Un pino natural es biodegradable y mientras es cultivado captura CO2 y aporta oxígeno a la atmósfera; el artificial puede reusarse por muchos años, no ensucia y no genera riesgos de alergias
El árbol de Navidad representa, más que un simple elemento decorativo, uno de los iconos emblemáticos de esta temporada de fin de año, pero ¿cuál es la opción más “amigable” con la salud, el medio ambiente y el bolsillo? ¿un impecable ejemplar artificial fabricado con plástico o un aromático pino natural recién cortado del bosque?
Si bien por estas fechas la mayoría de los hogares, oficinas y negocios ya tienen instalado su tradicional árbol navideño, el dilema cobra importancia y sigue vigente más allá de las vacaciones decembrinas en la medida que en el actual contexto de lucha contra el cambio climático resulta esencial ponderar el impacto ecológico de los productos que consumimos y desechamos.
