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¿El compromiso climático funciona? Empresas reducen 11% sus emisiones operativas

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Siete años después del lanzamiento de The Climate Pledge, las empresas que forman parte de esta iniciativa reportan una reducción de sus emisiones operativas superior a la registrada por compañías que no participan en ella. El Informe del Compromiso Climático 2026 señala que los firmantes redujeron colectivamente sus emisiones declaradas en un promedio de 11%, frente a 7% entre sus pares del sector.

El dato ofrece una señal relevante para los líderes ESG: establecer compromisos climáticos puede acompañarse de avances medibles, pero la reducción de emisiones no ocurre de manera uniforme. Mientras la compra de energía renovable ha permitido acelerar algunos resultados, las emisiones directamente asociadas con combustibles y procesos industriales presentan una transformación mucho más lenta.

¿Cuántas empresas forman parte de The Climate Pledge?

The Climate Pledge fue creado en 2019 con el objetivo de que sus empresas firmantes alcancen cero emisiones netas de carbono para 2040, una década antes del horizonte de 2050 establecido por el Acuerdo de París.

El informe de 2026 analiza a más de 700 empresas de 62 sectores y 49 países y territorios. En conjunto, representan alrededor de 3.8 billones de dólares en ingresos anuales, una escala que permite a la iniciativa influir no solo en las operaciones de sus integrantes, sino también en sus cadenas de suministro.

La membresía continuó creciendo durante 2025:

  • 107 empresas se incorporaron durante el año.
  • La membresía aumentó 19% respecto de 2024.
  • El número de firmantes de Latinoamérica creció 164% entre 2024 y 2025.
  • Asia Pacífico registró un incremento de 24%.
  • El sector de moda y belleza sumó 51 empresas y llegó a 60 integrantes.

La dimensión importa porque una compañía puede tener capacidad limitada para modificar por sí sola mercados como el energético, el transporte o la construcción. La concentración de demanda de varias empresas puede generar señales suficientes para que los proveedores inviertan en alternativas bajas en carbono.

Las emisiones operativas de los firmantes bajaron más que las de sus pares

El principal dato del informe es la diferencia entre ambos grupos: los integrantes de The Climate Pledge redujeron sus emisiones operativas declaradas en promedio 11%, mientras que las empresas que no forman parte de la iniciativa registraron una reducción promedio de 7% durante el mismo periodo.

En términos absolutos, los firmantes redujeron 14 millones de toneladas métricas de CO₂e provenientes de sus operaciones directas y de la energía adquirida.

Pero el promedio oculta una diferencia importante. La reducción media entre las empresas que registraron avances llegó a 21%, y tres cuartas partes de los firmantes disminuyeron las emisiones relacionadas con sus operaciones directas y con la electricidad, el calor, el vapor y la refrigeración adquiridos.

Además, decenas de compañías reportaron reducciones de al menos 50%.

Según las estimaciones de The Climate Pledge, si todas las empresas participantes alcanzaran su objetivo de cero emisiones netas para 2040, podrían evitar al menos 2,600 millones de toneladas métricas de CO₂e cada año.

¿Dónde están reduciendo emisiones las empresas?

No todas las fuentes de carbono están avanzando al mismo ritmo. El informe muestra una brecha particularmente clara entre la energía comprada y las emisiones generadas directamente por las operaciones.

Emisiones indirectas por energía adquirida: disminuyeron en promedio 35%. La compra de energías renovables fue el principal factor detrás de esta reducción.

Emisiones operativas directas: disminuyeron apenas 4%. Aquí se encuentran, entre otras, las emisiones provenientes de la combustión de combustibles y de procesos industriales.

Esta diferencia es importante para cualquier estrategia de descarbonización empresarial. Contratar electricidad renovable puede producir reducciones relativamente rápidas, mientras que modificar una flota, electrificar operaciones, rediseñar procesos industriales o sustituir activos físicos requiere inversiones más grandes y periodos de implementación mayores.

Por eso, el siguiente desafío para las empresas no consiste únicamente en seguir comprando energía renovable, sino en intervenir aquellas actividades donde las emisiones operativas son más difíciles de eliminar.

¿Qué están haciendo las empresas para reducir las emisiones más difíciles?

The Climate Pledge está recurriendo cada vez más a proyectos colectivos para atacar sectores en los que una empresa individual tiene menor capacidad de transformación.

Actualmente existen 33 proyectos de acción conjunta respaldados por 122 firmantes. Durante 2025 se incorporaron nueve proyectos que reunieron a 44 empresas para desarrollar soluciones industriales bajas en carbono.

Entre los ejemplos destacan:

  • Transporte de mercancías: la Alianza para la Electrificación del Transporte por Carretera reúne a más de 45 empresas para acelerar el transporte eléctrico entre puertos y almacenes.
  • Transporte eléctrico en mercados emergentes: Laneshift desplegó 357 camiones eléctricos de cero emisiones en India, México y Brasil. En 2025, el programa evitó 3,215 toneladas métricas de CO₂e y generó 1,151 años-empleo.
  • Edificios: el Commercial Heat Pump Accelerator busca desarrollar bombas de calor capaces de reducir entre 20% y 50% el consumo energético de sistemas de climatización.
  • Construcción: una iniciativa basada en madera laminada pretende reducir entre 35% y 65% las emisiones de carbono incorporadas frente al acero y el hormigón convencionales.
  • Hormigón: Climate-Smart Concrete plantea una reducción de carbono de al menos 20% frente a niveles de referencia regionales en Norteamérica.
  • Compra colectiva: la Sustainable Concrete Buyers Alliance reúne a 33 empresas para concentrar la demanda de materiales con menores emisiones.

De los compromisos climáticos a la inversión compartida

El principal aprendizaje del informe para los líderes ESG está en el cambio de etapa que describe: la acción climática corporativa está pasando de establecer objetivos a movilizar adquisiciones, infraestructura e inversión.

Los datos sobre emisiones operativas muestran que sí existen avances entre las empresas participantes, pero también señalan dónde se encuentra el problema más complejo. La reducción de emisiones asociadas con energía comprada puede acelerarse mediante contratos de electricidad renovable; la transformación de vehículos, edificios, maquinaria y procesos industriales exige algo distinto: capital, innovación y coordinación.

Para una empresa que acaba de establecer un objetivo climático, esto significa que la meta de cero emisiones netas no debería quedarse en un indicador corporativo. Necesita traducirse en decisiones concretas sobre compras, activos, proveedores y tecnología.

¿Qué significa esto para la estrategia ESG?

El caso de The Climate Pledge deja tres elementos que pueden ser útiles para las compañías que diseñan sus propias hojas de ruta:

  1. Medir antes de afirmar avances. La reducción de emisiones debe acompañarse de datos que permitan distinguir entre operaciones directas, energía adquirida y otras fuentes.
  2. Priorizar las emisiones difíciles. Una reducción rápida mediante energía renovable no elimina automáticamente los retos asociados con transporte, procesos industriales o activos físicos.
  3. Usar el poder de compra. Cuando una empresa no puede modificar por sí sola la infraestructura disponible, la demanda conjunta puede ayudar a crear un mercado para tecnologías bajas en carbono.

La experiencia también pone sobre la mesa una cuestión para los consejos de administración y los responsables de sostenibilidad: el compromiso climático tiene mayor relevancia cuando modifica decisiones de negocio. Los objetivos sirven como dirección, pero son las inversiones, las adquisiciones y la transformación de operaciones las que determinan cuánto pueden reducirse realmente las emisiones.

En ese sentido, el 11% de reducción promedio de las emisiones operativas de los firmantes representa un avance cuantificable, pero también un punto de partida. La brecha entre las emisiones indirectas y las directas deja claro que la siguiente fase de la descarbonización será más costosa, tecnológica y dependiente de la colaboración entre empresas. El reto para ESG ya no es únicamente comprometerse con 2040 o 2050, sino demostrar qué decisiones se están tomando hoy para llegar a esas fechas.

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