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Noticias¿Quieres viajar de forma sostenible? Estos son los 7 mejores destinos

¿Quieres viajar de forma sostenible? Estos son los 7 mejores destinos

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Viajar suele comenzar con una pregunta sencilla: ¿a dónde vamos? Pero en un contexto de crisis climática, quizá sea momento de sumar otra: ¿qué impacto tendrá nuestra visita? Los incendios forestales, las inundaciones y la pérdida de ecosistemas muestran que el cambio climático ya está transformando territorios y comunidades. 2024 fue el año más caluroso registrado desde 1880, de acuerdo con los registros históricos disponibles. Ante este escenario, incluso las decisiones asociadas al turismo merecen una segunda mirada.

Esto no significa que viajar deba convertirse en una actividad imposible o limitada, sino que la manera de hacerlo importa. Elegir trenes cuando existe una alternativa al avión, consumir en negocios locales y reservar con operadores que cuentan con políticas ambientales verificables son algunas acciones al alcance de los viajeros. En ese sentido, los destinos sostenibles ofrecen algo más que paisajes atractivos: muestran cómo el turismo puede convertirse en una herramienta para conservar territorios, fortalecer comunidades y transformar economías.

Destinos sostenibles que están cambiando la forma de hacer turismo

Una selección de Time Out reúne siete destinos que han asumido compromisos concretos para reducir los impactos asociados con la actividad turística. La lista incluye territorios de Europa, Sudamérica, Centroamérica y Oceanía, con estrategias que van desde certificaciones nacionales hasta modelos de conservación financiados por los propios visitantes.

No hay una receta única. Mientras algunos lugares ponen el foco en la economía local, otros priorizan la protección de ecosistemas o establecen límites al acceso turístico. Esa diversidad resulta relevante porque demuestra que la sostenibilidad depende de las condiciones sociales, económicas y ambientales de cada territorio.

1. Aberdeenshire: cuando el turismo acompaña una transición energética

En la costa este de Escocia, Aberdeenshire enfrenta un desafío que trasciende al turismo: dejar atrás una economía históricamente vinculada con el petróleo y el gas del Mar del Norte. Mientras Reino Unido mantiene su objetivo de alcanzar cero emisiones netas para 2050, la región busca nuevas actividades económicas capaces de acompañar la transición hacia las energías renovables.

El turismo se ha convertido en una de esas alternativas. Refugios forestales como Cairngorm Bothies, alojamientos como Manar House y establecimientos gastronómicos como Barra Farmshop and Kitchen y Forest Farm Organic Dairy and Fish Shop ofrecen experiencias vinculadas con la naturaleza y el consumo de productos locales. El atractivo no está únicamente en el paisaje, sino en la posibilidad de que el gasto de los visitantes fortalezca negocios de la propia región.

Para quienes buscan destinos sostenibles, Aberdeenshire plantea una idea especialmente relevante: viajar también puede significar respaldar una transformación económica. Elegir alojamientos que utilizan energías renovables o restaurantes que trabajan con productores locales permite que parte del dinero del turismo permanezca en las comunidades. Así, una escapada puede contribuir, aunque sea a pequeña escala, a una transición que busca reducir la dependencia de los combustibles fósiles.

2. Emilia-Romaña: llevar el turismo hasta donde se produce la comida

Durante décadas, Italia ha desarrollado el agroturismo como una alternativa para acercar a los visitantes a las comunidades rurales. Actualmente existen más de 20 mil granjas y viñedos que participan en esta tendencia, vinculada con la conservación del suelo, la tierra y la naturaleza. Emilia-Romaña destaca dentro de este modelo por combinar producción agrícola, gastronomía y experiencias para los viajeros.

La propuesta también responde a un problema de distribución de los beneficios turísticos. Roma, Florencia y Venecia concentran buena parte de los visitantes y del gasto, mientras numerosas comunidades rurales reciben una proporción menor de esa derrama económica. El agroturismo modifica parcialmente esa dinámica al llevar a los viajeros hacia las zonas productoras y convertir las actividades agrícolas en parte de la experiencia.

En Emilia-Romaña, una visita puede incluir la vendimia, elaboración de queso o degustación de productos regionales como el vino Albana. Para el viajero, la experiencia permite conocer qué hay detrás de lo que llega al plato; para las comunidades, genera ingresos que ayudan a mantener actividades productivas y prácticas tradicionales. En este caso, la sostenibilidad también pasa por algo tan cotidiano como decidir dónde comer y dónde dormir.

3. Quito: cuando una estancia turística ayuda a financiar ciencia

Quito suele asociarse con su patrimonio urbano y cultural, pero sus alrededores esconden una enorme riqueza natural. A pocas horas de la capital ecuatoriana existen 17 ecosistemas diferentes. En el Bosque del Chocó, la Reserva Mashpi se ha convertido además en un espacio donde turismo, conservación e investigación científica se encuentran.

Los biólogos de la reserva han descrito 22 especies, entre ellas la rana de cristal de Mashpi. Parte de la conservación de este territorio se financia mediante las donaciones de los visitantes del Mashpi Lodge. El modelo establece una conexión particularmente interesante entre turismo y ciencia: el dinero generado por quienes llegan a conocer el bosque ayuda a seguir investigando aquello que todavía no conocemos de él.

En Yunguilla, los senderos ancestrales generan ingresos para proyectos comunitarios y de agricultura sostenible. Por ello, visitar Quito desde una perspectiva responsable puede implicar combinar experiencias de naturaleza con iniciativas gestionadas por las comunidades. El resultado es un modelo donde la biodiversidad no se contempla únicamente como un atractivo turístico, sino como un patrimonio cuya protección también puede generar oportunidades para quienes viven alrededor de ella.

4. Gales: turismo que apuesta por las comunidades locales

El crecimiento del turismo en Gales no ha desplazado por completo a los pequeños negocios. En regiones como Anglesey, Eryri, Ceredigion y Pembrokeshire todavía es posible encontrar casas de huéspedes, granjas y hoteles boutique que mantienen una relación estrecha con las comunidades locales.

Esta apuesta también aparece en la gastronomía. Restaurantes y tiendas ofrecen productos de temporada provenientes de agricultores y productores de la región, creando una cadena más corta entre el campo y la mesa. Para los visitantes, esto significa una experiencia más conectada con el territorio; para los productores, una oportunidad de encontrar nuevos mercados y mantener prácticas agrícolas locales.

Aquí, la decisión del viajero puede tener un efecto directo. Reservar una casa de huéspedes independiente en lugar de una gran cadena, comprar a productores locales o elegir una estancia en una granja ayuda a mantener una mayor proporción del gasto dentro de la economía regional. Gales recuerda que hablar de turismo sostenible también significa preguntarse quién recibe los beneficios económicos de cada visita.

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5. Eslovenia: convertir la sostenibilidad en un estándar verificable

Una de las dificultades del turismo responsable es distinguir entre compromisos reales y estrategias de marketing. Eslovenia ha intentado responder a este problema mediante un programa nacional de certificación ecológica que incorpora a hoteles, restaurantes y operadores turísticos.

El Green Scheme contempla un proceso de 11 pasos que incluye informes ambientales, la creación de equipos dedicados a la sostenibilidad y una reevaluación cada tres años. Además, la oficina nacional de turismo promueve a las empresas certificadas, creando un incentivo para que más negocios adopten prácticas ambientales y mantengan sus compromisos.

Para los viajeros, este sistema facilita una decisión que de otro modo puede resultar complicada: identificar qué establecimientos cuentan realmente con un respaldo institucional. Consultar las opciones certificadas antes de reservar permite reducir el riesgo de caer en mensajes ambientales poco claros. En un sector donde el greenwashing también representa un desafío, la existencia de criterios y evaluaciones periódicas adquiere especial relevancia.

6. Queensland: proteger la Gran Barrera implica decirle no a algunos visitantes

La Gran Barrera de Coral se extiende aproximadamente 2,300 kilómetros frente a Queensland y es uno de los ecosistemas marinos más importantes del planeta. Sin embargo, frente al aumento del blanqueamiento de los corales relacionado con el cambio climático, el acceso turístico ha sido limitado: solo alrededor del 7% permanece abierto a los visitantes.

La lógica detrás de esta decisión es sencilla, aunque incómoda para la industria turística: no todo lo que puede visitarse debería estar disponible para todos. Reducir la presión humana permite proteger una superficie mucho mayor del arrecife y disminuir parte del estrés asociado con la actividad turística.

La propuesta se complementa con experiencias de ciencia ciudadana. A través de iniciativas como Guardians of the Reef, algunos visitantes pueden participar en el monitoreo de especies invasoras o en proyectos de restauración de corales. El viajero deja así de ser únicamente consumidor de una experiencia y se convierte en participante de la conservación. Queensland demuestra que los destinos sostenibles también necesitan poner límites para proteger aquello que los hace atractivos.

7. Costa Rica: hacer de la conservación una estrategia nacional

Costa Rica concentra alrededor del 6% de la biodiversidad mundial y mantiene casi un tercio de su territorio bajo alguna categoría de protección. Sus bosques, volcanes, playas, sabanas y selvas han convertido al país en uno de los referentes internacionales del ecoturismo.

Pero detrás de la imagen de destino natural existe una estrategia de largo plazo. Las políticas de conservación han contribuido a proteger amplias extensiones de territorio, mientras el país también ha apostado por las energías renovables. La combinación permite que la naturaleza no sea únicamente un recurso turístico, sino uno de los pilares de su modelo de desarrollo.

Lapa Rios Eco Lodge, en la Península de Osa, ofrece actividades como caminatas por la selva, avistamiento de fauna y kayak. En Monteverde, la Reserva Biológica del Bosque Nuboso permite conocer otros esfuerzos de conservación. Más que visitar dos lugares atractivos, recorrerlos ofrece la oportunidad de entender cómo la protección de los ecosistemas puede convertirse en una fuente de actividad económica para las comunidades.

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Destinos sostenibles: cuando conservar también significa limitar

El turismo responsable no siempre consiste en abrir nuevas experiencias. En algunos casos, la decisión más sostenible puede ser limitar el acceso, proteger una mayor superficie o establecer condiciones más estrictas para quienes visitan un ecosistema vulnerable.

Queensland y Costa Rica representan dos aproximaciones distintas a esta lógica. El primero utiliza el acceso controlado y la ciencia ciudadana para proteger la Gran Barrera de Coral. El segundo ha construido durante décadas una estrategia nacional basada en la conservación de sus ecosistemas y el desarrollo de energías renovables.

El reto no es solo elegir un destino, sino cómo viajamos

Estos siete ejemplos muestran que el turismo sostenible no depende exclusivamente de que un destino tenga bosques, playas o montañas. Lo determinante está en lo que ocurre alrededor de esos atractivos: quién recibe los ingresos, qué se conserva, qué impactos se reducen y qué reglas existen para proteger el territorio.

Por eso, elegir destinos sostenibles implica mirar más allá de una etiqueta. Significa buscar certificaciones, consumir localmente, elegir operadores transparentes, respetar las restricciones ambientales y considerar alternativas de transporte con menor impacto cuando sean viables. El viaje comienza mucho antes de llegar al destino, con las decisiones que tomamos al planearlo.

En un planeta que ya enfrenta los efectos del cambio climático, viajar de manera responsable no resolverá por sí solo la crisis ambiental. Pero sí puede contribuir a fortalecer modelos económicos y turísticos que prioricen la conservación y el bienestar de las comunidades.

La pregunta, entonces, puede cambiar: no solo se trata de preguntarnos cuál será nuestro próximo destino, sino qué tipo de turismo queremos ayudar a construir con cada viaje. Porque conocer el mundo también implica asumir cierta responsabilidad sobre el futuro de los lugares que queremos seguir visitando.

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