Los bancos desempeñan un papel decisivo en la transición hacia una economía baja en carbono: sus decisiones de financiamiento pueden impulsar soluciones climáticas, pero también sostener actividades con altas emisiones de gases de efecto invernadero. Por ello, sus compromisos de cero emisiones netas son relevantes no solo para sus propias operaciones, sino también para el rumbo de sectores como la energía y la industria.
Sin embargo, los objetivos climáticos de bancos están perdiendo impulso. Una investigación del Centro de Transición Climática Global del Transition Pathway Initiative (TPI), de la Escuela de Economía de Londres (LSE), identificó un retroceso en los compromisos, la transparencia y las políticas de financiamiento de importantes instituciones financieras. Los resultados plantean interrogantes sobre la capacidad del sector para respaldar las metas del Acuerdo de París y cumplir sus propias promesas de sostenibilidad.
¿Qué revela el estudio sobre los objetivos climáticos de bancos?
El informe evaluó a 36 bancos relevantes por su capitalización de mercado y sus activos totales, mediante dos herramientas: el Marco de Evaluación Bancaria de Emisiones Netas Cero (NZBAF) y el Indicador de Desempeño de Carbono (CP) para Bancos. El primero analiza cómo gestionan las instituciones la transición hacia una economía baja en carbono; el segundo examina los sectores y actividades cubiertos por sus objetivos de reducción de emisiones.
Los principales hallazgos muestran que el avance es limitado:
- Ningún banco evaluado estableció nuevos objetivos climáticos para 2026 entre las 26 instituciones examinadas también durante los tres años anteriores. Solo dos bancos, ambos europeos y evaluados por primera vez este año, introdujeron nuevos objetivos.
- El cumplimiento promedio fue de apenas 21% de los 72 subindicadores del NZBAF. Ninguna institución alcanzó más de un tercio de los criterios.
- Ocho de las nueve áreas evaluadas registraron estancamiento o retrocesos en sus puntuaciones entre 2024 y 2026.
- La transparencia se debilitó en la mitad de los bancos: 18 de las 36 instituciones redujeron su desempeño en al menos un subindicador durante el último año.
El deterioro más pronunciado correspondió a los compromisos de cero emisiones netas, cuyas puntuaciones promedio cayeron del 33% en 2024 al 22% en 2026.

Estas cifras reflejan algo más que una desaceleración en la adopción de nuevas metas. También apuntan a una menor disposición a demostrar avances verificables respecto de compromisos existentes. En términos de responsabilidad corporativa, la diferencia es fundamental: una institución puede conservar un objetivo climático formal y, al mismo tiempo, debilitar los mecanismos para medirlo, comunicarlo y orientar sus decisiones financieras hacia su cumplimiento.
¿Por qué se están debilitando las políticas de financiamiento climático?
El retroceso también alcanza las condiciones bajo las cuales los bancos financian a empresas con altas emisiones. El estudio identificó una disminución en la información divulgada sobre estas políticas: ocho instituciones redujeron la transparencia en este ámbito entre 2024 y 2026.
La información sobre las condiciones de financiamiento permite conocer cómo gestionan los bancos su exposición a actividades intensivas en carbono y qué requisitos aplican antes de otorgar recursos. Cuando estos criterios son menos transparentes, resulta más difícil determinar si las decisiones de crédito son consistentes con los compromisos climáticos anunciados.
A esto se suma la disminución en el establecimiento de objetivos sectoriales desde 2022 y 2023. Estas metas permiten traducir las ambiciones generales de cero emisiones netas en acciones específicas para industrias como la energética y otras actividades con una elevada huella de carbono.
La relevancia de esta tendencia está en el papel que desempeña el capital financiero en la economía. Los bancos no reducen directamente todas las emisiones de las empresas que financian, pero sí pueden influir en su evolución mediante las condiciones de crédito, la evaluación de riesgos y la asignación de recursos.
Si los objetivos sectoriales pierden fuerza y las políticas de financiamiento se vuelven menos transparentes, disminuye la capacidad de los grupos de interés para evaluar si el capital está contribuyendo a la transición o manteniendo la dependencia de actividades intensivas en carbono.

Bancos europeos, estadounidenses y chinos: ¿qué diferencias existen?
El estudio encontró diferencias regionales importantes en el cumplimiento del NZBAF. Los bancos europeos alcanzaron el 27% de los criterios evaluados, frente al 13% de las instituciones estadounidenses y el 6% de las chinas.
La distancia entre regiones refleja distintos entornos regulatorios y prioridades institucionales, aunque el informe también advierte que el desempeño varía considerablemente entre bancos de una misma jurisdicción.
En Europa, todas las instituciones evaluadas cumplieron los criterios relativos a la divulgación de emisiones financiadas y exposición financiera a sectores con altas emisiones. El informe atribuye parte de este resultado a los requisitos obligatorios de divulgación de la Unión Europea.
En Estados Unidos, las puntuaciones disminuyeron durante los últimos años, en un contexto de presión constante contra los criterios ESG. En China, las principales deficiencias de información se concentraron en el financiamiento de soluciones climáticas, un ámbito priorizado por el Estado.
No obstante, la diferencia de aproximadamente 15 puntos porcentuales entre los bancos europeos con las puntuaciones más altas y más bajas demuestra que la regulación no explica por sí sola los resultados. Las decisiones de cada institución también importan: el marco normativo puede establecer condiciones comunes, pero no determina completamente la ambición de los objetivos ni la calidad de su implementación.
Para las empresas, los inversionistas y los responsables de sostenibilidad, esta variación subraya la importancia de evaluar los compromisos de cada banco en lugar de asumir que todas las instituciones de una región tienen el mismo desempeño climático.
¿Los bancos están integrando los riesgos climáticos en sus decisiones financieras?
Reconocer un riesgo no equivale a gestionarlo de manera transparente. Esta distinción aparece en otro de los resultados del informe: de los 36 bancos evaluados, 30 clasificaron los riesgos relacionados con el clima como un riesgo clave. Sin embargo, solo siete revelaron en sus estados financieros los supuestos contables y los juicios utilizados para estimar esos riesgos. Las siete instituciones eran europeas, una diferencia que el estudio relaciona con el mayor nivel de supervisión en la región.
La brecha es relevante porque los riesgos climáticos pueden afectar la valoración de activos, la capacidad de pago de los prestatarios y la exposición de los bancos a determinados sectores. Por ejemplo, la transición energética puede modificar la viabilidad económica de actividades intensivas en carbono, mientras que los fenómenos climáticos extremos pueden afectar propiedades, infraestructura y operaciones empresariales.
Si una institución identifica estos riesgos, pero no explica cómo los incorpora en sus estimaciones financieras, inversionistas y otros grupos de interés tienen menos elementos para valorar la solidez de sus decisiones. La divulgación permite examinar si el riesgo climático se considera realmente en la evaluación de activos y créditos o si permanece como una declaración general de gestión.
En consecuencia, los objetivos climáticos de bancos deben analizarse junto con sus prácticas contables, sus políticas de financiamiento y la información que publican. Las metas por sí solas no demuestran que una institución esté preparada para gestionar los riesgos de la transición.
¿Qué significa el retroceso de los objetivos climáticos de bancos para las metas ESG?
Los hallazgos del TPI revelan una brecha entre el reconocimiento formal del cambio climático y la capacidad de convertirlo en decisiones financieras verificables. Aunque la mayoría de los bancos evaluados identifica los riesgos climáticos como relevantes, los bajos niveles de cumplimiento y la reducción de la transparencia muestran que ese reconocimiento no siempre se traduce en políticas consistentes.
Para las metas ESG, esta tendencia plantea tres desafíos principales:
- Credibilidad de los compromisos: conservar una meta de cero emisiones netas no basta si disminuyen la información disponible y los mecanismos para demostrar avances.
- Rendición de cuentas: sin datos claros sobre las emisiones financiadas, las condiciones de crédito y los riesgos climáticos, es más difícil comparar instituciones y evaluar sus resultados.
- Financiamiento de la transición: la falta de objetivos sectoriales sólidos puede dificultar el seguimiento de la contribución de los bancos a la descarbonización de las actividades económicas que financian.
Estos desafíos también alcanzan a las empresas que dependen del crédito bancario. Las políticas de financiamiento pueden influir en la disponibilidad y las condiciones de capital para proyectos de transición, por lo que la falta de claridad sobre los criterios climáticos dificulta anticipar cómo evolucionarán las decisiones de las instituciones financieras.
El estudio no demuestra que todos los bancos estén abandonando formalmente sus compromisos de cero emisiones netas. Lo que documenta es una tendencia de estancamiento y retroceso en los objetivos, la transparencia y determinadas políticas relacionadas con el financiamiento. Distinguir ambos fenómenos es importante para comprender el alcance de los resultados sin minimizar sus implicaciones.

¿Qué deben observar las empresas y los inversionistas?
Ante este panorama, la evaluación del desempeño climático de los bancos requiere ir más allá de sus declaraciones públicas. Para conocer la consistencia de sus compromisos, conviene examinar:
- La evolución de sus objetivos: si establecen metas sectoriales, actualizan sus planes y presentan avances medibles.
- Las políticas de crédito: qué condiciones aplican a las empresas con altas emisiones y cómo orientan el financiamiento hacia actividades compatibles con la transición.
- La transparencia de las emisiones financiadas: si publican información suficiente para evaluar el impacto climático de sus carteras.
- La integración de riesgos en los estados financieros: si explican los supuestos y criterios utilizados para estimar la exposición a riesgos climáticos.
- La rendición de cuentas: si las metas se acompañan de indicadores, mecanismos de seguimiento y evidencia de implementación.
Para los responsables ESG, estos elementos ofrecen una base más sólida para evaluar a las instituciones financieras que la mera existencia de un compromiso de cero emisiones netas. También permiten identificar diferencias entre bancos que operan en mercados similares y valorar la consistencia entre sus objetivos y sus decisiones.
El futuro de los compromisos climáticos del sector financiero
El estudio del Centro de Transición Climática Global del TPI presenta una señal de alerta para la agenda de sostenibilidad: en los bancos analizados, el avance hacia una gestión climática más sólida no está garantizado y algunos indicadores están retrocediendo.
La ausencia de nuevos objetivos entre las instituciones evaluadas en años anteriores, el cumplimiento promedio de apenas 21% de los criterios y la caída de las puntuaciones sobre cero emisiones netas muestran que los compromisos climáticos necesitan mecanismos de implementación y transparencia que permitan comprobar sus resultados.
Para el sector financiero, el desafío no consiste únicamente en anunciar metas ambiciosas, sino en demostrar cómo estas influyen en la asignación de capital, las condiciones de crédito y la gestión de riesgos. Para las empresas y los inversionistas, significa que la evaluación ESG debe considerar tanto lo que los bancos prometen como las decisiones que respaldan esas promesas.
Los resultados no permiten concluir que la transición financiera haya llegado a su fin. Sí muestran que mantener su avance exige objetivos medibles, divulgación consistente y supervisión capaz de convertir los compromisos climáticos en prácticas verificables. Sin estos elementos, las metas de cero emisiones netas corren el riesgo de conservar su presencia en los informes corporativos mientras pierden fuerza en las decisiones que determinan el rumbo de la economía.












