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Mujeres profesionales: la mitad deja el trabajo cuando son madres

Es porque no pueden conciliar la familia con el mundo laboral. El 60% de la mujeres que tienen hijos trabajan, pero la mayoría en empleos informales. Sólo 8 de cada 100 ocupan puestos profesionales. Las posiciones estratégicas son aún masculinas.

Siglo XXI. Increíblemente, las mujeres deben seguir luchando contra prejuicios que las ubican en puestos no calificados o mal pagos. Y si encima la mujer tiene hijos, todo se complica mucho más: las madres no sólo están en desventaja laboral con respecto a los hombres, sino también con aquellas mujeres que no tienen hijos. Tan sólo un ejemplo: el 8% de las madres se desempeñan en tareas profesionales, contra el 16% de las que no lo son.

Los datos del Anuario de la Maternidad 2008 sobre la Situación Laboral de las Madres en la Argentina se basan en la Encuesta Permanente de Hogares y fueron procesados por la Fundación Observatorio de la Maternidad, un centro de estudios sin fines de lucro que busca promover el valor social de la maternidad. En el prólogo citan a Jane Haaland, ex secretaria de Asuntos Externos de Noruega y madre de 4 hijos, que habla de “millones de madres atrapadas entre las exigencias de un trabajo organizado a medida de los hombres y las exigencias que se derivan de la maternidad”.

“Conciliar la maternidad con el trabajo es el problema social contemporáneo más importante. Las mujeres están incorporadas al trabajo definitivamente, falta que el sistema laboral sea compatible con la familia”, dice Irene Meler, del Foro de Psicología y Género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires. Será por eso que trabaja el 79,2% de las mujeres, contra el 61,2% de las madres. Pero las madres que trabajan aportan al hogar el 47,6% del ingreso total. Casi tanto como el hombre. Sostienen las autoras del Anuario -las politólogas Carina Lupica y Gisell Cogliandro-: “En los 90 hubo un gran incremento de la participación de las madres en el mercado de trabajo, por el aumento del desempleo y la reducción de los ingresos en los hogares”.

El estudio sostiene que “la mayoría de las madres tiene empleo de baja calidad y repercute en su bienestar y el de su familia”. El 39,7% tiene un empleo informal, mientras que el 20,4% trabaja en el servicio doméstico. Es decir, para el 60% de las madres las condiciones laborales son desfavorables. Sólo 8 de cada 100 mamás ocupan un puesto profesional. Y el 2,8% son dueñas o socias de su empresa. De las profesionales, la mitad debe abandonar su trabajo al ser madre por no poder conciliar ambas responsabilidades. “La maternidad sigue siendo un obstáculo. Las posiciones estratégicas aún tienen voz de varón”, asegura María Amelia Videla, gerente de Responsabilidad Social y Asuntos Públicos de la agencia de empleos Manpower (tiene el programa La mujer en la empresa contemporánea): “El futuro está en las compañías que permitan la conciliación laboral y familiar. Los jóvenes buscan eso. Y las empresas que quieran tenerlos deberán adecuarse”. En el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo trabajan en la Red de Empresas por la Diversidad. “Hablamos de la ganancia de contar con mujeres, desterramos prejuicios como que faltan más, y de la importancia de guarderías y lactarios. Los hijos son responsabilidad de todos, no solo de las madres”, dice su titular, María José Lubertino. Para Graciela Morgade, directora de la carrera Ciencias de la Educación de la UBA, los horarios educativos no están pensados para las familias: “Hay muy pocos jardines maternales y la jornada simple no sirve, porque ningún trabajo tiene el horario tan flexible. En Suecia hay casas de cuidado de día que completan el horario escolar. Las políticas públicas deben estar pensadas para el cuidado infantil”. La mitad de las asalariadas no está registrada (no tienen aportes jubilatorios ni cobertura médica, ni vacaciones…). El bajo nivel educativo de las madres las ubica desfavorablemente en el mercado de trabajo. Y son muchas: el 42,2% no terminó el secundario. Mabel Bianco, presidenta de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer, dice que habría que adoptar la universalización del subsidio a embarazadas independientemente de si son o no trabajadoras y si el trabajo es formal, informal o precario: “Lo primero es acabar con la brecha entre ricos y pobres, que es lo que provoca desigualdad”.

Concluye el Anuario: “La maternidad responde a una necesidad social básica, la renovación intergeneracional. En consecuencia, excede el ámbito privado para cobrar una dimensión social, cultural e histórica: una madre da vida a un individuo y lo forma como ciudadano”. Agrega: “Dos tercios de los chicos se están criando con otras personas que no son sus madres”. Tema discutible. Otro debate.

Fuente: Clarín.com

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