Starbucks México, operado por Alsea, coronó a Christian Alexis Ortiz Hernández, partner de la tienda Starbucks Olivar de los Padres, en Ciudad de México, como su Barista Campeón 2026. Christian obtuvo el título después de dos días de competencia en una final nacional que reunió a 11 baristas seleccionados de entre una comunidad de más de 13,000 partners, que forman parte de las más de 940 cafeterías en el mercado. Con este reconocimiento, el campeón representará a México en la siguiente etapa de la competencia, que se llevará a cabo en Hacienda Alsacia, Costa Rica.
Durante la final local, realizada en Starbucks Parque La Mexicana y en las oficinas de Alsea Starbucks, los 11 partners de mandil verde demostraron sus conocimientos sobre café, habilidades en la preparación de bebidas, dominio técnico, creatividad y capacidad para compartir y conectar a las personas con las historias detrás de cada taza.
Christian Ortiz destacó por su conocimiento sobre café, precisión técnica y su capacidad para crear conexiones genuinas a través de cada bebida que preparó. Su desempeño reflejó cómo el rol de un barista va mucho más allá de preparar una bebida; implica comprender el origen del café, reconocer sus características, prestar atención a cada detalle y transformar cada taza en una Experiencia Starbucks significativa para los consumidores.
Rumbo a Hacienda Alsacia
Como Barista Campeón de México 2026, Christian representará a su mercado en la etapa internacional de la competencia, que se realizará en Hacienda Alsacia, Costa Rica, la finca de café de Starbucks y sede global de agronomía. Hacienda Alsacia es uno de los destinos más emblemáticos de Starbucks para el aprendizaje sobre café, la innovación y el futuro del café. Allí, Christian competirá junto a campeones de distintos mercados de Latinoamérica y el Caribe (LAC).
“A través de esta competencia reconocemos el talento y la experiencia de las personas que dan vida a la Experiencia Starbucks todos los días. Nuestros baristas son expertos en café que fortalecen continuamente sus conocimientos a través de muchas horas de capacitación, aprendizajes en las cafeterías y desarrollo especializado. Los 11 finalistas reflejan esa dedicación a través de su desempeño, así como su compromiso con la calidad, sus equipos y sus comunidades. Nos llena de orgullo que Christian Ortiz represente a México en Hacienda Alsacia y lleve consigo la excelencia, la conexión y la pasión que distinguen a nuestros más de 13,000 partners en el mercado”, señaló Raúl Sierra, director nacional de operaciones de Starbucks México.
El Barista Championship es una plataforma global de Starbucks creada para reconocer, desarrollar y destacar el talento de sus partners. Este año, la competencia se lleva a cabo en 25 mercados de la región de Latinoamérica y El Caribe, y avanza a través de etapas nacionales, regionales y globales diseñadas para fortalecer los conocimientos, habilidades y liderazgo de los participantes. En México, la iniciativa está abierta a partners de las cafeterías, brindándoles la oportunidad de crecer profesionalmente, compartir su pasión por el café y representar a cada mercado en un escenario internacional.
El talento detrás del título
Christian Ortiz tiene 23 años, nació en Ciudad de México y comenzó su trayectoria en Starbucks en 2023. Entre sus bebidas favoritas se encuentran un Flat White con bebida de avena y vainilla cuando tiene antojo de algo caliente y un Vanilla Sweet Cream Cold Brew cuando prefiere una bebida fría. Uno de los aspectos que más disfruta de su rol es conectar con los clientes a través de la conversación y de las bebidas que prepara cada día.
Ortiz también destacó por su capacidad para comunicar con pasión y convertir cada preparación en una historia memorable. De manera auténtica y cercana, demostró su conocimiento sobre café, celebró sus orígenes y creó una conexión genuina con la audiencia, demostrando que ser barista también significa inspirar a otros, crear momentos significativos y compartir el valor y las historias detrás de cada taza.
Nuestra jerarquía simplificada de las luces y sombras, de lo que todos hablan y lo que pocos saben en el mundo de la responsabilidad corporativa y la sostenibilidad.
La seguridad de los usuarios debería ser un límite innegociable para cualquier plataforma digital, pero una investigación de Bloomberg Businessweek volvió a poner a TikTok contra las cuerdas. La publicación expone un documento confidencial de 2023 que muestra cómo TikTok habría mantenido desactivada deliberadamente una función de seguridad para millones de personas mientras analizaba si esa protección podía afectar sus métricas de participación.
El hallazgo provocó la reacción de los senadores estadounidenses Marsha Blackburn y Richard Blumenthal, quienes exigieron a la compañía una explicación por sus acciones. El caso resulta todavía más grave porque entre los usuarios que quedaron fuera de la protección estaba Chase Nasca, un adolescente de 16 años que murió por suicidio después de que su cuenta recibiera una gran cantidad de contenidos relacionados con tristeza, desesperanza y suicidio. Para los legisladores, el episodio cuestiona directamente las reiteradas promesas de TikTok de colocar el bienestar de los menores por encima de sus ganancias.
El experimento de TikTok: cuando la seguridad se convirtió en una variable de negocio
Para comprender la gravedad del experimento de TikTok, es necesario remontarse a 2021, cuando la plataforma modificó su algoritmo de recomendación para reducir las llamadas burbujas de contenido. El objetivo de esta medida era evitar que una persona que consumiera repetidamente determinado material terminara atrapada en un ciclo de recomendaciones cada vez más similares, particularmente cuando se trataba de contenidos potencialmente dañinos relacionados con autolesiones, depresión o suicidio.
La compañía desarrolló una versión más segura de su sistema, pero decidió no implementarla para todos sus usuarios. En su lugar, creó un grupo de control equivalente a 10% de los usuarios estadounidenses, aproximadamente 15 millones de personas en aquel momento, que permanecieron con la versión anterior del algoritmo. La razón, de acuerdo con el documento interno analizado por Bloomberg, era medir si la modificación de seguridad tenía algún efecto sobre la participación y las principales métricas de la plataforma.
Es decir, la seguridad no fue evaluada únicamente como una obligación inherente al producto, sino como una variable cuyo impacto en el comportamiento de los usuarios podía medirse frente a otros indicadores de negocio. El propio documento describió la decisión como un equilibrio entre la seguridad y la posibilidad de medir su impacto sobre los usuarios activos diarios y otras métricas. Ahí se encuentra uno de los principales cuestionamientos desde la responsabilidad social empresarial: cuando una salvaguarda está diseñada para reducir la exposición a contenido potencialmente dañino, ¿es éticamente aceptable retirarla de millones de personas para comprobar si hace que permanezcan más tiempo en la plataforma?
El caso de Chase Nasca vuelve esta pregunta particularmente difícil de ignorar. El adolescente, residente de Bayport, Nueva York, fue seleccionado aleatoriamente para formar parte del grupo de control el 25 de enero de 2022. De acuerdo con el documento interno, las estrategias de TikTok para evitar que los usuarios quedaran atrapados en una burbuja de contenido no funcionaron en su cuenta “por diseño”. Durante las semanas siguientes, su perfil recibió miles de videos relacionados con tristeza, soledad, desesperanza y suicidio. Chase murió aproximadamente un mes después, en febrero de 2022, a los 16 años.
“Hey bro, if I’m not here tomorrow I ask that you remember me and forgive me.”
Chase Nasca sent this message to a stranger on TikTok who posted content about depression and anxiety. It was the last message he ever sent. https://t.co/cemwZjZBbJ
La investigación de Bloomberg no establece por sí misma una relación causal simple entre el algoritmo y la muerte del adolescente. Sin embargo, el hecho de que su cuenta estuviera dentro del grupo al que deliberadamente no se aplicó la protección y que posteriormente recibiera una avalancha de contenido de esa naturaleza convierte el caso en una cuestión de enorme relevancia ética, corporativa y legal.
Más aún, el problema no parece limitarse a un error técnico aislado. El Congreso estadounidense ya había expresado preocupación desde 2021 por la manera en que el algoritmo de TikTok podía conducir a usuarios jóvenes hacia contenido dañino. Por ello, que la empresa conociera los riesgos de sus sistemas de recomendación y, posteriormente, mantuviera a millones de personas fuera de una protección algorítmica para medir el efecto sobre la participación plantea interrogantes mucho más profundos sobre su gobernanza y sus mecanismos de supervisión.
Senadores califican de “depravado” al experimento de TikTok
Las revelaciones llevaron a Blackburn y Blumenthal a enviar una carta de cuatro páginas a Shou Chew, director ejecutivo de TikTok, y Adam Presser, responsable de la filial estadounidense. Ambos legisladores sostienen que la decisión contradice las declaraciones públicas de la compañía sobre su compromiso con la seguridad y el bienestar de los jóvenes.
Para Blackburn, el experimento de TikTok representa un ejemplo particularmente preocupante de lo que ocurre cuando una plataforma coloca la atención y las ganancias por encima de la seguridad. La senadora sostuvo que resulta inconcebible que los usuarios fueran utilizados como “conejillos de indias” y afirmó que el caso demuestra que, cuando los menores navegan en estas plataformas, terminan convirtiéndose en el producto.
La crítica toca uno de los cuestionamientos centrales al modelo de negocio de las redes sociales: la atención del usuario es un activo económico. Pero cuando para incrementar, conservar o medir esa atención se toman decisiones que implican reducir deliberadamente una protección diseñada para evitar contenidos dañinos, el problema deja de ser exclusivamente tecnológico. Se convierte en un asunto de responsabilidad corporativa.
Los senadores solicitaron a TikTok respuestas a 13 preguntas. Entre ellas, quieren conocer quiénes fueron los empleados informados sobre la prueba, por qué se permitió que menores participaran, cuándo tuvieron conocimiento los ejecutivos y cuál fue la justificación para mantener la medida de seguridad desactivada.
También exigieron una versión completa y sin censura del documento analizado por Bloomberg, además de información sobre todos los experimentos algorítmicos realizados en Estados Unidos en los que TikTok haya retenido, deshabilitado, retrasado o reducido una función de seguridad. La compañía deberá indicar cuántos usuarios estuvieron involucrados y cuántos eran menores. El plazo establecido por los legisladores para responder es el 1 de septiembre.
El representante republicano Gus Bilirakis también calificó las revelaciones como profundamente inquietantes y advirtió sobre las consecuencias de privilegiar las métricas de participación y las ganancias corporativas sobre la seguridad y el bienestar infantil. Su postura no es nueva: durante una audiencia de marzo de 2023 cuestionó directamente a Chew por el caso de Chase y le advirtió que la tecnología de la compañía estaba provocando muertes.
En este contexto, el experimento de TikTok funciona como un caso paradigmático de una discusión que las empresas digitales ya no pueden esquivar: si conocen que determinadas dinámicas de sus productos pueden generar daños, ¿qué responsabilidad tienen cuando deciden no corregirlas o incluso las mantienen deliberadamente para obtener información comercial?
¿Qué responde TikTok ante las acusaciones?
TikTok no respondió directamente a la carta de los senadores al momento de la publicación de esta información. Sin embargo, frente a las preguntas de Bloomberg Businessweek, un portavoz de la compañía afirmó que TikTok está “profundamente comprometido” con la seguridad y el bienestar de sus usuarios, especialmente los adolescentes.
La empresa también expresó solidaridad con las familias que han sufrido pérdidas y señaló que continúa invirtiendo en sus equipos de Confianza y Seguridad, así como en sistemas de detección y mecanismos destinados a retirar de manera proactiva contenidos que infringen sus normas comunitarias.
El argumento, sin embargo, deja una pregunta pendiente: ¿es suficiente invertir en mecanismos de seguridad después de que una plataforma ha decidido deliberadamente limitar una protección para medir su efecto sobre el engagement? Desde una perspectiva de RSE, la seguridad no debería funcionar como una capa adicional que se activa cuando un problema ya se hizo público. Tendría que formar parte de las decisiones de diseño desde el principio.
Esto es especialmente relevante cuando los usuarios involucrados son menores. La responsabilidad empresarial en este terreno no puede reducirse a publicar políticas de uso, contar con equipos de moderación o reaccionar ante contenido denunciado. También implica evaluar los riesgos de los sistemas algorítmicos, establecer controles independientes y garantizar que los incentivos económicos no entren en conflicto con la protección de las personas.
La respuesta legal: KOSA busca convertir la seguridad infantil en una obligación
El caso también llega en un momento en que Estados Unidos intenta definir con mayor claridad las responsabilidades legales de las plataformas frente a los daños que pueden provocar sus productos. Blackburn y Blumenthal han impulsado la Kids Online Safety Act (KOSA), una iniciativa que busca obligar a las plataformas tecnológicas a priorizar la seguridad infantil.
La propuesta original incluía un deber de diligencia para que las empresas adoptaran medidas razonables destinadas a prevenir determinados daños a la salud mental de los menores, entre ellos ansiedad, depresión y uso compulsivo de las redes sociales. Sin embargo, esa disposición fue retirada de la versión aprobada por la Cámara de Representantes en junio debido a preocupaciones relacionadas con la Primera Enmienda.
El 5 de agosto, un día después de que Bloomberg publicara su investigación, el Comité de Comercio, Ciencia y Transporte del Senado votó para avanzar con la versión original de KOSA, incluida la cláusula de deber de diligencia. Para Blackburn, una obligación de este tipo podría impedir que las plataformas realicen en el futuro pruebas similares al experimento de TikTok, al exigirles colocar la seguridad en el centro del diseño de sus productos, especialmente cuando involucran a adolescentes.
Mientras tanto, el caso de Chase forma parte de un escenario legal más amplio. Su familia ha demandado a TikTok y los documentos internos relacionados con su cuenta se han convertido en evidencia dentro de litigios contra las plataformas sociales. La relevancia jurídica del caso, por tanto, no está únicamente en determinar qué ocurrió con un adolescente, sino en establecer qué sabía la compañía, qué decisiones tomó y qué obligaciones tenía para prevenir riesgos que ya conocía.
La RSE no puede aceptar que las ganancias estén por encima de la seguridad
Para las empresas tecnológicas, hablar de responsabilidad social empresarial no puede limitarse a programas de voluntariado, reportes ESG o inversiones en iniciativas sociales. También implica asumir responsabilidad por el impacto directo que tienen sus productos sobre las personas.
El caso de TikTok expone precisamente esa contradicción. Una compañía puede afirmar que invierte millones en seguridad y bienestar, pero esas declaraciones pierden credibilidad si al mismo tiempo sus decisiones internas consideran la seguridad como una variable que puede sacrificarse temporalmente para medir si afecta las métricas de participación.
El experimento de TikTok obliga a cuestionar, además, una idea profundamente arraigada en la economía digital: que todo puede probarse mediante experimentos con usuarios. Las pruebas A/B pueden ser una herramienta legítima para evaluar interfaces, funciones o experiencias, pero no todas las variables tienen el mismo peso ético. Experimentar con el color de un botón no equivale a experimentar con una salvaguarda diseñada para reducir la exposición a contenidos potencialmente peligrosos.
La responsabilidad corporativa exige reconocer esa diferencia antes de lanzar una prueba, no después de conocer sus consecuencias. Y cuando existen menores entre los usuarios, el estándar debería ser todavía más alto.
Lo ocurrido no debería convertirse únicamente en una discusión sobre TikTok. Es una advertencia para toda la industria tecnológica: la seguridad de los usuarios no puede competir con el engagement en una hoja de cálculo. Si una empresa necesita decidir entre proteger a sus usuarios o comprobar si esa protección reduce sus ganancias, la respuesta responsable no debería depender de los resultados del experimento.
Porque cuando una plataforma convierte la seguridad en una variable de negocio, deja de preguntarse cómo evitar el daño y comienza a preguntarse cuánto daño puede asumir sin afectar sus métricas. Y desde la perspectiva de la RSE, ese es precisamente el límite que ninguna empresa que coloque a las personas en el centro debería estar dispuesta a cruzar.
El papel higiénico forma parte de esos productos cotidianos cuya materia prima suele pasar desapercibida. Detrás de cada rollo existe, sin embargo, una cadena de suministro vinculada al uso de recursos naturales, particularmente fibra proveniente de árboles. Para una industria que produce artículos de higiene a gran escala, encontrar alternativas puede representar un cambio relevante.
Kimberly-Clark busca avanzar en esa dirección con una apuesta que pone a una planta del suroeste de Estados Unidos en el centro de su estrategia. La compañía está construyendo una planta en Yuma, Arizona, para ampliar el uso de hesperaloe, una fibra vegetal que requiere poca agua y podría incorporarse a productos como papel higiénico, pañuelos, pañales y artículos de higiene femenina.
Papel higiénico sin árboles: una planta del desierto entra en escena
De acuerdo con un artículo de Trellis, dos años después de comprometerse a avanzar hacia un abastecimiento de papel “libre de bosques naturales”, Kimberly-Clark está llevando su estrategia un paso más allá. La empresa identificó 70 fibras naturales regenerativas que podrían funcionar como alternativas a la pulpa de madera y eligió la hesperaloe como una de las opciones con mayor potencial.
La planta es una suculenta originaria del suroeste estadounidense y destaca por su capacidad para desarrollarse con poca disponibilidad de agua. Para una compañía cuyo negocio depende de grandes volúmenes de fibra, esta característica resulta especialmente relevante en un contexto donde la seguridad hídrica y la presión sobre los ecosistemas forman parte de los desafíos ambientales de las cadenas de suministro.
La apuesta todavía se encuentra en etapa de pruebas, pero Kimberly-Clark ya está construyendo infraestructura para incrementar el suministro disponible. La intención es evaluar si esta fibra puede ofrecer el desempeño necesario sin comprometer la calidad que los consumidores esperan de productos de uso cotidiano.
¿Qué significa avanzar hacia un papel higiénico sin árboles?
El objetivo de la compañía no implica abandonar de inmediato la fibra procedente de bosques. De hecho, la pulpa certificada bajo los lineamientos del Forest Stewardship Council (FSC) continúa representando una parte importante de sus compras: en 2025 correspondió al 77 % de sus adquisiciones de fibra virgen.
Sin embargo, Kimberly-Clark logró reducir en 50 % el uso de fibra procedente de bosques naturales en 2025, frente a su línea base de 2011. Su compromiso de avanzar hacia un abastecimiento “libre de bosques naturales” no tiene todavía una fecha límite definida, más allá de que se alcanzaría después de 2030.
La definición de bosques naturales utilizada por la empresa contempla árboles maduros y aquellos que se regeneran naturalmente, principalmente en regiones de climas boreales o templados. Así, la estrategia no consiste únicamente en certificar mejor la fibra existente, sino también en diversificar las materias primas que pueden alimentar la industria.
La fibra alternativa busca más que sustituir madera
La hesperaloe no es la única vía que Kimberly-Clark está explorando. La compañía también trabaja con fibras provenientes de paja de trigo, caña de azúcar y sorgo, entre otras plantas. Durante la última década ha destinado aproximadamente 250 millones de dólares a investigación relacionada con estas alternativas.
El reto consiste en conseguir que una materia prima diferente pueda cumplir con los requerimientos técnicos de productos que tienen contacto directo con el cuerpo. No basta con que una fibra sea renovable: debe ser capaz de integrarse a procesos industriales de gran escala, mantener el desempeño del producto y contar con un suministro suficientemente estable.
Craig Slavtcheff, director de investigación y desarrollo de Kimberly-Clark, señaló que los primeros resultados de las pruebas son alentadores. La compañía considera que el material podría ofrecer un desempeño adecuado y, al mismo tiempo, contribuir a una cadena de suministro menos dependiente de las fuentes tradicionales de fibra.
El desafío: producir sin crear otro problema ambiental
La innovación en materiales también plantea una pregunta fundamental para la responsabilidad social: ¿qué ocurre cuando una alternativa escala? Shelley Vinyard, directora de naturaleza global del Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales, considera que el proyecto podría reducir la presión sobre los bosques, pero advierte que será necesario producir la nueva fibra de manera sostenible y sin desplazar otros ecosistemas nativos.
Este punto resulta clave. Sustituir una materia prima por otra no garantiza automáticamente un mejor desempeño ambiental. El análisis debe considerar agua, suelo, biodiversidad, uso de la tierra, emisiones, transporte y efectos sobre las comunidades donde se desarrolla la producción.
La experiencia de otras fibras muestra que el mercado ya está explorando distintas rutas. Paddy Paper, por ejemplo, utiliza paja sobrante del arroz; se estima que cada año se queman 220 mil millones de libras de este residuo agrícola. Mientras tanto, otras grandes compañías han probado bambú, cáñamo, yute y otras fibras no madereras, aunque su incorporación a productos de higiene masivos todavía es limitada.
De la fibra al impacto: la estrategia ambiental de Kimberly-Clark
La apuesta por nuevas materias primas forma parte de un esfuerzo ambiental más amplio. En 2025, Kimberly-Clark reportó una reducción de 46 % en las emisiones absolutas de gases de efecto invernadero correspondientes a sus operaciones (Alcance 1) y a la electricidad adquirida (Alcance 2), respecto de 2015.
Ese resultado acerca a la compañía a su meta de reducir estas emisiones 50 % para 2030. Alcance 1 y Alcance 2 representan aproximadamente 30 % de sus emisiones totales, mientras que las emisiones indirectas de Alcance 3 disminuyeron 16 %.
En este último frente, la meta para 2030 contempla una reducción de 20 % en las emisiones asociadas con bienes y servicios adquiridos y con el tratamiento al final de la vida útil de los productos vendidos. La búsqueda de fibras alternativas, por tanto, puede entenderse como parte de una transformación más amplia de la cadena de valor, donde la materia prima adquiere un papel estratégico.
La idea de fabricar productos de higiene con menos dependencia de los árboles todavía está lejos de convertirse en la norma del mercado. Pero el caso de Kimberly-Clark muestra que la innovación en materiales puede pasar de los laboratorios a decisiones de infraestructura y abastecimiento a gran escala.
El verdadero impacto dependerá de lo que suceda cuando estas alternativas crezcan: cuánto agua requieran, qué superficie ocupen, cómo afecten a los ecosistemas y si pueden mantener un suministro responsable. Si la hesperaloe logra superar esos desafíos, una planta que crece en regiones áridas podría terminar modificando la manera en que una industria entera piensa su materia prima.
Durante años, hablar de burnout en las empresas significó hablar de productividad, ausentismo, rotación o salud mental. Pero hay una dimensión del agotamiento laboral que suele quedar fuera de los indicadores y que puede revelar algo mucho más profundo: lo que ocurre con la vida íntima de las personas. Porque cuando el estrés se vuelve permanente, no desaparece al cerrar la computadora ni termina cuando llega el fin de semana.
La Organización Mundial de la Salud reconoce el burnout como resultado del estrés crónico en el trabajo que no ha sido gestionado adecuadamente. No es simplemente sentirse cansado después de una jornada difícil, sino un estado de agotamiento sostenido que puede incluir pérdida de energía, distanciamiento del trabajo, cinismo y menor eficacia profesional. Y cuando ese desgaste se prolonga durante semanas o meses, sus efectos pueden alcanzar ámbitos que aparentemente nada tienen que ver con la oficina, como el deseo sexual, la intimidad y la relación de pareja.
Cuando el agotamiento también llega a la intimidad
Imaginemos a una persona que termina cada jornada exhausta, responde mensajes laborales hasta antes de dormir y lleva meses sintiendo que nunca logra desconectarse. Poco a poco deja de hacer ejercicio, duerme peor y posterga incluso las consultas médicas. En algún momento nota que su deseo sexual ha disminuido o que su cuerpo ya no responde como antes.
Las consecuencias del burnout pueden aparecer precisamente de esta manera: no siempre comienzan con una crisis evidente, sino con pequeños cambios que se normalizan. El estrés crónico puede alterar el equilibrio hormonal, afectar la producción de andrógenos, repercutir en el sistema cardiovascular y deteriorar la calidad del sueño. A esto se suman hábitos asociados al agotamiento, como una alimentación deficiente, menor actividad física o mayor consumo de alcohol.
La evidencia científica también apunta en esta dirección. Una investigación publicada en The Journal of Sexual Medicine señala al burnout, junto con el mal descanso, entre los factores que pueden contribuir a la disfunción sexual (Tan y otros, 2025). Así, un cambio persistente en la vida sexual no debería entenderse únicamente como un problema de pareja o de desempeño: también puede ser una señal de que algo está ocurriendo con la salud integral.
Las consecuencias del burnout no terminan al salir de la oficina
Uno de los grandes problemas del estrés laboral sostenido es que el organismo no funciona por horarios. El cuerpo no distingue entre la presión de una reunión, una fecha límite imposible o una preocupación familiar relacionada con el trabajo. Cuando permanece demasiado tiempo en estado de alerta, la recuperación se vuelve más difícil y el desgaste puede trasladarse de un ámbito de la vida a otro.
Esto ayuda a explicar por qué la intimidad también puede verse afectada. La falta de energía, el insomnio, la ansiedad y la disminución del deseo pueden generar distancia dentro de una relación. A su vez, esa tensión puede producir preocupación, frustración o inseguridad, emociones que regresan con la persona al trabajo y pueden traducirse en menor concentración, energía y rendimiento.
El resultado es un círculo difícil de romper: el trabajo genera agotamiento, el agotamiento afecta la vida personal y esa afectación termina aumentando la carga emocional con la que la persona vuelve a trabajar. Por eso, hablar de bienestar laboral únicamente desde la productividad resulta insuficiente. Lo que ocurre durante la jornada puede acompañar a los colaboradores mucho después de que termina.
No todo se resuelve con una pastilla
Cuando aparecen dificultades de erección o una disminución repentina del deseo, es comprensible buscar una solución rápida. Sin embargo, automedicarse para ocultar el síntoma puede impedir identificar qué está ocurriendo realmente. El origen podría estar relacionado con estrés crónico, alteraciones hormonales, problemas cardiovasculares, falta de sueño u otras condiciones que requieren atención profesional.
Las consecuencias del burnout, por ello, también plantean una conversación sobre prevención y atención médica. Una alteración persistente en la función sexual puede ser una señal para detenerse y revisar el estado general de salud, en lugar de exigirle al cuerpo que continúe funcionando al mismo ritmo. La respuesta no siempre consiste en recuperar el desempeño sexual cuanto antes, sino en comprender qué está provocando el cambio.
Desde la perspectiva de las organizaciones, esto implica abandonar la idea de que el bienestar termina en ofrecer beneficios aislados. Mindfulness, pausas activas o actividades de relajación pueden aportar valor, pero difícilmente compensarán una cultura que premia la disponibilidad permanente, las jornadas interminables y la productividad basada en el desgaste.
Las consecuencias del burnout también son un asunto de responsabilidad social
Una empresa puede cumplir con sus indicadores de productividad mientras sus colaboradores están pagando un costo silencioso en su vida personal. Si el descanso no se respeta, si desconectarse se percibe como falta de compromiso o si las cargas de trabajo permanecen constantemente por encima de la capacidad de recuperación, el impacto no se queda en el espacio laboral.
Aquí es donde el bienestar deja de ser un beneficio corporativo y se convierte en una responsabilidad organizacional. Proteger el descanso, establecer límites razonables y revisar las causas estructurales del agotamiento puede contribuir no solo a mejorar el desempeño, sino también a proteger la salud física, emocional, familiar y sexual de quienes forman parte de una organización.
La conversación requiere además sensibilidad. La salud sexual continúa siendo un tema que muchas personas prefieren mantener en privado, especialmente cuando existen sentimientos de vergüenza o temor a ser juzgadas. Por eso, las empresas no necesitan invadir esa esfera, sino construir condiciones laborales que reduzcan los factores que pueden deteriorarla y facilitar el acceso confidencial a servicios de salud cuando sean necesarios.
Hablar de burnout es hablar de mucho más que colaboradores cansados o equipos menos productivos. El agotamiento sostenido puede atravesar la frontera entre el trabajo y la vida personal hasta llegar a la intimidad, modificar el deseo, afectar la relación de pareja y convertirse en una señal de que el organismo necesita recuperar el equilibrio. La salud no funciona por compartimentos, y la vida sexual tampoco está aislada del resto del bienestar.
Quizá por eso, una de las conversaciones más importantes sobre el futuro del trabajo no sea cómo conseguir que las personas soporten más presión, sino cómo evitar que tengan que hacerlo. Una cultura laboral que respeta el descanso, establece límites y reconoce a las personas más allá de su productividad también protege aquello que sucede cuando termina la jornada. Porque si el trabajo está afectando la vida de alguien hasta llegar a su intimidad, quizá el problema no sea que su cuerpo esté fallando, sino que lleva demasiado tiempo pidiéndole que no pare.
El fundador de China Evergrande Group, Hui Ka Yan, fue condenado a cadena perpetua por un tribunal chino, cinco años después de que el colapso de la compañía sacudiera la economía y los mercados financieros de China. La sentencia fue dictada en Shenzhen y también incluyó la confiscación de todos los bienes personales de Hui. El empresario, de 67 años, se había declarado culpable en abril de ocho cargos relacionados con diversas irregularidades financieras y soborno.
El caso representa el desenlace judicial de la historia de quien llegó a convertirse en el hombre más rico de Asia y fundó Evergrande en 1996. La compañía llegó a ser la mayor promotora inmobiliaria de China por ventas contratadas, apoyándose en una agresiva acumulación de deuda. Posteriormente incumplió el pago de gran parte de sus 300,000 millones de dólares en pasivos, y sus dificultades terminaron simbolizando la crisis del sector inmobiliario chino.
La resolución no se limitó a Hui. El tribunal impuso una multa de 8,820 millones de yuanes a Evergrande y otra de 7,000 millones de yuanes a Hengda, su principal filial. Otros cinco altos ejecutivos recibieron multas y penas de entre seis y 18 años de prisión. En total, según la información publicada, 56 personas vinculadas con Evergrande, además de su fundador, fueron condenadas el mismo día.
La dimensión social del caso es especialmente significativa. La incapacidad de Evergrande para devolver miles de millones de dólares invertidos en productos de gestión patrimonial provocó protestas después de que inversores particulares perdieran el dinero colocado en esos instrumentos. El artículo señala que muchas de estas personas eran de bajos ingresos. Mientras tanto, la liquidación de la compañía continúa: un tribunal de Hong Kong la ordenó en 2024 y posteriormente Evergrande fue excluida de la Bolsa de Hong Kong.
¿Por qué es relevante para ESG?
Para quienes trabajan en responsabilidad social empresarial, sostenibilidad y criterios ESG, este caso merece ser observado más allá de su dimensión penal o financiera. Lo que ocurrió con Evergrande permite analizar qué sucede cuando las decisiones de gobierno corporativo dejan de ser un asunto aparentemente reservado al consejo de administración, al equipo financiero o a las personas inversionistas y terminan afectando a grupos mucho más amplios.
Aspectos de ESG involucrados en el caso Evergrande
Una primera lección tiene que ver con la G de ESG: gobernanza. En ocasiones, las conversaciones empresariales sobre sostenibilidad se concentran principalmente en cuestiones ambientales y sociales. Sin embargo, una estrategia ESG pierde solidez si no cuenta con mecanismos de gobierno corporativo capaces de prevenir, identificar y corregir prácticas que puedan comprometer la estabilidad de una organización.
El caso también ayuda a recordar que los riesgos financieros y los riesgos sociales pueden estar estrechamente relacionados. La noticia describe cómo personas particulares perdieron los recursos que habían invertido y cómo esa situación desencadenó protestas. Desde la perspectiva de responsabilidad corporativa, esto obliga a ampliar la pregunta tradicional sobre quiénes son los grupos de interés de una empresa.
No basta con identificar a quienes compran productos, trabajan en la organización, invierten capital o suministran bienes y servicios. También resulta necesario preguntarse quién puede sufrir las consecuencias de una decisión corporativa cuando las cosas salen mal.
Esta mirada es particularmente importante cuando hablamos de debida diligencia. Una organización responsable necesita entender no solamente cuáles son sus oportunidades de crecimiento, sino cuáles son los impactos potenciales derivados de sus decisiones y qué controles existen para reducirlos. El crecimiento acelerado puede ser atractivo, pero desde una perspectiva de sostenibilidad debería analizarse junto con su capacidad para mantenerse en el tiempo y responder ante sus grupos de interés.
Otro aspecto fundamental es la responsabilidad del equipo directivo. La noticia muestra que las consecuencias judiciales no se limitaron al fundador de Evergrande. Decenas de personas vinculadas con la compañía también fueron condenadas. Sin extrapolar responsabilidades jurídicas a otros contextos, para quienes trabajamos en sostenibilidad existe aquí una reflexión importante: la gobernanza no puede depender únicamente de una persona.
Los controles internos, la rendición de cuentas, la supervisión y la existencia de contrapesos son componentes esenciales de una cultura corporativa responsable. Cuando una organización concentra excesivamente las decisiones o permite que sus objetivos de crecimiento prevalezcan sobre sus mecanismos de control, puede incrementar su exposición a riesgos financieros, legales, sociales y reputacionales.
La reputación que se hunde por una mala estrategia
La reputación, además, merece especial atención. No se construye exclusivamente mediante campañas de comunicación, programas sociales o compromisos públicos. La reputación corporativa es también consecuencia de la forma en que una empresa toma decisiones, administra recursos y responde cuando esas decisiones afectan a otras personas.
Uno de los errores más importantes en RSE es separar la sostenibilidad de la estrategia central del negocio. Una organización puede desarrollar iniciativas ambientales o comunitarias valiosas, pero ninguna de ellas sustituye una gobernanza responsable. La sostenibilidad necesita estar presente precisamente donde se toman las decisiones que determinan cómo crece, se financia y opera una compañía.
El caso Evergrande también ofrece una advertencia respecto de la gestión de impactos. Cuando las consecuencias alcanzan a personas con menor capacidad económica para absorber pérdidas, la dimensión social adquiere todavía mayor relevancia. La pregunta para cualquier organización debería ser no solo cuánto riesgo puede asumir legal o financieramente, sino quién terminaría absorbiendo ese riesgo si la estrategia falla.
Esta diferencia es fundamental. Una evaluación estrictamente empresarial puede concentrarse en balances, activos, pasivos y posibilidades de recuperación. Una evaluación desde RSE incorpora además a las personas afectadas y considera cómo se distribuyen tanto los beneficios como las consecuencias negativas de las decisiones corporativas.
Preguntas de seguimiento
¿Qué mecanismos debería establecer una empresa para detectar que una estrategia de crecimiento está generando riesgos desproporcionados para sus grupos de interés?
Una buena práctica es evitar que la evaluación del crecimiento dependa exclusivamente de indicadores financieros. La conversación debería incorporar impactos sociales, riesgos reputacionales, gobernanza y posibles consecuencias para diferentes grupos de interés. El objetivo no es impedir el crecimiento, sino procurar que sea sostenible y que existan mecanismos para advertir oportunamente cuando los riesgos aumentan.
¿Hasta dónde debería llegar la responsabilidad del equipo directivo cuando las decisiones empresariales producen consecuencias económicas y sociales de gran escala?
Esta pregunta merece permanecer abierta porque cada organización opera bajo condiciones diferentes. Sin embargo, desde una perspectiva de responsabilidad corporativa, el liderazgo debería asumir que ocupar posiciones de decisión implica también responsabilidades relacionadas con supervisión, prevención de riesgos y rendición de cuentas.
¿Cómo pueden los consejos de administración evitar que la concentración de poder reduzca la capacidad de cuestionar decisiones estratégicas?
Los contrapesos importan. Una cultura en la que cuestionar decisiones relevantes sea posible y donde existan mecanismos de supervisión efectivos puede fortalecer la capacidad de una organización para identificar riesgos antes de que se conviertan en crisis.
¿Las estrategias ESG de las empresas están otorgando a la gobernanza el mismo nivel de atención que conceden a los compromisos ambientales y sociales?
Esta es una pregunta especialmente pertinente para equipos de sostenibilidad. La gobernanza puede parecer menos visible para las audiencias externas, pero constituye la infraestructura que permite que muchos compromisos ambientales y sociales sean creíbles y sostenibles.
¿Cómo debería cambiar la evaluación de riesgos cuando entre las personas potencialmente afectadas existen grupos con menor capacidad económica para enfrentar las consecuencias?
La vulnerabilidad de los grupos afectados debería formar parte del análisis. La responsabilidad empresarial no consiste solamente en identificar la probabilidad de un impacto, sino también en comprender su gravedad y a quién puede afectar con mayor intensidad.
Lecciones finales del caso Evergrande
Evergrande deja una lección que trasciende al sector inmobiliario: la sostenibilidad empresarial no puede separarse de la gobernanza. Los impactos corporativos pueden extenderse desde los estados financieros hasta la vida de personas que difícilmente pueden absorber las consecuencias de decisiones tomadas lejos de ellas.
Para quienes trabajamos en RSE, el caso invita a revisar tres asuntos: la calidad de los mecanismos de supervisión, la integración de los riesgos sociales en las decisiones estratégicas y la capacidad de la organización para rendir cuentas.
La recomendación es sencilla: no esperes a que una crisis revele las debilidades de la gobernanza. Incorpora la sostenibilidad en las decisiones importantes del negocio, identifica quién puede resultar afectado y fortalece los contrapesos antes de necesitarlos. Una estrategia responsable no consiste únicamente en generar valor; también exige comprender cómo se genera, qué riesgos crea y quién puede terminar pagando el costo cuando las decisiones fallan.
México atraviesa una crisis hídrica que ya es visible en distintas regiones del país. La escasez y distribución desigual del agua, la contaminación de cuerpos de agua, la infraestructura deficiente, los retos de gestión y la necesidad de conservar ecosistemas fundamentales, como acuíferos, ríos y humedales, son algunos de los principales problemas que actualmente ponen en riesgo el acceso a este recurso.
Frente a desafíos de tal magnitud, encontrar nuevas maneras de gestionar, conservar y aprovechar el agua no puede depender de un solo actor. La colaboración entre empresas, academia, emprendedores, autoridades y sociedad civil resulta indispensable para convertir el conocimiento en soluciones capaces de generar beneficios en nuestras comunidades.
Y es precisamente bajo esta visión que Niagara Bottling México —uno de los proveedores líderes de agua embotellada y de marca blanca— ha apostado por la innovación como una vía para generar soluciones a cada uno de estos retos. Por eso, este 2026, la compañía se ha unido nuevamente a INNODROP, una de las alianzas de Niagara más importantes en materia de innovaciones hídricas.
Niagara impulsa INNODROP para fortalecer el futuro del agua en México
Gracias al respaldo de Niagara Bottling México, Grupo Modelo, Grupo Herdez y el Centro Regional de Seguridad Hídrica de la UNESCO (CERSHI), además de la colaboración de la UNAM, ha llegado la cuarta edición deINNODROP, Incubadora de Talento Hídrico, una plataforma que busca apoyar a proyectos innovadores capaces de resolver los retos de seguridad hídrica en México.
Por ende, los proyectos participantes deben responder a alguno de los grandes retos que enfrenta el país, tales como la conservación y/o restauración de ecosistemas, la formación de comunidades resilientes, la producción agrícola eficiente y el desarrollo de procesos industriales circulares.
La convocatoria para formar parte de esta iniciativa está dirigida a tres perfiles: estudiantes universitarios con residencia en México, emprendedores mayores de edad con operaciones en el país y grupos de investigación integrados por profesores y académicos que cuenten con propuestas para atender los desafíos de la agenda hídrica. De esta manera, INNODROP no sólo busca ideas, sino que abre un espacio para que diferentes conocimientos, experiencias y capacidades puedan encontrarse y convertirse en posibilidades de un mejor futuro para las y los mexicanos, por lo que, además ofrece un capital semilla de hasta 180 mil pesos, asesoría técnica y vinculación con especialistas que ayudarán a llevar a la realidad las propuestas más valiosas.
El Centro Regional de Seguridad Hídrica bajo los auspicios de la #UNESCO, Grupo Modelo, Grupo Herdez, Niagara Bottling México, en colaboración con la Universidad Nacional Autónoma de México, unen esfuerzos para lanzar la incubadora de talento… pic.twitter.com/3IYgqS1Xvw
Por todo ello, esta es sin duda una de las alianzas de Niagara que permite no sólo conectar talento y conocimiento, sino también proporcionar los medios para que las ideas puedan avanzar hacia aplicaciones capaces de generar impactos positivos en nuestras comunidades.
Las alianzas de Niagara: innovación que busca generar bienestar en las comunidades
Para Niagara Bottling México, participar en iniciativas como INNODROP es parte de su misión social, ya que la compañía está fuertemente comprometida con generar bienestar en las comunidades mexicanas a través de soluciones innovadoras que permitan resolver los desafíos de seguridad hídrica a los que se enfrentan. Sin embargo, para Niagara, innovar no consiste únicamente en desarrollar tecnologías o procesos más eficientes, sino en encontrar nuevas formas de responder a las necesidades sociales y utilizar responsablemente los recursos, pues tal como lo explica Luis Julián Hernández, Director de Asuntos Públicos y Sustentabilidad de Niagara México, el verdadero valor de la innovación está en ponerla al servicio de la gente para ofrecerles un futuro mejor:
“En Niagara Bottling México estamos convencidos de que la innovación genera mayor valor cuando se pone al servicio de las personas. INNODROP es una oportunidad para impulsar el talento que desarrollará las soluciones hídricas que el país necesita”.
La participación de Niagara en INNODROP también refleja una concepción de la RSE orientada al largo plazo. Fortalecer el ecosistema de innovación, abrir oportunidades para estudiantes, emprendedores e investigadores y acercarlos con empresas y especialistas puede contribuir a que las soluciones desarrolladas no se queden en una idea, sino que tengan mayores posibilidades de crecer y beneficiar a más personas. Para la compañía, fortalecer estas alianzas representa una manera de contribuir al bienestar de largo plazo de las comunidades y al desarrollo de soluciones que puedan beneficiar a México.
En este contexto, INNODROP funciona como un vehículo para llevar la RSE de la embotelladora más allá y conectarla con uno de los desafíos ambientales y sociales más importantes del país. Así, esta iniciativa que se ha convertido en una de las más importantes alianzas de Niagara muestra que impulsar la sostenibilidad no necesariamente significa resolver un problema de manera individual, sino que también puede significar ayudar a construir las condiciones para que otros puedan hacerlo.
Niagara: innovar para construir un futuro hídrico más resiliente
Ante los principales desafíos hídricos de México, las alianzas de Niagara buscan impulsar soluciones capaces de generar bienestar social y ambiental y es por eso que la compañía se ha sumado un año más a INNODROP, un espacio donde las ideas encuentran acompañamiento y mayores posibilidades de convertirse en soluciones reales.
Sin duda, para Niagara, formar parte de este esfuerzo representa una manera de contribuir al desarrollo de un México con mayor resiliencia hídrica y en el que cada propuesta significa potencialmente una oportunidad para mejorar la vida de las personas. Porque frente a un desafío compartido, construir soluciones también es una responsabilidad que se comparte.
Facebook e Instagram llegaron a convertirse en parte cotidiana de la vida digital de millones de personas, pero ahora sus mecanismos de interacción están bajo un escrutinio que podría cambiar la manera en que las plataformas operan. Una coalición bipartidista de 29 estados de Estados Unidos lleva a Meta ante un tribunal federal de California. La acusación central sostiene que la compañía diseñó sus redes sociales para generar comportamientos adictivos entre niños y adolescentes. El caso, además, cuestiona si Meta fue transparente respecto a los riesgos que sus plataformas podían representar para los usuarios jóvenes. Por eso, el juicio vs Meta podría convertirse en uno de los litigios más relevantes sobre responsabilidad tecnológica de los últimos años.
El proceso comenzó este martes en Oakland con los argumentos iniciales de los estados de Colorado, California, Nueva Jersey y Kentucky, que encabezan la coalición. Un jurado compuesto por ocho personas participará como asesor de la jueza federal Yvonne Gonzalez Rogers, quien tendrá la decisión final sobre el caso. Durante las próximas semanas se espera que comparezcan figuras clave de la compañía, incluido Mark Zuckerberg y el responsable de Instagram, Adam Mosseri. El desenlace podría obligar a Meta no solo a pagar una cantidad millonaria, sino también a modificar algunas de las funciones que sostienen la experiencia de sus plataformas.
¿De qué acusa el juicio vs Meta a Facebook e Instagram?
El eje de la demanda es una pregunta que ha adquirido cada vez mayor relevancia para las empresas tecnológicas: ¿hasta dónde llega la responsabilidad de una plataforma cuando sus herramientas están diseñadas para mantener al usuario conectado?
Los cuatro estados que encabezan el proceso sostienen que Meta diseñó Facebook e Instagram de manera deliberada para generar adicción entre niños y adolescentes. La acusación pone bajo la lupa características y mecanismos de las plataformas que pueden incentivar el uso recurrente, prolongado y constante de las aplicaciones.
El caso no se limita, sin embargo, al diseño de los productos. Los fiscales también acusan a Meta de haber engañado a los consumidores sobre la seguridad de sus plataformas para los usuarios jóvenes. Desde esta perspectiva, el problema no estaría únicamente en que determinadas funciones puedan fomentar una interacción excesiva, sino en la presunta distancia entre los riesgos que enfrentan los menores y la manera en que la empresa comunicó la seguridad de sus servicios.
A esto se suma una segunda vertiente de acusaciones respaldada por los 29 estados participantes: la recopilación y utilización indebida de datos personales de menores mientras utilizaban las plataformas. De comprobarse estas conductas, el caso adquiriría una dimensión que va más allá de la salud mental y alcanzaría cuestiones relacionadas con privacidad, protección de datos y responsabilidad corporativa.
Para las empresas, este punto es especialmente relevante. La discusión sobre redes sociales ya no gira únicamente alrededor de qué contenidos aparecen en pantalla, sino también de cómo se diseñan los productos, qué información recopilan y qué decisiones toman sus algoritmos para mantener la atención de sus usuarios.
🚨Meta faces a $1.4 trillion threat as a landmark social media addiction trial begins. ⚖️ The Facebook and Instagram parent company led by founder Mark Zuckerberg will face attorneys general representing California, Colorado, Kentucky, and New Jersey in federal court in Oakland,… https://t.co/j5zAt198Typic.twitter.com/0uMoPOXahO
Frente a las acusaciones, Meta sostiene que ha realizado enormes esfuerzos para proteger a los menores en internet. La compañía rechaza haber realizado declaraciones engañosas sobre la seguridad de sus plataformas y cuestiona que los estados hayan presentado pruebas suficientes de daños reales sufridos por sus residentes.
El argumento de la empresa busca poner en duda la relación directa entre las características de sus aplicaciones y los perjuicios que los estados atribuyen a Facebook e Instagram. En particular, Meta ha señalado que los fiscales generales no presentan pruebas de que alguna persona en sus estados haya sido engañada por la compañía.
La defensa también cuestiona que determinadas funciones, como tener una cuenta adicional de Instagram, puedan considerarse por sí mismas perjudiciales para los usuarios. De acuerdo con el portavoz de Meta, los estados estarían intentando responsabilizar a la compañía por problemas que afectan al sector tecnológico en su conjunto, como la dificultad para implementar sistemas eficaces de verificación de edad.
Este argumento será uno de los puntos centrales del juicio vs Meta: determinar si las características de las plataformas pueden analizarse como decisiones empresariales independientes o si, por el contrario, forman parte de un diseño que incrementa deliberadamente los riesgos para los menores.
La presencia de Zuckerberg y Mosseri como testigos añade otra dimensión al proceso. Que los máximos responsables de Meta e Instagram deban explicar ante el tribunal las decisiones relacionadas con el diseño y la seguridad de las plataformas muestra hasta qué punto el caso puede alcanzar a la propia gobernanza de la compañía.
Meta podría enfrentar indemnizaciones millonarias y cambios en sus plataformas
Una de las dimensiones que más atención ha generado alrededor del juicio vs Meta es su posible impacto financiero. La compañía ha señalado que las sanciones podrían alcanzar hasta 1.4 billones de dólares, una cantidad cercana a su capitalización bursátil estimada en 1.5 billones de dólares.
Los fiscales generales todavía no han especificado oficialmente la cantidad que buscan obtener. Sin embargo, durante una audiencia celebrada la semana pasada señalaron que la cifra podría rondar los 200,000 millones de dólares. Aunque se trata de una estimación y no de una sanción determinada por el tribunal, el monto permite dimensionar la magnitud económica que podría alcanzar el litigio.
Pero el dinero no sería la única consecuencia. Los fiscales generales de Colorado, Kentucky, California y Nueva Jersey también solicitaron a la jueza que obligue a Meta a implementar cambios en sus plataformas a escala nacional.
Entre las medidas planteadas se encuentran restricciones de edad, la eliminación de la función de desplazamiento infinito o infinite scroll y otras modificaciones en el funcionamiento de sus servicios. De prosperar, estas disposiciones podrían tener un impacto que trascendería los estados involucrados y modificaría la experiencia de millones de usuarios.
Esto convierte al caso en algo más que una disputa económica. Si el tribunal determina que determinadas decisiones de diseño contribuyeron a generar daños entre menores, la sentencia podría establecer nuevas expectativas sobre la responsabilidad de las compañías tecnológicas frente al bienestar de sus usuarios.
Para el sector empresarial, la lección también alcanza a otras industrias: diseñar productos para maximizar la interacción puede generar beneficios comerciales, pero cuando esa estrategia involucra a menores y puede relacionarse con riesgos para su bienestar, las compañías necesitan incorporar mecanismos de prevención, transparencia y rendición de cuentas desde la etapa de diseño.
🚨🇺🇸 BREAKING:
Mark Zuckerberg just walked into LA court surrounded by cameras.
He's set to testify in the massive social media addiction trial against Meta.
Parents are blaming Instagram & Facebook for harming kids' mental health.
Una prueba para la responsabilidad de las plataformas
El juicio vs Meta llega en un momento en que las consecuencias sociales de las redes digitales ocupan un lugar cada vez más importante en la conversación pública. Lo que está en juego no es únicamente cuánto dinero podría pagar una de las compañías tecnológicas más grandes del mundo, sino qué límites deberían existir cuando las decisiones de diseño de una plataforma pueden afectar especialmente a niños y adolescentes.
El caso obliga a mirar la tecnología más allá de sus indicadores de crecimiento y engagement. La cantidad de usuarios, el tiempo de permanencia o la frecuencia con que una persona abre una aplicación pueden ser métricas relevantes para el negocio, pero no necesariamente reflejan el impacto que ese modelo tiene sobre quienes utilizan el producto.
Para Meta, una derrota podría traducirse en indemnizaciones extraordinarias y modificaciones profundas a sus plataformas. Para el resto de la industria, en cambio, podría convertirse en una advertencia sobre la necesidad de incorporar el bienestar de los usuarios, la protección de menores y la privacidad como elementos centrales de la innovación. El verdadero precedente del caso podría estar, precisamente, en establecer que la responsabilidad de una empresa tecnológica también alcanza la manera en que sus productos están diseñados para captar y retener nuestra atención.
La inteligencia artificial generativa está entrando en oficinas, fábricas y procesos productivos para asumir tareas que antes requerían la intervención directa de personas. No obstante, cuando la automatización deja de transformar tareas y comienza a eliminar puestos, también aparecen consecuencias para quienes pierden su empleo.
En México, este escenario no necesariamente puede resolverse como un despido ordinario, pues la legislación contempla reglas específicas cuando una reestructuración tecnológica reduce la plantilla. Por ello, las indemnizaciones por despidos de IA comienzan a convertirse en un asunto que las organizaciones deben considerar junto con la inversión tecnológica.
¿Cuándo proceden las indemnizaciones por despidos de IA en México?
La legislación laboral mexicana no establece una figura denominada específicamente “despido por inteligencia artificial”. Sin embargo, de acuerdo con Héctor De la Cruz, socio del despacho De la Vega & Martínez Rojas, la sustitución de puestos como consecuencia de una innovación tecnológica puede encuadrarse en el artículo 439 de la Ley Federal del Trabajo, relacionado con la implantación de maquinaria o procedimientos nuevos de trabajo.
El punto relevante aparece cuando la adopción tecnológica reduce la plantilla laboral. En estos escenarios, si no existe un convenio previo entre las partes, la organización debe tramitar la autorización correspondiente ante el Tribunal Laboral para poder concretar las bajas, explicó el especialista.
La consecuencia económica también está contemplada. Cuando la terminación de la relación laboral se concreta bajo este supuesto, el trabajador afectado tiene derecho a un esquema de indemnización que comprende cuatro meses de salario, 20 días de sueldo por cada año de servicios prestados y la prima de antigüedad correspondiente.
Por ello, no cualquier incorporación de IA que modifique las actividades de una persona significa automáticamente que existen indemnizaciones por despidos de IA. La clave está en determinar si la innovación tecnológica provoca un desplazamiento de personal y si la empresa cumple con el procedimiento laboral aplicable. Para las áreas de recursos humanos, legal y responsabilidad social, esta distinción resulta fundamental antes de ejecutar una reestructuración.
¿Qué trabajos son más susceptibles de automatizarse en México?
El impacto de la IA sobre el empleo tampoco ocurre de una sola manera. Héctor De la Cruz identifica cuatro escenarios: exposición, automatización, transformación y desplazamiento.
Un empleo está expuesto cuando sus tareas pueden ser realizadas por algoritmos inteligentes. Existe automatización cuando esos procesos requieren una participación humana mínima; transformación cuando cambian las capacidades y herramientas necesarias para desempeñar el puesto; y desplazamiento cuando la innovación tecnológica termina por eliminar estructuralmente las vacantes.
Esta distinción es importante porque estar expuesto a la IA no equivale necesariamente a desaparecer. Una ocupación puede incorporar herramientas inteligentes y, al mismo tiempo, conservar a la persona que toma decisiones, supervisa procesos o desarrolla nuevas capacidades. El riesgo más significativo para las relaciones laborales aparece cuando esa transformación llega al punto de hacer innecesaria una posición.
En México, las cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) muestran la dimensión del fenómeno: 19% del empleo registra exposición a la inteligencia artificial generativa. La medición considera aquellas ocupaciones en las que al menos 20% de las tareas podrían realizarse en la mitad del tiempo utilizando estas herramientas.
A escala global, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que 3.3% del empleo se encuentra en el nivel de mayor exposición. Entre las ocupaciones con mayor presencia en este grupo aparecen labores administrativas y de apoyo, en las que además existe una importante participación de mujeres.
Los datos muestran, por tanto, que la conversación sobre automatización no debería reducirse a una pregunta sobre qué puestos desaparecerán. También es necesario identificar qué tareas cambiarán, qué nuevas habilidades requerirán los trabajadores y qué posiciones podrían evolucionar gracias a la tecnología.
¿Cómo pueden las empresas equilibrar IA y empleo?
Para las organizaciones, anticipar las posibles indemnizaciones por despidos de IA debería formar parte de la planeación de cualquier proyecto de automatización que pueda modificar significativamente la plantilla. La tecnología no puede evaluarse únicamente por su capacidad para reducir costos o aumentar la productividad: también deben considerarse sus efectos laborales y las obligaciones que surgen cuando el cambio implica desplazar personas.
Una estrategia responsable comienza por distinguir entre automatizar tareas y eliminar puestos. Antes de decidir una baja, las compañías pueden identificar qué actividades pueden ser asumidas por la IA y cuáles requieren capacidades humanas como criterio, creatividad, supervisión, toma de decisiones o interacción con otras personas. Esta evaluación puede abrir oportunidades para rediseñar puestos en lugar de suprimirlos.
La capacitación también puede convertirse en una herramienta para equilibrar productividad y empleo. Si la incorporación de IA modifica las capacidades necesarias para un cargo, invertir en formación y reconversión profesional puede permitir que los trabajadores evolucionen junto con sus funciones. Así, la transformación tecnológica no tiene que traducirse necesariamente en desplazamiento laboral.
Desde la responsabilidad social empresarial, este enfoque implica asumir que la innovación tiene una dimensión humana. Las empresas que implementan IA pueden establecer mecanismos para evaluar el impacto de sus decisiones sobre los trabajadores, comunicar anticipadamente los cambios, ofrecer alternativas de capacitación y analizar si determinadas posiciones pueden transformarse antes de optar por su eliminación.
Además, incorporar desde el inicio las variables legales permite evitar que una decisión tecnológica termine convirtiéndose en un conflicto laboral. Como señala De la Cruz, la llegada de estas herramientas ya genera interrogantes sobre las obligaciones empresariales cuando modifican sustancialmente la organización del trabajo. Anticipar esas consecuencias permite que las compañías innoven con mayor certidumbre y, al mismo tiempo, protejan los derechos de las personas.
Automatizar no debería significar simplemente reemplazar
La inteligencia artificial puede transformar profundamente el mercado laboral, pero el verdadero desafío para las empresas será decidir cómo quieren llevar a cabo esa transformación. Automatizar procesos puede generar eficiencia y productividad, pero hacerlo sin considerar a quienes desempeñan las funciones que serán modificadas puede tener consecuencias económicas, legales y sociales. Las indemnizaciones por despidos de IA son solo una parte de ese costo.
Para las organizaciones comprometidas con una gestión responsable, el objetivo debería ser encontrar un equilibrio entre innovación y empleo. Capacitar, reconvertir puestos y rediseñar funciones pueden ser alternativas para aprovechar las ventajas de la IA sin convertir automáticamente cada avance tecnológico en una baja laboral. Porque la pregunta ya no es solamente si la IA puede hacer un trabajo, sino si las empresas están preparadas para construir una transición tecnológica en la que productividad y personas puedan avanzar juntas.
Hablar del mercado laboral mexicano únicamente a partir de la tasa de desempleo puede ofrecer una fotografía incompleta de la realidad. Aunque 1.8 millones de personas están activamente buscando trabajo y no lo encuentran, existen otros grupos que también enfrentan dificultades para acceder a las oportunidades laborales que necesitan. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el desempleo por sí solo no refleja toda la magnitud de estos desafíos.
Por eso, en su más reciente informe Hacer que los mercados laborales funcionen: mejorar la productividad y el bienestar de los trabajadores en América Latina y el Caribe propone mirar el déficit de empleo desde una perspectiva más amplia. Bajo esta medición, la brecha laboral en México alcanza a 10.4 millones de personas, equivalentes al 15.7% de la fuerza de trabajo potencial. La cifra incluye a quienes no tienen empleo, pero también a quienes trabajan menos horas de las que necesitan y a quienes han dejado de buscar trabajo por desaliento.
¿Qué es la brecha laboral en México y por qué importa?
La brecha laboral en México es un indicador que permite dimensionar la necesidad de empleo más allá de la desocupación tradicional. De acuerdo con El Economista, su planteamiento tiene como antecedente el trabajo de los economistas David Blanchflower y Andrew Levin, quienes señalaron que, después de una recesión y durante una recuperación lenta, la atonía del mercado laboral no puede medirse únicamente con la tasa de desempleo.
El indicador contempla tres grupos. El primero está integrado por las personas desempleadas que buscan activamente una oportunidad; el segundo, por quienes tienen un empleo, pero trabajan menos horas de las que necesitan y están disponibles para trabajar más; y el tercero, por aquellas personas que están fuera de la fuerza laboral, pero tienen disponibilidad para incorporarse y han dejado de buscar empleo porque se sienten desalentadas.
Esta perspectiva permite entender que tener un empleo no necesariamente significa que las necesidades laborales de una persona estén cubiertas. Como señala el BID en su estudio, “muchos trabajadores contabilizados como ‘ocupados’ desearían trabajar más horas, pero no encuentran empleos adecuados”, mientras que otros abandonan la búsqueda después de intentos infructuosos.
Por ello, la brecha laboral funciona como una medida de la subutilización de la fuerza laboral. No sustituye a la tasa de desempleo, sino que la complementa para ofrecer una visión más completa sobre cuánto talento, tiempo y capacidad productiva permanecen desaprovechados en una economía.
10.4 millones de personas revelan un mercado laboral subutilizado
Los datos de la última Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) permiten dimensionar cada componente de esta problemática. En México, la tasa de desempleo es de 2.9%, equivalente a 1.8 millones de personas que buscan activamente un trabajo sin encontrarlo.
A este grupo se suman 3.9 millones de personas subocupadas, que representan 6.5% de la población ocupada. Son trabajadores que cuentan con un empleo, pero tienen una jornada reducida y necesitan y están disponibles para trabajar más horas de las que actualmente les ofrece el mercado.
El tercer componente está conformado por 4.7 millones de personas disponibles para trabajar que permanecen fuera de la población económicamente activa porque se han desalentado de buscar una oportunidad. Aunque no aparecen en las estadísticas tradicionales de desempleo, su situación también refleja una necesidad de incorporarse al mercado laboral.
Al sumar los tres grupos, la brecha laboral en México llega a 15.7% de la fuerza de trabajo potencial, lo que equivale a 10.4 millones de hombres y mujeres con necesidad de empleo. En términos comparativos, es una cifra casi seis veces superior a los 1.8 millones de personas contabilizadas como desempleadas.
El contraste también resulta relevante frente al contexto regional. Según el BID, la brecha laboral en América Latina alcanza 13.5%, por lo que México se encuentra por encima del promedio. Esto significa que el desafío no consiste únicamente en generar más puestos de trabajo, sino en crear oportunidades capaces de aprovechar de mejor manera la disponibilidad y las capacidades de quienes forman parte de la fuerza laboral potencial.
¿Qué pueden hacer las empresas frente a esta brecha?
Para las compañías, el dato de 10.4 millones de personas plantea una conversación que va más allá de la generación de empleos. Desde una perspectiva de responsabilidad social empresarial, también obliga a preguntarse qué tan accesibles, suficientes y adecuados son los puestos de trabajo que ofrece el sector privado.
Una primera respuesta está en diseñar oportunidades laborales que respondan a diferentes necesidades de las personas. La flexibilidad, por ejemplo, puede ayudar a que quienes actualmente trabajan menos horas puedan ampliar su participación laboral cuando así lo desean. Del mismo modo, esquemas de capacitación y desarrollo de habilidades pueden contribuir a que personas que han abandonado la búsqueda encuentren nuevas rutas de incorporación.
Las empresas también pueden revisar sus procesos de reclutamiento para identificar barreras que excluyen innecesariamente a determinados perfiles. Ampliar los criterios de selección, fortalecer programas de formación y establecer rutas de crecimiento profesional puede permitir que más personas encuentren oportunidades acordes con sus capacidades.
El reto, sin embargo, no consiste únicamente en contratar más. También implica avanzar hacia empleos de mayor calidad, con condiciones que permitan a las personas desarrollar su potencial y obtener ingresos suficientes. Para las áreas de responsabilidad social, recursos humanos y sostenibilidad, la brecha laboral puede convertirse así en un indicador para evaluar qué tan incluyentes son sus estrategias de talento y cuánto contribuyen realmente a la movilidad social.
Reducir la brecha laboral en México requiere, por tanto, una responsabilidad compartida entre gobierno, empresas y otros actores del mercado. Las compañías tienen capacidad para incidir mediante empleos dignos, capacitación, inclusión laboral y modelos de trabajo que respondan a las necesidades reales de las personas. Atender esta dimensión no solo puede beneficiar a quienes buscan mejores oportunidades; también permite que las organizaciones aprovechen una mayor cantidad de talento disponible.
Una cifra que obliga a mirar más allá del desempleo
La principal aportación de la medición propuesta por el BID es mostrar que el mercado laboral puede enfrentar un déficit importante incluso cuando la tasa de desempleo parece relativamente baja. Los 1.8 millones de personas sin trabajo que buscan activamente una oportunidad son solo una parte del problema: detrás de ellas existen millones de trabajadores subocupados y personas disponibles que han abandonado la búsqueda.
Para las empresas, conocer esta realidad significa ampliar la conversación sobre empleo y productividad. Una economía que no logra aprovechar plenamente el talento y el tiempo de su población también está dejando escapar oportunidades de crecimiento, generación de riqueza y movilidad social. Por ello, cerrar la brecha laboral en México no debería entenderse únicamente como un desafío estadístico, sino como una oportunidad para construir un mercado laboral más productivo, incluyente y capaz de ofrecer mejores condiciones para las personas.