Cada año se desechan alrededor de 1,000 millones de neumáticos en el mundo. Cuando no reciben una gestión adecuada, estos residuos pueden convertirse en un riesgo ambiental y de salud pública: son susceptibles de incendiarse y, durante el verano, pueden acumular agua y convertirse en criaderos de mosquitos.
Pero una llanta que terminó su vida útil en un vehículo todavía conserva materiales aprovechables. Aunque la tecnología aún no permite reciclar neumáticos usados para fabricar nuevos neumáticos a gran escala, sí es posible recuperar su caucho, acero y fibras para incorporarlos a otros productos. Ahí comienza el recorrido del caucho reciclado y una oportunidad concreta para llevar la economía circular de la teoría a aplicaciones cotidianas.
¿Cómo se recoge un neumático cuando termina su vida útil?
El primer desafío no es tecnológico, sino logístico: recuperar las llantas y conocer qué ocurre con ellas después.
Por los riesgos asociados con su disposición incorrecta, distintas jurisdicciones han creado esquemas de responsabilidad de los productores. Un ejemplo es Ontario, Canadá, donde funciona un modelo de responsabilidad individual del productor que obliga a los fabricantes de neumáticos a garantizar su recolección y reciclaje.
La trazabilidad es parte fundamental del sistema. La organización sin fines de lucro eTracks cuenta con una red de aproximadamente 5,500 puntos de recolección, entre concesionarios, talleres y distribuidores, y utiliza su plataforma digital eSRP para seguir el recorrido de unos 13 millones de neumáticos cada año, desde su recolección hasta las plantas de procesamiento.
Para los líderes ESG, este punto resulta especialmente relevante: un programa de economía circular necesita algo más que un destino para los residuos. Requiere trazabilidad, responsabilidades definidas y evidencia de que los materiales realmente llegan a una nueva cadena de valor.
Del neumático al caucho reciclado: ¿qué ocurre en una planta?
Una vez que los neumáticos llegan a una planta de procesamiento, comienza la separación de sus principales componentes:
- Acero
- Fibras textiles
- Caucho
En Evolve Recycling, una planta de Ontario propiedad de Northwest Rubber, el caucho pasa por grandes trituradoras que reducen el neumático a fragmentos pequeños. Después, imanes y sistemas de succión de aire retiran restos de acero, fibras y otros materiales.
El caucho limpio vuelve entonces a pasar por trituradoras secundarias hasta obtener partículas uniformes conocidas como caucho granulado.
El tamaño importa. Los gránulos más gruesos pueden utilizarse directamente en determinadas superficies deportivas, mientras que otras aplicaciones requieren un procesamiento adicional.

Como explica David Pruim, director financiero de Northwest Rubber, los gránulos que pueden observarse en algunos campos de césped artificial son similares a los que la empresa recibe y posteriormente prensa, junto con otros ingredientes, para fabricar pisos de caucho.
¿Para qué se utiliza el caucho reciclado?
El paso más importante ocurre cuando el material recuperado deja de ser considerado simplemente un residuo y se convierte en materia prima para otro producto.
Northwest Rubber utiliza caucho reciclado procedente de neumáticos al final de su vida útil para la mayoría de sus productos. Entre sus aplicaciones se encuentran:
- Alfombras para instalaciones ganaderas y ecuestres.
- Superficies para gimnasios y pistas de hockey.
- Alfombras antifatiga para cocinas comerciales.
- Tapetes para automóviles y camiones.
- Materiales para jardinería.
- Productos utilizados en construcción.
- Pisos de caucho.
- Superficies deportivas.
Uno de los ejemplos más interesantes es la marca Animat, que fabrica alfombras para establos y remolques destinadas a mejorar el confort de caballos y vacas. En el sector lechero, distintos estudios han relacionado el mayor confort de las vacas con un incremento en la producción de leche cuando se utilizan superficies de caucho frente a pisos convencionales de concreto.
Es decir, el valor del caucho reciclado no está únicamente en evitar que una llanta termine abandonada. También está en su capacidad para convertirse en un insumo con una nueva función económica y social.

Más de 160 millones de neumáticos convertidos en nuevos productos
El caso de Northwest Rubber muestra hasta dónde puede llegar este modelo. Desde su fundación, hace casi seis décadas, la compañía ha transformado más de 160 millones de neumáticos en nuevos productos.
La cifra permite dimensionar el potencial de una cadena circular cuando existen tres elementos conectados: un sistema para recuperar los residuos, infraestructura para procesarlos y empresas capaces de crear mercados para el material recuperado.
Este último punto es fundamental. Reciclar un producto no significa necesariamente haber cerrado su ciclo.
¿Cuándo se puede decir que un neumático realmente fue reciclado?
Aquí aparece una de las principales lecciones para la gestión ESG.
En algunas jurisdicciones, un neumático puede considerarse reciclado una vez que fue procesado y convertido en caucho granulado. Ontario aplica un criterio diferente: el material se considera reciclado cuando ese caucho se vende para un uso beneficioso. Melissa Carlaw, vicepresidenta de comunicaciones y sostenibilidad de eTracks, lo resume así:
“Un neumático no se recicla realmente solo porque se haya triturado. Tiene que volver a formar parte de algo útil”.
La distinción es importante porque evita confundir gestión de residuos con circularidad. Triturar una llanta reduce su volumen y permite recuperar materiales, pero el verdadero cierre de ciclo ocurre cuando esos materiales encuentran una aplicación que sustituye, al menos parcialmente, la necesidad de materias primas nuevas.
El siguiente reto: ¿qué pasa con el producto reciclado?
El modelo todavía tiene una brecha importante. Que una llanta se transforme en una alfombra, un piso o un producto de construcción no significa que ese segundo producto pueda reciclarse fácilmente cuando termine su vida útil.
Northwest Rubber reconoce que sus propias alfombras podrían reciclarse nuevamente. El problema es que actualmente no existe un mecanismo suficientemente desarrollado para recuperarlas, limpiarlas, triturarlas y reincorporarlas al proceso.
Según David Pruim, el obstáculo es principalmente logístico.
Esto revela uno de los desafíos más importantes para las estrategias de economía circular: un producto puede tener una segunda vida sin que todavía exista una tercera.
Para los líderes ESG, la pregunta deja de ser únicamente cuánto material reciclado utiliza una empresa y pasa a incluir qué ocurrirá con ese producto después. Diseñar sistemas de recolección, recuperación y reutilización desde el inicio puede evitar que una solución circular termine creando un nuevo flujo de residuos.
El caucho reciclado muestra cómo construir una economía circular
El recorrido de un neumático ofrece una lección sencilla: la circularidad no ocurre en una sola etapa.
Primero hay que recuperar el residuo; después, separarlo y procesarlo; luego, encontrar aplicaciones capaces de absorber el material recuperado y, finalmente, crear mecanismos para que esos nuevos productos puedan volver al sistema.
El modelo de Ontario muestra cómo la responsabilidad del productor y la trazabilidad pueden ayudar a conectar cada una de esas etapas. Empresas como Northwest Rubber demuestran, por su parte, que existe una demanda para convertir neumáticos fuera de uso en productos deportivos, industriales, agrícolas y de construcción.
El desafío ahora es avanzar de una economía donde los neumáticos tienen una segunda vida a otra donde puedan mantenerse dentro del sistema durante el mayor tiempo posible. Porque el verdadero potencial del caucho reciclado no está solamente en darle otro uso a una llanta: está en diseñar cadenas de valor capaces de evitar que el residuo vuelva a convertirse en residuo.












