Por Edgar López
Los discursos permiten saber cómo piensa un gobierno. Los presupuestos muestran qué ideas se convierten en prioridades.
Durante la conferencia del 14 de septiembre se hablaba de vivienda, inversión y empleo cuando Claudia Sheinbaum introdujo, sin que nadie le preguntara directamente por ello, el impacto ambiental del crecimiento.
“Hay todo un debate sobre el crecimiento y los impactos ambientales del crecimiento”, señaló.
La frase llamó mi atención porque no apareció en una conferencia sobre cambio climático ni como respuesta a una pregunta ambiental. Surgió al hablar de economía y de la diferencia entre crecimiento y desarrollo.
Se le había pedido explicar por qué el programa Vivienda para el Bienestar es importante para México. Sheinbaum pudo limitarse a las cifras de esa mañana: 1.8 millones de viviendas nuevas como meta sexenal, 667 mil ya contratadas, alrededor de 2.4 millones de empleos asociados y una inversión equivalente a cerca de 1.2% del PIB anual.
Pero se detuvo a cuestionar si crecer es suficiente. También señaló que existen corrientes de pensamiento que cuestionan la posibilidad de mantener una expansión económica indefinida frente a una huella ambiental cada vez mayor.
No estaba proponiendo el decrecimiento. La propia presidenta aclaró que México necesita crecer. Su planteamiento fue otro:
“El problema no solo es el crecimiento, sino la distribución de la riqueza”.
Su argumento fue que el PIB no basta para medir el progreso. Entre 2018 y 2024, explicó, millones de personas salieron de la pobreza a pesar del reducido crecimiento promedio del periodo. La diferencia estaría en el aumento de los salarios, los programas sociales, la inversión pública y una mejor distribución.
La lógica es clara: producir más no garantiza desarrollo si la riqueza no llega a más personas.
La mención ambiental permite llevar ese razonamiento un paso adelante: producir más tampoco garantiza desarrollo si para hacerlo se degradan ecosistemas, se agota el agua o se transfieren los costos a las siguientes generaciones.
Eso es lo que me parece relevante. La referencia sugiere que la agenda ambiental y los desafíos del cambio climático están presentes en la manera en que Sheinbaum piensa el desarrollo. No apareció como una consigna incorporada artificialmente a su respuesta, sino como una preocupación que surgió al hablar de economía.
Si crecer no basta para hablar de desarrollo, habría que observar dónde se colocan los recursos destinados a impulsarlo y cómo se incorporan sus costos ambientales.
¿Dónde están las apuestas para crecer?
Días antes, el Ejecutivo había presentado el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para 2027.
Según la relación de programas y proyectos prioritarios de inversión, el PPEF contempla 560 mil 173 millones de pesos. De esa cantidad, 255 mil 529 millones —45.6%— se dirigirían a Pemex y 150 mil 876 millones —26.9%— a proyectos ferroviarios.
Juntos concentran aproximadamente 72.5% de la inversión prioritaria.
Las obras hidráulicas de Conagua recibirían 22 mil 762 millones, alrededor de 4.1% del total.
Estas cifras permiten observar la apuesta de desarrollo económico del gobierno: energía, infraestructura ferroviaria, conectividad y agua.
No es posible determinar su impacto ambiental únicamente a partir de los montos. Los trenes pueden reducir emisiones frente a otros medios de transporte, pero también producen impactos territoriales durante su construcción. Pemex necesita recursos para mejorar su desempeño, controlar fugas y reducir emisiones, pero continúa siendo una empresa basada en hidrocarburos. La infraestructura hidráulica puede fortalecer la adaptación, aunque sus beneficios dependen del tipo de obra y de las comunidades atendidas.
El destino del dinero, por sí mismo, no resuelve la pregunta.
Lo decisivo sería saber si esas inversiones fueron evaluadas con la misma lógica expresada por Sheinbaum: no solamente cuánto crecimiento, producción o empleo generarán, sino qué huella ambiental dejarán y cómo será gestionada.
Ahí el presupuesto ofrece menos respuestas.
El gasto climático
El cambio climático sí aparece formalmente en el PPEF 2027. El Anexo 16 —Recursos para la Adaptación y Mitigación de los Efectos del Cambio Climático— contempla 160 mil 121 millones de pesos.
El Anexo 16 no constituye una bolsa adicional ni independiente. Es un instrumento transversal que identifica como climáticos recursos distribuidos en diferentes ramos y programas del presupuesto; por ello, algunas de las inversiones mencionadas anteriormente también pueden aparecer dentro de este anexo.
La cifra representa una reducción real de 27.57% frente a los 219 mil 372 millones de 2026 ajustados por inflación, de acuerdo con el Observatorio de Crisis Climática y Presupuesto Público en México.

La disminución necesita contexto. En 2026 se contabilizaron dentro del anexo grandes partidas de infraestructura ferroviaria, aeroportuaria y proyectos administrados por la Secretaría de la Defensa Nacional. Al reducirse esas asignaciones, cae también el monto total.
Algunos programas vinculados directamente con la adaptación incluso crecerían. La infraestructura de agua potable, alcantarillado y saneamiento pasaría de 1,850 millones de pesos ajustados en 2026 a 13 mil 577 millones en 2027.
Por ello sería simplista afirmar que toda la acción ambiental del gobierno se reducirá 27%.
La composición del anexo, sin embargo, deja preguntas. Cerca de 80% de sus recursos se concentra en cinco de 51 programas. La infraestructura ferroviaria absorbe alrededor de un tercio y Sembrando Vida una cuarta parte; en este último caso, su contribución climática necesita sustentarse con objetivos e indicadores específicos.
Pemex aparece con 10 mil 768 millones de pesos para infraestructura de hidrocarburos, reducción de emisiones y desempeño ambiental.
Estos programas pueden generar beneficios ambientales. El problema es que esa contribución debe demostrarse.
El presupuesto no permite identificar con suficiente claridad cuánto de cada asignación reducirá emisiones, protegerá ecosistemas o disminuirá la vulnerabilidad de las comunidades.
Lo que podemos inferir
Entonces, ¿el presupuesto sostiene la reflexión de la presidenta?
No de manera categórica. Y es que el PPEF reconoce el cambio climático, le asigna recursos y fortalece algunos componentes de adaptación. Pero reconocer un problema no significa convertirlo en el principio que organiza las decisiones.
Las mayores apuestas de inversión muestran que el gobierno busca impulsar el crecimiento principalmente mediante Pemex y la infraestructura ferroviaria. Entre ambos concentran 72.5% de los recursos incluidos en la relación de programas y proyectos prioritarios de inversión.
Esa distribución no invalida por sí misma la preocupación ambiental. Los trenes pueden contribuir a una movilidad con menos emisiones y Pemex necesita reducir su impacto. Pero si la dimensión ambiental estuviera condicionando la estrategia de desarrollo, el presupuesto debería permitir identificar claramente qué proyectos favorecen la transición energética, qué huella producirán las grandes obras y qué resultados climáticos se esperan de cada inversión.
Eso no aparece con la misma claridad.
El gobierno ha definido mecanismos concretos para transformar el crecimiento en bienestar social: salarios, programas sociales, vivienda e inversión pública. En materia ambiental, en cambio, encontramos recursos etiquetados y posibles beneficios, pero no una lógica igualmente clara que condicione las principales apuestas económicas.
Por eso, el presupuesto no confirma la concepción de desarrollo que pareció asomarse en las palabras de Sheinbaum. Confirma que el gobierno tiene presente el cambio climático, pero también sugiere que la política ambiental sigue acompañando al modelo de crecimiento, no necesariamente dirigiéndolo.
La frase de la presidenta revela una brújula ambiental.
La distribución de los recursos indica que todavía no lleva el timón.
Fuentes
- Versión estenográfica de la conferencia, Sociedad Noticias.
- Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2027, Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
- Anexo 16: Recursos para la Adaptación y Mitigación de los Efectos del Cambio Climático, SHCP.

R con R, por Edgar López
Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.
Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.
Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.












