Guardada la debida distancia y diferencia entre ambos Valles, el de México y el del Matlatzinco o de Toluca, ambos fueron zonas lacustres paulatinamente invadidas por la huella humana que una vez más creyó ganarle la partida a la naturaleza y no contenta con asentarse, contribuyó a desecar terrenos por lo general planos, para habitarlos y al paso del tiempo cubrirlos con la plancha urbana.
Los repartos agrarios, los caprichos sexenales, los proyectos populistas y la especulación de la tierra pasaron por encima de la misma ley de la gravedad, tal vez por la analogía de ser ley, ignorando que los escurrimientos de la naturaleza y las descargas urbanas se acumulan en las zonas bajas.

