The Home Depot México: inversión, gestión responsable y confianza en el mercado mexicano

Por Edgar López

Hace unos días estuve en una conversación con Pepe Rodríguez, presidente y director general de The Home Depot México, en el marco de la presentación de su plan de inversión para 2026: $4,790 millones de pesos, un incremento del 25% respecto al año anterior y el monto más alto anunciado por la compañía en más de una década.

Lo que más me llamó la atención no fue solo la cifra —que confirma una clara confianza en el potencial del mercado mexicano—, sino la forma abierta y natural en que Rodríguez explicó cómo la empresa entiende ciertos asuntos de gestión responsable como parte natural de su desempeño y proyección sostenible del negocio.

Rodríguez partió de un contexto estructural muy concreto: crecimiento poblacional, una base demográfica joven y un déficit persistente en la calidad de la vivienda. En ese marco, el negocio de mejoras para el hogar se conecta directamente con una necesidad de fondo del país, más allá de ciclos económicos.

Uno de los hallazgos interesantes que compartió tiene que ver con la cadena de suministro: aproximadamente el 80% de sus proveedores son locales y cerca del 10% de ellos ya exporta a Estados Unidos a través de la propia red de The Home Depot. Esto muestra una operación que no solo distribuye, sino que también contribuye al desarrollo productivo y a la internacionalización de proveedores mexicanos.

The Home Depot México

En materia de sostenibilidad, Rodríguez fue muy abierto al explicar cómo la compañía acompaña la evolución de estos temas. De un portafolio cercano a 50,000 productos, alrededor de 2,000 cuentan con atributos sustentables. La incorporación de estos atributos responde principalmente a la pauta que marca el propio mercado, y la empresa la acompaña de forma natural. En paralelo, la medición del impacto en la cadena de valor —lo que en términos ESG se conoce como alcance 3— se encuentra en desarrollo, con el objetivo de entender mejor las eficiencias que generan los productos con características sustentables.

Otro aspecto relevante que destacó fue el modelo de inversión social. The Home Depot impulsa programas de vivienda y desarrollo comunitario en alianza con organizaciones especializadas, con participación activa de clientes, proveedores y la propia empresa (que en algunos casos duplica las aportaciones). Más allá del impacto social visible, este trabajo ha contribuido a fortalecer la relación con las comunidades y, en la práctica, funciona como una forma de licencia social para operar. Rodríguez no lo presentó como un indicador formal o KPI, sino como un elemento que acompaña de manera orgánica la continuidad del negocio.

En resumen, lo que deja ver esta conversación es una empresa con una operación consolidada y una lectura clara del mercado mexicano. La inversión anunciada refuerza esa confianza, y los temas de gestión responsable —cadena de valor, productos sustentables, medición de impacto y relación con las comunidades— se entienden como aspectos que acompañan naturalmente el desempeño y la proyección sostenible del negocio.

Nota: Quise consultar el Reporte de Sostenibilidad 2024 de The Home Depot México para complementar y enriquecer esta información, pero al momento de esta publicación no se encuentra disponible públicamente.


Home Depot México inversión

Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

Niñas y niños mexicanos convierten la educación ambiental en acción climática con Veolia

Niñas que siembran semillas nativas en diversas áreas de su comunidad, que diseñan rutas seguras para llegar en bicicleta a la escuela y que organizan brigadas ambientales enfocadas a la clasificación de residuos dentro de sus planteles fueron las protagonistas de la ceremonia de premiación de la 12ª edición de Alrededor de Iberoamérica, el programa de educación ambiental que Veolia impulsa en México y América Latina para formar a las nuevas generaciones como agentes de cambio frente a la crisis climática.

Veolia en México reunió a estudiantes, docentes y aliados estratégicos para reconocer los proyectos ganadores de la edición 2025, “Guardianes del Planeta: Aprende a Descarbonizar con Veolia”. La convocatoria desafió a niñas y niños de 5° y 6° de primaria de escuelas públicas a proponer soluciones concretas para reducir la huella de carbono desde su entorno escolar y comunitario, para demostrar que la acción climática puede comenzar a escala local.

La apuesta por la educación ambiental desde edades tempranas responde a datos internacionales que señalan que si apenas el 16% de los estudiantes en países de ingresos medios y altos recibiera formación en cambio climático, podrían reducirse entre el 40 y 50% de las emisiones anuales actuales hacia 2050. 

En 2025, el programa se implementó en Ciudad de México, Estado de México, San Luis Potosí, Nuevo León, Querétaro, Aguascalientes y Saltillo, con la participación de 20 escuelas públicas, 630 estudiantes y 21 docentes. El trabajo incluyó talleres y materiales didácticos, con el acompañamiento de la Asociación Mexicana de Empresas de Eficiencia Energética (AMENEER), la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (CONUEE), Nissan Mexicana y la Secretaría de Energía (SENER).

El proyecto ganador fue “Para ir a la escuela, llévame en tu bicicleta”, desarrollado por Alisson Gámez, estudiante de quinto grado en Nuevo León. Su propuesta contempla la instalación de bici estacionamientos seguros, talleres de seguridad vial, la creación de un Día de la Bici y la identificación de rutas escolares seguras dentro de su comunidad.

Niñas y niños mexicanos convierten la educación ambiental en acción climática

La iniciativa busca fomentar el uso de la bicicleta como medio de transporte cotidiano entre estudiantes y docentes, con el potencial de reducir más de 10 toneladas de CO2 al año, además de mejorar la calidad del aire, disminuir la congestión vehicular en su comunidad y promover hábitos de movilidad más saludables.

Como reconocimiento a su creatividad y compromiso, Veolia en México llevará en septiembre a Alisson Gámez a un viaje de una semana a Brasil. Durante esta experiencia, acompañada por un padre, madre o tutor, tendrá la oportunidad de conocer de cerca proyectos y soluciones ambientales impulsadas por Veolia y participar en actividades culturales y recreativas enfocadas en sostenibilidad y gestión responsable de los recursos.

“Ver a niñas liderando soluciones ambientales desde la infancia es una señal muy poderosa. En México, la mitad de las egresadas de posgrado son mujeres, lo que confirma que el talento está aquí. Como empresas es fundamental acercarnos y apostar por estas nuevas generaciones, porque serán quienes lideren un futuro más sostenible”, comentó Leslie Lamadrid, Directora de Marketing, Comunicación & Sostenibilidad de Veolia en México

Desde 2012, Alrededor de Iberoamérica ha involucrado a más de 200 mil niñas y niños en nueve países de la región, consolidándose como una de las iniciativas de educación ambiental con mayor alcance en América Latina. 

Durante la ceremonia se anunció la edición y convocatoria 2026, que llevará por nombre “Guardianes del agua: Aprende a cuidarla con Veolia” y estará enfocada en el cuidado, reúso y protección del recurso hídrico. En el contexto de la nueva Ley General de Aguas, el próximo eje temático buscará movilizar nuevamente la creatividad y el compromiso ambiental de las infancias mexicanas frente a uno de los desafíos más relevantes para el país.

Porque la Transformación Ecológica también se construye con crayones, semillas, bicicletas y decisiones que comienzan en el salón de clases.

En 36 años, EE.UU. acumula daños climáticos por 10 billones de dólares

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El cambio climático dejó de ser una conversación lejana para convertirse en una factura económica tangible. Un nuevo estudio internacional pone cifras a una realidad que durante años se discutió en términos científicos: el impacto del calentamiento global ya se mide en billones de dólares y en crecimiento económico perdido. En ese balance global, Estados Unidos ocupa un lugar central debido a su histórica contribución a las emisiones de carbono que han calentado el planeta.

De acuerdo con The Guardian, durante más de tres décadas, el peso de esas emisiones no solo se ha reflejado en fenómenos climáticos extremos, sino también en el desempeño de economías enteras. Sequías prolongadas, olas de calor y eventos climáticos intensos han alterado cadenas productivas, salud pública y condiciones laborales. El resultado es un mapa económico del clima donde los daños climáticos de EE.UU se han acumulado de forma significativa, afectando tanto al país como a regiones que contribuyeron mucho menos a la crisis climática.

El origen de los daños climáticos de EE.UU en la economía global

Una investigación publicada en la revista científica Nature estimó que las emisiones estadounidenses han generado pérdidas económicas globales cercanas a los 10 billones de dólares desde 1990. Esta cifra posiciona a Estados Unidos como el país que más ha afectado el crecimiento económico mundial debido al calentamiento derivado de sus emisiones históricas.

Aunque hoy China lidera las emisiones anuales, el análisis histórico muestra que el impacto acumulado de Estados Unidos sigue siendo mayor. De hecho, el estudio calcula que las emisiones estadounidenses han generado más daño al crecimiento global que cualquier otra nación, superando incluso el impacto económico atribuido a China en las últimas décadas.

Lo más llamativo es que aproximadamente una cuarta parte de estos daños climáticos de EE.UU se han reflejado dentro de su propia economía. Esto revela que la crisis climática no distingue fronteras cuando se trata de consecuencias económicas y sociales.

Cuando el clima frena el crecimiento económico

El estudio busca cuantificar lo que en la agenda climática internacional se conoce como “pérdidas y daños”. Este concepto resume el impacto que el aumento de temperaturas tiene sobre las sociedades, especialmente cuando fenómenos climáticos extremos afectan infraestructura, producción agrícola y bienestar social.

Para medirlo, los investigadores analizaron cómo el calentamiento global ha influido en el crecimiento del PIB de los países desde 1990. La metodología vincula las emisiones históricas con los efectos económicos que provocan las temperaturas más altas, especialmente en contextos donde el calor reduce la productividad laboral y presiona los sistemas de salud pública.

Este enfoque no captura todos los efectos del cambio climático, pero sí evidencia una tendencia clara: cuando el calor extremo se vuelve constante, la economía pierde dinamismo. Con el tiempo, esos impactos pequeños pero repetidos se acumulan y transforman la trayectoria económica de los países.

Impactos desiguales: los países más vulnerables pagan más

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la distribución desigual de las pérdidas. Aunque Estados Unidos ha sufrido parte del impacto, los países en desarrollo han absorbido consecuencias económicas desproporcionadas.

Desde 1990, se estima que las emisiones estadounidenses han provocado pérdidas económicas cercanas a 500 mil millones de dólares en India y alrededor de 330 mil millones en Brasil. Estas cifras reflejan cómo la crisis climática amplifica desigualdades estructurales ya existentes entre economías.

Para muchas naciones con menos recursos, los efectos del calentamiento global se traducen en menor crecimiento, pérdida de productividad agrícola y mayor vulnerabilidad social. En otras palabras, el impacto del cambio climático no solo es ambiental, sino profundamente económico y social.

La conversación global sobre responsabilidad climática

En el ámbito internacional, este tipo de estudios alimenta una discusión clave: quién debe asumir los costos del cambio climático. Durante años, países en desarrollo han pedido apoyo financiero a las economías más industrializadas para enfrentar los efectos de fenómenos climáticos cada vez más intensos.

El argumento se basa en una realidad histórica: las naciones ricas han emitido la mayor parte de los gases de efecto invernadero desde la Revolución Industrial. Por ello, muchos gobiernos consideran que existe una responsabilidad compartida, pero diferenciada, en la financiación de soluciones y adaptación climática.

La nueva investigación aporta evidencia cuantitativa a ese debate, mostrando cómo las emisiones históricas se traducen en impactos económicos reales en distintas regiones del planeta.

Política, emisiones y decisiones que cambian el rumbo

Mientras la evidencia científica se acumula, las decisiones políticas continúan moldeando la respuesta global al cambio climático. Estados Unidos ha mostrado una postura ambivalente en distintos momentos frente a la responsabilidad legal por su contribución al calentamiento global.

Durante la administración de Donald Trump, el país se retiró de compromisos internacionales relacionados con la financiación de pérdidas y daños y promovió una expansión en la explotación de petróleo y gas. Además, se frenaron proyectos clave de energía limpia en el ámbito nacional.

Estas decisiones han generado debates sobre el papel que deben jugar las grandes economías en la transición energética. Para muchos expertos, el costo de no actuar podría ser significativamente mayor que invertir en descarbonización y resiliencia climática.

El verdadero costo del carbono en el futuro

Economistas del clima señalan que el costo social del carbono es una herramienta clave para entender la dimensión económica del problema. Este indicador busca estimar cuánto daño genera cada tonelada de dióxido de carbono emitida a la atmósfera.

Desde esta perspectiva, el análisis sugiere que asumir los costos reales de las emisiones futuras sería económicamente conveniente a largo plazo. Las emisiones acumuladas generan impactos que crecen más rápido que la propia contaminación que las originó.

Por ello, muchos especialistas consideran que la transición energética no solo es una necesidad ambiental, sino también una estrategia económica para evitar mayores pérdidas en el futuro.

Daños climáticos de EE.UU y la deuda climática global

El concepto de deuda climática ha ganado relevancia en los últimos años. Este término hace referencia a la responsabilidad histórica de los países que más contribuyeron al calentamiento global y al impacto que eso tiene en las economías más vulnerables.

Los daños climáticos de EE.UU reflejan precisamente esa acumulación de efectos a lo largo del tiempo. Más allá de la cifra total estimada, el estudio evidencia cómo las emisiones pasadas siguen influyendo en el presente económico de muchos países.

Para el debate global sobre sostenibilidad, estos datos refuerzan la importancia de acelerar la transición energética, fortalecer la cooperación internacional y garantizar mecanismos de financiamiento climático más robustos.

El estudio abre una ventana importante para entender el cambio climático desde una perspectiva económica más concreta. Poner cifras al impacto de las emisiones históricas permite dimensionar el desafío que enfrenta la comunidad internacional en términos de justicia climática y desarrollo sostenible.

Más allá de los números, el mensaje central es claro: las decisiones energéticas del pasado siguen influyendo en el presente y en el futuro de la economía global. Reconocer la magnitud de los daños climáticos de EE.UU puede ser un paso clave para impulsar políticas más ambiciosas, colaborativas y alineadas con la urgencia del planeta.

¿Lavar platos también contamina?: Esponjas de cocina liberan microplásticos

La mayoría de las personas no piensa demasiado en la esponja que descansa junto al fregadero. Es un objeto cotidiano, casi invisible en la rutina del hogar. Sin embargo, una investigación reciente sugiere que este pequeño utensilio puede tener un papel más relevante en la contaminación ambiental de lo que imaginábamos, especialmente cuando se analiza desde la sostenibilidad y los hábitos de consumo.

El estudio revela que el simple acto de lavar platos puede liberar diminutas partículas plásticas hacia el desagüe. Estas partículas forman parte de un fenómeno más amplio que hoy preocupa a especialistas y empresas: la presencia de microplásticos en la cocina y su impacto en el sistema de aguas residuales. Pero el hallazgo va más allá del material de la esponja: también pone el foco en cómo usamos el agua.

Cuando la rutina diaria deja huella ambiental

De acuerdo con Earth, en distintas cocinas donde participaron voluntarios, los investigadores observaron el estado de tres tipos comunes de esponjas tras varios días de uso cotidiano. El resultado fue evidente: todas mostraban señales claras de desgaste en la superficie, algo que normalmente pasa desapercibido en la vida diaria.

Ese deterioro, aparentemente inofensivo, tiene implicaciones ambientales. Cada vez que una esponja se desgasta al fregar platos o utensilios, pequeñas fibras y partículas se desprenden y terminan en el drenaje doméstico.

Desde una perspectiva de responsabilidad social y consumo responsable, estos hallazgos invitan a repensar cómo los hábitos cotidianos pueden contribuir a la contaminación invisible que ocurre dentro del hogar.

El material importa más de lo que parece

A partir del análisis de esponjas domésticas desgastadas, investigadores de la Universidad de Bonn identificaron una diferencia significativa entre los materiales. Aquellas con mayor contenido de plástico liberaron más partículas hacia las aguas residuales.

Incluso cuando dos esponjas se deterioraron de forma similar, la que contenía alrededor del 59.3% de plástico generó una cantidad considerablemente mayor de residuos microscópicos. Este dato apunta a que el desgaste no es el único factor relevante.

La composición del producto se vuelve entonces un elemento clave para entender cómo se generan los microplásticos en la cocina, especialmente en entornos donde el lavado manual sigue siendo la práctica más común.

Microplásticos en la cocina: lo que reveló el laboratorio

Para comprender mejor el fenómeno, los investigadores llevaron las pruebas al laboratorio utilizando un dispositivo llamado SpongeBot. Esta máquina simulaba el movimiento repetitivo de fregar bajo el agua, eliminando variables como restos de comida o diferencias en la fuerza humana.

Durante los primeros ciclos de uso, se registró la mayor pérdida de material. Esto sugiere que las esponjas nuevas podrían liberar más partículas al inicio de su vida útil, un hallazgo que no siempre se considera en evaluaciones de impacto ambiental.

Aun así, los científicos reconocen que ninguna simulación reproduce completamente la dinámica real de una cocina doméstica, donde intervienen factores como presión, temperatura, detergentes y tiempo de uso.

El agua: el factor que cambia la conversación

Uno de los descubrimientos más relevantes del estudio no está únicamente en la esponja, sino en el agua. Al analizar todo el ciclo de vida del producto, los investigadores concluyeron que el consumo de agua domina la mayor parte del impacto ambiental.

De acuerdo con el análisis, entre el 85% y el 97% del daño al ecosistema se relaciona con el uso y tratamiento del agua. Esto incluye procesos como potabilización, energía utilizada, infraestructura y manejo de aguas residuales.

El hallazgo cambia el enfoque tradicional: más que centrarse solo en qué compramos, también debemos reflexionar sobre cómo usamos los recursos en actividades diarias como lavar los platos.

Lavavajillas automático vs lavado manual: una discusión abierta

Aunque el estudio se centró principalmente en esponjas y hábitos de lavado, también abre la puerta a comparar prácticas domésticas. En muchos hogares, el lavado manual implica mantener el grifo abierto durante varios minutos, lo que incrementa el impacto ambiental.

Cada minuto adicional bajo el agua representa energía, infraestructura y tratamiento posterior. Esto amplía la conversación hacia decisiones de eficiencia en el hogar que cada vez interesan más a especialistas en sostenibilidad.

Además, el estudio subraya que distintos polímeros se degradan de formas diferentes, por lo que menos material desprendido no siempre significa un menor impacto ambiental en todos los casos.

Microplásticos en la cocina y hábitos que pueden cambiar el impacto

La lección más clara del estudio comienza antes de tomar la esponja: en el uso del grifo. Reducir el consumo de agua durante el lavado puede disminuir de forma inmediata la mayor carga ambiental asociada a esta actividad cotidiana.

Al mismo tiempo, elegir esponjas con menor contenido de plástico y prolongar su vida útil ayuda a reducir tanto el impacto de producción como la liberación de partículas durante el uso.

Este enfoque integral refuerza una idea clave para la sostenibilidad actual: el impacto ambiental no depende solo del producto, sino de la interacción entre materiales, consumo y comportamiento.

Lo que parecía un gesto cotidiano sin consecuencias —lavar los platos— revela una cadena de impactos ambientales que muchas veces pasan desapercibidos. Desde la liberación de partículas microscópicas hasta el uso intensivo de agua, la investigación muestra cómo pequeñas decisiones del día a día pueden escalar en efectos ambientales más amplios.

La discusión sobre microplásticos en la cocina también refleja un cambio en la conversación sobre sostenibilidad: ya no basta con elegir productos “mejores”, sino entender cómo se usan. En ese punto convergen consumidores, empresas y especialistas en responsabilidad social.

En el fondo, la ecuación es simple pero poderosa: menos agua, menos plástico y mayor conciencia en los hábitos cotidianos. Un cambio pequeño en el fregadero puede formar parte de una transformación mayor en la manera en que pensamos el consumo y el impacto ambiental.

Beyond Purpose: As Consumption Changes, Big Food Reconfigures Its Portfolios

Unilever is exploring selling its food division to McCormick, Nestlé is reducing its ice cream business, and Danone is acquiring Huel. The real shift is not only in what is sold, but in who is seen as credible to sell it.

The packaged food industry is facing a turning point. High prices, a shift toward cheaper private labels, increased scrutiny of ultra-processed foods, and the impact of weight-control drugs (GLP-1) are forcing large companies to reconfigure their portfolios.

A recent analysis by The Economist describes this situation as a deterioration going “from bad to worse.” Between 2021 and 2024, major brands in the U.S. raised prices by an additional 11% above inflation. While this temporarily protected margins, it triggered a backlash: consumers are shifting to cheaper options from retailers like Costco and Aldi (or their local equivalents). Global searches related to “ultra-processed foods” have increased thirtyfold since 2022.

An EY study estimates that drugs like Wegovy and Zepbound could reduce snack sales in the U.S. by up to $12 billion over the next decade, as they change not only how much people eat, but also preferences toward more filling, protein-rich options.

Strategic moves by multinationals

These pressures are already translating into concrete actions:
• Unilever announced on March 20, 2026, that it is exploring the sale of its food division—which includes Hellmann’s, Knorr, and Marmite—to McCormick. After divesting its ice cream business last year, the British company aims to focus on personal care and home cleaning.
• Nestlé continues to divest from its ice cream business to concentrate on nutrition and categories more aligned with healthy trends.
• Danone announced on March 23, 2026, the acquisition of Huel, a complete-meal and protein replacement brand, for around €1 billion.

The pattern is clear: traditional categories of indulgence or ultra-processed convenience are losing structural appeal, while those offering greater control over ingredients, protein, or explicit nutritional benefits are gaining ground.

Beyond purpose: credibility as the new filter

Beyond portfolio adjustments and traditional marketing strategies, the deepest change lies in consumer criteria: people are not only buying differently—they are filtering differently.

Reformulating a product or launching “healthy” lines is no longer enough. Acceptance increasingly depends on whether it makes sense for a given brand to deliver that innovation. A multinational with a strong history in ultra-processed foods naturally generates skepticism when positioning itself as healthy.

This reshapes the role of corporate purpose. Parallel initiatives—such as campaigns or sustainability programs—are becoming insufficient. The main point of contact with society now lies in the product itself: its formulation, ingredient transparency, and real impact on public health.

In Mexico, where front-of-pack labeling has been in place for years, the focus is on minimizing warning labels and leveraging credibility in ingredients perceived as more natural. In this context, local or regional brands with a reputation for traditional ingredients or freshness may have a natural advantage over global giants.

From David and Goliath

The real change in the food industry lies not only in what is sold, but in who is seen as credible to sell it in each region.

Large brands know this and are adapting their moves: divesting from vulnerable categories, investing in functional nutrition, and calibrating reformulations and messaging according to local contexts.

Companies whose product history grants them “social license” to compete in this new paradigm will have certain advantages. Those that treat purpose merely as a communication exercise will face greater resistance.

In Mexico, Estado Natural could be a good example of this. The brand first opened its doors in October 2017. It was founded with the purpose of bringing healthier and more sustainable options to the market. In fact, its products are sold without packaging, offered in bulk. What began as a single store has grown into dozens, clearly driven by market acceptance and the social license it has earned.

The portfolio is shifting at a global level. Credibility—along with regional adaptation—becomes the most valuable asset.

Source: Main article “Big food’s troubles go from bad to worse,” The Economist (March 2026), and recent corporate announcements from Unilever, Nestlé, and Danone.

Más allá del propósito: cuando el consumo cambia, las grandes de alimentos reconfiguran sus portafolios

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Unilever explora vender su división de alimentos a McCormick, Nestlé reduce su negocio de helados y Danone adquiere Huel. El verdadero cambio no está solo en qué se vende, sino en quién resulta creíble para venderlo.

La industria de alimentos envasados enfrenta un punto de inflexión. Altos precios, migración hacia marcas propias más económicas, mayor escrutinio a los ultraprocesados y el impacto de los medicamentos para control de peso (GLP-1) están obligando a las grandes compañías a reconfigurar sus portafolios.

Un reciente análisis de The Economist describe esta situación como un deterioro que va “de mal en peor”. Entre 2021 y 2024, las grandes marcas en EE.UU. elevaron sus precios un 11% adicional por encima de la inflación. Aunque esto protegió márgenes temporalmente, generó un contraataque: los consumidores migran hacia opciones más baratas de retailers como Costco y Aldi (o sus equivalentes locales). Las búsquedas globales relacionadas con “ultraprocesados” se multiplicaron por 30 desde 2022.

Un estudio de EY estima que los fármacos como Wegovy y Zepbound podrían reducir hasta 12 mil millones de dólares en ventas de snacks en EE.UU. en la próxima década, al cambiar no solo la cantidad ingerida, sino también las preferencias hacia opciones más saciantes y proteicas.

Movimientos estratégicos de las multinacionales

Estas presiones ya se traducen en acciones concretas:

  • Unilever anunció el 20 de marzo de 2026 que explora la venta de su división de alimentos —que incluye Hellmann’s, Knorr y Marmite— a McCormick. Tras desprenderse de su negocio de helados el año pasado, la compañía británica busca enfocarse en cuidado personal y limpieza del hogar.
  • Nestlé continúa desinvirtiendo en su negocio de helados para concentrarse en nutrición y categorías más alineadas con tendencias saludables.
  • Danone anunció el 23 de marzo de 2026 la adquisición de Huel, marca de comidas completas y reemplazos proteicos, por cerca de 1.000 millones de euros.

El patrón es claro: las categorías tradicionales de indulgencia o conveniencia ultraprocesada pierden atractivo estructural, mientras ganan terreno aquellas que ofrecen mayor control de ingredientes, proteína o beneficio nutricional explícito.

Más allá del propósito: la credibilidad como nuevo filtro

Más allá de los ajustes de portafolio y las estrategias de marketing tradicionales, el cambio más profundo está en el criterio del consumidor: no solo compra distinto, filtra distinto.

Reformular un producto o lanzar líneas “saludables” ya no es suficiente. La aceptación depende cada vez más de si tiene sentido que esa innovación provenga de determinada marca. Una multinacional con historial fuerte en ultraprocesados genera escepticismo natural al posicionarse como saludable.

Esto reconfigura el rol del propósito corporativo. Las iniciativas paralelas —campañas o programas de sustentabilidad— empiezan a resultar insuficientes. El principal punto de contacto con la sociedad está ahora en el producto mismo: su formulación, transparencia de ingredientes y su impacto real en la salud pública.

En México, donde el etiquetado frontal lleva años vigente, el foco está en minimizar sellos y aprovechar credibilidad en ingredientes percibidos como más reales. En este contexto, marcas locales o regionales con reputación en ingredientes tradicionales o frescura pueden tener una ventaja natural frente a gigantes globales.

De David y Goliath 

El verdadero cambio en la industria de alimentos no radica solo en qué se vende, sino en quién resulta creíble para venderlo en cada región.

Las grandes marcas lo saben y adaptan sus movimientos: desinvierten en categorías vulnerables, invierten en nutrición funcional y calibran reformulaciones y narrativa según el contexto local.

Las empresas cuyo historial de productos les otorgue “licencia social” para competir en este nuevo paradigma tendrán ciertas ventajas. Las que mantengan el propósito solo como ejercicio de comunicación enfrentarán mayores resistencias.

En México, Estado Natural podría ser un buen ejemplo de esto. La marca abrió por primera vez sus puertas en octubre del 2017. Nació con el propósito de llevar al mercado opciones más saludables y sostenibles. De hecho, sus productos carecen de empaques, vendiéndose a granel. Lo que empezó como una tienda se ha convertido en decenas debido claramente a la aceptación y la licencia social que el mercado les ha otorgado.

El portafolio se mueve a nivel global. La credibilidad —junto con la adaptación regional— se convierte en el activo más valioso.

Fuente principal: Artículo “Big food’s troubles go from bad to worse”, The Economist (marzo 2026), y anuncios corporativos recientes de Unilever, Nestlé y Danone.

Empresas hablan de bienestar, pero aún a 60% de trabajadores mexicanos les preocupa su salud mental

En los últimos años, el bienestar laboral se ha convertido en un tema recurrente en los discursos corporativos. Programas de apoyo emocional, campañas internas y nuevas políticas buscan demostrar que las organizaciones están más atentas a sus colaboradores. Sin embargo, la realidad que viven muchos equipos todavía revela una distancia entre lo que se comunica y lo que ocurre en el día a día.

La más reciente Encuesta Nacional de Recursos Humanos 2026 de Sesame e isEasy muestra con claridad esa brecha: 59% de las personas trabajadoras en México expresó preocupación por el deterioro de su bienestar emocional. En otras palabras, casi seis de cada diez colaboradores perciben riesgos en la salud mental, incluso cuando el tema ya está presente en la agenda empresarial.

La salud mental de los trabajadores: conciencia creciente, resultados limitados

De acuerdo con El Economista, durante mucho tiempo, el bienestar en el trabajo se limitó a beneficios adicionales o acciones aisladas. Hoy existe mayor conversación sobre el tema, pero eso no necesariamente significa que las estrategias estén transformando las condiciones laborales. La encuesta refleja que el promedio de evaluación de los programas de salud mental alcanza apenas 3.09 en una escala de cinco puntos.

Este resultado sugiere que las empresas avanzan, pero aún sin lograr un impacto profundo. Muchas iniciativas se perciben más como prestaciones extralegales o esquemas de flexibilidad, en lugar de políticas estructurales que aborden los factores que afectan directamente la experiencia laboral.

Según la investigación, uno de los principales retos es que estas estrategias no siempre responden a las necesidades reales de cada organización. En muchos casos, se diseñan de forma generalizada, sin considerar dinámicas internas, cargas laborales o estilos de liderazgo.

Cuando la jornada laboral absorbe la vida personal

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio apunta a un problema que cada vez se menciona con más frecuencia: la dificultad para desconectarse del trabajo. La encuesta advierte que la jornada laboral consume gran parte del tiempo y la energía de las personas, limitando su posibilidad de realizar actividades fuera del ámbito profesional.

Esto tiene implicaciones directas en la salud mental de los trabajadores, ya que la falta de descanso y de espacios personales termina acumulándose en forma de estrés, agotamiento o desmotivación.

El informe también señala que el bienestar no puede sostenerse únicamente con talleres, charlas o campañas internas. Las decisiones relacionadas con cargas de trabajo, tiempos de descanso y cultura organizacional son las que realmente marcan la diferencia. En otras palabras, el bienestar requiere rediseñar la forma de trabajar, no solo añadir iniciativas complementarias.

Recursos Humanos frente a reformas y presión operativa

Además del bienestar, la encuesta analizó la capacidad de las empresas para adaptarse a cambios regulatorios. En este rubro, las organizaciones alcanzaron 3.4 puntos en preparación general para reformas laborales, lo que indica avances, aunque todavía con áreas de oportunidad.

El problema surge cuando se revisa el uso de tecnología para mantenerse al día con la normativa. En este caso, la calificación baja a 2.9 puntos, lo que evidencia que gran parte del cumplimiento depende todavía de procesos manuales.

Esto incrementa la carga operativa en las áreas de Recursos Humanos, que deben traducir cambios legales en procesos claros y sostenibles. Cuando no existen sistemas automatizados o herramientas especializadas, el riesgo de errores aumenta y el trabajo se vuelve más complejo.

Cultura organizacional: lo que se dice vs lo que se vive

Dentro de las cinco dimensiones evaluadas por el estudio, la mejor calificada fue la comunicación de la cultura y el compromiso interno, con 3.63 puntos sobre cinco. Esto refleja que muchas organizaciones están invirtiendo esfuerzos en fortalecer el sentido de pertenencia y la identidad corporativa.

Sin embargo, incluso en este aspecto surgen tensiones. El rol del liderazgo como embajador de la cultura obtuvo una calificación menor, de 3.2 puntos. Esto sugiere que existe una brecha entre el mensaje institucional y la experiencia cotidiana de los equipos.

Cuando la cultura se comunica de forma consistente pero no se refleja en las prácticas diarias, las personas perciben incoherencias. Esa distancia puede impactar nuevamente en la salud mental de los trabajadores, especialmente cuando las expectativas internas no coinciden con la realidad laboral.

People analytics: la oportunidad pendiente para tomar mejores decisiones

Otro de los hallazgos más reveladores del reporte es el bajo nivel de adopción de herramientas de análisis de talento. Aunque la digitalización en Recursos Humanos ha avanzado en procesos básicos como vacaciones o control de horarios, el uso de people analytics todavía es limitado.

De hecho, 63% de las organizaciones reconoce que no cuenta con herramientas de este tipo. La calificación en este rubro fue de apenas 2.2 puntos, la más baja de todo el estudio. Esto significa que muchas decisiones relacionadas con talento se siguen tomando sin un análisis profundo de datos.

Sin información clara sobre rotación, carga laboral, desempeño o bienestar, resulta más difícil diseñar estrategias efectivas. La analítica de personas podría ayudar a detectar riesgos, anticipar problemas y fortalecer la gestión del capital humano de manera más estratégica.

Del discurso al rediseño del trabajo

La conversación sobre bienestar laboral está más presente que nunca en las organizaciones mexicanas. Sin embargo, los datos muestran que el camino hacia entornos laborales realmente saludables todavía está en construcción. Reconocer la importancia del tema es un avance, pero no sustituye la necesidad de transformar prácticas, estructuras y procesos.

Si las empresas buscan impactar de manera real en la salud mental de los trabajadores, deberán ir más allá de programas aislados y apostar por cambios más profundos: desde la gestión de cargas laborales hasta el uso de tecnología y análisis de datos para tomar decisiones informadas.

En un contexto donde el talento valora cada vez más el equilibrio y el sentido de su trabajo, el bienestar dejó de ser un beneficio adicional. Hoy se perfila como un indicador clave de sostenibilidad organizacional y, al mismo tiempo, como una oportunidad para construir empresas más humanas y resilientes.

Inauguran el Estadio Banorte: ¿qué tan sustentable es el ex Estadio Azteca?

Hace apenas unos días, uno de los recintos deportivos más emblemáticos de América Latina volvió a abrir sus puertas con un nuevo nombre y una nueva narrativa. El histórico Estadio Azteca, ahora Estadio Banorte, reanudó actividades tras más de un año de remodelación que buscó actualizar su infraestructura, ampliar su capacidad operativa y prepararlo para un calendario de eventos cada vez más diverso.

La reapertura no solo estuvo marcada por la expectativa deportiva rumbo al Mundial de 2026, sino también por una conversación más amplia sobre sostenibilidad en grandes infraestructuras. En ese contexto, la sustentabilidad del Estado Banorte se convirtió en un punto de análisis relevante para especialistas en responsabilidad social y para quienes observan cómo evolucionan los estadios hacia modelos más eficientes, inclusivos y resilientes.

Un ícono renovado y la sustentabilidad del Estado Banorte

La reinauguración del estadio marcó el inicio de una nueva etapa para el llamado coloso de Santa Úrsula, un recinto inaugurado originalmente en 1966 y diseñado por los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares. Durante décadas fue referencia del fútbol mundial, pero con el paso del tiempo comenzó a quedar rezagado frente a estadios más modernos, especialmente en Estados Unidos.

La remodelación buscó revertir esa brecha tecnológica y funcional. El inmueble amplió su aforo a 87 mil personas, integró nuevas áreas hospitality, modernizó sus sistemas de iluminación y sonido, y reforzó la conectividad digital con una red interna de wifi de alta velocidad. Dentro de este proceso, la sustentabilidad del Estado Banorte cobró relevancia porque el proyecto no solo apostó por la modernización, sino por adaptar un edificio histórico a estándares contemporáneos de operación sostenible.

Un estadio listo para el Mundial y para nuevos mercados

La reapertura del estadio también estuvo vinculada a la estrategia de posicionarlo como un recinto multifuncional. Con la remodelación, el inmueble buscó ampliar su mercado hacia conciertos, espectáculos internacionales y eventos deportivos de gran escala. La cancha fue completamente renovada con un sistema híbrido compuesto por 95% pasto natural y 5% fibras sintéticas, acompañado de un sistema de drenaje subterráneo que permite una evacuación más rápida del agua durante lluvias intensas.

Este cambio no fue menor: años atrás, en 2018, el estadio enfrentó un episodio crítico cuando la NFL canceló un partido debido a las malas condiciones del campo. Aquella situación marcó el inicio de una transformación que ahora culminó con un recinto preparado para recibir nuevamente eventos globales.

Certificación LEED Platino: un paso clave en sostenibilidad

Uno de los hitos más relevantes dentro de esta renovación fue la certificación LEED Operations and Management v4.1 en nivel Platino obtenida en octubre de 2025 con 81 puntos. Este reconocimiento posicionó al estadio como uno de los recintos existentes con mejor desempeño ambiental a nivel internacional.

La certificación evaluó la eficiencia energética, la gestión del agua, las políticas de operación y la experiencia de los usuarios dentro del inmueble. En el caso del Estadio Banorte, el desempeño en energía y gestión de recursos fue determinante para alcanzar el nivel más alto del estándar.

Este tipo de certificaciones también implican compromisos a largo plazo, ya que el recinto deberá someterse a una recertificación en los próximos años bajo estándares más exigentes.

Impacto social: una remodelación que también miró a su entorno

Durante el proceso de evaluación del proyecto se identificaron desigualdades sociales en la comunidad cercana al estadio. Como parte de las acciones de impacto social, se realizó una donación de 5,000 dólares a Ola México a través de Impact Hub para fortalecer emprendimientos locales mediante capacitación.

Este tipo de iniciativas busca que la operación del estadio tenga un efecto positivo en su entorno inmediato, especialmente en zonas urbanas donde los grandes recintos suelen generar dinámicas económicas complejas.

Este enfoque comienza a ser cada vez más relevante en proyectos de infraestructura vinculados a entretenimiento y deporte.

Movilidad urbana y acceso: el estadio dentro de la ciudad

Otro elemento clave del proyecto fue la movilidad. El estadio se encuentra sobre Calzada de Tlalpan, una de las arterias principales de la Ciudad de México, y frente a la estación Estadio Azteca del sistema de trolebús eléctrico. Los datos recabados durante el análisis de movilidad mostraron que una parte importante de las personas asistentes utiliza opciones de transporte con menor impacto ambiental. Más del 68% de los visitantes se trasladó mediante transporte público, carpooling, vehículos eficientes o medios no motorizados.

Además, se proyectó la construcción de una ciclovía que conectará el estadio con el Zócalo capitalino, ampliando las alternativas de movilidad sostenible para eventos masivos.

Energía, agua y residuos: cómo opera un estadio más eficiente

En el ámbito ambiental, el estadio mostró un desempeño destacado en energía y atmósfera, con 32 de los 33 puntos posibles dentro de la certificación LEED. Esto fue resultado de la modernización del sistema HVAC, la actualización de luminarias y la implementación de sistemas de medición energética más precisos.

Estas mejoras redujeron el consumo energético del inmueble y permitieron monitorear con mayor detalle su desempeño operativo. Además, se adquirieron bonos de carbono certificados que compensaron más de seis mil toneladas de emisiones generadas por el uso de energía.

En materia de agua, el proyecto impulsó el uso de agua tratada para riego y planeó la sustitución total del mobiliario sanitario por equipos de menor consumo hídrico, una medida clave en recintos de alta afluencia.

Experiencia de los usuarios: bienestar y calidad del ambiente interior

La sostenibilidad del estadio también incluyó la evaluación de la experiencia de quienes lo utilizan. Se realizaron encuestas a más de tres mil personas usuarias del recinto para analizar su percepción sobre el ambiente interior.

Los resultados mostraron que más del 61% se declaró satisfecho con las condiciones del estadio. A esto se sumaron mediciones de calidad del aire que registraron niveles de compuestos orgánicos volátiles y dióxido de carbono por debajo de los límites recomendados.

Estos indicadores reflejan que la operación del inmueble no solo se enfocó en eficiencia ambiental, sino también en bienestar y confort para asistentes, personal y visitantes.

El reto a futuro: consolidar la sustentabilidad del Estado Banorte

Aunque la remodelación marcó un avance importante, el proceso de sostenibilidad del estadio no terminó con la certificación. En tres años, el recinto deberá buscar su recertificación bajo la versión 5 del estándar LEED, que incluye métricas más estrictas relacionadas con descarbonización y resiliencia climática.

En este escenario, la sustentabilidad del Estado Banorte dependerá de mantener la consistencia operativa, fortalecer programas de educación ambiental para los asistentes y mejorar la separación de residuos durante eventos masivos.

También será clave el monitoreo constante de indicadores de energía, agua y movilidad, elementos que suelen representar los mayores desafíos en infraestructuras de gran escala.

Un estadio que redefine el futuro de los recintos deportivos

La reapertura del Estadio Banorte no solo representó la renovación de un símbolo del fútbol mundial, también abrió una conversación más profunda sobre el papel de los estadios en las ciudades contemporáneas. Hoy, estos espacios funcionan como plataformas culturales, económicas y sociales que requieren modelos de gestión más responsables.

El caso del antiguo Estadio Azteca demuestra que es posible actualizar un edificio histórico para responder a estándares ambientales actuales sin perder su valor simbólico. Esto es especialmente relevante en América Latina, donde muchas infraestructuras deportivas enfrentan el reto de modernizarse sin reconstruirse por completo.

En los próximos años, la evolución de la sustentabilidad del Estado Banorte podría convertirse en un referente para otros estadios en México y en la región, especialmente ahora que el país se prepara para ser nuevamente protagonista de uno de los eventos deportivos más importantes del planeta.

Cero desechos: el reto ambiental que exige transformar la forma en que consumimos

El 30 de marzo se conmemora el Día Internacional de Cero Desechos, fecha proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, celebrada por primera vez en 2023. Esta jornada tiene como objetivo promover modelos de consumo y producción sostenibles, así como crear conciencia sobre la urgencia de reducir la generación de residuos a nivel global, lo que nos brinda una oportunidad invaluable para reflexionar sobre nuestras prácticas de consumo y producción.

De acuerdo con la ONU y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), cada año se generan entre 2,100 y 2,300 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos en el mundo, cifra que podría incrementarse hasta 3,800 millones para 2050 si no se implementan cambios significativos.

En este sentido, uno de los temas más relevantes es el desperdicio de alimentos, ya que a nivel global se estima que cerca de 1,000 millones de toneladas de alimentos se desperdician anualmente. En México esta problemática adquiere una dimensión significativa dado que, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se pierden o desperdician cerca de 21 millones de toneladas de alimentos. Este volumen equivale a tirar cada minuto a la basura 2 tráilers llenos de alimentos aptos para consumo humano. Es preocupante saber que nuestro país es el que más desperdicio de alimento per cápita genera en el bloque de América Latina y el Caribe, y que este desperdicio genera cada año las mismas emisiones que toda la flota vehicular de CDMX, Guadalajara y Monterrey.

Cero desechos

La reducción del desperdicio alimentario se posiciona, así, como una de las acciones más efectivas para disminuir la huella ambiental desde lo cotidiano. Cada alimento que se desecha implica también la pérdida de recursos como agua, energía y trabajo humano involucrados en su producción y distribución. Además, los alimentos en descomposición en los vertederos generan metano, un gas de efecto invernadero potente.

En este sentido, iniciativas enfocadas en la educación alimentaria y el aprovechamiento integral de los ingredientes cobran especial relevancia. Espacios como Fundación Herdez Casa Doña María Pons, en San Luis Potosí, promueven el conocimiento de la cocina tradicional mexicana, destacando prácticas que históricamente han favorecido el uso completo de los alimentos y la reducción de desperdicios.

Para ayudarte en esta tarea, te compartimos algunos consejos prácticos de la Chef Mariana Orozco vocera de la estrategia de la Red BAMX “Pacto por la Comida” y autora del libro “Cocina mucho, desperdicia poco y ahorra más” donde a través de 80 recetas ofrece consejos prácticos para reducir los desperdicios en nuestra vida cotidiana.

Cero desechos
  • Aprovecha al máximo tus ingredientes: Nunca tires los rabitos del cilantro; puedes utilizarlos de la misma forma que las hojas. Congélalos si no los vas a usar pronto y úsalos luego en salsas o aderezos.
  • Almacena adecuadamente tus alimentos: guarda las verduras con menos agua afuera y ya partidas en el refrigerador para prolongar su vida útil. También puedes congelar los restos de verduras para hacer un fondo de verdura o caldo más tarde.
  • Reutiliza los residuos: después de utilizar la ralladura de la cáscara de naranja en postres, puedes utilizar el resto para limpieza mezclándolo con vinagre.
  • Conserva tus hierbas frescas por más tiempo: guarda las hierbas frescas en un frasco con agua en la puerta del refrigerador y tápalas con una bolsa de plástico para que duren más tiempo frescas.
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Te invitamos a que te unas con nosotros en la lucha de cero desechos y comiences a hacer la diferencia hoy mismo. Juntos podemos construir un futuro más sostenible para las generaciones futuras.

Apuesta ECOCE por la innovación para transformar el reciclaje de empaques flexibles

En un contexto donde la gestión de residuos se posiciona como uno de los mayores desafíos ambientales, ECOCE reforzó su papel como articulador de soluciones al participar en el 6º Seminario “Nuevas tecnologías y sustentabilidad en empaques flexibles”, organizado por NSV en Guadalajara.

Durante el encuentro, que reunió a más de 120 actores clave de la industria, la organización impartió la conferencia “Gestión circular efectiva de los empaques plásticos flexibles”, abriendo el diálogo sobre cómo avanzar hacia modelos más sostenibles para este tipo de materiales.

El seminario congregó a especialistas, empresas y tomadores de decisión con el objetivo de analizar el papel de la innovación en el rediseño de empaques, la adopción de nuevas tecnologías y la construcción de soluciones viables que permitan integrar los plásticos flexibles a esquemas efectivos de reciclaje.

En este espacio, Adrián Velasco, Director de Empaque de Plásticos Flexibles de ECOCE, subrayó que el reto de la circularidad va más allá de la tecnología y requiere una visión integral:

“La transición hacia empaques flexibles reciclables no depende de un solo actor o solución. Requiere articular diseño, tecnología, infraestructura y mercado para que el reciclaje sea una realidad en la práctica, no solo en la intención”.

empaques flexibles

Durante la ponencia, se destacó que el principal desafío actual no radica únicamente en la disponibilidad de tecnologías, sino en su implementación a escala y en la alineación de toda la cadena de valor, desde el diseño del empaque hasta su recuperación y reincorporación al ciclo productivo.

Ante este panorama, ECOCE reafirmó su compromiso de impulsar la evolución del sistema de reciclaje en México, promoviendo el diseño circular, el fortalecimiento de infraestructura y la generación de condiciones que faciliten la valorización de los plásticos flexibles.

La participación de la organización en este tipo de espacios consolida su rol como un puente entre industria, innovación y sustentabilidad, contribuyendo activamente al desarrollo de soluciones integrales frente a los retos actuales en el manejo de residuos en el país.