«La desnutrición y la anemia siguen siendo altas», explica a ABC Pablo Mateu, representante en Argelia del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), que, junto al Programa Mundial de Alimentos (PAM), organiza desde ayer hasta manaña una visita a los campamentos de refugiados saharauis en el oeste de Argelia, donde viven unas 150.000 personas.
La misión está integrada por una veintena de países y agencias internacionales. Entre ellos se encuentran donantes históricos como España y también, como novedad, los que Mateu denomina «donantes no tradicionales» como Suráfrica, Venezuela o Nigeria, que sí reconocen la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), o Brasil e Indonesia, que no la reconocen pero sí muestran preocupación por los refugiados.
La alimentación sigue siendo el principal caballo de batalla. Las raciones básicas del PAM y los productos frescos que añaden países como España para ampliar la dieta no son suficientes. El acceso al agua potable, dificultado por lo inhóspito del desierto, y la educación, pues no hay escuelas de secundaria, son otros de los sectores que pretenden atraer nuevos donantes.

