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Fútbol con huella: Mundial 2026 podría generar 9 más de millones de toneladas de CO2

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El fútbol es un lenguaje universal. Cada cuatro años, la Copa Mundial de la FIFA 2026 se convierte en el escenario donde convergen culturas, historias y aspiraciones colectivas. Millones de personas no solo ven partidos: viven una experiencia compartida que trasciende fronteras, idiomas y contextos. Sin embargo, detrás de este fenómeno global, comienza a tomar fuerza una narrativa menos visible, pero cada vez más urgente.

La escala sin precedentes del torneo —que se celebrará en Estados Unidos, Canadá y México— también amplifica sus impactos, de acuerdo con el FIFA’s Climate Blind Spot. La huella ambiental del Mundial 2026 no es solo un dato técnico, sino un reflejo de cómo los megaeventos deportivos están interactuando con una crisis climática en aceleración. En este contexto, la gestión del fútbol global enfrenta un punto ciego que pone en tensión su responsabilidad con aficionados, jugadores y el futuro del propio deporte.

El espectáculo que multiplica su impacto

La decisión de ampliar el torneo de 32 a 48 equipos redefine el alcance de la competencia. Más selecciones implican más partidos, más sedes y, sobre todo, más desplazamientos internacionales en un periodo concentrado de tiempo.

El transporte aéreo, responsable de una parte significativa de las emisiones del torneo, podría aumentar entre un 160% y un 325% respecto a ediciones anteriores. Este crecimiento no es marginal: es estructural.

La huella ambiental del Mundial 2026 se expande directamente proporcional a la ambición del formato.

Además, la dispersión geográfica del torneo en tres países incrementa la complejidad logística. Aficionados, equipos y personal técnico deberán recorrer grandes distancias, consolidando un modelo intensivo en carbono que difícilmente puede ignorarse en el contexto actual.

huella ambiental del Mundial 2026

Radiografía de la huella ambiental del Mundial 2026

Las cifras son contundentes. Bajo estimaciones conservadoras, el torneo generará al menos 9 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (tCO2e), casi el doble del promedio registrado entre 2010 y 2022, que fue de 4.7 millones.

No obstante, investigaciones recientes advierten que estas cifras podrían estar subestimadas. Al considerar el impacto ampliado del transporte aéreo, las emisiones podrían escalar hasta 15 millones de tCO2e. Este ajuste coloca la huella ambiental del Mundial 2026 en un rango entre 40% y 70% superior a las estimaciones base.

Este escenario no solo posiciona a 2026 como la edición más contaminante hasta ahora, sino que también anticipa una tendencia preocupante para futuros torneos, como los de 2030 y 2034, que seguirían una trayectoria similar.

Patrocinios bajo la lupa

Más allá de la operación directa del torneo, existen impactos indirectos que amplifican su huella. El acuerdo de patrocinio entre la FIFA y Saudi Aramco es uno de los más relevantes.

Se estima que esta alianza podría inducir emisiones adicionales cercanas a 30 millones de toneladas de CO2 equivalente, derivadas del aumento en las ventas de combustibles fósiles. Este dato transforma la discusión: la huella ambiental del Mundial 2026 no solo depende de la logística del evento, sino también de las decisiones estratégicas que lo rodean.

En términos de responsabilidad social, este tipo de asociaciones abre cuestionamientos sobre la coherencia entre el discurso de sostenibilidad y las prácticas comerciales que lo sustentan.

Estadios en riesgo climático

El cambio climático ya está afectando las condiciones en las que se juega y se vive el fútbol. Un análisis de Environmental Defense Fund revela que 8 de los 16 estadios del Mundial 2026 requieren intervención ambiental inmediata, y 4 de ellos enfrentan condiciones críticas.

Además, seis estadios presentan niveles de estrés térmico extremo (WBGT superior a 26.67°C), lo que representa riesgos directos para la salud de jugadores y aficionados. En partidos recientes, las temperaturas han alcanzado hasta 41°C, evidenciando que estas condiciones no son hipotéticas.

Así, la huella ambiental del Mundial 2026 también se manifiesta en la vulnerabilidad de su infraestructura. No se trata solo de cuánto contamina el evento, sino de qué tan expuesto está a los efectos del calentamiento global.

Un torneo global en un planeta cambiante

Históricamente, la Copa del Mundo ha sido un símbolo de unidad. Desde la “mano de Dios” de Diego Maradona hasta la despedida de Zinedine Zidane, el torneo ha construido una narrativa emocional que trasciende generaciones. En 2022, alrededor de 1.42 mil millones de personas vieron la final, y se estima que 5.9 mil millones interactuaron con el torneo en distintos formatos. Esta magnitud convierte al evento en una plataforma única de influencia global.

Sin embargo, la huella ambiental del Mundial 2026 introduce una nueva capa en esta narrativa: la de un evento que, mientras une al mundo, también contribuye a una crisis que lo afecta de manera desigual.

¿Puede el fútbol jugar a favor del clima?

El informe liderado por Scientists for Global Responsibility plantea un llamado claro: la gobernanza del fútbol debe evolucionar frente a la crisis climática. Esto implica repensar desde la asignación de sedes hasta los modelos de patrocinio, pasando por la logística de transporte y el diseño de infraestructura. La huella ambiental del Mundial 2026 podría ser un punto de inflexión si se utiliza como base para implementar cambios estructurales.

El fútbol tiene el poder de inspirar, movilizar y transformar. La pregunta no es si puede hacerlo, sino si está dispuesto a asumir el costo de liderar ese cambio.

El Mundial 2026 encarna una contradicción profunda: es, al mismo tiempo, el torneo más inclusivo y el más contaminante en la historia reciente del fútbol. Esta dualidad obliga a replantear los límites del crecimiento en los megaeventos deportivos.

La conversación sobre la huella ambiental del Mundial 2026 no puede quedarse en el diagnóstico técnico. Requiere decisiones valientes, coherencia institucional y una visión de largo plazo que priorice la sostenibilidad del deporte y del planeta.

Porque si el fútbol aspira a seguir siendo el juego que une al mundo, deberá también convertirse en un actor que contribuya a protegerlo.

Puedes ver el informe completo dando click aquí.

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