El lujo de volar en un jet privado suele asociarse con exclusividad, comodidad y una capacidad económica fuera del alcance de la mayoría. Pero en California, algunos de sus propietarios ahora enfrentan una factura que recuerda que incluso ese privilegio tiene obligaciones fiscales. Multimillonarios, celebridades y dueños de equipos deportivos recibieron notificaciones por adeudos relacionados con sus aeronaves.
De acuerdo con Los Angeles Times, la oficina del tasador del condado de Los Ángeles busca recuperar alrededor de 38 millones de dólares en impuestos pendientes. Entre los nombres señalados aparecen Jeff Bezos, Rihanna, Phil Knight y los creadores de South Park. El caso, sin embargo, va más allá de una lista de famosos que olvidaron pagar: vuelve a poner bajo la lupa cuánto cuesta realmente el lujo de volar de manera privada.
Impuestos de jets privados: una factura que llegó hasta los hangares de los famosos
En California, los propietarios de aeronaves están sujetos a un impuesto anual sobre la propiedad equivalente al 1% del valor de su avión. La obligación aplica cuando la aeronave permanece habitualmente situada en el estado, aunque no esté registrada allí ni su propietario viva en California.
El incumplimiento puede generar multas y, en los últimos meses, la oficina del tasador del condado de Los Ángeles, encabezada por Jeff Prang, comenzó a enviar notificaciones de cobro. La lista suma alrededor de 38 millones de dólares y alcanza a algunas de las personas más conocidas y adineradas del mundo.
Entre los adeudos identificados aparecen:
- Jeff Bezos, con aproximadamente 244,000 dólares.
- Stan Kroenke, propietario de los Rams, con 290,000 dólares.
- Rihanna, con 104,000 dólares.
- Phil Knight, cofundador de Nike, con 89,000 dólares.
- Trey Parker y Matt Stone, creadores de South Park, con 95,000 dólares.
¿Quién debe impuestos de jets privados y por qué no los había pagado?
La respuesta de varios representantes fue similar: desconocían que debían pagar este tributo local. Algunos propietarios procedieron a cubrir las cantidades pendientes inmediatamente después de recibir la notificación. Otros, como Bezos y Knight, todavía no habían realizado el pago al llegar la fecha límite del 30 de junio.
El caso de Judy Sheindlin, conocida como la “Jueza Judy”, ilustra otra parte del problema. La presentadora recibió dos facturas correspondientes a 2022 y 2025 y decidió pagarlas, aunque reconoció que lo hizo “a regañadientes”, al considerar que disputar legalmente el cobro podría terminar siendo más costoso.
Además, quienes consideren que la autoridad calculó incorrectamente su obligación pueden presentar una reclamación. El monto puede reducirse dependiendo del tiempo que la aeronave haya permanecido fuera de California, por lo que las autoridades anticipan una oleada de recursos.
La tecnología que permitió encontrar a los aviones
Durante años, identificar qué aeronaves debían pagar este impuesto representó un reto para las autoridades. Un avión puede permanecer en un hangar privado, cambiar de ubicación con facilidad o incluso estar registrado en otro estado, dificultando establecer dónde pasa la mayor parte del tiempo.
La oficina de Prang comenzó a utilizar datos de localización ADS-B Out para determinar con mayor precisión dónde se encuentran las aeronaves. El sistema utiliza GPS satelital para transmitir información sobre la posición de un avión aproximadamente una vez por segundo, lo que permite reconstruir sus movimientos con un nivel de precisión mucho mayor que el radar tradicional.
Pero esta herramienta también abrió un debate sobre privacidad. Mientras las autoridades la consideran útil para determinar obligaciones fiscales, algunos críticos cuestionan que datos diseñados para mejorar la seguridad aérea puedan utilizarse con fines tributarios. El debate incluso ha llevado a algunos estados a limitar el acceso de autoridades locales a esta información.
Cuando el lujo también tiene una huella ambiental
La discusión fiscal adquiere otra dimensión cuando se observa el impacto ambiental de los jets privados. El informe High Flyers 2023, del Institute for Policy Studies, señala que estas aeronaves representan aproximadamente uno de cada seis vuelos gestionados por la FAA, aunque sus propietarios aportan apenas 2% de los impuestos que financian principalmente a la agencia.
El contraste resulta todavía más evidente al analizar las emisiones por pasajero. De acuerdo con el mismo informe, los aviones privados pueden emitir al menos diez veces más contaminantes por pasajero que los vuelos comerciales. Al mismo tiempo, sus propietarios representan apenas una fracción diminuta de la población mundial.
La expansión de esta industria también ha sido acelerada: entre 2000 y 2022, la flota mundial de aviones privados pasó de 9,895 a 23,133 aeronaves, un incremento de 133%.
Impuestos de jets privados: el debate ya no es solo fiscal
Un estudio del Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT) estimó que los jets privados generaron hasta 19.5 millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero durante 2023. La cifra representa un aumento de 25% en una década y equivale a casi 4% de las emisiones de la aviación civil en su punto máximo posterior a la pandemia.
Para dimensionar el impacto, el ICCT calcula que un jet privado típico genera anualmente una cantidad de gases de efecto invernadero comparable con la de 177 automóviles de pasajeros o nueve camiones pesados de carretera.
El problema tampoco se distribuye de manera uniforme. En 2023, 65% de los vuelos privados partieron de aeropuertos estadounidenses, generando 55% de las emisiones globales asociadas con este tipo de aviación. Europa fue el segundo mayor contribuyente, mientras que Estados Unidos concentró 18 de los 20 aeropuertos con mayor consumo de combustible y emisiones de jets privados.

Van Nuys y la desigualdad detrás de los vuelos privados
Entre los puntos críticos destaca el aeropuerto Van Nuys, en Los Ángeles, considerado el tercer aeropuerto de jets privados más contaminante del mundo. Su ubicación añade un componente social a una discusión que con frecuencia se presenta únicamente como un problema climático.
El aeropuerto se encuentra en un área mayoritariamente hispana y de bajos ingresos, mientras recibe aeronaves utilizadas por algunas de las celebridades y personas más ricas del planeta. El ICCT señala entre los usuarios asociados con estos vuelos a figuras como Kim Kardashian, Jay-Z y Elon Musk.
Así, la discusión deja de ser únicamente cuánto contamina un avión y comienza a preguntarse quién obtiene los beneficios de esa movilidad y quién vive más cerca de sus impactos. Para la responsabilidad social, esa diferencia importa: las emisiones no ocurren en un vacío, sino en comunidades concretas.
¿Deberían pagar más quienes más contaminan?
El debate ya llegó al terreno de las políticas públicas. Ante el crecimiento de la aviación privada y su impacto ambiental, distintos responsables políticos han comenzado a analizar mecanismos que permitan gravar de manera más proporcional las emisiones generadas por estos vuelos.
El ICCT estima que un impuesto global de 1.59 dólares por galón sobre el combustible utilizado en vuelos privados podría recaudar hasta 3,000 millones de dólares anuales. Los recursos podrían destinarse a impulsar la descarbonización de la aviación y acelerar tecnologías menos contaminantes.
La discusión plantea una pregunta incómoda: si la transición hacia una aviación más limpia requiere inversiones millonarias, ¿deberían contribuir en mayor medida quienes utilizan uno de los medios de transporte con mayor intensidad de emisiones por pasajero? Para el ICCT, el lento avance tecnológico hace razonable exigir una mayor contribución a los viajeros ultrarricos por la contaminación que generan.
El caso de Rihanna, Bezos y otros propietarios de jets privados comenzó con algo aparentemente sencillo: una factura de impuestos que no había sido pagada. Sin embargo, detrás de esos adeudos aparece una discusión mucho más amplia sobre privilegios, responsabilidad fiscal y las consecuencias ambientales de determinados estilos de vida. Que una aeronave esté escondida en un hangar o registrada fuera del estado no elimina necesariamente sus obligaciones.
Los impuestos de jets privados se convierten así en una pieza de un debate mayor: cómo distribuir los costos asociados con una actividad cuyo beneficio está altamente concentrado, pero cuyos impactos pueden recaer sobre el conjunto de la sociedad. La pregunta ya no es solamente quién debe cuánto, sino si quienes tienen mayor capacidad económica y generan mayores impactos deberían asumir también una mayor responsabilidad por ellos.











