(Un cuento inspirado en la familia dueña de Walmart)
Hace muchos años, en un pequeño pueblo llamado Bentonville, en el estado de Arkansas, Estados Unidos, vivía un señor muy trabajador llamado Sam Walton. Junto con su esposa Helen abrió una tienda chiquita donde vendían de todo a precios muy bajos para que las familias pudieran ahorrar dinero.
Con los años, esa tiendita se convirtió en Walmart, una de las tiendas más grandes del mundo. La familia Walton se volvió una de las más ricas del planeta.
Pero aquí viene lo más sorprendente de esta historia…
A pesar de tener muchísimo dinero, los Walton viven como una familia normal. Uno de ellos, el señor Jim Walton, todavía va casi todos los días al mismo café (se llama Spark Cafe) desde hace más de 40 años a comer su helado favorito de butter pecan. Viven en casas normales, manejan camionetas pickup comunes y no les gusta presumir ni gastar en lujos exagerados.
Los Walton han hecho algo muy inteligente: tienen tres tesoros y los cuidan por separado.
1. Su vida familiar (el tesoro más importante) Mantienen una vida sencilla y unida. Comen helado en el mismo lugar de siempre, viven cerca de su gente y no olvidan de dónde vienen. Esta sencillez los ayuda a seguir siendo una familia feliz y con los pies en la tierra.
2. Su ayuda a la comunidad La familia tiene su propia Fundación Familiar (Walton Family Foundation). Con ella construyen cosas grandes y bonitas para su pueblo, como un hermoso museo de arte llamado Crystal Bridges, parques y senderos para caminar, y cuidan los ríos y la naturaleza.
Además, la empresa Walmart tiene su propia Fundación Empresarial (Walmart Foundation) que ayuda con comida para quien no tiene, apoyo cuando hay desastres y ayuda a sus trabajadores y comunidades donde hay tiendas Walmart.
3. Su empresa (Walmart) La empresa la manejan como un gran negocio serio. Intentan vender productos buenos y baratos, cuidar el medio ambiente, tratar bien a sus trabajadores y ayudar a las comunidades. Pero siempre pensando como negocio, para que Walmart siga creando empleos y creciendo.
Los Walton no mezclan estas tres cosas. Saben que cada una tiene su lugar y su propósito.
Este cuento está inspirado en el reportaje “The Walmart Billionaires of Bentonville” publicado por la revista Fortune en abril de 2026.
Nuestra jerarquía simplificada de las luces y sombras, de lo que todos hablan y lo que pocos saben en el mundo de la responsabilidad corporativa y la sostenibilidad.
Trendy – Rincón de la infamia
México llega al Mundial con pendientes de inclusión en estadios, movilidad e infraestructura
La crisis climática ha obligado a la ciencia a mirar más allá de las soluciones tradicionales. Mientras gobiernos, empresas y organizaciones buscan reducir sus emisiones, una pregunta gana relevancia: ¿cómo eliminar parte del dióxido de carbono que ya se encuentra acumulado en la atmósfera? La respuesta podría encontrarse en lugares inesperados, incluso en los residuos que diariamente genera la industria alimentaria.
Durante años, la captura directa de aire ha sido considerada una tecnología prometedora para combatir el calentamiento global. Sin embargo, sus elevados costos y requerimientos energéticos han limitado su expansión. Ahora, un equipo de investigadores de la ETH Zúrich propone una alternativa innovadora que transforma subproductos del queso y el tofu en materiales capaces de absorber CO₂ de manera eficiente, abriendo una nueva oportunidad para la sostenibilidad y la economía circular.
Residuos que podrían ayudar a capturar carbono
Cada año, la producción de lácteos y tofu genera enormes cantidades de residuos ricos en proteínas. Aunque una parte de estos materiales se reutiliza dentro de la industria alimentaria, una proporción considerable termina siendo descartada. Lo que antes era visto como un desperdicio podría convertirse en una herramienta estratégica para enfrentar el cambio climático.
Los investigadores desarrollaron un método para extraer proteínas de estos residuos y transformarlas en fibrillas amiloides, estructuras microscópicas con propiedades únicas. Posteriormente, estas fibrillas son combinadas con hidróxido de potasio para crear pequeñas microesferas porosas capaces de absorber dióxido de carbono del ambiente.
El resultado es un material similar a una esponja que aprovecha componentes de bajo valor económico para resolver uno de los mayores desafíos ambientales de nuestro tiempo. Esta innovación demuestra cómo la valorización de residuos puede generar soluciones con impacto global.
La ciencia detrás de capturar carbono de forma eficiente
Cuando las microesferas entran en contacto con el aire, el hidróxido de potasio reacciona químicamente con el CO₂ y lo transforma en bicarbonato. Gracias a este proceso, el dióxido de carbono queda retenido dentro del material, reduciendo su concentración en la atmósfera.
Las pruebas realizadas por el equipo mostraron resultados prometedores. Con apenas un gramo de material lograron extraer 97 miligramos de CO₂ del aire ambiente, una capacidad que supera entre un 10% y un 50% la eficiencia reportada por diversos sistemas convencionales de captura directa de aire.
Estos hallazgos son particularmente relevantes porque demuestran que materiales obtenidos a partir de residuos alimentarios pueden competir con tecnologías desarrolladas específicamente para la remoción de carbono, ofreciendo además ventajas ambientales adicionales.
Menos energía, más posibilidades
Uno de los principales obstáculos de los sistemas DAC actuales es la gran cantidad de energía necesaria para liberar el dióxido de carbono una vez capturado. Generalmente se requiere calor intenso o presión negativa, factores que incrementan significativamente los costos operativos.
La propuesta de la ETH Zúrich aborda este desafío mediante un proceso mucho más sencillo. Para recuperar el CO₂ almacenado, las microesferas son rociadas con soluciones suaves de ácido y base a temperatura ambiente durante unos minutos. Esto permite romper los enlaces químicos sin necesidad de recurrir a grandes consumos energéticos.
La reducción de energía requerida podría representar una ventaja competitiva importante en el futuro, especialmente en regiones donde la disponibilidad de energías renovables aún es limitada.
Economía circular aplicada a la acción climática
Más allá de su capacidad para remover dióxido de carbono, esta tecnología destaca por su alineación con los principios de economía circular. Los materiales utilizados son biodegradables, no tóxicos y provienen de recursos que ya existen dentro de cadenas productivas establecidas.
Además, los investigadores comprobaron que tanto las microesferas como las sustancias empleadas para liberar el CO₂ pueden reutilizarse múltiples veces. En pruebas de laboratorio completaron 30 ciclos consecutivos sin registrar pérdidas significativas de rendimiento.
Cuando el material alcance el final de su vida útil, podría convertirse en fertilizante agrícola o utilizarse para producir biocombustibles. Esto evita la generación de nuevos residuos y amplía los beneficios ambientales del sistema.
Un avance prometedor para la descarbonización
El último informe del IPCC señala que limitar el calentamiento global a 1.5 °C requerirá no solo reducir emisiones, sino también desarrollar mecanismos capaces de retirar grandes cantidades de carbono de la atmósfera. En este contexto, tecnologías como la presentada por la ETH Zúrich adquieren una relevancia estratégica.
Aunque la investigación aún se encuentra en fase experimental, los resultados sugieren que la tecnología podría escalarse a aplicaciones industriales. Los sistemas utilizados para liberar el dióxido de carbono ya existen en distintos sectores productivos, lo que podría facilitar su adopción futura.
Los científicos reconocen que todavía son necesarias más pruebas para validar el desempeño a gran escala. Sin embargo, los primeros datos alimentan el optimismo sobre su potencial para complementar otras estrategias de mitigación climática.
Una oportunidad para transformar residuos en soluciones
La historia de estas microesferas demuestra que la innovación climática no siempre depende de materiales complejos o costosos. A veces, las respuestas pueden encontrarse en recursos que hasta ahora eran considerados simples desechos industriales.
Convertir residuos alimentarios en herramientas para capturar carbono representa una muestra de cómo la ciencia puede conectar sostenibilidad, eficiencia y economía circular. Si las investigaciones futuras confirman su viabilidad a gran escala, esta tecnología podría contribuir a acelerar la transición hacia modelos productivos más resilientes.
En un escenario donde cada tonelada de CO₂ evitada cuenta, iniciativas como esta recuerdan que la lucha contra el cambio climático también pasa por repensar el valor de los recursos que ya tenemos. La capacidad de capturar carbono utilizando materiales biodegradables y abundantes podría convertirse en una de las innovaciones más prometedoras de la próxima década.
La Copa Mundial 2026 ya comenzó y, junto con la emoción deportiva, ha surgido una conversación cada vez más relevante: la sostenibilidad. Durante años, los grandes eventos deportivos han buscado demostrar su compromiso con la reducción de emisiones, el uso eficiente de recursos y la generación de impactos positivos en las comunidades anfitrionas. Sin embargo, hoy la discusión parece estar tomando un rumbo distinto.
Más allá de los indicadores ambientales, millones de aficionados se están planteando una pregunta que toca directamente el corazón del concepto de sostenibilidad: ¿quién puede participar realmente en la experiencia? Mientras organizadores, gobiernos y patrocinadores presentan estrategias alineadas con criterios ESG, en redes sociales crece la preocupación por el costo de las entradas, el alojamiento y el transporte. Así, el acceso comienza a convertirse en uno de los temas más importantes de cara al torneo.
Mundial sostenible: cuando la inclusión importa tanto como el carbono
Tradicionalmente, la sostenibilidad de los megaeventos deportivos se ha evaluado a partir de variables ambientales. La reducción de emisiones, la gestión eficiente de residuos y el uso de energías renovables han sido algunos de los principales indicadores utilizados para medir el éxito de estas iniciativas.
Sin embargo, la conversación pública está evolucionando. Cada vez más personas consideran que un evento no puede definirse únicamente por su desempeño ambiental. También importa quién tiene la posibilidad de disfrutarlo, beneficiarse de él y sentirse parte de la experiencia.
La expansión del torneo a tres países anfitriones y múltiples ciudades representa una oportunidad para demostrar liderazgo en sostenibilidad. No obstante, también implica nuevos desafíos relacionados con la movilidad, los costos y la distribución equitativa de los beneficios generados.
En este contexto, la idea de un Mundial sostenible comienza a incluir aspectos sociales que antes ocupaban un lugar secundario dentro de la conversación pública.
— Copa Mundial FIFA 🏆 (@fifaworldcup_es) June 11, 2026
El precio de vivir el sueño mundialista
Las cifras reflejan una preocupación creciente. Desde principios de año se han registrado cientos de miles de conversaciones digitales relacionadas con los precios de los boletos, la disponibilidad de hospedaje y los costos de transporte asociados al torneo.
Para muchos aficionados, asistir a una Copa Mundial representa una experiencia única en la vida. Sin embargo, la percepción de que los costos son cada vez más elevados ha generado frustración y una sensación de exclusión que se repite constantemente en plataformas digitales.
La situación quedó evidenciada en iniciativas como la realizada en Nueva York, donde una cantidad limitada de boletos subsidiados fue asignada mediante un sistema de lotería. La enorme demanda registrada en pocos días confirmó que existe un interés significativo por opciones más accesibles.
Cuando la posibilidad de asistir se convierte en un privilegio para unos cuantos, la discusión sobre sostenibilidad inevitablemente adquiere una dimensión social.
Mundial sostenible: el reto de que las personas participen
Diversos estudios internacionales muestran que la preocupación por el cambio climático sigue siendo alta, pero también revelan una realidad importante: las personas esperan que las soluciones sostenibles sean accesibles y compatibles con sus posibilidades económicas.
Este fenómeno también se observa en el ámbito deportivo. Los aficionados valoran las iniciativas ambientales, pero desean que estas vayan acompañadas de experiencias inclusivas y beneficios tangibles para las comunidades.
Un estadio alimentado por energías renovables representa un avance significativo, pero la sostenibilidad pierde parte de su impacto si una gran cantidad de personas no puede acceder al evento o beneficiarse de él. Del mismo modo, los programas de reducción de residuos generan valor cuando se traducen en mejoras visibles para quienes viven en las ciudades anfitrionas.
Por ello, el verdadero desafío para un Mundial sostenible no consiste únicamente en implementar proyectos innovadores, sino en lograr que las personas puedan formar parte de ellos.
El legado como la verdadera medida del éxito
Cada vez más, la conversación pública se enfoca menos en lo que ocurre durante las semanas de competencia y más en lo que permanece después del último partido.
Las preguntas que surgen son cada vez más concretas: ¿las nuevas infraestructuras beneficiarán a las comunidades locales? ¿Los espacios públicos mejorarán? ¿Las inversiones realizadas dejarán un impacto positivo duradero? ¿Los beneficios económicos permanecerán en las ciudades anfitrionas?
Estas inquietudes reflejan una evolución en las expectativas sobre sostenibilidad. Ya no basta con anunciar compromisos o presentar indicadores temporales. Las personas quieren evidencia de que las inversiones realizadas generan valor a largo plazo.
En consecuencia, el legado se está consolidando como uno de los principales criterios para evaluar el éxito de los grandes eventos internacionales.
— Copa Mundial FIFA 🏆 (@fifaworldcup_es) June 11, 2026
Las marcas frente a una nueva responsabilidad
Para las empresas patrocinadoras, el cambio en la conversación pública representa un desafío importante. Históricamente, el patrocinio deportivo ha ofrecido visibilidad global, conexión emocional con los aficionados y una poderosa plataforma de comunicación.
Sin embargo, cuando surgen percepciones de exclusión, las marcas también pueden verse involucradas en el debate. Los consumidores ya no observan únicamente la presencia publicitaria; también evalúan si las empresas contribuyen de manera positiva al entorno social que rodea al evento.
Las activaciones enfocadas exclusivamente en experiencias premium pueden generar cuestionamientos si se perciben desconectadas de las preocupaciones de la mayoría de los aficionados. En contraste, las iniciativas que promueven el acceso, la participación comunitaria y los beneficios locales tienen el potencial de fortalecer la legitimidad de las marcas.
Hoy, la reputación corporativa depende cada vez más de la coherencia entre los mensajes de sostenibilidad y las acciones que generan inclusión.
El futuro de los megaeventos ya no se mide solo en emisiones
La Copa Mundial de 2026 será una prueba para entender cómo están evolucionando las expectativas sociales alrededor de la sostenibilidad. Durante años, el éxito de estos eventos estuvo vinculado principalmente a la reducción de impactos ambientales.
Ahora, conceptos como acceso, inclusión, confianza y beneficio comunitario se suman a la ecuación. La sostenibilidad ya no se percibe únicamente como una herramienta para minimizar daños, sino como una oportunidad para generar bienestar compartido.
Este cambio de perspectiva trasciende el deporte. También está presente en temas como la economía circular, la transición energética y la acción climática, donde la pregunta central ya no es solamente cómo hacer las cosas de manera más sostenible, sino cómo asegurar que los beneficios lleguen a más personas.
La sostenibilidad de la Copa Mundial de 2026 no se definirá únicamente por la cantidad de emisiones evitadas, los residuos reciclados o la energía renovable utilizada durante el torneo. Aunque estos aspectos seguirán siendo fundamentales, el debate actual demuestra que existe una expectativa más amplia sobre lo que significa generar un impacto positivo.
Al final, el éxito de un gran evento global dependerá de su capacidad para equilibrar desempeño ambiental, inclusión social y beneficios duraderos para las comunidades. Porque un torneo que aspira a unir al mundo difícilmente podrá considerarse plenamente sostenible si una parte importante de sus aficionados siente que quedó fuera de la experiencia. Esa será, probablemente, la verdadera prueba de sostenibilidad en los años por venir.
La inteligencia artificial se ha integrado rápidamente en la vida cotidiana. Desde asistentes virtuales hasta sistemas capaces de generar imágenes y textos, esta tecnología está transformando la manera en que las personas interactúan con la información. Uno de los cambios más visibles ocurrió cuando Google incorporó los AI Overviews, resúmenes generados automáticamente que aparecen en la parte superior de los resultados de búsqueda.
Lo que para millones de usuarios representa una experiencia más rápida y cómoda también plantea nuevas preguntas sobre sostenibilidad. A medida que las herramientas de IA se convierten en el estándar para acceder al conocimiento, crece el interés por entender el costo ambiental oculto detrás de cada consulta. En este contexto, las búsquedas de Google AI han comenzado a atraer la atención de especialistas en tecnología, sostenibilidad y responsabilidad corporativa.
El auge de las búsquedas de Google AI y su impacto energético
Google procesa alrededor de cinco billones de búsquedas cada año. Desde el lanzamiento de AI Overviews en 2024, la experiencia de búsqueda ha evolucionado hacia respuestas generadas por inteligencia artificial que ofrecen información sintetizada sin necesidad de visitar múltiples sitios web.
De acuerdo con la firma Ahrefs, el 55% de las consultas realizadas actualmente muestran alguno de estos resúmenes automáticos. Esta transición ha cambiado profundamente la forma en que las personas consumen información, pero también ha puesto sobre la mesa una nueva conversación sobre el consumo energético asociado a las búsquedas de Google AI.
La Agencia Internacional de Energía estimó que una consulta en ChatGPT puede consumir hasta diez veces más electricidad que una búsqueda tradicional en Google. Aunque las plataformas son distintas, la comparación ayuda a dimensionar la intensidad computacional que requieren los modelos de inteligencia artificial generativa.
La situación adquiere mayor relevancia cuando se considera la enorme escala de uso. Un pequeño incremento en el consumo energético por consulta puede traducirse en una demanda considerable cuando se multiplica por miles de millones de búsquedas realizadas diariamente.
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En agosto de 2025, Google publicó lo que describió como la primera estimación completa del consumo energético asociado a sus aplicaciones Gemini. Según la compañía, una consulta de texto promedio consume aproximadamente 0.24 vatios-hora de electricidad, genera 0.03 gramos de emisiones de CO₂ y utiliza 0.26 mililitros de agua para el enfriamiento de centros de datos.
La propia función AI Overview señala que generar un resumen dentro del buscador requiere una cantidad de energía similar a la utilizada por un prompt estándar en Gemini. Individualmente, estas cifras pueden parecer reducidas y poco preocupantes.
Sin embargo, la perspectiva cambia cuando se analizan a escala global. Miles de millones de consultas realizadas cada día convierten un consumo aparentemente insignificante en una demanda energética considerable. Es precisamente esta multiplicación masiva la que preocupa a investigadores y especialistas en sostenibilidad.
Además, Google reconoció que incluso aumentos modestos en la energía requerida por consulta pueden generar impactos significativos en su huella ambiental total, especialmente considerando la velocidad con la que crece la adopción de herramientas basadas en IA.
Las búsquedas de Google AI y la presión sobre los centros de datos
La creciente popularidad de los sistemas de inteligencia artificial está impulsando una nueva generación de centros de datos alrededor del mundo. Estas instalaciones requieren enormes cantidades de electricidad para alimentar servidores y mantener condiciones óptimas de funcionamiento.
Google ha reconocido en sus informes de sostenibilidad que la reducción de emisiones podría volverse más compleja conforme la inteligencia artificial se integre de manera más profunda en sus productos y servicios. La compañía informó que sus emisiones de gases de efecto invernadero fueron 48% mayores en 2023 respecto a 2019, atribuyendo gran parte del incremento al crecimiento de la infraestructura tecnológica y las cargas de trabajo relacionadas con IA.
Este desafío no es exclusivo de Google. Otras empresas tecnológicas también han admitido que la expansión de la inteligencia artificial está modificando sus estrategias climáticas y sus metas de descarbonización.
Diversos investigadores advierten que la creciente demanda de servicios de IA podría aumentar la presión sobre las redes eléctricas e incluso prolongar la dependencia de fuentes de energía basadas en combustibles fósiles en determinadas regiones.
Transparencia: un paso adelante para medir el impacto
Durante años, uno de los principales obstáculos para comprender el impacto ambiental de la inteligencia artificial fue la falta de información pública sobre su consumo de recursos. La publicación de los datos energéticos de Gemini representa un avance importante en materia de transparencia corporativa.
Contar con métricas concretas permite a investigadores, reguladores y grupos de interés realizar evaluaciones más precisas sobre la sostenibilidad de estas tecnologías. También facilita el diseño de estrategias para reducir impactos futuros y mejorar la eficiencia operativa.
La transparencia es especialmente relevante en un momento en el que la inteligencia artificial está redefiniendo sectores completos de la economía digital. Sin información verificable, resulta difícil determinar si los beneficios obtenidos justifican los costos ambientales asociados.
Para las empresas comprometidas con objetivos ESG, la divulgación de datos se ha convertido en una herramienta clave para fortalecer la rendición de cuentas y responder a las crecientes expectativas de inversionistas y consumidores.
El papel de los usuarios en el futuro de la IA
La llegada de respuestas generadas por inteligencia artificial ha sido bien recibida por muchas personas que valoran la rapidez y facilidad para obtener información. No obstante, esta comodidad también plantea interrogantes sobre la capacidad de elección de los usuarios.
Actualmente, quienes no desean recibir resúmenes generados por IA tienen opciones limitadas para desactivar esta función de manera permanente. Esto ha abierto un debate sobre si los consumidores deberían tener un mayor control sobre las experiencias digitales impulsadas por inteligencia artificial.
Las implicaciones también alcanzan a editores, creadores de contenido y propietarios de sitios web. Diversos análisis sugieren que los AI Overviews pueden reducir significativamente el tráfico hacia páginas externas, modificando el ecosistema digital sobre el que se ha construido internet durante décadas.
Como señaló Sims Witherspoon, Climate Action Lead de Google DeepMind, la inteligencia artificial no constituye una solución mágica para la crisis climática. Su potencial dependerá en gran medida de cómo se gestione su desarrollo, adopción y consumo energético.
La expansión de la inteligencia artificial en los motores de búsqueda representa uno de los cambios más importantes en la evolución de internet. Las nuevas herramientas ofrecen rapidez, eficiencia y una experiencia más intuitiva para millones de personas, pero también incrementan la demanda de recursos energéticos y de infraestructura tecnológica.
Las búsquedas de Google AI reflejan un desafío emergente para la sostenibilidad digital: equilibrar innovación y responsabilidad ambiental. Aunque el impacto de una sola consulta parece mínimo, la escala global convierte cada interacción en parte de una conversación mucho más amplia sobre energía, transparencia y rendición de cuentas. En un escenario donde la IA seguirá creciendo, comprender su huella ambiental será tan importante como valorar sus beneficios tecnológicos.
World Vision México presentó los resultados de su Informe Anual correspondiente a su año fiscal 2025 con las acciones ejecutadas de octubre 2024 a septiembre 2025) destacando que durante el último año logró impactar a más de 359,160 niñas, niños, adolescentes y jóvenes en 17 estados, a través de sus programas a través de programas y proyectos implementados directamente por World Visión México en las comunidades.
En el marco de la celebración del evento “43 Años Creyendo”, la organización compartió los principales resultados alcanzados gracias al apoyo de donantes, patrocinadores, empresas aliadas, organizaciones de la sociedad civil y comunidades que han contribuido a construir el denominado Legado Naranja, una visión centrada en garantizar que cada niña, niño y adolescente pueda crecer en entornos seguros, protectores y llenos de oportunidades.
Entre los principales logros reportados durante este periodo destacan:
127,942 niñas, niños y adolescentes participaron en acciones de incidencia, liderazgo y participación ciudadana para hacer escuchar sus voces en temas que impactan sus derechos y bienestar.
22,117 niñas, niños y adolescentes en contexto de movilidad recibieron apoyo, protección y acompañamiento a través de programas de ayuda humanitaria y espacios seguros.
21,856 niñas, niños y adolescentes fueron beneficiados mediante proyectos de acceso sostenible al agua, saneamiento e higiene en distintas comunidades del país.
1,578 niñas, niños y adolescentes fortalecieron habilidades para la empleabilidad, el emprendimiento y el desarrollo de medios de vida.
2,614 niñas, niños y adolescentes participaron en iniciativas de acción climática y cuidado del medio ambiente.
Asimismo, World Vision México afianzó su labor de incidencia pública para promover entornos más seguros y protectores para la niñez. Durante el periodo reportado (octubre 2024 a septiembre 2025) la organización contribuyó a mejorar o modificar 31 políticas públicas estatales y municipales, capacitó a 6,130 funcionarios públicos y brindó acompañamiento a 137 municipios en temas relacionados con la protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes.
La respuesta humanitaria también ocupó un lugar prioritario. Frente a fenómenos como el huracán Erick, la tormenta tropical John, las inundaciones provocadas por Raymond y Priscilla, así como la atención a personas en movilidad en las fronteras del país, World Vision México entregó más de 30 mil kits en sus diferentes tipos: de limpieza, de alimentación, higiene, agua potable y suministros de emergencia para apoyar a las familias afectadas.
“Estos resultados reflejan el compromiso de miles de personas que creen en el potencial de cada niña y cada niño. Nuestro legado no se mide únicamente en años, sino en las vidas transformadas, en las comunidades fortalecidas y en las oportunidades que juntos seguimos construyendo para la niñez mexicana”, señaló Mario Valdez, Director Nacional de World Vision México.
La organización también destacó avances en programas innovadores como Crianza con Ternura, la Escuela de Acción Climática, y el fortalecimiento de espacios seguros para la niñez migrante. Para su implementación de sus diferentes metodologías, se lograron alianzas con instituciones escolares, líderes religiosos y otras organizaciones, impactando a 341,624 niñas, niños y adolescentes.
En materia de transparencia, World Vision México informó que el 67% de sus recursos se destinó a programas de prevención de violencia y trabajo infantil, mientras que el resto se canalizó a acciones de educación, ayuda humanitaria, acceso al agua, empleabilidad y gestión ambiental, manteniendo estados financieros auditados y mecanismos permanentes de rendición de cuentas.
A través del programa “Elegido”, más de 14,000 niñas, niños y adolescentes obtuvieron el respaldo de más de 9,000 madrinas y padrinos, quienes brindaron la oportunidad de un futuro mejor para ellas y ellos, demostrando que la solidaridad es parte de la cultura de las y los mexicanos.
Gracias al apoyo del gobierno, empresas y organizaciones como Fomento Social Citibanamex, Grupo Bimbo, Alsea, KPMG, Fundación Coppel, Monte de Piedad, Sura, The Home Depot, Fundación Coca-Cola, entre otros, durante 43 años de presencia en el país, World Vision México ha demostrado su compromiso de seguir trabajando para garantizar que cada niña, niño y adolescente tenga la oportunidad de crecer protegido, desarrollar su potencial y construir un futuro con esperanza.
A nivel mundial y con 75 años de labor, la organización estuvo presente en 65 países, ayudando a 35.2 millones de personas, entre ellas a 19 millones de niñas y niños. Además, dio respuesta a 87 desastres naturales o provocados por el hombre, reflejando su compromiso para llegar a quienes más los necesitan.
Durante años, la responsabilidad social empresarial fue vista por muchas organizaciones como una actividad complementaria: una forma de retribuir a la sociedad mientras se fortalecía la reputación corporativa. Sin embargo, los cambios sociales, ambientales y regulatorios de las últimas décadas han transformado profundamente esa percepción. Hoy, las empresas enfrentan una pregunta mucho más compleja: ¿cómo generar impacto que permanezca cuando el financiamiento termina?
La respuesta está llevando a las organizaciones más avanzadas a replantear la forma en que diseñan, implementan y evalúan sus iniciativas sociales. Ya no basta con reportar montos invertidos o cantidad de beneficiarios; ahora se exige demostrar transformaciones reales, medibles y sostenibles. En este nuevo escenario, la responsabilidad social deja de ser un gasto reputacional para convertirse en un activo estratégico.
Las ventajas de la RSE se construyen con resultados, no con promesas
Durante mucho tiempo, los informes corporativos se concentraron en documentar actividades: cuántas becas se entregaron, cuántos árboles se plantaron o cuántas personas participaron en una campaña. Sin embargo, la conversación ha evolucionado hacia una lógica mucho más exigente basada en evidencia y resultados verificables.
La experiencia de diversos programas de desarrollo social demuestra que el verdadero impacto se mide por los cambios generados en la calidad de vida de las personas. Variables como el incremento de ingresos, la creación de empleos, la mejora en los indicadores educativos o el fortalecimiento de capacidades comunitarias se han convertido en métricas prioritarias para evaluar el éxito de una intervención.
Este cambio de paradigma también está modificando la manera en que los consejos de administración supervisan la inversión social. La pregunta ya no es cuánto se invirtió, sino qué transformación logró esa inversión y cuánto tiempo permanecerá vigente.
De beneficiarios a protagonistas del cambio
Uno de los mayores aprendizajes de los programas sociales exitosos es que las comunidades generan resultados más duraderos cuando participan activamente en la construcción de las soluciones. Las iniciativas que tratan a las personas como agentes económicos y sociales, y no únicamente como receptoras de apoyo, suelen alcanzar impactos más profundos y sostenibles.
Los proyectos enfocados en medios de vida han demostrado que la capacitación, el acceso a mercados y el fortalecimiento de capacidades generan efectos mucho más permanentes que la simple entrega de recursos materiales. Cuando una persona desarrolla habilidades productivas, incrementa su autonomía y reduce su dependencia de apoyos externos.
Lo mismo ocurre en sectores como la agricultura, donde el acceso a información, asesoría técnica y conexiones comerciales puede transformar la productividad de manera más significativa que la infraestructura por sí sola.
¿Por qué las ventajas de la RSE dependen de la sostenibilidad?
Si la rendición de cuentas responde a la pregunta de si una iniciativa funcionó, la sostenibilidad responde a una interrogante aún más relevante: ¿seguirá funcionando cuando la empresa deje de intervenir?
La permanencia del impacto depende de que los conocimientos, herramientas y capacidades queden instalados dentro de las comunidades. Cuando los programas fortalecen actores locales como escuelas, centros de salud, organizaciones comunitarias o liderazgos ciudadanos, se crean condiciones para que los resultados continúen evolucionando con el tiempo.
Este enfoque permite que las iniciativas trasciendan los ciclos presupuestales y reduzcan el riesgo de que los avances desaparezcan una vez concluido el financiamiento. En otras palabras, el éxito deja de depender exclusivamente de la empresa y comienza a formar parte del tejido social.
La capacidad local como motor de permanencia
Las organizaciones que han logrado impactos duraderos suelen compartir una característica: invierten en fortalecer instituciones locales. Más allá de construir infraestructura o entregar equipamiento, destinan recursos a desarrollar capacidades humanas y organizacionales.
En el ámbito educativo, por ejemplo, los programas que capacitan docentes, fortalecen procesos de gestión escolar y promueven mejoras sistémicas suelen generar beneficios que permanecen durante años. La infraestructura es importante, pero son las personas quienes garantizan la continuidad de los cambios.
Esta lógica también aplica en salud, emprendimiento y desarrollo comunitario, donde la creación de capacidades permite que las comunidades mantengan y amplíen los resultados alcanzados.
La cocreación fortalece la legitimidad y la confianza
Los proyectos diseñados desde oficinas corporativas, sin considerar las necesidades locales, enfrentan mayores probabilidades de fracasar. Por el contrario, cuando las comunidades participan en la definición de prioridades y estrategias, el nivel de apropiación aumenta considerablemente.
La cocreación permite desarrollar soluciones culturalmente relevantes, adaptadas a las realidades del territorio y respaldadas por quienes serán directamente beneficiados. Esto genera confianza, fortalece las relaciones entre los distintos actores y mejora la resiliencia de las iniciativas frente a cambios externos.
Además, las organizaciones comunitarias y los liderazgos locales funcionan como aliados clave para ampliar el alcance de los programas y garantizar su continuidad en el largo plazo.
Alianzas y visión de largo plazo: la nueva frontera de las ventajas de la RSE
Los desafíos sociales más complejos no pueden resolverse mediante intervenciones aisladas ni en periodos cortos. Temas como la educación, la inclusión económica, la igualdad de oportunidades o la resiliencia climática requieren estrategias sostenidas y colaboración entre múltiples actores.
Por ello, cada vez más empresas están impulsando alianzas con gobiernos, organizaciones civiles, instituciones académicas y organismos internacionales. Estos modelos permiten compartir recursos, distribuir riesgos y multiplicar el alcance del impacto generado.
Las ventajas de la RSE emergen con mayor fuerza cuando las iniciativas evolucionan de proyectos individuales a sistemas colaborativos capaces de mantenerse en el tiempo. En ese proceso, la inversión social adquiere una dimensión estratégica que fortalece tanto a las comunidades como a las propias organizaciones.
La evolución de la responsabilidad social está redefiniendo la forma en que las empresas entienden su papel en la sociedad. La inversión social ya no se evalúa únicamente por su alcance inmediato, sino por su capacidad para generar cambios duraderos, medibles y relevantes para las comunidades.
En este contexto, las ventajas de la RSE no provienen exclusivamente del reconocimiento público o de los beneficios reputacionales. Surgen de la capacidad de construir confianza, fortalecer sistemas locales y crear valor compartido a largo plazo. Cuando una iniciativa logra mantenerse más allá de la presencia de quien la financia, deja de ser un proyecto temporal para convertirse en una verdadera transformación social.
Durante años, la imagen de los multimillonarios ha estado ligada a símbolos de lujo como jets privados, yates de gran tamaño y propiedades exclusivas alrededor del mundo. Estas expresiones de riqueza han sido señaladas frecuentemente como ejemplos de un estilo de vida con una elevada huella ambiental. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que el verdadero impacto de las grandes fortunas sobre el planeta va mucho más allá de los hábitos de consumo visibles.
Detrás de las fotografías compartidas en redes sociales y de los viajes de alto perfil existe una dimensión menos evidente, pero mucho más influyente: la propiedad de empresas, inversiones y activos que generan enormes cantidades de emisiones de gases de efecto invernadero. De acuerdo con Greenpeace, las personas más ricas del planeta son responsables de daños climáticos cercanos a un billón de dólares cada año, una cifra que reabre el debate sobre quién debe asumir la responsabilidad de financiar la transición hacia una economía más sostenible.
El verdadero origen del costo climático de las grandes fortunas
Cuando se habla de contaminación asociada a los sectores más ricos de la población, la atención suele centrarse en sus patrones de consumo. Sin embargo, los nuevos hallazgos apuntan a que la mayor parte del problema proviene de las inversiones y activos que poseen. Participaciones en empresas petroleras, desarrollos inmobiliarios, industrias intensivas en carbono y fondos de inversión forman parte de un entramado económico con profundas implicaciones ambientales.
Según los cálculos de Greenpeace, el 1% más rico de la población mundial controla aproximadamente una cuarta parte de las emisiones globales anuales a través de sus inversiones y participaciones empresariales. Esto significa que las decisiones financieras de un grupo relativamente pequeño tienen efectos que repercuten en millones de personas alrededor del mundo.
La organización estima que este grupo es responsable de cerca del 40% de todas las emisiones vinculadas a la propiedad privada. A partir de estos datos se calculó una especie de “deuda climática” que permite dimensionar el costo climático asociado a las actividades económicas respaldadas por las grandes fortunas.
Una desigualdad que también se mide en emisiones
Mientras las personas con mayores patrimonios concentran una parte significativa de las emisiones derivadas de la propiedad de activos, la realidad es muy distinta para la mayoría de la población mundial. Greenpeace calcula que la mitad más pobre del planeta genera apenas el 3% de las emisiones asociadas a la propiedad.
La diferencia resulta aún más llamativa cuando se observa el comportamiento de los segmentos más exclusivos de riqueza. El 0.1% más rico sería responsable del 17% de las emisiones derivadas de activos privados, mientras que el 0.01% acumularía cerca del 9%. Estos porcentajes reflejan una concentración de impacto ambiental que supera ampliamente la distribución de la riqueza global.
Esta situación ha llevado a especialistas y organizaciones ambientales a cuestionar la manera en que se distribuyen las responsabilidades frente al cambio climático. Mientras millones de hogares enfrentan mayores costos de energía y fenómenos climáticos extremos, una parte importante de las emisiones continúa vinculada a activos altamente rentables para un grupo reducido de personas.
El costo climático que permanece fuera del radar
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que pone el foco en emisiones que suelen pasar desapercibidas en las discusiones públicas. A diferencia de las emisiones derivadas del consumo individual, aquellas asociadas a la propiedad de empresas y activos son menos visibles y mucho más complejas de rastrear.
Clara Thompson, activista de Greenpeace Internacional, señala que durante años las políticas climáticas se han enfocado principalmente en modificar los hábitos de consumo de la ciudadanía. No obstante, los resultados sugieren que las inversiones y la propiedad corporativa pueden tener una influencia mucho mayor sobre la trayectoria de las emisiones globales.
Este enfoque plantea un cambio importante en la conversación sobre sostenibilidad. Más allá de promover estilos de vida responsables, también sería necesario analizar quién financia, controla y se beneficia de las actividades económicas que continúan dependiendo de combustibles fósiles y otros modelos de negocio intensivos en carbono.
El debate sobre los impuestos al patrimonio
Ante este escenario, diversas voces han comenzado a impulsar mecanismos fiscales que permitan vincular la riqueza extrema con una mayor contribución a la acción climática. La idea parte de un principio sencillo: quienes han contribuido en mayor medida al problema deberían participar proporcionalmente en las soluciones.
La propuesta de aplicar impuestos al patrimonio de las grandes fortunas ha ganado fuerza en distintos espacios internacionales. Sus defensores argumentan que los recursos obtenidos podrían destinarse a financiar proyectos de adaptación climática, infraestructura resiliente y programas de transición energética.
Además, este debate coincide con una creciente preocupación por la desigualdad económica global. Diversos estudios han señalado que una distribución más equilibrada de la riqueza podría facilitar modelos de desarrollo compatibles con los límites ambientales del planeta y con mayores niveles de bienestar social.
Inversiones fósiles y transición justa: los retos que vienen
La discusión adquiere mayor relevancia al considerar que grandes instituciones financieras continúan destinando enormes recursos a industrias basadas en combustibles fósiles. Datos recientes muestran que bancos e inversionistas canalizaron alrededor de 900 mil millones de dólares hacia este sector durante el último año.
Estas inversiones contrastan con los compromisos climáticos anunciados por numerosas organizaciones financieras en los últimos años. Para muchos expertos, la permanencia de estos flujos de capital evidencia la necesidad de fortalecer la regulación y la transparencia en materia de financiamiento sostenible.
Mientras tanto, gobiernos y organismos internacionales avanzan en las negociaciones que marcarán la agenda climática de los próximos años. Uno de los principales temas será garantizar una transición justa para las personas trabajadoras que dependen actualmente de sectores vinculados a los combustibles fósiles, asegurando que nadie quede atrás en el camino hacia una economía baja en carbono.
La crisis climática ha puesto de manifiesto que las emisiones no solo están relacionadas con las decisiones de consumo, sino también con las estructuras económicas que respaldan la producción global. Comprender esta realidad permite identificar con mayor precisión dónde se generan los mayores impactos y quiénes tienen la capacidad de influir sobre ellos.
El debate sobre el costo climático de las grandes fortunas abre una conversación necesaria sobre responsabilidad, equidad y financiamiento de la transición sostenible. A medida que el mundo busca soluciones para enfrentar el calentamiento global, la atención ya no se dirige únicamente a lo que las personas consumen, sino también a lo que poseen, financian y permiten que continúe operando.
Combatir la inseguridad alimentaria continúa siendo uno de los principales retos sociales en nuestro país. De acuerdo con cifras del Tecnológico de Monterrey, casi un tercio de la población en el país sufre inseguridad alimentaria moderada o severa, lo que significa que alrededor de 35 millones de mexicanas y mexicanos han pasado uno o más días sin comer, desconocen si podrán alimentarse o se ven obligados a sacrificar la cantidad y calidad de sus alimentos.
Garantizar el derecho efectivo a la alimentación es, en realidad, una base indispensable para construir bienestar social. Cuando una persona cuenta con acceso seguro a alimentos adecuados, también tiene mayores posibilidades de desarrollarse plenamente en otros ámbitos de su vida.
Por ello, diversas organizaciones trabajan actualmente para fortalecer la seguridad alimentaria en el país y, entre ellas, destaca la Fundación Pablo Landsmanas (FPL), el brazo social de Corporativo Kosmos, que actualmente dona 550 mil comidas mensuales a grupos vulnerables y se ha consolidado como una de las organizaciones de mayor alcance en este ámbito.
¿Quién es la Fundación Pablo Landsmanas?
Hablar de quién es la Fundación Pablo Landsmanas implica remontarse a la historia de Corporativo Kosmos, empresa líder en servicios de alimentación en México con más de 60 años de experiencia en el rubro. La compañía fue fundada por Pablo Landsmanas, empresario y filántropo que llegó a México en la década de los cincuenta desde una pequeña villa llamada Kawno, en Polonia. Muy pronto don Pablo Landsmanas comenzó a trabajar en el sector alimentario, hasta que su experiencia en el sector y arduo trabajo le permitieron abrir su propia carnicería, misma que no sólo fue el comienzo de lo que hoy es Corporativo Kosmos, sino que también fue el punto de partida de los esfuerzos por ayudar a las personas que siempre lo caracterizaron.
No obstante, fue hasta 2016 cuando el actual director del Corporativo, Jack Landsmanas, impulsó la formalización de este espíritu solidario que ha distinguido al corporativo desde el principio mediante la creación de la Fundación Pablo Landsmanas, con el objetivo de consolidar y ampliar el alcance de sus acciones sociales y honrar el legado del fundador, quien siempre promovió la ayuda al prójimo como parte de la visión de la empresa.
Desde entonces, la Fundación trabaja bajo tres ejes principales: salud, educación y alimentación, impulsada por una filosofía que, en palabras de la actual directora de la organización, Dafna Puszkar, se basa en el servicio como un acto que nos distingue como humanos:
“Servir a los demás no es un acto de obligación es un acto de humanidad y eso nos define como fundación y es lo que ha impulsado estos más de 10 años que venimos trabajando”.
No obstante, el eje alimentario se ha convertido en el más representativo de la organización, tanto por la experiencia de Corporativo Kosmos en el sector, como por su consciencia de la necesidad de contribuir a combatir la inseguridad alimentaria en México y sentar esta base sólida que permita a más personas acceder a mejores oportunidades de desarrollo y bienestar.
Alimentación: el eje más fuerte de la Fundación Pablo Landsmanas
Si algo distingue a la Fundación Pablo Landsmanas es la dimensión y alcance de sus acciones en materia alimentaria. Una de las iniciativas más importantes es su Programa de Donación de Alimentos, mediante el cual la organización entrega comidas a distintas asociaciones civiles e instituciones que atienden a población vulnerable en diversas regiones del país.
El funcionamiento del programa depende en gran medida de alianzas estratégicas con organizaciones sociales que conocen de primera mano las necesidades de las comunidades a las que atienden. Gracias a este modelo colaborativo, la Fundación logra canalizar apoyos alimentarios de manera más eficiente y ampliar el impacto de sus acciones hacia diversos grupos vulnerables, entre ellos:
Comprender quién es la Fundación Pablo Landsmanas también implica analizar el alcance de sus resultados. Lo que comenzó con la donación anual de 438 mil comidas a algunas organizaciones hoy se ha convertido en una operación de gran escala que refleja el crecimiento sostenido de la institución. Actualmente, la Fundación dona alrededor de 5.4 millones de comidas al año y más de 550 mil comidas mensuales a comunidades vulnerables.
Otro dato que refleja el alcance de sus acciones es la entrega de 3 mil 360 despensas a familiares de personas privadas de la libertad, en colaboración con Reinserta. Este tipo de iniciativas muestran cómo la Fundación no sólo busca atender la necesidad inmediata de alimentación, sino también acompañar a sectores históricamente vulnerados que enfrentan contextos particularmente complejos.
Del mismo modo, la capacidad logística y experiencia operativa de Corporativo Kosmos han sido factores clave para potenciar el impacto de la Fundación. Gracias a la infraestructura desarrollada durante décadas en el sector alimentario, la organización cuenta con herramientas que le permiten responder de manera eficiente y constante a las necesidades de las comunidades beneficiadas, ampliando significativamente el alcance de cada acción solidaria.
Cuando la ayuda se convierte en oportunidades: dos ejemplos del impacto de la FPL
Aunque los más de 40 millones de comidas donadas por la Fundación Pablo Landsmanas permiten dimensionar el alcance de su labor, son las historias detrás de estas cifras las que muestran con mayor claridad el valor de su trabajo. A través de alianzas con organizaciones sociales que atienden a poblaciones altamente vulnerables, la Fundación ha logrado convertir el acceso a la alimentación en una herramienta para brindar estabilidad, bienestar y nuevas oportunidades. Casos como el de sus alianzas con CAFEMIN y Casa Hogar Santa Inés son muestra de cómo una estrategia de apoyo sostenida puede transformar vidas en contextos muy distintos, pero igualmente complejos.
CAFEMIN: un plato de comida para quienes buscan una nueva oportunidad
Uno de los proyectos que más ha marcado a la Fundación Pablo Landsmanas en años recientes es su alianza con CAFEMIN, considerado uno de los centros de atención para personas migrantes más importantes de la Ciudad de México. Desde hace casi tres años, la organización brinda apoyo alimentario a este espacio que recibe a hombres, mujeres, niñas y niños provenientes principalmente de países de América Latina y África, quienes han dejado atrás sus hogares para emprender un camino lleno de incertidumbre en busca de mejores condiciones de vida.
A través de esta colaboración cientos de personas migrantes pueden tener acceso a una alimentación digna durante una etapa que implica dejar todo atrás, a veces, incluso, a sus familias. Por ello, para Dafna Puszkar, directora de la Fundación Pablo Landsmanas, este proyecto representa uno de los ejemplos más claros del impacto que tienen las acciones de la organización:
“Es muy gratificante saber que [los migrantes] tienen un plato de comida caliente porque a lo mejor llevan semanas recorriendo kilómetros para poder estar ahí; entonces es ahí cuando te das cuenta que realmente estamos haciendo la diferencia y que realmente estamos tocando la vida de muchísima gente”.
Casa Hogar Santa Inés: alimentando el futuro de niñas en situación vulnerable
Otro ejemplo del compromiso sostenido de la Fundación es su colaboración de largo plazo con Casa Hogar Santa Inés, institución dirigida por las Hermanas Franciscanas que brinda atención a niñas de entre 3 y 12 años que viven en contextos de riesgo, desnutrición o desintegración familiar. Durante años, la Fundación ha acompañado a esta organización con el objetivo de contribuir al bienestar integral de las menores y fortalecer las condiciones necesarias para su desarrollo.
Como parte de esta alianza, la Fundación Pablo Landsmanas realiza entregas quincenales de insumos alimentarios que permiten cubrir una parte importante de las necesidades nutricionales de las niñas. Esta colaboración cobra especial relevancia al considerar que una alimentación adecuada durante la infancia influye directamente en el aprendizaje, la salud y las oportunidades futuras. Al garantizar el acceso constante a alimentos nutritivos, la Fundación ayuda a que las menores puedan crecer en mejores condiciones y construir un futuro con mayores posibilidades de desarrollo personal y educativo.
Sin duda, este tipo de alianzas reflejan la importancia de involucrarse activamente en la búsqueda de soluciones a los desafíos sociales más apremiantes del país. No obstante, como recuerda Puszkar, este compromiso no debería ser exclusivo de unas cuantas organizaciones, sino una responsabilidad compartida por el sector empresarial y que va más allá de las meras donaciones:
“No nada más se trata de donar, se trata de involucrarse, de escuchar y actuar con estas poblaciones vulnerables. Es importante que todas las empresas se sumen y también ayuden al bienestar social. México necesita empresas más humanas, empresas comprometidas y empresas más conscientes del entorno en el que vivimos”.
Bajo esta lógica, la labor de la Fundación busca demostrar que garantizar el acceso a alimentos nutritivos puede convertirse en un motor de bienestar y oportunidades para las poblaciones más vulnerables.
Datos que consolidan a un referente en seguridad alimentaria
Los números detrás de la Fundación Pablo Landsmanas ayudan a dimensionar la relevancia de su trabajo dentro del panorama social mexicano. Más de 40 millones de comidas donadas, 125 organizaciones beneficiadas y millones de apoyos alimentarios entregados cada año son indicadores que reflejan una operación sólida, constante y enfocada en atender una de las problemáticas más urgentes del país.
Pero más allá de las cifras, el impacto de la Fundación radica en lo que estos alimentos representan para miles de personas: mejores oportunidades de desarrollo, mayor estabilidad para las familias y una posibilidad real de construir un futuro con menos desigualdad. En un país donde la inseguridad alimentaria continúa afectando a millones de personas, organizaciones como la Fundación Pablo Landsmanas demuestran cómo la colaboración entre iniciativa privada y sociedad civil puede generar cambios medibles y sostenidos en favor de quienes más lo necesitan.
La cuenta regresiva para el Mundial de Futbol ya comenzó y, junto con la emoción de millones de aficionados, también surge un desafío poco visible para las organizaciones: mantener el ritmo de trabajo durante uno de los eventos deportivos más importantes del planeta. Lo que para muchos representa una celebración global, para las empresas podría convertirse en un periodo de importantes interrupciones operativas.
De acuerdo con un análisis de UKG, las compañías que operan en México podrían enfrentar pérdidas de hasta 369 millones de dólares derivadas principalmente del ausentismo y el presentismo durante la competencia. Este escenario coloca a la productividad laboral en el centro de la conversación, especialmente en un contexto donde la flexibilidad y el bienestar de los colaboradores son cada vez más relevantes.
Productividad laboral y Mundial: una combinación desafiante
El interés que despierta la Selección Mexicana y los principales encuentros del torneo explica parte del fenómeno. Según una encuesta de Indeed, el 45% de los trabajadores mexicanos desea seguir los partidos del combinado nacional, mientras que un porcentaje importante ya comenzó a negociar alternativas con sus empleadores para no perderse los encuentros.
Los datos muestran que el 44% de los colaboradores interesados en ver los partidos ya solicitó permisos laborales y otro 39% pidió ajustes en sus horarios. Aunque estas peticiones reflejan entusiasmo deportivo, también evidencian la necesidad de que las empresas desarrollen estrategias que permitan equilibrar la experiencia de los colaboradores con los objetivos del negocio.
En 24 horas empieza el Mundial en el Estadio Azteca con el partido de México vs Sudáfrica.
¿Por qué la productividad laboral podría verse afectada?
Uno de los factores más relevantes tiene que ver con los horarios de los encuentros. El Índice de Tendencias Laborales 2025 de Microsoft señala que las personas suelen experimentar su mayor pico de rendimiento entre las 9 de la mañana y las 3 de la tarde, mientras que un segundo momento de alta energía ocurre entre las 5 y las 7 de la tarde.
La coincidencia entre estos periodos y la programación del torneo es significativa. El partido inaugural entre México y Sudáfrica, por ejemplo, se disputará a la 1 de la tarde. Además, el 68% de los 50 encuentros de fase regular programados entre lunes y viernes se jugará entre las 10 de la mañana y las 6 de la tarde, precisamente cuando la capacidad de concentración y desempeño suele ser más alta.
Esta situación incrementa el riesgo de ausentismo, pero también de presentismo, fenómeno en el que las personas permanecen físicamente en su puesto de trabajo sin dedicar toda su atención a las tareas asignadas. En ambos casos, los resultados terminan impactando la eficiencia organizacional.
Más que futbol: una prueba para la gestión empresarial
Para los especialistas en gestión del talento, el Mundial representa mucho más que un evento deportivo. Suresh Vittal, director de producto de UKG, señala que la Copa del Mundo puede convertirse en una verdadera prueba de planificación de la fuerza laboral, con efectos sobre el rendimiento, la comunicación y hasta la retención de personal.
La afirmación cobra relevancia en un entorno donde las organizaciones buscan fortalecer la experiencia de sus equipos. Ignorar el entusiasmo generado por el torneo podría generar descontento, mientras que una gestión flexible y bien estructurada puede convertirse en una oportunidad para fortalecer el compromiso de los colaboradores.
Además, la conversación trasciende la asistencia física a la oficina. Hoy los equipos enfrentan agendas saturadas de reuniones virtuales y presenciales, por lo que la llegada de un evento deportivo de alcance global añade una nueva capa de complejidad a la administración del tiempo y la atención.
Las estrategias que las empresas ya están implementando
Lejos de adoptar una postura restrictiva, muchas organizaciones han comenzado a diseñar mecanismos para convivir con el Mundial sin sacrificar resultados. Una encuesta de KPMG muestra que el 42% instalará pantallas en distintos espacios de trabajo para que los colaboradores puedan seguir los partidos.
Por su parte, el 37% habilitará zonas específicas para la transmisión de los encuentros, mientras que el 26% evitará programar juntas durante los partidos de la Selección Mexicana. Otras medidas incluyen la suspensión temporal de labores en ciertos encuentros clave y la posibilidad de realizar home office durante algunos juegos.
Para Jorge Sánchez, socio director de Apolo 25, la clave está en comprender que la flexibilidad no representa una concesión, sino una herramienta de gestión estratégica. Ajustar horarios, reorganizar actividades y establecer reglas claras con anticipación puede ayudar a proteger la productividad laboral sin afectar la experiencia de los trabajadores.
El Mundial 2026 promete convertirse en una celebración histórica para millones de personas, pero también en un desafío para las organizaciones que buscan mantener la continuidad operativa. Las posibles pérdidas de hasta 369 millones de dólares muestran que la relación entre deporte y negocios es mucho más estrecha de lo que suele imaginarse.
En este contexto, la productividad laboral dependerá menos de imponer controles rígidos y más de la capacidad de las empresas para anticiparse, adaptarse y responder a las expectativas de sus equipos. Aquellas organizaciones que logren combinar flexibilidad, planeación y confianza tendrán mayores posibilidades de convertir el entusiasmo mundialista en una oportunidad para fortalecer la cultura laboral, en lugar de asumirlo únicamente como un riesgo para la productividad laboral.
La transición hacia una economía baja en carbono ya no depende únicamente de innovaciones tecnológicas o compromisos gubernamentales. Cada vez más, son las alianzas entre grandes empresas las que están impulsando cambios concretos en industrias difíciles de transformar. En este contexto, Google y American Airlines anunciaron un acuerdo que busca acelerar el uso de combustibles sostenibles para la aviación y disminuir el impacto climático de los viajes corporativos.
La colaboración contempla la adquisición de 35 millones de galones de combustible sostenible para aviación (SAF, por sus siglas en inglés), un volumen capaz de evitar casi 300 mil toneladas de emisiones de dióxido de carbono equivalente. Más allá de la cifra, la alianza envía una señal relevante al mercado: las empresas están comenzando a asumir un papel más activo en la transformación de sectores donde descarbonizar sigue siendo uno de los mayores desafíos.
Una alianza estratégica para reducir emisiones en la aviación
Durante años, la aviación ha sido identificada como una de las industrias más complejas de descarbonizar. A diferencia de otros sectores, las alternativas tecnológicas para sustituir completamente los combustibles fósiles aún enfrentan importantes barreras técnicas, económicas y de infraestructura.
Ante este escenario, Google y American Airlines apostaron por una solución disponible en el presente. El acuerdo representa el mayor contrato público anunciado hasta ahora entre una aerolínea y un comprador corporativo para impulsar el combustible sostenible de aviación, una herramienta clave para reducir emisiones sin modificar radicalmente las aeronaves actuales.
La iniciativa también permitió que American Airlines fortaleciera su relación comercial con el productor energético Valero, asegurando un suministro de largo plazo que podría contribuir a expandir la producción de este tipo de combustibles en los próximos años.
¿Por qué el SAF es considerado una solución inmediata?
El combustible sostenible para aviación ha ganado protagonismo dentro de las estrategias climáticas globales debido a su capacidad para disminuir significativamente la huella de carbono de los vuelos. Dependiendo de su proceso de producción, puede generar hasta 80% menos emisiones durante su ciclo de vida en comparación con el combustible convencional.
Además, una de sus principales ventajas es que puede elaborarse a partir de residuos, como aceites de cocina usados y otros desechos orgánicos. Esto permite aprovechar recursos existentes mientras se reduce la dependencia de combustibles fósiles.
Para las aerolíneas, el SAF representa una alternativa práctica porque puede utilizarse en gran parte de la infraestructura actual. Esto acelera su adopción y permite avanzar en objetivos climáticos sin esperar décadas para el desarrollo de nuevas tecnologías aeronáuticas.
La demanda corporativa se vuelve clave para reducir emisiones
Uno de los aspectos más relevantes del acuerdo es que demuestra cómo las empresas están incorporando las emisiones derivadas de los viajes de negocios dentro de sus estrategias de sostenibilidad. Durante mucho tiempo, estas emisiones fueron consideradas un elemento secundario dentro de los inventarios corporativos.
Hoy, esa visión está cambiando. Mediante la compra de certificados SAF, compañías como Google pueden apoyar la producción de combustibles más limpios, aun cuando no controlan directamente las operaciones aéreas ni la adquisición física del combustible.
Este modelo permite conectar los compromisos climáticos empresariales con acciones tangibles en la economía real. En lugar de depender exclusivamente de mecanismos de compensación, las organizaciones pueden impulsar soluciones que contribuyen directamente a transformar sectores intensivos en carbono.
El papel de las inversiones de largo plazo
La expansión del mercado de combustibles sostenibles depende de una variable fundamental: la certeza de la demanda. Los productores necesitan garantías de que existirán compradores dispuestos a adquirir estos combustibles durante varios años antes de invertir en nuevas instalaciones y capacidades de producción.
Por ello, los acuerdos plurianuales como el firmado por Google y American Airlines tienen una relevancia especial. Funcionan como señales de mercado que reducen la incertidumbre y facilitan decisiones de inversión de gran escala.
Para los inversionistas, este tipo de compromisos ofrece evidencia de que existe un mercado dispuesto a pagar por soluciones climáticas. A medida que más compañías adopten objetivos de reducción de carbono, la demanda por combustibles sostenibles podría crecer de manera significativa.
Más que combustible: una ventaja competitiva para las empresas
La sostenibilidad también está comenzando a influir en las decisiones comerciales de los clientes corporativos. Las organizaciones multinacionales buscan cada vez más proveedores y socios alineados con sus metas ambientales, especialmente cuando deben reportar emisiones de Alcance 3.
En este contexto, las aerolíneas que logren garantizar acceso a combustibles sostenibles podrían diferenciarse frente a sus competidores. La disponibilidad de vuelos con menor huella de carbono podría convertirse en un factor decisivo para atraer clientes empresariales en los próximos años.
Al mismo tiempo, los gobiernos continúan desarrollando incentivos, regulaciones y esquemas fiscales para fomentar la producción de SAF. Sin embargo, los especialistas coinciden en que la participación activa del sector privado seguirá siendo indispensable para acelerar la transición.
Un mensaje para el futuro de la descarbonización
Aunque el acuerdo entre Google y American Airlines no resolverá por sí solo el desafío climático de la aviación, sí representa una muestra de cómo diferentes actores pueden colaborar para generar cambios concretos. La combinación de compradores corporativos, aerolíneas y productores de combustible está creando un nuevo modelo para impulsar la transición energética.
La capacidad de reducir emisiones en sectores difíciles dependerá cada vez más de alianzas estratégicas como esta. Mientras la oferta global de SAF continúa creciendo y la demanda corporativa se fortalece, iniciativas de este tipo podrían convertirse en un referente para acelerar la descarbonización de los viajes de negocios y de toda la industria aérea.
A tan solo unas horas de la inauguración de la Copa Mundial de la FIFA 2026, el entusiasmo futbolero convive con una pregunta incómoda: ¿quiénes podrán disfrutar realmente de la fiesta?
Durante los últimos años, las ciudades sede, estadios y autoridades han impulsado obras de remodelación e infraestructura para recibir a millones de aficionados nacionales e internacionales. Sin embargo, para muchas personas con discapacidad motriz o sensorial, el acceso pleno al espectáculo sigue estando lejos de ser una realidad.
Por lo menos así será en México, que encara el torneo con deudas importantes en movilidad, infraestructura y diseño incluyente que amenazan con dejar fuera del juego a las personas con discapacidad, quienes también tienen derecho a vivir la pasión del fútbol.
Inclusión en el Mundial 2026: los avances que presume la FIFA
Desde hace años, la FIFA ha insistido en que el fútbol debe ser un deporte para todas las personas. Bajo esa premisa, el organismo ha impulsado una serie de iniciativas para garantizar que los aficionados con discapacidad puedan disfrutar de la Copa Mundial 2026 en mejores condiciones que en ediciones anteriores.
Uno de los avances más destacados que ha logrado el organismo es la obtención del reconocimiento de Inclusión Sensorial otorgado por KultureCity, organización líder a nivel mundial en accesibilidad sensorial. Gracias a esta certificación, la Copa Mundial de la FIFA 2026 se ha convertido en el primer torneo deportivo de gran escala en recibir la designación de “Inclusivo Sensorial”, un hecho que busca responder a las necesidades de personas con autismo, ansiedad, trastorno de estrés postraumático, demencia y otras condiciones relacionadas con el procesamiento sensorial.
Como parte de esta estrategia, los estadios contarán con salas sensoriales especialmente diseñadas para ofrecer espacios tranquilos a quienes experimenten sobrecarga por el ruido, las luces, las multitudes o la intensidad propia de un partido mundialista. Además, habrá personal capacitado para brindar asistencia, interpretación en lengua de señas durante todos los encuentros, paneles hápticos para personas ciegas o con baja visión, audiodescripción y diversos servicios de accesibilidad.
@Hisense_Mexico y @FIFAcom presentan la primera Copa Mundial de la FIFA™ con inclusión sensorial a través de alta tecnología los 16 estadios anfitriones en EU, Canadá y México contarán con salas sensoriales dedicadas y equipadas con la tecnología…https://t.co/oDLIIHw9ZRpic.twitter.com/l6ceRuvOJ0
— Voz de la Sociedad (@vozdelasocieda1) May 27, 2026
Tras el auncio de estas salas, Heimo Schirgi, director de operaciones de la Copa Mundial de la FIFA 2026 declaró:”El fútbol une al mundo, y nuestro objetivo es ayudar a todos a participar en este deporte, ya sea como jugadores o como aficionados”. Y añadió:
“Nos enorgullece que la Copa Mundial de la FIFA 2026 sea el primer torneo en recibir la designación de Inclusivo Sensorial. Gracias a los recursos disponibles, los aficionados con necesidades sensoriales podrán disfrutar del deporte rey en persona con nosotros”.
Sin embargo, aunque estas iniciativas representan avances relevantes para la inclusión en el Mundial 2026, la experiencia de quienes viven con discapacidad en México muestra que la accesibilidad no depende únicamente de lo que ocurre dentro de los estadios. Llegar a ellos, desplazarse por las ciudades y disfrutar del evento con autonomía sigue siendo un desafío que las obras mundialistas no lograron resolver por completo.
México llega al Mundial con deudas en accesibilidad y movilidad
La organización de un Mundial suele ser vista como una oportunidad para modernizar infraestructura y transformar ciudades. Sin embargo, en materia de accesibilidad, los resultados en México muestran una realidad más compleja. Las remodelaciones realizadas en los estadios sede y las obras urbanas asociadas al torneo han generado mejoras visibles, pero también han dejado al descubierto carencias históricas que afectan a las personas con discapacidad.
El @MetroCDMX nunca ha sido un medio de transporte inclusivo para las personas que tienen su movilidad limitada https://t.co/N9opwpoLEh
El caso más evidente es el del Estadio Banorte, antes Estadio Azteca. De acuerdo con testimonios recogidos por el periodista Enrique Hernández Alcázar, muchos aficionados con discapacidad enfrentan obstáculos desde antes de ingresar al inmueble. Estacionamientos inaccesibles, accesos especiales bloqueados, rampas demasiado inclinadas y espacios limitados para usuarios de silla de ruedas forman parte de una experiencia que dista mucho de ser incluyente.
La situación resulta aún más preocupante al revisar los números. Con una capacidad superior a los 83 mil espectadores, el estadio Banorte cuenta apenas con 40 espacios para personas con discapacidad motriz. Incluso considerando zonas adicionales para acompañantes, la proporción de lugares accesibles representa menos del 0.25 % del aforo total, cuando, según la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad, que estipula que al menos el 3 % de la capacidad debería contar con accesibilidad plena, deberían existir aproximadamente 2 mil 400 espacios para esta población tan solo en esta sede.
Sin embargo, las deudas de la CDMX con las personas con discapacidad no terminan en el estadio. La movilidad urbana también ha sido objeto de críticas. Uno de los casos más señalados es el del Tren Ligero que conecta con el recinto. Diversos colectivos han denunciado que varios de sus accesos dependen exclusivamente de puentes peatonales, una barrera que excluye a usuarios de silla de ruedas, personas con movilidad reducida y aficionados con discapacidades temporales. A esto se suman cuestionamientos sobre la nueva ciclovía construida con motivo del Mundial, la cual ha sido señalada por presentar problemas tanto para ciclistas como para peatones, incluidos aquellos que viven con alguna discapacidad.
— Voz de la Sociedad (@vozdelasocieda1) March 9, 2026
En Monterrey, la situación presenta matices similares. El Estadio BBVA cuenta con 208 lugares accesibles, una cifra superior a la de otros recintos, pero todavía muy por debajo de los aproximadamente mil 605 espacios que debería ofrecer para cumplir con los criterios de inclusión establecidos en la legislación mexicana. Aunque existen mejoras en infraestructura interna, la brecha entre la normativa y la realidad sigue siendo considerable.
Guadalajara parece mostrar mejores resultados dentro del Estadio Akron. El inmueble dispone de 208 espacios para personas con discapacidad, nueve elevadores, rampas amplias y baños exclusivos. Sin embargo, el problema reaparece al salir del recinto. El trayecto desde el Periférico hasta el estadio presenta banquetas irregulares, rampas inexistentes y tramos que obligan a los usuarios a desplazarse por la vía vehicular, convirtiendo un recorrido cotidiano en una experiencia insegura y excluyente.
Estadio Akron (known as Guadalajara Stadium for the World Cup), Av. Circuito JVC 2800, Col. El Bajío, 45019 Zapopan, Jalisco, Mexico. The stadium will host 4 group stage games. pic.twitter.com/bX1H2BwzYT
Además, especialistas advierten que la conversación sobre accesibilidad suele centrarse únicamente en las discapacidades motrices, dejando de lado las llamadas discapacidades invisibles. Personas sordas, con discapacidad visual o dentro del espectro autista continúan enfrentando barreras para disfrutar plenamente del futbol. Tecnologías como los bucles magnéticos para usuarios de implantes cocleares o los tableros táctiles para seguir las jugadas en tiempo real siguen siendo prácticamente inexistentes en los estadios mexicanos.
La paradoja es evidente. Mientras la página oficial de la FIFA destaca la disponibilidad de entradas accesibles, asistencia especializada, espacios reservados y salas sensoriales para la inclusión en el Mundial 2026, la experiencia de miles de aficionados demuestra que aún faltan elementos básicos como más espacios accesibles, lugares que permitan asistir con varios acompañantes, barandales de seguridad, accesos adecuados y sistemas de movilidad verdaderamente inclusivos.
Cuando la infraestructura excluye, el deporte también
Las deficiencias en accesibilidad no son únicamente problemas técnicos o arquitectónicos. También representan barreras sociales que limitan la participación de millones de personas en espacios de convivencia, cultura y recreación. Cuando una persona debe enfrentar obstáculos para llegar a un estadio, desplazarse dentro de él o acceder a servicios básicos, el mensaje implícito es que su experiencia no fue considerada durante la planificación.
Por ello, hablar de inclusión en el Mundial 2026 implica ir más allá de la instalación de rampas o la habilitación de espacios reservados. Significa reconocer que las ciudades, los sistemas de transporte y los recintos deportivos deben diseñarse pensando en la diversidad de quienes los utilizan. Una infraestructura verdaderamente incluyente no beneficia únicamente a las personas con discapacidad; también favorece a adultos mayores, personas lesionadas, familias con carriolas y cualquier ciudadano que requiera desplazarse de manera segura y autónoma.
El Mundial representa una oportunidad única para visibilizar estas brechas y acelerar transformaciones que durante años han permanecido pendientes. Sin embargo, para que el legado del torneo sea realmente positivo, será necesario que las inversiones realizadas no se limiten a responder a una exigencia temporal, sino que formen parte de una estrategia permanente de inclusión y accesibilidad.
Un Mundial para todos también debe construirse fuera de la cancha
La Copa Mundial de la FIFA 2026 pasará a la historia por múltiples razones: será la edición más grande del torneo, reunirá a tres países anfitriones y estrenará innovaciones tecnológicas inéditas en materia de accesibilidad. Sin embargo, su verdadero legado no debería medirse únicamente por la calidad de los partidos o por la derrama económica que genere.
La inclusión en el Mundial 2026 será realmente exitosa cuando todas las personas, independientemente de sus capacidades físicas o sensoriales, puedan vivir la misma emoción al entrar a un estadio, recorrer una ciudad sede o celebrar un gol. Las mejoras impulsadas por la FIFA son un paso importante, pero México aún tiene una oportunidad invaluable para transformar sus espacios deportivos y urbanos en lugares más accesibles, seguros y humanos. Porque si el futbol aspira a ser el deporte que une al mundo, también debe garantizar que nadie quede fuera de la celebración.
Frente a desafíos como pobreza, desigualdad y cambio climático, cada vez más jóvenes mexicanos están desarrollando soluciones sociales y ambientales desde sus propias comunidades.
Desde proyectos de educación y salud mental hasta iniciativas de reciclaje, inclusión y conservación ambiental, el emprendimiento social juvenil comienza a consolidarse como una de las principales formas de innovación social en el país.
En este contexto, la Universidad del Valle de México (UVM) anunció la apertura de la convocatoria 2026 del Premio UVM por el Desarrollo Social, una iniciativa que busca identificar, impulsar y fortalecer proyectos liderados por jóvenes con impacto positivo en sus comunidades.
Tan solo en su edición más reciente, el programa registró más de 380 postulaciones provenientes de distintos estados del país, reflejando el creciente interés de las nuevas generaciones por desarrollar iniciativas con impacto social y ambiental.
Desde su creación en 2006, el Premio UVM ha reconocido a más de 220 jóvenes emprendedores sociales que impulsan proyectos enfocados en educación, medio ambiente, inclusión social, salud y desarrollo económico.
Más allá del reconocimiento, la iniciativa brinda herramientas para fortalecer el alcance y sostenibilidad de los proyectos a través de capacitación, mentoría y vinculación con especialistas.
“Cada vez más jóvenes están creando soluciones sostenibles desde sus comunidades, incluso frente a contextos complejos y falta de oportunidades. Lo que antes eran iniciativas aisladas hoy comienza a consolidarse como una nueva generación de emprendimiento social en México”, señaló Linda Nava López, Directora de Responsabilidad Social de la UVM.
La convocatoria 2026 contempla dos categorías:
Liderazgo Sostenible
Dirigida a jóvenes que lideran proyectos sociales o ambientales con al menos un año de implementación comprobable. La categoría está abierta tanto a la comunidad UVM como al público general.
Inspiración UVM
Enfocada en estudiantes y miembros de la comunidad UVM que desarrollen iniciativas académicas, sociales o emprendimientos en etapa temprana con potencial de impacto.
Las y los participantes seleccionados accederán a un bootcamp presencial en la Ciudad de México, donde recibirán capacitación especializada y mentoría personalizada para fortalecer sus proyectos.
Además, los ganadores de la categoría Liderazgo Sostenible recibirán un apoyo económico de $50,000 pesos para impulsar el desarrollo de sus iniciativas.
La convocatoria estará abierta hasta el 2 de agosto de 2026 y las postulaciones podrán realizarse en: premio.uvm.mx
Para UVM, este tipo de iniciativas forman parte de una visión educativa que busca impulsar líderes capaces de generar soluciones sostenibles frente a los retos sociales y ambientales del país.
Por Guillermo Murra, General Manager GE HealthCare México
Cada 5 de junio, el Día Mundial del Medio Ambiente invita a reflexionar sobre cómo utilizamos los recursos disponibles para generar un mayor impacto. En el sector salud, esa conversación ocurre todos los días en hospitales, centros de diagnóstico y unidades de atención que enfrentan una creciente demanda de servicios mientras gestionan infraestructura, personal, equipos médicos e insumos.
De acuerdo con la WHO Foundation, la atención sanitaria representa cerca del 5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero[1]. Parte de ese impacto proviene de la energía necesaria para operar hospitales, salas de diagnóstico, quirófanos, unidades críticas y cadenas de suministro asociadas a la prestación médica.
En ese escenario, la tecnología médica y la Inteligencia Artificial (IA) pueden ayudar a usar mejor los recursos disponibles, digitalizando procesos y reduciendo ineficiencias que también tienen un costo ambiental. Nos referimos a estudios repetidos, equipos encendidos durante más tiempo del necesario, traslados adicionales, esperas prolongadas, consumo de insumos y mantenimiento correctivo que pudo prevenirse.
En diagnóstico por imágenes, por ejemplo, la IA ayuda a mejorar la calidad de las imágenes desde la adquisición, agilizar los tiempos de procesamiento y priorizar estudios según criterios clínicos. Esto permite aprovechar mejor la capacidad instalada de hospitales y centros médicos, reducir interrupciones operativas y fortalecer la eficiencia de los servicios de diagnóstico.
La optimización de procesos también tiene un impacto ambiental. Cada estudio realizado correctamente desde el primer intento evita consumo adicional de energía, tiempo clínico e infraestructura. De igual forma, una mejor gestión de agendas, equipos y flujos de trabajo permite reducir tiempos improductivos y aprovechar de manera más eficiente los recursos disponibles.
Algunas instituciones ya observan resultados concretos. El Foro Económico Mundial ha documentado experiencias en las que el uso de sistemas inteligentes para la gestión de quirófanos y consumo energético permitió reducciones de hasta 25 % en el uso de energía en salas de operación[2]. Estos avances muestran cómo la innovación puede generar beneficios clínicos, operativos y ambientales de manera simultánea.
En países como México, donde los sistemas de salud enfrentan desafíos relacionados con acceso, disponibilidad de especialistas y creciente demanda de atención, la eficiencia adquiere un valor estratégico. Cada mejora en productividad, capacidad diagnóstica o utilización de recursos contribuye a fortalecer la sostenibilidad del sistema y ampliar el alcance de la atención médica.
La relación entre salud y sostenibilidad seguirá estrechándose durante los próximos años. La incorporación de tecnologías capaces de generar información más útil, optimizar procesos y apoyar decisiones clínicas permitirá avanzar hacia sistemas de salud más resilientes, preparados para responder a las necesidades de los pacientes y a los desafíos ambientales que acompañan al desarrollo del sector.
En el Día Mundial del Medio Ambiente, la sostenibilidad encuentra una expresión concreta en la manera en que se utilizan los recursos disponibles para generar mejores resultados. Una decisión clínica respaldada por información más precisa, un estudio realizado con mayor eficiencia o una operación hospitalaria optimizada forman parte de ese esfuerzo por construir una atención médica más sostenible para las personas y para el entorno.
Las reglas para competir en la economía global están cambiando. Mientras México busca consolidarse como un destino estratégico para la inversión extranjera, los principales mercados internacionales elevan cada vez más las exigencias en materia de derechos laborales, trazabilidad, acción climática, economía circular y transparencia en las cadenas de suministro.
Presentada por B Lab a nivel global, esta actualización representa la evolución más importante en la historia de la certificación de Empresas B™. Los nuevos estándares elevan el nivel esperado para demostrar impacto social, ambiental y económico mediante requisitos específicos en siete temas de impacto, fortaleciendo la transparencia, la gestión integral y la mejora continua.
Además, incorporan metodologías y criterios de marcos reconocidos internacionalmente, como GRI para reportes de sostenibilidad, SBTi para objetivos climáticos basados en ciencia y Fair Trade para comercio justo, facilitando que las empresas alineen sus estrategias de sostenibilidad con referentes ampliamente utilizados a nivel global.
Los requerimientos responden a la evolución de las expectativas sociales, regulatorias y de mercado sobre lo que significa una empresa líder en impacto, pero se ajustan según el tamaño, sector y nivel de riesgo de cada empresa, permitiendo una aplicación sumamente efectiva.
“Los nuevos estándares representan una nueva etapa para las Empresas B y reflejan la evolución de las expectativas sobre lo que significa liderar con impacto. La actualización de la Certificación B™ fortalece los requisitos en siete temas estratégicos e incorpora mecanismos de mejora continua que impulsarán a las empresas a seguir avanzando en su desempeño social y ambiental a lo largo del tiempo.
Más que sustituir un modelo por otro, los nuevos estándares ofrecen una referencia más clara, rigurosa y verificable para gestionar y demostrar el impacto empresarial”, señaló Javier Herrero, director general de Sistema B México.
¿Qué cambia en la Certificación B para México y el resto del mundo?
Antes
Ahora
5 áreas de evaluación:
7 temas de impacto obligatorios:
Gobernanza
Gobernanza y propósito
Trabajadores
Trabajo justo
Comunidad
Derechos humanos
Medio Ambiente
Acción climática
Clientes
JEDI (Justicia, Equidad, Diversidad, e Inclusión)
Asuntos gubernamentales y acción colectiva
Circularidad y gestión ambiental
Sistema de puntos (80/200)
Cumplimiento obligatorio de requisitos
Se podía compensar un área débil con una fuerte
Todas las áreas aplicables deben cumplirse
La conversación ya no es si las empresas deben transformarse, sino qué tan preparadas están para actuar frente a los desafíos que enfrentan las personas y el planeta. Los nuevos estándares ofrecen una guía clara para gestionar el impacto de manera más integral y fortalecer el papel de las empresas como agentes de cambio”, puntualizó Herrero.
Bajo este enfoque, añadió, las empresas certificadas deberán demostrar avances a lo largo del tiempo, reafirmando que el compromiso con el impacto positivo no es un punto de llegada, sino un proceso continuo de transformación.
La actualización llega en un momento de expansión para el Movimiento B, que reúne a más de 10,000 Empresas B certificadas en más de 104 países. En México, más de 150 Empresas B Certificadas demuestran que es posible integrar el impacto positivo en múltiples sectores de la economía.
Además de fortalecer los requisitos para la certificación, los nuevos estándares buscan servir como referencia para cualquier empresa interesada en mejorar su desempeño social y ambiental. El objetivo es impulsar una economía más inclusiva, equitativa y resiliente, donde la creación de valor considere tanto los resultados financieros como el impacto generado en las personas y el entorno.
Entre los nuevos requisitos se incluyen acciones relacionadas con la medición y gestión de emisiones, planes climáticos con objetivos basados en la ciencia, procesos de debida diligencia en derechos humanos, fortalecimiento de la gobernanza corporativa y una mayor supervisión de las cadenas de suministro.
“Las empresas que integren estos criterios en su estrategia estarán mejor preparadas para responder a las nuevas expectativas del entorno y, al mismo tiempo, liderar la transición hacia una economía más inclusiva, equitativa y regenerativa. En el contexto mexicano, los nuevos estándares representan una oportunidad para fortalecer la contribución del sector privado frente a desafíos sociales y ambientales cada vez más urgentes, generando valor para las personas, las comunidades y el planeta”, advirtió Herrero.
Me sentía fuera de lugar por no compartir la emoción desbordada que genera el Mundial… pero varias columnas, comentaristas y creadores de contenido me hicieron sentir que soy parte de la mayoría, no la excepción.
Creo que hay tres razones concretas y, francamente, tristes.
1 México no está para fiestas — los datos hablan solos
· En el Mundial del 94, el crimen organizado no controlaba territorios enteros como lo hace hoy, ni existían más de 100 mil desaparecidos.
· Las instituciones autónomas apenas nacían; hoy las están desmantelando y la polarización social es brutal.
· Las finanzas se habían estabilizado; hoy cargamos un déficit fiscal histórico y un crecimiento del PIB raquítico: 1%, sin mencionar que la deuda pública podría alcanzar 58% del PIB hacia 2030.
· A pesar de los aumentos al salario mínimo, la realidad es que el país está hundido en una realidad donde más de la mitad trabaja en la informalidad.
· Y por si fuera poco, la relación bilateral con EUA está más tensa que nunca, marcada por temas como aranceles, deportación de migrantes y acusaciones de narcogobiernos.
Es difícil celebrar con ese telón de fondo.
El Gobierno de Estados Unidos acusa al gobierno de México (MORENA) de tener "intolerables alianzas" con el crimen organizado.
· En el 86 y el 94, la gente podía ir al estadio. Hoy los precios son obscenos y la mayoría de los partidos irá en PPV.
· De forma que raya en lo ridículo, se han restringido incluso las palabras que se pueden pronunciar cerca de los recintos si no eres patrocinador oficial.
· Y no olvidemos que la FIFA es una organización con un historial de corrupción documentado, no obstante, es quien cosechará todas las ganancias del evento. Las ciudades ponen los estadios, el gobierno pone la seguridad, el contribuyente pone el dinero para el evento, y la FIFA cobra la factura.
· Lo que era una fiesta popular se convirtió en un evento privado de élites, pero que pagamos todos.
· EUA albergará 78 partidos. México y Canadá, apenas 13 cada uno. Somos sedes alternas, no anfitriones, aunque el gobierno insista en presentarlo así en un desesperado intento de catapultar inversiones y ánimo en el país.
Con ese escenario, no es que vayamos perdiendo: nos están goleando, y no tenemos banca que pueda rescatar el partido.
Y no me amargo, pero…
Veré el Mundial, gritaré gol cuando México anote y disfrutaré el juego de los equipos que me gustan, porque soy humano y multidimensional. Pero no voy a cerrar los ojos ni a fingir que estamos viviendo la gran fiesta del fútbol y que todo está bien. No, no está bien.
Luis Maram, Marketing y sostenibilidad Marketer, Speaker, Experto en Marketing y Reputación Linkedin | Creo en el poder transformador de las marcas
Luis Maram es estratega digital especializado en desarrollo de contenidos orientados a visibilidad de marca, reputación y responsabilidad corporativa. Durante años ha acompañado a marcas en el diseño de acciones digitales que inspiran a sus audiencias, generan conexión y producen resultados concretos —desde el content marketing y el social media hasta la inteligencia artificial.
Es Director de Marketing y Media en Expok, donde lidera la estrategia digital de la empresa y sus clientes. Asimismo, edita uno de los blogs de estrategia de contenido y marketing digital más reconocidos de México, LuisMaram.com, y ha impartido más de un centenar de conferencias en México y el extranjero.
En México, la temporada de lluvias representa uno de los mayores retos para la movilidad urbana, especialmente cuando coincide con partidos de fútbol, conciertos o eventos masivos, que concentran a miles de personas en las principales ciudades del país, generando alta carga vehicular, cierres viales y mayores riesgos para automovilistas y peatones.
Este desafío cobra aún mayor relevancia ante el incremento de visitantes, movilidad y actividades masivas que vivirán en distintas ciudades del país, particularmente en sedes con alta concentración turística y deportiva como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
Basta una fuerte lluvia minutos antes de un encuentro deportivo para alterar por completo la dinámica natural de las calles y convertirse en mayores tiempos de traslado, zonas inundadas, avenidas saturadas, conductores bajo estrés y miles de personas intentando llegar al mismo lugar al mismo tiempo.
El resultado no solo es el caos vial, también aumenta el riesgo de accidentes, averías y situaciones que pueden comprometer tanto la seguridad de las personas como su patrimonio.
De acuerdo con Quálitas, la aseguradora vehicular líder en México, durante días con lluvias intensas la siniestralidad puede incrementarse entre 1% y 4%, especialmente entre mayo y octubre, periodo en el que históricamente se registra un mayor número de reportes relacionados con colisiones, derrapes e inundaciones.
Cifras de Quálitas revelan que durante 2025 se registraron alrededor de 16 mil reportes derivados de eventos catastróficos en México, entre ellos lluvias, inundaciones, tormentas y huracanes. Además, el choque por alcance continúa siendo el tipo de colisión más frecuente, al representar aproximadamente 30% de los incidentes atendidos.
“Hoy las contingencias ya no pueden atenderse únicamente reaccionando al momento. La clave está en anticiparse. En Quálitas, contamos con un modelo predictivo que nos permite tener más de 90% de confiabilidad e identificar zonas con mayor probabilidad de inundaciones o congestionamiento vial y reforzar así la capacidad operativa antes de que ocurra la contingencia”, explicó Sergio Álvarez, Director de Servicio Siniestros Metropolitana de Quálitas.
Uno de los principales riesgos durante las lluvias ocurre cuando los conductores subestiman la fuerza del agua o intentan atravesar vialidades inundadas. En muchos casos, unos cuantos centímetros pueden provocar daños severos al motor, afectaciones eléctricas o incluso la pérdida total del vehículo. Para el caso de inundaciones, al contar con una póliza amplia, el riesgo está amparado; sin embargo, en caso de no contar con la cobertura adecuada, el asegurado asumiría la reparación de los daños.
“Hoy contamos con herramientas tecnológicas que nos permiten atender siniestros de forma remota y mantener la atención aun en escenario complejos, tal es el caso de Ajuste Digital, donde el cliente puede reportar su siniestro y recibir la atención adecuada desde su celular, con un porcentaje de satisfacción por encima del 90%”, comentó Sergio Álvarez, Director de Servicio Siniestros Metropolitana de Quálitas.
A esto se suman otros factores frecuentes durante la temporada: baches ocultos por encharcamientos, pérdida de visibilidad, menor capacidad de frenado, alcances por distracción y objetos arrastrados por la corriente, sin embargo, especialistas coinciden en que el mayor factor de riesgo sigue siendo humano.
“El entorno no siempre puede controlarse, las decisiones detrás del volante sí. La prevención comienza desde la planeación del trayecto, el estado del vehículo y la forma en que reaccionamos ante situaciones de presión o estrés vial”, señaló César Girón, Subdirector de Prevención de Riesgos de Quálitas.
Aunque las lluvias elevan la posibilidad de incidentes, millones de conductores continúan circulando sin protección financiera. Actualmente, sólo alrededor del 30% del parque vehicular en México cuenta con seguro, dejando expuestas a miles de familias ante gastos inesperados, daños a terceros o conflictos legales derivados de un accidente.
Ante escenarios de alta movilidad como los que enfrentará México en esta temporada, la planeación anticipada cobrará más importancia. Evitar circular sin seguro, salir con mayor anticipación, revisar previamente la ruta y estado de las llantas, considerar rutas alternas, respetar límites de velocidad, evitar circular por zonas inundadas, priorizar el transporte público cuando existan eventos masivos y mantenerse informado sobre cierre o contingencias puede ayudar a reducir riesgos y mejorar la experiencia de movilidad de millones de personas.
Además, especialistas recuerdan que contar al menos con una cobertura de Responsabilidad Civil puede marcar una diferencia importante frente a los costos derivados de un accidente. De acuerdo con cifras de Quálitas, durante 2024 y 2025, Nuevo León, registró más de 3,000 siniestros relacionados con lluvias; Ciudad de México, Jalisco y Veracruz alrededor de 2,000 casos, y Tamaulipas cerca de 1,000, posicionándose entre las entidades con mayor incidencia.
Estas cifras reflejan cómo la combinación entre lluvias, alta movilidad y saturación urbana continúa siendo uno de los principales desafíos viales en el país.
“La seguridad vial no depende únicamente del clima o del tráfico, depende de la capacidad que tengamos como sociedad para anticiparnos, conducir con responsabilidad y entender que cada decisión al volante puede prevenir o provocar una emergencia”, concluyó César Girón.
Durante décadas, la humanidad ha considerado la orina como un desecho que debe eliminarse lo más rápido posible. Sin embargo, en un contexto marcado por la escasez de recursos, la presión sobre los sistemas agrícolas y la necesidad de impulsar modelos de economía circular, algunos innovadores han comenzado a verla desde una perspectiva completamente distinta. Lo que antes se descartaba podría convertirse en una valiosa fuente de nutrientes para la producción de alimentos.
Esa es precisamente la apuesta de Wasted, una startup con sede en Vermont que ha desarrollado una tecnología capaz de transformar la orina como fertilizante en una alternativa viable para la agricultura. A través de un sistema especializado de recolección y procesamiento, la empresa busca recuperar nutrientes esenciales y reincorporarlos al ciclo productivo, demostrando que incluso los residuos más inesperados pueden formar parte de soluciones sostenibles.
De residuo a recurso: el potencial de la orina como fertilizante
Para Taylor Zehren, cofundadora y directora ejecutiva de Wasted, la orina es mucho más que un subproducto humano. En ella se encuentran nitrógeno, fósforo y potasio, tres de los componentes más importantes para el desarrollo de cultivos. Esta combinación de nutrientes llevó a la empresa a replantear la forma en que la sociedad gestiona sus residuos.
La idea nació de la experiencia de los fundadores en proyectos de saneamiento realizados en distintos países, desde América Latina hasta Asia. Durante años trabajaron instalando sistemas de gestión de residuos en comunidades remotas, donde descubrieron que la separación de la orina permitía recuperar recursos valiosos que normalmente terminaban desperdiciados. Ese aprendizaje fue la base para impulsar el uso de la orina como fertilizante a mayor escala.
El proceso detrás de WeeBloom
La producción de WeeBloom comienza con baños portátiles y sistemas sanitarios especialmente diseñados para separar la orina de otros residuos desde el primer momento. Esta etapa resulta fundamental, ya que evita la contaminación cruzada y permite conservar intactos los nutrientes presentes en el líquido.
Posteriormente, la orina recolectada es transportada a una planta de tratamiento donde se somete a diversos procesos que permiten convertirla en un fertilizante en polvo de liberación lenta y en un subproducto rico en nitrógeno. El resultado final es un material refinado, estable e inodoro que puede utilizarse en aplicaciones agrícolas de manera similar a otros fertilizantes disponibles en el mercado.
Las pruebas realizadas por la empresa han demostrado que WeeBloom ofrece resultados comparables a los de productos convencionales. Además, su formulación rica en fósforo responde a una necesidad creciente dentro de la agricultura moderna: encontrar fuentes alternativas para este nutriente esencial.
¿Por qué la orina como fertilizante podría ser clave para el futuro?
El fósforo es uno de los recursos más importantes para la producción de alimentos, pero también uno de los más vulnerables. Actualmente, gran parte de este mineral proviene de actividades extractivas concentradas en determinadas regiones del mundo, lo que genera desafíos ambientales, económicos y geopolíticos.
Ante este panorama, la orina como fertilizante plantea una alternativa interesante. Al recuperar el fósforo presente en los residuos humanos, es posible reducir la dependencia de fuentes externas y construir sistemas más resilientes. En lugar de extraer nuevos recursos, los nutrientes pueden mantenerse en circulación dentro de las mismas comunidades que los generan.
Este enfoque también fortalece los principios de la economía circular, ya que convierte un flujo de desechos en una materia prima útil para producir alimentos y otros recursos necesarios para la sociedad.
Rompiendo mitos y garantizando la seguridad
Uno de los principales retos para iniciativas como WeeBloom es superar la percepción negativa que suele existir alrededor de los residuos humanos. Para muchas personas, la idea de utilizar productos derivados de la orina genera dudas relacionadas con la higiene o la seguridad.
Sin embargo, Wasted asegura que el fertilizante final ya no puede considerarse orina. Tras completar el proceso de tratamiento, el producto se transforma en un polvo limpio, sin olor y listo para aplicaciones agrícolas. La empresa destaca que su sistema evita el contacto con muchas de las fuentes de contaminación presentes en las aguas residuales convencionales.
Además, WeeBloom fue sometido a pruebas bajo estándares regulatorios estrictos para detectar sustancias PFAS, conocidas como “químicos eternos”, obteniendo resultados no detectables en los compuestos analizados. Esto ha permitido a la empresa avanzar con confianza en la comercialización de su fertilizante y contribuir a cambiar la conversación sobre el aprovechamiento responsable de los residuos.
Un cambio cultural impulsado por la innovación
Más allá de la tecnología, el proyecto de Wasted busca promover una transformación cultural. La compañía considera que los sistemas actuales de saneamiento han sido diseñados bajo una lógica lineal en la que grandes cantidades de agua potable se utilizan para transportar nutrientes que podrían aprovecharse nuevamente.
Para sus fundadores, recuperar esos recursos representa una oportunidad para replantear la relación entre las ciudades, la agricultura y los ciclos naturales. La meta no es solo vender fertilizantes, sino demostrar que los residuos pueden convertirse en activos estratégicos cuando se gestionan adecuadamente.
La historia de WeeBloom demuestra que la innovación sostenible muchas veces surge al cuestionar prácticas que durante años parecieron inamovibles. Lo que para la mayoría de las personas es simplemente un desecho, para Wasted representa una fuente de nutrientes capaz de fortalecer la producción agrícola y reducir la presión sobre recursos finitos.
A medida que la población mundial crece y aumenta la demanda de alimentos, iniciativas como esta invitan a reflexionar sobre el valor de los sistemas circulares. La recuperación de fósforo, nitrógeno y otros nutrientes podría desempeñar un papel cada vez más relevante en la construcción de modelos productivos más eficientes, resilientes y alineados con los desafíos ambientales del futuro.
La Copa Mundial de la FIFA 2026 promete ser un evento histórico. Por primera vez participarán 48 selecciones nacionales, se disputarán 104 partidos y tres países —México, Estados Unidos y Canadá— compartirán la organización de uno de los espectáculos deportivos más importantes del planeta. La magnitud del torneo refleja la ambición de la FIFA por ampliar el alcance global del futbol y atraer a millones de aficionados de todos los continentes.
Sin embargo, detrás de las expectativas deportivas, los estadios llenos y la derrama económica, emerge una pregunta cada vez más relevante: ¿cuál será el costo ambiental de un evento de esta escala? Mientras la sostenibilidad gana espacio en las agendas corporativas y gubernamentales, diversas organizaciones advierten que la expansión del torneo podría traducirse en un incremento sin precedentes de sus emisiones de gases de efecto invernadero.
La huella de carbono del Mundial 2026 podría romper todos los récords
Un análisis independiente elaborado por la plataforma de contabilidad de carbono Greenly estima que la huella de carbono del Mundial 2026 alcanzará aproximadamente 7.8 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono. La cifra representa más del doble de las emisiones reportadas oficialmente para Qatar 2022 y equivale a las emisiones anuales de países completos como Sierra Leona.
Según Alexis Normand, cofundador de Greenly, el crecimiento del torneo explica gran parte de este aumento. Más equipos significan más desplazamientos, más partidos, más espectadores y una logística considerablemente más compleja. Además, el hecho de que las sedes estén distribuidas a lo largo de Norteamérica incrementará las distancias recorridas por jugadores, equipos técnicos, patrocinadores y aficionados.
La expansión del Mundial también supone un aumento significativo en el número de asistentes. Greenly calcula que el torneo atraerá casi tres veces más espectadores que Qatar 2022, generando una presión ambiental difícil de ignorar incluso antes de que ruede el balón.
El transporte de aficionados: el gran desafío para la huella de carbono del Mundial 2026
Cuando se habla del impacto ambiental de los grandes eventos deportivos, la atención suele centrarse en los estadios, la construcción de infraestructura o el consumo energético. Sin embargo, los cálculos de Greenly apuntan a una realidad distinta: el transporte de los aficionados será el principal responsable de las emisiones.
La investigación estima que el 87 % de las emisiones totales estarán relacionadas con los desplazamientos de los espectadores. Aunque los visitantes internacionales representarían alrededor del 35 % de la asistencia, generarían cerca del 74 % de las emisiones derivadas de los viajes debido a la necesidad de realizar vuelos de larga distancia.
La dispersión geográfica de las 16 ciudades sede también amplifica el problema. A diferencia de Qatar, donde las distancias entre estadios eran relativamente cortas, el torneo de 2026 obligará a muchos aficionados a recorrer miles de kilómetros entre partidos, multiplicando el impacto asociado al transporte aéreo.
Una infraestructura más eficiente que la de Qatar
No todos los indicadores ambientales son negativos. Existen aspectos en los que el Mundial de 2026 muestra avances respecto a la edición anterior. Uno de ellos es la infraestructura deportiva.
Mientras Qatar construyó siete estadios completamente nuevos para albergar el torneo de 2022, la mayoría de las sedes que se utilizarán en Norteamérica ya existen y cuentan con operaciones regulares. Esto reduce significativamente las emisiones vinculadas a la construcción y renovación de instalaciones.
De acuerdo con Greenly, la infraestructura representará apenas el 3.1 % de las emisiones totales previstas para 2026, frente al 24.6 % registrado en Qatar. Este cambio demuestra cómo el aprovechamiento de activos existentes puede contribuir a disminuir el impacto ambiental de los grandes eventos.
Las promesas climáticas de la FIFA bajo la lupa
Las preocupaciones sobre sostenibilidad no son nuevas para la FIFA. Qatar 2022 enfrentó fuertes críticas después de promocionarse como un torneo “neutral en carbono”, una afirmación que posteriormente fue cuestionada por diversos organismos especializados y observadores independientes.
Las propias estimaciones de la FIFA situaron las emisiones del torneo en 3.8 millones de toneladas métricas de CO₂, una cantidad superior a las emisiones anuales generadas por algunos países. Desde entonces, la conversación sobre la transparencia climática en los eventos deportivos ha cobrado mayor relevancia.
En el marco del programa Deportes para la Acción Climática de la ONU, la FIFA se comprometió a reducir sus emisiones en un 50 % para 2030 y alcanzar la neutralidad de carbono en 2040. Sin embargo, especialistas señalan que la estrategia de sostenibilidad para 2026 carece de una meta específica de reducción de emisiones para el torneo, lo que genera dudas sobre su capacidad para cumplir esos compromisos.
Los grandes eventos deportivos como catalizadores de cambio
Aunque los desafíos son significativos, expertos consideran que eventos de esta magnitud también pueden convertirse en oportunidades para acelerar la transición hacia modelos urbanos más sostenibles.
El ejemplo más citado es el de los Juegos Olímpicos de París 2024, donde las inversiones realizadas no solo estuvieron enfocadas en la celebración del evento, sino también en la modernización de infraestructura con beneficios permanentes para la población. La renovación de sistemas ferroviarios, la mejora de instalaciones deportivas y la reducción del consumo energético formaron parte de una estrategia más amplia de descarbonización.
Para especialistas como Normand, el verdadero legado de los eventos internacionales debería medirse no solo por su impacto económico o deportivo, sino por su capacidad para impulsar transformaciones sostenibles que permanezcan décadas después de la ceremonia de clausura.
Un Mundial que pondrá a prueba la sostenibilidad global
La huella de carbono del Mundial 2026 representa uno de los mayores retos ambientales que haya enfrentado una competición deportiva internacional. Su tamaño, alcance geográfico y volumen de espectadores podrían convertirlo en el torneo con mayores emisiones registradas hasta ahora.
Al mismo tiempo, la discusión abre una oportunidad para replantear cómo se diseñan y organizan los grandes eventos del futuro. La sostenibilidad ya no puede considerarse un aspecto complementario, sino un elemento central de la planificación.
La huella de carbono del Mundial 2026 será observada de cerca por gobiernos, organizaciones ambientales, patrocinadores y aficionados. Más allá de los resultados deportivos, el verdadero desafío será demostrar que es posible organizar espectáculos globales sin comprometer los objetivos climáticos que el mundo busca alcanzar en las próximas décadas.
La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en una tecnología capaz de transformar industrias completas, redefinir empleos e influir en decisiones estratégicas a escala global. Sin embargo, mientras las capacidades de estos sistemas avanzan a un ritmo acelerado, también crecen las preguntas sobre los riesgos que podrían surgir si el desarrollo tecnológico supera la capacidad humana para supervisarlo.
En este contexto, Anthropic, una de las empresas más influyentes en el sector de la IA, ha reavivado un debate que parecía reservado para la ciencia ficción: la posibilidad de establecer una pausa temporal en el desarrollo de modelos cada vez más poderosos. La propuesta no solo ha captado la atención de investigadores y gobiernos, sino también de organizaciones interesadas en el impacto social, ético y económico de estas tecnologías.
¿Por qué pausar la IA se ha convertido en un tema de discusión global?
La discusión surgió tras una publicación de Anthropic en la que la compañía explicó los avances de Claude, su modelo de inteligencia artificial. Según la empresa, los sistemas actuales muestran señales de una evolución que podría conducir, en el largo plazo, a una capacidad conocida como “automejora recursiva”, es decir, la posibilidad de diseñar versiones cada vez más avanzadas de sí mismos.
Introducing Claude Fable 5: a Mythos-class model that we’ve made safe for general use.
Its capabilities exceed those of any model we’ve ever made generally available. pic.twitter.com/2AvmEjHIX8
Para los especialistas en seguridad tecnológica, este escenario representa uno de los mayores desafíos del siglo XXI. La preocupación no radica únicamente en que los modelos sean más inteligentes, sino en la velocidad con la que podrían mejorar sin intervención humana directa, reduciendo la capacidad de supervisión y control.
La idea no es nueva. Desde hace varios años, académicos y centros de investigación han advertido sobre la necesidad de crear mecanismos internacionales que permitan anticipar riesgos antes de que se materialicen. Sin embargo, el posicionamiento de una empresa líder del sector vuelve a colocar el tema en el centro de la conversación pública.
La automejora recursiva y el temor a perder el control
Uno de los conceptos clave detrás de la propuesta de Anthropic es la automejora recursiva. En teoría, este proceso permitiría que una IA participe activamente en el diseño de sistemas más sofisticados, generando un ciclo continuo de evolución tecnológica.
La compañía señala que Claude ya contribuye a acelerar experimentos relacionados con programación y desarrollo de software. De hecho, Anthropic afirma que más del 80% del código integrado recientemente en su propia base tecnológica fue escrito por el modelo de IA.
Aunque estos avances todavía están lejos de representar una inteligencia autónoma capaz de evolucionar sin restricciones, los investigadores consideran que podrían ser los primeros pasos hacia sistemas mucho más complejos. Por ello, la discusión sobre si es necesario pausar la IA busca adelantarse a escenarios futuros antes de que resulten inmanejables.
Entre la seguridad y la contradicción
La propuesta de Anthropic ha generado reacciones encontradas debido a que coincide con reportes que vinculan a la empresa con proyectos de ciberseguridad desarrollados junto a agencias gubernamentales estadounidenses.
Diversos medios informaron que ingenieros de la compañía colaboran con la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) para implementar herramientas basadas en inteligencia artificial en operaciones relacionadas con la seguridad digital. Esto ha llevado a algunos críticos a cuestionar si es coherente solicitar un debate mundial sobre riesgos tecnológicos mientras se participa en iniciativas de carácter estratégico y ofensivo.
Steven Murdoch, profesor del University College de Londres, señaló que la postura de la empresa no resulta sorprendente, ya que Anthropic ha defendido históricamente una visión de la seguridad enfocada en determinados riesgos específicos, sin oponerse necesariamente al uso gubernamental de estas tecnologías.
Our internal data shows Claude is accelerating AI development—a possible path to recursive self-improvement, or AI autonomously building a more capable successor.
It’s happening faster than we thought, and the implications deserve greater attention. https://t.co/OVVPJO7VQx
¿Realmente existe una razón urgente para pausar la IA?
No todos los expertos consideran que los recientes anuncios representen un cambio significativo en las capacidades de los modelos actuales. Algunos investigadores sostienen que, aunque la IA continúa mejorando, no existen evidencias concluyentes de que haya alcanzado un punto de inflexión que justifique medidas extraordinarias.
Murdoch considera que la publicación de Anthropic funciona más como un recordatorio de preocupaciones que la compañía ha expresado durante años. Desde esta perspectiva, el debate sobre una pausa temporal responde a inquietudes persistentes y no necesariamente a un descubrimiento reciente.
Otros especialistas coinciden en que los avances reportados son relevantes, pero todavía se desarrollan dentro de límites relativamente controlados, especialmente en tareas relacionadas con programación, análisis de datos y automatización de procesos.
Mythos, marketing y la construcción de narrativas sobre el riesgo
La conversación se intensificó hace algunos meses cuando Anthropic anunció Mythos, un modelo de IA que decidió no lanzar públicamente debido a supuestos riesgos de ciberseguridad. La noticia atrajo la atención de gobiernos, organismos de inteligencia y líderes políticos.
Sin embargo, el anuncio también despertó escepticismo. Algunos expertos cuestionaron la falta de detalles técnicos y sugirieron que la presentación del proyecto pudo haber tenido un componente importante de posicionamiento mediático.
We’re expanding Project Glasswing. We’ve extended access to Claude Mythos Preview to approximately 150 additional organizations, based in more than fifteen countries.
Read more about this expansion and our future plans for Project Glasswing: https://t.co/QrtHSBdRbh
Entre las voces críticas se encuentra Heidy Khlaaf, científica jefe de IA del AI Now Institute, quien calificó la comunicación de Mythos como una publicación con características más cercanas al marketing que a una divulgación técnica rigurosa. Este tipo de observaciones evidencia la dificultad de distinguir entre riesgos reales y estrategias de comunicación en una industria altamente competitiva.
Gobernanza tecnológica: el verdadero desafío
Más allá de las capacidades de un modelo específico, la propuesta de Anthropic pone sobre la mesa una pregunta fundamental: ¿quién debe decidir el ritmo del desarrollo tecnológico? La empresa ha planteado convocar a responsables políticos, investigadores, organizaciones de la sociedad civil y otras compañías para debatir posibles mecanismos de supervisión.
Esta discusión resulta especialmente relevante. Los impactos de la inteligencia artificial ya alcanzan ámbitos como el empleo, la privacidad, la seguridad digital, la educación y el acceso a oportunidades económicas. Por ello, la gobernanza tecnológica se está convirtiendo en un tema tan importante como la innovación misma.
La necesidad de construir reglas claras, transparentes e inclusivas podría determinar si la IA se convierte en una herramienta para impulsar el bienestar colectivo o en una fuente de nuevas desigualdades y riesgos sistémicos.
La propuesta de pausar la IA no implica necesariamente detener el progreso tecnológico, sino abrir un espacio para reflexionar sobre sus consecuencias antes de que los avances superen la capacidad de regulación y supervisión de las instituciones. En un entorno donde la innovación avanza a velocidad récord, la prudencia comienza a ganar protagonismo.
Más allá de si la iniciativa de Anthropic prospera o no, el debate ya está planteado. La verdadera pregunta no es únicamente cuánto puede avanzar la inteligencia artificial, sino si la sociedad está preparada para gestionar de manera responsable los desafíos que acompañan a esa transformación.