Estornudar con frecuencia durante el trabajo, sentir irritación en los ojos o presentar dolor de cabeza que desaparece al salir de la oficina no debería asumirse como una molestia normal de la jornada. Estos síntomas pueden ser una señal de que las condiciones del espacio laboral están afectando la salud de quienes lo ocupan: es el llamado síndrome del edificio enfermo.
El problema es que la relación entre los malestares y las instalaciones suele pasar inadvertida. Los colaboradores pueden atribuirlos al clima, al cansancio o a una alergia, mientras las empresas los atienden de manera aislada sin identificar que varias personas presentan síntomas similares en un mismo espacio. Para la gestión ESG, reconocer esta conexión es relevante: un lugar de trabajo saludable no depende únicamente de protocolos de seguridad, sino también de las condiciones ambientales en las que las personas desarrollan su actividad cotidiana.
¿Qué es el síndrome del edificio enfermo?
El síndrome del edificio enfermo (SEE) se refiere a un conjunto de molestias y síntomas clínicos que presentan principalmente las personas que trabajan en oficinas y que están asociados con las características del espacio, la exposición a irritantes o sustancias contaminantes y, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), también con la forma en que se organiza el trabajo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) identificó y denominó este fenómeno hace aproximadamente 40 años. Sin embargo, que sea un problema conocido desde hace décadas no significa que haya desaparecido de los centros laborales.
Entonces, ¿qué es el síndrome del edificio enfermo en términos prácticos? Es una situación en la que determinadas condiciones de un inmueble pueden contribuir a que sus ocupantes desarrollen malestares que aparecen o empeoran mientras permanecen dentro del edificio y tienden a mejorar cuando lo abandonan.
Esta última característica es una de las principales pistas para reconocerlo. “Como los síntomas generalmente desaparecen al no estar dentro del centro de trabajo, la gente ya no le da seguimiento y lo normalizan”, explica Karina Ortiz Ramírez , médico especialista en salud ocupacional.

¿Cuáles son los síntomas del síndrome del edificio enfermo?
Los síntomas pueden ser diversos y no necesariamente aparecen todos al mismo tiempo. Entre los más frecuentes se encuentran:
- Dolor de cabeza.
- Fatiga.
- Dificultad para concentrarse.
- Irritación o inflamación de ojos, nariz y garganta.
- Irritación de la piel.
- Congestión o molestias respiratorias.
- Dificultad para respirar.
- Diarrea.
El patrón de aparición es particularmente importante. “Estos síntomas se registran mientras la persona está en el edificio, cuando va a su casa o de vacaciones hay una mejoría, pero al regresar al empleo el edificio enfermo detona otra vez los síntomas”, precisa Ortiz Ramírez.
Esto puede generar un círculo difícil de romper. Una persona que sólo presenta congestión nasal durante su jornada laboral puede asumir que tiene un resfriado o una alergia y recurrir a medicamentos para controlar el malestar, sin investigar qué está provocándolo.
“Ya sé que ahí me va a dar comezón en los ojos, entonces llevo mis gotas lubricantes”, ejemplifica la especialista. El problema es que tratar repetidamente el síntoma sin identificar el origen puede retrasar la detección de las condiciones ambientales que están afectando al trabajador.

¿Por qué es difícil identificar un edificio enfermo?
Una de las principales dificultades es que los síntomas del SEE no son exclusivos de este problema. Dolor de cabeza, fatiga, congestión nasal o irritación ocular pueden tener múltiples causas, por lo que la relación con el entorno laboral no siempre resulta evidente.
Leonardo Rodríguez, médico ocupacional y fundador de Medicbi, advierte que incluso en consultorios médicos y servicios de salud de las empresas estos síntomas pueden no asociarse directamente con las condiciones del inmueble.
Por ejemplo, un trabajador que presenta congestión nasal durante su turno podría recibir un diagnóstico de resfriado cuando, en realidad, su malestar está relacionado con una reacción alérgica provocada por un sistema de ventilación sucio. La pista está en identificar patrones. Si varias personas que trabajan en la misma área presentan síntomas similares y estos mejoran cuando salen del edificio, la situación merece una revisión de las instalaciones.
¿Qué causa el síndrome del edificio enfermo?
El SEE no tiene una única causa. Puede relacionarse con distintas condiciones ambientales y físicas del inmueble. Entre ellas están:
- Sistemas de ventilación inadecuados, sucios o dañados.
- Presencia de plagas y hongos.
- Ventilación insuficiente.
- Alfombras que no reciben limpieza frecuente.
- Ruido excesivo y vibraciones.
- Uso de aromatizantes que pueden resultar irritantes.
- Falta de ventanas y de luz natural.
- Iluminación ineficiente.
- Vapores químicos derivados de productos de limpieza.
- Distribución inadecuada de los trabajadores.
- Hacinamiento en determinadas áreas.
Durante años, el concepto se relacionó principalmente con sistemas de ventilación que acumulaban contaminantes y generaban síntomas respiratorios. Hoy, el abordaje es más amplio: prácticamente cualquier condición del espacio que genere exposición a irritantes o contribuya al malestar de los ocupantes debe formar parte de una evaluación integral.
Además, el entorno físico puede interactuar con la experiencia laboral. Una distribución que genera hacinamiento, por ejemplo, no sólo puede afectar las condiciones físicas del espacio, sino también repercutir en el ánimo y bienestar de las personas.

¿Cómo afecta el síndrome del edificio enfermo a los trabajadores?
El impacto puede ir desde molestias recurrentes hasta afectaciones que interfieren con el desempeño cotidiano. Una persona que experimenta dolor de cabeza, irritación ocular, fatiga o dificultad para concentrarse durante varias horas de su jornada difícilmente puede desarrollar sus actividades en las mismas condiciones que alguien que trabaja en un espacio saludable.
A ello se suma el riesgo de normalizar los síntomas. Cuando una persona aprende que “siempre” le duele la cabeza al llegar a determinada oficina o que “siempre” estornuda al encenderse el aire acondicionado, puede asumirlo como parte de su rutina.
Para Ortiz Ramírez, los equipos de salud ocupacional tienen un papel fundamental porque los trabajadores permanecen expuestos a estas condiciones durante una parte importante de su día.
La pregunta que deberían hacerse las empresas no es únicamente si un colaborador está enfermo, sino si existe alguna condición del entorno que está enfermando a varios colaboradores.
¿Qué consecuencias tiene para las empresas ignorar un edificio enfermo?
El impacto del SEE no termina en el bienestar individual. También puede convertirse en un problema de productividad. Los síntomas pueden contribuir a:
- Ausentismo laboral.
- Presentismo, es decir, acudir a trabajar pese a no encontrarse en condiciones óptimas.
- Menor concentración.
- Disminución del desempeño.
- Repetición de consultas y tratamientos para síntomas recurrentes.
- Costos asociados con incapacidades.
Rodríguez advierte sobre los costos ocultos relacionados con el ausentismo y el presentismo. Como ejemplo, señala que una persona con rinitis alérgica puede llegar a incapacitarse entre 15 y 30 días al año.
El problema para las organizaciones es que ese costo puede quedar fuera de los indicadores tradicionales porque no siempre existe una conexión documentada entre la incapacidad y las condiciones del edificio.
Así, una empresa puede estar contabilizando consultas, incapacidades, rotación o pérdida de productividad por separado, sin advertir que detrás de varios de esos indicadores existe un factor común: el entorno laboral.

¿Qué deben hacer las empresas para prevenir el síndrome del edificio enfermo?
La prevención comienza por reconocer que la salud ocupacional también se construye desde el espacio físico. No basta con atender a una persona cuando presenta síntomas: es necesario revisar si las condiciones del inmueble pueden estar contribuyendo a ellos.
Una de las primeras medidas recomendadas por los especialistas es realizar un diagnóstico de las instalaciones para identificar riesgos ambientales y físicos.
Estas evaluaciones pueden realizarse mediante los recorridos de la Comisión de Seguridad e Higiene o mediante las inspecciones programadas por los equipos responsables de seguridad y salud. Durante estos recorridos pueden revisarse aspectos como iluminación y ruido, además de las condiciones generales del inmueble.
Un diagnóstico integral debería prestar atención, entre otros aspectos, a:
Ventilación y calidad del ambiente: verificar el funcionamiento y las condiciones de los sistemas de ventilación, así como posibles fuentes de contaminantes.
Limpieza y mantenimiento: identificar acumulación de polvo, hongos, plagas o condiciones deficientes de higiene.
Sustancias utilizadas: revisar productos de limpieza, aromatizantes y otras sustancias que puedan generar irritación.
Iluminación y luz natural: evaluar si las áreas de trabajo cuentan con condiciones adecuadas de iluminación y, cuando sea posible, acceso a luz natural.
Ruido y vibraciones: detectar niveles o fuentes que puedan generar molestias constantes.
Distribución de los espacios: analizar si existe hacinamiento o una organización que afecte el bienestar de los trabajadores.
Información médica: identificar patrones entre síntomas reportados, áreas específicas y horarios de trabajo.
¿Por qué el síndrome del edificio enfermo también es un asunto ESG?
Desde la perspectiva ESG, las condiciones físicas de los centros laborales forman parte de una conversación más amplia sobre bienestar, salud ocupacional y responsabilidad empresarial.
Una organización puede contar con políticas de diversidad, programas de bienestar o compromisos ambientales y, al mismo tiempo, pasar por alto un factor cotidiano que afecta directamente a sus colaboradores: el lugar donde trabajan.
Por eso, qué es el síndrome del edificio enfermo debería ser una pregunta relevante para los responsables de ESG, Recursos Humanos, seguridad e higiene y facilities. No se trata sólo de mantener una oficina limpia o agradable, sino de gestionar riesgos que pueden tener consecuencias para las personas y para la operación.
Además, identificar estos problemas permite pasar de una gestión reactiva a una preventiva. En lugar de esperar a que aumenten las incapacidades o las quejas, las empresas pueden utilizar los recorridos de seguridad, los reportes médicos y las observaciones de los colaboradores para detectar patrones y corregirlos.
Un edificio saludable también forma parte de una estrategia de sostenibilidad social. Detectar riesgos, escuchar a los trabajadores, monitorear las condiciones de las instalaciones y corregir los problemas identificados no sólo protege el bienestar de las personas; también ayuda a reducir costos ocultos, ausentismo y pérdida de productividad.












