A veces, las nuevas ideas surgen de los lugares más inesperados. El primer aeroplano se concibió en el garaje de una pequeña ciudad del estado de Ohio, Estados Unidos. La ciencia genética nació en un monasterio de Moravia.
Hoy, en un rincón remoto de la Amazonía, un grupo de visionarios pragmáticos cree haber encontrado respuesta al problema que durante años ha desconcertado a científicos y ambientalistas: cómo proteger la selva húmeda de la Amazonía y mejorar al mismo tiempo la calidad de vida de la gente que la habita.
Se trata de un grupo de idealistas pero no de ideólogos. En muchos casos, sus ideas desafían las posturas del ambientalismo tradicional. Por ejempl no rechazan la tala de árboles. Tampoco se oponen a la ganadería a gran escala y a la construcción de carreteras o centros industriales, siempre y cuando estas actividades se practiquen de manera sostenible.
Los nuevos idealistas son funcionarios gubernamentales, líderes comunitarios y de la sociedad civil y empresarios del estado de Acre, en la región occidental de Brasil. Se han comprometido a proteger la selva húmeda y a sus habitantes. Pero conocen bien la complicada realidad del lugar donde viven. Muchos de ellos son veteranos de los conflictos sociales y medioambientales que acabaron con la vida de Chico Mendes. Han sido testigos de cambios dramáticos en la Amazonía, y saben que otros mayores están por venir: nueva infraestructura, nuevas tecnologías agrícolas y el creciente apetito externo por materias primas que la Amazonía puede proporcionar.

Al participar en la XIX Convención del Mercado de Valores, Carlos Slim Helú criticó a los bancos por aplicar excesivos niveles en las tasas de interés de las tarjetas de crédito. Indicó que dichas tasas son más de 10 veces de lo que se capta, por lo que son impagables.
