La IA no será ilimitada: los riesgos ESG que ya ponen límites a las empresas

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La Inteligencia Artificial ha sido presentada como una infraestructura infinita: disponible bajo demanda, escalable y capaz de resolver desde eficiencias operativas hasta desafíos complejos de negocio. Bajo esa lógica, muchas empresas han diseñado estrategias asumiendo que su acceso a la IA será permanente, asequible y creciente. Pero esa premisa comienza a fracturarse.

Hoy, en medio de tensiones energéticas, presión regulatoria, debates laborales y límites ambientales, emerge una pregunta incómoda: ¿qué pasa si la IA deja de ser abundante? En ese escenario, los riesgos ESG dejan de ser un marco reputacional para convertirse en un factor crítico de continuidad operativa. Y quizá, en esa intersección, se juegue una de las conversaciones más relevantes para el futuro empresarial.

Cuando la IA deja de parecer infinita

De acuerdo con Eco-Business, durante mucho tiempo, las empresas evaluaron la adopción tecnológica bajo una lógica de oportunidad, no de escasez. La IA era vista como una promesa de productividad, automatización y crecimiento, rara vez como un recurso vulnerable. Sin embargo, energía, agua, datos y legitimidad social son insumos finitos, y la IA depende de todos ellos.

Los líderes corporativos han aprendido a hacer pruebas de estrés para enfrentar crisis climáticas, interrupciones logísticas o shocks geopolíticos. Pero pocas organizaciones aplican esa misma disciplina a la Inteligencia Artificial. Ese vacío es llamativo, especialmente cuando la dependencia tecnológica crece más rápido que la preparación para gestionarla.

No se trata de cuestionar la adopción de IA, sino de asumir que su despliegue no ocurre en el vacío. Está condicionado por tensiones sociales, ambientales y políticas que pueden redefinir su acceso. Ahí es donde los riesgos ESG empiezan a marcar límites concretos.

 riesgos ESG

Riesgos ESG: el trilema que puede redefinir el acceso a la IA

Hablar de IA responsable ya no se reduce a sesgos algorítmicos o ética digital. Hoy el debate pasa también por un trilema más amplio: impacto ambiental, desplazamiento laboral y aumento de desigualdades. Ignorar cualquiera de esos frentes podría traducirse en restricciones reales para operar.

Los centros de datos consumen enormes volúmenes de electricidad y agua; los proyectos enfrentan oposición social; sindicatos cuestionan automatizaciones que eliminan empleos; gobiernos comienzan a explorar controles más estrictos. Todo ello configura un entorno donde el acceso a la IA puede volverse más caro, más limitado o más político.

Lejos de ser variables periféricas, estos son riesgos ESG con potencial financiero y estratégico. Como ocurrió con el carbono, podrían pasar rápidamente de externalidades ignoradas a factores que transformen mercados enteros.

Tres escenarios para un futuro que ya no es lineal

Pensar en un solo futuro es, quizás, el mayor riesgo. Así como las empresas modelan distintos escenarios climáticos, hoy comienzan a emerger tres posibles futuros para la IA que exigen preparación.

El primero es el escenario base: IA abundante y asequible. Es el supuesto sobre el que operan muchas compañías. Pero también puede ser el más frágil si se sostiene sin cuestionamientos.

Un segundo escenario contempla una IA disponible, pero costosa. Aquí el cómputo se encarece, los recursos se tensionan y la IA empieza a comportarse como un activo premium. Grandes corporativos conservan acceso, mientras medianas y pequeñas empresas quedan rezagadas.

El tercer escenario es el más disruptivo: una IA racionada o soberana. Restricciones gubernamentales, fragmentación por geopolítica de datos o controles por seguridad nacional podrían convertirla en un recurso estratégico, no universal. Para muchas organizaciones, esto cambiaría por completo sus modelos operativos.

Productividad a costa de resiliencia

Existe una paradoja creciente: las empresas que más aceleran la integración de IA podrían ser también las más expuestas si su disponibilidad cambia. Optimizar todo para eficiencia puede debilitar la continuidad del negocio cuando las condiciones dejan de ser ideales.

Si los costos tecnológicos se disparan, las organizaciones que sustituyeron capacidades humanas por dependencia algorítmica podrían enfrentar un doble impacto: mayores costos y menor capacidad de adaptación. La productividad, sin resiliencia, puede convertirse en vulnerabilidad.

Este es un cambio profundo de enfoque. La conversación ya no es cuánto valor genera la IA, sino qué tan resistente es un negocio si ese valor se vuelve intermitente. Y ahí la planeación estratégica adquiere otra dimensión.

Riesgos ESG y la nueva licencia para operar

La licencia para operar ya no se define solo por cumplimiento normativo o reputación corporativa. También depende de cómo una empresa gestiona los efectos sociales y ambientales de tecnologías emergentes. Las organizaciones que incorporen desde ahora el trilema de la IA responsable podrán reducir costos, anticipar regulaciones y proteger legitimidad. No es solo prevención; es una ventaja competitiva.

Aquí los consejos de administración tienen un papel decisivo. Las preguntas cambian: ¿qué ocurre si se duplican los costos computacionales? ¿qué pasa si un proveedor estratégico deja de operar? ¿qué sucede si clientes y empleados perciben que la IA profundiza desigualdades?

Tratar estos desafíos como riesgos ESG estratégicos, y no como discusiones periféricas, puede marcar la diferencia entre liderar la transición o reaccionar tarde.

La cadena de suministro ahora también es algorítmica

Durante décadas, las empresas aprendieron a hacer debida diligencia sobre proveedores físicos. Hoy ese mismo rigor necesita extenderse a los proveedores de IA, modelos fundacionales, infraestructura digital y soberanía de datos.

La dependencia algorítmica también es una cadena de suministro, aunque muchas organizaciones aún no la tratan como tal. ¿Quién controla los modelos? ¿Dónde están los centros de cómputo? ¿Qué vulnerabilidades regulatorias existen? Son preguntas cada vez más materiales.

La resiliencia futura no dependerá solo de diversificar insumos tradicionales, sino también de entender que la infraestructura de IA puede sufrir interrupciones, restricciones o disputas geopolíticas. Ignorarlo sería repetir errores que otros riesgos sistémicos ya enseñaron.

Del entusiasmo tecnológico a la gobernanza estratégica

Quizá el mayor cambio no es tecnológico, sino cultural. Durante años, la conversación sobre IA ha estado dominada por innovación y velocidad. Ahora comienza a desplazarse hacia gobernanza, límites y responsabilidad.

Eso no implica frenar la adopción, sino madurarla. Las empresas que integren escenarios, resiliencia y gestión de impactos estarán mejor posicionadas para capturar beneficios sin comprometer continuidad ni legitimidad.

Porque el debate de fondo no es si la IA transformará los negocios. Eso ya ocurre. La pregunta es si las organizaciones están preparadas para un mundo donde ese acceso no sea ilimitado. Y en esa respuesta, los riesgos ESG podrían dejar de ser una advertencia para convertirse en una hoja de ruta.

La gran disrupción no sería que la Inteligencia Artificial avance más rápido de lo esperado, sino que las empresas sigan construyendo estrategias como si su acceso fuera un hecho garantizado. La historia de los negocios muestra que ningún recurso crítico es infinito cuando entran en juego presiones sociales, límites ambientales y regulación.

Mirar la IA como una variable estratégica de riesgo —como hoy se mira el clima, el agua o la cadena de suministro— no es una postura defensiva; es una decisión de largo plazo. Porque las compañías que entiendan esto no solo estarán preparadas para escenarios complejos, también ayudarán a definir una adopción tecnológica más sostenible. Y esa puede ser, al final, la verdadera innovación.

Reforestalia es reconocida y potencia su alianza con Grupo Restaurantero Gigante en reforestación y voluntariado

Reforestalia, una organización, dedicada a impulsar soluciones de economía circular a través de la renta de árboles de Navidad vivos y programas de reforestación, ha sido recientemente reconocida con la Medalla al Mérito Empresarial 2026 en la categoría de Impulso y Promoción a la Economía Circular, otorgada por el Congreso de la Ciudad de México.

El reconocimiento no sólo distingue su capacidad de innovación, sino también su contribución al desarrollo económico con impacto ambiental positivo, consolidándose como una iniciativa que está marcando pauta en la forma de hacer empresa con visión sostenible.

Un modelo empresarial innovador impulsado por alianzas estratégicas

El modelo de operación de Reforestalia parte de una premisa simple pero poderosa: transformar el consumo estacional en una oportunidad de regeneración ambiental. Desde 2017, la organización ha desarrollado un esquema de renta de árboles de Navidad en maceta que, tras ser utilizados durante la temporada decembrina, son recolectados, cuidados y reinsertados en su hábitat natural.

Este enfoque no sólo reduce la huella ambiental asociada al uso de árboles artificiales o naturales desechables, sino que redefine la relación del consumidor con los recursos naturales. La propuesta invita a transitar de un modelo lineal de consumo hacia uno circular, donde cada decisión de compra tiene un impacto positivo en el entorno.

Sin embargo, el crecimiento y consolidación de este modelo no habría sido posible sin el respaldo de aliados estratégicos, entre los que destaca Grupo Restaurantero Gigante (GRG), que desde los inicios del proyecto apostó por esta iniciativa a través de su cadena Toks. Año con año, durante las fiestas decembrinas, Toks se abastece de árboles en maceta proporcionados por Reforestalia, los cuales, tras su uso, regresan a la tierra para formar parte de un ecosistema en recuperación.

Este esfuerzo conjunto ha dado origen al Bosque Toks, un espacio reforestado ubicado en la alcaldía Tlalpan que simboliza el impacto acumulado de esta colaboración. En este sitio, no sólo se plantan los árboles recuperados, sino que también se desarrollan jornadas de voluntariado corporativo en las que colaboradores del grupo participan activamente en labores de reforestación.

Más allá de lo operativo, esta es una de las alianzas de Grupo Restaurantero Gigantemás importantes en materia ambiental, mientras que para Reforestalia ha significado una oportunidad de aprendizaje y fortalecimiento para su modelo productivo. La relación ha evolucionado de un vínculo comercial a una colaboración estratégica en la que el acompañamiento, la confianza y la visión compartida han sido clave para escalar el impacto del proyecto. 

Hoy, tras la obtención de este reconocimiento, esta alianza no sólo se mantiene, sino que se fortalece como un referente de cooperación empresarial con propósito.

Un reconocimiento que valida la sostenibilidad como estrategia empresarial

Recibir la Medalla al Mérito Empresarial 2026 coloca a Reforestalia en una posición destacada dentro del ecosistema empresarial de la Ciudad de México, ya que este galardón, otorgado por la Comisión de Desarrollo Económico del Congreso local, reconoce a organizaciones que contribuyen al empleo, la innovación tecnológica y el desarrollo productivo con un enfoque incluyente.

En este sentido, el galardón va más allá de un logro institucional, pues representa un reconocimiento al valor que generan modelos de negocio basados en la economía circular. Para Reforestalia, implica también la validación de su capacidad para integrar sostenibilidad, innovación y viabilidad económica en una propuesta que responde a diversos desafíos ambientales, tales como la deforestación, la contaminación del aire y la disponibilidad de agua en la Ciudad .

Además, dentro del entorno empresarial, este tipo de distinciones envían una señal clara: las soluciones sostenibles no sólo son necesarias, sino también competitivas. En un momento en que las empresas buscan redefinir su propósito y su impacto, iniciativas como esta demuestran que es posible generar valor compartido.

Asimismo, el reconocimiento fortalece la visibilidad de las alianzas de Grupo Restaurantero Gigante como un caso ejemplar de cómo el sector privado puede impulsar proyectos con impacto ambiental positivo. Al respaldar iniciativas como Reforestalia, GRG no sólo contribuye a la sostenibilidad, sino que también posiciona su estrategia corporativa en línea con las expectativas actuales de responsabilidad social y ambiental.

Colaboración que transforma el entorno

El reconocimiento otorgado a Reforestalia evidencia el potencial de las soluciones basadas en economía circular para responder a los desafíos ambientales actuales. Iniciativas como esta demuestran que es posible replantear el consumo desde una lógica regenerativa, en la que cada acción contribuye a restaurar el entorno y a generar valor más allá de lo económico.

Al mismo tiempo, su evolución la ha posicionado como una de las alianzas de Grupo Restaurantero Gigante más destacadas en materia ambiental. Este caso refleja cómo la colaboración entre empresas puede amplificar el impacto social positivo, acelerar la adopción de prácticas sostenibles y construir modelos replicables. En un contexto donde la acción conjunta es cada vez más necesaria, la sinergia entre Reforestalia y GRG se consolida como un ejemplo claro de cómo las alianzas estratégicas pueden transformar no sólo negocios, sino también comunidades y ecosistemas.

“Reciclaje fantasma”: así las petroleras venden plásticos como si fueran ecológicos

La crisis global por contaminación plástica ha obligado a marcas, reguladores e inversionistas a exigir soluciones que prometan circularidad, reducción de emisiones y menor dependencia de recursos vírgenes. Sin embargo, en la práctica, parte de estas respuestas se han convertido en sofisticados mecanismos de legitimación reputacional. El llamado “reciclaje fantasma” de las petroleras expone con crudeza cómo algunas de las mayores compañías fósiles están reposicionando plástico derivado casi por completo del petróleo como si fuera material reciclado, trasladando al consumidor una narrativa de sostenibilidad que no siempre resiste un escrutinio técnico.

El caso es especialmente relevante porque trasciende el greenwashing superficial y entra en el terreno de la arquitectura regulatoria, la contabilidad de carbono y la integridad de las afirmaciones ESG. Lo que está en juego no es sólo la veracidad de una etiqueta, sino la posibilidad de que millones de euros en subsidios, certificaciones y reportes corporativos estén reforzando un modelo que preserva la rentabilidad fósil bajo una estética circular. De hecho, de acuerdo con una investigación llevada a cabo de manera coordinada por medios como Voxeurop, la Saudi Aramco, a través de SABIC, se ha convertido en uno de los casos paradigmáticos de este reciclaje fantasma de las petroleras, aunque está lejos de ser el único.

¿Qué es el reciclaje fantasma de las petroleras?

El concepto describe una práctica en la que residuos plásticos sí entran al sistema industrial, pero en proporciones mínimas frente a enormes volúmenes de materia prima virgen. A través del reciclaje químico —especialmente la pirólisis— estos residuos se convierten en aceite que luego se mezcla con nafta fósil en plantas petroquímicas. El problema es que, una vez combinados, ya no es posible distinguir físicamente qué parte del producto final proviene del residuo y cuál del petróleo.

Aquí aparece el núcleo del reciclaje fantasma de las petroleras: mediante el sistema de balance de masas, las empresas asignan “sobre el papel” contenido reciclado a determinados envases, incluso cuando el producto puede contener poco o ningún material reciclado real. En términos prácticos, si 5 toneladas recicladas ingresan a un proceso de 100 toneladas, una compañía puede etiquetar una parte del lote como “100% reciclado”, aunque siga compuesta en hasta 95% por resina virgen. Como advirtió Helmut Maurer, ex experto sénior de la Comisión Europea, esto permite vender sostenibilidad sin que exista una garantía física en el producto final.

reciclaje fantasma de las petroleras

Cómo Aramco y SABIC convierten petróleo en “plástico circular”

El caso de SABIC resulta emblemático por la escala y sofisticación del modelo. La filial de Aramco, una de las empresas consideradas entre las mayores contribuyentes al cambio climático, se abastece de aceite de pirólisis de Plastic Energy, que procesa residuos plásticos mediante altas temperaturas. Ese aceite entra después a unidades de craqueo donde necesariamente se diluye con grandes cantidades de nafta fósil, ya que su carácter corrosivo impide utilizarlo de manera aislada. La propia documentación industrial muestra que esta fracción reciclada suele representar menos del 5% de la materia prima total.

Desde la perspectiva de negocio, el mecanismo es brillante: con una pequeña porción de insumo reciclado, la empresa puede comercializar polímeros “circulares” a marcas globales como Unilever, Mars, Mondelez, Kraft Heinz, Garofalo o minoristas como Tesco y Carrefour. El resultado es un sofisticado circuito de reputación donde el reciclaje fantasma de las petroleras se convierte en insumo narrativo para empaques que prometen bajas emisiones, cero residuos y circularidad. Pero, en esencia, la columna vertebral del proceso sigue siendo fósil.

reciclaje fantasma de las petroleras

Por qué esta técnica no beneficia realmente al medio ambiente

La crítica de fondo no es ideológica, sino metodológica. Los propios análisis de ciclo de vida citados en la investigación muestran que el proceso de SABIC emite entre 6% y 8% más que fabricar plástico virgen. El supuesto beneficio climático aparece sólo cuando la empresa descuenta emisiones “evitadas” bajo el supuesto de que esos residuos habrían sido incinerados. Expertos como Peter Quicker han sido contundentes: estos ACV pueden manipularse selectivamente para producir el resultado deseado.

Además, la pirólisis consume grandes cantidades de energía y puede emitir hasta nueve veces más gases de efecto invernadero que el reciclaje mecánico. Lee Bell, de IPEN, añade otra alerta crítica: los aceites de pirólisis concentran aditivos tóxicos y pueden liberar contaminantes persistentes, incluyendo dioxinas. En consecuencia, lejos de reducir estructuralmente la carga ambiental, el reciclaje fantasma de las petroleras desplaza el problema hacia una cadena más intensiva en carbono, químicamente riesgosa y dependiente de subsidios públicos.

No es sólo Aramco: las marcas y petroleras que sostienen el modelo

Uno de los aspectos más relevantes es entender que no se trata de un caso aislado. La investigación vincula a gigantes como Shell, Exxon Mobil, TotalEnergies, INEOS, BP, OMV, ENI, Neste y LyondellBasell en acuerdos de compra, plantas de pirólisis o comercialización de resinas “circulares”. Del lado de consumo masivo, aparecen marcas de altísima exposición reputacional: PepsiCo, Heinz, Philadelphia, Magnum, Kind, Sunbites y Tesco, entre otras.

Esto vuelve al reciclaje fantasma de las petroleras un riesgo sistémico de cadena de suministro. Las marcas downstream pueden estar trasladando a sus reportes de sostenibilidad métricas de contenido reciclado que descansan en metodologías cuestionadas, sin trazabilidad física robusta. Para los equipos de compliance, ESG y comunicación corporativa, esto abre un frente delicado de debida diligencia, riesgo legal por publicidad engañosa y vulnerabilidad frente a nuevas normas europeas de empoderamiento del consumidor.

La verdadera discusión: poner fin al plástico virgen

La reflexión de fondo es incómoda pero necesaria: ningún sistema de reciclaje resolverá la contaminación plástica si la producción de resina virgen sigue expandiéndose. El verdadero valor ambiental no está en sofisticar la contabilidad del residuo, sino en rediseñar productos, reducir aditivos tóxicos, impulsar reutilización y limitar el volumen de plástico que entra al mercado. Como concluye Helmut Maurer, gran parte del material destinado al reciclaje químico “no debería existir en primer lugar”.

Para los especialistas en sostenibilidad, la lección es estratégica. Mientras el plástico continúe siendo la principal vía de crecimiento del negocio petrolero en la transición energética, tecnologías como la pirólisis corren el riesgo de funcionar más como blindaje económico que como solución climática. El desafío real no es perfeccionar el reciclaje fantasma de las petroleras, sino cambiar la ecuación: menos plástico virgen, más rediseño, más reutilización y métricas de circularidad que respondan a la realidad física, no sólo a la conveniencia financiera.

reciclaje fantasma de las petroleras

Circularidad sin fósiles, no circularidad contable

El caso Aramco-SABIC muestra que la próxima frontera del greenwashing no está únicamente en slogans vacíos, sino en modelos técnico-contables capaces de transformar una mínima fracción reciclada en una poderosa narrativa de sostenibilidad. Para la responsabilidad social corporativa, esto obliga a elevar el estándar de debida diligencia: no basta con exigir porcentajes de contenido reciclado, también debe verificarse su presencia física, su huella climática real y su coherencia con objetivos de descarbonización.

Si el objetivo es frenar la contaminación plástica y proteger la credibilidad ESG, la prioridad no puede ser sostener artificialmente la continuidad operativa del carbono fósil. La verdadera circularidad exige reducir la producción de plástico virgen, rediseñar envases desde el origen y privilegiar modelos de reutilización y reciclaje mecánico de alta integridad. Todo lo demás corre el riesgo de seguir siendo exactamente eso: reciclaje fantasma de las petroleras.

¿Puede el estrés climático heredarse? Ciencia alerta sobre cambios genéticos en diversas generaciones

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Durante mucho tiempo pensamos que las olas de calor eran episodios pasajeros: irrumpen, alteran por unos días los ecosistemas y luego desaparecen. Pero la ciencia empieza a plantear algo más inquietante y fascinante: que esos eventos podrían dejar huellas que sobreviven al tiempo e incluso a quienes los vivieron. No sólo como daño, sino como memoria biológica.

En un contexto de crisis ambiental, esta posibilidad transforma la conversación sobre adaptación. Ya no se trata únicamente de cómo las especies reaccionan al calentamiento global en tiempo real, sino de cómo podrían estar transmitiendo respuestas a futuras generaciones. Allí es donde el estrés climático deja de ser una amenaza inmediata para convertirse en una fuerza evolutiva con implicaciones profundas.

Un estudio reciente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), liderado por Ewan Harney y Josefa González, abre una puerta provocadora: la exposición breve al calor extremo puede alterar la actividad genética durante generaciones. En algunos casos, incluso fortalecer capacidades de supervivencia. La pregunta ya no es si el ambiente nos cambia, sino cuánto de esos cambios puede heredarse.

Esta hipótesis desafía una noción clásica de la biología: que la herencia ocurre solo a través de secuencias de ADN. Hoy emerge una visión más compleja, donde el entorno también puede modular qué información se activa, se silencia o persiste. En tiempos de cambio climático acelerado, esa diferencia es enorme.

Cuando el calor deja memoria biológica

El hallazgo parte de una idea poderosa: el calor extremo no solo estresa a los organismos en el presente, también puede dejar señales duraderas. En experimentos con moscas de la fruta, una breve exposición a altas temperaturas alteró miles de genes relacionados con respuesta al daño celular, reparación y adaptación.

Lo notable no fue únicamente la respuesta inmediata, sino su persistencia. Generaciones posteriores —que nunca estuvieron expuestas al evento térmico— conservaron parte de esas modificaciones. Como si el organismo guardara un recuerdo molecular del peligro.

Este fenómeno obliga a mirar el estrés climático desde otra escala. Ya no como una presión externa aislada, sino como un factor capaz de modelar respuestas biológicas que trascienden una vida individual.

estrés climático

Dos climas, dos historias evolutivas

Para entender cómo influye el contexto, los investigadores compararon moscas provenientes de Finlandia y del centro de España. Dos ambientes, dos historias adaptativas. Las primeras evolucionaron en climas frescos; las segundas, bajo veranos intensos y secos. Las diferencias fueron claras. Las poblaciones españolas resistieron mejor las altas temperaturas y mostraron respuestas genéticas más coordinadas. En las finlandesas, el impacto fue más desordenado, sugiriendo mayor estrés celular frente al mismo estímulo.

Aquí aparece una lección clave para la sostenibilidad: la vulnerabilidad climática no es uniforme. También en la naturaleza, como en los sistemas sociales, el contexto define capacidad de respuesta.

Estrés climático y la sorprendente herencia de la adaptación

Uno de los hallazgos más disruptivos fue comprobar que algunos efectos no solo persistían, sino que podían traducirse en ventajas. Descendientes de moscas expuestas al calor se desarrollaron más rápido incluso tres generaciones después.

Esta aceleración podría parecer menor, pero en entornos hostiles significa supervivencia. En hábitats donde la fruta fermentada se sobrecalienta rápidamente, emerger antes puede marcar la diferencia entre vivir o morir. Aquí el estrés climático aparece no solo como amenaza, sino también como detonador de procesos adaptativos. Un recordatorio de que la evolución puede responder con más plasticidad de la que asumíamos.

El papel oculto del ADN móvil

Otro elemento fascinante del estudio fueron los llamados “genes saltarines” o elementos transponibles. Durante años fueron vistos como piezas caóticas del genoma; hoy se consideran actores potenciales en la regulación adaptativa. En las moscas analizadas, estos fragmentos influyeron de formas distintas según la población. En unas redujeron actividad genética bajo estrés; en otras parecieron favorecer regiones del ADN más accesibles.

Esto refuerza una idea emergente: el genoma no es un archivo estático, sino un sistema dinámico que dialoga con el ambiente. Y ese diálogo puede ser central para comprender resiliencia climática.

Más allá de los genes: otras señales que se heredan

Aunque podría pensarse que la cromatina guarda toda esta “memoria”, los resultados apuntan a algo más complejo. Los investigadores encontraron pocas pruebas de que los cambios en accesibilidad del ADN expliquen por sí solos la transmisión generacional.

Eso ha llevado a mirar hacia otros mecanismos, como pequeñas moléculas de ARN capaces de transportar señales biológicas entre generaciones. Una suerte de lenguaje molecular todavía poco comprendido. Este punto es crucial porque amplía el debate sobre herencia. No se trataría solo de genes mutando lentamente, sino de sistemas que reaccionan y comunican experiencias ambientales.

Las implicaciones van mucho más allá de las moscas de laboratorio. Si algunas especies pueden incorporar respuestas transgeneracionales frente al calor, los modelos sobre adaptación climática podrían estar subestimando capacidades —y también riesgos— ecológicos.

Para quienes trabajan en sostenibilidad, esto abre preguntas estratégicas. ¿Podrían algunos ecosistemas responder mejor de lo previsto? ¿Existen poblaciones más vulnerables por no tener esa plasticidad? ¿Qué significa esto para conservación y biodiversidad?

Además, el estudio sugiere que la adaptación no depende solo de cambios genéticos lentos, sino también de respuestas rápidas inducidas por el entorno. Un hallazgo especialmente relevante frente a un planeta que se calienta más rápido que muchos procesos evolutivos tradicionales.

Repensar la herencia en un planeta en transformación

Lo que esta investigación propone es, en el fondo, una redefinición de la herencia. No solo transmitimos genes: también podrían heredarse respuestas moldeadas por experiencias ambientales. En ese marco, el estrés climático deja de ser únicamente una presión ecológica para convertirse en una fuerza que puede influir en la evolución misma.

Eso cambia incluso cómo entendemos la resiliencia. Adaptarse no sería solo resistir el impacto, sino incorporar memoria del cambio.

En plena crisis climática, esta posibilidad resulta tan inquietante como esperanzadora. Inquietante porque confirma que el calentamiento deja marcas profundas; esperanzadora porque sugiere que la vida podría estar desplegando mecanismos para responder. Quizá la gran lección sea esa: la naturaleza no solo sobrevive al cambio, también aprende de él.

Radar Expok, Abril 2026, Semana 4

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¿Importa más ser o parecer una marca responsable? El caso Starbucks

La pregunta no es nueva, pero es incómoda: ¿las empresas deben enfocarse en ser responsables o en parecerlo? La reciente activación de Starbucks en el marco del Día de la Tierra —regalando vasos reutilizables de plástico— vuelve a poner este dilema en el centro de la conversación. 

A primera vista, la acción puede parecer greenwashing y una táctica algo contradictoria: celebrar una efeméride ambiental promoviendo un objeto plástico. Sin embargo, reducir el análisis a esta aparente incoherencia sería simplificar un fenómeno mucho más complejo.

Hablemos primero del parecer, que es lo más obvio aquí.

La importancia de parecer una marca responsable

Aquí es donde entra el vaso de plástico del Día de la Tierra. La promoción consistía en regalar el vaso alegórico al Día de la Tierra en la compra de una bebida grande. El pretexto: es un vaso reutilizable que puedes seguir trayendo a la tienda y con este (o cualquier otro vaso reusable) la cadena de la sirena te descuenta $8.00 por la buena práctica.

Es una herramienta de marketing diseñada para conectar la sostenibilidad con la marca en la mente del consumidor. Es reputación de marca.

Al ofrecer un descuento de 8 pesos (en el caso de México) por cada bebida servida en un recipiente reutilizable, la marca no solo incentiva un cambio de hábito, sino que tangibiliza su compromiso en la mano del cliente.

El vaso es solo un símbolo. Su significado: somos una marca responsable, sostenible.

¿De qué otra manera Starbucks traduce un informe de sostenibilidad de decenas de páginas a un lenguaje que el consumidor entienda y quiera leer o siquiera ver?

La importancia de ser una marca responsable

Ahora llega la prueba ácida ¿Es Starbucks una marca responsable o solo busca parecer con estas acciones?… Contrario a la percepción superficial que nos daría la promoción del vaso, la compañía opera bajo una infraestructura de sostenibilidad que se mide con métricas de rigor industrial. Según el Starbucks Fiscal 2024 Global Impact Report, la marca ha evolucionado sus metas en un entorno global que cada día se hace más complejo:

  • Ética en el Origen (C.A.F.E. Practices): La compañía ha mantenido su hito de que el 99% de su café sea verificado como éticamente abastecido bajo el programa C.A.F.E. (Coffee and Farmer Equity). En 2024, esto implica trabajar con más de 400,000 agricultores en más de 30 países, asegurando no solo la calidad del grano, sino la transparencia económica y la protección de los derechos laborales en las fincas.
  • La Expansión de las “Greener Stores”: Uno de los datos más sólidos del 2024 es el crecimiento de su modelo de tiendas certificadas. Starbucks ya cuenta con más de 6,000 “Greener Stores” en todo el mundo. Estas tiendas están diseñadas para reducir el consumo de energía y agua en un 30% en comparación con los modelos de construcción tradicionales. La meta es alcanzar las 10,000 tiendas verdes para 2025, lo que representa un ahorro operativo anual estimado en 60 millones de dólares.
  • Innovación en Empaques y Residuos: El informe de 2024 destaca el lanzamiento de un nuevo diseño de vasos para bebidas frías que utiliza hasta un 20% menos de plástico que los modelos anteriores. Se proyecta que esta innovación técnica evitará que más de 6,000 toneladas de plástico lleguen a los vertederos cada año. Además, la marca ha reforzado su compromiso de reducción del 50% en desechos para 2030, acelerando las pruebas de sistemas de vasos reutilizables en ciudades completas (como las pruebas masivas en California).
  • Resiliencia Climática: Para asegurar el futuro del café ante el cambio climático, Starbucks ha distribuido casi 100 millones de árboles de café resistentes al clima a agricultores de todo el mundo, una medida de “adaptación profunda” que garantiza la continuidad del negocio y la seguridad económica de las comunidades cafetaleras.

Estos pocos datos confirman que Starbucks es una marca responsable, una marca sostenible. Esta es la cara que se da los inversionistas (criterios ESG) y a los reguladores. 

Sin embargo, para un cliente que espera en la fila a las 8:00 AM, las métricas de “Equidad en el Café” o el “Alcance 3 de emisiones” resultan conceptos áridos, distantes y carentes de capacidad de movilización.

Tips para ser y parecer una marca responsable

Si se tiene una empresa o se gestiona una marca, la estrategia debe ser capicúa:

  • Fundamentar primero: Antes de lanzar una campaña de marketing verde, hay que asegurarse de tener “la casa en orden”. 
  • Simplificar el mensaje: No intentemos venderle al cliente lo bien que gestionamos la huella de carbono en toneladas métricas. Véndamosle una acción que él pueda realizar y por ende cooperar. El vaso reutilizable de Starbucks es el ejemplo perfecto: es una acción sencilla, visual y recompensada.
  • Usar efemérides como símbolos, no como máscaras: El Día de la Tierra debe ser una oportunidad para destacar un trabajo que se hace durante todo el año, no el único día en que la empresa se acuerda del medio ambiente. Lo mismo aplica para otros como el Día de la Mujer, el Día de la Lucha contra el cáncer, el Día del Orgullo y otros tantos.
  • Seguir el dinero: Sí, suena materialista y la verdad es que lo es… ¿cómo transformamos la sostenibilidad en algo de plata para el negocio? El descuento de 8 pesos de Starbucks es una jugada maestra. La marca ahorra en insumos (vasos desechables), el cliente ahorra dinero y por ende se incentiva a comprar más y el planeta recibe menos desechos. Todos ganan.

De modo que la respuesta a la pregunta es… Es necesario ser y parecer una marca responsable.

Starbucks entiende que el vaso de plástico, aunque imperfecto (lo ideal sería que fuera de plástico 100% reciclado o materiales biodegradables avanzados), es el punto de contacto que permite que el consumidor se sienta parte de algo más grande. Detrás de ese vaso, hay una maquinaria corporativa que cumple con rigurosas metas globales.

Para los interesados en marketing y RSE, el reto no es elegir entre uno u otro, es comprender que podemos y debemos hacer marketing de reputación (que es estética), activado por la sostenibilidad (que es el motor).


Luis Maram, Marketing y sostenibilidad
Marketer, Speaker, Experto en Marketing y Reputación

Linkedin | Creo en el poder transformador de las marcas

Luis Maram es estratega digital especializado en desarrollo de contenidos orientados a visibilidad de marca, reputación y responsabilidad corporativa. Durante años ha acompañado a marcas en el diseño de acciones digitales que inspiran a sus audiencias, generan conexión y producen resultados concretos —desde el content marketing y el social media hasta la inteligencia artificial.

Es Director de Marketing y Media en Expok, donde lidera la estrategia digital de la empresa. Asimismo, edita uno de los blogs de estrategia de contenido y marketing digital más reconocidos de México, LuisMaram.com, y ha impartido más de un centenar de conferencias en México y el extranjero.

Moda que suma: alianza global busca revolucionar el reciclaje de textiles

La industria de la moda vive una paradoja incómoda: mientras presume avances en sostenibilidad, menos del 1 % de las fibras que se venden cada año provienen del reciclaje textil de textil a textil. Este dato no solo revela un rezago estructural, también evidencia una oportunidad desaprovechada para transformar uno de los sectores más intensivos en recursos. En este contexto, la conversación sobre el reciclaje de textiles deja de ser aspiracional y se vuelve urgente, especialmente ante la presión regulatoria y la demanda de consumidores más conscientes.

En paralelo, el sistema actual sigue dependiendo en gran medida de materias primas vírgenes, mientras que los residuos textiles continúan acumulándose a un ritmo acelerado. La falta de infraestructura, inversión y coordinación entre actores ha limitado el crecimiento de soluciones circulares. Sin embargo, una nueva ola de colaboración global promete cambiar el rumbo, apostando por modelos colectivos que podrían redefinir el reciclaje de textiles a escala industrial.

Una alianza para escalar el reciclaje de textiles

De acuerdo con edie, la iniciativa Circular Fibre Collective surge como una respuesta estratégica a los desafíos que han frenado el reciclaje de textiles en su modalidad textil a textil (T2T). Impulsada por The Fashion Pact y Fashion for Good, esta plataforma busca articular esfuerzos entre marcas, proveedores e inversionistas para generar condiciones reales de escalabilidad. No se trata solo de innovación tecnológica, sino de coordinación sistémica.

Uno de los principales obstáculos que enfrenta el reciclaje T2T es la demanda fragmentada. Las marcas, operando de forma aislada, no logran enviar señales claras al mercado sobre la viabilidad de invertir en nuevas capacidades de reciclaje. El Collective propone justamente lo contrario: consolidar la demanda para construir confianza en la cadena de valor.

A través de mecanismos de agregación voluntaria, la iniciativa permite que múltiples actores alineen sus necesidades de materiales reciclados. Esto no solo reduce la incertidumbre para los inversionistas, también abre la puerta a economías de escala que podrían hacer competitivo el reciclaje de textiles frente a las fibras vírgenes.

Colaboración como motor de cambio

El verdadero valor del Collective radica en su enfoque colaborativo. Más de 150 marcas forman parte de The Fashion Pact, representando cerca de un tercio del volumen de producción global de la industria. Entre ellas se encuentran actores clave como Mango, Inditex, Prada, Burberry y Adidas, lo que da una dimensión clara del potencial impacto de esta iniciativa.

Sin embargo, la participación en el Circular Fibre Collective es voluntaria. Esto permite que cada empresa se integre según sus prioridades estratégicas y nivel de madurez en sostenibilidad. Lejos de ser una limitante, este modelo flexible podría incentivar una adopción más genuina y efectiva de prácticas circulares.

Además, se promueve activamente la participación en grupos de trabajo específicos, como el de agregación de demanda, considerado clave para entender las necesidades colectivas del sector. Esta visión compartida es fundamental para acelerar el reciclaje de textiles y reducir las barreras que hoy limitan su expansión.

Herramientas para una transición real

Más allá de la intención, el Collective ofrece soluciones concretas. Las marcas participantes tendrán acceso a herramientas prácticas, como kits de implementación y flujos de trabajo colaborativos, diseñados para facilitar la adopción de materiales reciclados de nueva generación. Este enfoque operativo responde a una necesidad crítica: traducir la sostenibilidad en acciones medibles.

Estas herramientas también permiten reducir la complejidad técnica asociada al reciclaje T2T, especialmente en lo que respecta a la trazabilidad, calidad de materiales y compatibilidad con procesos existentes. En otras palabras, el Collective busca eliminar fricciones para que el reciclaje de textiles deje de ser una excepción y se convierta en norma.

Al mismo tiempo, la iniciativa abre espacios para la co-creación entre marcas y proveedores, fomentando la innovación conjunta. Este tipo de dinámicas resulta clave en una industria donde la velocidad y la escala suelen ser determinantes para el éxito.

Un entorno habilitador para la circularidad

Otro de los pilares del Collective es la incidencia en políticas públicas. La iniciativa busca que marcas, proveedores y organizaciones no gubernamentales trabajen de forma conjunta para promover marcos regulatorios que incentiven la inversión en reciclaje T2T. Sin un entorno normativo adecuado, cualquier esfuerzo aislado corre el riesgo de diluirse.

En este sentido, el respaldo de la Fundación Ellen MacArthur aporta legitimidad y visión de largo plazo. Su enfoque en economía circular ha sido clave para posicionar el tema en la agenda global, y su participación en el Collective refuerza la relevancia de esta iniciativa.

Como ha señalado su equipo de liderazgo, la última década ha sido clave para conceptualizar la circularidad en la moda, pero ahora el reto es implementarla a gran escala. El reciclaje de textiles, en este escenario, se convierte en uno de los pilares para lograrlo.

La creación del Circular Fibre Collective marca un punto de inflexión en la industria de la moda. Más allá de las declaraciones, representa un esfuerzo tangible por resolver los desafíos estructurales que han limitado el reciclaje de textiles durante años. Su enfoque colaborativo, sumado a herramientas prácticas y objetivos claros, podría sentar las bases de un nuevo modelo industrial.

Sin embargo, el éxito de esta iniciativa dependerá de su capacidad para traducir compromisos en resultados medibles. La oportunidad es clara: transformar residuos en recursos y redefinir la relación de la industria con el planeta. En un contexto donde la sostenibilidad ya no es opcional, el reciclaje de textiles podría dejar de ser una promesa para convertirse en una realidad escalable.

¿Blindaje climático? Legisladores republicanos buscan proteger a petroleras de demandas

El debate climático en Estados Unidos ha entrado en una fase decisiva donde la responsabilidad corporativa se enfrenta a una nueva barrera política. En medio de un creciente número de litigios que buscan responsabilizar a las empresas de combustibles fósiles por su contribución a la crisis climática, una iniciativa legislativa propone cambiar las reglas del juego. La discusión ya no gira solo en torno a emisiones o transición energética, sino a quién debe asumir los costos de los daños acumulados.

En este contexto, la intención de proteger a petroleras de demandas se posiciona como uno de los movimientos más polémicos del año. Mientras comunidades, gobiernos locales y organizaciones civiles avanzan en estrategias legales para exigir reparación, desde el Congreso estadounidense emergen propuestas que podrían frenar, e incluso revertir, estos esfuerzos. El resultado podría redefinir la rendición de cuentas climática a nivel global.

Una ley para proteger a petroleras de demandas y redefinir la responsabilidad climática

Comparte The Guardian que, la llamada “Ley para Detener las Extorsiones Climáticas de 2026”, impulsada por la representante Harriet Hageman y el senador Ted Cruz, busca otorgar inmunidad legal amplia a las compañías de petróleo y gas. Su objetivo es claro: evitar que enfrenten consecuencias legales por los impactos ambientales derivados de sus emisiones. La iniciativa ha sido comparada con la legislación de 2005 que blindó a la industria armamentística frente a demandas por violencia con armas de fuego.

De aprobarse, esta legislación no solo impediría nuevos litigios, sino que también desestimaría los casos en curso. Además, anularía leyes estatales como los llamados “superfondos climáticos”, diseñados para obligar a las empresas a pagar por daños históricos. En términos prácticos, implicaría un giro radical en la manera en que se entiende la responsabilidad empresarial frente al cambio climático.

proteger a petroleras de demandas

El avance de las demandas climáticas que incomoda a la industria

En los últimos años, más de 70 estados y municipios han presentado demandas contra petroleras, acusándolas de engañar al público sobre los riesgos de sus productos. Estas acciones legales han ganado terreno como una herramienta clave de justicia climática, especialmente en contextos donde la regulación ha sido insuficiente.

Estados como Nueva York y Vermont han ido más allá, aprobando leyes que obligan a las empresas contaminantes a financiar la reparación de daños ambientales. Este tipo de medidas refleja una tendencia creciente: trasladar el costo de la crisis climática hacia quienes han contribuido significativamente a ella. Es precisamente este avance el que la nueva legislación busca frenar.

Ciencia bajo presión: el cuestionamiento a la atribución climática

Uno de los aspectos más controvertidos de las propuestas es el intento de desacreditar los estudios de atribución climática. Estas investigaciones permiten establecer vínculos entre eventos extremos —como huracanes o incendios— y el cambio climático, además de cuantificar la responsabilidad de distintos actores.

Eliminar o debilitar el uso de esta ciencia en tribunales tendría implicaciones profundas. No solo dificultaría probar daños, sino que también erosionaría la base científica sobre la cual se construyen muchas políticas públicas. Para especialistas, legislar contra la evidencia científica representa un precedente alarmante en la relación entre política, justicia y conocimiento.

Detrás de estas iniciativas hay una estrategia clara de la industria de los combustibles fósiles. Organizaciones como el Instituto Americano del Petróleo han señalado que bloquear las demandas climáticas es una prioridad, argumentando que se trata de acciones “abusivas” impulsadas por activistas.

Empresas como ConocoPhillips y otros grupos de presión han intensificado su presencia en el Congreso, buscando limitar la responsabilidad legal del sector. Esta coordinación evidencia un esfuerzo estructurado para proteger a petroleras de demandas, no solo en el ámbito federal, sino también en legislaciones estatales que avanzan en la misma dirección.

¿Centralización o debilitamiento del federalismo ambiental?

Otro punto clave es la intención de concentrar la autoridad sobre emisiones en el gobierno federal. Según sus promotores, esto evitaría lo que consideran una “extralimitación” de estados y municipios. Sin embargo, expertos legales advierten que esta medida eliminaría la capacidad de las comunidades locales para buscar justicia por daños específicos.

La propuesta, en la práctica, limitaría el acceso a tribunales y reduciría la autonomía estatal en temas ambientales. Esto plantea una pregunta de fondo: ¿puede hablarse de gobernanza climática efectiva si se restringen los mecanismos de participación y defensa a nivel local?

El precedente que podría redefinir el futuro de la rendición de cuentas

Más allá de su viabilidad legislativa, estas propuestas ya están enviando una señal clara. Representan la culminación de una estrategia más amplia para debilitar los mecanismos de rendición de cuentas climática, que incluye litigios, presión política y campañas de desinformación.

Aunque no está garantizado que la ley sea aprobada en su forma actual, existe la posibilidad de que sus elementos se integren en otras iniciativas legislativas. En ese sentido, el intento de proteger a petroleras de demandas podría avanzar de manera gradual, pero efectiva, en distintos frentes.

El intento de proteger a petroleras de demandas no solo es una disputa legal, sino un punto de inflexión en la gobernanza climática. En juego está la posibilidad de que comunidades afectadas accedan a mecanismos de justicia, así como la capacidad de los sistemas legales para adaptarse a los desafíos del cambio climático. La discusión revela tensiones profundas entre intereses económicos, evidencia científica y derechos ciudadanos.

Para quienes observan la evolución de la responsabilidad social empresarial, este caso ofrece una lección clave: la rendición de cuentas no es un proceso lineal ni garantizado. Requiere vigilancia constante, articulación entre actores y, sobre todo, la defensa de principios que aseguren que el costo de la crisis climática no recaiga únicamente en quienes menos han contribuido a ella.

¿Beneficios y responsabilidad social pueden coexistir en el mismo negocio?

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Durante años, el debate sobre la responsabilidad social corporativa ha estado marcado por una tensión recurrente: ¿es posible generar beneficios sostenidos sin sacrificar el impacto social y ambiental? Para muchos líderes empresariales, la RSE ha sido percibida como un costo adicional, una concesión reputacional o, en el mejor de los casos, un complemento estratégico. Sin embargo, esta visión comienza a quedarse obsoleta frente a la evidencia acumulada.

Hoy, las empresas socialmente responsables no solo compiten en mercados cada vez más exigentes, sino que también demuestran que integrar criterios sociales, ambientales y de gobernanza puede fortalecer la rentabilidad. La clave ya no está en elegir entre propósito y beneficio, sino en entender cómo ambos pueden reforzarse mutuamente dentro de un mismo modelo de negocio.

Empresas socialmente responsables: desmontando el mito de la rentabilidad sacrificada

Uno de los principales obstáculos para la adopción de la RSE sigue siendo la percepción de que reduce márgenes. Sin embargo, múltiples datos apuntan en sentido contrario. Las organizaciones que integran la responsabilidad social en su operación no solo mantienen crecimiento, sino que logran retornos sólidos en el largo plazo.

La razón es estructural: las empresas socialmente responsables alinean su propuesta de valor con las expectativas del mercado. En un entorno donde los consumidores son cada vez más conscientes, ignorar factores sociales o ambientales no solo es éticamente cuestionable, sino económicamente riesgoso.

De hecho, el comportamiento del consumidor ya refleja esta transición. Según NielsenIQ, el 78% de los consumidores considera importante un estilo de vida sostenible, y los productos con atributos ESG crecen más rápido que aquellos que no los incorporan. En este contexto, la RSE deja de ser un diferenciador opcional para convertirse en una condición competitiva.

El vínculo directo entre RSE, ingresos y lealtad del cliente

La relación entre responsabilidad social y generación de ingresos es cada vez más evidente. Las empresas socialmente responsables no solo atraen más clientes, sino que construyen relaciones más profundas y duraderas con ellos.

Esto se explica por tres factores clave:

  1. Confianza: los consumidores perciben coherencia entre valores y acciones
  2. Identificación: el cliente se alinea con el propósito de la marca
  3. Lealtad: la relación trasciende el producto y se vuelve emocional

Además, el riesgo reputacional juega un papel determinante. Las empresas con valores percibidos como negativos enfrentan boicots y pérdida de mercado, mientras que aquellas que adoptan prácticas responsables fortalecen su posicionamiento.

En términos prácticos, esto se traduce en mayor flujo de clientes, incremento en ticket promedio y resiliencia frente a crisis reputacionales.

Eficiencia operativa: cómo la RSE reduce costos

Más allá de los ingresos, la RSE también impacta directamente en la estructura de costos. Muchas prácticas sostenibles generan eficiencias operativas que mejoran la rentabilidad.

Ejemplos concretos incluyen:

  • Sustitución de iluminación tradicional por tecnología LED
  • Implementación de sistemas inteligentes de climatización
  • Reducción de residuos mediante digitalización
  • Optimización logística con empaques más ligeros

Estas medidas, además de reducir la huella ambiental, suelen recuperar su inversión en periodos de tres a cinco años. En este sentido, las empresas socialmente responsables no solo gastan mejor, sino que operan de forma más eficiente.

empresas socialmente responsables

Talento, inversión e innovación: los beneficios intangibles que sí impactan resultados

Uno de los efectos más subestimados de la RSE es su impacto en el capital humano y financiero. Las nuevas generaciones priorizan el propósito en su vida laboral: el 89% de la Generación Z y el 92% de los millennials consideran esencial trabajar en organizaciones con sentido.

Esto convierte a las empresas socialmente responsables en imanes de talento. No solo atraen perfiles más calificados, sino que reducen la rotación, disminuyendo costos asociados al reclutamiento y capacitación.

En paralelo, los inversionistas están incorporando criterios ESG en sus decisiones. Según Morgan Stanley, el 88% de los inversionistas individuales está interesado en inversión sostenible, lo que posiciona a la RSE como un factor clave para acceder a capital.

A esto se suma un elemento estratégico: la innovación. Resolver problemas sociales y ambientales exige creatividad, lo que impulsa el desarrollo de nuevos productos, procesos y modelos de negocio.

De la narrativa a la ejecución: cómo equilibrar beneficios y responsabilidad

El verdadero desafío no está en aceptar que la RSE es rentable, sino en implementarla de manera efectiva. Para lograrlo, las empresas deben pasar de acciones aisladas a una integración estructural.

Algunas claves estratégicas incluyen:

  • Incorporar la RSE en la toma de decisiones: no como área independiente, sino como criterio transversal
  • Medir impacto y retorno: vincular indicadores ESG con resultados financieros
  • Escuchar al consumidor y al entorno: identificar expectativas reales del mercado
  • Invertir en eficiencia e innovación: priorizar soluciones que generen valor compartido
empresas socialmente responsables

Rentabilidad con propósito, la nueva lógica empresarial

La evidencia es clara: el dilema entre beneficios y responsabilidad social es, en gran medida, una falsa dicotomía. Las empresas socialmente responsables no solo pueden ser rentables, sino que están mejor posicionadas para competir en un entorno donde los riesgos sociales, ambientales y reputacionales son cada vez más relevantes.

El reto para los líderes empresariales no es decidir si integrar la RSE, sino cómo hacerlo de manera estratégica y medible. Aquellas organizaciones que logren alinear propósito, operación y rentabilidad no solo asegurarán su sostenibilidad financiera, sino también su legitimidad social.En un mercado en transformación, la pregunta ya no es si la responsabilidad social puede coexistir con los beneficios, sino qué empresas serán capaces de convertir esa coexistencia en una ventaja competitiva real.

Más de 3,800 personas han avanzado en su proceso de reinserción gracias a Corporativo Kosmos

La reinserción social en México dista mucho de ser un proceso sencillo. Al salir de prisión, miles de personas se enfrentan a un entorno adverso: estigmatización social, barreras para acceder a empleo, falta de redes de apoyo y, en muchos casos, exclusión estructural. Estos factores no sólo dificultan su estabilidad económica y emocional, sino que también incrementan el riesgo de reincidencia y perpetúan ciclos de desigualdad y violencia.

Consciente de este complejo panorama, Corporativo Kosmos, la empresa de servicios alimentarios más grande de México, que actualmente se encuentra bajo la dirección ejecutiva de Jack Landsmanas, quien ha decidido continuar con la labor social que caracteriza a la compañía desde su origen mediante la  Fundación Pablo Landsmanas, ha puesto en marcha su Programa de Reinserción Social, una iniciativa que busca dotar de herramientas laborales a personas privadas de la libertad (PPL) con el objetivo de brindarles oportunidades reales de reintegración una vez que recuperen su libertad.

¡Corporativo Kosmos promueve la reinserción social en México mediante este programa!

El compromiso de Corporativo Kosmos con la reinserción social en México surge desde su propia operación, ya que, a través de su filial La Cosmopolitana, la empresa administra comedores y lleva alimentos a diversos centros penitenciarios tanto en la Ciudad de México, como en el Estado de México, todos los días. 

Dado su contacto directo con este entorno derivado de estas actividades, la compañía pudo conocer de primera fuente las barreras a las que las PPL se enfrentan una vez que logra salir. Es por eso que en 2013 el brazo social de la empresa impulsó el nacimiento del Programa de Reinserción Social, una iniciativa diseñada para capacitar a personas privadas de la libertad en actividades productivas dentro de las cocinas que lidera en los centros penitenciarios. El programa no sólo responde a una lógica operativa, sino a una visión integral que busca promover la inclusión y el desarrollo social.

En este espacio, los PPL reciben formación técnica en distintas áreas clave para el sector alimentario, las cuales les serán útiles para apoyar en los comedores de los centros bajo rigurosos estándares de higiene y calidad y también para poder reiniciar su vida laboral una vez que salgan. Entre los conocimientos que se les enseñan se encuentran:

  • Manejo higiénico e inocuo de alimentos
  • Elaboración de comidas
  • Conservación y almacenamiento de insumos
  • Uso adecuado de químicos de limpieza
  • Mantenimiento de equipos como refrigeradores

Además, el modelo funciona a partir de la participación activa de las PPL en las cocinas de la empresa, donde aprenden haciendo. Este enfoque práctico no sólo facilita la adquisición de habilidades para el trabajo, sino también, disciplina y trabajo en equipo, elementos fundamentales para su vida fuera del sistema penitenciario.

Más que capacitación: beneficios que impulsan la reintegración

El programa liderado por la Fundación, además de ofrecer a las PPL una capacitación técnica, les ofrece beneficios que inciden directamente en su calidad de vida, por ejemplo:

  • Remuneración económica por el trabajo realizado
  • Certificación oficial en Manejo Higiénico de Alimentos avalada por la SEP
  • Desarrollo de habilidades laborales con aplicación inmediata

Cada uno de estos beneficios es crucial para fortalecer la reinserción social en México, ya que abordan algunos de los principales factores que determinan el éxito o fracaso del proceso: acceso a empleo, formación técnica y generación de ingresos.

Además, el programa contribuye a la construcción de una identidad distinta para las PPL, puesto que, al adquirir conocimientos y habilidades para el trabajo, las personas comienzan a visualizarse como agentes productivos, capaces de integrarse a la sociedad y aportar valor, lo cual tiene un impacto directo en su autoestima y en su motivación para no reincidir.

La cocina como espacio de dignidad y oportunidad

Para quienes participan en el programa, la cocina representa mucho más que un espacio de trabajo. Es un entorno donde pueden reconstruir su sentido de utilidad, recibir un trato digno y conectar con una dinámica más cercana a la vida fuera de prisión. Beneficiarios del programa como Ivonne, del Centro Penitenciario de Santa Martha Acatitla, describen con claridad lo que esta oportunidad implica para ellos:

Aquí tenemos un gran beneficio que es el aislarnos un poco de lo que es la prisión. La prisión está fuera de la cocina. Aquí me siento bien, como si saliéramos a un trabajo normal. Me ha ayudado a ser libre, a sentirme útil y me dan un apoyo económico”.

Su testimonio refleja uno de los principales aportes del programa: la humanización del entorno penitenciario, ya que en las cocinas que La Cosmopolitana opera en los centros penitenciarios, las PPL recuperan espacios de interacción social, respeto y reconocimiento.

Para Ivonne, ayudar en la cocina también representa una oportunidad de obtener una certificación con validez oficial que le permita buscar un empleo después:

Esta oportunidad es pieza clave para mi reinserción social porque nos ayuda a tener nuevos conocimientos laborales y a adquirir experiencia… es la mejor opción para mantenernos ocupadas y capacitadas”.

Hasta el momento, más de 3,800 personas en proceso de reinserción han resultado beneficiadas del programa, el cual, además de proveerles de una remuneración económica y de una ocupación que les recuerda que pueden ser productivas, les ha permitido ampliar sus oportunidades de desarrollo profesional y romper ciclos de exclusión.

Invertir en segundas oportunidades

La reinserción social en México sigue siendo uno de los grandes pendientes del sistema de justicia. Sin embargo, programas como el de Corporativo Kosmos demuestran que es posible construir soluciones efectivas y que apostar por la capacitación, la dignidad y el acceso a oportunidades no sólo beneficia a las personas privadas en proceso de reinserción, sino que fortalece el tejido social en su conjunto.

En un país donde la reincidencia suele estar ligada a la falta de oportunidades, programas como este marcan una diferencia innegable. Hoy, más de 3,800 historias respaldan el impacto de una iniciativa que entiende que la verdadera reinserción comienza mucho antes de salir de un centro penitenciario. Generar condiciones para que las personas puedan reconstruir su vida no es solo un acto de responsabilidad social: es una inversión en un futuro más justo, inclusivo y sostenible.