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¿Muebles sostenibles a costa de los bosques? IKEA enfrenta acusaciones por el origen de su madera

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La sostenibilidad de un mueble no depende únicamente de su diseño, durabilidad o posibilidad de reciclaje. También importa cómo se obtienen sus materias primas y qué consecuencias tiene su extracción sobre los ecosistemas. Esta cuestión está en el centro de las acusaciones que Greenpeace ha dirigido contra IKEA, a la que señala por abastecerse de madera vinculada con la destrucción de bosques europeos de alto valor ecológico, pese a sus compromisos públicos con la gestión forestal responsable.

Las denuncias de Greenpeace se suman a investigaciones anteriores de otras organizaciones y ponen bajo escrutinio no solo el origen de la madera de IKEA, sino también la eficacia de sus certificaciones y su capacidad para convertir sus compromisos ambientales en resultados verificables.

¿Qué denunció Greenpeace sobre la madera de IKEA?

En octubre de 2026, Greenpeace International publicó el informe El manual que falta: lo que IKEA debe hacer para proteger los bosques de Europa. La investigación cuestiona la distancia entre las ambiciones ambientales de la compañía y sus prácticas de abastecimiento, y sostiene que sus mecanismos actuales no garantizan la protección de los bosques con mayor biodiversidad.

Uno de los casos documentados por Greenpeace Rumanía se encuentra en los montes Cárpatos. En el bosque de Rusca Montană, un área considerada para una posible protección estricta a principios de 2025, los investigadores encontraron evidencias de tala rasa durante 2026, antes de que las medidas de conservación pudieran entrar en vigor. La organización vinculó la madera de esa zona con productos comerciales de IKEA, entre ellos la cama SNIGLAR y el taburete BEKVÄM.

El señalamiento expone un problema que va más allá de la legalidad de una operación forestal: un bosque puede ser talado legalmente y, aun así, sufrir una pérdida ecológica difícil de revertir. Si la regulación no protege a tiempo los ecosistemas de alto valor, cumplir la normativa no necesariamente equivale a una gestión sostenible.

Greenpeace sostiene que IKEA debe dejar de adquirir madera de bosques con alta biodiversidad que reúnan condiciones para ser protegidos. También pide objetivos corporativos de biodiversidad medibles para 2030, supervisión de la salud de los ecosistemas y una mayor alineación entre la influencia política de la compañía y sus compromisos ambientales.

Para la organización, el tamaño de IKEA le otorga capacidad para transformar las prácticas de la industria, pero también aumenta su responsabilidad sobre las consecuencias de su demanda.

Las acusaciones contra IKEA no comenzaron con Greenpeace

Las denuncias recientes forman parte de una controversia más amplia sobre el abastecimiento forestal de la compañía. En años anteriores, otras organizaciones ambientalistas cuestionaron la procedencia de la madera y los efectos de las prácticas de tala vinculadas con su cadena de suministro.

Entre los antecedentes destacan dos investigaciones:

  • Earthsight: la organización británica acusó a IKEA de comercializar sillas de haya fabricadas con madera talada ilegalmente.
  • Agent Green y Bruno Manser Fonds: en 2024, ambas organizaciones publicaron un informe sobre presuntas prácticas destructivas de tala en bosques rumanos propiedad de IKEA o de los que obtiene madera.

Estos señalamientos no deben confundirse con una resolución judicial que determine responsabilidades en todos los casos. Sin embargo, su recurrencia plantea una cuestión relevante para la gestión ESG: ¿son suficientes los controles que una empresa establece sobre sus proveedores cuando persisten denuncias relacionadas con el origen de sus materias primas?

La discusión no se resuelve únicamente comprobando si la madera cuenta con documentación o certificaciones. También exige evaluar si las prácticas forestales preservan la biodiversidad, permiten la regeneración de los bosques y evitan daños irreversibles.

¿Cuánta madera consume IKEA y de dónde procede?

La dimensión del negocio permite entender por qué el caso tiene implicaciones que trascienden a una sola empresa. Según los datos correspondientes al ejercicio fiscal 2025, los proveedores de IKEA procesaron aproximadamente 14.7 millones de metros cúbicos de madera redonda equivalente para fabricar sus productos.

Entre los principales datos de su abastecimiento destacan:

  • 14.7 millones de metros cúbicos: volumen de madera redonda equivalente procesado por sus proveedores durante el ejercicio fiscal 2025.
  • 81% de fibras vírgenes: proporción del volumen total utilizado, frente a un 19% de fibras recicladas.
  • 81% de la madera virgen procede de Europa: Polonia y Lituania figuran entre los principales países de origen.
  • 69% de los materiales derivados de la madera son compuestos: el 25% corresponde a madera maciza y el 5% restante incluye otros materiales, como papel y revestimientos a base de papel.
  • 96.5% de la madera y el papel cuenta con certificación FSC o es reciclado: según el informe de sostenibilidad de IKEA.

Estas cifras muestran dos caras del modelo. Por un lado, la compañía dispone de mecanismos de certificación y utiliza materiales reciclados. Por otro, mantiene una elevada dependencia de fibras vírgenes, lo que hace indispensable evaluar no solo su procedencia, sino también las condiciones ecológicas de los lugares de extracción.

El dato del 96.5% tampoco demuestra, por sí solo, que toda la madera utilizada esté libre de impactos negativos. Las certificaciones pueden contribuir a verificar determinados criterios de gestión forestal, pero no sustituyen la evaluación de cada ecosistema ni eliminan automáticamente los riesgos de biodiversidad.

madera de IKEA

¿Qué responde IKEA a las acusaciones?

IKEA rechaza varias de las conclusiones del informe de Greenpeace, aunque reconoce la importancia del debate sobre la biodiversidad.

En declaraciones enviadas por correo electrónico a Supply Chain Dive, la compañía señaló: «Hemos analizado el informe de Greenpeace y acogemos con satisfacción el debate sobre cómo mejorar los resultados en materia de biodiversidad». Al mismo tiempo, expresó su desacuerdo con diversas conclusiones, al considerar que no reflejan plenamente el trabajo que implica su enfoque de abastecimiento.

La empresa afirma contar con un sistema integral de control de la madera y sostiene que no acepta materiales procedentes de talas ilegales, bosques no comerciales de alto valor de conservación, zonas con conflictos sociales o plantaciones de árboles genéticamente modificados.

Entre sus principales medidas se encuentran:

  • Trazabilidad: exige a sus proveedores rastrear el origen de la madera, presentar informes tres veces al año y proporcionar información adicional cuando se solicita.
  • Planes de abastecimiento: requiere que los proveedores presenten anualmente planes de adquisición para identificar y mitigar riesgos.
  • Verificación del origen: afirma haber continuado implementando métodos forenses para comprobar la procedencia de la madera durante el ejercicio fiscal 2025.
  • Investigación forestal: en 2025 anunció una colaboración con el Instituto Forestal Europeo y Preferred by Nature para destinar 16,000 hectáreas de bosque a investigaciones sobre gestión forestal, resiliencia y biodiversidad.
  • Gestión de terrenos: informó de la adquisición de aproximadamente 8,000 hectáreas de terrenos forestales en Letonia para facilitar el acceso de sus proveedores a madera que cumpla sus requisitos.

Estas acciones son relevantes y deben reconocerse al evaluar la estrategia ambiental de la compañía. No obstante, la existencia de políticas y controles no demuestra automáticamente que todos los riesgos estén bajo control.

La denuncia de Greenpeace plantea precisamente esa diferencia: IKEA puede disponer de procedimientos formales de abastecimiento y, aun así, enfrentar problemas para impedir que madera vinculada con bosques ecológicamente valiosos llegue a sus productos. La respuesta corporativa, por tanto, debe evaluarse tanto por sus políticas como por los resultados ambientales que consigue producir.

¿Son suficientes las certificaciones para garantizar una madera sostenible?

El caso de IKEA evidencia una limitación importante en la evaluación corporativa de la sostenibilidad: cumplir los requisitos de abastecimiento no equivale necesariamente a demostrar que una cadena de suministro protege la biodiversidad.

Las certificaciones forestales ayudan a establecer estándares, mejorar la trazabilidad y promover prácticas de gestión responsable. Sin embargo, su alcance depende de los criterios aplicados, la calidad de las auditorías y la capacidad para identificar riesgos que cambian con el tiempo.

El episodio de Rusca Montană ilustra la dimensión temporal del problema. Si un bosque se tala antes de que entre en vigor su protección legal, una operación puede ajustarse a la normativa vigente y, al mismo tiempo, contribuir a eliminar un ecosistema que las autoridades consideraban necesario conservar.

Esto no significa que toda tala sea incompatible con la sostenibilidad. La extracción de madera puede formar parte de una gestión forestal responsable cuando respeta los límites ecológicos, permite la regeneración y conserva la biodiversidad. El problema aparece cuando la demanda comercial prevalece sobre la protección de ecosistemas irremplazables.

Para una empresa de la escala de IKEA, la evaluación debería ir más allá del porcentaje de madera certificada o reciclada. También tendría que informar sobre el estado ecológico de las zonas de origen, los incidentes detectados, las medidas correctivas y los resultados obtenidos. La transparencia debe permitir comprobar el desempeño real, no únicamente conocer las políticas de la compañía.

madera de IKEA

¿Qué debería cambiar IKEA para hacer más sostenible su modelo de negocio?

La magnitud del consumo de madera de IKEA le otorga una capacidad considerable para influir en el sector forestal. Pero esa misma escala exige una responsabilidad proporcional a los riesgos de su actividad.

Para fortalecer su estrategia, la compañía debería avanzar en cuatro frentes:

  1. Proteger los ecosistemas antes de que ocurra el daño. Establecer criterios preventivos que excluyan bosques de alto valor ecológico, incluso cuando todavía no cuenten con protección legal formal.
  2. Publicar resultados ambientales verificables. Informar sobre las condiciones de los bosques de origen, los incidentes detectados, las medidas correctivas y la evolución de sus indicadores de biodiversidad.
  3. Reducir la dependencia de materias primas vírgenes. Ampliar la recuperación de materiales, la reparación de muebles, la reutilización de componentes y el diseño para desmontaje, con el objetivo de disminuir la demanda de madera nueva.
  4. Vincular la gobernanza con objetivos de biodiversidad. Establecer metas para 2030, responsables identificables, plazos y mecanismos públicos de rendición de cuentas, además de incorporar el riesgo ecológico en las decisiones de compra.

Greenpeace también pide que IKEA utilice su influencia para respaldar marcos de conservación más ambiciosos, incluida la protección de al menos el 30% de las tierras para 2030, con un 10% bajo protección estricta.

Estos cambios no implican descartar las medidas que IKEA ya ha desarrollado. La trazabilidad, las certificaciones y la investigación forestal son herramientas útiles. La cuestión es si están integradas en un sistema capaz de evitar impactos graves y corregir las prácticas que los generan.

IKEA y la sostenibilidad: avances reales, pero una prueba pendiente

Evaluar a IKEA exige reconocer tanto sus iniciativas como las limitaciones que las denuncias ponen de manifiesto. La compañía ha establecido controles de abastecimiento, utiliza madera certificada o reciclada en la gran mayoría de sus materiales forestales y participa en proyectos de investigación sobre gestión y biodiversidad. Son medidas que pueden contribuir a mejorar el desempeño del sector.

Sin embargo, sus cifras de consumo y la recurrencia de los señalamientos de distintas organizaciones plantean dudas sobre la capacidad de sus controles para proteger los ecosistemas más vulnerables. Las denuncias no demuestran que toda la madera de IKEA sea insostenible, pero los porcentajes de certificación tampoco bastan para descartar los riesgos identificados.

El verdadero examen consiste en demostrar que el poder de compra de la compañía puede utilizarse para reducir la presión sobre los bosques, en lugar de limitarse a garantizar el suministro de materias primas. Esto requiere no solo rastrear la madera hasta su origen, sino también establecer dónde no debe extraerse, aunque hacerlo resulte comercialmente conveniente.

Para los profesionales ESG, la lección es clara: una estrategia de abastecimiento responsable debe evaluarse por los resultados que produce en los ecosistemas, no exclusivamente por sus políticas, certificaciones o compromisos públicos. Si IKEA quiere convertir su escala en una ventaja para la sostenibilidad forestal, tendrá que demostrar que proteger la biodiversidad es una condición de su modelo de negocio y no una aspiración que compite con sus necesidades de producción.

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