Por Edgar López
En los últimos días me he topado con dos imágenes de Amazon.
En la primera, un padre aparece cubierto de calcomanías infantiles. Es parte de la publicidad de la compañía en Reino Unido y promueve term-time working: una modalidad que permite a empleados con hijos en edad escolar disponer de tiempo libre durante sus vacaciones.

La segunda imagen es menos amable: una página de USA Today cuyo encabezado dice “Pregnant workers allegedly punished”.

Ayer, 8 de septiembre, cuatro exempleadas de almacenes de Amazon presentaron en Estados Unidos una demanda que busca convertirse en acción colectiva nacional. Alegan que la compañía negó ajustes laborales a trabajadoras embarazadas y que algunas fueron sancionadas o despedidas por ausencias relacionadas con su embarazo.
Amazon rechaza las acusaciones. Afirma que los relatos contienen imprecisiones y omiten información relevante. También asegura que durante el último año aprobó más del 99.9% de las solicitudes de ajustes relacionados con embarazos. El proceso judicial tendrá que determinar qué ocurrió.
Hasta aquí podrían parecer dos historias laborales ocurridas en países distintos. Pero hay algo que las conecta.
Amazon tiene más de 1.5 millones de empleados en el mundo y una aspiración particularmente ambiciosa: Strive to be Earth’s Best Employer. Esforzarse por ser el mejor empleador del planeta.

Entonces las dos imágenes me hicieron pensar en algo más:
¿Cómo se hace para ser el mejor empleador del planeta cuando detrás de una misma marca hay más de 1.5 millones de experiencias laborales?
Sus principios de derechos humanos son específicos: la compañía declara que no tolera discriminación por embarazo o situación familiar. Y en Reino Unido hay evidencia de esa intención.
Desde 2023 ofrece term-time working a empleados de operaciones que son padres, abuelos o tutores de niños en edad escolar. Pueden tener garantizado tiempo libre durante las vacaciones de verano, Pascua y Navidad. Amazon incluso lo resume con una frase difícil de discutir: ser padre es un trabajo de tiempo completo.
Entonces, ¿cuál de las dos imágenes representa a Amazon?.
Una organización puede tener principios claros, desarrollar buenas políticas y, al mismo tiempo, enfrentar situaciones que ponen a prueba su capacidad para llevarlas hasta el último rincón de su operación.
Amazon parece saberlo. Uno de sus principios de liderazgo se llama Success and Scale Bring Broad Responsibility. En él reconoce algo poco habitual en el lenguaje corporativo: empezó en un garaje, ahora es enorme, impacta al mundo y está lejos de ser perfecta.
Ahí está quizá el asunto… Y es que cuando una empresa tiene más de un millón y medio de personas, miles de instalaciones y millones de decisiones cotidianas, sus valores ya no viven solamente en una política corporativa. Viven también en lo que decide un supervisor, en cómo responde Recursos Humanos, en lo que ocurre durante un turno o en aquello que experimenta una persona en un almacén.
Y todo lleva el mismo nombre… Amazon.
A las personas ya nos cuesta bastante ser coherentes todo el tiempo. Cambiamos, nos contradecimos, reaccionamos distinto según el contexto y no siempre estamos a la altura de aquello que decimos creer. Ahora imaginemos hacerlo a escala corporativa.
Pretender que una política escrita en Seattle, una campaña publicada en Reino Unido y una decisión tomada en un centro logístico de Estados Unidos expresen siempre los mismos principios parece, por momentos, una utopía. Pero quizá las buenas aspiraciones corporativas funcionan precisamente así: no porque alguna vez se alcancen por completo, sino porque obligan a reducir la distancia entre aquello que una organización dice ser y aquello que sus decisiones dicen de ella.
Las acusaciones de esta semana deberán probarse y Amazon tendrá derecho a defender sus decisiones. Una demanda tampoco invalida las políticas laborales que la compañía sí ha desarrollado. Pero las dos fotografías existen: una fue creada por Amazon y la otra no. Ambas, sin embargo, hablan de la misma empresa.
Quizá la coherencia absoluta sea una utopía. Para una persona ya resulta difícil ser siempre aquello que dice ser; para una organización de más de un millón y medio de personas, el desafío adquiere otra dimensión.
Por eso el reto no es solamente crecer. Es crecer sin dejar de ser uno mismo.

R con R, por Edgar López
Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.
Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.
Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.











