La industria de la moda enfrenta una contradicción difícil de ignorar: produce bienes asociados con creatividad, diseño y expresión personal, pero también genera entre 2% y 8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, consume cada año un volumen de agua equivalente a 86 millones de piscinas olímpicas y es responsable de 9% de los microplásticos que llegan al océano, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Dentro de este escenario, el segmento de lujo empieza a mostrar que reducir el impacto ambiental no necesariamente está reñido con la permanencia, la calidad o el valor de sus productos. LVMH Moët Hennessy Louis Vuitton, Kering, Prada y Hermès han reducido en promedio 54% de sus emisiones de carbono durante los últimos siete años, apoyándose en nuevos insumos, economía circular, trazabilidad, energías renovables y regeneración de ecosistemas. La evolución resulta relevante no solo por la magnitud del dato, sino porque muestra distintas rutas para disminuir la huella de las marcas de lujo.
¿Cómo están reduciendo su huella las marcas de lujo?
Las cuatro compañías coinciden en un punto: la transición no depende de una sola medida. Sus estrategias abarcan desde las materias primas y la energía hasta la durabilidad de los productos, el tratamiento del agua y la incorporación de materiales reciclados o regenerativos.
Además, el mercado alrededor de ellas también está cambiando. Los modelos de reventa y renta de productos de moda ya representan entre 210,000 y 220,000 millones de dólares y podrían alcanzar 360,000 millones en 2030. Para el lujo, donde la permanencia y el valor residual forman parte de la propuesta de producto, estos modelos abren una vía adicional para extender el ciclo de vida de las piezas. Pero, ¿qué están haciendo las marcas para reducir su huella de carbono?
LVMH: materiales, energía y desarrollo científico
En 2025, LVMH reportó que 41% de los materiales de sus productos y empaques provenían de fuentes recicladas o de iniciativas de ecodiseño. A esto se sumó una reducción de 37% en sus emisiones de alcance 1 y 2 frente a 2023, mientras que 75% de la energía utilizada procedía de fuentes renovables.
La estrategia también incluye investigación para desarrollar nuevos materiales sostenibles, procesos de reciclaje y bioplásticos renovables. Es decir, el grupo no concentra la transición únicamente en compensar emisiones o modificar su consumo energético, sino que interviene en los insumos con los que se construyen sus productos.

Bernard Arnault, presidente de LVMH, resume esta visión en el reporte de sostenibilidad del grupo:
“En LVMH, la excelencia siempre ha ido de la mano con la responsabilidad”.
La relevancia ESG está precisamente en esa integración: si la sostenibilidad se incorpora al diseño y a los materiales desde el origen, puede incidir directamente en la huella de las marcas de lujo y no limitarse a programas periféricos.
Kering: la materia prima se convierte en un asunto estratégico
Para Kering, propietario de marcas como Gucci y Balenciaga, una parte importante de la transformación ocurre antes de que el producto llegue a las tiendas: en la selección y trazabilidad de las materias primas.
En 2025:
- El cuero bovino representó 37% de sus materias primas, tres puntos porcentuales menos que en 2024.
- El cuero ovino representó 13%, dos puntos menos que el año anterior.
- 96% del papel utilizado fue reciclado o certificado FSC.
- 85% del algodón fue certificado como orgánico, regenerativo o reciclado.
- 88% de la lana cumplió con criterios de certificación, regeneración o reciclaje.
El dato sobre el papel es especialmente relevante porque muestra cómo las certificaciones pueden funcionar como mecanismos concretos de respaldo para determinadas materias primas. En este caso, FSC permite acreditar criterios relacionados con el origen responsable del material.
Para una industria basada en fibras, pieles, metales y otros recursos, conocer qué se compra, de dónde proviene y bajo qué estándares fue producido es una condición cada vez más importante para gestionar riesgos ambientales y sociales.
Prada: trazabilidad para conocer el origen del lujo
Prada Group ofrece otro ejemplo de cómo la trazabilidad puede convertirse en una herramienta de gestión ESG. En 2025, el cuero representó 41% de las materias primas utilizadas en sus productos y 90% del cuero adquirido podía rastrearse hasta la etapa de sacrificio.
La compañía tiene como objetivo elevar esa proporción a 95% en 2028.
En paralelo, su estrategia de materiales incluye Re-Nylon, fabricado con nylon regenerado, mientras que el grupo busca que 80% del nylon y poliéster sea reciclado o biobasado en 2026.
La importancia de esta estrategia va más allá de sustituir un material por otro. La trazabilidad permite identificar el origen de los insumos y contar con mayor información para evaluar riesgos ambientales y sociales dentro de la cadena de suministro. En un sector donde la exclusividad depende de materiales de alto valor, esa visibilidad se vuelve parte de la gestión responsable.
Hermès: durabilidad, agua y energía renovable
Hermès aborda el impacto desde una característica central de su modelo: la permanencia de sus productos.
En 2025, la compañía reportó una reducción de 64% en la intensidad de extracción de agua entre 2015 y 2025 y señaló que todas sus curtidurías cuentan con plantas propias de tratamiento.
Además, 77% de la energía utilizada globalmente procedía de fuentes renovables.
Su enfoque vincula estos avances con productos diseñados para durar, repararse y conservar su valor. En términos de economía circular, esto resulta especialmente relevante: extender la vida útil de un producto evita que su valor material y los recursos empleados en producirlo terminen prematuramente como residuos.
Por ello, la huella de las marcas de lujo no debe medirse únicamente por las emisiones generadas durante su fabricación. También importa cuánto tiempo permanece un producto en uso y qué posibilidades existen para repararlo, conservarlo, revenderlo o reincorporar sus materiales.
La huella de las marcas de lujo ya no termina en las emisiones
El siguiente desafío para el sector es ampliar la definición de sostenibilidad. Javier Herrero, director de Sistema B México, considera que las compañías de lujo deberían no solo cumplir estándares, sino superarlos e incorporar derechos humanos, justicia, equidad, diversidad, inclusión y salarios dignos.
Según él, la transformación del sector, bajo esta perspectiva, no se limita a materiales o emisiones, sino que alcanza las condiciones sociales de las cadenas de suministro. Esta visión cambia la pregunta que las empresas deben hacerse. Reducir emisiones es indispensable, pero no suficiente si detrás de los materiales persisten riesgos laborales, desigualdad o condiciones precarias. Además, indica que hoy ya no basta con perjudicar menos, ni con reducir el impacto ambiental negativo; el siguiente paso es hablar de regeneración, y añade:
“Esta transformación también amplía la responsabilidad de las marcas hacia sus cadenas de valor y las comunidades vinculadas con su operación, con la oportunidad de elevar estándares en derechos humanos, salarios dignos, diversidad e inclusión, así como extender sus beneficios mediante alianzas con proveedores, organizaciones civiles y gobiernos”.
¿Qué lecciones deja el lujo para el resto de la industria?
El caso de LVMH, Kering, Prada y Hermès deja tres lecciones relevantes para la gestión ESG.
1. La sostenibilidad debe entrar en el producto.
Materiales reciclados, regenerativos o biobasados, ecodiseño y trazabilidad permiten intervenir sobre el impacto desde el origen, en lugar de limitar las acciones ambientales a las operaciones corporativas.
2. La circularidad puede reforzar el valor del producto.
Durabilidad, reparación, reventa y renta ofrecen alternativas para desacoplar el crecimiento del consumo de la necesidad de producir constantemente nuevos bienes. Para el lujo, cuya propuesta depende precisamente del valor y permanencia de sus productos, esta lógica tiene una conexión particularmente directa con el negocio.
3. Medir ya no es suficiente: hay que demostrar.
La reducción promedio de 54% reportada para estas cuatro compañías es relevante, pero la credibilidad depende de conocer qué emisiones se redujeron, frente a qué año base, mediante qué acciones y con qué mecanismos de verificación. Lo mismo ocurre con los materiales certificados, la trazabilidad y los objetivos futuros.
Para Herrero, la discusión también debe incorporar el concepto de legado: cómo utilizar la capacidad económica, influencia y alcance de estas compañías para generar condiciones que beneficien a las siguientes generaciones.
Ese planteamiento lleva la conversación más allá de hacer que el lujo sea menos contaminante. El verdadero desafío es determinar si su capacidad para invertir, innovar y transformar cadenas de suministro puede convertirse en una fuerza de regeneración ambiental y social. Ahí estará la siguiente frontera de la huella de las marcas de lujo.

Entonces, ¿puede el lujo reducir su huella sin perder exclusividad?
Los avances de LVMH, Kering, Prada y Hermès sugieren que sí, siempre que la sostenibilidad se integre al producto y no se trate como un elemento añadido. Materiales trazables, procesos regenerativos, energías renovables, reparación y mayor durabilidad pueden reducir la huella de las marcas de lujo sin necesariamente diluir aquello que las distingue: calidad, diseño, artesanía y permanencia.
El reto, sin embargo, está en demostrar que esa transformación es profunda y verificable. Para el sector, la exclusividad del futuro podría depender no solo de qué tan escaso o sofisticado es un producto, sino de cuánto valor puede conservar sin trasladar costos ambientales y sociales a las siguientes generaciones. En ese sentido, reducir la huella no tendría por qué restarle valor al lujo; podría convertirse en una nueva forma de construirlo.












