El precio de llenar una canasta de alimentos no depende únicamente de lo que ocurre en el campo. Detrás de cada grano, azúcar o producto que llega a una mesa existe una cadena que puede verse afectada por conflictos, clima, energía y transporte. En septiembre, varias de esas presiones coincidieron y volvieron a empujar al alza los precios mundiales de los alimentos.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reportó que su índice de precios de los alimentos alcanzó 136 puntos, un incremento de 1.5% frente a agosto. Se trata de su nivel más alto desde noviembre de 2022 y lo acerca nuevamente a niveles que no se observaban desde hace casi cuatro años. Aunque todavía está por debajo del máximo registrado en marzo de 2022, el repunte muestra cómo distintas perturbaciones pueden terminar presionando el costo de alimentos a escala global.
El costo de alimentos vuelve a subir: ¿qué muestran los datos de la FAO?
El Índice de Precios de los Alimentos de la FAO aumentó 2 puntos en septiembre respecto al mes anterior. Este indicador compara mensualmente los precios internacionales de una canasta de productos básicos con su promedio registrado entre 2014 y 2016, periodo establecido como referencia de 100 puntos.
El dato de septiembre resulta relevante porque el índice alcanzó 136 puntos, su mayor nivel desde noviembre de 2022. Sin embargo, todavía se encuentra por debajo de los aproximadamente 160 puntos registrados en marzo de 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania contribuyó a llevar los precios internacionales de los alimentos a niveles extraordinarios.

Más que un movimiento aislado, la FAO identifica una combinación de factores detrás del incremento. Máximo Torero, economista jefe de la organización, señaló que las perturbaciones en el estrecho de Ormuz y el mar Negro se sumaron a los choques climáticos, generando presión sobre la energía, el transporte y los productos alimentarios básicos.
Cereales y azúcar explican buena parte del repunte
Entre los productos que más contribuyeron al aumento se encuentran los cereales. El índice de precios de este grupo creció 5.1% en septiembre frente a agosto y se ubicó 17.2% por encima del nivel registrado un año antes. La FAO relacionó este comportamiento con limitaciones logísticas en la región del mar Negro y condiciones de sequía en América del Norte.
El azúcar también registró un incremento significativo: 6.1% mensual y 14.7% frente a septiembre del año anterior. En este caso, la FAO señaló como factores la disminución de la producción en Tailandia, las fuertes lluvias en Brasil y precipitaciones inferiores a lo normal en India.
Estos movimientos muestran que el costo de alimentos puede responder simultáneamente a problemas que ocurren en regiones muy distantes entre sí. Una menor producción en un país, dificultades para transportar mercancías en otro y condiciones climáticas adversas pueden terminar conectándose dentro de un mismo mercado global.
El costo de alimentos también depende de lo que ocurre fuera del campo
El repunte de septiembre pone sobre la mesa una realidad relevante para las cadenas alimentarias: producir un alimento es solo una parte del proceso. Una vez cosechado, debe almacenarse, transportarse y, en muchos casos, cruzar fronteras antes de llegar a los consumidores. Por ello, cualquier interrupción en rutas estratégicas puede añadir presión sobre su precio.
El estrecho de Ormuz y el mar Negro son ejemplos de cómo la geopolítica puede entrar en la ecuación alimentaria. De acuerdo con la FAO, las perturbaciones en ambas regiones están contribuyendo, junto con los choques climáticos, a ejercer presión sobre energía y transporte. Cuando esos costos aumentan, las cadenas de suministro también pueden resentirlo.
La preocupación no se limita al comportamiento de los precios internacionales. Torero advirtió que, si las presiones mundiales persisten, podrían trasladarse a los precios que pagan los consumidores, particularmente en países que dependen de las importaciones de alimentos y energía.

No todos los alimentos siguieron la misma tendencia
El repunte del índice de la FAO no significa que todos los productos alimentarios hayan aumentado de precio durante septiembre. De hecho, algunos componentes siguieron una trayectoria diferente y ayudaron a moderar parcialmente el incremento general.
Los precios de la carne disminuyeron 1.1% respecto a agosto, debido a una oferta abundante en los principales países exportadores. Los productos lácteos también registraron una reducción, aunque mucho más pequeña: 0.1% en términos mensuales.
Esta diferencia es importante para interpretar el índice. El comportamiento de los precios mundiales de los alimentos es resultado de múltiples mercados y productos que reaccionan de manera distinta ante las condiciones de producción, oferta, transporte y demanda. Por ello, un incremento general no necesariamente se traduce en el mismo movimiento para cada alimento o consumidor.
El repunte registrado en septiembre vuelve a mostrar que la seguridad alimentaria está estrechamente vinculada con factores que van más allá de la producción agrícola. Clima, conflictos, rutas comerciales, energía y logística forman parte de una misma cadena, y una disrupción en cualquiera de estos elementos puede terminar ejerciendo presión sobre los precios.
Para empresas, gobiernos y organizaciones vinculadas con la responsabilidad social, el dato también plantea una señal de atención: las condiciones del mercado internacional pueden tener consecuencias sobre consumidores y comunidades, especialmente en economías dependientes de las importaciones. El desafío no está únicamente en observar cuánto suben los precios, sino en entender qué tan resilientes son las cadenas que hacen posible que los alimentos lleguen a las mesas.












