En una entrada anterior del blog propuse –medio en broma, medio en serio- que se declarara a los responsables de RSE especie protegida. No porque su trabajo fuera más complejo o más arriesgado que el de otras áreas, sino porque, si realizan su trabajo en serio y hasta las últimas consecuencias, éste conlleva unas tensiones específicas que, a día de hoy, no parece que se puedan resolver sino, a lo sumo, manejar a la búsqueda de un equilibrio siempre inestable.
Por eso, cuando hablé de lo que considero mi mantra personal para la RSE en el año 2010 (subirla al consejo, bajarla al negocio), añadía: “Y, por cierto, esta expresión refleja a la perfección (y tal vez inconscientemente), el lugar que ocupan, y las tensiones que sufren, los responsables de RSE.
¿Quién, sino, está entre el consejo y el negocio, asumiendo e impulsando algo cuyo desarrollo no está directamente en sus manos, cuyo anclaje debe estar a la vez arriba y abajo, pero cuyo poder para conseguirlo es más que relativo (tanto abajo como, no digamos, arriba), pero cuya responsabilidad nominal al respecto es total?” Y allí mismo me comprometí a desarrollar un poco más esta cuestión. Vamos allá.