Durante años, los 1.5 °C funcionaron como una especie de línea roja para el planeta. Era el límite que gobiernos, científicos y empresas buscaban evitar para reducir los impactos más graves de la crisis climática. Hoy, Naciones Unidas plantea un escenario distinto: prepararnos para un mundo que podría cruzar ese umbral.
El calentamiento global ya ronda los 1.4 °C respecto al periodo preindustrial, impulsado principalmente por la quema de combustibles fósiles. Y, según un nuevo informe del Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente (PNUMA), superar los 1.5 °C parece inevitable en los próximos años. La pregunta, entonces, deja de ser únicamente cómo impedirlo y comienza a ser cómo reducir sus consecuencias.
Del objetivo climático a la gestión de un nuevo escenario
En 2015, cerca de 200 países acordaron en París intentar mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 1.5 °C respecto a la era preindustrial. La cifra se convirtió en una referencia central de la acción climática y en uno de los principales objetivos de las políticas de descarbonización.

Sin embargo, Naciones Unidas reconoce ahora que ese escenario difícilmente podrá evitarse. El nuevo informe del PNUMA señala de manera inequívoca que el desafío ya no consiste solamente en impedir que se rebase el umbral, sino en gestionar el periodo durante el cual permaneceremos por encima de él.
El concepto es conocido como “superación” u overshoot: un periodo en el que la temperatura rebasa temporalmente los 1.5 °C antes de que eventualmente pudiera regresar por debajo de ese nivel. La duración y magnitud de ese periodo serán determinantes para los daños que experimente el planeta.
Calentamiento global: el impacto ya tiene rostro
La discusión puede parecer abstracta cuando se expresa en décimas de grado, pero sus consecuencias ya son concretas para comunidades enteras. En las islas del Pacífico, científicos y funcionarios advierten que un planeta más cálido significará mayores dificultades para acceder a alimentos y agua potable.
Andrew Jones, director general adjunto de la Comunidad del Pacífico, explicó que el atún podría desplazarse hacia el este, alejándose de los estados insulares donde actualmente se captura aproximadamente un tercio de este pescado a nivel mundial.
La situación también amenaza a los pescadores costeros, que podrían perder hasta 65% de sus capturas. A esto se suman inundaciones más frecuentes y la entrada de agua salada en las reservas de agua dulce, reduciendo progresivamente las condiciones que permiten habitar estas islas.

Por ello, los países insulares reclaman financiamiento para adaptarse y mayores esfuerzos de las naciones desarrolladas para reducir el uso de combustibles fósiles.
Un cambio de reglas para la política climática
“Es una vuelta a la realidad”, señaló Richard Betts, coautor del informe y profesor de la Universidad de Exeter. Su planteamiento no significa aceptar el fracaso de la acción climática, sino reconocer que las estrategias deben responder a un escenario que está cambiando.
El documento plantea precisamente ese giro: pasar de concentrarse exclusivamente en evitar el fenómeno a diseñar respuestas capaces de enfrentar sus consecuencias. Para Debra Roberts, también coautora, los responsables políticos deben entender que las reglas del juego están cambiando.
La advertencia tiene implicaciones profundas para la gobernanza climática. Los planes actuales de mitigación y adaptación fueron diseñados bajo determinadas expectativas sobre la evolución del clima; si esas condiciones cambian, también deberán hacerlo las políticas públicas, las inversiones y las estrategias corporativas.
Calentamiento global: adaptarse sin abandonar los 1.5 °C
El reconocimiento de que el planeta podría superar el umbral no significa que 1.5 °C deje de ser relevante. De hecho, cuanto menor sea el incremento de temperatura y menor sea el tiempo que permanezcamos por encima de ese nivel, menores serán los riesgos asociados.
Los científicos advierten que superar los 1.5 °C puede incrementar la frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos y acercar al planeta a posibles puntos de inflexión, como el colapso de grandes masas de hielo o la pérdida de arrecifes de coral tropicales.
Por eso, la adaptación se vuelve indispensable, pero no puede sustituir a la reducción de emisiones. Como señaló Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA, será necesario adaptarse para proteger vidas y naturaleza, mientras continúa la lucha por limitar el aumento de la temperatura.

El temor a que la resignación gane terreno
El nuevo enfoque de Naciones Unidas también ha provocado críticas entre organizaciones ambientalistas. Para quienes llevan años defendiendo el objetivo de 1.5 °C, reconocer la posibilidad de superarlo puede enviar un mensaje peligroso si se interpreta como una razón para abandonar los esfuerzos de mitigación.
Jasper Inventor, subdirector de programas de Greenpeace Internacional, calificó el momento como “desgarrador”, aunque insistió en que rebasar el umbral no debe convertirse en una razón para renunciar a él. Bill Hare, director de Climate Analytics, fue todavía más crítico y advirtió que el informe podría terminar funcionando como un llamado a la apatía en lugar de impulsar la acción.
El dilema es evidente: prepararse para un mundo más cálido sin convertir esa preparación en una justificación para emitir más. La adaptación debe ser una respuesta al riesgo, no una excusa para dejar de reducirlo.
Carbono, emisiones y la carrera contra el tiempo
El informe señala que limitar los daños requerirá reducciones profundas y rápidas de las emisiones, pero también contempla un papel esencial para la captura de dióxido de carbono. Estas tecnologías buscan retirar CO₂ de la atmósfera y almacenarlo, reduciendo parte de la concentración acumulada de gases de efecto invernadero.
La combinación será particularmente relevante si el planeta entra en un periodo prolongado de superación. Sin embargo, la captura de carbono no elimina la necesidad de transformar los sistemas energéticos ni de reducir de manera acelerada la dependencia de los combustibles fósiles.

Para las empresas, este escenario refuerza la importancia de pasar de los compromisos climáticos generales a planes verificables de reducción de emisiones, gestión de riesgos físicos y adaptación. La conversación deja de ser únicamente ambiental: también involucra continuidad operativa, cadenas de suministro, inversión y resiliencia.
El nuevo mensaje de Naciones Unidas no debería leerse como una sentencia de derrota, sino como una llamada a cambiar la manera en que se entiende la acción climática. El calentamiento global podría superar los 1.5 °C, pero cada décima adicional y cada año que permanezcamos por encima del umbral pueden marcar una diferencia significativa en los impactos que enfrentarán las sociedades y los ecosistemas.
La adaptación será cada vez más necesaria, pero la mitigación seguirá siendo la herramienta para evitar que el escenario se vuelva todavía más grave. En palabras de António Guterres, la lucha por limitar el calentamiento a 1.5 grados continúa siendo una lucha por la humanidad. Para gobiernos, empresas y organizaciones, el reto será actuar bajo una nueva realidad sin confundirla con una licencia para resignarse.
Prepararse para los daños que vienen y, al mismo tiempo, reducir las causas que los provocan serán dos caras de la misma responsabilidad climática.











