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ONG lanzan herramienta contra riesgos de deforestación y derechos humanos

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El dinero nunca había estado tan cerca de los bosques. Durante años, las conversaciones sobre deforestación parecían concentrarse en empresas agrícolas, cadenas de suministro o políticas públicas, pero hoy el foco también apunta hacia quienes financian las operaciones. Bancos, fondos de inversión y gestores de activos enfrentan una pregunta cada vez más incómoda: ¿qué tan responsables son las inversiones que sostienen actividades con impactos ambientales y sociales?

En ese contexto, una coalición de 23 organizaciones ambientales y de derechos humanos decidió mover la conversación hacia la acción. La iniciativa Accountability Framework (AFi) presentó una herramienta financiera diseñada para ayudar al sector financiero a identificar impactos vinculados con la deforestación, la conversión de ecosistemas y las afectaciones a derechos humanos. Más que un instrumento técnico, representa una nueva vía para disminuir riesgos en un entorno donde la sostenibilidad dejó de ser opcional y se convirtió en un factor estratégico.

Cómo disminuir riesgos desde el origen del financiamiento

Durante años, el sistema financiero observó los impactos ambientales como un asunto secundario o distante de los balances económicos. Sin embargo, el aumento de regulaciones, litigios climáticos y presión social ha cambiado las reglas del juego. Hoy, una inversión vinculada con deforestación puede derivar en afectaciones reputacionales, pérdidas económicas o cuestionamientos por parte de inversionistas y consumidores.

La nueva herramienta financiera de AFi busca precisamente cerrar esa brecha de información. Diseñada para bancos, fondos de pensiones, gestores de activos e inversionistas, permite identificar dónde existen amenazas relacionadas con la pérdida de ecosistemas o posibles violaciones de derechos humanos dentro de sus carteras de inversión y préstamos. El objetivo es claro: disminuir riesgos antes de que los impactos escalen y afecten tanto a las comunidades como a los negocios.

Además de detectar puntos críticos, el recurso permite priorizar la colaboración con empresas donde una intervención puede generar cambios reales. En lugar de limitarse a señalar problemas, la herramienta propone rutas de acción para impulsar transformaciones dentro de cadenas agroalimentarias y forestales.

Una guía práctica para evaluar empresas y disminuir riesgos

Uno de los principales desafíos para las instituciones financieras ha sido traducir los compromisos ESG en criterios concretos de evaluación. No basta con promesas corporativas o declaraciones públicas; cada vez es más necesario entender qué tan alineadas están las empresas con políticas reales de abastecimiento responsable y respeto a derechos humanos.

La herramienta financiera AFi funciona como una hoja de ruta para responder a esa necesidad. Basada en el Accountability Framework, integra indicadores provenientes de plataformas reconocidas como CDP, Forest 500, Forest IQ y la Iniciativa de Reporte Global (GRI). Gracias a ello, las instituciones pueden analizar si las compañías cuentan con compromisos claros de no deforestación, mecanismos de monitoreo ambiental y estrategias de trazabilidad en sus cadenas de suministro.

Otro elemento relevante es que el instrumento no se queda únicamente en el diagnóstico. También incorpora recomendaciones para dialogar con empresas, establecer prioridades y generar procesos de mejora. Esto fortalece la capacidad de las organizaciones financieras para disminuir riesgos asociados a decisiones de inversión que antes podían pasar inadvertidas.

Cuando la sostenibilidad se convierte en un asunto financiero

La conversación sobre biodiversidad y derechos humanos ha dejado de pertenecer exclusivamente al ámbito ambiental. Hoy, el sector financiero enfrenta un creciente escrutinio sobre cómo gestiona riesgos relacionados con la naturaleza y el clima, especialmente en industrias como la agricultura, el aceite de palma, la ganadería o la producción forestal.

Jeff Milder, director de AFi, ha señalado que las instituciones financieras necesitan herramientas que les permitan actuar frente a los crecientes riesgos regulatorios, reputacionales y operativos derivados de la deforestación. Esto es particularmente relevante en un momento donde mercados internacionales exigen estándares más estrictos sobre abastecimiento responsable y transparencia corporativa.

La presión también responde a una realidad económica: ignorar los impactos ambientales ya no sale barato. Desde interrupciones en cadenas de suministro hasta sanciones regulatorias, las consecuencias financieras de no anticipar riesgos son cada vez más visibles.

El papel de las alianzas en una nueva economía responsable

La herramienta no surgió de forma aislada. Su desarrollo contó con la colaboración de los Principios para la Inversión Responsable (PRI), además de pruebas piloto realizadas por inversionistas participantes de PRI Spring. Asimismo, incorpora experiencia técnica de organizaciones referentes como CDP, Ceres, Global Canopy y GRI, fortaleciendo su legitimidad y aplicabilidad.

Esta colaboración resulta significativa porque refleja una tendencia creciente: los retos ambientales y sociales requieren respuestas colectivas. La transformación de las cadenas de valor no depende únicamente de productores o consumidores, sino también de quienes habilitan el capital que mueve sectores enteros de la economía.

La propia AFi ha insistido en que convertir la producción ética en la nueva normalidad implica establecer expectativas claras, monitorear avances y ofrecer herramientas que permitan a los actores económicos actuar con mayor claridad y responsabilidad.

La llegada de esta herramienta financiera marca un punto de inflexión para el sector financiero. Durante mucho tiempo, las inversiones se analizaron principalmente bajo criterios de rentabilidad; hoy, entender los impactos ambientales y sociales asociados se vuelve igual de importante para proteger valor, reputación y continuidad operativa.

En un escenario donde los riesgos climáticos y de derechos humanos ocupan cada vez más espacio en la agenda empresarial, instrumentos como el de AFi pueden convertirse en aliados clave para disminuir riesgos, fortalecer decisiones de inversión y acercar al sistema financiero a un modelo donde el crecimiento económico y la responsabilidad ya no caminen por separado.

¿Más dinero o mejor calidad de vida? El reto laboral de las empresas responsables

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Durante años, el debate laboral giró alrededor de una pregunta aparentemente simple: ¿es mejor trabajar desde la oficina o desde casa? Sin embargo, conforme el mercado laboral se transforma y las nuevas generaciones replantean sus prioridades, esa conversación parece quedarse corta. Hoy, empresas y colaboradores enfrentan una tensión más compleja: cómo equilibrar productividad, bienestar y resultados sin sacrificar la experiencia humana del trabajo.

El cambio no es menor. Mientras algunas compañías avanzan hacia un retorno total a la presencialidad, miles de trabajadores comienzan a valorar algo distinto: el control sobre su tiempo. La posibilidad de decidir cuándo concentrarse, cuándo colaborar y cuándo atender responsabilidades personales se perfila como el nuevo reto laboral para organizaciones que buscan mantenerse competitivas, responsables y atractivas para el talento.

Del “dónde” al “cuándo”: el nuevo reto laboral

La disputa entre trabajo remoto y presencial sigue vigente. De hecho, estudios recientes apuntan a un endurecimiento de políticas: cerca del 30% de las empresas eliminarían el trabajo remoto en 2026, mientras muchos directores ejecutivos anticipan un regreso completo a oficinas hacia 2027. A simple vista, parecería que la conversación gira únicamente en torno al espacio físico.

Sin embargo, algo está cambiando bajo la superficie. El verdadero debate ya no se centra exclusivamente en dónde trabajan las personas, sino en cuándo pueden hacerlo. La autonomía horaria —la capacidad de gestionar tiempos de concentración, pausas, reuniones y vida personal— comienza a ganar terreno como un diferenciador clave para atraer y retener talento.

reto laboral

Este giro responde a una realidad cada vez más evidente: las cargas laborales son más intensas, los calendarios están saturados y las reuniones se multiplican. Para muchas personas, poder iniciar antes o después su jornada, proteger bloques de tiempo sin interrupciones o tener mayor previsibilidad representa un beneficio tan valioso como el salario.

Cuando la calidad de vida supera al sueldo

Durante décadas, el dinero ocupó el primer lugar entre las prioridades laborales. Hoy, el panorama empieza a modificarse. El equilibrio entre vida personal y trabajo se ha convertido en uno de los factores más valorados por los empleados, superando incluso la remuneración económica en múltiples encuestas globales.

La explicación parece lógica. Tener un ingreso competitivo sigue siendo importante, pero ya no basta para compensar jornadas fragmentadas, agotamiento constante o la imposibilidad de atender responsabilidades familiares. Personas cuidadoras, madres, padres o colaboradores con necesidades de salud física y emocional demandan estructuras laborales más humanas y sostenibles.

Aquí emerge una pregunta incómoda para muchas organizaciones: ¿qué pesa más en la propuesta de valor al empleado, un mejor salario o una vida con menos desgaste? Para las empresas responsables, ignorar esta conversación podría traducirse en mayor rotación, desmotivación y pérdida de reputación empleadora.

El reto laboral de medir productividad sin controlar horarios

Uno de los mayores temores empresariales frente a la autonomía horaria es la productividad. Persisten dudas sobre si equipos menos sincronizados pueden mantener resultados consistentes, cumplir objetivos o colaborar de forma efectiva.

Pero quizá el problema radica en medir con reglas del pasado un modelo de trabajo distinto. Si las organizaciones continúan evaluando desempeño con base en presencia, conexión constante o tiempo frente a la pantalla, el cambio será difícil. La autonomía exige una nueva cultura basada en resultados, claridad de objetivos y métricas relevantes.

Más que contar horas trabajadas, las empresas comienzan a valorar tiempos de respuesta, calidad del trabajo, cumplimiento de entregables, satisfacción del cliente y eficiencia operativa. En otras palabras, el desempeño deja de medirse por permanencia y empieza a medirse por impacto.

El costo invisible de la cultura de “siempre disponible”

Aunque la flexibilidad parece una promesa positiva, también puede convertirse en una trampa. Cuando no existen límites claros, la autonomía se transforma en hiperconectividad: correos fuera del horario laboral, reuniones innecesarias y disponibilidad permanente.

Muchas personas experimentan la flexibilidad como una contradicción. Se supone que tienen libertad, pero terminan trabajando más horas para compensar tiempos personales o mantenerse visibles ante sus líderes. El riesgo es evidente: el agotamiento se desplaza de la oficina al hogar.

Para evitarlo, las organizaciones necesitan establecer reglas claras. Definir horarios núcleo de colaboración, expectativas razonables de respuesta y espacios protegidos de concentración puede marcar la diferencia entre un modelo sostenible y uno que solo disfraza el estrés bajo el discurso de la flexibilidad.

¿Qué papel jugarán las oficinas en este nuevo escenario?

Si el trabajo ya no depende exclusivamente de un lugar, surge otra interrogante inevitable: ¿qué sentido tiene la oficina física? Para muchas empresas, este podría convertirse en uno de los grandes puntos de inflexión del próximo reto laboral.

La respuesta parece orientarse hacia una transformación del espacio corporativo. Más que lugares obligatorios de asistencia, las oficinas podrían evolucionar hacia centros de colaboración, aprendizaje, innovación y construcción de cultura organizacional.

En este contexto, los empleados acudirán menos por obligación y más por valor agregado. Espacios diseñados para la creatividad, tecnología eficiente, mentoría y experiencias colectivas podrían volver a la oficina un destino atractivo en lugar de una imposición administrativa.

Liderazgo responsable: menos vigilancia, más claridad

La autonomía temporal no funciona sin liderazgo sólido. Delegar libertad sin objetivos claros puede generar desorganización, cuellos de botella y frustración tanto para equipos como para líderes.

Por ello, las empresas que logran mejores resultados suelen compartir un mismo principio: expectativas transparentes desde el inicio. Cuando las personas entienden qué se espera, cuáles son las prioridades y cómo se evaluará el desempeño, el control excesivo pierde sentido.

En distintos casos empresariales, redefinir dinámicas laborales con autonomía ha reducido tiempos de ejecución, minimizado retrabajos y aumentado productividad sin extender jornadas. Esto demuestra que el verdadero liderazgo no consiste en supervisar constantemente, sino en construir sistemas de confianza y rendición de cuentas.

El futuro del trabajo será una prueba para las empresas responsables

El debate sobre trabajo remoto o presencial probablemente continuará. Sin embargo, las organizaciones que solo enfoquen la conversación en el lugar podrían estar pasando por alto el cambio más importante: las personas ya no solo buscan flexibilidad espacial, sino soberanía sobre su tiempo.

El gran reto laboral para las empresas responsables será construir modelos que equilibren bienestar, productividad y objetivos de negocio sin caer en extremos. Porque al final, el dilema entre más dinero o mejor calidad de vida quizá tenga una respuesta menos polarizada: los colaboradores quieren ambas cosas, pero cada vez están menos dispuestos a sacrificar su tiempo personal para conseguirlas.

¿Fútbol o productividad? El dilema que enfrentan las empresas durante el Mundial 2026

El Mundial de Futbol 2026 promete paralizar conversaciones, llenar oficinas de pronósticos y convertir los horarios laborales en terreno de debate. Con partidos que se jugarán durante la jornada de trabajo, muchas organizaciones ya comienzan a preguntarse si permitir que los colaboradores sigan los encuentros será una decisión estratégica o un golpe a la productividad. En medio de la expectativa, el torneo también abre una conversación sobre bienestar, cultura organizacional y flexibilidad laboral.

Para las empresas durante el Mundial, el reto no se limita a decidir si se prenden o no las pantallas en la oficina. El verdadero desafío consiste en gestionar emociones, expectativas y niveles de concentración en un entorno donde millones de personas estarán pendientes de cada resultado. Lejos de ser un tema trivial, especialistas advierten que ignorar el fenómeno puede salir más caro que gestionarlo inteligentemente.

Empresas durante el Mundial: ¿prohibir o capitalizar la emoción?

En cada Copa del Mundo ocurre algo similar: las oficinas se transforman. Los chats se llenan de apuestas amistosas, los descansos se alargan unos minutos y los teléfonos se convierten en una segunda pantalla. Frente a esto, algunas compañías optan por endurecer reglas para evitar distracciones, mientras otras prefieren aprovechar el entusiasmo colectivo como un catalizador de engagement.

De acuerdo con Ana Estrada, experta en desarrollo humano y CEO de Brújula Interior, y un artículo de El Economista, las emociones impactan directamente en la concentración, la memoria y la toma de decisiones. Esto significa que pretender que los colaboradores ignoren por completo el Mundial podría resultar poco realista. Más aún cuando el ambiente festivo suele contagiar incluso a quienes no siguen el futbol de manera habitual.

empresas durante el Mundial

En este contexto, las organizaciones enfrentan un dilema: ejercer control o transformar la emoción en un activo. Apostar por la inteligencia emocional puede ayudar a que esa “montaña rusa” de entusiasmo juegue a favor del clima laboral, en lugar de convertirse en una fuente permanente de distracción.

El costo invisible de las restricciones

Prohibir no necesariamente significa resolver. Para Melhina Magaña, cofundadora de Daucon, limitar el acceso a los partidos puede generar dinámicas informales que terminan afectando la cultura organizacional y la relación entre equipos. Cuando no existen reglas claras, las personas llenan esos vacíos con interpretaciones propias, creando incertidumbre y hasta tensiones innecesarias.

El problema es que el interés por los partidos no desaparece por decreto. Si los colaboradores no pueden seguir los encuentros abiertamente, probablemente buscarán alternativas: revisarán el marcador desde el celular, extenderán pausas o incluso reorganizarán su tiempo sin autorización. Esto puede traducirse en interrupciones más constantes y menor transparencia dentro de la organización.

La realidad es que muchas empresas durante el Mundial podrían enfrentar un fenómeno silencioso: la clandestinidad laboral del futbol. Paradójicamente, intentar bloquear el interés por el torneo podría dispersar más la atención de los equipos que reconocerlo y administrarlo de forma estratégica.

Empresas durante el Mundial y el valor del salario emocional

Más que una concesión, permitir ciertos espacios para ver partidos puede convertirse en una herramienta de salario emocional. Especialistas sugieren abrir conversaciones con los equipos para identificar cuáles encuentros despiertan mayor interés —como el inaugural o los partidos de la selección nacional— y construir acuerdos alrededor de ellos.

Aunque no existen estudios concluyentes que indiquen que ver el Mundial aumenta automáticamente la satisfacción laboral, sí hay evidencia sobre el impacto positivo de la autonomía. La teoría de autodeterminación de Edward Deci y Richard Ryan señala que cuando las personas sienten capacidad de decisión y llegan a acuerdos, su motivación suele fortalecerse.

Este enfoque puede abrir oportunidades prácticas: colaboradores dispuestos a reorganizar pendientes, compensar horarios o extender jornadas para cumplir objetivos sin perderse los encuentros. Cuando existe claridad, flexibilidad y responsabilidad compartida, el Mundial deja de verse como un obstáculo y se convierte en una experiencia de cohesión.

Organización y reglas claras: la verdadera jugada maestra

El éxito no depende únicamente de la flexibilidad, sino de cómo se implementa. Las compañías que decidan habilitar espacios para ver partidos o realizar dinámicas internas deben acompañar estas medidas con lineamientos claros: prioridades definidas, entregables alineados y acuerdos visibles para todos.

Algunas organizaciones incluso podrían aprovechar el evento para fortalecer el sentido de pertenencia. Instalar pantallas en áreas comunes o promover espacios de convivencia durante el medio tiempo no necesariamente implica grandes inversiones, pero sí envía un mensaje importante: la empresa entiende el contexto cultural y busca equilibrar bienestar con desempeño.

Para las empresas durante el Mundial, la diferencia entre una iniciativa exitosa y un problema operativo estará en la preparación. Cuando la flexibilidad parece improvisación, puede interpretarse como falta de orden; pero cuando existe estructura, el torneo se convierte en una oportunidad para reforzar compromiso, identidad y lealtad.

El Mundial 2026 pondrá a prueba algo más que la pasión futbolera: obligará a las organizaciones a replantear cómo equilibran productividad, bienestar y cultura laboral. Ignorar el entusiasmo colectivo probablemente sea tan poco efectivo como permitirlo sin límites. El punto medio parece estar en la conversación, la planeación y la confianza.

Al final, el dilema no es únicamente si ver o no los partidos dentro de la oficina. La verdadera pregunta es qué tipo de experiencia quieren construir las empresas con sus colaboradores. Porque, después del silbatazo final, lo que permanecerá no será el marcador, sino la percepción de una organización capaz —o no— de entender a las personas que la conforman.

¿Retroceso para la gastronomía sostenible? Michelin elimina “Estrella Verde”

La sostenibilidad ha ganado terreno en industrias que hace apenas unos años parecían concentradas únicamente en la excelencia operativa o la rentabilidad. En la gastronomía, ese cambio se reflejó cuando la Guía Michelin —uno de los referentes más influyentes del sector restaurantero— decidió reconocer no solo la calidad culinaria, sino también el impacto ambiental de los restaurantes. Sin embargo, una reciente decisión ha abierto una conversación incómoda: ¿qué pasa cuando desaparecen los incentivos visibles para hacer las cosas mejor?

La eliminación de la Estrella Verde de Michelin, el distintivo creado en 2020 para reconocer prácticas sostenibles ejemplares, ha despertado inquietudes dentro y fuera del sector gastronómico. Para algunos, representa un replanteamiento natural de las estrategias de reconocimiento; para otros, podría interpretarse como un retroceso simbólico en un momento donde consumidores, reguladores e inversionistas exigen más transparencia y compromiso ambiental.

De un trébol verde a una pregunta incómoda

Cuando Michelin lanzó la Estrella Verde de Michelin en 2020, el contexto global ya estaba marcado por una creciente urgencia climática y una transformación de las expectativas de consumo. El reconocimiento surgió como una respuesta a los esfuerzos que inspectores de la guía observaban en restaurantes comprometidos con reducir su impacto ambiental, priorizar ingredientes locales, disminuir residuos y fortalecer prácticas regenerativas.

A diferencia de las famosas estrellas Michelin tradicionales —que evalúan la excelencia culinaria—, este distintivo tenía otro propósito: poner bajo los reflectores a quienes entendían que la gastronomía no solo se mide en sabores, sino también en decisiones éticas. Restaurantes con huertos propios, proveedores de cercanía o cadenas de suministro más responsables comenzaron a encontrar un espacio de validación internacional.

El pequeño trébol verde se convirtió rápidamente en una poderosa herramienta reputacional. No solo servía como reconocimiento físico, sino también como un mensaje claro para clientes cada vez más atentos al impacto social y ambiental de sus elecciones de consumo.

Estrella Verde de Michelin

¿Por qué desaparece la Estrella Verde de Michelin?

La decisión fue confirmada discretamente por la Guía Michelin el pasado 18 de mayo, coincidiendo con el anuncio de una nueva iniciativa editorial llamada Mindful Voices. Aunque la empresa insiste en que no se trata de un paso atrás, sino de una evolución, la eliminación del distintivo ha generado preguntas inevitables sobre el lugar que ocupará la sostenibilidad dentro de la narrativa gastronómica global.

Michelin argumenta que su nueva apuesta busca ampliar la conversación y dar voz a personas —chefs, hoteleros y expertos del vino— cuyas trayectorias e iniciativas estén impulsando cambios positivos en la industria. Según la compañía, este enfoque refleja mejor la complejidad transversal de los retos actuales, integrando gastronomía, hospitalidad y vino bajo un mismo paraguas de excelencia responsable.

Sin embargo, el cambio también supone el fin de una referencia tangible. A finales de este año, los restaurantes ya no podrán anunciarse como poseedores de Estrellas Verdes, incluso aquellos que recibieron el reconocimiento recientemente, como los siete establecimientos distinguidos este año en Gran Bretaña e Irlanda.

La sostenibilidad no puede depender de un sello

El debate va más allá de Michelin. La desaparición de un distintivo como este plantea una pregunta de fondo: ¿las empresas sostienen sus compromisos ambientales por convicción o porque existe una recompensa pública?

Para Mark Sait, director ejecutivo de la consultora SaveMoneyCutCarbon, el mensaje es claro: retirar el reconocimiento no debería traducirse en menor ambición. Desde su perspectiva, las organizaciones más competitivas serán aquellas que continúen elevando estándares aun cuando los símbolos o el lenguaje del mercado alrededor de la sostenibilidad cambien.

El comentario resulta especialmente relevante en un momento donde las estrategias ESG enfrentan una creciente presión reputacional. Mientras algunas empresas reducen la intensidad de sus discursos ambientales por miedo a acusaciones de greenwashing, otras entienden que el verdadero reto ya no es prometer, sino demostrar resultados concretos.

Estrella Verde de Michelin: más que un reconocimiento simbólico

Para muchos restaurantes, el distintivo funcionó como un incentivo para formalizar prácticas que quizá ya implementaban de forma aislada. Michelin evaluaba factores como la procedencia de ingredientes, el uso de productos de temporada, la gestión de residuos alimentarios, el reciclaje y la manera en que los equipos comunicaban su enfoque sostenible a clientes y comunidades.

Este sistema ayudó a posicionar nuevas conversaciones dentro de la alta cocina. De pronto, hablar de desperdicio alimentario, agricultura regenerativa o reducción de plásticos dejó de ser un nicho y comenzó a formar parte del lenguaje aspiracional de restaurantes de prestigio.

Además, el reconocimiento enviaba un mensaje importante al consumidor: la excelencia gastronómica podía coexistir con la responsabilidad ambiental. En una industria históricamente asociada al desperdicio y cadenas de suministro complejas, eso representaba un cambio cultural significativo.

Mindful Voices: ¿una evolución o un cambio de narrativa?

La nueva iniciativa de Michelin, Mindful Voices, arrancará oficialmente el 1 de junio durante la ceremonia de la Guía Michelin de los Países Nórdicos en Copenhague, Dinamarca. Inicialmente enfocada en Europa, buscará expandirse globalmente a lo largo del año mediante historias editoriales en formato impreso, sitio web y aplicación.

A diferencia de la Estrella Verde, esta plataforma no premiará directamente prácticas sostenibles, sino que destacará historias de personas inspiradoras dentro de la gastronomía, hospitalidad y el vino. Michelin sostiene que esta visión ofrece una representación más integral de las transformaciones del sector.

Sin embargo, algunos especialistas podrían preguntarse si contar historias tiene el mismo peso que otorgar un distintivo verificable. Después de todo, los reconocimientos públicos no solo celebran logros: también crean estándares aspiracionales y generan competencia positiva entre actores de una industria.

Una historia que Michelin ya había ayudado a escribir

Resulta paradójico que Michelin retire un distintivo de sostenibilidad justo cuando las expectativas sobre responsabilidad corporativa son mayores. La guía, nacida en 1889 como un pequeño manual para automovilistas franceses, logró reinventarse durante más de un siglo hasta convertirse en autoridad global sobre excelencia gastronómica.

Precisamente por esa capacidad de influir en comportamientos, la Estrella Verde de Michelin tenía un valor que iba más allá de la promoción comercial. Representaba una señal cultural de hacia dónde debía evolucionar la industria restaurantera.

Hoy, con más de 40 mil establecimientos evaluados en distintos territorios, Michelin sigue teniendo el poder de moldear tendencias. La pregunta no es si continuará impulsando la sostenibilidad, sino de qué forma logrará hacerlo sin uno de sus símbolos más visibles.

La eliminación de la Estrella Verde abre un debate que trasciende a Michelin: ¿cómo se reconoce y acelera el cambio sostenible en industrias donde el prestigio importa tanto como el desempeño? Aunque Mindful Voices promete amplificar voces inspiradoras, todavía está por verse si las historias pueden sustituir el impacto que tenía un distintivo fácilmente identificable por consumidores y negocios.

Lo cierto es que la sostenibilidad en gastronomía ya no puede depender únicamente de premios o tendencias reputacionales. En un entorno marcado por regulaciones, presión de costos y consumidores más conscientes, los restaurantes que continúen apostando por prácticas responsables probablemente seguirán destacando, con o sin un trébol verde en la puerta.

En reconocimiento a su compromiso Ambiental, Social y de Gobierno Corporativo, Alsea obtiene distintivo ESR por décimo quinta vez consecutiva

Alsea, operador líder de establecimientos de Comida Rápida, Cafeterías y Restaurantes de Servicio Completo en América Latina y Europa, recibió por 15° año consecutivo el Distintivo Empresa Socialmente Responsable (ESR).

Esta distinción, otorgada anualmente por el Centro Mexicano para la Filantropía (CEMEFI), premia la excelencia y liderazgo de la compañía en materia de responsabilidad social y sostenibilidad en México.

Para la edición del 2026, el Centro realizó una evaluación de la forma en que las empresas integran los principios Ambientales, Sociales y de Gobierno Corporativo a su estructura de negocio.

A través de una reevaluación de su impacto y visión de crecimiento, Alsea actualizó en 2025 su Modelo de Sostenibilidad para atender de manera prioritaria seis metas alineadas a los Objetivos del Desarrollo Sostenible. Desde 2011, cuando recibió el premio por primera vez, Alsea ha evolucionado para aplicar estos esfuerzos en todas sus áreas.

Para asegurar la atención efectiva de sus metas y asegurar que su estrategia esté alineada con las mejores prácticas internacionales de responsabilidad social y sostenibilidad, Alsea también cuenta con una estructura de Gestión de Sostenibilidad Global que realiza estudios de doble materialidad cada dos años para medir y recalibrar sus avances. Además, a través de Fundación Alsea, A.C., trabaja con aliados para impulsar acciones que generen un impacto positivo en las comunidades donde tienen presencia bajo tres líneas de acción: alimentación, empleabilidad y educación.

A lo largo de más de una década y media, el proceso de evaluación del Distintivo ESR ha cambiado, y Alsea ha mantenido su estrategia de sostenibilidad al tanto de las tendencias en transformación empresarial.

Algunos ejemplos de las acciones realizadas por Alsea y sus marcas a través de Fundación Alsea, A.C., incluyen:

  • En 2025 se llevó a cabo la 4ta edición del Premio Alsea, donde se rompió el récord histórico de postulaciones, con más de 100 proyectos inscritos y resultó ganador el postulado por el Dr. Samuel Durán Agüero y la Universidad de San Sebastián en Chile, el cual recibirá un apoyo de $150 mil dólares para desarrollar su investigación multirregional, que busca actualizar el perfil alimentario y nutricional de países de Latinoamérica y España.
  • Entre octubre y diciembre se realizó la campaña de recaudación 2025 del Movimiento Va por Mi Cuenta mediante acciones de recaudación, comunicación interna, alianzas con organizaciones sociales aliadas y la participación de Alsea y sus marcas se logró superar el récord que tuvo en 2024, cuando alcanzó la suma de $51.8 millones de pesos.
  • Fundación Alsea, A.C. cerró el 2025 con una inversión de más de $69 millones 583 mil pesos que beneficiaron a 1 millón 438 mil 953 personas en situación vulnerable.
  • En 2025 Alsea mantuvo su participación dentro del Corporate Sustainability assessment del Dow Jones Sustainability Index (DJSI), consolidándose por encima de la media del sector de restaurantes y consumo, evaluadas en criterios Ambientales, Sociales y de Gobernanza (ASG).

La Fundación Rockefeller consolida su primer año en América Latina con inversiones por 59 MDD

La Fundación Rockefeller presentó hoy en Bogotá el Informe de Impacto de 2025, Big Bets, Real Results (“Grandes Apuestas, Resultados Reales”), que resume un año de inversiones estratégicas orientadas a mejorar la vida de las poblaciones más vulnerables y enfrentar los retos estructurales más importantes a nivel global. En un contexto marcado por la disminución de la ayuda internacional, se destacó el primer año de operaciones de la Oficina Regional de la Fundación Rockefeller para América Latina y el Caribe, ubicada en Bogotá, con una inversión regional superior a los 59 millones de dólares durante 2025. 

El informe muestra cómo la Fundación está impulsando soluciones desarrolladas desde y para la región, con foco en alimentación escolar, salud pública, resiliencia climática, energía limpia y fortalecimiento de capacidades filantrópicas locales. Esto forma parte de una estrategia global que en 2025 destinó más de USD 350 millones para beneficiar a 731 millones de personas, y además movilizó USD 3.000 millones de manera directa a nivel mundial.

“Durante el primer año de operación de la Oficina Regional para América Latina y el Caribe, priorizamos alianzas locales y modelos impulsados por las comunidades para proteger tanto al planeta como a las personas. Desde el uso de inteligencia artificial para predecir brotes de dengue en Cali hasta esfuerzos de reforestación en Maranhão, nuestra inversión en la región está enfocada en fortalecer la resiliencia local frente a la volatilidad global”, afirmó Lyana Latorre, vicepresidenta para América Latina y el Caribe de la Fundación Rockefeller.

El reporte, organizado alrededor de tres pilares —tecnología de vanguardia,modelos impulsados por las comunidades y datos clave— posiciona a América Latina y el Caribe como una región que demuestra cómo las soluciones locales pueden escalar y generar impacto tangible.

Fundación Rockefeller

Cuatro iniciativas que marcaron el rumbo en América Latina y el Caribe

• Innovación en alertas tempranas de salud (Brasil y Colombia): Gracias al modelamiento de datos y uso de Inteligencia Artificial con la plataforma Dengue.IA, proyecto impulsado por la Fundación junto a la Universidad ICESI, autoridades de salud en Cali, Colombia, pueden predecir y prevenir brotes de dengue con 93 % de precisión, protegiendo a 2,2 millones de personas. En Brasil, se  apoyó el desarrollo de ÆSOP, sistema de alerta temprana creado junto a Fiocruz y la Universidad Federal de Río de Janeiro para detectar brotes infecciosos antes de ser crisis sanitarias. El sistema integra registros médicos, datos ambientales, ventas farmacéuticas y análisis impulsados por la IA para emitir alertas tempranas a autoridades locales. En 2025, ÆSOP ayudó a prevenir 86 brotes antes de que escalaran, beneficiando a cerca de 4 millones de personas. Tras su implementación piloto en Amazonas y otros estados brasileños, el Ministerio de Salud de Brasil anunció su expansión a 14 estados adicionales durante 2026.

• Prácticas locales para acelerar la reforestación (Brasil): En el noreste de Brasil, el proyecto Health in Harmony apoyó a coaliciones lideradas por mujeres indígenas con proyectos para revertir la deforestación en la Amazonía, proteger la biodiversidad, y generar oportunidades económicas sostenibles. Como resultado, cerca de 20.000 miembros de comunidades en 9 territorios indígenas recibieron apoyo para proteger 2 millones de hectáreas de selva tropical.

• Energía solar para ampliar el acceso eléctrico en Haití: En Haití, la Fundación Rockefeller, a través de la Global Energy Alliance (GEA), apoyó la expansión de sistemas de paneles solares desarrollados por la empresa haitiana Alina Enèji. Estas redes modulares permitieron llevar electricidad confiable a más de 21.000 personas en zonas rurales del país afectadas por años de inestabilidad y deterioro de la infraestructura eléctrica.

Fundación Rockefeller

Fortalecer la filantropía regional desde América Latina

El informe destaca el lanzamiento de nuevas iniciativas para fortalecer la capacidad filantrópica en América Latina y el Caribe, en un momento en que la cooperación internacional enfrenta restricciones y cambios estructurales. Como parte de ese esfuerzo —y tras un proceso de consulta con organizaciones filantrópicas, actores públicos, privados y de la sociedad civil de toda la región— la Fundación Rockefeller presentó el informe “Cinco agendas para activar la transformación del sector filantrópico en América Latina y el Caribe”, que identifica cinco prioridades estratégicas para fortalecer el ecosistema filantrópico regional y promover soluciones lideradas desde América Latina y el Caribe. 

El reporte hace un llamado a acelerar modelos de financiamiento más colaborativos, fortalecer las capacidades locales, impulsar alianzas multisectoriales y ampliar el rol de la filantropía como catalizador de innovación, resiliencia y desarrollo sostenible en la región.

Impacto global de 2025: cifras clave

La disrupción cambia nuestra forma de trabajar, pero no para quién trabajamos. El año pasado, los compromisos globales para apoyar a quienes más lo necesitan se redujeron drásticamente, y quienes dependían de ello pagaron las consecuencias. Pero también se reveló la extraordinaria valentía de líderes de Estados Unidos, África, Asia y Latinoamérica que optaron por elevar su ambición y apostar en grande. Nos enorgullece acompañarlos y compartir este informe, que demuestra que aún es posible lograr resultados a gran escala para las poblaciones vulnerables, a pesar de las disrupciones que deterioran sus condiciones de vida y hacen nuestro trabajo más difícil”, afirmó Rajiv J. Shah, presidente de la Fundación Rockefeller.

Estos indicadores destacan el alcance, movilización de capital e impactos ambientales del portafolio de 2025:

  • Resultados para las personas: 731 millones de personas accedieron o utilizaron un producto o servicio financiado por la Fundación. 
  • Impulso a la inversión: La Fundación movilizó directamente 3.000 millones de dólares destinados a intervenciones sociales, a través del trabajo de Global Energy Alliance (GEA) y de otros socios.
  • Protección del Planeta: Los esfuerzos dieron como resultado la reducción, disminución o captura de 84 millones de toneladas de CO₂e —una métrica que considera el potencial total de calentamiento global de todos los gases de efecto invernadero— y la protección o restauración de 23 millones de hectáreas de tierra, una superficie similar a la de Utah, el Reino Unido o Guyana.
  • Alcance global de la financiación: Las inversiones y apoyos llegaron a todas las regiones, incluyendo más de 133 millones de dólares en África; 93 millones de dólares en Asia y Oceanía; 59 millones de dólares en América Latina y el Caribe; y 49 millones de dólares en Estados Unidos y América del Norte. Los desgloses regionales detallados están disponibles en el Resumen Financiero de 2025.

El Informe de Impacto 2025 completo se puede explorar y descargar en versión digital aquí.

TV Azteca lanza fuerte comunicado contra la presidenta

La relación entre el Gobierno Federal y los principales medios de comunicación en México ha alcanzado un nuevo punto de fricción. Tras las declaraciones emitidas por la presidenta de la República en su conferencia matutina, en las que hizo un llamado explícito a la ciudadanía para dejar de consumir los contenidos de TV Azteca, la respuesta de la televisora del Ajusco no se hizo esperar.

A través de un contundente e inédito comunicado fechado el 25 de mayo de 2026, la empresa calificó el pronunciamiento presidencial como un “intento evidente de censura” y una “agresión directa a la libertad de expresión”. Lejos de matizar la postura, el documento escala la confrontación al lanzar severas acusaciones directas que involucran presuntos nexos con el crimen organizado en los más altos niveles del partido en el poder, redes de corrupción familiar y el desmantelamiento institucional del país.

Este choque frontal abre un intenso debate sobre los límites del discurso presidencial, el papel de las empresas de comunicación como contrapesos políticos y el impacto que esta polarización genera en la audiencia y el mercado publicitario.

A continuación, compartimos el comunicado íntegro emitido por la televisora:

¿Por qué esta empresa de reciclaje textil rechazó ropa nueva de fast fashion?

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La relación entre la moda rápida y la economía circular suele presentarse como una posible solución al creciente problema de residuos textiles. Sin embargo, en ocasiones, las iniciativas de reutilización chocan con una realidad incómoda: no toda la ropa puede —o debe— reincorporarse fácilmente al sistema. Eso fue precisamente lo que ocurrió en Singapur, donde una decisión empresarial abrió un debate sobre los límites de la sostenibilidad en la industria de la moda.

Una empresa de reciclaje textil decidió rechazar una oferta de prendas nuevas provenientes de una de las marcas de moda ultrarrápida más cuestionadas del mundo. Más allá del gesto, el caso refleja una discusión de fondo sobre responsabilidad corporativa, sobreproducción y consumo desechable. ¿Puede una empresa verdaderamente circular colaborar con un modelo de negocio basado en el “usar y tirar”? La respuesta, al parecer, no es tan simple.

La decisión de una empresa de reciclaje textil que incomodó al fast fashion

En Singapur, Cloop —una empresa social enfocada en recolectar, reutilizar, revender y reciclar textiles— recibió una propuesta inesperada. La compañía de moda ultrarrápida Shein se acercó con la intención de donar cajas de ropa nueva utilizada con fines de marketing para que pudiera ser revendida o reutilizada en sus programas de circularidad.

Sin embargo, lejos de aceptar la donación como una oportunidad positiva, Cloop decidió rechazarla. La razón fue clara: no quería convertirse en un “vertedero” de productos no vendidos ni contribuir indirectamente a incentivar el consumo masivo de prendas de baja calidad y corta duración. Para la organización, aceptar este tipo de productos enviaría un mensaje contradictorio con sus principios de circularidad.

empresa de reciclaje textil

De acuerdo con Eco-business, la postura de Cloop no surge de una posición radical, sino de una experiencia práctica. La empresa ya recibe prendas donadas de distintas marcas de fast fashion, incluida Shein, pero reconoce que muchas veces la calidad de estas piezas impide revenderlas, por lo que terminan siendo recicladas o descartadas del circuito de reutilización.

Empresa de reciclaje textil frente al reto de la moda desechable

La cofundadora de Cloop, Jasmine Tuan, ha sido enfática al señalar que la organización promueve la entrega de prendas bien confeccionadas, funcionales y en buen estado. Su objetivo no es alimentar un sistema de consumo impulsivo, sino alargar la vida útil de productos que realmente puedan reutilizarse.

Este posicionamiento pone sobre la mesa una de las grandes contradicciones del modelo circular: aunque el reciclaje es importante, no puede convertirse en una excusa para seguir produciendo sin control. Cuando una prenda está diseñada para durar poco o fabricada con materiales difíciles de reaprovechar, incluso las soluciones circulares encuentran límites.

El problema se vuelve más complejo cuando se observa el contexto global. Cada año, las marcas de moda ultrarrápida generan alrededor de 92 millones de toneladas de residuos textiles, de los cuales aproximadamente el 80% termina en vertederos o es incinerado. En Singapur, el panorama tampoco es alentador: se producen más de 206 mil toneladas de residuos textiles anuales y apenas el 3% logra reciclarse.

empresa de reciclaje textil

Shein y el desafío de reconciliar reputación y sostenibilidad

Por su parte, Shein aclaró que el acercamiento con Cloop no pretendía formalizar una alianza permanente, sino explorar opciones para reutilizar muestras de ropa usadas en campañas promocionales. La empresa sostiene que busca alternativas para evitar el desperdicio de materiales, incluyendo la reutilización, donación y reciclaje de productos excedentes.

La marca también ha intentado fortalecer su narrativa de sostenibilidad. En los últimos años ha impulsado alianzas con instituciones académicas para desarrollar tecnologías de reciclaje textil y ha promovido programas enfocados en circularidad, además de incorporar excedentes de tela —el llamado “stock muerto”— en nuevas colecciones.

No obstante, las críticas persisten. Especialistas en sostenibilidad cuestionan que, pese a sus esfuerzos reputacionales, el modelo de negocio de la empresa sigue sustentándose en ciclos acelerados de producción, precios extremadamente bajos y una cultura de hiperconsumo que dificulta cualquier transición genuina hacia prácticas responsables.

El vacío regulatorio que mantiene el problema intacto

El caso de Singapur también revela una carencia estructural importante: el país aún no cuenta con un esquema de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) para textiles. Este mecanismo obligaría a las marcas de moda a asumir parte de los costos ambientales derivados de los residuos que generan.

Actualmente, gran parte de los textiles desechados en Singapur no se reciclan realmente, sino que son exportados a otros mercados para reventa o disposición final. Esto plantea una pregunta incómoda para la industria: ¿quién debe hacerse cargo del impacto cuando una prenda deja de ser útil?

La experiencia de Cloop demuestra que una empresa de reciclaje textil no puede resolver sola un problema originado por un modelo de producción excesiva. La circularidad necesita infraestructura, regulación y, sobre todo, cambios en la forma de diseñar, producir y consumir moda.

El rechazo de Cloop a recibir ropa nueva de Shein no fue simplemente una negativa comercial; fue una declaración de principios sobre lo que significa realmente construir sistemas circulares. En un momento donde muchas marcas buscan asociarse con iniciativas sostenibles para fortalecer su reputación, el caso recuerda que la economía circular también implica poner límites.

Para especialistas en sostenibilidad, empresas y consumidores, esta historia deja una lección relevante: el reciclaje no debe convertirse en un salvavidas para justificar modelos de negocio insostenibles. Una empresa de reciclaje textil puede ayudar a reducir impactos, pero difícilmente podrá compensar por sí sola una industria diseñada para producir más ropa de la que el planeta puede absorber.

Ni máquinas ni mega proyectos: la naturaleza podría ser clave contra el cambio climático

Durante años, el discurso sobre la crisis ambiental ha estado dominado por promesas de innovación tecnológica, megaproyectos de captura de carbono y soluciones futuristas capaces de revertir el deterioro ambiental. Sin embargo, mientras el mundo busca respuestas complejas, una alternativa silenciosa, antigua y profundamente efectiva ha permanecido frente a nosotros: la capacidad de la naturaleza para regenerarse. Hoy, más que una posibilidad romántica, restaurar ecosistemas emerge como una estrategia tangible frente al cambio climático.

El debate no es nuevo, pero sí cada vez más urgente. En 2019, una investigación publicada en Science generó controversia al plantear que la restauración de bosques naturales podría ser la “mejor solución disponible” para enfrentar el calentamiento global. La afirmación desató críticas inmediatas: ¿cómo hablar de árboles cuando la prioridad parece ser reducir emisiones? La respuesta, sin embargo, nunca fue reemplazar una solución por otra, sino comprender que enfrentar el desafío ambiental exige pensar en sistemas completos, donde personas y ecosistemas prosperen juntos.

Cambio climático: por qué la naturaleza vuelve al centro de la conversación

La resistencia inicial hacia las soluciones basadas en la naturaleza surge de una preocupación legítima: ninguna restauración ecológica puede sustituir la reducción urgente de emisiones contaminantes. Frenar los gases de efecto invernadero sigue siendo una prioridad innegociable. Sin embargo, cada vez más evidencia sugiere que la recuperación de ecosistemas podría aportar hasta un 30% de las reducciones necesarias de carbono a nivel global.

La diferencia está en el enfoque. Mientras algunas soluciones tecnológicas suelen implicar altos costos económicos, energéticos o sociales, restaurar bosques, humedales y manglares tiene el potencial de generar beneficios simultáneos: captura carbono, protege biodiversidad, fortalece medios de vida y mejora la resiliencia de comunidades enteras. No se trata de elegir entre tecnología o ecosistemas, sino de reconocer que la naturaleza puede amplificar los resultados cuando se le permite funcionar.

Los riesgos de apostar solo por soluciones artificiales

De acuerdo con The Guardian, ante la magnitud del desafío climático, muchas propuestas han surgido desde la geoingeniería. Una de ellas consiste en inyectar aerosoles en la estratósfera para reflejar parte de la radiación solar y enfriar el planeta. Aunque prometedora sobre el papel, esta estrategia podría alterar patrones de lluvia y afectar cultivos esenciales para la seguridad alimentaria mundial.

Algo similar ocurre con la captura directa de carbono del aire. Si bien representa una innovación con enorme potencial, sus costos financieros y energéticos aún hacen difícil imaginar una implementación masiva. En contraste, los ecosistemas naturales operan bajo una lógica distinta: son sistemas vivos capaces de sostenerse a sí mismos cuando se restauran adecuadamente, generando impactos que van mucho más allá de una cifra de CO₂ capturado.

Cambio climático y los “bucles invisibles” que pueden salvar ecosistemas

La naturaleza funciona mediante complejas redes de retroalimentación. Son procesos donde un cambio genera otro que, a su vez, fortalece el primero. Hace miles de millones de años, estos mecanismos permitieron que la vida transformara un planeta hostil en un espacio habitable. Más vida generó condiciones para más vida.

El problema es que hoy esos mismos ciclos están operando en sentido contrario. La sobreexplotación de recursos naturales alimenta el deterioro ambiental, incrementa emisiones y acelera la degradación de ecosistemas. Bosques más secos retienen menos humedad; suelos degradados almacenan menos carbono; temperaturas más altas generan nuevas presiones sobre la biodiversidad.

Sin embargo, estos ciclos también pueden convertirse en aliados. Si las comunidades humanas trabajan con la naturaleza, y no contra ella, es posible activar procesos de recuperación autosostenibles. Ahí radica una de las oportunidades más esperanzadoras frente al cambio climático: aprovechar la capacidad regenerativa del planeta en lugar de continuar debilitándola.

Cuando devolver un jaguar transforma todo un ecosistema

En el Parque Nacional Iberá, en Argentina, la restauración ecológica demuestra cómo pequeños cambios pueden detonar transformaciones extraordinarias. Tras décadas de degradación, la reintroducción del jaguar permitió controlar poblaciones excesivas de herbívoros, favoreciendo el regreso de la vegetación acuática y restaurando el equilibrio del humedal.

El impacto fue mucho más profundo de lo esperado. La recuperación del ecosistema permitió el regreso de especies emblemáticas, desde guacamayas hasta nutrias gigantes, fortaleciendo uno de los sumideros de carbono más importantes de la región. Pero quizá el cambio más revelador ocurrió en las comunidades humanas.

El ecoturismo se convirtió en motor económico local, generando empleo para guías, rastreadores de fauna, cocineros y anfitriones. La biodiversidad dejó de verse como obstáculo para convertirse en fuente de bienestar, demostrando que conservación y desarrollo pueden avanzar de la mano.

Cuando restaurar no significa plantar árboles sin estrategia

No todas las iniciativas basadas en la naturaleza generan impactos positivos. En algunos casos, empresas han impulsado plantaciones masivas de monocultivos bajo la promesa de capturar carbono, aunque esto implique desplazar ecosistemas locales y reducir biodiversidad.

La experiencia demuestra que simplificar sistemas naturales suele ser contraproducente. La restauración efectiva no consiste únicamente en sembrar árboles, sino en recuperar dinámicas ecológicas completas. De ahí que manglares, humedales y bosques biodiversos resulten mucho más valiosos que proyectos diseñados únicamente para compensar emisiones corporativas.

Este punto resulta especialmente relevante para organizaciones comprometidas con estrategias ESG y responsabilidad social: apostar por soluciones climáticas superficiales puede derivar en cuestionamientos sobre impacto real e incluso acusaciones de greenwashing.

Las comunidades podrían ser la pieza que falta

Uno de los hallazgos más consistentes en proyectos exitosos es que la restauración funciona mejor cuando mejora la vida de las personas. En regiones del norte de India, agricultores han recuperado árboles y manejado suelos de forma estratégica para retener agua y aumentar productividad agrícola.

En Gujarat, comunidades de mujeres indígenas han restaurado manglares para proteger aldeas costeras de la erosión, mientras fortalecen actividades como la pesca y la agricultura. Lo importante aquí no es únicamente el carbono almacenado, sino el círculo virtuoso que se genera: cuando las personas obtienen beneficios reales, tienen incentivos para proteger el entorno a largo plazo.

Quizá una de las lecciones más poderosas sea que avanzar frente al cambio climático no siempre exige tecnologías extraordinarias ni sacrificios imposibles. A veces, la transformación comienza fortaleciendo a quienes han cuidado los territorios durante generaciones.

En un momento donde el debate climático parece oscilar entre la desesperación y las promesas tecnológicas, la restauración de la naturaleza ofrece algo distinto: una solución capaz de generar beneficios ambientales, sociales y económicos de manera simultánea. No sustituye la descarbonización ni elimina la urgencia de transformar industrias, pero sí amplifica las posibilidades de éxito.

Tal vez la verdadera innovación no sea inventar algo completamente nuevo, sino reaprender a colaborar con sistemas que han sostenido la vida durante millones de años. Cuando la naturaleza comienza a recuperarse, no solo captura carbono o protege biodiversidad: también devuelve esperanza, bienestar y la posibilidad de imaginar un futuro más habitable para todos.

Apple fortalece accesibilidad para discapacidad visual, auditiva y motriz

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La conversación sobre inclusión tecnológica ha evolucionado. Hoy, no solo se trata de adaptar dispositivos para determinados grupos, sino de construir ecosistemas capaces de responder a distintas realidades humanas desde el diseño. En ese contexto, Apple anunció una nueva generación de herramientas impulsadas por inteligencia artificial enfocadas en personas con discapacidad visual, auditiva y motriz, reforzando una narrativa que la empresa ha sostenido durante años: la accesibilidad como parte esencial de la innovación.

Las nuevas funciones, que llegarán a iPhone, iPad, Mac, Apple TV y Apple Vision Pro, ponen sobre la mesa una pregunta importante para el sector empresarial: ¿qué significa realmente desarrollar productos inclusivos? Más allá de la conversación sobre reputación o diferenciación, el anuncio muestra cómo la tecnología inclusiva puede dejar de verse como un añadido para convertirse en infraestructura cotidiana, especialmente en un mundo donde más de mil millones de personas viven con alguna discapacidad.

Tecnología inclusiva: cuando la IA comienza a describir el mundo

Uno de los anuncios más relevantes fue la evolución de VoiceOver e Image Explorer, herramientas que ahora podrán describir imágenes, documentos, recibos y escenas en tiempo real con un nivel de detalle mucho más preciso gracias a Apple Intelligence. Además, los usuarios tendrán la posibilidad de hacer preguntas complementarias utilizando lenguaje natural sobre aquello que aparece frente a la cámara del dispositivo.

Para personas con discapacidad visual, esto representa un cambio significativo en la experiencia de autonomía. No se trata únicamente de escuchar una descripción automática, sino de interactuar con el entorno y obtener contexto adicional. Una factura, una señalización o incluso una escena compleja pueden interpretarse mediante conversación, reduciendo barreras en actividades cotidianas.

tecnología inclusiva

El movimiento también abre una discusión relevante sobre el papel de la inteligencia artificial en la accesibilidad. Mientras gran parte de la conversación pública sobre IA suele concentrarse en productividad o entretenimiento, Apple parece insistir en otro camino: convertirla en una herramienta de asistencia permanente. En ese sentido, la tecnología inclusiva comienza a adquirir un rol más tangible dentro de la vida diaria.

Discapacidad visual, auditiva y motriz: un ecosistema pensado desde distintas necesidades

Las novedades no se limitan únicamente a herramientas de visión asistida. Apple anunció subtítulos automáticos para videos que originalmente no los tienen, una función diseñada para personas con discapacidad auditiva. El sistema operará directamente desde el dispositivo mediante reconocimiento de voz local, permitiendo generar captions en videos grabados en iPhone, contenido compartido entre usuarios y plataformas de streaming dentro del ecosistema Apple.

Al mismo tiempo, Magnifier —pensada para personas con baja visión— integrará capacidades conversacionales. Los usuarios podrán preguntar sobre textos o elementos visuales y ejecutar comandos de voz como “acercar imagen” o “encender la linterna”. Esto sugiere una transición importante: las herramientas dejan de ser únicamente reactivas y comienzan a comportarse como asistentes inteligentes.

Para quienes viven con discapacidad motriz, uno de los anuncios más comentados fue la integración entre Apple Vision Pro y sistemas compatibles de sillas de ruedas motorizadas. A través del seguimiento ocular, el visor permitirá controlar movimientos usando únicamente la mirada, mientras que visionOS incorporará nuevas opciones de selección visual y gestos faciales para ampliar la navegación.

Tecnología inclusiva y privacidad: el equilibrio que Apple intenta mantener

En medio del auge de la inteligencia artificial, Apple también aprovechó el anuncio para reforzar un tema particularmente sensible: la privacidad. Tim Cook, CEO de Apple, aseguró que la accesibilidad forma parte del ADN de la compañía y enfatizó que muchas de las funciones de Apple Intelligence operan directamente en el dispositivo, sin depender totalmente de procesamiento remoto.

La decisión no es menor. En un contexto donde distintas investigaciones han advertido sobre vulnerabilidades relacionadas con autenticación y modelos de IA, garantizar que la información personal permanezca dentro del dispositivo puede representar un diferenciador relevante, especialmente cuando se trata de usuarios que dependen de herramientas sensibles para su autonomía.

Este enfoque también responde a una exigencia creciente del mercado. Las empresas tecnológicas enfrentan cada vez más presión regulatoria y social para diseñar soluciones accesibles sin comprometer derechos digitales fundamentales. La tecnología inclusiva, en este escenario, ya no puede desligarse de conversaciones sobre ética, seguridad y confianza.

Tecnología inclusiva: inclusión genuina o estrategia de negocio

Aunque las nuevas funciones pueden interpretarse como una acción orientada al bienestar social, sería simplista entenderlas únicamente desde esa óptica. La accesibilidad también representa una oportunidad estratégica. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de mil millones de personas viven con algún tipo de discapacidad en el mundo, una población históricamente subatendida por la industria tecnológica.

Apple lleva años posicionándose como una de las compañías más activas en accesibilidad digital y, dentro de comunidades tecnológicas y foros especializados, sus herramientas suelen considerarse entre las más robustas del mercado. Apostar por productos pensados para personas con discapacidad visual, auditiva y motriz fortalece no solo la experiencia del usuario, sino también el posicionamiento reputacional de la empresa.

Sin embargo, el debate permanece abierto. Vision Pro, por ejemplo, sigue siendo un dispositivo premium con acceso limitado para gran parte de la población, lo que plantea preguntas sobre el alcance real de estas soluciones. La inclusión tecnológica no solo implica crear herramientas innovadoras, sino garantizar que puedan llegar a quienes realmente las necesitan.

El anuncio de Apple deja claro que la accesibilidad está dejando de ser un apartado secundario dentro de la innovación tecnológica. Las nuevas capacidades impulsadas por inteligencia artificial muestran cómo las herramientas digitales pueden adaptarse mejor a las personas y no al revés, especialmente para quienes viven con discapacidad visual, auditiva y motriz.

No obstante, también obliga a mirar el panorama con una perspectiva más amplia. La inclusión puede generar impacto social, pero también es una ventaja competitiva poderosa en un mercado cada vez más atento a la diversidad y la experiencia de usuario. La diferencia estará en qué tan capaces sean las empresas de convertir la tecnología inclusiva en soluciones verdaderamente accesibles, escalables y centradas en las personas.

La nueva realidad de la ESG: lo que las empresas deben hacer ante su fragmentación

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Durante años, hablar de criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) fue hablar de una visión integral. Las empresas comenzaron a entender que el impacto ambiental, las prácticas laborales, los derechos humanos y la ética corporativa no podían gestionarse de manera aislada. Bajo esta lógica, surgió una narrativa poderosa: integrar todas estas dimensiones en una sola estrategia empresarial permitiría construir organizaciones más sostenibles, resilientes y competitivas.

Sin embargo, esa aparente armonía comienza a mostrar fisuras. La fragmentación de la ESG está transformando las reglas del juego y obligando a las organizaciones a replantear cómo entienden la sostenibilidad corporativa. Lo que antes parecía un paraguas estratégico uniforme, hoy evoluciona en distintas direcciones, impulsadas por regulaciones, presiones de mercado y exigencias operativas cada vez más complejas.

La fragmentación de la ESG: tres pilares, tres velocidades

En apariencia, la ESG sigue presentándose como un concepto cohesionado. Pero detrás de ese acrónimo, cada letra avanza bajo lógicas distintas. La dimensión ambiental responde cada vez más a regulaciones climáticas, esquemas de descarbonización y obligaciones de divulgación financiera relacionadas con emisiones y riesgos de transición.

La dimensión social, por su parte, ya no se limita a programas de bienestar o iniciativas de diversidad. Hoy está profundamente vinculada con la debida diligencia en derechos humanos, condiciones laborales y trazabilidad en las cadenas de suministro. Mientras tanto, la gobernanza se fortalece desde los marcos legales, auditorías internas y sistemas de cumplimiento corporativo.

fragmentación de la ESG

Este cambio marca una realidad ineludible: ya no existe una única conversación ESG. Existen varias conversaciones ocurriendo al mismo tiempo, con distintos ritmos, actores y prioridades. Y ahí es donde comienza el verdadero desafío para las empresas.

Cuando la regulación acelera la fragmentación de la ESG

De acuerdo con Eco-Business, La creciente fragmentación de la ESG no es accidental. Está siendo moldeada, en gran medida, por una regulación global cada vez más especializada. Entre 2025 y 2026, el endurecimiento de normas sobre divulgación climática, derechos humanos y sostenibilidad en cadenas de suministro ha intensificado la presión sobre las empresas.

El problema es que estas regulaciones no avanzan de forma homogénea. Mientras algunas jurisdicciones fortalecen sus requisitos de reporte, otras optan por simplificar procesos para reducir costos regulatorios. El resultado es un entorno empresarial fragmentado, donde las organizaciones deben responder simultáneamente a expectativas múltiples e incluso contradictorias.

Esta situación complica especialmente a compañías multinacionales o con cadenas de valor globales, que enfrentan la tarea de cumplir distintas exigencias según el país, sector o mercado donde operan.

La tensión invisible entre impacto, costos y cumplimiento

Uno de los aspectos menos discutidos de esta transformación es el conflicto interno que puede surgir entre las prioridades ESG. En teoría, las estrategias ambientales, sociales y de gobernanza deberían reforzarse mutuamente. En la práctica, no siempre sucede así.

Por ejemplo, una empresa que acelera su transición hacia operaciones bajas en carbono podría enfrentar incrementos de costos en su cadena de suministro. De igual forma, fortalecer la debida diligencia en derechos humanos puede generar retrasos operativos o modificar relaciones con proveedores estratégicos.

Al mismo tiempo, reforzar controles de gobernanza y cumplimiento podría generar estructuras más conservadoras, ralentizando la innovación o la toma de decisiones. La sostenibilidad corporativa deja entonces de ser únicamente una cuestión de propósito para convertirse también en un ejercicio constante de balance y priorización.

El nuevo dueño de la ESG ya no está en un solo escritorio

Otro cambio silencioso, pero profundo, es el desplazamiento de responsabilidades dentro de las organizaciones. Durante años, los equipos de sostenibilidad fungieron como los principales custodios de la agenda ESG. Hoy, ese modelo parece insuficiente.

Las cuestiones ambientales comienzan a recaer sobre equipos financieros, especialmente cuando implican reportes climáticos o decisiones de inversión. Los temas sociales migran hacia áreas de compras, operaciones y gestión de proveedores. Mientras tanto, gobernanza queda cada vez más en manos de auditoría, compliance y departamentos legales.

Esto genera un desafío estructural importante: ¿quién coordina la estrategia global? Aunque la responsabilidad está distribuida, la expectativa de coherencia sigue intacta. El resultado puede ser fricción interna, duplicidad de esfuerzos o falta de alineación entre áreas clave.

Asia-Pacífico y la complejidad de operar en múltiples realidades

La región Asia-Pacífico se ha convertido en un ejemplo claro de esta transformación. Por un lado, existe una fuerte aceleración regulatoria en sostenibilidad y divulgación ESG. Pero al mismo tiempo, cada país prioriza aspectos diferentes, generando marcos regulatorios desiguales.

Además, las cadenas de suministro ubicadas en esta región enfrentan un escrutinio creciente relacionado con derechos laborales, trazabilidad y cumplimiento ambiental. Para muchas empresas globales, el reto ya no es únicamente cumplir, sino coordinar operaciones bajo expectativas cambiantes.

Esta realidad anticipa un escenario que podría extenderse a otros mercados: gestionar ESG ya no dependerá solo de contar con políticas corporativas sólidas, sino de desarrollar capacidad de adaptación organizacional.

Fragmentación de la ESG: cómo deben responder las empresas

Ante este panorama, insistir en gestionar ESG como un único bloque estratégico podría convertirse en un error. Las empresas necesitan reconocer que cada dimensión requiere conocimientos especializados, estructuras diferenciadas y modelos propios de gobernanza.

También será indispensable fortalecer la coordinación interfuncional. Si bien el entorno externo se fragmenta, la organización necesita actuar de manera integrada. Los líderes de sostenibilidad tendrán que convertirse en articuladores entre áreas financieras, operativas, legales y de riesgos.

Finalmente, las empresas deberán aceptar algo incómodo: las concesiones serán inevitables. No todas las decisiones ESG podrán alinearse perfectamente. Habrá momentos en los que será necesario priorizar, justificar y gestionar tensiones entre objetivos ambientales, sociales y económicos.

Lejos de desaparecer, los criterios ESG están entrando en una nueva etapa de evolución. La promesa de un marco único y perfectamente integrado está dando paso a una realidad más compleja, especializada y, en ocasiones, contradictoria. Comprender esta transición será clave para evitar respuestas simplistas frente a desafíos cada vez más sofisticados.

Las organizaciones que logren adaptarse no serán necesariamente aquellas con más reportes o mayores presupuestos de sostenibilidad, sino las que aprendan a gestionar con inteligencia la fragmentación de la ESG, manteniendo coherencia estratégica en medio de intereses, regulaciones y prioridades divergentes.

¿La IA ya está cruzando límites? El Papa León XIV pide “desarmarla”

La inteligencia artificial dejó de ser una promesa del futuro para convertirse en una fuerza capaz de transformar la economía, el trabajo, la política y hasta los conflictos armados. Mientras empresas tecnológicas compiten por liderar la carrera de la innovación, también crece una pregunta incómoda: ¿qué sucede cuando el desarrollo tecnológico avanza más rápido que los acuerdos éticos y sociales capaces de contenerlo?

En ese contexto, el Papa León XIV lanzó una advertencia que resonó mucho más allá del ámbito religioso. En su primera gran encíclica, Magnifica Humanitas, el pontífice pidió a gobiernos, empresas y ciudadanos actuar con mayor responsabilidad frente a la expansión de esta tecnología. Su mensaje no fue un rechazo absoluto a la innovación, sino una llamada urgente a frenar riesgos de la IA, especialmente aquellos relacionados con la guerra, la manipulación de la información y la concentración del poder tecnológico.

Frenar riesgos de la IA: el mensaje de un Papa ante una carrera sin pausa

No es casual que el Papa haya elegido a la inteligencia artificial como uno de los ejes centrales de su primer gran documento. La discusión ya no gira únicamente en torno a productividad o automatización, sino sobre el impacto humano de sistemas que cada vez toman más decisiones, procesan más datos y tienen mayor influencia sobre la vida cotidiana.

De acuerdo con Reuters, León XIV fue enfático al señalar que el problema no radica solamente en la tecnología, sino en la velocidad con la que se está desplegando. En un entorno donde las compañías tecnológicas enfrentan enormes presiones comerciales, el Papa pidió “ralentizar” el desarrollo y construir marcos regulatorios sólidos. En otras palabras, insistió en la necesidad de frenar riesgos de la IA antes de que los daños se vuelvan irreversibles.

El mensaje resulta particularmente relevante porque no proviene únicamente de una institución moral, sino de una voz que históricamente ha influido en debates sociales globales. El paralelismo con la Revolución Industrial —cuando la Iglesia comenzó a pronunciarse sobre los derechos laborales— no parece accidental.

La guerra automatizada y el temor a perder el control humano

Uno de los puntos más contundentes del documento es la preocupación sobre el uso militar de la inteligencia artificial. León XIV advirtió que algunos sistemas de armas autónomas han evolucionado “prácticamente más allá del alcance humano para controlarlos”, una frase que pone sobre la mesa un debate que parecía reservado para la ciencia ficción.

El riesgo no es menor. Delegar decisiones letales a sistemas automatizados abre interrogantes éticos profundas sobre responsabilidad, rendición de cuentas y humanidad. ¿Quién responde cuando un algoritmo decide atacar? ¿Cómo se garantiza que una máquina distinga entre objetivos militares y civiles?

Para el pontífice, cualquier aplicación militar de la IA debe someterse a restricciones éticas rigurosas. Más aún, calificó como “inaceptable” confiar a sistemas automatizados decisiones relacionadas con la vida y la muerte, reforzando una postura que interpela tanto a gobiernos como a la industria tecnológica.

Desinformación, polarización y una cultura del conflicto

Otra preocupación central del Papa gira en torno al ecosistema digital. León XIV alertó sobre cómo ciertos sistemas de IA pueden amplificar desinformación, incentivar conflictos y privilegiar contenidos polarizantes, especialmente cuando las plataformas priorizan el engagement sobre el bienestar colectivo.

La advertencia llega en un momento especialmente sensible, donde la proliferación de contenido manipulado, deepfakes y narrativas falsas ya afecta procesos democráticos, reputaciones y dinámicas sociales. En ese contexto, la conversación sobre tecnología deja de ser únicamente técnica y se convierte en un asunto de gobernanza.

La pregunta de fondo es incómoda, pero necesaria: ¿estamos diseñando herramientas para informar mejor o para captar más atención a cualquier costo? Desde la óptica del Papa, el problema no es solo tecnológico, sino profundamente humano y político.

Frenar riesgos de la IA también implica proteger a trabajadores y comunidades

La conversación sobre inteligencia artificial suele enfocarse en modelos avanzados y productividad, pero rara vez mira hacia quienes sostienen la cadena tecnológica. León XIV dedicó parte importante de su encíclica a denunciar nuevas formas de explotación vinculadas a la economía digital.

Desde trabajadores que moderan contenidos o entrenan sistemas bajo condiciones precarias, hasta personas involucradas en la extracción de minerales esenciales para dispositivos tecnológicos, el Papa recordó que la innovación también tiene costos humanos invisibles. Particularmente fuerte fue su señalamiento sobre niños y adolescentes trabajando en contextos peligrosos relacionados con la minería de tierras raras.

frenar riesgos de la IA

Aquí emerge una dimensión clave para las agendas ESG y de responsabilidad social: frenar riesgos de la IA no solo implica regular algoritmos, sino también garantizar cadenas de suministro éticas, derechos laborales y condiciones dignas para quienes sostienen la infraestructura tecnológica global.

Una crítica al poder concentrado de los datos

León XIV también lanzó un mensaje directo sobre la propiedad de los datos. El Papa cuestionó que el control de la información quede exclusivamente en manos privadas, planteando la necesidad de una supervisión independiente y de políticas públicas más activas.

Este punto abre un debate especialmente sensible para gobiernos y empresas: quién controla los datos controla también el acceso al conocimiento, los patrones de comportamiento y, potencialmente, decisiones económicas o políticas. En un entorno dominado por grandes tecnológicas, el llamado del Vaticano pone el foco en la gobernanza digital.

Incluso figuras de la industria parecen reconocer esta tensión. Durante el evento de presentación del documento, Chris Olah, cofundador de Anthropic, admitió que los laboratorios de IA enfrentan incentivos comerciales que, en ocasiones, pueden entrar en conflicto con “hacer lo correcto”.

De la Torre de Babel al dilema contemporáneo

Para ilustrar su postura, León XIV recurrió a una referencia bíblica: la Torre de Babel. Más allá del simbolismo religioso, el ejemplo funciona como metáfora de un mundo que podría estar construyendo capacidades tecnológicas sin preguntarse suficientemente hacia dónde se dirige.

La comparación no sugiere rechazar el progreso, sino cuestionar la arrogancia de asumir que toda innovación es necesariamente positiva por el simple hecho de ser posible. La gran interrogante ya no es si la inteligencia artificial seguirá creciendo —porque claramente lo hará—, sino bajo qué principios.

En un escenario marcado por competencia acelerada, conflictos geopolíticos y tensiones económicas, la ética parece estar intentando alcanzar a una tecnología que corre varios pasos adelante.

El llamado del Papa León XIV no es únicamente un posicionamiento religioso; es también una invitación a replantear el modelo de innovación que está moldeando el futuro. Su insistencia en frenar riesgos de la IA apunta a una idea esencial: el desarrollo tecnológico no puede evaluarse solo por su capacidad de generar eficiencia o ganancias, sino también por sus consecuencias sociales, laborales y humanas.

La verdadera discusión quizá no sea si la inteligencia artificial debe avanzar, sino cómo hacerlo sin perder de vista aquello que precisamente intenta servir: las personas. Porque si el progreso tecnológico promete construir un mejor futuro, también debe demostrar que es capaz de hacerlo sin dejar atrás la ética, la dignidad y el bien común.

Starbucks México impulsa una nueva edición de “Todos Sembramos Café” para fortalecer el futuro de las comunidades cafetaleras

Starbucks México, operado por Alsea, anunció hoy el lanzamiento de la edición número 12 de “Todos Sembramos Café”, una iniciativa que este año busca donar más de 800,000 plantas de café resistentes a la roya en Chiapas, Puebla y Veracruz durante 2026, mientras continúa fortaleciendo la resiliencia y el futuro a largo plazo de las comunidades cafetaleras en México.

Desde su lanzamiento en 2014, el programa ha contribuido con más de 6.4 millones de plantas en regiones cafetaleras de todo el país y ha beneficiado a más de 20,000 productores.

“Hace doce años, ‘Todos Sembramos Café’ nació como una respuesta a los desafíos que enfrentaban las comunidades cafetaleras. Hoy, la iniciativa continúa evolucionando para fortalecer el futuro del café a través de innovación, colaboración y apoyo a largo plazo para las comunidades mexicanas detrás de cada taza”, señaló Sarai Jiménez, directora de Construcción y Reputación de Marca de Starbucks México.

Este año, el 60% de las plantas donadas corresponden a variedades de café desarrolladas por Starbucks, incluyendo San Isidro y Victoria, reconocidas por su productividad y adaptabilidad a las condiciones climáticas cambiantes. Esto refleja la evolución continua del programa hacia soluciones agrícolas de largo plazo que apoyan la resiliencia de las comunidades cafetaleras.

Starbucks México

Una iniciativa que evolucionó junto al sector cafetalero de México

A lo largo de los años, “Todos Sembramos Café” ha evolucionado más allá de la donación de plantas de café. A través del Centro de Apoyo al Productor de Starbucks en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, los agrónomos de la compañía trabajan de la mano con comunidades cafetaleras para compartir conocimiento, asistencia técnica y prácticas agrícolas sostenibles que ayudan a mejorar la calidad del café y fortalecer la resiliencia a largo plazo.

Actualmente, más del 90% del café utilizado por Starbucks México en sus bebidas de espresso proviene de México, una relación que conecta directamente a la marca con el desarrollo y sostenibilidad de las regiones cafetaleras del país.

El impacto del programa también se refleja en historias como la de Edilbertha Noriega, caficultora de la sierra de Veracruz, quien participa en la iniciativa junto con su familia:

“Heredé esta tierra de mis padres, quienes, al igual que yo, la trabajaron toda su vida. Ahora la comparto con mi esposo e hijos, quienes están aprendiendo a cuidarla como ellos lo hicieron. Desde que el Centro de Apoyo al Productor de Starbucks se acercó a nosotros y nos integró a ‘Todos Sembramos Café’, nuestra cosecha ha mejorado significativamente y el apoyo que recibimos nos ayuda a no quedarnos sin sustento si llega a presentarse una plaga”, comentó.

Cómo apoyar a la renovación agrícola

Del 25 de mayo al 5 de julio, los clientes podrán apoyar esta edición 2026 mediante la compra de productos participantes y donaciones directas en tiendas Starbucks de México y a través de Starbucks Rewards®. Las ventas ayudarán a impulsar la entrega de plantas de café a comunidades cafetaleras de México.

Entre los productos participantes se encuentran mugs de la colección Discovery Series en formatos de 2 y 14 onzas, así como bolsas de café en grano de media libra de Starbucks® Chiapas, Starbucks® Pike Place, Starbucks® Caffé Verona, Starbucks® Espresso Roast, Starbucks® Sumatra, Starbucks® Kenya y Starbucks® Colombia.

A través de esta nueva edición de “Todos Sembramos Café”, Starbucks México continúa apoyando a las comunidades cafetaleras y fortaleciendo un futuro más resiliente para el café en México. 

AliaRSE por México renueva su presidencia y fortalece su visión de articulación para impulsar una empresa más humana, ética y socialmente responsable

AliaRSE por México, la alianza de organismos empresariales más importante de México promotora de la empresa como el motor más poderoso para el bien común, llevó a cabo el cambio de presidencia de su Consejo Directivo para el periodo 2026–2028, en un acto protocolario que reunió a representantes de organismos empresariales, empresas, organizaciones de la sociedad civil, gobierno, sindicatos y academia, reafirmando el compromiso de la organización con la construcción de una agenda empresarial basada en la responsabilidad social, la sostenibilidad y la articulación multisectorial.

Durante la ceremonia se reconoció la gestión de Gustavo Pérez Berlanga, presidente durante el periodo 2024–2026, cuya administración consolidó una etapa de fortalecimiento institucional, posicionamiento estratégico y proyección de largo plazo para la organización.

Bajo su liderazgo, y desde la visión empresarial y multisectorial impulsada por ICC México, AliaRSE por México fortaleció sus mecanismos de coordinación, consolidó sus líneas de acción y amplió su presencia en espacios de diálogo y colaboración con organismos empresariales, actores multilaterales y plataformas vinculadas a la sostenibilidad, la ética y la integridad corporativa.

Asimismo, su gestión promovió una agenda empresarial más colaborativa y articulada, fortaleciendo alianzas entre empresas, organizaciones y liderazgos comprometidos con la construcción de un entorno económico más sostenible, inclusivo y centrado en las personas.

“AliaRSE por México ha demostrado que la colaboración entre sectores es indispensable para construir una agenda empresarial con impacto real. Me honra haber acompañado una etapa de fortalecimiento institucional y articulación estratégica que deja bases sólidas para seguir impulsando una cultura empresarial más ética, sostenible y socialmente responsable en México”.

Gustavo Pérez Berlanga, presidente saliente de AliaRSE (2024–2026).

En este contexto, se formalizó el nombramiento de Rosa Marta Abascal como nueva presidenta para el periodo 2026–2028.

Empresaria y líder social, Rosa Marta Abascal es fundadora de yoinfluyo.com y de Estrategia Web 360. Ha ocupado posiciones de liderazgo en el ámbito empresarial y organizacional, incluyendo su gestión como Vicepresidencia Nacional de COPARMEX; actualmente coordina la agenda de Responsabilidad Social Empresarial en el Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

AliaRSE por México

Durante su mensaje, destacó que su gestión estará orientada a fortalecer la capacidad de articulación de AliaRSE mediante tres ejes principales: 1) la adopción del modelo de UNIAPAC para impulsar formación en valores y transformación social; 2) la vinculación de proyectos y agendas para multiplicar el impacto colectivo; y 3) el fortalecimiento institucional de la organización para garantizar su permanencia y evolución en el largo plazo.

“Hoy más que nunca necesitamos construir puentes entre empresas, organizaciones e instituciones para transformar realidades desde una visión profundamente humana. Queremos consolidar a AliaRSE como una plataforma viva de articulación, confianza y acción colectiva, capaz de fortalecer la formación en valores, generar sinergias y multiplicar el impacto de proyectos y agendas que contribuyan a construir un México más sostenible, ético y socialmente corresponsable”.

Rosa Marta Abascal, presidenta de AliaRSE para el periodo 2026–2028.

Con este relevo institucional, AliaRSE reafirma su compromiso de seguir promoviendo alianzas, liderazgo empresarial responsable y colaboración multisectorial para contribuir a la construcción de un México más humano, sostenible y socialmente corresponsable.

El súper poder de leer en familia

David Grinberg, Vicepresidente de Comunicaciones

Corporativas de Arcos Dorados Latam

Crecí viendo El Chavo del Ocho, como millones de latinoamericanos. Ese niño que vivía en un barril, en una vecindad donde todos se cuidaban y reían juntos, fue parte de mi infancia. Recuerdo repetir sus frases frente al televisor: “¡eso, eso, eso!” y “sin querer queriendo”. Más que un programa, era un lenguaje común que nos unía como región.

Esa vecindad iba más allá del humor: transmitía pertenencia, cercanía y recuerdos compartidos. Por eso, décadas después, sigue siendo tan relevante y representa algo que hoy parece cada vez más escaso: los momentos compartidos en familia. Si esa vecindad nos unió como espectadores, la lectura puede generar algo similar en la infancia.

Ese mismo espíritu nos inspiró a llevar a El Chavo del Ocho al universo de la lectura, porque cuando un libro llega a un niño no solo cuenta una historia, abre un mundo. Ahí está el verdadero superpoder de leer en familia. Lo que parece un momento simple, un adulto leyendo, un niño escuchando y una página que se pasa fortalece el lenguaje, estimula la imaginación y crea vínculos.

Todavía recuerdo las historias que mi padre me leía antes de dormir. Acostado en la cama, cerraba los ojos y construía imágenes a partir de su voz. Años después repetí ese mismo gesto con mis hijos. Lo que se mantiene no es solo la historia, sino la estructura del vínculo que se forma alrededor de ella: una forma de presencia compartida que se transmite entre generaciones.

Según la UNICEF, leer en voz alta e interactuar con textos es clave en el desarrollo temprano porque fortalece el lenguaje, la comprensión emocional y las habilidades cognitivas. Sin embargo, esos efectos dependen del entorno en el que ocurre la lectura. Ese entorno es el que determina si la práctica se sostiene y se vuelve significativa en la vida cotidiana.

A nivel internacional, uno de los indicadores más utilizados para medir ese entorno es la presencia de al menos tres libros infantiles en el hogar; en México, solo el 39% de los niños menores de cinco años cuenta con ese acceso básico, de acuerdo con la UNESCO. Esto muestra que la discusión sobre lectura infantil no puede limitarse a indicadores educativos, sino que también debe considerar las condiciones concretas de acceso y práctica dentro del hogar.

leer en familia

Ese mismo entorno hoy está atravesado por el lugar predominante de las pantallas en la vida cotidiana. El desafío no es eliminarlas, sino equilibrarlas, porque en ese equilibrio los libros cumplen una función específica: introducir momentos de atención compartida. Como me dijo hace poco Roberto Gómez Fernández, hijo de Roberto Gómez Bolaños: “Podemos seguir viendo pantallas, pero hay que fomentar que los niños lean. Un libro siempre es un vehículo fantástico”.

Desde esa idea de equilibrio, la lectura cobra sentido en la vida cotidiana. Para que ocurra, primero debe ser accesible. Bajo esa idea nació Cajita Feliz Libros de McDonald’s, una iniciativa que acerca libros infantiles a momentos cotidianos en familia. Desde 2012 hasta mayo de este año se han distribuido cerca de 30 millones de libros en hogares latinoamericanos. Más que una cifra, importa lo que sucede después: en casa, cuando una historia se comparte y se convierte en recuerdo, como en mi caso.

Al final, no se trata solo de cuántos libros se entregan, sino de cuántas historias logran conectar a una familia. Tal vez por eso El Chavo del Ocho sigue siendo tan poderoso, no solo por lo que fue, sino por lo que representa, un recuerdo compartido. Latinoamérica creció en esa vecindad.

Hoy, niñas, niños y adultos tienen la posibilidad de construir una vecindad propia a través de la lectura: un espacio de atención compartida donde la historia organiza el encuentro y la experiencia se vuelve memorable. Algo que, con el tiempo, no se recuerde solo por los libros, sino por las personas con quienes se compartió.

Cuando la defensa del territorio se volvió un movimiento ciudadano

Por Aldo Farrugia

En distintos puntos de México, algo está cambiando. Nos estamos uniendo como sociedad para poner alto a varios proyectos que tendrían un impacto ambiental terrible en nuestro país.

Cada vez más personas, colectivos, científicos, pescadores, jóvenes, organizaciones ambientales y ciudadanos están alzando la voz para defender ecosistemas amenazados por megaproyectos turísticos, energéticos e inmobiliarios. Lo que antes parecían luchas aisladas hoy comienza a convertirse en un movimiento nacional de activismo ambiental.

Mahahual, Loreto, el Golfo de California y proyectos como Saguaro se han convertido en símbolos de una conversación más profunda: ¿qué tipo de desarrollo quiere México y cuál es el costo ambiental de ese crecimiento?

En Mahahual, Quintana Roo, miles de personas se movilizaron contra el proyecto “Perfect Day México”, impulsado por Royal Caribbean, un parque acuático de gran escala que organizaciones y especialistas señalaron por sus posibles afectaciones a manglares, arrecifes y especies marinas. La presión ciudadana creció rápidamente en redes sociales, protestas públicas y campañas digitales hasta que la Semarnat anunció que no autorizaría el proyecto por sus riesgos ecológicos.

La movilización reunió a organizaciones como Greenpeace México y DMAS, además de ciudadanos que comenzaron a organizarse desde distintas partes del país. Incluso en redes sociales y foros digitales se multiplicaron las campañas para defender el ecosistema de Mahahual, reflejando cómo el activismo ambiental ya no pertenece únicamente a especialistas, sino también a una generación que entiende que la protección ambiental es también protección del futuro.

Al mismo tiempo, en el Golfo de California, organizaciones y activistas han levantado la voz contra el Proyecto Saguaro, una iniciativa energética ligada al gas natural licuado que, según ambientalistas y científicos, podría poner en riesgo uno de los ecosistemas marinos más importantes del planeta. Las preocupaciones se centran en el tránsito de grandes embarcaciones y su impacto sobre ballenas, mamíferos marinos y biodiversidad del llamado “acuario del mundo”.

En Loreto, Baja California Sur, ciudadanos y colectivos también han comenzado a organizarse ante propuestas que permitirían la llegada de mega cruceros a una de las zonas marinas protegidas más importantes del país. Las protestas y campañas digitales muestran cómo el debate ambiental dejó de ser un tema periférico para convertirse en una causa social cada vez más visible.

Detrás de todas estas luchas hay algo en común: una ciudadanía que empieza a cuestionar proyectos que prometen desarrollo económico, pero que podrían comprometer recursos naturales irreemplazables. También hay una creciente conciencia sobre la fragilidad de los ecosistemas mexicanos y sobre el papel que tienen las comunidades en protegerlos.

México es uno de los países más biodiversos del mundo, pero también uno de los más peligrosos para quienes defienden el medio ambiente. Un informe reciente del Centro Mexicano de Derecho Ambiental documentó asesinatos y agresiones contra defensores ambientales, evidenciando que proteger la naturaleza sigue siendo una lucha de alto riesgo.

Más allá de estar a favor o en contra de proyectos específicos, estas movilizaciones reflejan una nueva realidad: el activismo ambiental en México está creciendo y cada vez tiene más fuerza social, mediática y ciudadana. Hoy, la defensa de un manglar, una ballena o un arrecife ya no es solo una causa ambiental; se ha convertido en una conversación sobre identidad, comunidad y futuro.

Y quizá ahí está lo más importante de todo: entender que los recursos naturales no son infinitos y que defenderlos también es defender a las próximas generaciones.


Aldo-Farrugia

El valor del altruismo, por Aldo Farrugia

Aldo Farrugia es un mexicano comprometido con el altruismo y la RS. Fundador y Director de Comunal, una agencia que promueve el impacto social mediante consultoría, marketing con causa y conferencias. También preside la Fundación Comunal, dedicada al fortalecimiento de organizaciones sin fines de lucro.

Con una formación en Mercadotecnia y certificaciones en Estrategia Comercial y Sostenibilidad, ha colaborado con más de 50 ONGs, enfocándose en ayudar a diversos grupos vulnerables, desde personas con discapacidad hasta pacientes con cáncer.

Busca transformar el individualismo en activismo, fomentando la empatía y la participación social entre los mexicanos. En 2023, desafió sus propios límites al correr el maratón de la CDMX a ciegas para apoyar a niños con retinoblastoma, logrando recaudar más de $500,000 mxn y obteniendo un Récord Guinness.

2025 rompe récord: gobiernos recaudaron más de 100 mil MDD por emisiones de carbono

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La política climática global acaba de alcanzar un punto de inflexión que pocos imaginaban hace apenas una década. De acuerdo con el más reciente informe del Banco Mundial, los mecanismos de fijación de precios del carbono permitieron a los gobiernos recaudar más de 100 mil millones de dólares en 2025, una cifra histórica que confirma cómo la transición ambiental también puede convertirse en una estrategia de fortalecimiento fiscal y desarrollo sostenible. Esta recaudación por emisiones de carbono representa un aumento del 2% respecto al año anterior y coloca a estos instrumentos en el centro de la agenda económica internacional.

Más allá del monto, el récord evidencia una transformación más profunda: cada vez más países consideran que asignar un costo a las emisiones contaminantes no solo ayuda a reducir gases de efecto invernadero, sino que también puede financiar infraestructura, innovación energética y programas de transición justa. Durante años, el debate climático se concentró en los costos de actuar; hoy, la conversación comienza a incluir los beneficios colectivos que pueden surgir cuando las políticas ambientales se diseñan con visión estratégica y criterios de bienestar común.

Recaudación por emisiones de carbono: el avance de una política que gana terreno

Los más de 100 mil millones de dólares movilizados provinieron principalmente de dos mecanismos: los sistemas de comercio de emisiones (ETS, por sus siglas en inglés) y los impuestos al carbono. Ambos parten de un principio sencillo pero poderoso: quien emite gases de efecto invernadero debe internalizar parte del costo ambiental que históricamente ha recaído sobre la sociedad. Al poner precio a la contaminación, los gobiernos generan incentivos económicos para reducir emisiones y, al mismo tiempo, crean nuevas fuentes de ingresos públicos.

El informe Estado y tendencias de la fijación de precios del carbono muestra que el valor promedio de estos instrumentos se ha más que duplicado en la última década. Si hace diez años el precio promedio rondaba los 10 dólares por tonelada de CO2 equivalente, hoy alcanza 21 dólares, con un crecimiento adicional del 7% desde abril del año pasado. El incremento no es menor: refleja una mayor madurez regulatoria y una creciente aceptación política de que la descarbonización necesita señales económicas claras.

recaudación por emisiones de carbono

La cobertura de estas medidas también ha crecido de forma significativa. Actualmente, alrededor del 29% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero está sujeto a mecanismos directos de fijación de precios del carbono mediante 87 políticas nacionales, regionales y subnacionales. Particularmente notable es el avance de los sistemas de comercio de emisiones, cuya cobertura pasó del 8% en 2016 a más del 24% de las emisiones globales actuales, mientras que los impuestos al carbono han mantenido una participación relativamente estable.

Este crecimiento explica por qué la recaudación por emisiones de carbono ha comenzado a verse como una herramienta multifuncional. Ya no se trata únicamente de penalizar la contaminación, sino de construir esquemas capaces de financiar prioridades públicas en un contexto de presiones fiscales, volatilidad energética y crecientes demandas sociales. Tal como señala el Banco Mundial, la sostenibilidad y la resiliencia económica comienzan a converger en una misma ecuación política.

Nuevos mercados y reglas que redefinen la transición

El dinamismo de la fijación de precios del carbono también se observa en la aparición de nuevos mercados y regulaciones. En el último año entraron en operación cinco instrumentos nacionales adicionales, una señal de que la adopción continúa expandiéndose incluso en economías con realidades productivas muy distintas. Entre ellos destaca el Plan de Comercio de Créditos de Carbono de India, orientado particularmente a sectores de difícil abatimiento, donde la reducción de emisiones suele ser más compleja y costosa.

Japón constituye otro ejemplo relevante. Su sistema GX-ETS inició su fase obligatoria en 2026 y ya involucra a más de 700 empresas, cubriendo más de la mitad de las emisiones nacionales del país. Lo relevante no es únicamente el alcance del mecanismo, sino el destino de los recursos obtenidos: los ingresos alimentan un fondo nacional dedicado a proyectos de transición energética. Este enfoque muestra cómo la recaudación por emisiones de carbono puede vincularse directamente con inversiones transformadoras y no limitarse a una función meramente recaudatoria.

Mientras tanto, países como Brasil y Turquía desarrollan esquemas propios, reflejando una tendencia que trasciende regiones y niveles de ingreso. A este panorama se suma el Mecanismo Europeo de Ajuste en Frontera del Carbono (CBAM), que comenzó a aplicar precios al carbono sobre importaciones intensivas en emisiones como cemento, acero, aluminio, electricidad e hidrógeno. Aunque actualmente cubre menos del 0.5% de las emisiones globales, su relevancia política es considerable porque introduce la dimensión climática en las reglas del comercio internacional.

El avance del CBAM ha despertado interés global por los llamados ajustes fronterizos y por nuevas formas de regulación climática vinculadas a la competitividad económica. Para muchas empresas, especialmente aquellas integradas a cadenas globales de valor, el precio del carbono dejó de ser un tema exclusivamente ambiental y pasó a convertirse en un factor estratégico de acceso a mercados, gestión de riesgos y planeación financiera.

recaudación por emisiones de carbono

Créditos de carbono y una economía climática en expansión

El informe del Banco Mundial también ofrece señales importantes sobre el mercado voluntario y regulado de créditos de carbono. Entre 2024 y 2025, la emisión de créditos aumentó 8%, confirmando que la demanda por instrumentos capaces de compensar emisiones continúa creciendo pese a la volatilidad de precios observada en algunos segmentos del mercado.

El caso del Reino Unido resulta ilustrativo. Investigaciones recientes muestran que los créditos de carbono aportaron aproximadamente 1,200 millones de libras esterlinas a su economía durante el último año. Aunque los precios promedio disminuyeron ligeramente en 2025, los créditos de alta integridad ambiental mantuvieron un fuerte atractivo para inversionistas y compradores corporativos, evidenciando que la calidad del activo climático comienza a ser más relevante que el simple volumen transado.

Un ejemplo paradigmático es el esquema CORSIA, acordado por la Organización de Aviación Civil Internacional para regular el crecimiento de emisiones en la aviación internacional. Bajo este sistema, aerolíneas de 129 países deben monitorear sus emisiones y adquirir créditos provenientes de proyectos externos para compensar incrementos por encima de los niveles de 2020. El mecanismo podría requerir más de 144 millones de créditos antes de 2028.

La robustez del esquema depende de criterios estrictos de integridad ambiental. Los créditos elegibles deben demostrar adicionalidad, permanencia y ausencia de doble contabilidad, requisitos esenciales para evitar que la compensación se convierta en un ejercicio simbólico. Este énfasis confirma que el futuro del mercado dependerá menos de promesas aspiracionales y más de evidencia verificable de reducción real de emisiones.

recaudación por emisiones de carbono

Gobernanza climática: el verdadero desafío detrás del precio al carbono

El récord de 2025 ofrece una lección relevante para los gobiernos y para quienes trabajan en sostenibilidad corporativa: el problema nunca ha sido únicamente recaudar o crear mercados, sino diseñar instituciones capaces de convertir esos recursos en beneficios tangibles para la sociedad y el medio ambiente. La buena gobernanza será el factor decisivo para determinar si estas políticas consolidan una transición justa o simplemente amplían mecanismos financieros sin transformación estructural.

El riesgo del greenwashing también merece atención. Cuando los créditos de carbono o los sistemas de compensación se utilizan para justificar la continuidad de prácticas altamente contaminantes sin planes reales de descarbonización, la legitimidad del mercado se erosiona rápidamente. El precio al carbono debe complementar —no sustituir— estrategias de reducción directa de emisiones, eficiencia energética e innovación tecnológica.

Para que la fijación de precios del carbono cumpla su promesa transformadora, la transparencia, la trazabilidad y la rendición de cuentas deberán convertirse en condiciones irrenunciables. Solo entonces la recaudación por emisiones de carbono podrá consolidarse como algo más que un ingreso fiscal extraordinario: una herramienta de política pública capaz de reconciliar competitividad económica, justicia social y protección ambiental en una misma visión de futuro.

‘Cambiemos el Juego’: la campaña que busca visibilizar las brechas que enfrentan las niñas

Cada mundial de fútbol concentra millones de miradas, moviliza emociones colectivas y convierte al deporte en un lenguaje común capaz de atravesar fronteras. Sin embargo, mientras estadios y pantallas capturan la atención global, persisten otras realidades que rara vez ocupan los titulares con la misma intensidad. En ese escenario surge una apuesta distinta impulsada por la ONG Plan International: utilizar la conversación alrededor del fútbol para colocar en el centro un tema profundamente social y urgente, las desigualdades que viven niñas y adolescentes en América Latina.

En el marco de los mundiales masculino de 2026 y femenino de 2027, la organización lanzó la iniciativa regional “Cambiemos el Juego”, una campaña que busca ir más allá del simbolismo deportivo para cuestionar las condiciones estructurales que limitan el desarrollo de millones de niñas. La propuesta combina visibilidad pública y trabajo territorial con la intención de influir en cambios sociales duraderos, demostrando que los grandes eventos deportivos también pueden convertirse en plataformas para promover derechos y transformar narrativas.

Las reglas desiguales detrás del partido social

Para millones de niñas en América Latina y el Caribe, la desigualdad comienza mucho antes de entrar a una cancha. La región continúa enfrentando profundas brechas asociadas con el embarazo temprano, los matrimonios y uniones infantiles y la violencia basada en género, fenómenos que restringen oportunidades educativas, económicas y sociales desde edades tempranas. Lejos de ser problemáticas aisladas, estas situaciones responden a estructuras culturales y sociales que normalizan la desventaja.

Las cifras dimensionan la magnitud del problema. De acuerdo con datos recopilados por distintas agencias de Naciones Unidas, en América Latina y el Caribe una niña entre 10 y 14 años da a luz cada 15 minutos. A ello se suma que una de cada cuatro niñas se casa o une antes de cumplir los 18 años y que una de cada tres mujeres ha experimentado violencia física o sexual a lo largo de su vida. Estos números revelan que la desigualdad no es una percepción, sino una realidad estadísticamente verificable.

cambiemos el Juego

Desde la perspectiva de Plan International, estas condiciones muestran que las niñas suelen iniciar “el partido” con reglas en su contra. La organización advierte que cuentan con menos oportunidades, menos seguridad y menor reconocimiento social, no por ausencia de talento o aspiraciones, sino porque persisten normas y entornos que reproducen desventajas sistemáticas y limitan su capacidad de decidir sobre sus vidas.

En este contexto surge “Cambiemos el Juego”, una iniciativa regional diseñada para visibilizar estas brechas y promover transformaciones concretas. La campaña se despliega en dos niveles complementarios: por un lado, una estrategia pública que utiliza el fútbol como vehículo de sensibilización y, por otro, un proyecto de intervención comunitaria orientado a fortalecer capacidades y modificar dinámicas sociales que perpetúan la desigualdad.

“Cambiemos el Juego” y el fútbol como herramienta de transformación

La iniciativa “Cambiemos el Juego” se implementará hasta 2028 en comunidades vulnerables de México, El Salvador, Perú y Paraguay. Su metodología convierte el fútbol en un espacio seguro, inclusivo y pedagógico donde las niñas no solo practican deporte, sino que desarrollan habilidades para la vida, fortalecen su autoestima y adquieren conocimientos sobre derechos y participación comunitaria.

El programa no se limita al trabajo con las participantes directas. De forma paralela involucra a familias, pares varones, entrenadoras y actores comunitarios con el objetivo de modificar el entorno social que rodea a las niñas. Esta dimensión resulta especialmente relevante porque reconoce que las desigualdades de género no se resuelven únicamente fortaleciendo capacidades individuales, sino transformando las normas sociales que las sostienen.

cambiemos el Juego

La implementación aprovecha infraestructura ya existente en las comunidades, como canchas, escuelas y centros comunitarios, en alianza con organizaciones locales. Las sesiones son impartidas por entrenadoras provenientes de las propias comunidades, quienes reciben capacitación específica en la metodología. Este enfoque favorece la apropiación local y permite que el conocimiento permanezca en el territorio, aumentando las posibilidades de continuidad y sostenibilidad del proyecto.

La directora regional de Plan International para América Latina y el Caribe, Carmen Elena Alemán, sintetiza el espíritu de la propuesta al afirmar:

“No le pedimos a las niñas que jueguen mejor: pedimos que se cambien las reglas para que puedan jugar en igualdad de condiciones”.

La representante agrega que durante mucho tiempo se ha esperado que las niñas se adapten a estructuras injustas, mientras que “Cambiemos el Juego” plantea lo contrario: trabajar junto con niñas, familias y comunidades para transformar normas, leyes y entornos que hoy las colocan en desventaja.

cambiemos el Juego

Del precedente al potencial: cuando el deporte visibiliza desigualdades

Aunque la campaña regional coincide con el ciclo mundialista de 2026 y 2027, la metodología no parte de cero. Plan International ya la implementó previamente en Nicaragua y Brasil, donde los resultados ofrecen señales alentadoras sobre su efectividad. Más del 70% de las participantes completó el proceso formativo y entre 60% y 80% reportó mejoras significativas en autoestima y capacidad para tomar decisiones.

Además, más de la mitad de las niñas participantes fortaleció conocimientos relacionados con prevención de violencia y derechos, un indicador especialmente relevante en contextos donde la desinformación y la normalización de agresiones limitan la capacidad de protección y denuncia. Estos resultados sugieren que el deporte, cuando se integra dentro de una estrategia pedagógica y comunitaria, puede convertirse en un catalizador de cambios sociales más amplios.

La apuesta de Cambiemos el Juego” también invita a reflexionar sobre el papel que pueden desempeñar los grandes eventos deportivos en la agenda social. Históricamente, los mundiales han funcionado como vitrinas de identidad nacional, espectáculo y negocio; sin embargo, su enorme alcance mediático ofrece igualmente la posibilidad de visibilizar problemáticas que suelen permanecer relegadas.

Aprovechar esa atención global para hablar de embarazos tempranos, violencia y desigualdad de género representa una estrategia de incidencia con potencial significativo. La pregunta de fondo no es únicamente si el fútbol puede cambiar realidades, sino si gobiernos, organizaciones y sociedad civil están dispuestos a utilizar estos espacios de alta exposición para impulsar conversaciones incómodas pero necesarias. En esa lógica, “Cambiemos el Juego” propone que el verdadero marcador no se mida solo en goles, sino en la capacidad colectiva de transformar reglas que durante demasiado tiempo han dejado a millones de niñas jugando en desventaja.

¿Por qué las economías sostenibles podrían convertirse en las más poderosas del mundo?

Durante décadas, el poder económico global se explicó a partir del acceso a combustibles fósiles, capacidad manufacturera y control de rutas comerciales. Hoy, ese tablero está cambiando con rapidez. La competencia entre países ya no se limita a quién produce más o quién posee mayores reservas energéticas, sino a quién logra construir industrias resilientes, cadenas de suministro trazables y sistemas energéticos capaces de reducir vulnerabilidades geopolíticas. La sostenibilidad, lejos de perder relevancia, está redefiniendo la lógica de la competitividad internacional.

La paradoja es evidente. Mientras el término ESG enfrenta críticas políticas y algunos gobiernos o corporaciones moderan su narrativa climática, la transformación económica asociada a tecnologías limpias, electrificación y nuevos estándares industriales continúa acelerándose. En otras palabras, el discurso puede fluctuar, pero el mercado y la infraestructura económica global avanzan en otra dirección. En ese escenario, las economías sostenibles no aparecen como una aspiración idealista, sino como candidatas a liderar la próxima etapa del crecimiento mundial.

Economías sostenibles: la competitividad ya cambió de reglas

La pandemia, la guerra en Ucrania y las crecientes tensiones geopolíticas transformaron la percepción global sobre sostenibilidad. Antes era común tratarla como una agenda centrada exclusivamente en emisiones o reputación corporativa; hoy se relaciona directamente con seguridad energética, soberanía industrial y estabilidad económica. La dependencia de combustibles fósiles importados y cadenas de suministro largas y vulnerables dejó de verse únicamente como un problema ambiental y comenzó a interpretarse como un riesgo estratégico.

Tal como lo ha señalado Eco-Business, esta nueva realidad explica por qué las economías sostenibles están adquiriendo ventajas competitivas relevantes. Reducir dependencia energética mediante renovables, electrificación o eficiencia ya no significa únicamente reducir carbono; implica disminuir exposición a volatilidad de precios, conflictos internacionales y restricciones de abastecimiento. De forma similar, la economía circular y la producción local de insumos estratégicos fortalecen autonomía y capacidad industrial.

Los mercados financieros han internalizado esta transformación con mayor rapidez que el debate político. Aunque la sostenibilidad se ha polarizado en ciertos espacios públicos —particularmente en Estados Unidos—, los grandes inversionistas continúan avanzando en la misma dirección. Fondos de pensiones, fondos soberanos, aseguradoras y bancos de desarrollo operan crecientemente bajo compromisos de cero emisiones netas y marcos de riesgo climático.

economías sostenibles

El resultado es una revalorización silenciosa, pero profunda. Las empresas capaces de demostrar estrategias creíbles de reducción de emisiones y adaptación suelen acceder a financiamiento en mejores condiciones y fortalecer su posición ante inversionistas institucionales. Las que no logran hacerlo enfrentan mayores cuestionamientos sobre viabilidad futura y exposición a riesgos regulatorios o de transición.

Esta convergencia entre sostenibilidad y capital también se observa en el ámbito normativo. El marco de divulgación del Consejo Internacional de Normas de Sostenibilidad (ISSB) gana adopción global, mientras Europa mantiene vigentes las Normas Europeas de Reporte de Sostenibilidad (ESRS). Más que regulaciones aisladas, ambas tendencias apuntan hacia una arquitectura común donde transparencia ambiental y desempeño económico se vuelven inseparables.

China, Europa y la geopolítica de la transición

Pocas regiones entendieron tan temprano esta transformación como China. Durante años, Occidente interpretó las inversiones chinas en tecnologías limpias como una apuesta ambiental secundaria; hoy resulta evidente que respondían a una estrategia industrial y geopolítica deliberada.

Actualmente, China produce aproximadamente el 80% de los paneles solares del mundo y domina segmentos clave de las cadenas globales de baterías, movilidad eléctrica e infraestructura asociada al hidrógeno verde y la energía eólica marina. El objetivo no es exclusivamente climático. China busca consolidarse como potencia tecnológica e industrial de la transición energética, controlando mercados que definirán la economía del siglo XXI.

Europa ha seguido un camino distinto, aunque igualmente estratégico. El Pacto Verde Europeo, la Directiva de Reportes de Sostenibilidad Corporativa y el pasaporte digital de productos conforman un ecosistema regulatorio que va mucho más allá del cumplimiento ambiental. Estas herramientas funcionan como infraestructura económica diseñada para movilizar capital, estandarizar cadenas de valor y construir liderazgo industrial sostenible.

Esta posición ofrece ventajas relevantes. Europa cuenta con instituciones financieras sofisticadas, capacidades de ingeniería avanzadas y uno de los marcos regulatorios más robustos del mundo para productos sostenibles. Cualquier empresa capaz de cumplir estándares europeos obtiene, en la práctica, una certificación competitiva de alcance internacional.

La gran pregunta es cómo evolucionará este liderazgo. Europa puede utilizar su arquitectura regulatoria como barrera defensiva o transformarla en plataforma abierta de cooperación con socios como Japón, Corea del Sur, Canadá y economías emergentes. La segunda opción podría convertirla en coordinadora de estándares globales para una economía baja en carbono e intensiva en innovación.

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El costo del rezago: lo que perderán quienes no se adapten

La transformación industrial global no espera consensos políticos. La historia económica muestra que quienes reaccionan tarde ante cambios tecnológicos suelen enfrentar pérdida de competitividad, debilitamiento productivo y dependencia creciente. La transición sostenible parece seguir esa misma lógica.

Las economías que no comprendan esta convergencia podrían enfrentar varios riesgos simultáneos. El primero es financiero. A medida que el capital institucional incorpora criterios climáticos y taxonomías sostenibles, las empresas y países con alta exposición a carbono o baja capacidad de adaptación podrían ver encarecido su acceso al financiamiento.

El segundo riesgo es comercial. Nuevas herramientas regulatorias —como el pasaporte digital de productos o los mecanismos de ajuste de carbono— pueden convertirse en filtros de acceso a mercados. En este escenario, no adaptarse implica quedar fuera de cadenas globales de valor o participar en ellas desde posiciones de menor rentabilidad.

Existe además un riesgo industrial y tecnológico más profundo. Quienes no desarrollen capacidades en manufactura limpia, digitalización o trazabilidad podrían depender crecientemente de países que sí controlen esas tecnologías. La transición energética no solo redistribuye oportunidades; también redefine relaciones de poder y dependencia.

Por ello, hablar de economías sostenibles ya no equivale a discutir únicamente compromisos climáticos. Se trata de evaluar quién dominará tecnologías estratégicas, quién atraerá inversión productiva y quién podrá sostener crecimiento y empleo en un entorno global marcado por nuevas exigencias regulatorias y energéticas.

economías sostenibles

La hoja de ruta para construir economías competitivas y resilientes

La buena noticia es que esta transición no está reservada únicamente para grandes potencias. Existen áreas concretas donde gobiernos y líderes empresariales pueden actuar para impulsar economías sostenibles sin sacrificar competitividad ni desarrollo.

La primera es acompañar la modernización industrial en lugar de retrasarla. Diversos especialistas coinciden en que proteger sectores mediante subsidios que perpetúan modelos obsoletos rara vez genera resiliencia. El desafío consiste en apoyar especialmente a empresas medianas y manufactureras para que desarrollen capacidades digitales, trazabilidad y contabilidad de carbono.

La segunda prioridad es reconocer que la infraestructura digital asociada a sostenibilidad será tan estratégica como las redes financieras tradicionales. El pasaporte digital de productos, los sistemas de verificación y los flujos de información ambiental serán esenciales para operar en cadenas globales cada vez más exigentes.

La tercera área es la diplomacia económica. Las normas ambientales pueden convertirse en mecanismos de fragmentación o en plataformas de convergencia internacional. Reconocer equivalencias regulatorias, compartir metodologías y colaborar en estándares interoperables permitirá acelerar la transición sin profundizar desigualdades comerciales.

Finalmente, los gobiernos deben entender que sostenibilidad y competitividad no representan agendas separadas. Como muestran China y Europa, el liderazgo económico futuro dependerá de la capacidad para integrar política industrial, innovación tecnológica y resiliencia energética en una misma estrategia de desarrollo.

Las empresas que dominarán la próxima década ya comenzaron este proceso: digitalizan cadenas de suministro, adoptan contabilidad del carbono, alinean operaciones con taxonomías y convierten el cumplimiento normativo en ventaja comercial. El resto enfrenta una decisión cada vez más clara: adaptarse a la nueva economía o correr el riesgo de quedar atrapado en la anterior.

De la ciencia ficción a la realidad: buscan revivir especies extintas y ya hay avances

Durante décadas, la idea de devolver a la vida animales desaparecidos parecía reservada a novelas futuristas y películas de laboratorio. Sin embargo, hoy la conversación ha cambiado de tono: la biotecnología, la genética y la conservación avanzan a tal velocidad que aquello que parecía imposible comienza a adquirir forma tangible. En medio de este escenario, científicos y empresas privadas exploran nuevas rutas para revivir especies extintas, abriendo un debate tan fascinante como complejo.

La más reciente señal de este avance llegó desde Estados Unidos, donde una empresa dedicada a la llamada “desextinción” aseguró haber dado un paso clave para traer de vuelta al moa gigante de la Isla Sur, un ave no voladora de Nueva Zelanda extinguida hace aproximadamente 500 años. Aunque aún no existe un moa caminando sobre la Tierra, el nacimiento de decenas de polluelos sanos mediante huevos artificiales podría marcar un antes y un después en la historia de la conservación.

Revivir especies extintas: el experimento que busca devolver al moa gigante

De acuerdo con un artículo de Reuters, la protagonista detrás de esta historia es Colossal Biosciences, una empresa estadounidense especializada en desextinción, un campo científico enfocado en recuperar especies desaparecidas a partir de ADN antiguo. Su catálogo incluye nombres tan emblemáticos como el dodo y el lobo terrible, además de varias especies de moa, un ave que llegó a medir hasta 3.6 metros de altura y desapareció principalmente por la caza humana.

La compañía anunció recientemente el nacimiento de 26 polluelos sanos utilizando una innovadora plataforma de huevos artificiales desarrollada en sus instalaciones en Dallas. Aunque estas crías no son moas, el avance representa una prueba funcional de una tecnología indispensable para lograr el objetivo final: incubar especies cuyos huevos no podrían ser gestados por animales vivos actuales.

El desafío es enorme. El huevo de un moa gigante es aproximadamente ocho veces más grande que el de un emú, considerado su pariente vivo más cercano. Ninguna ave moderna tiene la capacidad física de incubarlo, lo que obligó a los investigadores a pensar fuera de los límites biológicos tradicionales.

Una tecnología inspirada en la naturaleza

El corazón de este avance científico es una plataforma de huevo artificial construida con una membrana de silicona bioingenierizada, diseñada para replicar funciones esenciales de un cascarón natural. Su objetivo es permitir que el embrión respire, mantenga niveles adecuados de humedad y conserve una temperatura estable durante todo el proceso de incubación.

El sistema no sólo imita el ambiente natural de un huevo, también interviene cuando el desarrollo lo requiere. Por ejemplo, suministra calcio para favorecer el crecimiento del esqueleto del embrión, un nutriente que normalmente obtendría de la cáscara. Además, al permanecer visible durante la gestación, los investigadores pueden monitorear el desarrollo en tiempo real.

Hasta ahora, los 26 polluelos lograron completar un ciclo de desarrollo cercano a los 21 días, una temporalidad consistente con el proceso natural de especies similares. Aunque todavía falta un largo camino, el experimento demuestra que ciertos límites técnicos empiezan a superarse.

Revivir especies extintas también abre preguntas éticas y sociales

Más allá de la emoción científica, la posibilidad de revivir especies extintas también plantea preguntas incómodas. ¿Es correcto invertir millones de dólares en traer de vuelta animales desaparecidos cuando miles de especies actuales están al borde de la extinción? ¿Quién decide cuáles especies merecen regresar y con qué propósito?

Para especialistas en sostenibilidad y responsabilidad social, este tipo de proyectos obligan a reflexionar sobre el papel de la innovación en la restauración ecológica. Algunos expertos consideran que estas tecnologías podrían convertirse en herramientas valiosas para reparar daños ambientales históricos provocados por la actividad humana.

Sin embargo, también existe cautela. Traer de vuelta una especie no implica necesariamente devolverle su ecosistema original, especialmente en contextos profundamente alterados por el cambio climático, la urbanización y la pérdida de biodiversidad.

¿Puede esta tecnología ayudar a conservar especies actuales?

Uno de los argumentos más sólidos a favor de estas investigaciones es su potencial impacto en la conservación de especies que aún existen. Según Colossal Biosciences, la plataforma de huevos artificiales podría convertirse en una herramienta para proteger aves en peligro de extinción, especialmente aquellas con procesos reproductivos complejos o poblaciones críticamente reducidas.

En este sentido, la tecnología desarrollada podría funcionar como un puente entre la ciencia experimental y la conservación aplicada. Es decir, el verdadero valor no estaría únicamente en revivir especies extintas, sino en evitar que otras sigan el mismo camino.

No obstante, aún quedan importantes desafíos técnicos. Los investigadores continúan trabajando en la reconstrucción del genoma del moa a partir de ADN antiguo, así como en la identificación de rasgos genéticos clave que deberán integrarse en especies emparentadas, como el emú.

La ciencia ha demostrado una vez más que las fronteras de lo posible son más flexibles de lo que imaginamos. Lo que hace apenas unas décadas parecía fantasía hoy se encuentra en laboratorios, algoritmos genéticos y plataformas bioingenierizadas capaces de incubar vida en condiciones inéditas.

Pero el verdadero debate quizá no sea únicamente si podremos revivir especies extintas, sino qué responsabilidad implica hacerlo. En un planeta donde la biodiversidad enfrenta amenazas constantes, el reto no sólo consiste en mirar al pasado para recuperar lo perdido, sino en proteger aquello que todavía estamos a tiempo de conservar.