Al considerar que las mujeres juegan un papel cada día más importante en el desarrollo de las empresas en la región, y para aportar herramientas para cerrar la brecha de género en tecnología y sostenibilidad, el Tecnológico de Monterrey organizó el Foro Women In, Mujeres que cambian el rumbo, en el que participó Martha Herrera.
La consejera de empresas y de organizaciones de la sociedad civil moderó el panel “Hacia cadenas de valor responsables: Mujeres guiando la nueva agenda ESG de la región”, donde se dialogó sobre el papel que juegan las mujeres en las empresas en la actualidad.
En su primera intervención en el panel, en el que participaron Samantha Rodríguez, senior Sustainability Manager Latam en Chep; Carmen Garza T Junco, Fundadora y Directora de Fundación Frisa; y Francisco Suárez, Director of Public Affairs Strategic Relations en Femsa; Herrera señaló que la organización de las empresas ha cambiado de forma radical y cada vez es más necesario atender factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG, por sus siglas en inglés).
“Las condiciones de la cadena de valor ha cambiado. Hay más presión regulatoria, hay más presión de los inversionistas, hay consumidores más informados, hay más necesidad de atraer, pero también de retener el talento, entonces, son muchas las presiones que tienen las pequeñas y medianas empresas que son parte de las cadenas de valor de las grandes empresas y si no hay este acompañamiento para lograrlo, pues difícilmente vamos a lograr tener un país con criterios ESG en su totalidad”, refirió la también gestora social.
Herrera agregó que ella tiene más de 35 años de participar en los procesos de sostenibilidad, responsabilidad social y criterios ESG en muchas empresas, lo que le ha permitido ver como las mujeres son líderes en este movimiento.
“Las mujeres sí hemos jugado un rol fundamental en redefinir esas prioridades (de políticas ESG), en articular esas alianzas y sobre todo en empujar esa ese pensamiento transformador, porque eso es lo que se requiere dentro de las organizaciones y las empresas”, señaló.
En su participación, Carmen Garza T Junco señaló que la transformación de las comunidades es una prioridad para Frisa, por lo que se han enfocado en la creación de nuevos espacios educativos.
“Creo que hay muchos ejemplos de cosas que podemos hacer en alianza, que pueden migrar a esa la sostenibilidad, cuando lo ves como un win-win.
“Actualmente, desde Frisa, les platico porque es un proyecto que nos trae muy muy emocionados, estamos alineando el modelo de negocio, fomentando la creación de una nueva preparatoria técnica y al principio me decían: ‘Bueno, es que esto es del área de Fundación, es como un área hacia la comunidad’. Y no, la verdad es que es un tema de sostenibilidad”, explicó Carmen Garza T Junco.
Por su parte, Francisco Suárez, Director of Public Affairs Strategic Relations en Femsa, explicó que desde Oxxo se han enfocado en que las marcas locales lleguen más lejos.
“A veces no le pegas, o sea, de repente tienes una meta de energía renovable y creciste en otro lado que no se puede avanzar y también por qué no le pegaste. En cadena de valor, lo comenté hace rato, la parte de proveedores locales o proveedores es súper importante, los que son de la comunidad”, dijo.
Y finalmente, Samantha Rodríguez, senior Sustainability Manager Latam en Chep, explicó que la colaboración es uno de los temas en los que hay que centrarse.
“Creo que ya lo hemos escuchado múltiples veces aquí, la colaboración, colaboración, no solamente entre empresas, sino entre diferentes sectores (…). En verdad, es solamente la colaboración la que nos va a llevar a ese punto donde queremos estar”, refirió.
Para cerrar el diálogo, Herrera agregó que durante su paso por la Secretaría de Igualdad e Inclusión se enfocó en que las empresas se sumaran a los criterios ESG y que desde el Gobierno se les diera un reconocimiento por ello.
“Yo creo que nos queda claro a todos con esta conversación que los temas ESG no son temas periféricos, deben, deben ser temas estratégicos de cualquier organización, no nada más de las empresas, de los gobiernos, de las universidades, de las organizaciones y de las empresas para lograr realmente tener un Nuevo León y un México responsable, un México sostenible, que esté pensando en la vanguardia, que esté cambiando esos modelos de negocio y que esté tomando este tema no como declaraciones de escritorio, sino realmente en las decisiones, en las alianzas, en las métricas y lograr realmente incorporar a las pequeñas y medianas empresas es fundamental”, enfatizó Herrera.
La sostenibilidad ya no es un discurso aspiracional dentro del deporte motor; hoy es una exigencia tangible que redefine la forma en que se diseñan, operan y evalúan las competencias. En este contexto, la Fórmula E presenta el Gen4, un modelo que combina alto rendimiento con principios de economía circular, posicionándose como el primer auto de carreras cero residuos en la historia del automovilismo profesional.
Este avance no solo responde a la evolución tecnológica del campeonato, sino a una presión creciente por integrar criterios ESG en industrias tradicionalmente intensivas en recursos. Así, el Gen4 no se limita a ser un vehículo más rápido: es una plataforma de innovación que demuestra cómo el auto de carreras cero residuos puede convertirse en un estándar replicable para otros sectores.
Rendimiento extremo con lógica sostenible
El Gen4 eleva significativamente los parámetros de desempeño dentro de la Fórmula E. Con una velocidad máxima superior a los 320 km/h y una aceleración de 0 a 96 km/h en apenas 1.8 segundos, el monoplaza marca un nuevo referente en la categoría. Además, logra reducir hasta 10 segundos por vuelta respecto a su antecesor en fases de clasificación.
Este incremento se explica por una potencia de hasta 600 kW —71% superior a la generación previa—, así como por mejoras en aerodinámica y estabilidad. El rediseño estructural, que incluye una carrocería más larga y neumáticos más anchos, permite gestionar esta potencia sin comprometer el control ni la seguridad.
Uno de los diferenciales más relevantes del Gen4 es su concepción bajo principios de circularidad. La Fórmula E ha diseñado este monoplaza para ser construido íntegramente con materiales reutilizables, integrando además más de un 20% de contenido reciclado en su composición.
La incorporación de fibra de carbono reciclada y materiales de base biológica responde a una lógica clara: reducir la dependencia de recursos vírgenes y minimizar los residuos generados a lo largo del ciclo de vida del vehículo. En este sentido, el auto de carreras cero residuos se posiciona como un caso de referencia sobre cómo aplicar la sostenibilidad en procesos de alta complejidad técnica.
Eficiencia energética: regeneración como ventaja competitiva
Más allá de los materiales, el Gen4 destaca por su capacidad de gestión energética. Su sistema de propulsión permite recuperar cerca del 50% de la energía utilizada durante la carrera, alcanzando niveles de regeneración de hasta 700 kW. Este enfoque no solo mejora la eficiencia del vehículo, sino que también reduce la demanda energética total, alineándose con objetivos globales de descarbonización. La integración de una batería de 55 kWh y un sistema de tracción integral de doble motor refuerza esta estrategia, equilibrando potencia y sostenibilidad.
El desarrollo del Gen4 es resultado de un ecosistema colaborativo en el que participan fabricantes líderes como Porsche, Jaguar, Stellantis, Nissan, Lola Cars y Mahindra.
Este modelo de co-creación permite acelerar la innovación y trasladar aprendizajes del entorno competitivo hacia soluciones comerciales. En consecuencia, el Gen4 no solo impacta al deporte, sino que también contribuye al desarrollo de tecnologías aplicables en la movilidad cotidiana.
De la pista a la estrategia ESG
El lanzamiento del Gen4 también puede leerse como una declaración estratégica. Para la Fórmula E, este modelo representa la consolidación de un enfoque donde la sostenibilidad forma parte del núcleo del negocio, y no de acciones periféricas.
En un entorno donde las empresas enfrentan mayores exigencias de transparencia y resultados, iniciativas como el auto de carreras cero residuos ofrecen evidencia concreta de que es posible integrar desempeño ambiental sin sacrificar competitividad ni innovación.
Desde la perspectiva de los pilotos, el Gen4 mantiene —e incluso amplifica— la esencia del automovilismo. Figuras como Lucas di Grassi destacan su aceleración y comportamiento dinámico, mientras que Jake Dennis subraya su velocidad y capacidad de ofrecer carreras más intensas.
Estas opiniones confirman que la transición hacia modelos más sostenibles no implica renunciar a la emoción, sino redefinirla. El Gen4 demuestra que la innovación ambiental puede coexistir con experiencias de alto impacto para audiencias globales.
Auto de carreras cero residuos: hacia un nuevo estándar sectorial
El concepto de auto de carreras cero residuos trasciende el ámbito deportivo. Su implementación abre la puerta a nuevas formas de diseñar productos, gestionar recursos y medir impactos en industrias diversas.
A medida que la sostenibilidad se convierte en un criterio de competitividad, este tipo de desarrollos pueden acelerar la adopción de prácticas más responsables, consolidando un cambio sistémico que va más allá del automovilismo. El Gen4 marca un punto de inflexión en la evolución de la Fórmula E y en la narrativa del deporte motor. Su capacidad para integrar rendimiento, eficiencia y circularidad lo posiciona como un referente en innovación sostenible.
En este contexto, el auto de carreras cero residuos no solo redefine lo que ocurre en la pista, sino también las expectativas sobre el papel de la tecnología en la construcción de un futuro más responsable. El reto ahora será escalar estas soluciones y convertirlas en la norma, no en la excepción.
Nuestra jerarquía simplificada de las luces y sombras, de lo que todos hablan y lo que pocos saben en el mundo de la responsabilidad corporativa y la sostenibilidad.
Trendy – Rincón de la infamia
¿Renunciar a un trabajo tóxico es un privilegio? Consejo de Emily Blunt abre debate sobre precariedad laboral
La conversación sobre bienestar laboral ha evolucionado rápidamente, pero aún persiste una tensión estructural: ¿hasta qué punto las organizaciones priorizan la productividad por encima de la salud mental? Hoy, la evidencia es contundente: las empresas deben involucrarse en la salud mental no solo por razones éticas, sino por su impacto directo en la sostenibilidad del negocio. Ignorar este vínculo ya no es una opción viable en entornos corporativos cada vez más exigentes.
En el marco del Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, especialistas en bienestar y salud ocupacional han reiterado que la gestión de los riesgos psicosociales es una responsabilidad compartida, pero con un peso significativo en las organizaciones. Cuando las empresas deben involucrarse en la salud mental, el enfoque no puede limitarse a beneficios aislados; requiere una transformación estructural en la forma de gestionar el talento, el liderazgo y la cultura organizacional.
El costo invisible: cómo los riesgos psicosociales afectan a los colaboradores
Los datos revelan una realidad preocupante: cerca del 60% de los colaboradores buscan apoyo en salud mental dentro de sus organizaciones. Esta cifra no solo evidencia una demanda creciente, sino también un desgaste emocional acumulado que tiene origen, en gran medida, en el entorno laboral.
“sí hay una responsabilidad que se extiende no nada más en tu trabajo, sino qué pasa con el colaborador que los mandaste desgastado a su casa”.
Esta afirmación subraya que el impacto del trabajo trasciende la jornada laboral, afectando la vida personal y las relaciones de los colaboradores.
Aunque el 60% de las consultas están relacionadas con problemas familiares o de pareja, estos no pueden analizarse de forma aislada. Las condiciones laborales, como cargas excesivas o falta de conciliación, actúan como detonantes que exacerban conflictos personales, amplificando el impacto de los riesgos psicosociales.
A nivel global, la magnitud del problema es aún más clara. La Organización Internacional del Trabajo estima que 840,000 personas mueren cada año por factores asociados a riesgos psicosociales, además de una pérdida equivalente al 1.37% del PIB mundial. Estos datos confirman que las empresas deben involucrarse en la salud mental como una prioridad estratégica.
El rol empresarial: corresponsabilidad y gestión de riesgos psicosociales
El marco normativo en México establece claramente que las empresas deben gestionar los riesgos psicosociales en el trabajo. Sin embargo, más allá del cumplimiento legal, existe una responsabilidad estructural en reconocer el impacto que las condiciones laborales generan en los colaboradores.
Las empresas deben involucrarse en la salud mental desde una lógica preventiva. Esto implica no solo ofrecer servicios de atención psicológica, sino identificar y mitigar factores de riesgo como jornadas extensas, cargas de trabajo desproporcionadas o entornos laborales hostiles.
Selene Romero lo resume con claridad: “como empresa somos responsables del desgaste emocional que se genera en la jornada”. Esta perspectiva redefine el rol organizacional, trasladándolo de un modelo reactivo a uno proactivo en la gestión del bienestar.
No obstante, la corresponsabilidad también implica la participación activa de los colaboradores. El acceso a servicios de bienestar debe complementarse con una cultura que incentive su uso, reconociendo que el autocuidado es un componente esencial en la ecuación.
Liderazgos tóxicos: el factor crítico que las empresas no pueden ignorar
Uno de los elementos más determinantes en la salud mental laboral es el estilo de liderazgo. Los llamados “jefes tóxicos” representan un riesgo directo para el bienestar de los equipos, al generar ambientes de trabajo donde predominan la presión, la falta de empatía y la inseguridad psicológica.
“si tenemos líderes que mantienen un ambiente tóxico […] los factores de riesgo psicosocial van a persistir”.
Esta afirmación evidencia que el liderazgo no solo influye en la productividad, sino que define la calidad del entorno laboral.
Las actitudes asociadas a liderazgos tóxicos incluyen micromanagement, comunicación agresiva, falta de reconocimiento y desinterés por el bienestar del equipo. Estas prácticas no solo afectan la salud mental, sino que erosionan el compromiso y la confianza organizacional.
Avanzar hacia liderazgos responsables implica desarrollar competencias emocionales, fomentar la empatía y establecer métricas que evalúen no solo resultados, sino también el impacto en las personas. En este sentido, las empresas deben involucrarse en la salud mental integrando el liderazgo como eje central de su estrategia.
Productividad sostenible: cómo equilibrar desempeño y bienestar
El falso dilema entre bienestar y productividad ha sido uno de los principales obstáculos para avanzar en la agenda de salud mental. Sin embargo, la evidencia demuestra que ambos elementos son interdependientes: equipos saludables son más productivos, resilientes e innovadores.
Para lograr este equilibrio, las organizaciones deben implementar medidas concretas. Entre ellas, destacan la gestión adecuada de cargas de trabajo, la promoción de la desconexión digital, el diseño de esquemas flexibles y la evaluación continua del clima laboral.
Asimismo, es fundamental integrar indicadores de bienestar en los sistemas de medición del desempeño. Esto permite visibilizar la salud mental como un activo estratégico y no como un costo operativo.
Finalmente, las empresas deben involucrarse en la salud mental desde una perspectiva sistémica, donde cada decisión organizacional —desde la estrategia hasta la operación diaria— considere su impacto en las personas. Solo así será posible construir modelos de productividad verdaderamente sostenibles.
Del discurso a la acción en salud mental corporativa
El debate sobre si priorizar el bienestar o la productividad está quedando obsoleto. Hoy, la evidencia apunta a una conclusión clara: las empresas deben involucrarse en la salud mental como parte integral de su estrategia de negocio y de su compromiso ESG. No hacerlo implica no solo riesgos humanos, sino también operativos y reputacionales.
El reto ahora es pasar del discurso a la acción. Esto requiere liderazgo, inversión y una transformación cultural profunda. En un entorno donde el talento es el principal activo, cuidar la salud mental no es solo una responsabilidad ética, sino una condición indispensable para la sostenibilidad empresarial.
La conversación climática ya no es marginal. Hoy, el consenso científico y social sobre la emergencia ambiental atraviesa gobiernos, empresas y consumidores, incluso frente a corrientes negacionistas que aún persisten. En este contexto, las industrias buscan posicionarse como parte de la solución, integrando discursos sostenibles en su narrativa corporativa. Sin embargo, entre lo que se promete y lo que realmente se ejecuta, comienza a abrirse una brecha difícil de ignorar.
La industria agroganadera, particularmente la cárnica y láctea, se ha convertido en un caso emblemático de esta tensión. Mientras sus informes de sostenibilidad destacan compromisos climáticos ambiciosos, nuevas investigaciones apuntan a que estos esfuerzos podrían ser más discursivos que reales. El fenómeno del greenwashing en carne y lácteos no solo cuestiona la credibilidad empresarial, sino que también pone en jaque la capacidad del mercado para impulsar cambios ambientales genuinos.
Greenwashing en carne y lácteos: promesas que no aterrizan
Un análisis reciente de la Universidad de Miami examinó 1,233 afirmaciones ambientales de 33 grandes empresas del sector. El resultado es contundente: el 98% de estas declaraciones pueden clasificarse como greenwashing o ecopostureo. Este dato no solo evidencia una tendencia preocupante, sino que redefine la manera en que se deben interpretar los compromisos climáticos corporativos.
Más allá de la cifra, lo relevante es el tipo de afirmaciones predominantes. Muchas de ellas se centran en metas futuras, como alcanzar la neutralidad de carbono en 2030 o restaurar recursos hídricos a gran escala, sin detallar rutas claras ni mecanismos verificables. En otras palabras, el greenwashing en carne y lácteos se construye sobre promesas aspiracionales que carecen de sustento operativo.
El lenguaje climático como estrategia reputacional
El estudio revela que el 68% de las afirmaciones analizadas están relacionadas con el clima. Esto demuestra cómo la crisis ambiental se ha convertido en el eje central del discurso de sostenibilidad empresarial. Hablar de emisiones, neutralidad o impacto climático ya no es opcional: es parte del estándar comunicativo.
Sin embargo, esta centralidad también abre la puerta a su instrumentalización. Cuando el lenguaje climático se utiliza sin respaldo técnico o científico, deja de ser una herramienta de transformación y se convierte en un recurso reputacional. Así, las empresas logran posicionarse como responsables sin necesariamente modificar sus operaciones de fondo.
Evidencia débil, narrativa fuerte
Solo el 29% de las afirmaciones analizadas contaban con algún tipo de evidencia de respaldo, y en apenas tres casos se trataba de evidencia científica académica. Este desbalance entre narrativa y sustento revela un problema estructural en la comunicación corporativa.
La falta de pruebas no solo debilita la credibilidad de las empresas, sino que también dificulta la toma de decisiones informadas por parte de consumidores e inversionistas. En este escenario, el discurso sostenible corre el riesgo de convertirse en una simulación cuidadosamente construida.
Compensar no es descarbonizar
De las 33 empresas analizadas, 17 han adoptado compromisos de cero emisiones netas. No obstante, el estudio señala que estos planes se basan principalmente en mecanismos de compensación, en lugar de reducciones reales de emisiones.
Este enfoque replica patrones ya observados en industrias como la de النفط y gas, donde la compensación funciona como una solución parcial, pero no estructural. Apostar por offsets sin transformar los modelos productivos perpetúa el problema bajo una apariencia de acción climática.
Greenwashing en carne y lácteos: un problema sistémico
Aunque el fenómeno no es exclusivo de esta industria, su impacto es particularmente relevante debido a la alta huella ambiental del sector. La producción de alimentos de origen animal genera emisiones significativamente mayores en comparación con otras alternativas, lo que amplifica las consecuencias del greenwashing.
Además, los informes de sostenibilidad no solo informan: también construyen percepción. Una narrativa bien articulada puede mejorar la imagen corporativa y atraer inversión, incluso si no está respaldada por cambios reales. Aquí radica uno de los principales riesgos del greenwashing en carne y lácteos.
Regulación y verificación: el siguiente paso
Expertas subrayan la necesidad de fortalecer los mecanismos de regulación y verificación de las declaraciones ambientales. Esto implica no solo estándares más estrictos, sino también marcos metodológicos claros que permitan evaluar la veracidad de las afirmaciones.
El estudio destaca precisamente el uso de un modelo estructurado con 13 subcategorías para identificar greenwashing, lo que representa un avance en la cuantificación del fenómeno. Aun así, persisten desafíos, como la subjetividad inherente al análisis cualitativo.
Consumidores informados, mercados más exigentes
El impacto del greenwashing no se limita al ámbito corporativo. También influye en el comportamiento del consumidor y en la presión que se ejerce sobre los responsables políticos. Si las empresas logran proyectar una imagen de sostenibilidad sin cambios reales, se reduce la urgencia percibida de რეგulación.
Por ello, la educación del consumidor se vuelve clave. Identificar promesas vacías, exigir transparencia y valorar la evidencia científica son pasos fundamentales para contrarrestar estas prácticas y fomentar una competencia basada en impactos reales.
Entre la ilusión y la acción
El hallazgo de que casi el 100% de las afirmaciones climáticas en la industria cárnica y láctea pueden considerarse greenwashing plantea una pregunta incómoda: ¿estamos avanzando realmente hacia sistemas alimentarios sostenibles o solo perfeccionando su narrativa?
Cerrar esta brecha requiere más que buenas intenciones. Se necesitan estándares robustos, verificación independiente y una transformación profunda de los modelos productivos. Solo así será posible pasar del discurso a la acción y construir una sostenibilidad que no dependa de percepciones, sino de resultados tangibles.
La reciente decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos sobre el caso Louisiana contra Callais marca un punto de inflexión en la arquitectura legal de los derechos civiles en el país. En un fallo dividido de 6 contra 3, la Corte modificó sustancialmente la aplicación de la Sección 2 de la Ley de Derechos Electorales de 1965, debilitando uno de los principales mecanismos para combatir la discriminación racial en los procesos electorales. Aunque formalmente no la declara inconstitucional, en la práctica la vuelve mucho más difícil de aplicar.
El cambio central radica en elevar significativamente la carga probatoria para demostrar discriminación racial, exigiendo evidencia de intención explícita por parte de los legisladores. Este giro jurídico ocurre en un contexto donde la discriminación racial rara vez se manifiesta de forma directa, lo que limita la capacidad de las minorías para defender su derecho al voto. Para especialistas en responsabilidad social, este fallo no solo redefine el marco electoral, sino que reabre debates sobre inclusión, equidad y gobernanza democrática.
Discriminación racial y redistritación: el desmantelamiento de una protección histórica
Durante décadas, la Sección 2 de la Ley de Derechos Electorales permitió impugnar mapas electorales que, aunque aparentemente neutrales, generaban efectos de discriminación racial. Este enfoque basado en resultados —y no en intención— fue clave para garantizar representación política a comunidades históricamente marginadas.
La nueva interpretación del tribunal rompe con este principio. Ahora, los demandantes deben probar que los legisladores actuaron con intención explícita de discriminar, una exigencia que, en la práctica, limita severamente la aplicabilidad de la ley. Esto representa un retroceso significativo en la lucha contra la discriminación racial estructural.
Además, el fallo introduce restricciones adicionales al diseño de mapas alternativos, impidiendo considerar la raza incluso cuando esta es un factor determinante en la desigualdad electoral. Esta contradicción metodológica debilita aún más las herramientas legales disponibles para las minorías.
El resultado es un marco donde la discriminación racial puede persistir bajo justificaciones aparentemente neutrales, como criterios partidistas o geográficos. Esto abre la puerta a una nueva generación de disputas legales con menores probabilidades de éxito para los grupos afectados.
Impacto en minorías raciales: dilución del poder político
Las implicaciones del fallo son especialmente graves para los votantes afroamericanos y otras minorías raciales, particularmente en estados del sur donde la polarización electoral sigue estando fuertemente marcada por líneas raciales. La decisión permite rediseñar distritos que diluyen su influencia política sin consecuencias legales claras.
Históricamente, la creación de distritos de mayoría minoritaria ha sido una herramienta fundamental para garantizar representación. Sin embargo, bajo el nuevo estándar, estos distritos podrían desaparecer o reducirse significativamente, afectando directamente la capacidad de las minorías para elegir representantes alineados con sus intereses.
El caso de Luisiana es ilustrativo. A pesar de que los votantes negros representan aproximadamente un tercio de la población, el mapa electoral previo solo contemplaba un distrito de mayoría negra. La intervención judicial había buscado corregir esta inequidad, pero el nuevo fallo revierte esa lógica.
En este contexto, la discriminación racial adopta formas más sofisticadas, donde la exclusión no es explícita, pero sí sistemática. La dificultad para probar intención discriminatoria convierte al sistema electoral en un espacio menos accesible y equitativo para amplios sectores de la población.
Estados Unidos y el retroceso en inclusión: una tendencia estructural
Este fallo no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia más amplia de debilitamiento de la Ley de Derechos Electorales. Desde la decisión de 2013 que eliminó el requisito de supervisión federal en estados con historial de discriminación, el marco de protección ha sido progresivamente erosionado.
Para analistas ESG, este tipo de decisiones plantea riesgos reputacionales y sistémicos. La gobernanza democrática es un componente clave del entorno en el que operan las empresas, y su deterioro puede afectar la estabilidad institucional y la confianza en los mercados.
Además, el discurso que acompaña estas decisiones —centrado en la “neutralidad racial”— ignora las desigualdades históricas que siguen moldeando la realidad social. Este enfoque puede legitimar prácticas que perpetúan la discriminación racial bajo una apariencia de igualdad formal.
En conjunto, estos elementos sugieren que Estados Unidos avanza hacia un modelo menos inclusivo, donde las garantías legales para la equidad se reducen. Para el ámbito de la responsabilidad social, esto implica repensar el rol de las empresas en la defensa de valores democráticos y derechos fundamentales.
Democracia en tensión y desafíos para el ESG
El debilitamiento de la Ley de Derechos Electorales representa un desafío estructural para la democracia estadounidense. Al limitar las herramientas para combatir la discriminación racial, el sistema corre el riesgo de consolidar desigualdades que afectan no solo a las minorías, sino a la legitimidad del proceso democrático en su conjunto.
Para los líderes en sostenibilidad y responsabilidad social, este contexto exige una postura más activa. La defensa de la inclusión y la equidad ya no puede limitarse al ámbito corporativo interno, sino que debe extenderse al entorno institucional. En un escenario donde la discriminación racial se vuelve más difícil de detectar pero no menos presente, la vigilancia, la transparencia y el compromiso serán elementos clave para sostener una agenda ESG creíble y efectiva.
La crisis global del plástico ya no es sólo un problema ambiental, sino que se ha convertido en un problema estructural de gobernanza internacional. En este contexto, los países exportadores de plástico juegan un papel determinante en la redistribución global de residuos, ya que trasladan el impacto ambiental hacia economías con menor capacidad de gestión. Este fenómeno revela una dinámica compleja donde el consumo interno y la responsabilidad extendida del productor no siempre están alineados.
En los últimos años, el escrutinio sobre los países exportadores de plástico ha aumentado, particularmente tras las restricciones impuestas por China a la importación de residuos. Esto obligó a redirigir los flujos hacia el sudeste asiático, América Latina y África, generando nuevas tensiones socioambientales. Entender quién exporta, cuánto exporta y hacia dónde lo hace es clave para evaluar la coherencia de los compromisos ESG en el ámbito global.
Países exportadores de plástico: liderazgo global y destinos clave
De acuerdo con los datos más recientes del Basel Action Network (BAN), los principales países exportadores de plástico incluyen a Estados Unidos, Alemania, Japón, Reino Unido, Bélgica, Francia y Países Bajos. Estas economías concentran gran parte del comercio internacional de residuos plásticos, consolidando un sistema donde los países desarrollados externalizan el tratamiento de sus desechos.
Con base en el resumen anual global más reciente del BAN, los países exportadores de plástico hacia economías fuera de la OCDE presentan una distribución clara tanto en volumen como en concentración geográfica. Japón lidera con 615,742 toneladas exportadas en 2024, posicionándose como el principal actor en el comercio internacional de residuos plásticos bajo este criterio.
Le siguen países europeos con volúmenes relevantes: Alemania exportó 235,411 toneladas, mientras que los Países Bajos alcanzaron 200,573 toneladas, consolidándose como hubs logísticos clave dentro del sistema global. Bélgica registró 81,688 toneladas, y el Reino Unido 77,857 toneladas, lo que refleja el peso estructural de Europa en la externalización de residuos plásticos.
Estados Unidos, aunque históricamente dominante, aparece con un volumen significativamente menor en este segmento específico, con 61,926 toneladas exportadas a países no OCDE. Australia, por su parte, registra 27,921 toneladas, evidenciando que incluso economías con menor escala participan activamente en estos flujos internacionales.
Estos datos muestran que los países exportadores de plástico no operan únicamente en función de su generación total de residuos, sino de su capacidad para insertarse en redes comerciales que permiten redirigirlos hacia destinos específicos. En términos geográficos, los principales receptores siguen concentrándose en Asia y otras regiones en desarrollo, lo que refuerza la lógica de desplazamiento de impactos ambientales hacia mercados con menor capacidad de regulación y gestión.
Por otro lado, es importante mencionar que los destinos de estas exportaciones han cambiado significativamente tras las restricciones asiáticas. Malasia, Vietnam, Indonesia, Turquía y Tailandia se han convertido en receptores clave, absorbiendo grandes volúmenes de residuos. Este desplazamiento ha generado presiones en sistemas locales de gestión de residuos que, en muchos casos, carecen de infraestructura adecuada.
El patrón revela una asimetría estructural: mientras los países exportadores de plástico mantienen estándares ambientales elevados en sus territorios, transfieren los riesgos a regiones con regulaciones más laxas. Esto cuestiona la integridad de las estrategias de sostenibilidad que muchas de estas economías promueven a nivel internacional.
Además, el comercio de residuos plásticos no siempre garantiza reciclaje efectivo. Una proporción significativa termina en vertederos informales o es incinerada, amplificando impactos ambientales y sociales. Este contexto refuerza la necesidad de replantear los modelos de producción y consumo desde una perspectiva sistémica.
Estados Unidos: variaciones en sus exportaciones de residuos plásticos
Estados Unidos se mantiene como uno de los principales países exportadores de plástico a nivel global, aunque con variaciones importantes en sus flujos comerciales en los últimos años. Tras el cierre del mercado chino, el país redirigió sus exportaciones hacia nuevos destinos, especialmente en Asia y América del Norte, consolidando una red diversificada pero inestable.
En términos agregados, las exportaciones estadounidenses muestran una tendencia a la baja en 2025. Los envíos hacia países que no pertenecen a la OCDE descendieron a 125 millones de kg/año, frente a los 148 millones de kg/año en 2024. Asimismo, las exportaciones hacia países de la OCDE también registraron una ligera disminución, pasando de 265 millones de kg/año en 2024 a 260 millones de kg/año en 2025, lo que refleja un ajuste generalizado en los volúmenes exportados.
A nivel territorial, la actividad exportadora se concentra en ciertos estados clave. Nueva Jersey lidera con el 22% del total, seguido por California con 17% y Texas con 10%, lo que evidencia una geografía industrial específica vinculada a infraestructura logística y capacidades de procesamiento. En cuanto a materiales, destaca que las exportaciones de residuos plásticos de PVC hacia países no OCDE alcanzaron 1,1 millones de kg/año en 2025, manteniendo nichos específicos dentro del comercio global.
Respecto a los destinos, el comportamiento es mixto. Canadá se consolida como el principal receptor, con un aumento a 144 millones de kg/año en 2025, seguido por México, aunque con una caída significativa a 70 millones de kg/año desde 87 millones en 2024. En Asia, los flujos muestran ajustes relevantes: Malasia disminuyó a 20 millones de kg/año, India a 32 millones, y Vietnam a 17 millones, mientras que Indonesia registró un incremento notable hasta 35 millones de kg/año.
Desde una perspectiva ESG, estos datos evidencian una transición más que una reducción estructural. Aunque los volúmenes totales tienden a moderarse, la redistribución hacia distintos mercados confirma que Estados Unidos sigue dependiendo del comercio internacional de residuos como mecanismo de gestión. Esto refuerza las críticas sobre la falta de una estrategia integral que priorice la reducción en origen sobre la externalización del impacto.
Unión Europea vs EUA: compromisos divergentes en sostenibilidad
La Unión Europea también figura entre los principales países exportadores de plástico, pero su enfoque regulatorio presenta diferencias relevantes frente a Estados Unidos. A nivel discursivo y normativo, la UE ha impulsado políticas más ambiciosas en economía circular, incluyendo restricciones a plásticos de un solo uso y objetivos de reciclaje más estrictos.
No obstante, los datos del BAN evidencian una paradoja: a pesar de estos compromisos, la UE continúa exportando grandes volúmenes de residuos plásticos. Turquía se posiciona como el principal destino, concentrando una proporción significativa de estas exportaciones, lo que genera cuestionamientos sobre la coherencia entre política interna y práctica externa.
En comparación, Estados Unidos exporta volúmenes similares pero con menor narrativa de sostenibilidad. Esto genera un contraste interesante: mientras la UE lidera en compromisos formales, ambos bloques participan activamente en la externalización de residuos.
El análisis comparativo sugiere que la diferencia no radica únicamente en los volúmenes exportados, sino en la gobernanza del sistema. La UE ha comenzado a implementar controles más estrictos sobre exportaciones, incluyendo restricciones a países no pertenecientes a la OCDE. Estados Unidos, en cambio, carece de un marco equivalente a nivel federal.
Más allá de las cifras: implicaciones para el futuro del ESG
El comportamiento de los países exportadores de plástico plantea desafíos críticos para la agenda ESG global. La externalización de residuos contradice principios fundamentales como la responsabilidad extendida del productor y la trazabilidad de impactos.
Además, este modelo dificulta la transición hacia una economía circular real. Mientras los residuos sigan siendo exportados en lugar de gestionados localmente, se perpetúa un sistema lineal disfrazado de reciclaje. Esto afecta la credibilidad de las estrategias corporativas y gubernamentales en sostenibilidad.
Para los líderes empresariales, el reto es claro: no basta con cumplir regulaciones locales si los impactos se trasladan a otras geografías. La gestión responsable del plástico debe considerar toda la cadena de valor, incluyendo el destino final de los residuos.
Finalmente, el escrutinio sobre los países exportadores de plástico seguirá intensificándose. En un entorno donde la transparencia y la rendición de cuentas son cada vez más relevantes, las decisiones sobre residuos plásticos se convertirán en un indicador clave de liderazgo ESG.
Recientemente, la iniciativa Science Based Targets (SBTi) ha publicado una actualización de sus normas, una reconfiguración que ha abierto, de nueva cuenta, el debate sobre la credibilidad de los objetivos climáticos corporativos. Bajo el nuevo esquema, SBTi se reinicia en un momento crítico, cuando las empresas enfrentan crecientes presiones regulatorias, financieras y reputacionales para demostrar avances tangibles en descarbonización. Este ajuste no es menor: redefine el equilibrio entre ambición climática y viabilidad operativa, abriendo preguntas clave sobre la integridad del marco.
Para los especialistas en sostenibilidad, el cambio implica una lectura más compleja del progreso ESG. Si bien SBTi se reinicia con el objetivo de ampliar la adopción empresarial, también introduce tensiones respecto a su alineación con la ciencia climática. La discusión ya no gira únicamente en torno a quién establece objetivos, sino a qué tan consistentes son estos con la trayectoria de 1,5°C propuesta por la comunidad científica. En este contexto, entender los matices de la actualización es fundamental para la toma de decisiones estratégicas.
SBTi se reinicia: de la ambición teórica a la viabilidad operativa
El ajuste normativo elimina la exigencia de reducciones lineales rígidas hacia 2030, permitiendo a las empresas redistribuir sus esfuerzos de mitigación a lo largo del tiempo. Anteriormente, se requería una reducción anual de al menos 4,2% en emisiones de Alcance 1 y 2, lo que implicaba recortes acumulados cercanos al 42% para 2030. Este umbral fue considerado, en muchos casos, poco realista.
Con la actualización, algunas empresas podrían reducir ese compromiso a aproximadamente 21% en el mismo periodo. Para el Alcance 3, los objetivos también se flexibilizan, pasando de reducciones superiores al 20% a cerca del 15%. Esta modificación responde a una necesidad práctica: muchas organizaciones no contaban con capacidades técnicas o financieras para cumplir con las metas anteriores.
Desde una perspectiva estratégica, el cambio busca evitar la exclusión de empresas del sistema SBTi. Diversos consultores señalaron que varias organizaciones habían abandonado el proceso debido a la dificultad de cumplir con los requisitos previos. La flexibilización, por tanto, reabre la puerta a actores que habían quedado fuera del marco.
Sin embargo, esta transición hacia objetivos más alcanzables también implica una redefinición del concepto de liderazgo climático. La pregunta central ya no es únicamente quién participa, sino bajo qué nivel de ambición lo hace. Esto reconfigura los criterios de diferenciación dentro del ecosistema ESG.
Impacto para las empresas: entre oportunidad y disrupción estratégica
Para las empresas que aún no habían establecido objetivos, el nuevo marco representa una oportunidad clara. La posibilidad de diseñar trayectorias de reducción menos abruptas facilita la alineación interna y la aprobación por parte de la alta dirección, un obstáculo frecuente en procesos de descarbonización.
No obstante, el cambio introduce un elemento de inequidad temporal. Las empresas que ya habían presentado o validado objetivos bajo las normas anteriores no pueden ajustar sus compromisos retroactivamente. Esto genera tensiones internas, especialmente en organizaciones donde alcanzar dichos objetivos implicó inversiones significativas o negociaciones complejas.
Además, la forma en que se comunicó la actualización ha sido objeto de crítica. La falta de transparencia previa y el anuncio tardío generaron incertidumbre en el mercado. Para los especialistas en RSE, esto pone en evidencia la importancia de la gobernanza en iniciativas globales como SBTi.
Desde el punto de vista operativo, las empresas deberán revisar sus hojas de ruta climáticas. La redistribución de esfuerzos puede liberar recursos en el corto plazo, pero también exige una planificación más rigurosa para evitar concentrar riesgos en etapas futuras del proceso hacia cero emisiones netas.
Alineación con la ciencia: ¿compromiso diluido o pragmatismo necesario?
Uno de los puntos más sensibles del debate es la coherencia de estos cambios con las recomendaciones del IPCC. La ciencia climática establece que es necesario reducir aproximadamente un 43% de las emisiones globales para 2030 para mantener el objetivo de 1,5°C. Bajo este parámetro, la flexibilización de SBTi genera dudas legítimas.
Aunque la iniciativa sostiene que el nivel de ambición general no ha cambiado y que el objetivo de cero emisiones netas para 2050 se mantiene, la redistribución de reducciones implica mayores emisiones acumuladas en el corto plazo. Este factor es crítico, ya que el presupuesto de carbono global depende no solo del destino final, sino de la trayectoria.
En términos prácticos, esto significa que incluso si las empresas cumplen sus objetivos a largo plazo, el retraso en las reducciones iniciales podría dificultar el cumplimiento del objetivo climático global. Algunos expertos advierten que el supuesto de que todos los actores cumplirán sus metas podría ya no ser suficiente para sostener la narrativa de alineación con 1,5°C.
No obstante, también existe un argumento pragmático. Sin una base amplia de empresas comprometidas, la ambición teórica pierde impacto real. Desde esta óptica, SBTi se reinicia como un mecanismo de inclusión que prioriza la participación masiva sobre la exigencia extrema, aunque ello implique concesiones en el corto plazo.
Redefiniendo el estándar de la ambición climática corporativa
El hecho de que SBTi se reinicia marca un punto de inflexión en la evolución de los estándares ESG. La iniciativa parece transitar de un enfoque normativo rígido hacia uno más adaptativo, donde la viabilidad empresarial adquiere mayor peso. Este giro puede fortalecer la adopción global, pero también diluir la percepción de rigor científico.
Para los líderes en sostenibilidad, el desafío será interpretar correctamente este nuevo contexto. Más allá del cumplimiento formal, las empresas deberán evaluar si sus estrategias climáticas siguen siendo coherentes con los límites planetarios. En un entorno donde la credibilidad ESG está bajo escrutinio, la ambición voluntaria podría convertirse en el nuevo diferenciador competitivo.
La sostenibilidad empresarial ya no se mide por compromisos declarativos, sino por resultados concretos, métricas verificables y su capacidad para integrarse al corazón del negocio. Bajo esta lógica, HSBC, en colaboración con EY, ha abierto la convocatoria a la quinta edición del Premio ELIS HSBC, una iniciativa que busca identificar a las empresas que están traduciendo la agenda ESG en ventajas competitivas reales.
A cinco años de su lanzamiento, el Premio Empresas Líderes en Innovación Sustentable (ELIS) se ha consolidado como un espacio de referencia para reconocer estrategias que generan impacto tangible en México, al tiempo que impulsan innovación, crecimiento y resiliencia. Más que un distintivo, el premio opera como una plataforma que conecta sostenibilidad con negocio y posiciona a las organizaciones frente a los desafíos —y oportunidades— del futuro.
ELIS: una plataforma que conecta sostenibilidad y negocio
Desde su origen, ELIS ha buscado algo más que reconocer iniciativas aisladas. Su propuesta radica en identificar y visibilizar estrategias integrales que incorporen la sostenibilidad en el núcleo del negocio, generando impacto tangible y valor a largo plazo. En este sentido, el Premio ELIS HSBC se distingue por promover una visión donde la sostenibilidad no es un área paralela, sino un eje transversal de crecimiento, innovación y competitividad.
A lo largo de sus ediciones, el premio ha logrado consolidar una comunidad de empresas que no solo responden a los desafíos actuales —como el cambio climático, la desigualdad o la gobernanza corporativa—, sino que están redefiniendo las reglas del juego. Este enfoque resulta especialmente relevante en un entorno donde inversionistas, reguladores y consumidores exigen cada vez mayor transparencia y compromiso.
Para HSBC, esta iniciativa también refleja su propia estrategia: acompañar a sus clientes en la transición hacia una economía baja en carbono, alineando capital, conocimiento y soluciones financieras. Así, ELIS se posiciona como una extensión de este compromiso y que funciona como un espacio de reconocimiento, aprendizaje y proyección.
Categorías y criterios de evaluación del Premio ELIS HSBC
El Premio ELIS HSBC evalúa a las empresas a partir de cinco categorías clave que reflejan los pilares del enfoque ESG:
Ambiental: estrategias orientadas a la reducción de emisiones, economía circular y conservación de la biodiversidad.
Social: iniciativas que generen impacto positivo en comunidades, promuevan condiciones laborales dignas y reduzcan desigualdades.
Gobernanza: integración de la sostenibilidad en políticas corporativas, gestión de riesgos y mejores prácticas de gobierno corporativo.
Climate Tech: desarrollo o implementación de tecnologías innovadoras para la mitigación y adaptación al cambio climático.
Mención honorífica en Transición Climática: reconocimiento especial a proyectos que destaquen por su enfoque integral en descarbonización y transición justa.
Un elemento clave es que las estrategias participantes deben haber sido implementadas al menos 12 meses antes de la convocatoria y demostrar un impacto cuantificable en México. Este criterio refuerza la credibilidad del premio y asegura que las iniciativas reconocidas trascienden el discurso y tengan resultados medibles.
Quiénes pueden participar: perfil, proceso y fechas clave
La convocatoria está dirigida a empresas legalmente constituidas en México, con actividad económica en el país y ventas superiores a los 250 millones de pesos al cierre de 2025. Es importante considerar que no podrán participar instituciones financieras, organizaciones no gubernamentales y tampoco fundaciones, así como entidades con actividades ilícitas o contrarias a la normativa.
El proceso de inscripción está diseñado para ser estructurado y transparente:
Registro: del 27 de abril al 30 de junio de 2026
Envío de evidencias: hasta el 10 de julio de 2026
Evaluación y deliberación: a cargo de un jurado independiente
Resultados: 15 de octubre de 2026, durante la ceremonia de premiación
Las empresas interesadas deberán registrarse en la plataforma oficial, crear un usuario, completar el formulario correspondiente y cargar la documentación que respalde la implementación de sus estrategias.
Más allá de cumplir con un requisito administrativo, este proceso representa una oportunidad para que las organizaciones estructuren, midan y comuniquen sus avances en sostenibilidad, un ejercicio cada vez más valorado en los mercados.
Un reconocimiento que impulsa la competitividad
Participar en ELIS no es únicamente aspirar a un reconocimiento; es integrarse a una conversación estratégica sobre el futuro de los negocios. En un entorno donde la sostenibilidad define cada vez más la capacidad de las empresas para atraer inversión, talento y clientes, iniciativas como el Premio ELIS HSBC funcionan como aceleradores de posicionamiento y credibilidad.
Para las compañías líderes en ESG, este tipo de plataformas ofrecen visibilidad, validación externa y la posibilidad de compararse con estándares de alto nivel, pero, sobre todo, permiten consolidar una narrativa de valor que conecta propósito con resultados.
Para aquellas organizaciones que ya están transformando su modelo de negocio o buscan dar el siguiente paso, ELIS representa una oportunidad concreta para demostrar que la sostenibilidad, bien ejecutada, no solo es responsable, sino también rentable y estratégica. La invitación a ser parte está abierta. ¡Participa dando click aquí!
En un entorno donde la responsabilidad social empresarial (RSE) ha pasado de ser un valor agregado a un criterio de decisión para consumidores y comunidades, la declaración no es menor. Cada 23 de abril, México conmemora el Día Nacional de la Responsabilidad Social, una fecha que invita a replantear el papel de las organizaciones en la construcción de una economía más justa, sostenible y centrada en la dignidad humana.
Impulsada por organismos como el Centro Mexicano para la Filantropía (CEMEFI) y COPARMEX, esta agenda ha evolucionado hacia conceptos más exigentes como el ingreso digno, por encima del mínimo legal y la debida diligencia en derechos humanos, colocando a las empresas frente a un nuevo estándar ético.
En ese contexto, el modelo cooperativo ha cobrado relevancia al priorizar el bienestar colectivo sobre la rentabilidad inmediata. Valladolid Caja Financiera es un ejemplo de ello: su estrategia de responsabilidad social no se limita a acciones aisladas, sino que forma parte de su operación cotidiana y de su vínculo con las comunidades.
“En Valladolid Caja Financiera nuestro modelo cooperativo coloca a las personas en el centro de cada decisión, con una visión enfocada en transformar vidas y fortalecer el tejido social en las regiones donde tenemos presencia”, afirma Erika Arellano Martínez, gerente de recursos humanos de la institución.
Durante 2025, esta visión se tradujo en una de sus apuestas más significativas: la educación como motor de transformación social. La institución destinó más de 15.5 millones de pesos en becas para 4 mil 440 menores ahorradores, además de apoyos adicionales para hijos de colaboradores y programas dirigidos a menores con discapacidad, reforzando un enfoque de inclusión y equidad.
Pero el alcance va más allá de las aulas. A través de programas como +Talentum y el modelo de Educación Dual, la Cooperativa busca cerrar la brecha entre la formación académica y la vida profesional, impulsando a jóvenes a incorporarse al mundo laboral con herramientas reales y experiencia práctica.
La responsabilidad social también se expresa en el territorio. Desde el respaldo a eventos deportivos y culturales hasta la rehabilitación de espacios educativos y de infraestructura comunitaria, las acciones de la institución apuntan a generar entornos más dignos, seguros y cohesionados.
Sin embargo, más allá de las cifras, el fondo del debate sobre la RSE en México radica en su autenticidad. En un escenario donde algunas prácticas pueden percibirse como estrategias de reputación, el reto es demostrar que el compromiso social es estructural y no circunstancial.
En ese sentido, Valladolid Caja Financiera sostiene que su identidad cooperativa le permite actuar desde la cercanía con las personas y no desde una lógica exclusivamente corporativa. La diferencia, sostienen especialistas, radica en que la responsabilidad social deja de ser sólo discurso y evoluciona para ser una de las principales guías en la operación de las instituciones.
Así, en el marco de esta conmemoración, la reflexión se vuelve inevitable: en una economía donde cada vez pesa más el impacto social de las organizaciones, elegir una institución también implica decidir qué tipo de desarrollo se quiere impulsar. “Porque, al final, la responsabilidad social no solo define a las empresas, sino también a las comunidades que ayudan a construir”, concluye Erika Arellano.
Apotex Inc., la empresa farmacéutica más grande de Canadá, anunció la apertura de la convocatoria 2026 de su Fondo de Acceso a la Salud Global (Global Health Access Fund). Esta iniciativa está dirigida a Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) en Latinoamérica que desarrollen proyectos de alto impacto destinados a mejorar la salud materna en comunidades vulnerables de la región.
Con 52 años de historia y casi 30 de presencia en América Latina, Apotex refuerza su compromiso con el bienestar de las mujeres. Esta es la segunda edición del Fondo de Acceso a la Salud Global de Apotex, una iniciativa que actualmente apoya proyectos de salud materna a través de organizaciones no gubernamentales en Canadá, Estados Unidos, India y México.
“Nuestro compromiso es a largo plazo y va más allá de proporcionar medicamentos de alta calidad; se trata de ser un aliado activo en la salud pública”, afirmó André Soresini, vicepresidente y director general de Apotex para Latinoamérica. “Estamos comprometidos con el fortalecimiento del acceso a la atención médica para las mujeres e invertimos en el futuro al apoyarlas a ellas y a la niñez”.
El Fondo de Acceso a la Salud Global de Apotex respalda programas que promueven la equidad en salud y abordan las causas fundamentales de las disparidades sanitarias. El fondo se enfoca en solucionar el acceso desigual a la atención y la baja alfabetización en salud en comunidades con determinantes sociales de salud deficientes, donde la raza, el nivel económico y otros factores constituyen barreras de acceso.
Alcance y financiamiento
La organización seleccionada recibirá $100,000 CAD (aprox. $1,300,000 MXN) para ejecutar un proyecto de un año, con posibilidad de renovación por un segundo año. Las propuestas deben centrarse en áreas prioritarias, como emergencias obstétricas, atención prenatal, parto seguro y capacitación para el personal de salud o parteras en comunidades rurales y de difícil acceso.
“A través del Fondo de Acceso a la Salud Global, buscamos amplificar el alcance de las organizaciones de la sociedad civil que conocen de primera mano los desafíos locales en la defensa de los derechos humanos de las mujeres, como sus derechos a la salud y a los derechos reproductivos”, explicó Adriana Valdés, directora de Asuntos Corporativos para Latinoamérica en Apotex. “Nuestro objetivo es generar un impacto real, cualitativo y medible en el bienestar de las mujeres, acompañándolas en cada etapa de su camino hacia la salud”.
La escena de The Devil Wears Prada en la que Emily repite “amo mi trabajo” como un mantra al borde del colapso dejó de ser hace tiempo solo una referencia pop. Hoy funciona como espejo cultural de una generación que ha normalizado jornadas extensas, liderazgos hostiles y el desgaste emocional como precio del éxito. A casi dos décadas del estreno, el inminente regreso de la historia en una secuela reactivó una conversación que va mucho más allá del cine.
Esta vez, la discusión surgió por una declaración de Emily Blunt durante la gira promocional de la película. Su consejo —dejar un empleo que se detesta para buscar algo que apasione— detonó una pregunta más incómoda y profunda: ¿renunciar a un trabajo tóxico es realmente una decisión al alcance de todos? En un contexto marcado por inflación, despidos y mayor incertidumbre laboral, la respuesta parece menos individual y más estructural.
Cuando renunciar a un trabajo tóxico no depende solo de la voluntad
La idea de abandonar un entorno dañino suele plantearse como un acto de valentía personal, pero para millones de personas también está atravesada por renta, deudas, cuidados y supervivencia. Ahí es donde el consejo aspiracional choca con la precariedad. Para muchos trabajadores, renunciar a un trabajo tóxico no es una decisión emocional, sino un cálculo de riesgo.
Las reacciones en redes lo hicieron evidente: no era un rechazo a la búsqueda de bienestar, sino a romantizar elecciones que no siempre existen. Porque si bien la conversación sobre salud mental laboral ha avanzado, la estructura económica sigue imponiendo límites muy concretos a quién puede irse y quién tiene que resistir.
El contexto de 2026 ha intensificado esa tensión. Nuevas olas de despidos, reestructuras y automatización han vuelto más frágil la sensación de seguridad laboral, incluso en sectores tradicionalmente estables. Casos recientes citados en el panorama laboral incluyen recortes en empresas como Workday, Meta, Microsoft y otras tecnológicas que han reducido miles de puestos, reforzando una percepción extendida de incertidumbre. En ese escenario, cambiar de empleo o abandonar uno dañino no siempre parece una ruta viable para todas las personas.
Cultura laboral tóxica: del meme a un problema sistémico
Durante años, la toxicidad laboral fue trivializada bajo narrativas de meritocracia: “ponerse la camiseta”, “aguantar para crecer”, “así es en puestos de alto desempeño”. Pero lo que antes se celebraba como ambición hoy es cuestionado como agotamiento normalizado.
El personaje de Emily en The Devil Wears Prada se convirtió en meme porque miles se reconocieron en él. No por glamour, sino por ansiedad. Esa identificación colectiva revela que la cultura laboral tóxica no es un caso aislado, sino un síntoma de modelos organizacionales que han confundido exigencia con desgaste.
La conversación actual también expone un cambio cultural: nuevas generaciones no están aceptando tan fácilmente que el éxito implique deterioro emocional. Eso ha obligado a revisar prácticas de liderazgo, bienestar y condiciones laborales desde otro ángulo.
¿Renunciar a un trabajo tóxico o transformar el trabajo?
El debate suele plantearse en términos individuales: irse o quedarse. Pero esa dicotomía es limitada. La pregunta también debería ser por qué tantos espacios siguen expulsando talento por ambientes insostenibles.
Hablar de renunciar a un trabajo tóxico no debería ocultar otra discusión más relevante: la responsabilidad de las organizaciones para no producir esos entornos. Desde cargas excesivas hasta jefaturas abusivas, muchas dinámicas no son accidentes culturales, sino decisiones de gestión.
Aquí emerge una tensión importante para empresas y liderazgos: el problema no se resuelve solo invitando a las personas a irse si algo les hace daño, sino construyendo culturas donde no tengan que elegir entre estabilidad y dignidad.
El mercado laboral cambió y el consejo también necesita matices
Hay una razón por la que el comentario de Emily Blunt generó tanto ruido: tocó una herida contemporánea. En otra coyuntura, “sigue tu pasión” podía leerse como inspiración. Hoy, en un mercado tensionado, también puede sonar desconectado. Eso no invalida el fondo del mensaje. Hay valor en recordar que ningún empleo debería exigir la renuncia a uno mismo. Pero el bienestar laboral no puede pensarse sin hablar de salarios dignos, redes de protección, movilidad y condiciones materiales.
Quizá la verdadera enseñanza no sea “deja tu trabajo mañana”, sino reconocer cuándo un empleo erosiona más de lo que sostiene, y entender que buscar alternativas —aunque sea gradualmente— también es una forma de cuidado.
Una conversación que interpela a la responsabilidad social
Desde una mirada de responsabilidad social, el debate no debería quedarse en si Emily Blunt tiene razón o no. Lo relevante es lo que la reacción colectiva revela: el trabajo sigue siendo un espacio donde bienestar y desigualdad conviven de manera incómoda. Hablar de renunciar a un trabajo tóxico también obliga a preguntarse qué tan responsables son las empresas frente a los factores que empujan a una persona al burnout o la resignación. La conversación conecta con derechos laborales, salud mental, productividad sostenible y ética corporativa.
Desde esta perspectiva, no se trata de romantizar la renuncia ni de glorificar la resistencia. Se trata de reconocer que una cultura laboral saludable no es solo un beneficio organizacional, sino una dimensión de sostenibilidad social. Y eso cambia la discusión: deja de ser un dilema personal para convertirse en una conversación sobre diseño del trabajo.
En ese sentido, la postura más razonable quizá no sea elegir entre “aguanta” o “vete”, sino asumir que las organizaciones tienen una corresponsabilidad en evitar que esa sea la única disyuntiva.
La polémica abierta por Emily Blunt no gira realmente en torno a un consejo de celebridad, sino a una pregunta de época: ¿quién puede darse el lujo de elegir su bienestar sin poner en riesgo su estabilidad? Allí está el centro del debate. Porque más que discutir si se debe o no renunciar, la conversación urgente es cómo construir entornos donde sobrevivir no implique soportar toxicidad para conservar un ingreso. Y esa discusión, inevitablemente, también es social.
Las relaciones entre crimen organizado, instituciones públicas y gobernabilidad volvieron a colocarse bajo tensión tras una nueva ofensiva judicial de Estados Unidos. Esta vez, el foco está en Sinaloa, donde el gobernador Rubén Rocha Moya fue incluido en una investigación del Departamento de Justicia estadounidense por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa, en un caso que eleva el tono de las acusaciones por narcotráfico a un nivel político sin precedentes.
Más allá del impacto diplomático, el caso abre preguntas profundas sobre legalidad, confianza pública y rendición de cuentas. No se trata solo de una acusación contra un funcionario en activo, sino de una narrativa que conecta presunta protección institucional, redes criminales y una investigación que, según autoridades estadounidenses, se ha ido construyendo durante años. Las acusaciones por narcotráfico colocan así a Sinaloa en el centro de una discusión que rebasa fronteras.
Acusaciones por narcotráfico apuntan a presunta red de protección política
De acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos, Rocha Moya y otros funcionarios y ex funcionarios habrían conspirado con líderes del Cártel de Sinaloa para facilitar el tráfico de narcóticos hacia territorio estadounidense a cambio de apoyo político y sobornos. La dimensión del señalamiento no radica solo en el cargo presentado, sino en la presunta estructura de colaboración descrita por los fiscales.
La acusación sostiene que integrantes de Los Chapitos habrían contribuido a la llegada de Rocha Moya al poder mediante intimidación contra adversarios políticos. Ya en funciones, el gobernador habría sostenido reuniones con integrantes del grupo criminal y ofrecido protección a sus operaciones, según la narrativa judicial presentada en Nueva York.
El caso fue anunciado por el Fiscal Federal del Distrito Sur de Nueva York, Jay Clayton, y por la DEA, que encabeza una investigación de largo alcance. La causa quedó asignada a la jueza Katherine Polk Failla y se suma a una serie de procesos abiertos desde 2023 relacionados con la misma organización criminal.
Las acusaciones por narcotráfico escalan más allá del gobernador
El expediente no se limita al mandatario sinaloense. Nueve personas más fueron acusadas, entre ellas el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez; el senador Enrique Inzunza; y otros perfiles vinculados con áreas de seguridad, procuración de justicia y administración pública.
Uno de los señalamientos más graves involucra al subprocurador estatal Dámaso Castro Zaávedra, quien presuntamente habría recibido pagos mensuales del cártel a cambio de filtrar información y proteger a sus integrantes. La acusación plantea, así, una presunta infiltración institucional que rebasa responsabilidades individuales.
El caso de Juan Valenzuela Millán, excomandante policial, elevó aún más la gravedad del expediente. Se le atribuyen cargos adicionales por el secuestro y asesinato de una fuente confidencial de la DEA y un familiar, en hechos que, de confirmarse, mostrarían cómo estas acusaciones por narcotráfico también tocan dimensiones de violencia contra quienes colaboran con investigaciones internacionales.
Un caso que pone presión sobre instituciones y cooperación bilateral
El impacto del caso no es solo judicial. También reabre el debate sobre la fragilidad institucional frente al crimen organizado y sobre los límites de la cooperación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad. Cuando las acusaciones alcanzan a autoridades electas y mandos de seguridad, la conversación cambia de escala.
Para especialistas, este tipo de procesos también ponen a prueba la legitimidad de las instituciones. Las investigaciones pueden convertirse en un punto de inflexión: o fortalecen mecanismos de rendición de cuentas o profundizan la desconfianza ciudadana si no hay claridad, debido proceso y respuestas institucionales sólidas.
La acusación, además, llega en un contexto donde la discusión sobre gobernanza, corrupción y captura institucional tiene una creciente dimensión internacional. No es casual que estas acusaciones por narcotráfico generen atención más allá del ámbito penal: también interpelan al sistema político.
Sinaloa bajo una narrativa que rebasa el expediente judicial
El caso se suma a más de 30 imputados vinculados al Cártel de Sinaloa procesados en el mismo distrito desde 2023, lo que refuerza la idea de una estrategia sostenida por parte de autoridades estadounidenses. No se presenta como un hecho aislado, sino como parte de una investigación más amplia.
En ese contexto, las acusaciones contra Rocha Moya adquieren un peso simbólico mayor. Colocan nuevamente a Sinaloa en una narrativa global asociada con crimen organizado, pero también con el desafío de demostrar fortaleza institucional frente a señalamientos de esta magnitud.
Aunque los acusados permanecen en México y el proceso apenas comienza, el caso ya abrió una discusión inevitable sobre responsabilidad pública, presunción de inocencia y el costo social de cualquier posible colusión entre poder político y estructuras criminales.
Más allá del desenlace judicial, el caso marca un momento de alta tensión para la relación entre justicia, política y seguridad en la región. Las acusaciones por narcotráfico contra un gobernador en funciones no son un episodio menor: son un recordatorio de que la integridad institucional sigue siendo un terreno en disputa.
En una época en la que la confianza pública es un activo crítico, este proceso también deja una pregunta de fondo: cómo responden los Estados cuando las sospechas alcanzan a quienes deberían garantizar legalidad. La respuesta, más que jurídica, podría ser una prueba de gobernabilidad.
Durante años, las cadenas de suministro globales se construyeron bajo una lógica de eficiencia: reducir costos, acelerar tiempos y responder a una demanda cada vez más volátil. Pero esa arquitectura, diseñada para operar al límite, hoy enfrenta tensiones para las que no fue preparada. Sequías, olas de calor, interrupciones logísticas y crisis sanitarias están revelando que las amenazas a la cadena de suministro no provienen únicamente de factores comerciales, sino también de riesgos sistémicos profundamente conectados.
Cada vez resulta más claro que la resiliencia económica no puede entenderse sin hablar de salud y clima. Lo que antes parecían agendas paralelas hoy convergen en un mismo punto crítico: la capacidad de sostener producción, empleo y bienestar en contextos de disrupción. Desde esta perspectiva, las amenazas a la cadena de suministro no son un escenario futuro, sino una condición presente que está reconfigurando la conversación sobre sostenibilidad y continuidad operativa.
Cuando el clima y la salud dejan de ser riesgos separados
De acuerdo con un artículo de Sustainability Mag, las señales se acumulan en múltiples geografías. Inundaciones que paralizan puertos, calor extremo que reduce horas seguras de trabajo, enfermedades transmitidas por vectores que afectan comunidades productivas completas. No son eventos aislados, sino síntomas de una presión estructural que expone vulnerabilidades largamente ignoradas.
El problema es que muchas cadenas globales crecieron sin integrar plenamente variables como protección social, acceso a servicios médicos o adaptación climática. Esa desconexión comienza a cobrar factura. Cuando una región productiva enfrenta crisis sanitaria y estrés climático al mismo tiempo, el impacto trasciende a proveedores: se convierte en una amenaza para industrias enteras.
En Davos, líderes empresariales y sociales han insistido en que la salud de la fuerza laboral ya no puede considerarse un tema periférico. Es un componente de continuidad económica. Y esa visión está modificando la manera en que se entiende el riesgo corporativo.
Amenazas a la cadena de suministro: la fragilidad detrás de la eficiencia
La eficiencia ha sido una ventaja competitiva, pero también una fuente de fragilidad. Modelos “just in time” o redes de abastecimiento altamente concentradas funcionan bien en estabilidad, pero se vuelven vulnerables frente a shocks climáticos o crisis sanitarias prolongadas.
A ello se suman brechas profundas en acceso a salud. Miles de millones de personas aún enfrentan barreras para recibir atención esencial, y esa realidad tiene efectos directos en productividad, ausentismo, rotación laboral y capacidad de respuesta comunitaria. Cuando los trabajadores no cuentan con sistemas de apoyo resilientes, la cadena completa se debilita.
Diversos análisis sobre riesgos laborales ya ubican el aumento de costos sanitarios, la escasez de talento y la exposición climática como factores estratégicos. Bajo ese panorama, las amenazas a la cadena de suministro dejan de ser una discusión logística para convertirse en una discusión social, económica y ambiental.
La exposición climática de la fuerza laboral redefine el riesgo
Casi siete de cada diez trabajadores en el mundo están expuestos a riesgos asociados al clima. Esa cifra cambia la conversación. Ya no se trata solo de proteger activos físicos, sino de proteger a las personas que sostienen la operación.
El calor extremo puede disminuir capacidad laboral; inundaciones interrumpen movilidad y acceso a servicios; los cambios epidemiológicos elevan presiones sobre sistemas de salud ya frágiles. Todo ello erosiona productividad, afecta comunidades proveedoras y multiplica costos invisibles para las empresas.
Además, la cobertura financiera frente a pérdidas climáticas sigue siendo insuficiente. Cuando menos de la mitad de esos daños está asegurada, la exposición se traslada a economías locales, familias trabajadoras y cadenas globales. Esa es una dimensión crítica que muchas estrategias de sostenibilidad apenas comienzan a incorporar.
Amenazas a la cadena de suministro también son desafíos de justicia social
Hablar de resiliencia sin hablar de desigualdad deja fuera una parte central del problema. Las regiones más vulnerables al clima suelen coincidir con mayores carencias en infraestructura sanitaria, protección laboral y financiamiento para adaptación.
Eso significa que las amenazas a la cadena de suministro también tienen una dimensión de justicia social. Porque cuando proveedores pequeños, trabajadores informales o comunidades agrícolas absorben desproporcionadamente los impactos, el riesgo no desaparece: se desplaza.
Este enfoque está empujando a repensar la debida diligencia. Ya no basta con revisar emisiones o trazabilidad. Hoy comienza a ganar fuerza una mirada que integra salud, derechos laborales y adaptación como parte de una misma ecuación de sostenibilidad.
Replantear la salud como infraestructura estratégica
Uno de los cambios más relevantes es entender la salud de la fuerza laboral no como gasto, sino como infraestructura crítica. Ese giro puede parecer conceptual, pero tiene implicaciones profundas para las decisiones de inversión.
Empresas, aseguradoras y gobiernos exploran mecanismos como seguros paramétricos, modelos compartidos de atención primaria y soluciones de financiamiento preventivo. Más que medidas de bienestar, empiezan a verse como herramientas de adaptación.
La lógica es clara: cadenas de suministro más resilientes dependen de ecosistemas saludables. Y eso exige invertir no solo en tecnología o diversificación de proveedores, sino también en capacidades comunitarias que permitan absorber crisis.
De la reacción a la resiliencia sistémica
Durante mucho tiempo, la gestión de riesgos operó de forma reactiva: responder al desastre, ajustar procesos y seguir adelante. Pero la convergencia entre clima y salud exige otro marco. Uno sistémico.
Eso implica reconocer que la resiliencia no se construye únicamente dentro de una empresa, sino en toda la red que la sostiene. Proveedores, territorios, trabajadores y sistemas públicos forman parte del mismo entramado.
En ese contexto, las empresas que integren adaptación climática con bienestar laboral probablemente no solo mitigarán disrupciones, sino que fortalecerán competitividad, reputación e impacto social en el largo plazo.
Una nueva agenda para las cadenas de valor
Lo que está en juego no es solo evitar interrupciones. Es redefinir qué significa una cadena de suministro sostenible en un entorno marcado por volatilidad climática y brechas sociales persistentes. Esa discusión ya dejó de ser teórica.
Las organizaciones más avanzadas empiezan a entender que gestionar las amenazas a la cadena de suministro pasa por invertir en salud, fortalecer comunidades y asumir que la adaptación es parte del modelo de negocio, no un complemento.
Las crisis climáticas y las desigualdades en salud están revelando una verdad incómoda: muchas cadenas globales fueron diseñadas para rendir, no necesariamente para resistir. Y en un contexto de disrupciones cada vez más frecuentes, esa diferencia importa. Mucho.
La oportunidad está en convertir esa vulnerabilidad en una agenda de transformación. Porque construir resiliencia hoy no solo implica asegurar insumos o diversificar proveedores; implica reconocer que el bienestar humano y la estabilidad climática son también infraestructura económica. Y quizás ahí reside la respuesta más sólida frente a los riesgos del futuro.
La salud en México no depende únicamente de la capacidad institucional del sistema público. Cada vez es más evidente que la construcción de bienestar requiere la participación coordinada de actores empresariales, organizaciones civiles y fundaciones filantrópicas que complementen la atención, cierren brechas y acerquen servicios a donde más se necesitan.
En este ecosistema, las fundaciones que trabajan por la salud han adquirido una relevancia estratégica que radica en que no solo atienden emergencias médicas o financian tratamientos, sino que también inciden en prevención, diagnóstico oportuno, rehabilitación y formación médica. Desde fundaciones empresariales hasta organizaciones no gubernamentales y asociaciones civiles, cada una fortalece la equidad en salud al intervenir en eslabones distintos de la cadena de atención, reduciendo desigualdades que históricamente han afectado a millones de mexicanas y mexicanos.
Aunque existen muchas, todas dignas de reconocimiento por su labor, las siguientes son algunas de las que más están influyendo en la construcción de un México donde la salud esté al alcance de todos:
10 fundaciones que trabajan por la salud de los mexicanos
1. Fundación Médica Sur
Desde hace más de 25 años, el llamado Dispensario de esta fundación ofrece servicios de medicina familiar, odontología, nutrición, psicología y más de 20 especialidades para pacientes en situación vulnerable. Gracias al trabajo altruista de especialistas, residentes y enfermería, atiende a más de 2,000 personas y brinda 3,500 consultas anuales.
Su relevancia está en evitar que la falta de recursos retrase diagnósticos o tratamientos críticos. Al ofrecer también cirugías de cataratas, aparatos auditivos y estudios de laboratorio, mejora autonomía y calidad de vida. Además, la fundación combate la exclusión sanitaria y demuestra cómo la infraestructura médica privada puede ampliar la cobertura social cuando existe voluntad y compromiso. Sin duda, su aporte es clave para reducir desigualdades persistentes en salud.
2. Fundación Gigante
Fundación Gigante es una de las organizaciones que están ayudando a generar mayor acceso a la atención médica. El trabajo de esta fundación se basa, principalmente, en generar iniciativas y alianzas multisectoriales que permitan escalar el impacto de cada una de sus acciones. La organización ha apoyado diversas causas y generado diversas sinergías, no obstante, una de las más recientes es su colaboración con Operation Smile México, a través de la cual fue posible brindar atención a niñas, niños y adolescentes con labio y paladar hendido provenientes de hogares con bajos ingresos.
Alianza con Operation Smile para cirugías de labio y paladar hendido.
El valor de esta alianza radica en su modelo de atención integral, el cual proporciona a los pacientes valoración médica, apoyo nutricional, acompañamiento psicológico y cirugías reconstructivas. Tan solo en 2025, la colaboración permitió realizar 480 cirugías y 914 valoraciones en distintos estados del país. Su apoyo es clave porque devuelve funcionalidad y mejora la calidad de vida tanto de los pacientes, como de sus familias.
Alianza con Operation Smile para cirugías de labio y paladar hendido.
Fundación Gigante también apoya a personas que enfrentan barreras de salud para poder tomar el control de su presente y futuro, como es el caso de las personas con discapacidad auditiva, un grupo al que, tan solo en 2023, ayudó mediante la entrega de 37 aparatos auditivos, contribuyendo así a fortalecer su comunicación, autonomía e inclusión en la vida cotidiana.
Asimismo, su colaboración con VIFAC ha permitido acompañar a 1,254 mujeres embarazadas en situación vulnerable a través de programas de salud y nutrición enfocados en proteger su bienestar y el desarrollo saludable de sus bebés. Con ello, la organización demuestra que se ha convertido en una de las principales fundaciones que trabajan por la salud debido a que su modelo de acción no se limita a brindar atención médica, sino que busca generar condiciones más dignas y equitativas para que las personas puedan desarrollar plenamente su proyecto de vida.
Alianza con VIFAC para apoyar a mujeres embarazadas en situación vulnerable.
3. Fundación Grupo México
Fundación Grupo México ha innovado en acceso a la salud mediante iniciativas de gran escala como Dr. Vagón, un hospital móvil que lleva consultas, medicamentos y estudios gratuitos a comunidades alejadas. A ello se suma también su programa Escuchar Sin Fronteras, que atiende a niñas y niños con hipoacusia severa mediante implantes cocleares y terapia auditiva.
De esta forma, la fundación combate dos brechas estructurales: la falta de servicios en zonas remotas y el diagnóstico y tratamiento oportuno de discapacidades auditivas. Su importancia radica en reducir desigualdades territoriales y favorecer la inclusión desde la infancia. Ambas iniciativas reflejan una visión integral de cobertura y atención temprana, mientras que, al acercar los servicios de salud especializada a poblaciones históricamente marginadas, contribuye a generar bienestar y oportunidades futuras para estos grupos. Su modelo demuestra que la innovación logística también puede ser una herramienta de equidad.
4. Fundación AXA
Fundación AXA ha hecho de la salud neonatal una prioridad mediante su programa Hacer para Nacer, cuya estrategia es fortalecer hospitales en zonas vulnerables mediante la donación de equipo médico y la capacitación de profesionales. Su intervención se enfoca en reducir la mortalidad infantil por causas prevenibles, especialmente en regiones con alta marginación. Los resultados muestran la escala de su impacto: 4,155 bebés atendidos, 207 equipos donados y 453 profesionales capacitados hasta 2025.
La problemática que esta organización enfrenta es crítica, ya que la falta de infraestructura y personal capacitado incrementa riesgos en el primer mes de los recién nacidos. Su apoyo mejora la capacidad hospitalaria local y permite atención segura cerca del domicilio de las familias. Esto no solo salva vidas, sino que fortalece la resiliencia institucional en comunidades vulnerables. Su contribución es estratégica para impulsar la equidad desde el nacimiento.
5. Fundación CIMA
Fundación CIMA se ha consolidado como referente en la lucha contra el cáncer de mama, sobre todo en comunidades rurales y de alta vulnerabilidad. Su modelo de atención no sólo busca ofrecer información oportuna sobre este padecimiento, sino que proporciona acceso a mastografías gratuitas, capacitación de promotores y acompañamiento de pacientes, permitiendo una intervención que va de la prevención hasta el tratamiento.
La fundación combate una de las principales causas de mortalidad femenina: el diagnóstico tardío. Su apoyo es esencial porque acerca estudios de detección a mujeres que normalmente enfrentarían barreras económicas o geográficas. Además, fortalece una cultura de autocuidado y empodera a las comunidades para exigir su derecho a la salud. Su impacto combina prevención, acceso y sostenibilidad social.
Cada día es una oportunidad para generar conciencia y sumar empatía. Desde Fundación CIMA seguimos impulsando conversaciones que ponen al centro a las personas, sus historias y sus procesos.
La Fundación del Dr. Simi ha construido uno de los modelos de mayor alcance territorial en México, con 30 sedes y más de un millón de personas beneficiadas. Entre sus programas, los cuales buscan ayudar a los que menos tienen a acceder a servicios de salud dignos, destaca Simi REDI, una de las pocas iniciativas de salud enfocadas en la rehabilitación integral para personas con discapacidad. El programa ofrece terapias físicas, consulta de especialidad y acompañamiento psicológico individual y familiar, lo que posibilita que los beneficiarios reciban atención continua.
La problemática que combate es la exclusión de personas con discapacidad de servicios de rehabilitación accesibles y de calidad. Su apoyo es clave porque mejora movilidad, autonomía e inclusión social, además de aliviar la carga económica de las familias. Al atender una población históricamente desatendida, la fundación impulsa el bienestar con una perspectiva de dignidad y funcionalidad.
7. Fundación Hospital Nuestra Señora de la Luz
Especializada en salud visual, esta fundación atiende a pacientes con vulnerabilidad socioeconómica que enfrentan enfermedades oftalmológicas de alta complejidad. A través de programas como Apadrina a un adulto mayor, facilita acceso a diagnósticos, tratamientos y cirugías con tecnología avanzada.
Su labor es especialmente relevante frente al aumento depadecimientos visuales asociados al envejecimiento e impacta directamente en la independencia y calidad de los beneficiarios, pues reduce riesgos de caídas y de aislamiento emocional, además de devolver funcionalidad en la vida diaria. Su apoyo es fundamental porque transforma la salud visual en bienestar integral y autonomía social.
8. FUMENI
FUMENI ha asumido una causa altamente especializada: la atención de niñas y niños con inmunodeficiencias primarias o errores innatos de la inmunidad. Su labor abarca diagnóstico oportuno, acceso a tratamiento, trasplantes, terapia génica, capacitación médica e incidencia en políticas de salud. Este enfoque integral permite responder a enfermedades poco visibles, pero de alta complejidad clínica.
La fundación combate una de las principales barreras en estas patologías: la detección tardía por desconocimiento médico o social. Su apoyo resulta vital porque acelera el acceso a tratamientos que pueden ser determinantes para la supervivencia infantil. Además, fortalece investigación, especialización y conciencia pública, generando cambios sostenibles en el ecosistema de atención.
9. Fundación de Alba
Fundación de Alba impulsa un modelo integral de atención oncológica que combina prevención, acompañamiento clínico e incidencia pública. Sus líneas de acción incluyen campañas de concientización, vacunación contra VPH, navegación de pacientes y trabajo conjunto con organizaciones civiles para fortalecer marcos normativos en cáncer. Esta visión conecta atención individual con transformación estructural.
La problemática que combate no solo es el cáncer, sino también la desigualdad en acceso a tratamiento y la falta de continuidad terapéutica. Su apoyo es estratégico porque acompaña al paciente desde el diagnóstico y promueve mejores condiciones de atención a nivel sistémico. Así, contribuye a una respuesta más equitativa y de mayor calidad para miles de familias.
🎉 Hoy celebramos 18 años de trabajo ininterrumpido en Fundación de Alba. Dieciocho años de acompañamiento a pacientes y sus familias, de crear conciencia sobre el cáncer y recordar que la detección temprana puede salvar vidas.#FundaciónDeAlba#18Años#RebeccaDeAlbapic.twitter.com/msnaV93Ttv
AMSA aporta una dimensión distinta, pero decisiva, al ecosistema de salud: la formación médica continua. Desde 2010 ha capacitado a más de 5,262 médicos especialistas y hoy fortalece competencias en pediatría, infectología, hematología y detección temprana de cáncer infantil. Su modelo se sostiene en alianzas con instituciones líderes del sector público y privado.
La problemática que combate es la desigualdad en la calidad de la atención derivada de brechas de actualización profesional. Su apoyo es crucial porque eleva capacidades clínicas en el primer nivel, donde se define gran parte del diagnóstico oportuno. Al fortalecer talento médico, AMSA multiplica el impacto de la atención y mejora resultados para miles de pacientes.
Salud con visión multisectorial
El panorama actual confirma que las fundaciones que trabajan por la salud son hoy un actor indispensable en la construcción de bienestar para México. Ya sea desde el ámbito empresarial, civil o filantrópico, su capacidad para atender vacíos estructurales del sistema de salud las convierte en aliadas estratégicas para reducir desigualdades, ampliar cobertura y mejorar la calidad de vida de millones de personas.
Lo más valioso de este ecosistema es su diversidad: algunas organizaciones salvan vidas desde la cirugía especializada, otras desde la prevención, la rehabilitación, la capacitación médica o la incidencia pública. En conjunto, demuestran que la salud más equitativa para las y los mexicanos se construye cuando distintos sectores convergen con propósito, escala y visión de largo plazo.
¿Cómo le hablas al consumidor de tu impacto sostenible sin aburrirlo? ¿Cómo logras esa magia con marketing digital? Hoy te mostramos 3 lecciones de Pedigree comunicando responsabilidad corporativa con marketing digital ¡Muy perro!
Seamos francos: nadie, salvo quienes trabajen en responsabilidad corporativa o sostenibilidad, tomará un informe anual de una marca para conocer sus impactos positivos en el planeta y la comunidad, NADIE. Esos informes están hechos para otros grupos de interés: inversionistas, accionistas, prensa especializada y reguladores.
Entonces, ¿cómo le comunicas al consumidor tu impacto sostenible sin que parezca que le das una píldora para dormir?
3 lecciones de Pedigree al comunicar responsabilidad corporativa
Hace un par de años tengo una perrita —no porque fuera mi voluntad, sino porque, como muchos, cedemos a las peticiones de nuestros hijos— y desde entonces me volví target de todas las marcas de productos para mascotas… y el algoritmo en mis redes sociales ya se dio cuenta.
Con más de 15 años en marketing digital, siempre tengo los ojos abiertos a cómo las marcas se comunican. Y ayer, un video de Pedigree me atrapó. Más adelante te lo muestro. Prometido.
Verlo despertó mi curiosidad de mercadólogo: ¿qué más estaba haciendo la marca y cómo lo comunicaba?
3 acciones responsables de Pedigree y cómo las comunican con digital
Tres acciones en particular me llamaron la atención, no solo por lo que son, sino por cómo las están comunicando y los resultados que están logrando.
1. Programa «Pedigree Adóptame» y donación de alimento
Es el programa de responsabilidad corporativa más longevo y reconocido de la marca en el país, que funciona como un puente entre albergues y familias.
Resultados: Ha facilitado más de 83,000 adopciones exitosas en México.
Apoyo a albergues: Han donado más de 6,650 toneladas de alimento, asegurando que los perros en espera de un hogar tengan una nutrición profesional sin costo para los refugios. ¡Son más de 19 millones de platos de comida!
¿Cómo lo comunican?
¡Tienen un sitio completo solo para ello! Pedigree Adóptame. A través de él puedes adoptar a un nuevo integrante para tu familia o registrar un albergue, de modo que la estrategia es capicúa.
Además tiene información sobre por qué adoptar, tips y cuidados, así como un listado enorme de albergues.
Y sí, para usarlo es necesario registrarse, con lo que la marca obtiene tus datos… ¡lo cual NO es malo, mi gente! Así funciona el marketing digital. Dejemos de rasgarnos las vestiduras.
A ello suman infografías como esta en sitio y múltiples campañas en redes sociales para que el público también participe sintiéndose parte del esfuerzo.
2. Control poblacional
Esta es quizás su acción social más relevante. En marzo de 2026, la marca celebró un hito histórico: haber evitado, a través de sus jornadas de esterilización, que 35 millones de perros y gatos nazcan en situación de calle.
Impacto: Han realizado más de 497,000 esterilizaciones desde 2008.
Por qué importa: Ataca la raíz del problema del abandono en México, donde se estima que existen cerca de 28 millones de animales sin hogar.
A diferencia de otras marcas que solo donan alimento, Pedigree financia y organiza infraestructura médica para comunidades vulnerables:
Unidades Móviles: Clínicas itinerantes que viajan a zonas donde el acceso a servicios veterinarios es limitado o inexistente.
Jornadas Gratuitas: Eventos masivos de esterilización sin costo para los dueños, enfocándose en perros con hogar y perros rescatados.
Capacitación: Apoyan la formación de veterinarios locales en técnicas de cirugía de mínima invasión para que las recuperaciones sean más rápidas.
¿Cómo lo comunican?
Esta información se actualiza constantemente en sus redes sociales y en el sitio oficial de Mars Petcare México.
3. Manufactura con energía 100% eólica
A nivel ambiental, Pedigree ha logrado que toda su producción en México sea limpia. Desde hace varios años, el 100% de la energía eléctrica utilizada en sus plantas mexicanas proviene del viento.
Origen: La energía se genera en el parque eólico de Dzilam Bravo, Yucatán.
Impacto: Esto reduce drásticamente la huella de carbono de cada bolsa de alimento que llega a las tiendas, alineándose con su meta global de cero emisiones netas para 2050.
¿Cómo lo comunican?
Aquí va el video que me atrapó desde el principio, y que me parece jocoso, interesante, corto y al grano. Justo como se debe comunicar la sostenibilidad al consumidor.
Así que para decirlo en términos perrunos… ¡guau! ¡Qué bien lo está haciendo Pedigree en el marketing de reputación! Buen uso de sus activos digitales: sitio, redes sociales, e-mail marketing y comunicados de prensa. La vieja y sólida fórmula, sin hype, focalizada y con resultados concretos.
¿Qué mejoraría yo? Destacar esta información en sus empaques. Los que somos dueños de perros o gatos estamos interesados en conocer estos datos, lo que mitiga disonancias cognitivas y genera lealtad. Entiendo que el empaque es un activo difícil de tocar sin la venia del corporativo matriz, pero en mercados como el nuestro funcionaría muy bien.
Y hasta aquí la columna, porque debo sacar a mi perrita a darle su vuelta.
Luis Maram, Marketing y sostenibilidad Marketer, Speaker, Experto en Marketing y Reputación Linkedin | Creo en el poder transformador de las marcas
Luis Maram es estratega digital especializado en desarrollo de contenidos orientados a visibilidad de marca, reputación y responsabilidad corporativa. Durante años ha acompañado a marcas en el diseño de acciones digitales que inspiran a sus audiencias, generan conexión y producen resultados concretos —desde el content marketing y el social media hasta la inteligencia artificial.
Es Director de Marketing y Media en Expok, donde lidera la estrategia digital de la empresa. Asimismo, edita uno de los blogs de estrategia de contenido y marketing digital más reconocidos de México, LuisMaram.com, y ha impartido más de un centenar de conferencias en México y el extranjero.
Por muchos años, en el universo de la responsabilidad social empresarial parecía existir una ruta casi predeterminada: empresas volcadas hacia afuera, diseñando programas para comunidades vulnerables, apoyando causas sociales o impulsando proyectos ambientales. Y aunque ese enfoque sigue siendo fundamental, hoy comienza a sentirse un cambio interesante —y necesario— en la forma en que las organizaciones entienden su impacto.
Cada vez más compañías están reconociendo algo que parecía obvio, pero que no siempre se había abordado con suficiente intención: su primera comunidad es la que está dentro. Sus colaboradores, sus familias, su entorno inmediato. No obstante, entre las diversas iniciativas de bienestar interno que las compañías están impulsando, hoy interesa destacar el gran impacto de aquellas enfocadas en la educación, y es que resulta innegable el importanterol de la iniciativa privada en la educación, pues esta no sólo puede ampliar el acceso a la educación y fortalecer la continuidad académica en comunidades externas, sino que también puede ayudar a combatir las barreras que ponen en riesgo la permanencia y desarrollo escolar entre sus comunidades internas, cuando reconoce que, muchas de las problemáticas que busca combatir, afectan también a sus colaboradores y familias.
Este giro no implica sustituir las acciones externas, sino potenciarlas. Porque cuando una organización construye bienestar desde su núcleo, genera una base más sólida, más creíble y, sobre todo, más sostenible para amplificar su impacto social.
¿Por qué la RSE debería empezar desde adentro?: lo que dicen los datos
Este cambio de enfoque no es una simple tendencia intuitiva, también está respaldado por evidencia. En los últimos años, distintos estudios han puesto sobre la mesa una idea contundente: las empresas que invierten en el bienestar integral de sus colaboradores obtienen beneficios tanto sociales como organizacionales.
Gallup, por ejemplo, ha documentado no sólo pérdidas de hasta 20 millones de dólares por cada 10 mil trabajadores que sufren en el trabajo y, en contraste, cómo cuando los colaboradores perciben que su empresa se preocupa genuinamente por su bienestar tienen hasta cinco veces más probabilidades de estar comprometidos con su trabajo y hasta 51% más oportunidad de prosperar en sus vidas, además de ser 69% menos propensos a buscar otro empleo y 72% menos propensos a experimentar burnout. Más allá de los números, lo que estos datos revelan es un cambio en la naturaleza del vínculo: cuando una organización acompaña a las personas en su vida cotidiana, la relación deja de ser meramente laboral.
Pero hay algo aún más interesante. El bienestar no es un concepto aislado ni superficial. Gallup lo define como un sistema que incluye dimensiones como la estabilidad financiera, las relaciones sociales y el sentido de comunidad. Bajo esta lógica, iniciativas que apoyan a los colaboradores y a sus familias no solo atienden necesidades puntuales, sino que inciden directamente en varias de estas dimensiones al mismo tiempo.
Por su parte, Deloitte advierte que el bienestar no puede reducirse a beneficios o programas aislados. Debe formar parte del diseño mismo de la organización: de su cultura, de su liderazgo y de la forma en que se entiende a las personas que la integran. No es casual que, hoy, grandes empresas destinen en promedio millones de dólares al año a estrategias de bienestar. La cuestión ya no es si invertir o no, sino cómo hacerlo de manera significativa.
Desde una perspectiva más amplia, estudios académicos también han encontrado que las políticas que apoyan el entorno familiar tienen efectos indirectos, pero contundentes en el desempeño laboral, relacionados con el bienestar que generan al colaborador y su núcleo familiar.
Aquí es donde el rol de la iniciativa privada en la educación, la salud u otro eje de apoyo a sus colaboradores se vuelve especialmente relevante, pues, al ayudar al colaborador y su familia desde la empresa, el impacto regresa en forma de compromiso, estabilidad y cohesión interna, mientras que, hacia afuera, se genera desarrollo social y se proyecta una buena reputación corporativa. En este sentido, no es exagerado decir que invertir en programas que impulsen el bienestar de la comunidad interna es una de las formas más efectivas de generar valor compartido.
Un ejemplo claro de este tipo de enfoque es el programa que ha puesto en marcha Fundación Gigante, el cual busca apoyar la permanencia escolar de las hijas e hijos de sus colaboradores.
El Programa de Útiles Escolares de Fundación Gigante: ayuda que acompaña y conecta
El programa de entrega de útiles escolares de Fundación Gigante parte de una comprensión muy concreta de la realidad: para muchas familias, el inicio del ciclo escolar representa un reto económico importante. Uniformes, materiales, inscripciones, más de un menor en edad escolar y la suma de otros gastos recurrentes pueden convertirse en obstáculos para la permanencia escolar.
Frente a esto, la fundación ha decidido intervenir en un punto clave: asegurar que las hijas e hijos de colaboradores cuenten con los materiales básicos necesarios para estudiar. Por eso, mediante la entrega de paquetes de útiles escolares, el programa busca facilitar el acceso a condiciones más equitativas desde el inicio del ciclo.
El impacto de este programa es claro pues desde el inicio de su operación en 2009, han logrado entregar más de 114 mil paquetes de útiles, los cuales, ayudaron a que miles de estudiantes iniciaran en mejores condiciones el ciclo escolar. Tan sólo en 2025, la organización proporcionó más de 10 mil paquetes a las hijas e hijos de sus colaboradores, un apoyo que representa un alivio directo para miles de familias, que pueden redistribuir sus recursos hacia otras necesidades. Estas cifras ayudan a dimensionar cómo el rol de la iniciativa privada en la educación puede estructurarse como un eje estratégico de impacto. No obstante, como suele ocurrir con muchas iniciativas, el verdadero alcance está más allá de los números.
Por un lado, el programa contribuye a la permanencia escolar, al eliminar una barrera básica pero determinante: contar con los materiales necesarios. Por otro, incide en el entorno emocional y familiar. Para madres y padres, este tipo de apoyos no solo representa un beneficio económico, sino también tranquilidad.
Y al interior de la organización, el efecto es igual de relevante. Este tipo de programas fortalecen el vínculo entre empresa y colaborador desde un lugar poco explorado: el reconocimiento de su vida fuera del trabajo. Se genera confianza, cercanía y un sentido de respaldo que difícilmente se construye únicamente desde incentivos tradicionales.
Cuando el impacto social comienza en casa
Lo que evidencian iniciativas como la de Fundación gigante es algo cada vez más evidente: las empresas que comienzan su impacto social desde dentro no están reduciendo su alcance, lo están fortaleciendo, pues, cuando una organización decide acompañar a sus colaboradores en aspectos tan fundamentales como la educación de sus hijos, está construyendo algo más profundo que un programa social. Está generando condiciones para el desarrollo, fortaleciendo su cultura y creando un vínculo que trasciende lo laboral.
Acciones como esta demuestran no sólo que el rol de la iniciativa privada en la educación puede ser una de las vías más efectivas para crear valor compartido, también que para generar impacto sostenible y coherente se puede empezar por lo más cercano y lo más relevante., porque transformar hacia afuera siempre será más potente cuando primero se ha aprendido a transformar hacia adentro.
Recientemente, El Puerto de Liverpool de GRACIANO GUICHARDreportó una caída en ventas y resultados en el primer trimestre, afectada directamente por los eventos de seguridad de febrero (la captura y posterior muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”).
La compañía tuvo que cerrar temporalmente entre dos y tres días algunas tiendas en las regiones del Pacífico y el Bajío, sufrió interrupciones en la cadena de suministro y registró un gasto extraordinario y no recurrente de 150 millones de pesos solo para garantizar la estabilidad operativa y la continuidad del servicio.
Es un recordatorio crudo: en ciertos contextos, la disrupción no viene solo del mercado, sino del entorno. Y cuando eso ocurre, el daño se mide en puntos de venta, en un EBITDA que cayó 6.2% y, sobre todo, en confianza.
En esa conversación quedó muy claro cómo la empresa ha construido, de forma orgánica y estratégica, una verdadera licencia social para operar.
Según Rodríguez, los programas de inversión social y la participación activa con las comunidades —especialmente los proyectos de vivienda y desarrollo comunitario donde la empresa duplica las aportaciones— les han otorgado una auténtica licencia de operación.
Esa relación de confianza mutua funcionó como escudo de resiliencia: The Home Depot cerró temporalmente tiendas por algunas horas como medida preventiva, pero evitó interrupciones prolongadas y no reportó un gasto extraordinario comparable al de otras cadenas.
No es filantropía desconectada. Es gestión de riesgo de primer nivel.
Es entender que, en México, la estabilidad operativa y la rentabilidad a largo plazo dependen también —y de manera crítica— de la calidad de la relación con el tejido social donde operas.
Esto me lleva directamente a la reflexión que publiqué ayer aquí mismo sobre la compensación de los #CEOs en Estados Unidos.
No les pagan solo por resultados. Les pagan por no romper el sistema.
Les pagan por anticipar y mitigar exactamente este tipo de riesgos: disrupciones del entorno de seguridad, fallas en la cadena de suministro, pérdida de confianza comunitaria o problemas regulatorios. Les pagan por proteger la continuidad, la estabilidad y la licencia para seguir operando.
Liverpool tuvo que reaccionar con un gasto extraordinario de 150 millones de pesos. The Home Depot México, en cambio, parece haber invertido preventivamente en capital relacional y social, construyendo una licencia de operación que le permitió evitar interrupciones.
La diferencia entre una estrategia reactiva y otra preventiva se mide, al final, en la cuenta de resultados… y en la capacidad de seguir mirando al futuro con confianza.
Qué opinas…
En entornos de alta complejidad como el mexicano, ¿qué tan estratégico es tratar la licencia social para operar como un tema de riesgo empresarial de primer orden? ¿O seguimos viéndolo como un asunto de “responsabilidad social” separado del core business?
R con R, por Edgar López
Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.
Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.
Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.
La Generación Z no está consumiendo… está sobreviviendo.
Acabo de revisar The Little Book of Big Truths 2026 de McCann y aunque el informe habla de tendencias de la Gen Z, en realidad lo que estamos viendo es otra cosa: una reacción emocional de la juventud a un contexto que no da tregua.
Porque si algo define a este momento, no es la innovación… es la incertidumbre.
Durante años en marketing hablamos del consumidor aspiracional, del que busca más, del que quiere crecer. Hoy, en la Gen Z, pareciera que la lógica es distinta: son aspiracionales pero en su cultura no se trata de avanzar… se trata de sobrevivir a una realidad que es muy incierta.
Pequeños premios para sentirme bien
Uno de los conceptos más reveladores del estudio es la llamada Little Treat Culture. A simple vista podría parecer frivolidad: darse pequeños gustos, compras impulsivas, recompensas inmediatas. Pero cuando se revisa el contexto, todo cambia. No estamos hablando de indulgencias… estamos hablando de regulación emocional. Necesitan esos pequeños salvavidas.
La Gen Z vive con presión económica, con un entorno laboral incierto, con un futuro que no termina de dibujarse claro, llámese por la IA, la guerra, el desempleo, la inflación, la polarización, el backlash a DEI… Y por ende, encuentran en estos microconsumos una especie de pausa, de respiro, de pequeña recompensa cotidiana.
¿Es racional gastar diario en algo como un café caro cuando comparten renta? Financieramente no. ¿Es comprensible? Mucho más de lo que parece… porque no hacerlo es hundirse también emocionalmente.
3 tendencias de la Gen Z
El estudio plantea tres grandes líneas que están moldeando el consumo, especialmente el de la Gen Z. Lo irónico es que pareciera que son tendencias sostenibles pero ¿son convicción u obligación?
Thrifting
Durante años, comprar ropa u objetos de 2a mano fue visto como una alternativa económica. Hoy se presenta como una postura identitaria. Lo usado, lo vintage, lo que tiene historia… se convierte en símbolo de valor. E incluso podría decirse que hasta sostenible, consumo consciente, reuso.
Sin embargo, aquí vale la pena hacer una pausa incómoda: ¿esto responde realmente a una búsqueda de significado y sostenibilidad… o es simplemente una adaptación a un contexto económico complejo?
Porque muchas veces en marketing romantizamos comportamientos que en el fondo son necesidad.
Emprendimiento
Durante mucho tiempo se vendió la idea de “ser tu propio jefe” como aspiración. incluso el trabajo remoto era un ideal. Hoy, para una buena parte de la Gen Z, emprender no es una elección… es una obligación.
Cuando casi la mitad no tiene empleo formal, las plataformas digitales dejan de ser entretenimiento y se convierten en sustento. La marca personal ya no es branding. Es supervivencia.
Se ha dicho que la Gen Z es una generación que no solo consume, sino que opina, exige y, en muchos casos, confronta.
Así el estudio señala que la neutralidad ante los comportamientos hipócritas o incoherentes de las marcas ya no es visto como prudencia, sino como complicidad.
Y aunque hay una base real en esto, también conviene mantener cierta cautela: en mi experiencia de más de 15 años en temas de responsabilidad corporativa y sostenibilidad, debo decir que en la práctica, el precio y la calidad siguen siendo decisores mucho más fuertes que las causas o la coherencia de valores. El activismo influye, sí… pero rara vez domina la decisión final.
El cierre del informe es particularmente interesante porque rompe con una obsesión que llevamos tres años arrastrando en marketing: la idea de que todo se resuelve con algoritmos. La apuesta para ellos no está ahí. Está en algo mucho más complejo y, al mismo tiempo, más básico: quieren ser entendidos. Ser más humanos.
En un entorno que se percibe saturado, hecho por algoritmos e IA, demandante y, en muchos casos, abrumador, las marcas que realmente conecten serán aquellas capaces de ofrecer algo que hoy es escaso: un poco de claridad… un poco de simplicidad… y, sobre todo, una sensación de alivio. ¿Qué marcas podrán proveer eso?
Luis Maram, Marketing y sostenibilidad Marketer, Speaker, Experto en Marketing y Reputación Linkedin | Creo en el poder transformador de las marcas
Luis Maram es estratega digital especializado en desarrollo de contenidos orientados a visibilidad de marca, reputación y responsabilidad corporativa. Durante años ha acompañado a marcas en el diseño de acciones digitales que inspiran a sus audiencias, generan conexión y producen resultados concretos —desde el content marketing y el social media hasta la inteligencia artificial.
Es Director de Marketing y Media en Expok, donde lidera la estrategia digital de la empresa. Asimismo, edita uno de los blogs de estrategia de contenido y marketing digital más reconocidos de México, LuisMaram.com, y ha impartido más de un centenar de conferencias en México y el extranjero.
Por su destacada participación en la gestión pública, el liderazgo que ha mostrado y su incidencia en políticas de género en Nuevo León, Martha Herrera, Coordinadora Operativa Municipal de MC en Monterrey, recibió el galardón “Mujer que Inspira 2026”, en la categoría de Política.
La distinción, otorgada por la Red de Mujeres Empresarias de la República Mexicana (Redmuem), reconoce a mujeres sobresalientes que por su labor y trayectoria se han convertido en ejemplo e inspiración para la sociedad.
En la ceremonia, realizada en Tlaxcala, Herrera agradeció a la Redmuem y aseguró que hoy en día es necesario que más mujeres participen en espacios donde se decida el rumbo de sus comunidades y del país.
Debemos de lograr que cada vez más mujeres ocupen puestos en empresas, en organizaciones, en comités, en consejos, en el Gobierno, pero mujeres que no nada más lleguen, mujeres que lideren, que inspiren, que logren transformar esos espacios.
“Yo amo a Monterrey, amo a Nuevo León y amo a México, y mi compromiso sigue firme, mi compromiso es con las personas, para lograr que todas las personas tengan los mismos derechos, pero también las mismas oportunidades, así que es un gran honor recibir este galardón a nombre de Nuevo León, a nombre de Monterrey, y a nombre de todas las mujeres que me han inspirado en la vida”, enfatizó.
Al recibir la estatuilla conmemorativa y el título de Socia Honoraria de Redmuem, Herrera señaló que las mujeres de Monterrey, de Nuevo León y de todo el país pueden encontrar en ella una aliada para construir una mejor comunidad y una mejor sociedad.
“Este reconocimiento no es solo personal, es reflejo del trabajo colectivo de muchas mujeres y hombres que creen en un México más justo e incluyente. Seguiremos trabajando para que las oportunidades lleguen a quienes más las necesitan y para que la igualdad sea una realidad cotidiana”, expresó Herrera.
La categoría Política del galardón “Mujer que Inspira 2026” reconoce a mujeres con trayectoria y liderazgo con impacto positivo en políticas de género, y que en el caso de Martha Herrera se ha visto reflejado en su participación en el servicio público y en la cooperación internacional que logró desde la iniciativa privada durante más de 25 años en Cemex.
Martha Herrera actualmente se desempeña como Coordinadora Operativa Municipal de Movimiento Ciudadano en Monterrey, pero de forma previa encabezó durante casi cinco años la Secretaría de Igualdad e Inclusión de Nuevo León, donde logró una reducción histórica de la pobreza en la entidad, programas como Hambre Cero y Ayudamos a las Mujeres multiplicaron su presencia en la entidad, al tiempo que se dedicó a impulsar proyectos y talleres para darle a la mujer y a las personas en general un lugar al centro de las políticas públicas.
La Red de Mujeres Empresarias de la República Mexicana también reconoció a Beatriz Pacheco Barrionuevo, Dulce Silva Hernández, Claudia Corichi García, y Daniela Mier Bañuelos, entre otras, por su destacada participación en la vida de sus comunidades.