umbral lo define un regulador externo, no el operador.

3. Las renuncias como señal de alerta. En cualquier empresa, la salida pública y reiterada de personal de control interno (auditoría, cumplimiento, seguridad) es una señal de gobernanza que consejos e inversionistas no deberían ignorar. Que el responsable de transparencia de un equipo de seguridad explique su salida en un medio, y no en un canal interno, sugiere que los mecanismos internos de escalamiento no bastaron.

Cabe matizar: Robinson no acusa a OpenAI de mala fe, y la propia industria ha dado pasos como el llamado de Amodei a moderar el ritmo o la contratación de evaluadores externos. El debate no es entre empresas “buenas” y “malas”, sino entre modelos de gestión del riesgo con consecuencias muy distintas.

OpenAI

Preguntas de RSE y ESG en gestión de riesgo

Consejos de administración

  • ¿Existe un comité con autoridad real para retrasar un lanzamiento por motivos de seguridad?
  • ¿Los equipos de seguridad pueden escalar preocupaciones al consejo sin pasar por la dirección comercial?

Inversionistas y fondos con criterios ESG

  • ¿La empresa publica métricas verificables sobre incidentes, pruebas fallidas y correcciones?
  • ¿La rotación de personal de seguridad se reporta y se explica?

Reguladores y empresas usuarias

  • ¿Quién responde legal y financieramente por los daños que el proveedor considera “aceptables”?
  • ¿Qué estándares de redundancia, auditoría externa y reporte de incidentes deben exigirse, al estilo de los sectores de alto riesgo?

Para las empresas mexicanas que integran estos modelos en sus operaciones, la última pregunta no es abstracta: el riesgo que un proveedor decide aceptar se traslada, por contrato o por reputación, a quien usa su tecnología.

Nos llevamos ala reflexión

La renuncia de Robinson y las declaraciones de Altman retratan la misma tensión desde dos lados: la velocidad comercial frente al deber de cuidado. Mientras la tolerancia al riesgo la defina cada empresa por su cuenta, la pregunta sobre quién asume los costos seguirá abierta. La lección que Robinson toma de la industria nuclear es, en el fondo, una lección de gobierno corporativo: la seguridad no puede depender de la buena voluntad de las personas, sino de sistemas diseñados para cuando esa voluntad falle.

Precios de los alimentos suben a nivel mundial: ¿qué está detrás del repunte?

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El precio de llenar una canasta de alimentos no depende únicamente de lo que ocurre en el campo. Detrás de cada grano, azúcar o producto que llega a una mesa existe una cadena que puede verse afectada por conflictos, clima, energía y transporte. En septiembre, varias de esas presiones coincidieron y volvieron a empujar al alza los precios mundiales de los alimentos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reportó que su índice de precios de los alimentos alcanzó 136 puntos, un incremento de 1.5% frente a agosto. Se trata de su nivel más alto desde noviembre de 2022 y lo acerca nuevamente a niveles que no se observaban desde hace casi cuatro años. Aunque todavía está por debajo del máximo registrado en marzo de 2022, el repunte muestra cómo distintas perturbaciones pueden terminar presionando el costo de alimentos a escala global.

El costo de alimentos vuelve a subir: ¿qué muestran los datos de la FAO?

El Índice de Precios de los Alimentos de la FAO aumentó 2 puntos en septiembre respecto al mes anterior. Este indicador compara mensualmente los precios internacionales de una canasta de productos básicos con su promedio registrado entre 2014 y 2016, periodo establecido como referencia de 100 puntos.

El dato de septiembre resulta relevante porque el índice alcanzó 136 puntos, su mayor nivel desde noviembre de 2022. Sin embargo, todavía se encuentra por debajo de los aproximadamente 160 puntos registrados en marzo de 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania contribuyó a llevar los precios internacionales de los alimentos a niveles extraordinarios.

Más que un movimiento aislado, la FAO identifica una combinación de factores detrás del incremento. Máximo Torero, economista jefe de la organización, señaló que las perturbaciones en el estrecho de Ormuz y el mar Negro se sumaron a los choques climáticos, generando presión sobre la energía, el transporte y los productos alimentarios básicos.

Cereales y azúcar explican buena parte del repunte

Entre los productos que más contribuyeron al aumento se encuentran los cereales. El índice de precios de este grupo creció 5.1% en septiembre frente a agosto y se ubicó 17.2% por encima del nivel registrado un año antes. La FAO relacionó este comportamiento con limitaciones logísticas en la región del mar Negro y condiciones de sequía en América del Norte.

El azúcar también registró un incremento significativo: 6.1% mensual y 14.7% frente a septiembre del año anterior. En este caso, la FAO señaló como factores la disminución de la producción en Tailandia, las fuertes lluvias en Brasil y precipitaciones inferiores a lo normal en India.

Estos movimientos muestran que el costo de alimentos puede responder simultáneamente a problemas que ocurren en regiones muy distantes entre sí. Una menor producción en un país, dificultades para transportar mercancías en otro y condiciones climáticas adversas pueden terminar conectándose dentro de un mismo mercado global.

El costo de alimentos también depende de lo que ocurre fuera del campo

El repunte de septiembre pone sobre la mesa una realidad relevante para las cadenas alimentarias: producir un alimento es solo una parte del proceso. Una vez cosechado, debe almacenarse, transportarse y, en muchos casos, cruzar fronteras antes de llegar a los consumidores. Por ello, cualquier interrupción en rutas estratégicas puede añadir presión sobre su precio.

El estrecho de Ormuz y el mar Negro son ejemplos de cómo la geopolítica puede entrar en la ecuación alimentaria. De acuerdo con la FAO, las perturbaciones en ambas regiones están contribuyendo, junto con los choques climáticos, a ejercer presión sobre energía y transporte. Cuando esos costos aumentan, las cadenas de suministro también pueden resentirlo.

La preocupación no se limita al comportamiento de los precios internacionales. Torero advirtió que, si las presiones mundiales persisten, podrían trasladarse a los precios que pagan los consumidores, particularmente en países que dependen de las importaciones de alimentos y energía.

No todos los alimentos siguieron la misma tendencia

El repunte del índice de la FAO no significa que todos los productos alimentarios hayan aumentado de precio durante septiembre. De hecho, algunos componentes siguieron una trayectoria diferente y ayudaron a moderar parcialmente el incremento general.

Los precios de la carne disminuyeron 1.1% respecto a agosto, debido a una oferta abundante en los principales países exportadores. Los productos lácteos también registraron una reducción, aunque mucho más pequeña: 0.1% en términos mensuales.

Esta diferencia es importante para interpretar el índice. El comportamiento de los precios mundiales de los alimentos es resultado de múltiples mercados y productos que reaccionan de manera distinta ante las condiciones de producción, oferta, transporte y demanda. Por ello, un incremento general no necesariamente se traduce en el mismo movimiento para cada alimento o consumidor.

El repunte registrado en septiembre vuelve a mostrar que la seguridad alimentaria está estrechamente vinculada con factores que van más allá de la producción agrícola. Clima, conflictos, rutas comerciales, energía y logística forman parte de una misma cadena, y una disrupción en cualquiera de estos elementos puede terminar ejerciendo presión sobre los precios.

Para empresas, gobiernos y organizaciones vinculadas con la responsabilidad social, el dato también plantea una señal de atención: las condiciones del mercado internacional pueden tener consecuencias sobre consumidores y comunidades, especialmente en economías dependientes de las importaciones. El desafío no está únicamente en observar cuánto suben los precios, sino en entender qué tan resilientes son las cadenas que hacen posible que los alimentos lleguen a las mesas.