¿Puede la RSE trascender generaciones? El reto de construir un impacto duradero

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Una donación puede resolver una necesidad inmediata. Un programa sostenido puede modificar capacidades. La diferencia entre ambos explica uno de los mayores retos de la responsabilidad social empresarial (RSE): construir impactos que sobrevivan al ciclo fiscal, al cambio de administración y, eventualmente, a la propia empresa que los impulsó.

En un entorno donde las compañías enfrentan la presión de hacer más con menos recursos, la pregunta ya no debería ser únicamente cuánto dinero destinan a causas sociales o cuántas personas alcanzan sus iniciativas. Para los líderes ESG, el desafío es más complejo: diseñar una RSE generacional capaz de atacar las causas de problemas sociales y generar condiciones para que sus beneficios se reproduzcan con el tiempo.

¿Qué significa hablar de RSE generacional?

La RSE generacional plantea una visión de largo plazo: una intervención empresarial no termina cuando se entrega el recurso o concluye una campaña, sino cuando existe evidencia de que las capacidades creadas continúan produciendo beneficios.

Esto supone pasar de una lógica centrada en la visibilidad a otra enfocada en el impacto. Las donaciones puntuales pueden ser necesarias, pero difícilmente permiten conocer qué ocurre con los beneficiarios años después. En cambio, una estrategia de largo plazo puede identificar si una intervención contribuyó a mejorar la educación, el acceso al empleo, los ingresos o las oportunidades de una comunidad.

Para las empresas, el cambio es relevante porque transforma la pregunta de “¿qué hicimos?” a “¿qué cambió gracias a lo que hicimos y cuánto tiempo duró ese cambio?”.

RSE generacional

El riesgo de una RSE diseñada para el corto plazo

La filantropía corporativa puede caer en una paradoja: buscar tanta visibilidad que la comunicación termine convirtiéndose en el principal indicador de éxito.

El problema no está en comunicar los resultados. La transparencia es indispensable para cualquier estrategia responsable. El riesgo aparece cuando las empresas priorizan iniciativas por su potencial de exposición antes que por su capacidad para responder a necesidades reales.

Una RSE orientada principalmente a la imagen puede generar:

  • Dependencia, si los apoyos no desarrollan capacidades locales.
  • Fragmentación, cuando cada año se cambia de causa o beneficiario para seguir tendencias.
  • Poca trazabilidad, porque no existe seguimiento suficiente para conocer los resultados después de la intervención.
  • Dificultad para escalar, al concentrar recursos en acciones aisladas en lugar de construir modelos replicables.

La RSE generacional, en cambio, requiere aceptar que algunos de los resultados más relevantes pueden tardar años en aparecer y que no todos caben en una fotografía, un comunicado o un indicador anual.

Rally to Read: cuando la RSE busca cambiar una trayectoria

Un ejemplo de esta perspectiva es Rally to Read, iniciativa desarrollada por Ford en Sudáfrica junto con Read Educational Trust. El programa lleva 28 años trabajando con escuelas de comunidades desfavorecidas mediante acciones enfocadas en lectura y escritura.

Desde 2019, ha entregado más de 35,000 libros a 32 escuelas de Mpumalanga, Cabo Oriental y Gauteng. Además, beneficia a más de 550 docentes y 14 auxiliares docentes, quienes reciben herramientas para conectar los materiales de lectura con el currículo nacional.

Su importancia no está únicamente en el número de libros distribuidos. El programa concentra parte de sus esfuerzos en los primeros años de escolarización, una etapa considerada determinante para el desarrollo de competencias que posteriormente pueden influir en la trayectoria educativa y económica de una persona.

Ahí aparece una diferencia fundamental: la empresa no está solamente entregando un recurso; está intentando intervenir sobre una capacidad.

¿Cómo se construye una RSE que trascienda generaciones?

La experiencia de Rally to Read permite identificar algunos elementos que pueden servir como referencia para las estrategias empresariales de impacto social:

1. Elegir problemas, no tendencias

Una estrategia de RSE generacional comienza por identificar necesidades estructurales y mantener el foco en ellas. Cambiar de causa constantemente puede producir campañas visibles, pero dificulta acumular conocimiento y generar resultados sostenidos.

2. Trabajar con quienes permanecerán en la comunidad

El fortalecimiento de docentes y auxiliares es relevante porque permite que el conocimiento no desaparezca cuando termina una intervención empresarial. La empresa aporta recursos y capacidades, pero la comunidad desarrolla mecanismos para continuar el trabajo.

RSE generacional

3. Pensar en ciclos de impacto más largos

Un niño que recibe apoyo educativo a los seis años no necesariamente mostrará el resultado de esa intervención a los siete. El impacto puede aparecer años después, cuando termine la escuela, llegue a la universidad o se incorpore al mercado laboral.

Por eso, las empresas necesitan indicadores de corto, mediano y largo plazo.

4. Medir lo que permanece

Una de las preguntas más complejas para la RSE generacional es también una de las más importantes: ¿cómo saber qué ocurrió con un beneficiario diez, quince o veinte años después?

No basta con contabilizar participantes. La medición debe evolucionar hacia indicadores como permanencia escolar, conclusión de estudios, acceso a educación superior, empleabilidad, ingresos o capacidad de replicar los conocimientos adquiridos.

El verdadero reto: medir el impacto que ocurre años después

Este es quizá uno de los mayores desafíos para los responsables de sostenibilidad. Los indicadores tradicionales de RSE suelen privilegiar aquello que puede contabilizarse rápidamente: inversión, número de beneficiarios, voluntarios, horas o productos entregados.

Son métricas útiles, pero insuficientes para demostrar transformación social.

En el caso de Rally to Read, el desafío consiste en seguir la trayectoria de quienes participaron en el programa cuando eran niñas y niños. Algunos de ellos ya son adultos y, potencialmente, padres y madres que pueden transmitir a sus propios hijos el vínculo con la lectura que desarrollaron durante su infancia.

Ese efecto de segunda generación es difícil de atribuir y todavía más difícil de cuantificar. Sin embargo, representa precisamente el tipo de impacto que una estrategia de RSE generacional debería intentar identificar.

RSE generacional

¿Qué deben aprender las empresas y los líderes ESG?

Para los tomadores de decisiones, la principal lección no es que todos los programas deban durar 28 años. Es que la duración debe responder a la naturaleza del problema que se busca resolver.

Una empresa puede necesitar una respuesta inmediata ante un desastre natural; otra puede requerir décadas para contribuir a cerrar una brecha educativa. Confundir ambos tipos de intervención lleva a evaluar iniciativas de largo plazo con métricas diseñadas para acciones de corto plazo.

Por ello, una estrategia empresarial con ambición de trascender generaciones debería preguntarse:

  • ¿Qué problema estructural estamos intentando modificar?
  • ¿Qué capacidades quedarán en la comunidad cuando termine nuestra intervención?
  • ¿Cómo mediremos resultados que aparecerán dentro de cinco, diez o veinte años?
  • ¿Qué organizaciones pueden dar continuidad al trabajo?
  • ¿Cómo evitaremos que el programa dependa exclusivamente del presupuesto o liderazgo de una persona?
  • ¿Qué evidencia permitirá demostrar que el impacto fue sostenible?

Estas preguntas también ayudan a reducir el riesgo de greenwashing o social washing, porque obligan a demostrar resultados y no únicamente buenas intenciones.

De la filantropía a la prosperidad compartida

La RSE enfrenta una tensión inevitable: las empresas deben generar rentabilidad y, al mismo tiempo, responder a necesidades sociales que exceden cualquier presupuesto corporativo. Pretender resolverlas mediante una sucesión de donaciones no necesariamente genera transformación.

La alternativa es construir alianzas, desarrollar capacidades locales y mantener intervenciones consistentes allí donde la empresa pueda generar una contribución relevante.

La RSE generacional no significa, entonces, hacer siempre más. Significa hacer mejor y durante el tiempo necesario para que el impacto pueda sostenerse sin depender permanentemente de la empresa.

El indicador más importante: ¿qué queda cuando la empresa se va?

La respuesta a si la RSE puede trascender generaciones es sí, pero no ocurre de manera automática. Requiere estrategia, continuidad, medición y una visión suficientemente amplia para aceptar que algunos de los resultados más valiosos no aparecerán en el siguiente informe anual.

El verdadero éxito de una iniciativa social puede estar precisamente fuera del periodo en que la compañía la financió: en el docente que continúa aplicando lo aprendido, en el estudiante que logra avanzar en su trayectoria educativa o en una familia que transmite a la siguiente generación una capacidad que antes no tenía.

Para los líderes de sostenibilidad, esa debería ser una de las preguntas centrales: no cuánto permaneció visible la empresa, sino cuánto permaneció su impacto. Cuando una iniciativa logra que la comunidad pueda apropiarse de sus beneficios y reproducirlos, la RSE deja de ser únicamente una acción corporativa y comienza a convertirse en una inversión social capaz de trascender generaciones.

Qué es el síndrome del edificio enfermo: el problema de salud laboral que podría estar en tu oficina

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Estornudar con frecuencia durante el trabajo, sentir irritación en los ojos o presentar dolor de cabeza que desaparece al salir de la oficina no debería asumirse como una molestia normal de la jornada. Estos síntomas pueden ser una señal de que las condiciones del espacio laboral están afectando la salud de quienes lo ocupan: es el llamado síndrome del edificio enfermo.

El problema es que la relación entre los malestares y las instalaciones suele pasar inadvertida. Los colaboradores pueden atribuirlos al clima, al cansancio o a una alergia, mientras las empresas los atienden de manera aislada sin identificar que varias personas presentan síntomas similares en un mismo espacio. Para la gestión ESG, reconocer esta conexión es relevante: un lugar de trabajo saludable no depende únicamente de protocolos de seguridad, sino también de las condiciones ambientales en las que las personas desarrollan su actividad cotidiana.

¿Qué es el síndrome del edificio enfermo?

El síndrome del edificio enfermo (SEE) se refiere a un conjunto de molestias y síntomas clínicos que presentan principalmente las personas que trabajan en oficinas y que están asociados con las características del espacio, la exposición a irritantes o sustancias contaminantes y, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), también con la forma en que se organiza el trabajo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) identificó y denominó este fenómeno hace aproximadamente 40 años. Sin embargo, que sea un problema conocido desde hace décadas no significa que haya desaparecido de los centros laborales.

Entonces, ¿qué es el síndrome del edificio enfermo en términos prácticos? Es una situación en la que determinadas condiciones de un inmueble pueden contribuir a que sus ocupantes desarrollen malestares que aparecen o empeoran mientras permanecen dentro del edificio y tienden a mejorar cuando lo abandonan.

Esta última característica es una de las principales pistas para reconocerlo. “Como los síntomas generalmente desaparecen al no estar dentro del centro de trabajo, la gente ya no le da seguimiento y lo normalizan”, explica Karina Ortiz Ramírez , médico especialista en salud ocupacional.

qué es el síndrome del edificio enfermo

¿Cuáles son los síntomas del síndrome del edificio enfermo?

Los síntomas pueden ser diversos y no necesariamente aparecen todos al mismo tiempo. Entre los más frecuentes se encuentran:

  • Dolor de cabeza.
  • Fatiga.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Irritación o inflamación de ojos, nariz y garganta.
  • Irritación de la piel.
  • Congestión o molestias respiratorias.
  • Dificultad para respirar.
  • Diarrea.

El patrón de aparición es particularmente importante. “Estos síntomas se registran mientras la persona está en el edificio, cuando va a su casa o de vacaciones hay una mejoría, pero al regresar al empleo el edificio enfermo detona otra vez los síntomas”, precisa Ortiz Ramírez.

Esto puede generar un círculo difícil de romper. Una persona que sólo presenta congestión nasal durante su jornada laboral puede asumir que tiene un resfriado o una alergia y recurrir a medicamentos para controlar el malestar, sin investigar qué está provocándolo.

“Ya sé que ahí me va a dar comezón en los ojos, entonces llevo mis gotas lubricantes”, ejemplifica la especialista. El problema es que tratar repetidamente el síntoma sin identificar el origen puede retrasar la detección de las condiciones ambientales que están afectando al trabajador.

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¿Por qué es difícil identificar un edificio enfermo?

Una de las principales dificultades es que los síntomas del SEE no son exclusivos de este problema. Dolor de cabeza, fatiga, congestión nasal o irritación ocular pueden tener múltiples causas, por lo que la relación con el entorno laboral no siempre resulta evidente.

Leonardo Rodríguez, médico ocupacional y fundador de Medicbi, advierte que incluso en consultorios médicos y servicios de salud de las empresas estos síntomas pueden no asociarse directamente con las condiciones del inmueble.

Por ejemplo, un trabajador que presenta congestión nasal durante su turno podría recibir un diagnóstico de resfriado cuando, en realidad, su malestar está relacionado con una reacción alérgica provocada por un sistema de ventilación sucio. La pista está en identificar patrones. Si varias personas que trabajan en la misma área presentan síntomas similares y estos mejoran cuando salen del edificio, la situación merece una revisión de las instalaciones.

¿Qué causa el síndrome del edificio enfermo?

El SEE no tiene una única causa. Puede relacionarse con distintas condiciones ambientales y físicas del inmueble. Entre ellas están:

  • Sistemas de ventilación inadecuados, sucios o dañados.
  • Presencia de plagas y hongos.
  • Ventilación insuficiente.
  • Alfombras que no reciben limpieza frecuente.
  • Ruido excesivo y vibraciones.
  • Uso de aromatizantes que pueden resultar irritantes.
  • Falta de ventanas y de luz natural.
  • Iluminación ineficiente.
  • Vapores químicos derivados de productos de limpieza.
  • Distribución inadecuada de los trabajadores.
  • Hacinamiento en determinadas áreas.

Durante años, el concepto se relacionó principalmente con sistemas de ventilación que acumulaban contaminantes y generaban síntomas respiratorios. Hoy, el abordaje es más amplio: prácticamente cualquier condición del espacio que genere exposición a irritantes o contribuya al malestar de los ocupantes debe formar parte de una evaluación integral.

Además, el entorno físico puede interactuar con la experiencia laboral. Una distribución que genera hacinamiento, por ejemplo, no sólo puede afectar las condiciones físicas del espacio, sino también repercutir en el ánimo y bienestar de las personas.

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¿Cómo afecta el síndrome del edificio enfermo a los trabajadores?

El impacto puede ir desde molestias recurrentes hasta afectaciones que interfieren con el desempeño cotidiano. Una persona que experimenta dolor de cabeza, irritación ocular, fatiga o dificultad para concentrarse durante varias horas de su jornada difícilmente puede desarrollar sus actividades en las mismas condiciones que alguien que trabaja en un espacio saludable.

A ello se suma el riesgo de normalizar los síntomas. Cuando una persona aprende que “siempre” le duele la cabeza al llegar a determinada oficina o que “siempre” estornuda al encenderse el aire acondicionado, puede asumirlo como parte de su rutina.

Para Ortiz Ramírez, los equipos de salud ocupacional tienen un papel fundamental porque los trabajadores permanecen expuestos a estas condiciones durante una parte importante de su día.

La pregunta que deberían hacerse las empresas no es únicamente si un colaborador está enfermo, sino si existe alguna condición del entorno que está enfermando a varios colaboradores.

¿Qué consecuencias tiene para las empresas ignorar un edificio enfermo?

El impacto del SEE no termina en el bienestar individual. También puede convertirse en un problema de productividad. Los síntomas pueden contribuir a:

  • Ausentismo laboral.
  • Presentismo, es decir, acudir a trabajar pese a no encontrarse en condiciones óptimas.
  • Menor concentración.
  • Disminución del desempeño.
  • Repetición de consultas y tratamientos para síntomas recurrentes.
  • Costos asociados con incapacidades.

Rodríguez advierte sobre los costos ocultos relacionados con el ausentismo y el presentismo. Como ejemplo, señala que una persona con rinitis alérgica puede llegar a incapacitarse entre 15 y 30 días al año.

El problema para las organizaciones es que ese costo puede quedar fuera de los indicadores tradicionales porque no siempre existe una conexión documentada entre la incapacidad y las condiciones del edificio.

Así, una empresa puede estar contabilizando consultas, incapacidades, rotación o pérdida de productividad por separado, sin advertir que detrás de varios de esos indicadores existe un factor común: el entorno laboral.

qué es el síndrome del edificio enfermo

¿Qué deben hacer las empresas para prevenir el síndrome del edificio enfermo?

La prevención comienza por reconocer que la salud ocupacional también se construye desde el espacio físico. No basta con atender a una persona cuando presenta síntomas: es necesario revisar si las condiciones del inmueble pueden estar contribuyendo a ellos.

Una de las primeras medidas recomendadas por los especialistas es realizar un diagnóstico de las instalaciones para identificar riesgos ambientales y físicos.

Estas evaluaciones pueden realizarse mediante los recorridos de la Comisión de Seguridad e Higiene o mediante las inspecciones programadas por los equipos responsables de seguridad y salud. Durante estos recorridos pueden revisarse aspectos como iluminación y ruido, además de las condiciones generales del inmueble.

Un diagnóstico integral debería prestar atención, entre otros aspectos, a:

Ventilación y calidad del ambiente: verificar el funcionamiento y las condiciones de los sistemas de ventilación, así como posibles fuentes de contaminantes.

Limpieza y mantenimiento: identificar acumulación de polvo, hongos, plagas o condiciones deficientes de higiene.

Sustancias utilizadas: revisar productos de limpieza, aromatizantes y otras sustancias que puedan generar irritación.

Iluminación y luz natural: evaluar si las áreas de trabajo cuentan con condiciones adecuadas de iluminación y, cuando sea posible, acceso a luz natural.

Ruido y vibraciones: detectar niveles o fuentes que puedan generar molestias constantes.

Distribución de los espacios: analizar si existe hacinamiento o una organización que afecte el bienestar de los trabajadores.

Información médica: identificar patrones entre síntomas reportados, áreas específicas y horarios de trabajo.

¿Por qué el síndrome del edificio enfermo también es un asunto ESG?

Desde la perspectiva ESG, las condiciones físicas de los centros laborales forman parte de una conversación más amplia sobre bienestar, salud ocupacional y responsabilidad empresarial.

Una organización puede contar con políticas de diversidad, programas de bienestar o compromisos ambientales y, al mismo tiempo, pasar por alto un factor cotidiano que afecta directamente a sus colaboradores: el lugar donde trabajan.

Por eso, qué es el síndrome del edificio enfermo debería ser una pregunta relevante para los responsables de ESG, Recursos Humanos, seguridad e higiene y facilities. No se trata sólo de mantener una oficina limpia o agradable, sino de gestionar riesgos que pueden tener consecuencias para las personas y para la operación.

Además, identificar estos problemas permite pasar de una gestión reactiva a una preventiva. En lugar de esperar a que aumenten las incapacidades o las quejas, las empresas pueden utilizar los recorridos de seguridad, los reportes médicos y las observaciones de los colaboradores para detectar patrones y corregirlos.

Un edificio saludable también forma parte de una estrategia de sostenibilidad social. Detectar riesgos, escuchar a los trabajadores, monitorear las condiciones de las instalaciones y corregir los problemas identificados no sólo protege el bienestar de las personas; también ayuda a reducir costos ocultos, ausentismo y pérdida de productividad.

Adiós a publicidad de moda rápida, aerolíneas y combustibles fósiles: esta ciudad marca precedente

Bristol se convirtió en la primera ciudad británica en prohibir la publicidad de moda rápida en espacios propiedad del ayuntamiento. La decisión también restringe los anuncios de todoterrenos, aerolíneas, cruceros y combustibles fósiles, como parte de una política que busca reducir la promoción de actividades consideradas perjudiciales para el clima, la calidad del aire y la salud. Con ello, la ciudad no sólo regula qué puede anunciarse en sus espacios públicos: comienza a modificar las condiciones bajo las cuales determinadas industrias pueden relacionarse con los consumidores.

La medida amplía una serie de restricciones que Bristol inició en 2021, cuando prohibió la publicidad de comida basura y se convirtió en el primer ayuntamiento británico fuera de Londres en hacerlo. Ahora, la publicidad de industrias contaminantes entra en una nueva etapa: deja de ser únicamente un asunto de reputación para convertirse también en una cuestión de acceso a espacios, regulación y estrategia comercial. Y para las empresas cuyos productos tienen una elevada huella ambiental, este cambio puede anticipar complicaciones que van mucho más allá de una campaña perdida.

¿Qué prohibió Bristol y por qué importa a las empresas?

La nueva política, aprobada por el comité de estrategia y recursos del ayuntamiento con ocho votos a favor y uno en contra, se aplicará a todos los espacios publicitarios propiedad del gobierno local: carteles, marquesinas de autobús, prensa escrita y medios digitales. Bristol se suma así a más de 20 ayuntamientos británicos que ya cuentan con restricciones para productos y servicios contaminantes, aunque es el primero que incluye la moda rápida dentro de este tipo de prohibiciones.

La lista contempla:

  • Moda rápida, especialmente las prácticas que incentivan el consumo excesivo.
  • Todoterrenos y determinados vehículos de gasolina, diésel e híbridos.
  • Aerolíneas y vuelos.
  • Cruceros.
  • Combustibles fósiles y actividades vinculadas con su promoción.

El punto relevante para las compañías es que la medida no impide necesariamente vender estos productos en Bristol. Lo que empieza a limitar es la capacidad de utilizar determinados espacios públicos para estimular su consumo.

Ese matiz puede parecer menor, pero tiene implicaciones estratégicas. La publicidad funciona como una herramienta para generar demanda, normalizar determinados estilos de vida y mantener la presencia de una marca frente al consumidor. Cuando una categoría comienza a perder espacios de comunicación, también pierde una vía para construir preferencia, posicionamiento y crecimiento.

publicidad de industrias contaminantes

Publicidad de industrias contaminantes: de problema reputacional a riesgo de negocio

La decisión de Bristol revela una evolución importante. Durante años, el debate sobre la comunicación de productos de alta huella ambiental estuvo concentrado principalmente en el greenwashing: qué podía afirmar una empresa sobre sus credenciales ambientales y cómo demostrarlo.

Ahora aparece una pregunta diferente: ¿deberían determinados productos tener las mismas posibilidades de promoción que cualquier otro si sus impactos ambientales son significativamente mayores?

Para industrias como combustibles fósiles, aviación, automóviles de gran tamaño o moda rápida, el riesgo ya no se limita a que una campaña sea criticada en redes sociales. Puede incluir restricciones sobre dónde pueden anunciarse, qué mensajes pueden utilizar y qué organismos o plataformas están dispuestos a comercializar su publicidad.

Esto modifica el mapa de riesgos ESG. Una empresa puede cumplir con la regulación ambiental de su producto y, aun así, enfrentar nuevas limitaciones sobre su comercialización.

Bristol demuestra que estas políticas pueden escalar

El precedente de Bristol es especialmente significativo porque la ciudad ya cuenta con experiencia utilizando la publicidad como herramienta de política pública.

Una investigación publicada en 2026 sobre las restricciones de 2021 encontró una reducción importante en la exposición a anuncios de productos poco saludables en Bristol. En el periodo analizado, la presencia de este tipo de publicidad cayó de 11.3% a 0.8%, mientras que en la zona utilizada como comparación aumentó de 0.9% a 18.1%.

Esto no demuestra que una política climática produzca exactamente el mismo efecto, pero sí ofrece un precedente relevante: las restricciones publicitarias pueden cambiar lo que las personas encuentran en el espacio público y también obligar a los anunciantes a modificar sus estrategias.

Por eso la discusión sobre la publicidad de industrias contaminantes merece atención empresarial. Si estas medidas demuestran ser políticamente viables y socialmente aceptadas, pueden pasar de ser iniciativas puntuales a convertirse en un instrumento regulatorio cada vez más utilizado.

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¿Qué ocurre si esta tendencia se extiende?

Bristol no está sola. Cardiff, Edimburgo, Portsmouth y Sheffield se encuentran entre las ciudades británicas que ya han establecido restricciones sobre productos considerados perjudiciales para el clima. Además, Adfree Cities impulsa que las prohibiciones locales evolucionen hacia medidas de alcance nacional y ha presionado para limitar publicidad de combustibles fósiles y otros productos contaminantes en Transport for London.

Aquí aparece el verdadero precedente para las empresas.

Una política local puede parecer irrelevante para una multinacional. Pero cuando varias ciudades comienzan a adoptar criterios similares, la organización enfrenta un problema distinto: la fragmentación de las reglas puede aumentar los costos de adaptación y obligar a rediseñar campañas para distintos mercados.

Y si eventualmente las restricciones llegan a legislaciones nacionales, lo que hoy representa una excepción geográfica puede convertirse en una condición general para operar.

Para las empresas con productos de alta huella ambiental, anticiparse implica preguntarse:

  • ¿Qué mercados podrían adoptar restricciones similares?
  • ¿Qué porcentaje de la estrategia comercial depende de espacios publicitarios que podrían quedar limitados?
  • ¿Qué productos o categorías presentan mayor riesgo de futuras restricciones?
  • ¿Qué alternativas de comunicación existen si disminuye el acceso a publicidad exterior?
  • ¿La estrategia de crecimiento depende de aumentar el consumo de productos que la transición climática busca reducir?

Estas preguntas pertenecen cada vez más al ámbito de la gestión de riesgos ESG.

La presión también puede acelerar la transformación de los productos

Hay otra implicación menos evidente. Cuando una empresa pierde capacidad para promocionar un producto, la respuesta no necesariamente tiene que ser buscar otro canal para mantener exactamente el mismo modelo.

También puede ser un incentivo para transformar el producto.

Para una compañía automotriz, por ejemplo, la transición hacia vehículos de menores emisiones puede reducir su exposición a futuras restricciones. Para una empresa de moda, aumentar la durabilidad, reparación, reutilización o circularidad puede ayudar a modificar la percepción y el impacto de su oferta. En aviación, la presión puede acelerar inversiones en eficiencia, combustibles sostenibles o nuevas tecnologías.

La publicidad de industrias contaminantes puede convertirse así en un indicador de una transformación más profunda: cuando una categoría comienza a ser cuestionada en la comunicación, es posible que también aumente el escrutinio sobre su modelo de negocio.

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Publicidad de industrias contaminantes: la coherencia se vuelve estratégica

El gobierno de Bristol justifica la medida precisamente desde la lógica de la coherencia. Heather Mack, vicepresidenta del consejo municipal, afirmó que:

“No queremos que Bristol se convierta en un escaparate para los contaminadores mientras trabajamos arduamente para mejorar la salud, la calidad del aire y la naturaleza en la ciudad”.

Carla Denyer, diputada por Bristol, utilizó un argumento similar: consideró contradictorio impulsar transporte público, calefacción de hogares y energía comunitaria mientras los mismos espacios municipales promocionan petróleo y gas, todoterrenos o moda rápida.

La idea puede trasladarse directamente a las empresas. La coherencia entre lo que una organización dice que quiere lograr y aquello que vende, promueve e incentiva será cada vez más visible.

Para los responsables ESG, esto significa que marketing, asuntos públicos, sostenibilidad, riesgos y dirección deberían dejar de operar como compartimentos separados. Una estrategia climática que no considere el portafolio de productos, la publicidad y los incentivos comerciales está incompleta.

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El nuevo riesgo no es sólo que prohíban un anuncio

La relevancia de Bristol está, finalmente, en que muestra cómo puede cambiar gradualmente el entorno para las empresas con productos de alta huella ambiental.

Primero pueden aparecer restricciones municipales. Después, políticas de transporte o infraestructura que desincentiven determinadas actividades. Más adelante, requisitos sobre información ambiental, impuestos, estándares de producto o restricciones publicitarias más amplias.

Por eso, la publicidad de industrias contaminantes debe analizarse como una señal temprana y no únicamente como una disputa sobre comunicación.

Bristol no está prohibiendo que desaparezcan estas industrias de un día para otro. Está enviando otro mensaje: los productos y servicios con impactos ambientales elevados podrían encontrar cada vez menos espacios institucionales para normalizar y estimular su consumo.

Para las empresas, el reto consiste en decidir si esperarán a que esa presión llegue a sus mercados o si utilizarán este tipo de precedentes para anticipar la transformación. En términos ESG, la diferencia entre ambas estrategias puede ser la misma que existe entre reaccionar ante una regulación y prepararse para ella.

¿Qué tan importante es el empaque sostenible para los consumidores? 

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El empaque ya no es solamente un componente logístico. Para los consumidores, también puede ser una evidencia concreta de cómo una marca traduce sus compromisos ambientales en la experiencia de compra. Así lo muestra una encuesta de Ryder, cuyos resultados revelan que la sostenibilidad ganó relevancia entre 2025 y 2026, incluso frente a factores tradicionalmente asociados con la fidelización, como los descuentos.

El estudio, realizado en marzo de 2026 a 1,160 consumidores, encontró que el precio continúa influyendo en las decisiones de compra, pero no actúa de manera aislada. Los materiales utilizados en los productos y sus envases están adquiriendo mayor importancia, una señal que las empresas deberían considerar al diseñar sus estrategias de experiencia del cliente, sostenibilidad y RSE.

¿Qué dicen los consumidores sobre el empaque sostenible?

Las cajas continúan siendo el formato preferido para recibir pedidos de comercio electrónico, pero lo interesante está en por qué los consumidores las eligen.

Entre quienes prefieren cajas:

  • 32% considera que ofrecen mayor protección durante el transporte.
  • 29% afirma que las reutiliza.
  • 20% señala que son más ecológicas.

El último dato aumentó seis puntos porcentuales respecto a 2025, mientras que la protección durante el transporte cayó cuatro puntos.

La lectura empresarial es relevante: la funcionalidad continúa siendo indispensable, pero la percepción ambiental está ganando espacio en una decisión que antes podía resolverse principalmente por criterios de conveniencia. Para las compañías, esto significa que el diseño de packaging comienza a formar parte de la propuesta de valor.

empaque sostenible

¿Por qué las cajas generan una percepción más sostenible?

Entre los consumidores que prefieren bolsas de envío, 10% considera que son más fáciles de desechar, 5% las reutiliza y 6% valora que ocupen menos espacio.

Sin embargo, las cajas mantienen una ventaja en percepción ambiental, asociada principalmente con el cartón corrugado y su posibilidad de reciclaje.

Aquí existe una consideración importante para las áreas de RSE y sostenibilidad: que un material sea percibido como sostenible no significa automáticamente que tenga el menor impacto ambiental. La evaluación debe contemplar todo su ciclo de vida, desde las materias primas y fabricación hasta el transporte, reutilización y disposición final.

Por ello, la pregunta estratégica no debería ser simplemente “¿caja o bolsa?”, sino qué solución utiliza menos recursos y genera mejores resultados ambientales sin comprometer la protección del producto.

La sostenibilidad del empaque ya influye en la fidelización

El cambio más significativo de la encuesta aparece en la experiencia de desempaquetado.

Los cupones y descuentos continúan siendo el principal motivo para volver a comprar una marca, pero perdieron peso frente a 2025. En cambio, la sostenibilidad del empaque aumentó seis puntos porcentuales como factor que impulsa la fidelidad.

Esto modifica el papel del packaging dentro de la relación con el consumidor. Una caja, una bolsa o el material que protege un producto pueden convertirse en uno de los primeros elementos que el cliente evalúa después de realizar una compra.

Como explica Jeff Wolpov, vicepresidente sénior de comercio electrónico y última milla de Ryder, comprender qué es importante para el consumidor es fundamental para generar fidelidad en un entorno competitivo.

La oportunidad, por tanto, no consiste en convertir el desempaquetado en una exhibición de materiales “ecológicos”, sino en conseguir que la experiencia sea coherente con lo que la empresa promete en materia de sostenibilidad.

empaque sostenible

¿Los consumidores están dispuestos a pagar más por sostenibilidad?

Otro resultado relevante es que los consumidores encuestados muestran una mayor disposición a pagar más por atributos relacionados con la sostenibilidad.

Para las empresas, esto abre una posibilidad interesante: la inversión en packaging puede generar valor más allá de la reducción de impactos ambientales. Puede contribuir a diferenciación, percepción de marca y fidelización.

Pero existe una condición: la sostenibilidad debe ser demostrable. Un empaque más costoso no necesariamente es más responsable, y sustituir un material por otro tampoco garantiza una reducción de impacto.

La oportunidad para las empresas está en respaldar sus decisiones con métricas y explicar al consumidor qué cambió, por qué se tomó la decisión y qué beneficio ambiental genera.

¿Qué deberían hacer las empresas?

Los resultados de Ryder apuntan hacia una estrategia de empaque que combine desempeño logístico, experiencia del consumidor y objetivos ambientales.

1. Diseñar con criterios de ciclo de vida

La estrategia no debería centrarse únicamente en que el empaque sea reciclable. También debe considerar la cantidad de material utilizado, su origen, las emisiones asociadas, su posibilidad de reutilización y qué ocurre después de desecharlo.

2. Reducir antes que sustituir

Cambiar plástico por otro material puede parecer una solución inmediata, pero la primera pregunta debería ser si es posible utilizar menos material. El ecodiseño puede ayudar a reducir peso, volumen y residuos sin sacrificar la protección del producto.

3. Convertir al consumidor en parte de la solución

Las empresas pueden incluir instrucciones claras para reutilizar o disponer correctamente del empaque. Esto transforma una característica técnica en una interacción concreta de educación ambiental.

4. Medir y comunicar con transparencia

Si el packaging forma parte de la estrategia ESG, necesita indicadores. Por ejemplo, reducción de materiales, contenido reciclado, tasas de reutilización o disminución de residuos. Comunicar beneficios sin evidencia puede abrir la puerta al greenwashing y erosionar la confianza.

La sostenibilidad también está en las devoluciones

La encuesta muestra que la estrategia ambiental no termina en el empaque que recibe el consumidor.

67% de los encuestados afirmó que sería más propenso a volver a comprar a una marca que ofrece reembolsos sin necesidad de devolver el producto. La percepción detrás de esta preferencia es que evitar un envío adicional puede reducir la huella asociada con transporte y nuevo embalaje.

Esto amplía la conversación para los responsables de RSE: la sostenibilidad del comercio electrónico debe analizarse como un sistema que incluye packaging, logística, devoluciones y experiencia del consumidor.

Una empresa podría tener un empaque con mejores atributos ambientales, pero generar impactos adicionales mediante devoluciones innecesarias, envíos individuales o procesos logísticos poco eficientes.

empaque sostenible

¿Qué significa esto para la estrategia de RSE?

Los resultados de Ryder muestran que el consumidor no está abandonando la búsqueda de precio y conveniencia; está incorporando nuevas variables a su decisión. La sostenibilidad comienza a competir por un espacio que antes ocupaban casi exclusivamente el costo, la calidad y los beneficios promocionales.

Para las áreas de RSE y sostenibilidad, esto representa una oportunidad para conectar los compromisos ambientales con decisiones operativas que el consumidor puede experimentar directamente. El packaging puede ser uno de esos puntos de contacto, pero requiere una estrategia basada en evidencia.

El empaque sostenible no debería convertirse en una respuesta superficial a una tendencia de consumo. Su verdadero valor empresarial está en utilizar el diseño y la innovación para reducir impactos, mejorar la experiencia y demostrar que los compromisos ESG tienen una traducción concreta en el producto que llega a las manos del cliente.

Del empaque como costo al empaque como decisión estratégica

La encuesta de Ryder deja una señal clara para las empresas: la sostenibilidad está ganando importancia en la experiencia de compra y en la fidelización. El crecimiento de seis puntos en la relevancia ambiental del empaque no es solamente un dato de consumo; es una señal sobre las expectativas que enfrentan las marcas.

El desafío será responder sin caer en soluciones cosméticas. Para las empresas, el empaque sostenible más relevante será aquel que combine eficiencia, desempeño, menor impacto ambiental y transparencia. En otras palabras, no se trata solamente de que el consumidor vea un empaque diferente, sino de que detrás de él exista una decisión empresarial capaz de sostenerse con datos.

¿Cómo apoya Corporativo Kosmos a más de 125 organizaciones con alimentos?

Corporativo Kosmos, a través de la Fundación Pablo Landsmanas, ha donado más de 40 millones de comidas y apoyado a más de 125 organizaciones altruistas en México. Su experiencia en alimentación y logística se convierte así en una herramienta para fortalecer la atención a personas en situación de vulnerabilidad.

¿Qué necesita una organización social para sostener su trabajo cuando su misión es atender a personas en situación vulnerable? Además de personal, espacios y recursos económicos, garantizar la alimentación de sus beneficiarios es una necesidad fundamental. Corporativo Kosmos, líder nacional en servicios de alimentación, ha encontrado en esta necesidad una oportunidad para poner su experiencia, infraestructura y capacidad logística al servicio de quienes más lo necesitan.

A través de su brazo social, la Fundación Pablo Landsmanas (FPL), la compañía respalda a organizaciones que trabajan directamente con comunidades vulnerables mediante la donación de alimentos. Este modelo de colaboración ha permitido beneficiar a más de 125 organizaciones altruistas y sumar más de 40 millones de comidas donadas a lo largo de su historia.

¿Cómo apoya Corporativo Kosmos a organizaciones que atienden a personas en situación vulnerable?

La empresa de servicios de alimentación, actualmente dirigida por Jack Landsmanas Stern, cuenta con más de 60 años de experiencia en el sector y tiene capacidad para atender diariamente a miles de personas. Su operación incluye:

  • Comedores institucionales.
  • Desayunos y comidas escolares.
  • Producción de despensas y box lunches.
  • Servicios de catering.
  • Servicios de hotelería.

Esta experiencia también explica una parte importante de la estrategia social de la compañía y es la razón por la que la alimentación se ha convertido en uno de los ámbitos donde Corporativo Kosmos ha logrado mayor impacto social.

A través de la Fundación Pablo Landsmanas, estas capacidades se ponen al servicio de organizaciones que atienden a personas en situación de vulnerabilidad mediante donaciones de alimentos, despensas e insumos que contribuyen a cubrir una de sus necesidades más básicas, logrando:

  • Más de 125 organizaciones altruistas han sido apoyadas desde la creación de la FPL.
  • Más de 40 millones de comidas donadas a lo largo de su historia.
  • Alrededor de 5.4 millones de comidas son donadas al año.
  • Más de 550 mil comidas mensuales destinadas a comunidades vulnerables.
  • Más de 30 organizaciones apoyadas de forma permanente.
  • Cerca de 4,930 personas que, a través de estas alianzas, pueden acceder diariamente a sus tres alimentos.

Tres ejemplos del apoyo de la Fundación Pablo Landsmanas

La labor de la FPL se refleja en alianzas con organizaciones que atienden diferentes contextos de vulnerabilidad. Algunos ejemplos son:

Casa Hogar para Madres Solteras. La Fundación proporciona comidas completas y colaciones nutritivas para las mujeres y sus hijos. Este respaldo alimentario acompaña a las beneficiarias mientras trabajan en su recuperación, continúan sus estudios o buscan incorporarse al ámbito laboral.

Casa Xochiquetzal. Este espacio brinda hogar y protección a mujeres mayores que llegaron a la vejez en situación de calle. La Fundación Pablo Landsmanas contribuye mediante la donación de insumos alimentarios indispensables para sus residentes.

Banco de Tapitas. Desde 2024, la FPL apoya a esta organización con 250 despensas mensuales destinadas a familias de menores con cáncer. El apoyo contribuye a reducir la presión económica que enfrentan las familias ante los gastos relacionados con la enfermedad.

Estos casos muestran cómo la capacidad de Corporativo Kosmos en materia de alimentación puede convertirse en un recurso para fortalecer el trabajo de organizaciones que atienden distintas formas de vulnerabilidad.

Más allá de proporcionar alimentos, estas alianzas permiten que las instituciones cuenten con mayores condiciones para concentrar sus esfuerzos en servicios como acompañamiento, educación, atención psicológica o recuperación, mientras las personas beneficiarias reciben apoyo para cubrir una necesidad esencial.

¿Cómo contribuye Corporativo Kosmos al acceso a alimentos seguros en México?

Hablar de alimentos seguros en México implica más que pensar en la disponibilidad de comida. Para las organizaciones que atienden a poblaciones vulnerables, garantizar la alimentación de sus beneficiarios requiere recursos, logística y capacidad de abastecimiento.

En este sentido, el apoyo de la Fundación Pablo Landsmanas tiene un doble impacto:

  • Impacto directo: contribuye a que personas y familias en situación vulnerable tengan acceso a alimentos.
  • Impacto indirecto: permite que las organizaciones destinen más recursos y capacidades a su misión principal.

El impacto puede entenderse a través de las historias de quienes reciben las donaciones. Es el caso de María Fernanda Francisco, cuya hija enfrenta un diagnóstico complejo que mantiene a la familia entre hospitales. Para ella, recibir una despensa de la Fundación Pablo Landsmanas representa un apoyo importante:

“A veces nos quedamos sin comer porque mi esposo no siempre puede trabajar, nosotros venimos de Puebla y las citas son seguidas, entre los pasajes y los medicamentos, el dinero no alcanza. La verdad esa despensa que ustedes ahorita están donando es para mí una gran ayuda”.

Su testimonio muestra cómo la alimentación está estrechamente relacionada con otras dimensiones de la vulnerabilidad. Cuando una familia debe destinar buena parte de sus ingresos a medicamentos, traslados o tratamientos, cubrir la comida cotidiana puede convertirse en un desafío adicional.

Una despensa puede representar, por ello, un respiro económico que permite destinar recursos a otras necesidades esenciales. De esta manera, los alimentos proporcionados por Kosmos contribuyen a generar condiciones más estables para las personas beneficiarias, mientras que para las organizaciones representan la posibilidad de concentrar más recursos y capacidades en su misión principal.

¿Por qué la alimentación es una herramienta de responsabilidad social empresarial?

El caso de Corporativo Kosmos muestra cómo la responsabilidad social empresarial (RSE) puede partir de las capacidades que una compañía ha construido a lo largo de su trayectoria.

Su experiencia en alimentación y logística se convierte en una herramienta para fortalecer a organizaciones que conocen de primera mano las necesidades de las comunidades que atienden, mientras la Fundación Pablo Landsmanas articula esta colaboración.

En este modelo, la RSE no se limita a realizar donaciones aisladas, sino que aprovecha las capacidades operativas de la empresa para generar valor social de manera constante.

En última instancia, conjugar capacidad empresarial y misión social permite que la RSE se integre a aquello que Corporativo Kosmos sabe hacer mejor y se traduzca en acciones con impacto social.

El desafío de los productos sostenibles en 2026: competir sin perder rentabilidad

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¿Los productos sostenibles en 2026 representan una ventaja competitiva o una carga adicional para las empresas? La respuesta no es tan sencilla. Una mesa redonda organizada en junio por Tunley Environmental, con la participación de 16 líderes de sostenibilidad de distintas industrias, mostró que la presión ambiental sobre los productos continúa aumentando, pero también que el mercado no está dispuesto a sacrificar los atributos básicos que determinan una compra: precio, calidad, disponibilidad y confianza.

El desafío para las empresas, por tanto, no consiste únicamente en desarrollar productos con menor impacto ambiental. Hoy, los productos sostenibles necesitan demostrar su valor. Clientes, áreas de compras y organismos reguladores demandan evidencia verificable, trazabilidad y argumentos que permitan distinguir entre una mejora ambiental real y una afirmación difícil de comprobar.

¿Qué está cambiando para los productos sostenibles en 2026?

La sostenibilidad ya no opera como una iniciativa aislada del negocio. Está entrando directamente en las decisiones de diseño, abastecimiento, compras, desarrollo de producto y relación con clientes.

Esto modifica también la expectativa hacia los equipos ESG. Ya no basta con establecer una ambición ambiental o comunicar que un producto utiliza materiales más sostenibles. Las empresas necesitan explicar qué impacto se redujo, cómo se midió, de dónde provienen los datos y qué implicaciones tiene esa mejora para el cliente.

La presión viene de varios frentes:

  • Clientes, que demandan mayor transparencia sobre el impacto ambiental.
  • Equipos de compras, que incorporan criterios de sostenibilidad a la evaluación y selección de proveedores.
  • Reguladores, que elevan las exigencias sobre las afirmaciones ambientales.
  • Cadenas de suministro, donde la trazabilidad se vuelve necesaria para respaldar los datos ambientales.
  • Áreas comerciales y de marketing, que deben convertir información técnica en argumentos comprensibles y creíbles.

Por eso, la sostenibilidad comienza a funcionar como una condición dentro de la competencia, pero no como un sustituto de la propuesta de valor tradicional.

productos sostenibles en 2026

Sostenibilidad no compensa un mal producto

Uno de los principales aprendizajes de la discusión es también uno de los más relevantes para los líderes empresariales: un producto no se vuelve competitivo únicamente porque sea sostenible.

Si tiene un precio poco atractivo, baja calidad, problemas de disponibilidad o genera desconfianza, una credencial ambiental difícilmente compensará esas deficiencias. La sostenibilidad debe reforzar el producto, no utilizarse como argumento para justificar que los demás atributos no funcionan.

Esta consideración es especialmente importante en 2026, cuando las empresas enfrentan la necesidad de justificar inversiones ambientales al mismo tiempo que sus clientes continúan tomando decisiones con criterios económicos y funcionales.

La pregunta estratégica, entonces, cambia de “¿Cómo hacemos este producto más sostenible?” a “¿Cómo utilizamos la sostenibilidad para hacer un producto mejor, más confiable, resiliente y competitivo?”

Ese cambio de perspectiva puede determinar si la inversión ambiental termina representando un costo adicional o una fuente de valor.

¿Cómo convertir los datos ambientales en valor comercial?

Para los líderes ESG, uno de los mayores riesgos es generar grandes cantidades de información ambiental que después permanecen desconectadas de las decisiones del negocio.

Los análisis de ciclo de vida (ACV), las declaraciones ambientales de producto (DAP), la información sobre huella de carbono y los datos de trazabilidad pueden revelar oportunidades que van mucho más allá del cumplimiento.

Por ejemplo, pueden ayudar a:

  • identificar ineficiencias en materiales y procesos;
  • detectar riesgos dentro de la cadena de suministro;
  • comparar alternativas de diseño;
  • fortalecer procesos de compras;
  • respaldar conversaciones con clientes;
  • anticipar exigencias regulatorias;
  • identificar oportunidades de reducción de costos o impactos.

El punto no es producir evidencia por sí misma. El valor aparece cuando esa evidencia modifica una decisión. Tunley señala precisamente que utilizar los datos ambientales para influir en diseño, abastecimiento, compras y estrategia puede generar un retorno comercial mayor que utilizarlos únicamente para cumplir un requisito.

Para un líder de sostenibilidad, esto implica una regla práctica: cada medición debería estar vinculada con una decisión empresarial concreta.

La trazabilidad será parte de la competencia

Otro desafío para los productos sostenibles en 2026 será conocer con mayor precisión qué sucede antes de que un producto llegue al consumidor.

Una empresa puede controlar su propia operación, pero buena parte del impacto ambiental de un producto puede encontrarse en materias primas, proveedores, transporte, manufactura o disposición final. Por eso, la trazabilidad se convierte simultáneamente en una herramienta ambiental y comercial.

Esto también modifica la relación entre sostenibilidad y compras. Los equipos de procurement necesitan información suficientemente sólida para comparar proveedores y tomar decisiones, mientras que las empresas deben ser capaces de confiar en los datos ambientales que reciben de su cadena de suministro.

¿Qué deberían hacer las empresas?

  1. Definir qué información ambiental es realmente relevante para cada producto.
  2. Identificar los puntos críticos de la cadena de suministro.
  3. Establecer criterios comunes para recopilar y validar datos.
  4. Utilizar esa información para decidir sobre materiales, proveedores y diseño.
  5. Evitar presentar como certeza aquello que todavía no puede demostrarse.
productos sostenibles en 2026

La trazabilidad deja así de ser exclusivamente un asunto de reporte y se convierte en infraestructura para tomar mejores decisiones.

La confianza será tan importante como el impacto

La presión por demostrar resultados también está cambiando la comunicación ambiental. Una afirmación como “más sostenible”, “ecológico” o “bajo impacto” pierde valor si la empresa no puede explicar qué significa exactamente y con qué evidencia se respalda.

Esto plantea un reto particular para marketing y comunicación: los datos técnicos deben convertirse en información comprensible sin perder precisión.

Para conseguirlo, los equipos técnicos, ESG, comerciales y de marketing necesitan trabajar de manera coordinada. La sostenibilidad no debería llegar al área de comunicación como una colección de indicadores difíciles de interpretar, sino como información que permita construir una propuesta de valor clara y verificable.

La experiencia de Tunley también apunta hacia esta necesidad de contar con evidencia confiable para fortalecer las conversaciones con clientes y compradores.

productos sostenibles en 2026

No reducir la sostenibilidad al carbono

Otro aprendizaje importante es que evaluar un producto exclusivamente por sus emisiones puede generar una visión incompleta.

Los impactos relacionados con agua, biodiversidad, materiales, circularidad y resiliencia climática están conectados dentro de las cadenas de suministro. Una decisión que mejora un indicador puede trasladar el problema hacia otro punto si no se analiza el ciclo completo.

Por ello, los productos sostenibles en 2026 requieren una mirada más amplia. El objetivo no debería ser encontrar el indicador ambiental más favorable para la comunicación, sino comprender dónde se encuentran realmente los principales impactos y riesgos.

Para los líderes ESG esto supone pasar de una lógica de indicadores aislados a una evaluación más integral del producto y su cadena de valor.

La rentabilidad dependerá de integrar sostenibilidad y negocio

La principal conclusión de la mesa redonda es que los productos sostenibles en 2026 no tienen garantizada ni una ventaja competitiva ni una desventaja comercial. El resultado dependerá de la capacidad de cada organización para integrar la sostenibilidad en las decisiones que realmente determinan el desempeño del producto.

Como señaló William Beer, CEO de Tunley Environmental, los 16 líderes participantes procedían de diferentes industrias, cadenas de suministro y mercados, pero coincidieron en una cuestión relevante: las empresas están utilizando la sostenibilidad para gestionar riesgos, competir y responder a las demandas de clientes y proveedores.

El mensaje es claro: no se trata de elegir entre sostenibilidad y rentabilidad. El reto consiste en demostrar dónde ambas pueden reforzarse. Las organizaciones que conviertan datos ambientales verificables en mejores decisiones de diseño, compras, abastecimiento y comunicación tendrán mayores posibilidades de transformar la presión ambiental en valor comercial de largo plazo.

Sheinbaum habló del costo ambiental de crecer. ¿Qué dice su presupuesto?

Por Edgar López

Los discursos permiten saber cómo piensa un gobierno. Los presupuestos muestran qué ideas se convierten en prioridades.

Durante la conferencia del 14 de septiembre se hablaba de vivienda, inversión y empleo cuando Claudia Sheinbaum introdujo, sin que nadie le preguntara directamente por ello, el impacto ambiental del crecimiento.

“Hay todo un debate sobre el crecimiento y los impactos ambientales del crecimiento”, señaló.

La frase llamó mi atención porque no apareció en una conferencia sobre cambio climático ni como respuesta a una pregunta ambiental. Surgió al hablar de economía y de la diferencia entre crecimiento y desarrollo.

Se le había pedido explicar por qué el programa Vivienda para el Bienestar es importante para México. Sheinbaum pudo limitarse a las cifras de esa mañana: 1.8 millones de viviendas nuevas como meta sexenal, 667 mil ya contratadas, alrededor de 2.4 millones de empleos asociados y una inversión equivalente a cerca de 1.2% del PIB anual.

Pero se detuvo a cuestionar si crecer es suficiente. También señaló que existen corrientes de pensamiento que cuestionan la posibilidad de mantener una expansión económica indefinida frente a una huella ambiental cada vez mayor.

No estaba proponiendo el decrecimiento. La propia presidenta aclaró que México necesita crecer. Su planteamiento fue otro:

“El problema no solo es el crecimiento, sino la distribución de la riqueza”.

Su argumento fue que el PIB no basta para medir el progreso. Entre 2018 y 2024, explicó, millones de personas salieron de la pobreza a pesar del reducido crecimiento promedio del periodo. La diferencia estaría en el aumento de los salarios, los programas sociales, la inversión pública y una mejor distribución.

La lógica es clara: producir más no garantiza desarrollo si la riqueza no llega a más personas.

La mención ambiental permite llevar ese razonamiento un paso adelante: producir más tampoco garantiza desarrollo si para hacerlo se degradan ecosistemas, se agota el agua o se transfieren los costos a las siguientes generaciones.

Eso es lo que me parece relevante. La referencia sugiere que la agenda ambiental y los desafíos del cambio climático están presentes en la manera en que Sheinbaum piensa el desarrollo. No apareció como una consigna incorporada artificialmente a su respuesta, sino como una preocupación que surgió al hablar de economía.

Si crecer no basta para hablar de desarrollo, habría que observar dónde se colocan los recursos destinados a impulsarlo y cómo se incorporan sus costos ambientales.

¿Dónde están las apuestas para crecer?

Días antes, el Ejecutivo había presentado el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para 2027.

Según la relación de programas y proyectos prioritarios de inversión, el PPEF contempla 560 mil 173 millones de pesos. De esa cantidad, 255 mil 529 millones —45.6%— se dirigirían a Pemex y 150 mil 876 millones —26.9%— a proyectos ferroviarios.

Juntos concentran aproximadamente 72.5% de la inversión prioritaria.

Las obras hidráulicas de Conagua recibirían 22 mil 762 millones, alrededor de 4.1% del total.

Estas cifras permiten observar la apuesta de desarrollo económico del gobierno: energía, infraestructura ferroviaria, conectividad y agua.

No es posible determinar su impacto ambiental únicamente a partir de los montos. Los trenes pueden reducir emisiones frente a otros medios de transporte, pero también producen impactos territoriales durante su construcción. Pemex necesita recursos para mejorar su desempeño, controlar fugas y reducir emisiones, pero continúa siendo una empresa basada en hidrocarburos. La infraestructura hidráulica puede fortalecer la adaptación, aunque sus beneficios dependen del tipo de obra y de las comunidades atendidas.

El destino del dinero, por sí mismo, no resuelve la pregunta.

Lo decisivo sería saber si esas inversiones fueron evaluadas con la misma lógica expresada por Sheinbaum: no solamente cuánto crecimiento, producción o empleo generarán, sino qué huella ambiental dejarán y cómo será gestionada.

Ahí el presupuesto ofrece menos respuestas.

El gasto climático

El cambio climático sí aparece formalmente en el PPEF 2027. El Anexo 16 —Recursos para la Adaptación y Mitigación de los Efectos del Cambio Climático— contempla 160 mil 121 millones de pesos.

El Anexo 16 no constituye una bolsa adicional ni independiente. Es un instrumento transversal que identifica como climáticos recursos distribuidos en diferentes ramos y programas del presupuesto; por ello, algunas de las inversiones mencionadas anteriormente también pueden aparecer dentro de este anexo.

La cifra representa una reducción real de 27.57% frente a los 219 mil 372 millones de 2026 ajustados por inflación, de acuerdo con el Observatorio de Crisis Climática y Presupuesto Público en México.

El Economista 10 de septiembre de 2026
El Economista 10 de septiembre de 2026

La disminución necesita contexto. En 2026 se contabilizaron dentro del anexo grandes partidas de infraestructura ferroviaria, aeroportuaria y proyectos administrados por la Secretaría de la Defensa Nacional. Al reducirse esas asignaciones, cae también el monto total.

Algunos programas vinculados directamente con la adaptación incluso crecerían. La infraestructura de agua potable, alcantarillado y saneamiento pasaría de 1,850 millones de pesos ajustados en 2026 a 13 mil 577 millones en 2027.

Por ello sería simplista afirmar que toda la acción ambiental del gobierno se reducirá 27%.

La composición del anexo, sin embargo, deja preguntas. Cerca de 80% de sus recursos se concentra en cinco de 51 programas. La infraestructura ferroviaria absorbe alrededor de un tercio y Sembrando Vida una cuarta parte; en este último caso, su contribución climática necesita sustentarse con objetivos e indicadores específicos.

Pemex aparece con 10 mil 768 millones de pesos para infraestructura de hidrocarburos, reducción de emisiones y desempeño ambiental.

Estos programas pueden generar beneficios ambientales. El problema es que esa contribución debe demostrarse.

El presupuesto no permite identificar con suficiente claridad cuánto de cada asignación reducirá emisiones, protegerá ecosistemas o disminuirá la vulnerabilidad de las comunidades.

Lo que podemos inferir

Entonces, ¿el presupuesto sostiene la reflexión de la presidenta?

No de manera categórica. Y es que el PPEF reconoce el cambio climático, le asigna recursos y fortalece algunos componentes de adaptación. Pero reconocer un problema no significa convertirlo en el principio que organiza las decisiones.

Las mayores apuestas de inversión muestran que el gobierno busca impulsar el crecimiento principalmente mediante Pemex y la infraestructura ferroviaria. Entre ambos concentran 72.5% de los recursos incluidos en la relación de programas y proyectos prioritarios de inversión.

Esa distribución no invalida por sí misma la preocupación ambiental. Los trenes pueden contribuir a una movilidad con menos emisiones y Pemex necesita reducir su impacto. Pero si la dimensión ambiental estuviera condicionando la estrategia de desarrollo, el presupuesto debería permitir identificar claramente qué proyectos favorecen la transición energética, qué huella producirán las grandes obras y qué resultados climáticos se esperan de cada inversión.

Eso no aparece con la misma claridad.

El gobierno ha definido mecanismos concretos para transformar el crecimiento en bienestar social: salarios, programas sociales, vivienda e inversión pública. En materia ambiental, en cambio, encontramos recursos etiquetados y posibles beneficios, pero no una lógica igualmente clara que condicione las principales apuestas económicas.

Por eso, el presupuesto no confirma la concepción de desarrollo que pareció asomarse en las palabras de Sheinbaum. Confirma que el gobierno tiene presente el cambio climático, pero también sugiere que la política ambiental sigue acompañando al modelo de crecimiento, no necesariamente dirigiéndolo.

La frase de la presidenta revela una brújula ambiental.

La distribución de los recursos indica que todavía no lleva el timón.


Fuentes


Edgar

R con R, por Edgar López

Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.

¿Qué sabía L’Oréal? En Arizona acusan a la marca de ocultar riesgos de cáncer en sus alisadores

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Una demanda presentada en Arizona coloca a L’Oréal ante una nueva presión legal y reputacional por la seguridad de sus productos. La fiscal general del estado acusa a la compañía y a su filial estadounidense de haber ocultado información sobre los posibles riesgos de cáncer de útero y ovario asociados con algunos alisadores químicos para el cabello, utilizados principalmente por mujeres afroamericanas.

El caso parece aún más importante dado que no es un caso único. L’Oréal enfrenta más de 12,000 demandas similares en Estados Unidos. Aunque la empresa rechaza que exista una relación causal, el conflicto abre una discusión que va más allá de los tribunales: ¿qué responsabilidad tiene una compañía cuando existen señales científicas sobre los posibles riesgos de un producto que comercializa?

¿Qué acusa Arizona a L’Oréal?

La demanda fue presentada por la fiscal general de Arizona, Kristin Mayes, y convierte al estado en el primero de Estados Unidos en demandar a un fabricante por los supuestos riesgos de cáncer relacionados específicamente con alisadores para el cabello.

La acusación sostiene que L’Oréal y empresas asociadas comercializaron durante décadas productos como Dark & Lovely y Optimum sin advertir adecuadamente a las consumidoras sobre los posibles riesgos asociados con su uso. De acuerdo con el expediente, los productos prometen alisar permanentemente el cabello con textura y son utilizados principalmente por mujeres afroamericanas.

El gobierno de Arizona sostiene que la estrategia comercial de la compañía aprovechó presiones sociales y estándares de belleza que históricamente han afectado a las personas de ascendencia africana. Desde esta perspectiva, el caso no sólo involucra seguridad de producto, sino también una dimensión de discriminación y responsabilidad social: la demanda afirma que las ganancias fueron priorizadas sobre la seguridad de las consumidoras.

riesgos de cáncer en L'Oréal

¿Qué exige la demanda?

El estado solicita:

  • Sanciones e indemnizaciones contra L’Oréal.
  • Una orden judicial que impida continuar con la venta de los productos sin advertencias sobre los posibles riesgos de cáncer.
  • Medidas derivadas de las presuntas violaciones a las leyes estatales de protección al consumidor.

La disputa, por tanto, no se limita a determinar si algunas consumidoras tienen derecho a una compensación. También plantea si una empresa debería modificar la manera en que informa y comercializa un producto cuando existen investigaciones que señalan posibles efectos adversos.

Riesgos de cáncer en L’Oréal: ¿qué dice la evidencia científica?

Uno de los antecedentes centrales de las demandas es un estudio publicado en 2022 por los Institutos Nacionales de Salud. La investigación encontró que las mujeres que utilizaban productos para alisar el cabello varias veces al año tenían más del doble de probabilidades de desarrollar cáncer de útero frente a quienes no utilizaban estos productos.

El dato ayudó a detonar las primeras demandas contra fabricantes de alisadores. Sin embargo, es importante distinguir entre una asociación estadística y una relación causal comprobada. El hecho de que un estudio encuentre una mayor incidencia entre las usuarias no demuestra por sí mismo que el producto sea la causa directa del cáncer.

Esa es precisamente una de las principales defensas de L’Oréal. Un portavoz de L’Oréal USA señaló que la compañía confía en la seguridad de sus productos y considera que las acusaciones carecen de fundamento legal o científico. También afirmó que el estudio de 2022 no estableció una relación causal entre los productos y las enfermedades alegadas por las demandantes.

Esta diferencia será fundamental en el litigio. Pero desde una perspectiva de responsabilidad empresarial existe otra pregunta relevante: ¿una empresa debe esperar a que exista una causalidad científica definitiva para comunicar un posible riesgo a sus consumidores?

Más de 12,000 demandas ponen el caso en otra dimensión

La acusación de Arizona llega mientras L’Oréal enfrenta más de 12,000 demandas presentadas por mujeres y sus familias. Los casos han sido consolidados en un tribunal federal de Chicago mediante un procedimiento de litigio multidistrital, diseñado para administrar de manera más eficiente demandas que comparten cuestiones legales y fácticas.

Las demandantes buscan compensaciones por conceptos como dolor y sufrimiento, gastos médicos y el costo de los productos, entre otros daños que serán evaluados dentro de los procedimientos judiciales.

L’Oréal no es la única empresa involucrada. Las demandas también señalan a Revlon y otros fabricantes de productos alisadores. Revlon, al igual que L’Oréal, ha rechazado que exista una relación entre sus productos y el cáncer.

Según los registros judiciales citados en la información disponible, el litigio multidistrital continúa avanzando y los primeros juicios podrían comenzar el próximo año.

Por eso, hablar de riesgos de cáncer en L’Oréal no significa que exista actualmente una determinación judicial de que sus productos causen cáncer. Significa que la compañía enfrenta miles de reclamaciones basadas, entre otros elementos, en investigaciones que han identificado una asociación que las demandantes consideran suficientemente relevante para reclamar daños y exigir mayores advertencias.

riesgos de cáncer en L'Oréal

El problema de RSE: seguridad antes que reputación

El caso plantea una dimensión de RSE que a veces queda relegada frente a las acciones sociales o ambientales: la responsabilidad sobre los productos que una empresa pone en el mercado.

Una compañía puede desarrollar programas de diversidad, reducir emisiones o realizar inversiones sociales y, al mismo tiempo, enfrentar cuestionamientos sobre la seguridad de aquello que vende. Desde una perspectiva ESG, la responsabilidad corporativa también comienza con una pregunta básica: ¿el producto es seguro y la información que recibe el consumidor es suficiente para tomar una decisión informada?

En este caso pueden identificarse al menos cuatro dimensiones relevantes:

1. Seguridad del consumidor.
Las empresas tienen una responsabilidad directa de identificar, evaluar y gestionar los riesgos asociados con sus productos. Cuando existen investigaciones que señalan posibles efectos adversos, la gestión responsable requiere analizar el riesgo y determinar qué medidas de prevención corresponden.

2. Transparencia.
La discusión no sólo gira alrededor de lo que la empresa sabe, sino de lo que comunica. Si existe información relevante para que una persona evalúe si quiere utilizar un producto, ocultarla o minimizarla puede convertirse en un problema de confianza, además de una potencial controversia legal.

3. Debida diligencia.
La responsabilidad empresarial exige contar con mecanismos para monitorear evidencia científica, revisar ingredientes y evaluar continuamente los posibles impactos de los productos, incluso después de que estos llegan al mercado.

4. Equidad y grupos potencialmente afectados.
La demanda de Arizona introduce una cuestión adicional al señalar que los alisadores son utilizados principalmente por mujeres afroamericanas y vincular su comercialización con estándares de belleza discriminatorios. Si una población específica enfrenta una exposición desproporcionada a un posible riesgo, la empresa debe considerar esa dimensión dentro de su gestión de impactos.

Riesgos de cáncer en L’Oréal: la responsabilidad no termina en cumplir la ley

Uno de los principales aprendizajes empresariales del caso está en diferenciar cumplimiento legal de responsabilidad corporativa.

Que un producto pueda comercializarse legalmente no significa necesariamente que una empresa haya agotado sus obligaciones de RSE. La gestión responsable requiere anticipar riesgos, revisar nueva evidencia científica y comunicar de manera clara aquella información que pueda afectar las decisiones de los consumidores.

Esto es particularmente importante en industrias como la cosmética, donde la confianza constituye una parte esencial del valor de las marcas. Una persona compra un producto de belleza no sólo por su precio o eficacia: también deposita en la empresa una expectativa de seguridad.

riesgos de cáncer en L'Oréal

Por ello, las acusaciones contra L’Oréal pueden convertirse en un problema de reputación independientemente de cuál sea el desenlace judicial. Si los tribunales determinan que las compañías actuaron correctamente, la empresa tendrá elementos para defender su posición. Si, por el contrario, se demuestra que existía información relevante que no fue comunicada adecuadamente, el costo podría ir mucho más allá de las indemnizaciones.

¿Qué debería hacer una empresa ante una señal de riesgo?

El caso ofrece también una referencia para otras compañías que enfrentan incertidumbre científica sobre sus productos. Una política empresarial responsable debería contemplar:

  • Monitorear continuamente la evidencia científica relacionada con los productos y sus ingredientes.
  • Evaluar escenarios de riesgo, incluso cuando todavía no exista una relación causal definitiva.
  • Comunicar información relevante de manera comprensible para los consumidores.
  • Revisar advertencias, etiquetado y materiales de marketing cuando aparezcan nuevas señales de riesgo.
  • Establecer mecanismos independientes de evaluación que permitan cuestionar decisiones internas cuando esté en juego la seguridad.
  • Actuar bajo un principio preventivo cuando el posible impacto sobre la salud sea significativo.

La prevención no implica declarar culpable a una compañía antes de que exista evidencia suficiente. Implica reconocer que la gestión empresarial responsable debe ser capaz de actuar frente a la incertidumbre, especialmente cuando las consecuencias potenciales involucran la salud.

Un conflicto que puede definir la conversación sobre RSE en belleza

Los riesgos de cáncer en L’Oréal representan, por ahora, una controversia en proceso. La compañía niega que exista fundamento científico o legal para las acusaciones y los tribunales todavía tendrán que determinar las responsabilidades correspondientes.

Sin embargo, el caso ya plantea una cuestión relevante para la industria cosmética: la responsabilidad social de una marca no puede evaluarse únicamente por sus campañas de diversidad, sus compromisos ambientales o sus programas sociales. También debe medirse por la manera en que diseña, prueba, comercializa y supervisa los productos que millones de personas utilizan directamente sobre su cuerpo.

Para L’Oréal, el desafío no será únicamente responder a una demanda estatal o a miles de reclamaciones individuales. Será demostrar que sus mecanismos de investigación, prevención, transparencia y seguridad del consumidor están a la altura de las expectativas que genera una de las mayores compañías de belleza del mundo.

En materia de RSE, esa es quizá la pregunta más importante que deja el caso: cuando aparece una señal que podría afectar la salud de los consumidores, ¿cuánto riesgo está dispuesta una empresa a aceptar antes de actuar?

Lo mexicano se reinventa: Bachoco y PANAM dan segunda vida a sus espectaculares con nuevos tenis

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Bachoco y PANAM lanzaron una colaboración que transforma materiales de antiguos espectaculares en un nuevo producto de moda urbana. La edición especial une a dos marcas 100% mexicanas para crear un sneaker que combina identidad nacional, diseño y aprovechamiento de recursos. El proyecto forma parte de las acciones con las que ambas compañías celebran septiembre, mes patrio. Pero su propuesta va más allá de una colaboración de temporada. El material recuperado es parte esencial de la historia detrás del producto.

La iniciativa conecta la trayectoria de dos marcas que forman parte del imaginario mexicano. Bachoco cuenta con más de siete décadas de historia, mientras que PANAM nació en México en 1962 y sus siluetas clásicas se han mantenido vigentes durante generaciones. Para esta colaboración, ambas trasladaron sus códigos al modelo Meztli. El resultado es un sneaker que lleva el concepto “SOY MEXICANO ESPECTACULAR” del espacio publicitario a las calles.

¿Qué son los tenis Bachoco y PANAM y de qué están hechos?

Los tenis Bachoco y PANAM son una edición especial del modelo Meztli de PANAM, intervenido con elementos visuales de Bachoco. Uno de sus principales diferenciadores está en la suela, elaborada con material reciclado proveniente de espectaculares de la marca que ya habían terminado su periodo de exhibición.

El proceso comienza con la recuperación y procesamiento de estos materiales para incorporarlos al calzado. De esta manera, un soporte que originalmente fue utilizado para comunicar mensajes publicitarios adquiere una nueva función dentro de un producto diseñado para circular en otro contexto.

La transformación también aporta un componente narrativo al sneaker. Parte de lo que antes podía encontrarse en las calles como publicidad ahora forma parte de un objeto que puede utilizarse y conservarse.

¿Cómo reutiliza Bachoco sus antiguos espectaculares?

Los espectaculares de Bachoco forman parte de una identidad publicitaria reconocible para varias generaciones. Una vez concluido su periodo de exhibición, algunos de estos materiales fueron recuperados para evitar que su historia terminara junto con la campaña para la que fueron producidos.

En lugar de mantenerlos como materiales sin una función posterior, la colaboración con PANAM los incorpora a un nuevo ciclo de uso. El material procesado se convierte en parte de la suela del calzado, generando un producto con valor funcional y comercial.

“Darle una segunda vida a nuestros espectaculares y, al mismo tiempo, encontrar una nueva forma de estar cerca de la gente fue la combinación perfecta. Nos encanta acompañar a los mexicanos todos los días y esta vez quisimos hacerlo, literalmente, en cada paso”, comentó El Tío Bachoco.

¿Por qué esta colaboración se relaciona con la economía circular?

La propuesta representa un ejemplo de cómo los principios de economía circular pueden trasladarse a materiales utilizados en comunicación y marketing. Al recuperar elementos que terminaron su función original y convertirlos en componentes de un nuevo producto, se busca extender su aprovechamiento.

Este enfoque también cambia la conversación sobre los residuos generados por las campañas publicitarias. En lugar de considerar el material únicamente desde su disposición final, la iniciativa explora su potencial para integrarse nuevamente a una cadena de valor.

Para las estrategias corporativas de sostenibilidad, este tipo de proyectos resulta relevante porque conecta el aprovechamiento responsable de recursos con innovación y diseño. El objetivo no es únicamente reutilizar un material, sino encontrar una aplicación que le permita conservar valor.

¿Qué representa la colaboración entre Bachoco y PANAM?

La colaboración reúne dos marcas mexicanas con una larga presencia en la vida cotidiana. PANAM aporta su experiencia en el calzado hecho en México y el modelo Meztli, mientras Bachoco incorpora sus elementos visuales y materiales provenientes de sus antiguas carteleras.

La propuesta utiliza esa familiaridad para reinterpretar lo mexicano desde la moda urbana. En lugar de limitarse a una estética relacionada con septiembre, convierte la historia de ambas marcas en parte del producto.

Por ello, los tenis Bachoco y PANAM también fueron concebidos como una pieza especial y coleccionable. Su atractivo está tanto en el diseño como en el origen de los materiales utilizados para crearla.

Tenis Bachoco y PANAM: ¿cómo llevan la identidad mexicana a la moda?

La colaboración plantea que la identidad mexicana también puede expresarse a través de objetos cotidianos, marcas que han acompañado a distintas generaciones y materiales que forman parte de la memoria visual del país.

En este caso, un antiguo espectacular deja de ser únicamente un soporte publicitario y se convierte en parte de un sneaker. La transformación permite conectar nostalgia, diseño y aprovechamiento de recursos en una misma pieza.

Para Grupo Bachoco, la iniciativa forma parte de una visión de sostenibilidad que busca relacionarse con consumidores, colaboradores y comunidades desde una perspectiva de largo plazo. La colaboración con PANAM lleva esa visión a un terreno distinto: uno en el que la creatividad convierte un material con una historia previa en un nuevo producto con valor.

¿Microsoft escribe reglas para la IA?: crea código de conducta para mantener el control humano

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La inteligencia artificial avanza a una velocidad que comienza a plantear una pregunta difícil para las empresas: ¿quién pone los límites cuando una tecnología adquiere cada vez más autonomía? En este contexto, Microsoft presentó un borrador de código de conducta para la IA destinado a orientar el desarrollo de sus futuros modelos internos.

La propuesta llega en un momento de creciente preocupación dentro de la industria tecnológica. Días antes, los CEO de Anthropic y OpenAI habían insistido en la necesidad de moderar el desarrollo de la IA para garantizar su seguridad. Ahora Microsoft plantea que, antes de que los modelos sean más poderosos, también deben existir reglas claras sobre aquello que nunca deberían hacer.

Un código de conducta para la IA como “constitución” de Microsoft

De acuerdo con Reuters, Microsoft trabajó durante cinco o seis meses en el documento, que Mustafa Suleyman, director ejecutivo de Microsoft AI, describió como una especie de constitución para los futuros modelos de la compañía. La intención es establecer principios que puedan incorporarse desde el proceso de entrenamiento.

Uno de los puntos centrales es que una IA nunca debería resistirse a ser corregida o apagada. También tendría que comunicarse de manera comprensible para las personas y considerar cualquier infracción de las reglas de conducta como un fallo del sistema.

La lógica detrás de estas condiciones es sencilla, pero relevante: mientras mayor sea la capacidad de una IA para ejecutar tareas, mayor importancia tendrá garantizar que las personas puedan comprender, supervisar y detener sus acciones.

El control humano deja de ser una declaración y busca convertirse en regla

Microsoft resume su postura en una frase contundente: “Las personas importan más que la IA”. La declaración se relaciona con su visión de una “superinteligencia humanista”, en la que el desarrollo tecnológico debe permanecer subordinado a los intereses y decisiones humanas.

El documento también abre preguntas que todavía no tienen una respuesta definitiva. Entre ellas está hasta dónde debería respetar una IA los límites establecidos por un usuario y cómo tendría que comportarse cuando interactúa con una persona en una situación de vulnerabilidad.

Precisamente por eso, Microsoft abrió un periodo de seis semanas para recibir comentarios del público. La intención no es que el documento permanezca como una declaración corporativa, sino utilizarlo posteriormente como referencia para entrenar los modelos que desarrolle la compañía.

Microsoft y Anthropic parten de preguntas distintas

La propuesta de Microsoft tiene un antecedente importante en la industria: Anthropic desarrolló años atrás su propia “constitución” para Claude. Ambos planteamientos buscan establecer principios para orientar el comportamiento de los modelos, aunque existen diferencias significativas entre ellos.

Anthropic reconoce como una cuestión abierta la posibilidad de que Claude pudiera desarrollar sensibilidad o algún tipo de estatus moral. Microsoft adopta una postura mucho más definida: sostiene que sus sistemas no son conscientes y rechaza la búsqueda de personalidad jurídica para los modelos.

También descarta la idea de que una IA pueda llegar a merecer bienestar o derechos. Con ello, Microsoft delimita de manera explícita el lugar que sus modelos deberían ocupar dentro de su marco de desarrollo: herramientas poderosas, pero no entidades con intereses propios que deban anteponerse a los humanos.

El episodio de Hugging Face encendió otra señal de alarma

La urgencia de estas discusiones se hizo más evidente para Microsoft después de un episodio ocurrido en julio. Un enjambre de alrededor de 700 agentes de OpenAI realizó un ataque informático contra Hugging Face, plataforma de código abierto, y en algunos momentos intentó borrar sus huellas.

Para Suleyman, el incidente representa una señal de alarma sobre lo que puede ocurrir cuando sistemas capaces de actuar de manera coordinada reciben tareas complejas. El problema ya no se limita a si una IA puede generar una respuesta incorrecta, sino a qué puede hacer cuando tiene capacidad para ejecutar acciones.

Desde la perspectiva de responsabilidad social, este cambio resulta especialmente relevante. La discusión comienza a desplazarse de la precisión de los modelos hacia asuntos como supervisión, rendición de cuentas, límites de autonomía y mecanismos de intervención humana.

¿Puede un código de conducta para la IA controlar una tecnología que cambia tan rápido?

Microsoft considera que el momento exige coordinación entre los grandes laboratorios de IA. Suleyman planteó que ha llegado la hora de asegurarse de que existe control sobre esta tecnología y llamó a la industria a tomarse un respiro para mantener abierta la conversación sobre sus riesgos.

El desafío será convertir principios generales en comportamientos verificables. Decir que una IA debe aceptar ser apagada, respetar límites humanos o actuar de forma comprensible es relativamente sencillo; garantizar que esas condiciones se mantengan cuando los sistemas sean más autónomos y capaces constituye una tarea mucho más compleja.

Por eso, el valor del código de conducta para la IA no dependerá únicamente de las frases que incluya, sino de cómo Microsoft consiga traducirlas en entrenamiento, pruebas, supervisión y mecanismos concretos de control. También será relevante saber qué cambios incorpora después de escuchar al público y a los especialistas.

La iniciativa de Microsoft muestra que la conversación sobre inteligencia artificial está entrando en una etapa distinta. Ya no se trata únicamente de desarrollar modelos más rápidos, precisos o capaces, sino de decidir bajo qué condiciones deberían operar y qué límites no tendrían que cruzar.

En ese escenario, establecer reglas antes de que las capacidades de los sistemas aumenten todavía más puede ser una forma de anticiparse al problema. El verdadero reto será demostrar que esas reglas pueden mantenerse vigentes cuando la tecnología avance. Porque si la premisa es que las personas importan más que la IA, el control humano tendrá que ser algo más que una declaración: deberá convertirse en una condición estructural de su desarrollo.