Una empresa puede pasar años construyendo una reputación sólida en sostenibilidad y, aun así, descubrir que esa fortaleza puede convertirse en una vulnerabilidad financiera. Un estudio de la Murdoch Business School encontró que las rebajas en las calificaciones ESG pueden provocar caídas más pronunciadas en el precio de las acciones cuando los inversores mantienen una percepción especialmente positiva de la compañía.
La investigación analizó más de 6,700 cambios en las calificaciones ESG de empresas del S&P 500 entre 2010 y 2024. El resultado apunta a una idea clave: cuanto mayores son las expectativas de los inversores, más fuerte puede ser la reacción del mercado cuando el desempeño ESG de una empresa se deteriora.
¿Por qué perder puntos ESG puede afectar al precio de las acciones?
Las calificaciones ESG evalúan aspectos ambientales, sociales y de gobernanza de las empresas, desde emisiones de carbono y gestión de recursos hasta prácticas laborales, ética corporativa y calidad de la gobernanza. Estas evaluaciones son utilizadas por inversores y gestores de fondos como una de las fuentes de información para analizar riesgos y oportunidades.
El estudio de la Murdoch Business School encontró que las rebajas en las calificaciones ESG fueron seguidas por rentabilidades anormales acumuladas negativas, con un impacto económico significativo. En contraste, las mejoras en las calificaciones generaron respuestas positivas del mercado más débiles y de menor duración.
La diferencia resulta importante porque muestra que el mercado no responde de la misma manera ante una buena y una mala noticia. Una mejora puede confirmar expectativas existentes; una rebaja, en cambio, puede obligar a los inversores a reconsiderar una valoración que ya incorporaba una visión favorable sobre la empresa.

Puntos ESG: cuando las expectativas amplifican la caída
Para entender el fenómeno, imaginemos a una compañía considerada durante años como referente en sostenibilidad. Sus avances ambientales son conocidos, su gobierno corporativo goza de buena reputación y sus acciones forman parte de carteras de inversores interesados en criterios ESG. Entonces llega una rebaja inesperada.
La investigación encontró que el sentimiento positivo de los inversores fue el factor que más influyó en la reacción del mercado ante una rebaja ESG. Los investigadores analizaron noticias y datos de redes sociales específicos de cada empresa y clasificaron el sentimiento en cinco categorías: positivo, negativo, riesgo, volatilidad y percepción sobre la gestión.
El resultado fue contundente: el optimismo previo tuvo una influencia mucho mayor que el miedo, el riesgo, la volatilidad o las preocupaciones relacionadas con la dirección de la empresa. En otras palabras, el problema no es únicamente que la evaluación empeore, sino que lo haga cuando el mercado esperaba que la compañía siguiera haciéndolo bien.
¿Qué empresas tienen más que perder?
El efecto fue especialmente pronunciado entre las empresas grandes y aquellas con un historial ESG sólido antes de recibir una rebaja. Estas compañías suelen atraer mayor atención de los inversores y, al mismo tiempo, generan expectativas más elevadas respecto de su desempeño futuro.
La explicación también puede estar relacionada con la composición de sus accionistas. Los investigadores señalan que las grandes compañías y las empresas con una fuerte reputación ESG tienen mayores probabilidades de estar en manos de inversores institucionales y fondos con mandatos relacionados con sostenibilidad.
Esto puede incrementar la sensibilidad del mercado ante un deterioro inesperado. Para una compañía que ha convertido la sostenibilidad en parte importante de su posicionamiento corporativo, una caída en su evaluación puede interpretarse no solo como un dato negativo, sino como una señal de que existe una brecha entre lo que prometía su desempeño y lo que realmente está ocurriendo.

Puntos ESG: ¿se puede confiar en una sola calificación?
Aquí aparece una consideración fundamental: las calificaciones ESG no están estandarizadas. Diferentes agencias pueden analizar a una misma empresa y llegar a conclusiones considerablemente distintas debido a sus metodologías, indicadores y ponderaciones.
Un estudio que comparó seis importantes agencias de calificación ESG encontró correlaciones de entre 0.38 y 0.71 entre sus evaluaciones. Además, las diferencias en la manera de medir los factores de sostenibilidad explicaban más de la mitad de la divergencia entre las calificaciones.
Por eso, una rebaja no debería interpretarse automáticamente como evidencia de que una empresa se ha vuelto menos sostenible en todos los ámbitos. Para analizarla correctamente es necesario conocer qué indicador cambió, qué metodología utilizó la agencia, qué información provocó la modificación y cómo interpreta el mercado ese cambio.
¿Por qué siguen siendo relevantes las inversiones sostenibles?
El impacto financiero de las calificaciones ESG ocurre en un contexto en el que la inversión sostenible continúa movilizando grandes cantidades de capital. De acuerdo con Morningstar, los fondos sostenibles globales gestionaban aproximadamente 3.7 billones de dólares al cierre del segundo trimestre de 2026, alcanzando un máximo histórico.
En Estados Unidos, los fondos sostenibles registraron entradas netas de casi 3,000 millones de dólares durante ese trimestre, su primer periodo positivo después de 14 trimestres consecutivos de salidas. Aunque la demanda varía considerablemente entre regiones, estas cifras muestran que los factores de sostenibilidad siguen formando parte de las decisiones de asignación de capital.
Esto ayuda a explicar por qué una modificación en una evaluación ESG puede tener consecuencias financieras. Cuando suficientes inversores consideran relevante la información ambiental, social o de gobernanza, un cambio en la percepción sobre estos factores puede incorporarse al proceso mediante el cual el mercado valora una empresa.

¿Qué significa el estudio para las empresas y los inversores?
Para las empresas, la principal lección es clara: una reputación ESG sólida no elimina el riesgo financiero asociado con un deterioro de su desempeño. Incluso puede aumentar la exposición cuando las expectativas de los inversores son particularmente elevadas.
“Las empresas que han forjado una sólida reputación en materia de ESG no deberían asumir que están a salvo del riesgo de mercado”, señaló Phu Ngoc Tran, profesora de la Murdoch Business School y autora principal del estudio. De acuerdo con la investigación, precisamente estas organizaciones pueden enfrentar una reacción negativa más severa si su desempeño ESG se deteriora.
Para los inversores, el mensaje es diferente pero complementario: una modificación en una calificación ESG debe analizarse junto con el sentimiento y las expectativas existentes sobre la compañía. La misma rebaja puede tener impactos financieros muy diferentes dependiendo de lo que el mercado esperaba antes de conocerla.
El estudio de la Murdoch Business School cambia ligeramente la pregunta sobre el impacto financiero de la sostenibilidad. No se trata solamente de saber si una empresa mejoró o empeoró su desempeño ESG, sino de entender qué esperaba el mercado de ella antes de recibir esa información. Una mala noticia puede ser mucho más costosa cuando llega después de años de construir una imagen excepcionalmente positiva.
Para las compañías, esto convierte la gestión de expectativas en una parte cada vez más importante de la estrategia ESG. La sostenibilidad no solo implica establecer metas, cumplir compromisos y comunicar avances: también significa mantener la coherencia entre lo que una empresa promete, lo que realmente hace y lo que los inversores esperan de ella. En un mercado donde los criterios ESG continúan influyendo en la asignación de capital, decepcionar después de haber construido una gran reputación puede resultar más caro que empezar con expectativas moderadas.











