El diseño de las redes sociales está bajo creciente escrutinio judicial en Estados Unidos. Snapchat y Meta deberán defender sus plataformas ante acusaciones que vinculan ciertas funciones digitales con el uso compulsivo y el deterioro de la salud mental adolescente. El proceso podría marcar un precedente para miles de litigios que buscan establecer hasta qué punto las empresas tecnológicas deben responder por los riesgos asociados con sus productos.
La relevancia del caso va más allá de las posibles sanciones económicas: pone en el centro de la discusión un modelo de negocio que monetiza la atención y utiliza mecanismos para incentivar la interacción constante. Para la industria, el desafío será demostrar que la seguridad de los usuarios, especialmente de los menores, puede prevalecer sobre los incentivos comerciales que favorecen su permanencia en las plataformas.
¿De qué acusan a Snapchat y Meta en el nuevo juicio?
Las demandantes, identificadas en documentos judiciales como S.J., de 16 años, y K.D.B., de 18, aseguran que comenzaron a utilizar YouTube cuando tenían entre tres y cuatro años y otras plataformas alrededor de los nueve.
Según sus demandas, funciones como la reproducción automática, el desplazamiento infinito y las rachas de interacción contribuyeron a un uso compulsivo de las aplicaciones. Ambas jóvenes relacionan esa experiencia con depresión, ansiedad y trastornos alimentarios. También declararon haber pasado noches enteras navegando por redes sociales, perder la concentración en clase y recurrir a autolesiones mediante métodos que habían visto en videos.
Los casos se presentaron en 2023 contra Meta, Snap, TikTok y YouTube. TikTok y YouTube alcanzaron acuerdos extrajudiciales antes del juicio, al igual que Meta con la demandante de Illinois. El proceso actual examina las reclamaciones contra Snap de ambas jóvenes y la demanda contra Meta de la adolescente de Misisipi.

Las demandantes solicitan indemnizaciones por daños y perjuicios y daños punitivos, aunque no han especificado las cantidades. Se prevé que declaren el director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg; el responsable de Instagram, Adam Mosseri, y el director ejecutivo de Snap, Evan Spiegel.
¿Cómo funcionan las características cuestionadas y qué responden las empresas?
La controversia se concentra en funciones que pueden incentivar el uso prolongado o frecuente de las aplicaciones. El desplazamiento infinito elimina las pausas naturales entre contenidos; la reproducción automática reduce la necesidad de decidir si se continúa viendo, y las rachas pueden incentivar visitas repetidas para mantener una interacción.
Estas características no demuestran por sí solas que una plataforma provoque una adicción clínica. Sin embargo, las demandantes sostienen que su combinación favoreció hábitos compulsivos y contribuyó a sus problemas de salud mental. La cuestión judicial será determinar si las empresas actuaron con negligencia y qué relación existe entre el diseño de sus servicios y los daños alegados.
Meta rechaza las acusaciones y sostiene que la salud mental de los jóvenes depende de múltiples factores. Su defensa también señala que la demandante de Illinois utilizaba TikTok mucho más que Instagram o Facebook y que sus circunstancias personales influyeron en sus dificultades.
Snap argumenta que Snapchat se diferencia de otras redes porque no abre directamente con un flujo de publicaciones clasificadas. La compañía afirma que ha implementado medidas de seguridad y sostiene que las acusaciones tergiversan tanto las experiencias de sus usuarios como el diseño de su servicio.
Por su parte, Emily Jeffcott, abogada de la demandante de Misisipi, anticipó que presentaría pruebas sobre los riesgos de los flujos infinitos, la reproducción automática y las rachas de interacción, así como sobre la forma en que Meta y presuntamente Snap implementaron estas funciones.
¿Por qué la demanda vs Snapchat podría influir en miles de litigios?
La demanda vs Snapchat forma parte de un conjunto de más de 3,000 reclamaciones presentadas por particulares y otras partes, consolidadas ante el Tribunal Superior de Los Ángeles. Algunos casos fueron seleccionados como procesos piloto, cuyos veredictos pueden influir en las negociaciones y estrategias legales del resto, aunque no determinan automáticamente su resultado.
El juicio llega después de un precedente relevante. En marzo, un jurado de Los Ángeles falló a favor de una joven identificada como Kaley G. M. y determinó que Meta y YouTube habían actuado con negligencia, condenándolas a pagar seis millones de dólares en daños y perjuicios.
Las empresas tecnológicas han argumentado que la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones de 1996 las protege frente a reclamaciones relacionadas con contenidos publicados por usuarios. Sin embargo, el juez del caso determinó que esa disposición no impedía continuar con las demandas centradas en el diseño de las plataformas.
La distinción es importante: las reclamaciones no se limitan a preguntar quién es responsable de un video o una publicación, sino si determinadas decisiones de diseño pueden generar riesgos previsibles para los usuarios. Meta y Snap también solicitaron que los casos se separaran en juicios distintos, al considerar que un proceso conjunto podría confundir al jurado; la jueza Carolyn Kuhl aún debe resolver esa petición.

Redes sociales y responsabilidad empresarial: ¿por qué las demandas no cambian el modelo?
La demanda vs Snapchat evidencia una tensión estructural de la industria: las plataformas obtienen valor comercial de la atención de sus usuarios, mientras que las consecuencias de un uso problemático pueden recaer sobre las personas, sus familias y los sistemas de salud.
En los modelos financiados por publicidad, el tiempo de permanencia y la interacción pueden contribuir a generar ingresos. Esto crea incentivos para desarrollar experiencias que favorezcan el regreso frecuente y prolonguen las sesiones. El problema no consiste en afirmar que toda interacción digital es perjudicial, sino en determinar qué ocurre cuando las decisiones de diseño priorizan el crecimiento y la retención sin gestionar suficientemente los riesgos para la salud y el bienestar.
Los litigios pueden obligar a las compañías a revelar información, defender sus decisiones ante un jurado y asumir consecuencias económicas si se acredita su responsabilidad. Sin embargo, las indemnizaciones no garantizan por sí mismas una transformación del producto. Una empresa puede pagar por los daños de un caso sin modificar los incentivos que contribuyeron a generarlos.
Desde una perspectiva ESG, la respuesta exige algo más que herramientas de control parental o campañas de bienestar digital. También implica evaluar los riesgos de las funciones, incorporar la protección de menores desde el diseño, ofrecer controles efectivos sobre las recomendaciones y las notificaciones, y transparentar los resultados de las medidas de seguridad.
La demanda vs Snapchat podría convertirse en otro punto de referencia para determinar hasta dónde llega la responsabilidad de las plataformas por el diseño de sus servicios. Pero el desafío para la industria es más amplio que ganar o perder un juicio: consiste en demostrar que la seguridad de los usuarios puede tener un peso real en las decisiones de producto, incluso cuando limitar ciertas dinámicas de interacción entra en tensión con los objetivos comerciales.
Mientras miles de reclamaciones avanzan, el cambio de fondo dependerá de que la protección de los usuarios deje de tratarse únicamente como una respuesta a las crisis y se incorpore a los criterios con los que las empresas diseñan, evalúan y monetizan sus plataformas.












