Pinta tu Cancha, Fundación MetLife presenta el fotolibro que documenta cómo transforma comunidades

Durante años, muchas canchas de barrio fueron vistas únicamente como infraestructura deportiva. Algunas permanecían vacías, otras deterioradas y varias dejaron de ser un punto de encuentro para las comunidades. Sin embargo, la realidad es que cuando estos espacios se recuperan, pueden convertirse en algo mucho más grande: un lugar en donde se fortalece el sentido de pertenencia, se crean nuevas relaciones y el deporte vuelve a ser una herramienta para convivir.

Este es precisamente el espíritu de Pinta tu Cancha, una iniciativa de Fundación MetLife, implementada por Fundación Placemaking, que impulsa la recuperación de canchas de superficie dura a través de procesos participativos, voluntariado y diseño comunitario. Ahora, esa historia quedó reunida en un fotolibro que documenta no solo el antes y el después de los espacios intervenidos, sino también las experiencias de quienes los hicieron posibles y de quienes hoy los viven todos los días.

Pinta tu Cancha de Fundación MetLife: El trabajo que comienza mucho antes de recibir pintura

Quien observa una cancha terminada podría pensar que el proyecto inicia el día en que decenas de voluntarios llegan con brochas y rodillos. Sin embargo, detrás de cada intervención impulsada por Fundación MetLife, existe un proceso mucho más profundo. En este proyecto, antes de pintar una sola línea, se comienzan conversaciones con vecinos, autoridades y organizaciones para comprender qué necesita realmente la comunidad y cómo imagina ese espacio.

Ese trabajo previo explica por qué Pinta tu Cancha no se define como un programa de infraestructura. Desde la visión de Fundación MetLife —el brazo social de MetLife creado en 2005—, forma parte de su estrategia para fortalecer comunidades resilientes, donde la participación ciudadana resulta tan importante como la rehabilitación física del espacio. La cancha termina siendo el resultado visible de un proceso de colaboración que comenzó mucho tiempo antes. Nalleli García, directora de Fundación MetLife México, afirma:

“Pinta tu Cancha no es un programa de infraestructura, en realidad es un programa que está dentro de nuestro pilar de comunidades resilientes”.

Cortesía del FotoLibro Pinta tu Cancha.

En apenas tres años, la iniciativa ha logrado intervenir 39 canchas, de las cuales 34 se encuentran en la Ciudad de México, con presencia en sus 16 alcaldías, además de extenderse al Estado de México, Jalisco, Nuevo León y Baja California. Más de 900 voluntarios han participado en estas intervenciones, beneficiando a más de 130 mil personas, cifras que reflejan el alcance de una estrategia basada en alianzas y participación comunitaria.

Cómo cada comunidad construye su propia identidad 

Una de las características que distingue al programa es que ninguna cancha es igual a otra. Los colores, las formas y los elementos gráficos no responden a una plantilla predeterminada, sino a la identidad de quienes viven alrededor del espacio. Niñas, niños, jóvenes, personas adultas y adultos mayores participan en talleres donde imaginan cómo quieren verse representados. Como resume Nalleli García: “Ninguna cancha es igual, porque cada una representa de diferente manera a la comunidad”.

Cortesía del FotoLibro Pinta tu Cancha.

Ese proceso participativo también permite resignificar los territorios. Un ejemplo es la cancha conocida como La Araña, en Álvaro Obregón, donde una característica que durante años fue vista con una connotación negativa —la telaraña de cables que cruza la colonia— terminó convirtiéndose en un símbolo de identidad plasmado en el diseño del espacio. Más que ocultar la historia del lugar, la comunidad decidió apropiarse de ella y transformarla en un motivo de orgullo.

La metodología desarrollada por Fundación Placemaking —organización que transforma espacios públicos en puntos de encuentros vivos— demuestra que escuchar a la comunidad no solo mejora el diseño urbano, sino que fortalece el sentido de pertenencia. Como afirma Guillermo Bernal, director fundador de Fundación Placemaking: “La transformación de una cancha empieza siempre de la mano de la comunidad.” 

Cuando las personas participan en la creación de un espacio, también asumen un compromiso con su cuidado. Esa apropiación explica por qué muchas de las canchas continúan activas y conservadas tiempo después de haber sido rehabilitadas.

El voluntariado en Pinta tu Cancha de Fundación MetLife: un motor de transformación comunitaria

El impacto del programa no se limita a quienes utilizan las canchas. Uno de los pilares de esta iniciativa es el voluntariado, ya que transforma a quienes deciden involucrarse. Algunos participantes recuerdan haber llegado con la intención de pintar un espacio y terminar llevándose historias que modificaron su forma de entender la solidaridad y el compromiso con la comunidad. Comparte Jessica Mendoza, voluntaria:

“Recuperar espacios para los jóvenes, para los niños, incluso para los adultos, es algo que deberíamos hacer de forma natural todas las personas.” 

En muchas ocasiones, el impacto es tan significativo que una voluntaria relata cómo atravesaba un periodo de depresión y encontró en estas jornadas una oportunidad para reconectar con otras personas y consigo misma. Para ella, convivir con niñas, niños y familias de distintas comunidades representó una experiencia capaz de recordarle el valor que tiene dedicar tiempo a los demás.

“Gracias por voltearnos a ver, gracias por regalarnos su tiempo, gracias por creer en nuestros hijos.”, Jessica Mendoza, voluntaria.

Cabe destacar que la participación también ha abierto espacios para comunidades que históricamente han enfrentado barreras para acceder al deporte. Integrantes de Sharkes LGBTIQ+ —club deportivo perteneciente a la comunidad LGBTIQ+— destacaron que estas canchas pueden convertirse en lugares seguros donde cualquier persona pueda practicar una actividad física sin miedo a ser juzgada, demostrando que la inclusión también se construye desde el espacio público.

“Encontramos un espacio seguro donde todas, todos y todes podemos ser libres, sin miedo a mostrar quiénes somos en realidad haciendo un deporte”. Santiago García, Shark LGBTIQ+.

Fotolibro Pinta tu Cancha; el legado que pone a las personas en el centro

Lejos de buscar una recopilación de fotografías sobre infraestructura, el fotolibro nació con la intención de contar las historias de quienes habitan estos espacios todos los días. Niños, niñas, madres, padres de familia, personas mayores, deportistas, voluntarios, artistas, autoridades y organizaciones aparecen como protagonistas de una narrativa donde la comunidad ocupa el lugar central.

“El fotolibro habla de las personas, las reconoce, reconoce la importancia de la ciudadanía, de las niñas y de los niños en la construcción de ciudad y del cuidado y la apropiación de los espacios públicos.” Luciana Renner, directora ejecutiva de Fundación Placemaking.

Las imágenes documentan los momentos visibles de cada intervención, pero también evocan el proceso que permitió llegar hasta ahí: las conversaciones, los talleres participativos, las jornadas de voluntariado e incluso los retos que implicó desarrollar el programa. Más que un registro fotográfico, el libro funciona como un testimonio colectivo sobre el poder de las alianzas y la participación ciudadana para transformar los espacios públicos.

Quizá esa sea la principal enseñanza que deja Pinta tu Cancha. Las ciudades cambian cuando las personas encuentran motivos para reunirse, reconocerse y construir algo en común. Las canchas recuperadas son la evidencia tangible de ese proceso, pero el verdadero legado permanece en las relaciones que nacen alrededor de ellas. El fotolibro conserva esas historias para recordar que, cuando una comunidad participa en la transformación de su propio entorno, también comienza a escribir una nueva historia sobre sí misma. Si te gustaría descargarlo, puedes hacerlo dando click en este link. 

¿Qué es un código de ética y por qué forma parte de la RSE? Caso Corporativo Kosmos

Una empresa puede tener el mejor producto, ofrecer un servicio competitivo y contar con una estrategia de crecimiento sólida, pero hay algo que puede hacer que todo eso pierda valor: que las personas dejen de confiar en ella. Y la ética tiene mucho que ver con esa confianza. De acuerdo con Edelman, la calidad del producto y la competencia técnica explican apenas 20% del capital de confianza de una compañía; el resto está relacionado con dimensiones como la integridad, la transparencia y el propósito.

Por otra parte, la relevancia de actuar correctamente tampoco se queda en la percepción, pues análisis de Ethisphere Institute han encontrado que las empresas reconocidas entre las más éticas del mundo superan financieramente a sus pares de la industria por 8.2 puntos porcentuales. Además, cerca de 80% del valor de mercado de una empresa moderna corresponde a activos intangibles, como la reputación y la confianza, por lo que una crisis ética puede terminar afectando mucho más que la imagen de una organización.

En este escenario, hablar de ética también es hablar de Responsabilidad Social Empresarial: de la manera en que una compañía toma decisiones, trata a las personas, establece relaciones comerciales y responde cuando algo no funciona como debería. Es bajo esta perspectiva que Corporativo Kosmos, líder nacional en servicios de alimentación, cuenta con un Código de Ética que, de manera voluntaria, reúne los valores, principios, normas y compromisos que orientan su actuación y buscan fortalecer la transparencia en sus actividades.

¿Qué es un código de ética? Corporativo Kosmos lo lleva de los valores a las decisiones

Entonces, ¿qué es un código de ética cuando se observa desde la operación de una empresa? Es, en esencia, una guía que establece cómo se espera que actúen quienes forman parte de una organización y cuáles son los principios que deben acompañar sus decisiones y relaciones. Su valor aparece cuando deja de ser un documento que se guarda en un cajón y comienza a funcionar como una referencia para resolver situaciones cotidianas.

En Corporativo Kosmos, ese propósito está expresamente establecido: su Código de Ética busca construir una cultura de trabajo sana, basada en principios, valores y altos estándares éticos, además de fortalecer la confianza de los grupos de interés y fomentar el cumplimiento de la normatividad. Su alcance no se limita a los colaboradores y ejecutivos; también contempla a clientes, proveedores y comunidades relacionadas con la organización.

qué es un código de ética

¿Y qué significa esto en la práctica? Que la ética comienza con cuestiones tan fundamentales como respetar la dignidad y los derechos humanos, promover la diversidad y no tolerar el hostigamiento, la discriminación o el acoso, pero también llega a temas como el manejo de información confidencial, los conflictos de interés, las relaciones con proveedores, la prevención de la corrupción, la seguridad laboral y la responsabilidad ambiental.

Por eso, el Código de Ética de Corporativo Kosmos no solo dice cuáles son sus valores —lealtad, valentía, honestidad y actitud de servicio—, sino que establece pautas para convertirlos en comportamientos.

De la palabra a la acción: así se vive el Código de Ética en Corporativo Kosmos

El verdadero reto de cualquier código consiste en llevar sus principios a las decisiones que ocurren todos los días. En el caso de Corporativo Kosmos, esto significa que la ética atraviesa distintas áreas de su operación y establece criterios concretos para prevenir conflictos, proteger a las personas y mantener relaciones transparentes con quienes forman parte de su cadena de valor. Por eso, a continuación, te explicamos algunas de las áreas en las que la empresa de alimentos ha logrado traducir en acciones sus expectativas éticas:

● Relaciones con proveedores: las decisiones de compra deben considerar los intereses de la empresa y sus clientes y realizarse con proveedores reconocidos por su desempeño ético. Para prestadores de servicios y contratistas, el Código establece procesos homogéneos y transparentes, basados en criterios como calidad, rentabilidad y servicio, además de exigir un trato equitativo y honesto.

● Cero tolerancia a la corrupción: el Código rechaza la corrupción y el fraude en todas sus formas. Por ello, prohíbe ofrecer, prometer o entregar dinero, bienes, servicios o cortesías para condicionar una negociación u obtener una ventaja, además de prohibir los pagos de facilitación y establecer reglas para la recepción de obsequios y atenciones.

● Protección de información y recursos: la ética también implica saber qué información puede compartirse y cómo deben utilizarse los recursos corporativos. Los colaboradores deben manejar bajo estándares de confidencialidad la información que conocen por su trabajo y utilizar instalaciones, equipos y herramientas únicamente para las funciones asignadas.

● Respeto dentro de la organización: el documento reconoce la individualidad, dignidad, privacidad y derechos humanos de los colaboradores y establece un compromiso con la diversidad. Además, señala que no se toleran actos de hostigamiento, discriminación o acoso. Así, la ética también se convierte en una forma de construir espacios laborales donde las personas puedan desarrollarse con respeto.

● Seguridad y responsabilidad ambiental: el compromiso se extiende a la manera en que se desarrollan las operaciones. El Código considera la salud y seguridad laboral parte integral de la forma de trabajo y contempla medidas para prevenir accidentes. También establece el respeto a la normatividad ambiental, el uso racional y sostenible de los recursos, el ahorro de energía y la reducción de contaminantes.

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Canal Ético: cuando hacer lo correcto también significa levantar la voz

Pero incluso con reglas claras, una cultura ética necesita algo más: un mecanismo que permita actuar cuando esas reglas son vulneradas. Por eso, Corporativo Kosmos cuenta con un Canal Ético, una herramienta  confidencial, segura y de fácil acceso mediante la cual sus colaboradores pueden alertar sobre posibles malas prácticas relacionadas con aspectos financieros, contables, comerciales, de valores o de cumplimiento.

La herramienta busca que los principios del Código no dependan únicamente de los diversos líderes de sus departamentos, sino que exista una vía formal para que cualquier miembro de la organización pueda denunciar situaciones contrarias a estos con la seguridad de que su identidad y persona será protegida contra cualquier represalia y, de esta manera, que todas y todos puedan comprender que en Corporativo Kosmos la ética es una responsabilidad compartida.

qué es un código de ética

La ética también es una forma de hacer empresa

Hablar de ética empresarial no significa únicamente hablar de aquello que una compañía debe evitar. También significa hablar de la confianza que quiere construir, de las relaciones que busca mantener y de la reputación que pretende conservar en el largo plazo. Los datos de Edelman y Ethisphere muestran que existe una relación entre ética, confianza y desempeño que convierte estos principios en un elemento estratégico para las organizaciones.

El caso de Corporativo Kosmos muestra cómo esa visión puede llevarse a la práctica: un Código que establece principios, reglas y responsabilidades; operaciones que deben conducirse bajo esos criterios; y un Canal Ético que permite reportar posibles incumplimientos. Así, la RSE también se construye desde dentro, cuando los valores dejan de ser declaraciones y se convierten en decisiones que orientan la manera de hacer negocios y de realizar las operaciones diarias.

¿Por qué los shareholders están dando la espalda a las resoluciones ambientales?

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Durante el primer semestre de 2026, las resoluciones ambientales presentadas por accionistas de grandes empresas estadounidenses volvieron a perder terreno. En las compañías que integran el índice Russell 3000 se registraron apenas 75 propuestas relacionadas con asuntos medioambientales, la mitad de las presentadas durante el mismo periodo de 2025. El dato confirma una tendencia que lleva varios años modificando la relación entre inversionistas y sostenibilidad.

El retroceso adquiere mayor relevancia porque han pasado dos años desde que los accionistas de una gran empresa aprobaron una resolución ambiental, según un análisis de The Conference Board. La pregunta, entonces, no es solamente por qué disminuyen estas iniciativas, sino qué está diciendo el capital cuando decide no respaldarlas y qué deberían entender las empresas de este cambio de comportamiento.

Resoluciones ambientales: menos propuestas, pero también menos presión

De acuerdo con información de Trellis, la disminución de las resoluciones ambientales no ocurre de manera aislada. Durante los primeros seis meses de 2026, los accionistas del Russell 3000 presentaron 75 propuestas de este tipo, frente a las 150 registradas en el mismo periodo de 2025. La cifra representa una reducción de 50%, en un contexto en el que la temporada de juntas generales concentra buena parte de las votaciones de los accionistas.

El descenso incluso supera ligeramente la contracción general de las propuestas accionarias. Según The Conference Board, estas pasaron de 923 en 2024 a 622 en 2026. Esto significa que las cuestiones ambientales no solamente están perdiendo espacio dentro de la agenda accionaria, sino que lo hacen a un ritmo particularmente marcado.

El efecto va más allá de las estadísticas. Menos propuestas significa también menos presión directa para que las compañías adopten medidas ambientales, especialmente aquellas que todavía tienen avances limitados. Una resolución puede obligar a colocar un asunto sobre la mesa, generar una discusión entre inversionistas y dirección e incluso impulsar cambios que de otro modo podrían tardar años.

Un ejemplo lo demuestra: una de las propuestas aprobadas en 2024 llevó a Jack in the Box a establecer sus primeros objetivos de reducción de gases de efecto invernadero. El caso muestra que estas iniciativas pueden funcionar como un mecanismo concreto para acelerar transformaciones corporativas. Pero ese mecanismo está perdiendo fuerza.

resoluciones ambientales

¿Qué buscan los inversionistas cuando votan?

La caída de las resoluciones ambientales no significa necesariamente que los inversionistas hayan dejado de considerar relevantes los riesgos ambientales. Más bien, los datos apuntan a un cambio en la manera en que estos asuntos compiten por la atención y el capital.

El hecho de que las propuestas hayan disminuido mientras las iniciativas de grupos contrarios a los criterios ESG se mantienen prácticamente estables resulta revelador. En 2026, estos grupos presentaron 102 propuestas, una cifra similar a la registrada desde 2024. Sin embargo, ninguna de sus propuestas ha prosperado durante los últimos tres años.

Por tanto, el escenario no parece ser simplemente una sustitución de propuestas ambientales por propuestas contrarias al ESG. El problema es más amplio: las propuestas de los accionistas están perdiendo espacio en general y las ambientales están retrocediendo todavía más.

Para las empresas, esto plantea una señal relevante. Los inversionistas no necesariamente necesitan más compromisos ambientales en abstracto; necesitan evidencia de que estos asuntos están conectados con la capacidad de la compañía para generar y proteger valor.

Riesgos ambientales que puedan afectar operaciones, cadenas de suministro, costos o continuidad del negocio tienen una dimensión financiera evidente. Pero para que esa relación influya en las decisiones de inversión debe poder demostrarse. Objetivos, indicadores y compromisos pueden ser importantes, pero necesitan estar acompañados por información que permita entender qué significan para el desempeño empresarial.

En otras palabras, el inversionista no solamente pregunta qué está haciendo una compañía frente al cambio climático o sus impactos ambientales, sino también qué riesgos está gestionando, qué oportunidades está protegiendo y qué consecuencias financieras tendría no actuar.

resoluciones ambientales

Qué deben priorizar las empresas para atraer inversión

El retroceso de las resoluciones ambientales puede ser interpretado por algunas empresas como una oportunidad para reducir la presión sobre sus estrategias de sostenibilidad. Sin embargo, hacerlo podría ser una lectura equivocada.

Que disminuyan las propuestas no elimina los riesgos ambientales que enfrentan las compañías. Tampoco convierte en irrelevantes cuestiones como las emisiones, la eficiencia de recursos o la resiliencia de las operaciones. Lo que cambia es el contexto en el que las empresas deben demostrar que atender estos asuntos genera valor.

Por eso, una de las principales prioridades debería ser dejar atrás una visión de la sostenibilidad basada únicamente en compromisos y avanzar hacia una gestión capaz de demostrar resultados. Para atraer inversión, las empresas necesitan identificar cuáles son los asuntos ambientales que realmente afectan su negocio y vincularlos con variables que importan al capital.

Esto implica, entre otras cosas:

  • Priorizar los riesgos materiales, en lugar de dispersar recursos en una larga lista de compromisos.
  • Vincular los objetivos ambientales con resultados empresariales, como costos, eficiencia, continuidad operativa, crecimiento o exposición al riesgo.
  • Demostrar avances con datos, de manera que los inversionistas puedan distinguir entre compromisos declarativos y transformaciones reales.
  • Integrar la sostenibilidad a la estrategia corporativa, evitando que permanezca como una agenda paralela a las decisiones financieras.
  • Explicar el costo de la inacción, especialmente cuando los riesgos ambientales pueden traducirse en interrupciones, mayores costos o pérdida de competitividad.

El contexto actual, por tanto, no necesariamente exige que las empresas hagan más promesas. Les exige demostrar mejor por qué las decisiones ambientales importan para el futuro del negocio.

Y aquí está una de las principales respuestas a la pregunta del título: quizá los shareholders no estén dando la espalda al medio ambiente, sino a una forma de plantear las resoluciones ambientales que no siempre logra convencerlos de que existe una relación suficientemente clara entre la propuesta y el valor de la compañía.

resoluciones ambientales

Menos resoluciones no significa menos riesgo

La caída de las resoluciones ambientales durante 2026 representa un cambio importante en la conversación entre accionistas y empresas. Las 75 propuestas presentadas durante el primer semestre en compañías del Russell 3000, la mitad de las registradas un año antes, muestran que la presión accionaria sobre la agenda ambiental está disminuyendo. Pero sería un error interpretar esta tendencia como evidencia de que los riesgos ambientales también están desapareciendo.

Para las empresas, el mensaje debería ser otro: en un mercado donde los inversionistas son más selectivos, la sostenibilidad necesita demostrar su relevancia empresarial. El desafío ya no consiste solamente en conseguir apoyo para una resolución, establecer un compromiso o comunicar una meta, sino en demostrar cómo la gestión ambiental protege el valor, reduce riesgos y fortalece la capacidad competitiva. Si las compañías logran hacer esa conexión, quizá necesiten menos presión externa para avanzar: la propia lógica de inversión se convertirá en el argumento más sólido para hacerlo.

La inversión en sostenibilidad enfrenta una nueva pregunta: ¿por qué debería quedarse?

En un contexto marcado por presión política, condiciones económicas más difíciles, inestabilidad geopolítica, interrupciones en las cadenas de suministro y un mayor escrutinio del gasto corporativo, los presupuestos destinados a sostenibilidad enfrentan una evaluación más rigurosa.

La pregunta ya no es únicamente qué tan alineado está un proyecto con los compromisos ambientales, sociales o de gobernanza de una compañía. Ahora también debe responder dónde está el valor: cómo modifica el margen, el flujo de caja, el riesgo, la resiliencia o el crecimiento. Tal como ha señalado Sustainable Brands, este escrutinio sobre la sostenibilidad no significa que ha perdido relevancia, sino que está siendo sometida a la misma prueba que cualquier otra decisión que compite por capital, atención directiva y capacidad de ejecución.

La sostenibilidad llegó a un punto de inflexión

Durante años, las empresas construyeron las bases de sus estrategias de sostenibilidad: mapearon emisiones, establecieron objetivos, fortalecieron la transparencia, desarrollaron estructuras de gobernanza, evaluaron la materialidad e involucraron a proveedores en sus planes de transición. El avance es evidente y, de acuerdo con el informe de KPMG, Cerrando la brecha en la valoración de la sostenibilidad, 72% de los ejecutivos encuestados comprende en detalle su estrategia, métricas y desempeño en sostenibilidad, o está familiarizado con sus aspectos clave.

Además, 60% asegura considerar los riesgos y oportunidades vinculados con la sostenibilidad dentro de la planificación financiera. Sin embargo, existe una brecha importante entre reconocer la relevancia de estos factores y convertirla en información capaz de orientar decisiones de capital: solo 19% utiliza enfoques rigurosos de cuantificación para medir cómo la sostenibilidad afecta los resultados financieros, las ganancias operativas y la innovación.

Ahí se encuentra una de las principales tensiones del momento. La conciencia aumentó, los reportes maduraron y las estrategias adquirieron mayor visibilidad, pero su impacto económico todavía no siempre puede demostrarse con la misma precisión con la que se presentan sus indicadores.

Las empresas saben, por ejemplo, que el riesgo climático puede interrumpir operaciones; que una mayor eficiencia de recursos puede reducir costos; que una cadena de suministro resiliente puede proteger la continuidad; y que mejores productos, datos y sistemas de gobernanza pueden fortalecer la competitividad. El problema aparece cuando esa lógica debe transformarse en una decisión concreta de inversión.

Porque en los espacios donde se asigna capital, la lógica conceptual tiene un límite: el valor necesita poder modelarse.

inversión en sostenibilidad

Inversión en sostenibilidad: del caso de negocio a la valoración

Durante mucho tiempo, a los equipos de sostenibilidad se les pidió construir “el caso de negocio”. La expresión fue útil porque permitió llevar la conversación más allá de la reputación y conectar estos asuntos con estrategia, riesgo y oportunidades.

Pero hoy el caso de negocio puede resultar demasiado amplio. Existe una diferencia fundamental entre explicar por qué una iniciativa tiene sentido y demostrar cómo modifica el desempeño financiero.

Por ejemplo, un análisis puede sostener que una inversión en eficiencia energética reduce emisiones y costos. La valoración financiera debe ir un paso más allá: mostrar qué ocurre con los gastos operativos, el periodo de recuperación, la volatilidad de los márgenes y la exposición a futuros incrementos en los precios de la energía.

Lo mismo ocurre con otros frentes:

  • Agua: no basta con señalar que su gestión responsable protege las operaciones; es necesario estimar el costo de posibles interrupciones, restricciones regulatorias, riesgos de seguros o tiempos de inactividad.
  • Cadena de suministro: la resiliencia de los proveedores adquiere otra dimensión cuando puede vincularse con continuidad de ingresos, capital de trabajo, disponibilidad de productos y fidelización.
  • Circularidad: reparar, reutilizar o recuperar materiales puede evaluarse a partir de la economía unitaria, el valor del ciclo de vida del cliente y las necesidades de capital.
  • Adaptación: una inversión puede parecer costosa si únicamente se observa el CapEx inicial, pero adquirir otro significado cuando se incorporan pérdidas evitadas, daños a activos, interrupciones y exposición a futuros costos.

Esta distinción es particularmente importante porque la sostenibilidad ya no se encuentra en un espacio separado de las finanzas o la estrategia. Está compitiendo dentro de ellas. Por eso, los argumentos generales pierden fuerza frente a supuestos cuantificados, escenarios, rangos de riesgo y trayectorias financieras.

No se trata de convertir cada impacto ambiental o social en una cifra perfecta. Se trata de construir una relación más creíble entre los indicadores de sostenibilidad y el valor empresarial.

resoluciones ambientales

El verdadero problema no es la sostenibilidad, sino la forma de valorarla

Existe otra barrera: las métricas de sostenibilidad no son, por sí mismas, métricas de valoración.

Las empresas saben cada vez más sobre sus emisiones, consumo de agua, generación de residuos, seguridad, diversidad o desempeño de sus proveedores. Estos indicadores siguen siendo indispensables porque muestran qué está ocurriendo y permiten medir avances. Pero saber cuánto cambió un indicador no necesariamente permite saber cuánto valor económico generó ese cambio.

Reducir toneladas de emisiones no equivale automáticamente a conocer los costos de carbono evitados. Ahorrar metros cúbicos de agua no revela por sí mismo cuánto riesgo operativo se redujo. Desviar residuos no determina cuánto valor material fue recuperado. Una auditoría a proveedores tampoco muestra automáticamente cuánto margen quedó protegido frente a una interrupción.

En otras palabras, las métricas de sostenibilidad muestran qué cambió; las métricas de valoración permiten entender cuánto vale ese cambio.

Aquí también aparece una lección importante para la inversión en sostenibilidad: no es necesario esperar a contar con datos perfectos para empezar a cuantificar. Las finanzas tampoco funcionan en un escenario de certeza absoluta. Las compañías modelan inflación, demanda, precios de materias primas, rotación de clientes, crecimiento, competencia y tasas de descuento utilizando supuestos que posteriormente son sometidos a pruebas y actualizados.

La sostenibilidad puede trabajar bajo la misma lógica. El análisis de escenarios, el ROI ajustado al riesgo, los costos evitados, el valor en riesgo, las curvas de reducción marginal o las simulaciones de Monte Carlo no eliminan la incertidumbre, pero permiten hacerla utilizable para la toma de decisiones.

Y hay un elemento que suele quedar fuera de la ecuación: el costo de no actuar.

No invertir también es una decisión. Puede significar una mayor exposición a costos energéticos, regulación, interrupciones de suministro, primas de seguros, pérdida de clientes, restricciones de financiamiento o deterioro de activos. También puede traducirse en oportunidades perdidas: contratos para los que no se cumplen determinados requisitos, mercados a los que ya no se puede acceder o ventajas competitivas que otros actores consiguen antes.

Por eso, comparar una iniciativa sostenible únicamente contra el costo de implementarla genera una fotografía incompleta. La verdadera comparación debería considerar también cuánto puede costar mantener el statu quo.

resoluciones ambientales

La sostenibilidad debe demostrar su valor, no abandonar la agenda

La nueva exigencia sobre la inversión en sostenibilidad no debería interpretarse como una señal de que las empresas están dejando de creer en ella. Es, más bien, una señal de que la sostenibilidad ha llegado a una etapa en la que necesita integrarse con mayor profundidad en los mecanismos tradicionales de creación y protección de valor. La pregunta ya no es únicamente si una iniciativa es sostenible, sino qué riesgo reduce, qué costo evita, qué oportunidad abre y cómo modifica la economía del negocio.

En ese sentido, la mejor respuesta a la pregunta de por qué debería quedarse es precisamente que sus fundamentos no han desaparecido. Lo que necesita cambiar es la capacidad de demostrarlos. La sostenibilidad necesita objetivos, ciencia, métricas, transparencia y confianza, pero también necesita valoración financiera. El verdadero problema no es que la sostenibilidad haya dejado de ser relevante; es que muchas organizaciones todavía no han desarrollado las herramientas necesarias para demostrar cuánto vale actuar y cuánto puede costar no hacerlo.

Selena Gomez, bajo la lupa: la demandan por presunto fraude en una startup de salud mental

El nombre de Selena Gomez vuelve a estar relacionado con el mundo empresarial, pero esta vez no por el lanzamiento de un proyecto, sino por una disputa legal. La cantante y actriz fue demandada por inversionistas que aseguran que incumplió obligaciones vinculadas con Wondermind Global, una startup de salud mental que comenzó operaciones en 2021. 

Según información de Reuters, la demanda contra Selena Gomez fue presentada el 13 de agosto ante un tribunal federal de Delaware y acusa a la artista y a otros líderes de la empresa de no cumplir compromisos que, según los inversionistas, fueron determinantes para aportar su capital. Asimismo, los demandantes sostienen que invirtieron casi 1.2 millones de dólares bajo la expectativa de que la artista participaría activamente en el desarrollo y promoción de la compañía.

Demanda contra Selena Gomez: ¿qué ocurrió con Wondermind Global?

Wondermind Global fue lanzada en 2021 con una propuesta centrada en ayudar a las personas a fortalecer su denominada “aptitud mental”. Para los inversionistas que posteriormente presentaron la demanda, la participación de Selena Gomez constituía un elemento relevante de la propuesta empresarial: de acuerdo con el documento judicial, se les habría informado que la artista tendría una participación activa en el desarrollo de la compañía en calidad de directora de marketing.

La relevancia de Gomez tampoco es menor desde el punto de vista de la capacidad de difusión. La demanda destaca que la actriz y cantante cuenta con más de 500 millones de seguidores en redes sociales, una audiencia que podía representar un activo importante para una empresa emergente que buscaba posicionarse en torno a la salud mental.

Sin embargo, los inversionistas sostienen que las obligaciones asumidas no fueron cumplidas. Entre los compromisos que, según ellos, quedaron pendientes se encuentra la creación de una aplicación móvil, además de otras responsabilidades relacionadas con el funcionamiento de la compañía.

En términos particularmente severos, la demanda afirma que Gomez habría firmado un contrato que la comprometía a determinadas obligaciones para después ignorarlas. Los inversionistas también aseguran que no existía una empresa legítima y rentable en funcionamiento y que Wondermind Global habría incumplido obligaciones básicas, entre ellas el pago oportuno a empleados y proveedores.

La demanda contra Selena Gomez sostiene además que los inversionistas no conocieron los problemas que atravesaba la empresa sino hasta que una noticia publicada en línea en septiembre de 2025 expuso la situación. Con esa información como antecedente, los demandantes decidieron emprender acciones legales para recuperar el dinero que habían invertido.

Es importante subrayar que se trata de alegaciones contenidas en una demanda, no de hechos que hayan sido determinados judicialmente. La responsabilidad de Gomez y de los demás involucrados tendrá que establecerse conforme avance el proceso.

¿Qué exigen los inversionistas y qué implica la demanda contra Selena Gomez?

Los demandantes buscan recuperar sus inversiones, que ascienden a casi 1.2 millones de dólares, además de los honorarios legales derivados del proceso. La petición parte de la premisa de que el capital fue entregado bajo determinadas expectativas sobre el desarrollo de Wondermind Global y sobre las responsabilidades que asumirían sus líderes.

Reuters señaló que un representante de Selena Gomez no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios. Esta ausencia de respuesta no permite establecer una posición de la artista frente a las acusaciones, pero sí deja pendiente conocer su versión sobre los compromisos contractuales, el funcionamiento de la compañía y las circunstancias que llevaron a los inversionistas a presentar la demanda.

El caso, además,  resulta particularmente relevante porque involucra una causa con una enorme sensibilidad pública. La salud mental no es únicamente un nicho de mercado: es una problemática social que afecta el bienestar de millones de personas y que requiere confianza, información responsable y soluciones capaces de generar valor real.

Si las acusaciones llegaran a comprobarse, el problema tampoco se limitaría al dinero perdido por los inversionistas. Una situación en la que una empresa utilizara una causa social y la enorme visibilidad de una celebridad sin cumplir con los compromisos anunciados podría alimentar una percepción de que el propósito social es únicamente una herramienta para atraer capital, consumidores o atención.

Ahí aparece una cuestión central para la responsabilidad social empresarial y la responsabilidad social individual (RSI): la legitimidad de una causa no puede sustituirse por la notoriedad de quien la comunica. Una celebridad puede amplificar una conversación social, pero esa visibilidad no debería convertirse en sustituto de la transparencia, la rendición de cuentas ni de una operación empresarial coherente con el propósito que se comunica.

demanda contra Selena Gomez

¿Por qué la demanda contra Selena Gomez es un problema de RSE?

Más allá de determinar responsabilidades legales, el caso permite identificar varios riesgos para las organizaciones que construyen negocios alrededor de causas sociales. Si las acusaciones fueran comprobadas, estos serían algunos de los principales focos problemáticos:

  • Instrumentalizar una causa social: Utilizar la salud mental como eje de una propuesta empresarial implica una responsabilidad particular. Si se demostrara que el propósito fue utilizado principalmente como vehículo para generar inversiones sin respaldarlo con una operación acorde, se produciría una brecha entre el discurso social y la práctica empresarial. Para la RSE, esta desconexión es especialmente problemática porque convierte una necesidad social legítima en un recurso de posicionamiento.
  • Confundir influencia con impacto: Tener una audiencia de más de 500 millones de personas puede generar una capacidad extraordinaria de comunicación, pero alcance no significa necesariamente impacto social. Si las acusaciones fueran ciertas, el caso mostraría los riesgos de asumir que la presencia de una figura mediática puede sustituir elementos fundamentales de cualquier organización responsable: estrategia, ejecución, cumplimiento y generación de valor.
  • Falta de transparencia frente a inversionistas y grupos de interés: Los demandantes aseguran que desconocieron los problemas de la empresa hasta que fueron expuestos públicamente en septiembre de 2025. Si estas afirmaciones fueran acreditadas, surgiría una cuestión esencial de gobernanza: quienes aportan recursos necesitan contar con información suficiente para conocer la situación real de una organización y tomar decisiones informadas.
  • Una causa social bajo sospecha: La salud mental es un tema que ya enfrenta numerosos desafíos de acceso, atención y sensibilización. Un caso mediático relacionado con presuntas prácticas fraudulentas podría contribuir a que el público mire con mayor desconfianza a nuevas iniciativas privadas que buscan atender esta problemática. El riesgo no es menor: cuando una organización utiliza una causa legítima como parte de su propuesta, sus decisiones pueden afectar también la credibilidad de quienes trabajan genuinamente en ella.
  • El costo reputacional para organizaciones responsables: Si las acusaciones se comprobaran, el impacto podría extenderse más allá de Wondermind Global y de las personas involucradas. Los casos de alto perfil tienen capacidad para generar asociaciones negativas entre emprendimiento social, celebridades y monetización de causas. Esto podría complicar el trabajo de organizaciones que sí desarrollan soluciones legítimas y transparentes en materia de salud mental y necesitan convencer a inversionistas, usuarios y aliados de que su propósito está respaldado por acciones verificables.
  • RSE y RSI no pueden reducirse a una narrativa: Desde una perspectiva de responsabilidad social, la reputación no debería construirse únicamente alrededor de mensajes inspiradores o de la identificación pública de una celebridad con una causa. La responsabilidad implica que aquello que una organización promete tenga correspondencia con lo que hace. Si una empresa afirma trabajar por el bienestar de las personas, su modelo de operación, sus relaciones con empleados, proveedores, inversionistas y usuarios también deberían ser consistentes con ese propósito.
  • La confianza como activo empresarial: Una organización vinculada con una causa social depende especialmente de la confianza. Si se comprobara que existió una discrepancia sustancial entre las promesas realizadas y las acciones ejecutadas, el daño tendría una dimensión económica, pero también ética y reputacional. En este sentido, la demanda contra Selena Gomez pone sobre la mesa una lección relevante para cualquier proyecto con propósito: la confianza puede atraer inversión y atención, pero también puede perderse rápidamente cuando la transparencia no acompaña al discurso.

Una causa social no puede ser solo una estrategia de negocio

El caso de Wondermind Global todavía debe resolverse en tribunales y, por ello, sería prematuro concluir que las acusaciones contra Selena Gomez son ciertas. Sin embargo, la controversia plantea una pregunta pertinente para las empresas y organizaciones que incorporan causas sociales en sus modelos de negocio: ¿qué tan profundo es el compromiso cuando el propósito también representa una oportunidad comercial?

Para los profesionales de RSE, la respuesta debería encontrarse en la coherencia. La responsabilidad social no se demuestra únicamente al elegir una causa relevante, asociarse con una figura reconocida o construir una narrativa capaz de movilizar a millones de personas. Se demuestra cuando existen mecanismos de gobernanza, transparencia, rendición de cuentas y acciones concretas que permiten comprobar que el propósito anunciado forma parte de la manera en que una organización realmente opera.

La demanda contra Selena Gomez, independientemente de cuál sea su desenlace judicial, sirve así como recordatorio de que las causas sociales no deberían convertirse en simples herramientas de marketing. Cuando una organización promete generar valor alrededor de una problemática tan sensible como la salud mental, la responsabilidad de cumplir lo prometido es también parte del impacto que afirma buscar.

La noticia que queremos escuchar: ¿por qué 6 de cada 10 mexicanos prefieren contenidos con sesgo?

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¿Qué pasa cuando las audiencias ya no buscan solamente información, sino noticias que coincidan con su manera de entender el mundo? El Digital News Report 2026, elaborado por el Reuters Institute de la Universidad de Oxford, revela que 6 de cada 10 mexicanos prefieren recibir información de fuentes que tienen una postura definida. En concreto, 37% elige contenidos que comparten su perspectiva y 27% prefiere aquellos que desafían sus ideas. Apenas 20% se inclina por fuentes sin un punto de vista particular.

Por tanto, la suma de quienes buscan contenidos alineados con sus opiniones y quienes prefieren aquellos que las cuestionan alcanza 64%, mientras solo el 48% prefiere fuentes imparciales. En un ecosistema informativo marcado por la polarización, las redes sociales y la pérdida de confianza, las noticias con sesgos parecen ganar terreno; sin embargo, esta preferencia también abre un debate sobre la responsabilidad de quienes producen y distribuyen información.

¿Por qué los mexicanos prefieren noticias con sesgos?

La preferencia mexicana no significa necesariamente que las personas quieran consumir únicamente información que confirme sus creencias. De hecho, 27% de los encuestados afirma preferir fuentes que desafían sus ideas. El elemento común es otro: la mayoría parece valorar que los medios o creadores tengan una posición identificable, ya sea porque coincide con la propia o porque permite confrontarla. Eduardo Suárez, director editorial del Reuters Institute, resumió la dimensión del fenómeno durante la presentación regional del informe:

“Hay una preferencia evidente en México por una información sesgada. Es algo que no podemos soslayar”.

La cifra resulta especialmente relevante en un entorno donde la información política suele consumirse a través de identidades, comunidades y referentes con los que las personas desarrollan vínculos. En lugar de buscar necesariamente una fuente que se presente como neutral, parte de las audiencias parece sentirse más atraída por quienes explicitan desde dónde hablan.

noticias con sesgos

Pero existe una diferencia importante entre una fuente que tiene una línea editorial reconocible y una que abandona los estándares periodísticos. Una postura editorial puede formar parte de la identidad de un medio; el problema aparece cuando la posición termina condicionando la selección, presentación o interpretación de los hechos hasta el punto de desdibujar la frontera entre información y opinión.

México frente a América y el mundo: la política también pesa

La particularidad mexicana se vuelve más evidente cuando se comparan los resultados con otros mercados. En Estados Unidos, 53% prefiere fuentes sin un punto de vista particular y apenas 19% busca aquellas que coinciden con sus opiniones. En Canadá, las cifras son de 47 y 15%, respectivamente. Argentina registra 40% de preferencia por fuentes imparciales y 22% por fuentes coincidentes con sus ideas; Brasil, 37 y 34%, mientras Chile alcanza 37 y 29%.

México presenta, así, el porcentaje más bajo de preferencia por la imparcialidad entre los mercados americanos considerados en esta comparación. Mientras tanto, en el conjunto de países estudiados por el Reuters Institute, 48% de las personas prefiere fuentes sin un punto de vista particular, frente a 20% que busca aquellas que comparten su opinión y 13% que opta por las que la desafían.

El cambio también resulta interesante al observar la evolución internacional. En 2020, 51% de los encuestados en los mercados comparables prefería fuentes sin una perspectiva particular; en 2026 la cifra cayó a 48%. En contraste, quienes prefieren contenidos que desafían sus posiciones pasaron de 11 a 13%.

Sin embargo, el informe advierte que lo que las personas dicen valorar no necesariamente coincide con lo que consumen todos los días. Una persona puede afirmar que prefiere la imparcialidad y, al mismo tiempo, seguir regularmente a un creador o medio con una posición política explícita.

La ideología también ayuda a explicar parte de estas diferencias. De acuerdo con Suárez, las personas que se identifican con el centro político muestran una mayor inclinación hacia las noticias imparciales, mientras que quienes se ubican en posiciones más extremas tienen una mayor preferencia por fuentes que comparten sus puntos de vista. En México, 52% de quienes se identifican con la ultraderecha y 42% de quienes se ubican en la izquierda prefieren información alineada con sus posiciones.

Esto plantea un reto adicional para los medios: en un entorno donde las preferencias informativas están cada vez más relacionadas con identidades políticas, producir contenido capaz de llegar a personas con perspectivas diferentes puede resultar más difícil, pero también más necesario, dado que las noticias no deben confirmar lo que las personas creen, sino informar los hechos.

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Redes sociales, creadores y una audiencia que también se aleja de las noticias

El avance de las noticias con sesgos ocurre al mismo tiempo que cambia radicalmente el lugar donde las personas se informan. Por primera vez desde que el Reuters Institute comenzó a realizar esta medición, las redes sociales superaron globalmente a la televisión como fuente semanal de noticias: 54% de las personas afirma utilizarlas con ese propósito.

En paralelo, el acceso mediante sitios y aplicaciones de medios cayó de 63 a 51% en los últimos cinco años. El cambio no supone simplemente que las personas estén abandonando las noticias, sino que cada vez más las encuentran en espacios donde compiten con entretenimiento, opiniones personales, publicidad y contenidos generados fuera de las estructuras periodísticas tradicionales.

México destaca particularmente por el peso de los creadores. El 39% de los mexicanos afirma informarse semanalmente mediante influencers o creadores de contenido, una proporción que solo es superada por Perú, con 46%, entre los países hispanohablantes analizados. El promedio mundial es de 27%.

Las plataformas de video y redes sociales se han convertido así en espacios donde conviven las publicaciones de medios establecidos con contenidos producidos por individuos y organizaciones que no necesariamente responden a las mismas estructuras, procesos editoriales o estándares de verificación.

Y mientras las audiencias migran hacia estos espacios, otra parte decide directamente alejarse de las noticias. En México, 45% afirma evitarlas algunas veces o con frecuencia, por encima del promedio global de 42%. El fenómeno ha crecido de manera considerable a escala internacional: en 2017, 29% de las personas decía evitar las noticias.

La combinación resulta particularmente compleja: más personas se informan a través de plataformas y creadores, pero también más personas deciden no informarse. Para los medios, esto significa competir no solo contra otros medios, sino contra un ecosistema digital diseñado para captar atención y personalizar los contenidos que cada usuario recibe.

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La preferencia del público no puede definir la responsabilidad de los medios

Que las audiencias prefieran noticias con sesgos no significa que los medios deban abandonar su responsabilidad de informar con rigor. Existe una diferencia fundamental entre reconocer que una publicación tiene una línea editorial y presentar como hechos afirmaciones que responden a una determinada posición.

Aquí aparece una dimensión esencial de la RSE de los medios: su responsabilidad no termina en atraer lectores, generar reproducciones o adaptarse a los formatos que funcionan mejor en las plataformas. También implica proteger la calidad del ecosistema informativo, verificar aquello que se publica, contextualizar los acontecimientos y dejar claro cuándo se está informando y cuándo se está expresando una opinión.

El desafío es todavía mayor cuando las plataformas premian los contenidos capaces de generar reacciones inmediatas. Una publicación que confirma las creencias de una comunidad puede producir mayor interacción que otra que introduce matices, cuestiona una posición o presenta información que obliga al lector a reconsiderar sus certezas. Pero convertir la interacción en el principal criterio editorial puede terminar profundizando precisamente los problemas que erosionan la confianza en los medios.

Suárez lo planteó de manera directa al hablar de las demandas de las audiencias: “Las audiencias nos están pidiendo que contemos los hechos y que seamos fieles a los hechos”. Para el director editorial del Reuters Institute, atender la demanda por contenidos con una postura definida no significa modificar los estándares de verificación.

Esta distinción es fundamental. Un medio puede tener una línea editorial, analizar los acontecimientos desde una determinada perspectiva y ofrecer espacios de opinión sin abandonar la obligación de distinguir esos contenidos de la información factual. La existencia de una postura no debería ser incompatible con la fidelidad a los hechos.

Además, Suárez advierte otro riesgo: un tono excesivamente polarizado puede alejar a personas que tienen menor interés en la confrontación política y que actualmente permanecen fuera de la audiencia habitual de determinados medios. Es decir, perseguir únicamente a las audiencias más comprometidas con una posición puede terminar reduciendo la capacidad de los medios para construir conversaciones más amplias.

Desde una perspectiva de responsabilidad social, este punto resulta crucial. Los medios no son actores neutrales dentro de la sociedad: tienen capacidad para definir qué temas reciben atención, qué voces son escuchadas y cómo se interpretan acontecimientos que afectan a millones de personas. Por ello, su responsabilidad incluye reconocer el poder que tienen y utilizarlo con criterios de transparencia, rigor y rendición de cuentas.

El reto, entonces, no consiste en ignorar lo que las audiencias quieren consumir. Consiste en evitar que aquello que genera más afinidad, interacción o rentabilidad determine por completo qué se considera información de calidad. En una época de polarización, desconfianza y saturación de contenidos, quizá la verdadera responsabilidad de los medios no sea decirle al público lo que quiere escuchar, sino ofrecerle información suficientemente sólida para que pueda formar su propia opinión.

Fundación Aleatica forma líderes juveniles para prevenir siniestros viales, una de las principales causas de fallecimiento de su generación

En el marco del Día Internacional de la Juventud, Fundación Aleatica para la Seguridad Vial presentó los resultados de Seguro Es Cool, un programa que capacitó a 16 jóvenes de Chimalhuacán, Estado de México, para compartir conocimientos sobre seguridad vial con personas de su generación. Hasta ahora, han impartido 50 talleres en preparatorias y universidades de la entidad, con cerca de 1,800 estudiantes beneficiados.

La iniciativa responde a un problema que afecta especialmente a las nuevas generaciones. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la tasa mundial de fatalidades por siniestros viales se redujo 21% en los últimos 15 años. Pese a este avance, en 2025 estos hechos cobraron 1.16 millones de vidas y continuaron como la principal causa de fallecimiento entre quienes tienen de 5 a 29 años.

En México, 45 personas pierden la vida cada día por siniestros de tránsito. Entre las personas de 5 a 14 años, estos hechos constituyen la principal causa de fallecimiento. Peatones, ciclistas y motociclistas concentran el 77% de las fatalidades y el 81% de las lesiones graves registradas en el país.

Ante este panorama, Fundación Aleatica, YOURS (Youth for Road Safety), Circuito Exterior Mexiquense y Liga Peatonal apostaron por un modelo innovador para convertir a las juventudes en agentes de cambio que influyan positivamente en sus comunidades.

Seguro Es Cool

Los 16 participantes recibieron capacitación sobre uso seguro de la motocicleta, uso correcto del casco, identificación de riesgos y prevención de conductas peligrosas. Después llevaron estos conocimientos a preparatorias y universidades mediante un modelo de aprendizaje entre pares.

“Escuchar las inquietudes y experiencias de jóvenes de mi misma edad también me permitió aprender de ellos. Cada plática se convirtió en un espacio de confianza y reflexión que demuestra cómo involucrar a las juventudes en la seguridad vial fortalece su identidad y liderazgo”, señaló Dulce Amador, participante de Seguro Es Cool.

“Cuando hablamos de seguridad vial solemos pensar en infraestructura, regulación o tecnología. Todos son elementos fundamentales, pero también necesitamos reconocer el potencial de las juventudes para generar cambios de comportamiento”, destacó Fernanda Espinosa, Directora de Fundación Aleatica para la Seguridad Vial.

Seguro Es Cool

Este enfoque también ha ganado espacio en la agenda internacional. En julio de este año, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó una nueva Declaración de Progreso sobre Seguridad Vial que reconoce el papel de las juventudes para acelerar los avances en la reducción de fatalidades y lesiones por siniestros viales. UNICEF también ha llamado a incorporar sus voces en el diseño y la implementación de las políticas de seguridad vial.

“En YOURS creemos que las personas jóvenes tienen la capacidad de liderar los cambios que sus comunidades necesitan. Programas como Seguro Es Cool demuestran que el aprendizaje entre pares es una herramienta poderosa para promover una movilidad más segura y generar un impacto positivo que trasciende las aulas”, subrayó Raquel Barrios, Directora Ejecutiva de YOURS.

Con Seguro Es Cool, Fundación Aleatica reafirma su compromiso de impulsar soluciones innovadoras que fortalezcan las capacidades y el liderazgo de las juventudes para que participen en la prevención de siniestros viales y contribuyan a una movilidad más segura, incluyente y sostenible.

Innovación hídrica: una de las soluciones que están transformando el futuro del agua en México

El agua se ha convertido en uno de los recursos más estratégicos para el desarrollo de las ciudades, la industrias y la economía. Sin embargo, su disponibilidad enfrenta una presión creciente derivada del cambio climático, el crecimiento poblacional, la urbanización y el deterioro de las fuentes hídricas. En México, esta realidad obliga a replantear la gestión del recurso y a acelerar la adopción de tecnologías y modelos eficientes que garanticen su abastecimiento para las próximas generaciones.

En este contexto, la transferencia de conocimiento y la colaboración entre gobierno, industria, academia y organismos operadores resultan fundamentales para responder a tales desafíos. Bajo esta visión, Aquatech Mexico 2026 –la mayor exposición especializada en agua potable y aguas residuales del país– reunirá a especialistas, empresas, autoridades y tomadores de decisión para analizar cómo la regulación, la digitalización y el capital estratégico están transformando la gestión hídrica, así como las prioridades que marcarán el futuro del sector.

Los retos no son menores. De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (Conagua), diversas regiones del país presentan niveles de estrés hídrico que hacen indispensable optimizar la eficiencia en el uso, distribución, tratamiento y reúso del recurso. Este panorama demanda no solo mayor inversión en infraestructura, sino también una visión de largo plazo que integre innovación tecnológica, alianzas estratégicas y nuevas políticas públicas.

Uno de los ejes centrales que concentra la atención del sector es la digitalización. Herramientas como la inteligencia artificial, el Internet de las Cosas (IoT), la analítica de datos y los sistemas de monitoreo en tiempo real permiten detectar fugas, optimizar la operación de la infraestructura, monitorear la calidad del agua y tomar decisiones basadas en información precisa, incrementando sustancialmente la eficiencia de los sistemas hidráulicos.

La modernización de la red es otra prioridad apremiante. En muchas ciudades, un porcentaje significativo del agua potable se pierde antes de llegar a los usuarios debido a fugas en las líneas de distribución. Frente a este escenario, organismos operadores y empresas están incorporando soluciones digitales capaces de anticipar fallas, mitigar pérdidas y elevar la operatividad general del sistema.

Asimismo, el reúso del agua se posiciona como una tendencia clave. Gracias al avance en tecnologías de tratamiento de aguas residuales, hoy es posible reincorporar este recurso a procesos industriales, agrícolas e incluso urbanos, impulsando modelos de economía circular que reducen la presión sobre las fuentes naturales.

A estas alternativas se suman innovaciones en desalación, potabilización, membranas de alta eficiencia, recuperación de nutrientes y tecnologías que disminuyen el consumo energético en plantas de tratamiento. Todas estas innovaciones formarán parte del intercambio de conocimiento en Aquatech Mexico 2026, donde especialistas nacionales e internacionales compartirán experiencias, buenas prácticas y casos de aplicación desarrollados en distintos mercados.

Aquatech Mexico 2026

No obstante, la transformación del sector no depende únicamente del desarrollo tecnológico. Requiere marcos regulatorios que generen certidumbre, incentiven la inversión y faciliten el despliegue de infraestructura. De igual forma, exige una articulación estrecha entre autoridades, iniciativa privada, academia y operadores para acelerar la implementación de soluciones que respondan a las necesidades específicas de cada región.

Bajo el eje “El agua del mañana: regulación, digitalización y capital estratégico”, Aquatech Mexico 2026 busca consolidarse como el espacio donde estas conversaciones se traduzcan en alianzas, intercambio de experiencias y nuevas oportunidades para fortalecer la seguridad hídrica del país. Más que una exposición tecnológica, el evento representa una plataforma de diálogo para quienes están construyendo el futuro de la gestión del agua.

En un entorno donde la disponibilidad del agua incide directamente en la competitividad, la resiliencia operativa, la salud pública y el desarrollo económico, impulsar la colaboración entre los distintos actores del sector resulta tan importante como desarrollar nuevas tecnologías. La innovación hídrica no solo depende de las soluciones que se crean, sino de la capacidad de implementarlas, escalarlas y generar un impacto tangible. En este sentido, en el marco de su décima edición, Aquatech Mexico continúa consolidándose como el punto de encuentro donde convergen el conocimiento, la tecnología y las alianzas necesarias para construir un futuro hídrico más seguro, eficiente y sostenible para México.

¿Adiós a las cero emisiones netas? La campaña que inició el movimiento replantea su enfoque

Durante seis años, Race to Zero ayudó a convertir las cero emisiones netas de una aspiración climática en un compromiso que miles de empresas comenzaron a incorporar en sus estrategias. La iniciativa, respaldada por Naciones Unidas desde 2020, puso presión sobre el sector privado para establecer metas, publicar planes y asumir una responsabilidad frente al cambio climático. Ahora, sin embargo, la campaña entra en una nueva etapa y deja atrás su papel como gran movilizadora de compromisos. El cambio ocurre justo cuando las empresas enfrentan la parte más compleja del desafío: cumplir aquello que prometieron. La pregunta ya no es cuántas organizaciones se comprometen, sino qué tan capaces son de transformar sus operaciones para lograrlo.

Por eso, el cierre de Race to Zero no necesariamente representa un retroceso para la agenda climática corporativa, sino un cambio de prioridades. La campaña de emisiones netas ayudó a construir un lenguaje común alrededor de la descarbonización, pero el ecosistema empresarial hoy cuenta con estándares y metodologías más desarrollados. Al mismo tiempo, la experiencia dejó al descubierto las tensiones que aparecen cuando los objetivos climáticos chocan con intereses comerciales, financieros o regulatorios. El siguiente capítulo tendrá que resolver precisamente esa contradicción. Y ahí es donde la responsabilidad social adquiere una nueva dimensión: pasar de anunciar ambiciones a demostrar avances verificables.

El movimiento que convirtió la ambición climática en compromiso

De acuerdo con Trellis, cuando Race to Zero comenzó en 2020, el escenario era muy distinto al actual. La iniciativa surgió con la misión de movilizar a empresas, ciudades y otros actores alrededor de una definición compartida y creíble de cero emisiones netas. Cerca de mil compañías, entre ellas Nestlé, Adobe y Diageo, se incorporaron desde el inicio con la promesa de alcanzar este objetivo para 2050.

El crecimiento fue acelerado: el número de empresas participantes aumentó más del doble durante el año siguiente y, para 2022, ya eran alrededor de 7,000 las organizaciones adheridas. La campaña de emisiones netas consiguió así algo que no era menor: colocar el concepto de descarbonización en las agendas corporativas y convertirlo en un compromiso público.

Su influencia también coincidió con una transformación más amplia del sector. Las empresas comenzaron a comprender que comprometerse con 2050 no era suficiente y que necesitaban metas intermedias, planes de transición y una visión que contemplara sus diferentes fuentes de emisiones. En ese sentido, Race to Zero funcionó como un catalizador para elevar las expectativas sobre la acción climática empresarial.

Cuando el compromiso empezó a chocar con el negocio

A medida que la iniciativa crecía, también aumentaba la presión para definir qué significaba realmente un compromiso serio. En 2022, Race to Zero endureció sus criterios y pidió a los participantes publicar un plan de transición en el plazo de un año, considerar todos sus ámbitos de emisión y alinear sus actividades de cabildeo con sus objetivos climáticos.

Pero algunas exigencias comenzaron a revelar una tensión difícil de resolver: avanzar hacia la descarbonización puede implicar decisiones que afectan directamente modelos de negocio, inversiones y relaciones financieras. Uno de los ejemplos más visibles ocurrió con el carbón. La actualización de los criterios había planteado que los firmantes no desarrollaran ni financiaran nuevos proyectos de este combustible.

Meses después, la iniciativa modificó ese planteamiento para pedir una eliminación gradual del carbón sin establecer una fecha límite específica. El cambio llegó después de que grandes bancos señalaran posibles conflictos con la legislación antimonopolio, mientras activistas climáticos lo interpretaron como una concesión frente a las presiones del sector financiero. El episodio evidenció que establecer reglas climáticas también implica navegar intereses contrapuestos.

La campaña de emisiones netas deja una lección sobre gobernanza

La controversia alrededor del carbón no solo abrió un debate sobre la ambición climática, sino también sobre quién toma las decisiones y cómo se construyen los criterios que deben seguir miles de organizaciones. Una revisión académica de las directrices señaló que una estructura concentrada en un grupo relativamente pequeño de expertos puede impulsar la ambición, pero también generar oportunidades para que actores con intereses diferentes alteren el rumbo.

Esta crítica resulta relevante para cualquier estrategia de responsabilidad social. Los compromisos ambientales ya no pueden construirse únicamente desde equipos técnicos o áreas de sostenibilidad: requieren escuchar a inversionistas, trabajadores, comunidades, sociedad civil, autoridades y otros grupos afectados por las decisiones empresariales.

La experiencia también muestra que los estándares voluntarios tienen límites cuando empiezan a tocar decisiones económicas sensibles. La legitimidad de una meta climática no depende únicamente de que sea técnicamente sólida, sino de que exista confianza en cómo se diseñó, quién participó en su definición y qué mecanismos existen para exigir avances.

De los compromisos voluntarios a reglas más robustas

Race to Zero nació principalmente como una campaña para generar compromisos, no como un sistema completo para gestionar cada etapa de la transición. En estos seis años, esa parte del ecosistema ha evolucionado considerablemente. La iniciativa Science Based Targets, por ejemplo, desarrolló su Estándar Corporativo de Cero Emisiones Netas, mientras la Organización Internacional de Normalización también trabaja en un estándar complementario.

El cambio es importante porque desplaza la conversación hacia metodologías capaces de orientar la acción empresarial. Ya no se trata únicamente de decir “llegaremos a cero”, sino de establecer qué emisiones deben contabilizarse, qué reducciones son necesarias, cómo deben establecerse los objetivos y qué papel pueden desempeñar las compensaciones y las remociones.

Kaya Axelsson, asesora de Race to Zero e investigadora de la Universidad de Oxford, resumió esta transición al señalar que la iniciativa ayudó a convertir criterios voluntarios en estándares formales. El siguiente desafío, explicó, consiste en conservar esos estándares, mantener el rumbo y avanzar hacia el trabajo sistémico que permita que los compromisos realmente se cumplan.

¿Qué viene después de Race to Zero?

El final de la campaña no significa que desaparezca la agenda de cero emisiones netas. La iniciativa se integrará en la Agenda de Acción Climática Global de Naciones Unidas, con el propósito de contribuir a acelerar la implementación de estrategias climáticas durante la segunda mitad de esta década.

El relevo estará acompañado por el recién formado Grupo de Activación para la Emisión de Cero Emisiones Netas, cuyo lanzamiento oficial está previsto para finales de agosto. La intención es que esta nueva estructura concentre esfuerzos en mantener los avances alcanzados y llevar la acción climática hacia una etapa más enfocada en la implementación.

Para las empresas, el mensaje es especialmente relevante: la etapa en la que bastaba con anunciar una meta climática está quedando atrás. La campaña de emisiones netas abrió la puerta a una conversación global, pero ahora el valor de esos compromisos dependerá de indicadores, inversiones, reducción efectiva de emisiones y decisiones coherentes con la transición. En otras palabras, el reto dejó de ser sumarse al movimiento y comenzó a ser demostrar que el movimiento puede cambiar la manera en que funciona la economía.

El cierre de Race to Zero puede parecer, a primera vista, una señal de agotamiento de la agenda climática corporativa. Sin embargo, también puede leerse como una señal de madurez: una vez que miles de empresas adoptaron compromisos de cero emisiones netas, el desafío dejó de ser convencerlas de que debían actuar y pasó a ser establecer cómo hacerlo con rigor, transparencia y resultados.

La siguiente etapa tendrá que ser más exigente y, probablemente, menos cómoda. Las organizaciones deberán demostrar que sus metas resisten las presiones del mercado, que sus planes de transición son consistentes y que sus decisiones de negocio no contradicen sus compromisos climáticos. El verdadero legado de Race to Zero no estará únicamente en el número de empresas que consiguió movilizar, sino en si logró que la acción climática pasara de ser una declaración corporativa a convertirse en una transformación estructural.