Las 10 mejores empresas del mundo en 2026… ¿también son las más responsables?

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TIME y Statista dieron a conocer este 9 de septiembre su cuarta edición de World’s Best Companies 2026, un ranking que reconoce a 1,000 compañías a escala global a partir de tres dimensiones: satisfacción de los empleados, crecimiento de ingresos y transparencia en sostenibilidad. La lista llega en un momento particularmente marcado por la inteligencia artificial: Nvidia ocupa nuevamente el primer lugar, mientras que empresas vinculadas con la infraestructura de IA, los semiconductores, las telecomunicaciones y hasta la industria de defensa ganan posiciones.

Pero el listado tiene un dato especialmente interesante para quienes siguen la responsabilidad social empresarial: la sostenibilidad no es un elemento decorativo, sino una de las tres variables que determinan la posición final. TIME y Statista incorporaron indicadores ambientales, sociales y de gobernanza para construir un índice específico de Sustainability Transparency y de hecho informan que cuestiones como la sostenibilidad/transparencia ESG representan un tercio de la puntuación final. No obstante, esto quiere decir que ser una de las mejores empresas del mundo en 2026 no necesariamente significa ser una de las compañías con mejor desempeño en sostenibilidad. Por eso, a continuación, Expok revisa precisamente esta brecha.

¿Cómo se construyó el ranking de las mejores empresas del mundo en 2026?

El estudio de TIME y Statista evaluó a las compañías mediante tres grandes dimensiones, cada una con el mismo peso en la puntuación final. La primera fue satisfacción de los empleados, a partir de información de más de 200,000 trabajadores en todo el mundo, incluyendo recomendaciones de empleados verificados y evaluaciones indirectas de pares de la industria.

La segunda dimensión fue crecimiento de ingresos. Statista utilizó su base de datos financiera y consideró compañías que, entre otros criterios, generaron al menos 100 millones de dólares en ingresos en 2024 o 2025 y registraron crecimiento positivo durante los últimos tres años. Se analizaron tanto el crecimiento absoluto como el relativo.

La tercera fue transparencia en sostenibilidad, calculada mediante información ESG de la base de datos de Statista y una investigación específica. En materia ambiental se consideraron la intensidad de emisiones de carbono de 2024, la reducción frente a 2022 y la calificación de CDP. En el componente social se evaluó, entre otros aspectos, la proporción de mujeres en el consejo y la existencia de una política de derechos humanos. En gobernanza se revisó la existencia de un reporte de responsabilidad social alineado con GRI y de políticas de cumplimiento o anticorrupción.

Los resultados de las tres dimensiones se consolidaron en un modelo de puntuación de hasta 100 puntos y, con base en él, se seleccionaron las 1,000 compañías reconocidas como World’s Best Companies 2026.

Esto es importante: la clasificación general no es un ranking exclusivamente financiero ni de reputación corporativa. La sostenibilidad forma parte de la fórmula. Sin embargo, que tenga un peso equivalente no significa que una compañía que lidera el ranking general tenga necesariamente un desempeño sobresaliente en ESG.

¿Cuáles son las mejores empresas del mundo en 2026?

La composición del listado resulta reveladora. Seis de las diez primeras compañías están directamente relacionadas con tecnología, plataformas digitales, inteligencia artificial o infraestructura tecnológica, mientras que las otras cuatro pertenecen a sectores financieros, telecomunicaciones, automotriz y aeroespacial.

mejores empresas del mundo en 2026

NVIDIA, además, mantiene el liderazgo por segundo año consecutivo. TIME señala que el crecimiento de la economía de IA continúa siendo uno de los grandes motores detrás del desempeño de las compañías que aparecen en los primeros lugares.

Pero ¿qué tan responsables son realmente estas empresas? Veámos:

1. NVIDIA: innovación en IA con un desafío energético creciente

NVIDIA, número uno del ranking de TIME y Statista, ocupa el lugar 43 en el subranking de Sustainability Transparency, una diferencia que resulta especialmente interesante para analizar su liderazgo corporativo. En materia ambiental, la compañía reporta que en su año fiscal 2025 compró o generó suficiente electricidad renovable para igualar el 100% de su consumo global de electricidad. También señala que sus GPU Blackwell pueden alcanzar más de 50 veces la eficiencia energética de CPU tradicionales para determinadas cargas de inferencia de IA.

En el ámbito social, NVIDIA también desarrolla iniciativas de inclusión y oportunidades laborales, mientras que su fundación canaliza recursos hacia las comunidades. El reto ESG de la compañía está en que la eficiencia tecnológica ocurre en paralelo con una expansión acelerada de la inteligencia artificial y de la infraestructura que la sostiene. Así, su caso plantea una pregunta relevante: ¿cuánto puede compensar la eficiencia de cada generación de chips cuando la demanda total de cómputo crece a una velocidad mucho mayor?

2. Cigna: hacer de la salud y la equidad el centro de su estrategia ESG

Cigna ocupa el segundo lugar general y el 15 en Sustainability Transparency, uno de los desempeños más altos de este top cinco. Su estrategia ESG se estructura alrededor de cuatro pilares: sociedad saludable, fuerza laboral saludable, ambiente saludable y compañía saludable. Esto incluye acciones de equidad en salud, desarrollo del capital humano, cambio climático, operaciones sostenibles, ética empresarial, protección de datos y cadena de suministro responsable.

Su dimensión social resulta particularmente vinculada con el propio negocio: Cigna utiliza análisis de datos para identificar desigualdades relacionadas con determinantes sociales de la salud y diseñar respuestas para poblaciones vulnerables. En materia ambiental, trabaja en la reducción de emisiones, eficiencia de edificios y uso de renovables, con el objetivo de alcanzar 100% de electricidad renovable para 2030. La compañía también ha presentado objetivos de reducción de emisiones a corto plazo ante SBTi para su validación.

3. Apple: materiales reciclados y descarbonización de la cadena de suministro

Apple aparece en el tercer lugar del ranking general y en el 24 de Sustainability Transparency. Su estrategia ambiental está concentrada en Apple 2030, cuyo objetivo es reducir 75% sus emisiones respecto de la línea base de 2015 antes de compensar las emisiones restantes con créditos de carbono de alta calidad. En 2025, Apple reportó una reducción superior al 60% de sus emisiones globales frente a 2015.

La compañía también ha incrementado el uso de materiales reciclados: en 2026 informó que 30% de los materiales utilizados en todos sus productos vendidos durante 2025 fueron reciclados, además de utilizar cobalto 100% reciclado en sus baterías diseñadas por Apple y tierras raras 100% recicladas en sus imanes. Otro avance es la eliminación del plástico de sus empaques. Estos resultados muestran una estrategia que intenta trasladar el ESG al propio diseño del producto y a la cadena de suministro, aunque la escala de fabricación de Apple mantiene abierta la discusión sobre el impacto total de su modelo de consumo tecnológico.

4. Meta: clima, agua y derechos humanos en una compañía digital de gran escala

Meta ocupa el cuarto puesto general, pero aparece mucho más abajo, en el 271 de Sustainability Transparency. La compañía centra actualmente su estrategia de sostenibilidad en clima, agua, abastecimiento responsable y biodiversidad. Entre sus objetivos se encuentra alcanzar emisiones netas cero en toda su cadena de valor y ser positiva en agua para 2030, además de reducir 42% sus emisiones de alcance 1 y 2 para 2031 respecto de 2021.

Meta también reporta que en 2024 igualó el 100% de su consumo eléctrico con energía limpia y renovable, apoyando proyectos que incorporan casi 29 GW de nueva capacidad. En el ámbito de cadena de suministro, señala que 48% de sus proveedores ya habían establecido objetivos de reducción de emisiones basados en ciencia y que más de 60,000 trabajadores de manufactura habían recibido capacitación relacionada con derechos humanos y cumplimiento ambiental. El contraste entre su cuarto lugar general y el 271 en transparencia de sostenibilidad resulta, por ello, especialmente interesante para analizar la brecha entre éxito empresarial y desempeño ESG.

5. AstraZeneca: salud, acceso y reducción de emisiones

AstraZeneca ocupa el quinto lugar del ranking general y el 23 en Sustainability Transparency, lo que la coloca, junto con Cigna y Apple, entre las compañías del top cinco con posiciones relativamente fuertes en esta dimensión. Su estrategia ESG se articula alrededor de clima y naturaleza, equidad en salud y resiliencia de los sistemas sanitarios. En 2025, la farmacéutica reportó una reducción de 88.1% de sus emisiones de alcance 1 y 2 respecto de 2015.

La dimensión social es especialmente relevante: AstraZeneca señala que sus medicamentos llegan a más de 100 millones de vidas cada año y que desde 2024 ha impactado positivamente a 320 millones de personas, incluidas 156 millones pertenecientes a grupos desatendidos. Además, mantiene programas de equidad sanitaria y alianzas para fortalecer sistemas de salud en distintos países. Su caso muestra cómo el ESG puede integrarse directamente con el propósito y la actividad principal de una empresa: reducir su huella ambiental mientras intenta ampliar el acceso a soluciones de salud.

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6. Microsoft: descarbonización, agua y gobernanza responsable de la IA

Microsoft ocupa el sexto lugar del ranking general y el 691 en Sustainability Transparency. En materia ambiental, la compañía mantiene su objetivo de ser carbono negativa, positiva en agua y cero residuos para 2030. En su reporte de 2026 informó que durante el ejercicio fiscal 2025 logró igualar el 100% de su consumo anual de electricidad con energía renovable y repuso más de 14.2 millones de m³ de agua, superando el volumen que retiró. También alcanzó una tasa de reutilización y reciclaje de 92% de su hardware cloud retirado.

El componente social y de gobernanza adquiere especial relevancia por el crecimiento de la IA. Microsoft cuenta con una estrategia de Responsible AI basada en seis principios: equidad, seguridad y confiabilidad, privacidad y seguridad, inclusión, transparencia y rendición de cuentas. En 2026 publicó además un nuevo reporte de transparencia sobre IA responsable, que documenta cómo está fortaleciendo la evaluación de riesgos, la gobernanza y la supervisión de sistemas de IA. Así, su estrategia ESG no se limita a la huella ambiental de sus centros de datos, sino que también aborda los impactos sociales de la tecnología que está expandiendo.

7. Deutsche Telekom: neutralidad climática y transformación digital inclusiva

Deutsche Telekom ocupa el séptimo lugar del ranking general y el 59 en Sustainability Transparency. La empresa alcanzó a finales de 2025 la neutralidad neta de carbono en sus propias operaciones, después de reducir en más de 94% sus emisiones de alcance 1 y 2 respecto de 2017. Además, utiliza electricidad proveniente de fuentes renovables desde 2021 y busca reducir 55% sus emisiones de alcance 1, 2 y 3 para 2030, como paso hacia la neutralidad climática de toda su cadena de valor en 2040.

Su estrategia también incorpora circularidad y acceso digital. Deutsche Telekom reporta que desde 2022 logró enviar cero residuos electrónicos a rellenos sanitarios en Alemania y Europa y que utiliza empaques sin plástico para sus nuevos equipos y smartphones. En el frente social, la compañía coloca la inclusión digital, la privacidad y la seguridad como parte de su responsabilidad empresarial. El caso resulta relevante porque vincula la sostenibilidad ambiental con el propio negocio de telecomunicaciones: mejorar la eficiencia de las redes y ampliar el acceso digital forman parte de su propuesta ESG.

8. Accenture: reducción de emisiones y una apuesta por la IA sostenible

Accenture aparece en el octavo lugar del ranking general y en el 4 de Sustainability Transparency, el mejor resultado de transparencia en sostenibilidad entre las empresas ubicadas del sexto al décimo lugar. La consultora mantiene objetivos climáticos aprobados por la SBTi y, durante el ejercicio fiscal 2025, consiguió que el 100% de la electricidad consumida en sus instalaciones estuviera cubierta por contratos de electricidad renovable. También redujo 91% sus emisiones de alcance 1 y 2 respecto de 2019, mientras que la intensidad de sus emisiones de alcance 3 disminuyó 61% frente a su objetivo para 2030.

La empresa está intentando llevar esta estrategia al terreno de la inteligencia artificial, un punto especialmente relevante para su negocio. Accenture trabaja en herramientas para medir las emisiones y costos asociados al uso de IA y promueve prácticas de IA sostenible entre sus equipos y clientes. También reconoce que el crecimiento del negocio y de la IA puede aumentar sus emisiones, particularmente por viajes, proveedores y consumo energético. Esa consideración resulta importante porque muestra una estrategia ESG que no presenta la tecnología únicamente como solución, sino también como una fuente de nuevos impactos que deben gestionarse.

9. McKesson: metas climáticas y responsabilidad en la cadena de suministro

McKesson ocupa el noveno lugar del ranking general y el 75 en Sustainability Transparency. La compañía cuenta con objetivos climáticos aprobados por la Science Based Targets initiative para reducir 50.4% sus emisiones absolutas de alcance 1 y 2 para el ejercicio fiscal 2032, tomando 2020 como año base. También busca que 70% de sus proveedores, calculado por gasto en bienes y servicios adquiridos, tengan objetivos climáticos basados en ciencia para 2027. Para avanzar en estas metas trabaja en eficiencia energética, adquisición de energía renovable, eficiencia de su flota y colaboración con proveedores.

En su dimensión social, McKesson vincula ESG con su actividad central: el acceso y los resultados de salud. Su reporte de impacto FY2025 documenta iniciativas relacionadas con pacientes, trabajadores de la salud y comunidades, mientras que su gobernanza incorpora la supervisión del consejo sobre sostenibilidad y métricas no financieras dentro de los incentivos ejecutivos. El enfoque es relevante porque busca conectar la reducción de emisiones con el impacto social de una compañía cuya operación está directamente relacionada con medicamentos, atención sanitaria y cadenas de suministro.

10. AMD: eficiencia energética para enfrentar el impacto ambiental de la IA

Advanced Micro Devices ocupa el décimo lugar del ranking general y el 48 en Sustainability Transparency. Su estrategia ambiental tiene un desafío particularmente ligado a su negocio: contener el creciente consumo energético de la inteligencia artificial y la computación de alto rendimiento. Entre 2020 y 2025, AMD aumentó de 22% a 58% la electricidad procedente de fuentes renovables y redujo 30% sus emisiones operativas. En el mismo periodo consiguió una mejora de 38 veces en la eficiencia energética de nodos utilizados para entrenamiento de IA y HPC, superando su objetivo original de 30 veces.

La empresa también está trasladando sus compromisos a la cadena de suministro: en 2025, 100% de sus proveedores de manufactura contaban con objetivos públicos de reducción de GEI y 82% utilizaban energía renovable. Para 2030, AMD busca reducir 25% la intensidad de carbono de su cadena de suministro y mejorar 20 veces la eficiencia energética de los racks destinados a entrenamiento e inferencia de IA respecto de 2024. Esto convierte la eficiencia del producto y la gestión de proveedores en elementos centrales de su estrategia ESG, especialmente ante el aumento de la demanda energética asociada con la expansión de la IA.

¿Cuáles son las compañías que destacan en sostenibilidad aunque no lideren el ranking general?

Aquí se encuentra quizá la parte más interesante para el público corporativo: las empresas que no necesariamente aparecen entre las primeras posiciones generales, pero sí sobresalen cuando se aísla la dimensión de sostenibilidad. Estas son las diez mejores en ese rubro:

mejores empresas del mundo en 2026

No todas las mejores empresas del mundo en 2026 están lejos de la sostenibilidad

La lectura tampoco debe ser exclusivamente crítica. El hecho de que una compañía no ocupe el primer lugar en la dimensión ESG no significa que carezca de avances relevantes. Precisamente porque la metodología incorpora la sostenibilidad como uno de sus tres pilares, algunas empresas logran combinar un desempeño empresarial destacado con una posición relativamente sólida en transparencia.

Además, el ranking muestra que la sostenibilidad está adquiriendo una importancia estructural en la evaluación empresarial. Statista señala que sus rankings de sostenibilidad consideran indicadores de desempeño corporativo y ambiental, así como información pública y percepciones, y que la transparencia se ha convertido en una dimensión cada vez más relevante para distinguir a las compañías.

En términos de RSE, esto cambia la conversación: ya no basta con tener una estrategia ESG. La capacidad de demostrarla mediante datos comparables también forma parte del desempeño corporativo.

¿Qué lecciones deja el ranking sobre sostenibilidad y éxito corporativo?

La primera es que ser una de las mejores empresas del mundo en 2026 no equivale automáticamente a ser una de las más sostenibles. El caso Nvidia lo demuestra de forma contundente: el primer lugar general convive con una posición 43 en sostenibilidad.

La segunda es que la sostenibilidad ya está integrada en la definición de excelencia empresarial. TIME y Statista no la trataron como un reconocimiento adicional, sino como uno de los tres componentes con el mismo peso que la satisfacción de los empleados y el crecimiento de ingresos.

La tercera es quizá más importante para los consejos de administración: la transparencia ESG puede convertirse en un diferenciador competitivo, pero no sustituye al desempeño real. La metodología combina indicadores ambientales, sociales y de gobernanza; por tanto, publicar información no es suficiente si esa información no refleja avances concretos en emisiones, derechos humanos, diversidad o cumplimiento.

Y finalmente está la lección más incómoda. Las mejores empresas del mundo en 2026 son, en buena medida, un reflejo de las fuerzas económicas que están dominando el mercado: inteligencia artificial, infraestructura digital, semiconductores, telecomunicaciones y defensa. Pero precisamente esas industrias enfrentan algunos de los debates ESG más complejos de la actualidad.

El ranking, entonces, no responde que las empresas más exitosas sean necesariamente las más responsables. Lo que muestra es algo más interesante: que éxito y sostenibilidad ya están siendo medidos dentro de la misma ecuación, pero todavía pueden producir resultados muy diferentes. Para las áreas de RSE, ESG y gobierno corporativo, esa brecha es menos una contradicción que una agenda de trabajo.

Conoce el listado completo aquí.

El reto de ser “Earth’s Best Employer” cuando tienes 1.5 millones de empleados

Por Edgar López

En los últimos días me he topado con dos imágenes de Amazon.

En la primera, un padre aparece cubierto de calcomanías infantiles. Es parte de la publicidad de la compañía en Reino Unido y promueve term-time working: una modalidad que permite a empleados con hijos en edad escolar disponer de tiempo libre durante sus vacaciones.

Revista The Economist
Revista The Economist

La segunda imagen es menos amable: una página de USA Today cuyo encabezado dice “Pregnant workers allegedly punished”.

USA Today 8 septiembre 2026
USA Today 8 septiembre 2026

Ayer, 8 de septiembre, cuatro exempleadas de almacenes de Amazon presentaron en Estados Unidos una demanda que busca convertirse en acción colectiva nacional. Alegan que la compañía negó ajustes laborales a trabajadoras embarazadas y que algunas fueron sancionadas o despedidas por ausencias relacionadas con su embarazo.

Amazon rechaza las acusaciones. Afirma que los relatos contienen imprecisiones y omiten información relevante. También asegura que durante el último año aprobó más del 99.9% de las solicitudes de ajustes relacionados con embarazos. El proceso judicial tendrá que determinar qué ocurrió.

Hasta aquí podrían parecer dos historias laborales ocurridas en países distintos. Pero hay algo que las conecta.

Amazon tiene más de 1.5 millones de empleados en el mundo y una aspiración particularmente ambiciosa: Strive to be Earth’s Best Employer. Esforzarse por ser el mejor empleador del planeta.

aboutamazon.com / Amazon News
aboutamazon.com / Amazon News

Entonces las dos imágenes me hicieron pensar en algo más:

¿Cómo se hace para ser el mejor empleador del planeta cuando detrás de una misma marca hay más de 1.5 millones de experiencias laborales?

Sus principios de derechos humanos son específicos: la compañía declara que no tolera discriminación por embarazo o situación familiar. Y en Reino Unido hay evidencia de esa intención.

Desde 2023 ofrece term-time working a empleados de operaciones que son padres, abuelos o tutores de niños en edad escolar. Pueden tener garantizado tiempo libre durante las vacaciones de verano, Pascua y Navidad. Amazon incluso lo resume con una frase difícil de discutir: ser padre es un trabajo de tiempo completo.

Entonces, ¿cuál de las dos imágenes representa a Amazon?.

Una organización puede tener principios claros, desarrollar buenas políticas y, al mismo tiempo, enfrentar situaciones que ponen a prueba su capacidad para llevarlas hasta el último rincón de su operación.

Amazon parece saberlo. Uno de sus principios de liderazgo se llama Success and Scale Bring Broad Responsibility. En él reconoce algo poco habitual en el lenguaje corporativo: empezó en un garaje, ahora es enorme, impacta al mundo y está lejos de ser perfecta.

Ahí está quizá el asunto… Y es que cuando una empresa tiene más de un millón y medio de personas, miles de instalaciones y millones de decisiones cotidianas, sus valores ya no viven solamente en una política corporativa. Viven también en lo que decide un supervisor, en cómo responde Recursos Humanos, en lo que ocurre durante un turno o en aquello que experimenta una persona en un almacén.

Y todo lleva el mismo nombre… Amazon.

A las personas ya nos cuesta bastante ser coherentes todo el tiempo. Cambiamos, nos contradecimos, reaccionamos distinto según el contexto y no siempre estamos a la altura de aquello que decimos creer. Ahora imaginemos hacerlo a escala corporativa.

Pretender que una política escrita en Seattle, una campaña publicada en Reino Unido y una decisión tomada en un centro logístico de Estados Unidos expresen siempre los mismos principios parece, por momentos, una utopía. Pero quizá las buenas aspiraciones corporativas funcionan precisamente así: no porque alguna vez se alcancen por completo, sino porque obligan a reducir la distancia entre aquello que una organización dice ser y aquello que sus decisiones dicen de ella.

Las acusaciones de esta semana deberán probarse y Amazon tendrá derecho a defender sus decisiones. Una demanda tampoco invalida las políticas laborales que la compañía sí ha desarrollado. Pero las dos fotografías existen: una fue creada por Amazon y la otra no. Ambas, sin embargo, hablan de la misma empresa.

Quizá la coherencia absoluta sea una utopía. Para una persona ya resulta difícil ser siempre aquello que dice ser; para una organización de más de un millón y medio de personas, el desafío adquiere otra dimensión.

Por eso el reto no es solamente crecer. Es crecer sin dejar de ser uno mismo.


Edgar

R con R, por Edgar López

Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.

Nueva York ya no podrá cobrar a petroleras por su responsabilidad en las emisiones

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Nueva York intentó hacer algo que cada vez más gobiernos consideran necesario frente al cambio climático: trasladar parte del costo de la adaptación a las empresas de combustibles fósiles con una elevada responsabilidad histórica en las emisiones. La Ley Superfund sobre el Cambio Climático, promulgada en 2024, establecía que determinadas compañías de petróleo y gas debían aportar 75 mil millones de dólares durante 25 años para financiar proyectos de resiliencia climática.

El intento, sin embargo, acaba de recibir un fuerte revés. El 31 de agosto, la jueza federal Brenda K. Sannes, del Distrito Norte de Nueva York, determinó que la legislación no puede aplicarse porque contraviene la Ley de Aire Limpio federal. La decisión reabre una discusión relevante para la responsabilidad social empresarial: ¿quién debe asumir los costos de los impactos climáticos acumulados y hasta dónde llega la responsabilidad de las compañías por sus emisiones históricas?

¿Qué establecía la ley que permitía el cobro a petroleras por emisiones?

La Ley Superfund sobre el Cambio Climático buscaba crear un fondo para financiar infraestructura y proyectos destinados a proteger a las comunidades de fenómenos como inundaciones y olas de calor.

El mecanismo se dirigía a compañías de combustibles fósiles que hubieran generado más de 1,000 millones de toneladas métricas de gases de efecto invernadero entre 2000 y 2018, aunque posteriormente el periodo fue actualizado para abarcar hasta 2024.

La idea era aplicar al cambio climático una lógica inspirada en el programa federal Superfund, creado en 1980 para responsabilizar a empresas por residuos peligrosos y financiar la limpieza de sitios contaminados.

cobro a petroleras por emisiones

En el caso de Nueva York, el razonamiento era trasladar parte de la factura de la adaptación climática de los contribuyentes hacia “las empresas de combustibles fósiles más responsables de la contaminación”, de acuerdo con la oficina de la gobernadora Kathy Hochul.

El objetivo era ambicioso: recaudar 75 mil millones de dólares en 25 años.

¿Por qué se anuló el cobro a petroleras por emisiones?

La jueza Sannes concluyó que la legislación estatal está invalidada por la Ley de Aire Limpio, que establece el marco federal para la regulación de las emisiones atmosféricas.

En su dictamen de 63 páginas, señaló que la ley de Nueva York iba “más allá de los límites de la legislación estatal” y actuaba en un ámbito donde el interés federal es tan dominante que el estado no podía imponer este mecanismo.

El argumento resulta relevante porque el fallo no establece que las empresas de combustibles fósiles carezcan de responsabilidad ambiental. Lo que determina es que Nueva York no puede utilizar este instrumento estatal para exigirles esos pagos.

La decisión también hizo referencia a un fallo de 2021 que determinó que la ciudad de Nueva York no podía demandar a compañías petroleras bajo la legislación estatal por daños relacionados con el cambio climático.

Por tanto, el cobro a petroleras por emisiones diseñado por Nueva York no fracasa necesariamente por la falta de argumentos ambientales, sino por los límites jurídicos que existen entre las competencias estatales y federales.

cobro a petroleras por emisiones

¿Quién se opuso a la legislación?

La ley fue impugnada desde distintos frentes. En febrero de 2025, una coalición de fiscales generales de 22 estados liderados por republicanos, encabezada por Virginia Occidental, demandó a Nueva York.

Los demandantes argumentaron que el estado estaba intentando penalizar la producción energética realizada fuera de su territorio y, con ello, intervenir en una materia que corresponde a la política energética nacional.

También se sumaron organizaciones empresariales y del sector energético, entre ellas la Cámara de Comercio de Estados Unidos, el Instituto Americano del Petróleo, la Asociación Nacional de Minería y el Consejo Empresarial del Estado de Nueva York.

La administración Trump presentó además su propia demanda en mayo de 2025 y calificó la legislación como un supuesto “plan transparente de extracción monetaria” para obligar a compañías de otros estados a financiar la adaptación climática de Nueva York.

Los casos terminaron consolidándose y el Departamento de Justicia respaldó a los demandantes.

Cobro a petroleras por emisiones: ¿qué implica para la RSE?

Aquí está el punto que trasciende al litigio. Que Nueva York no pueda aplicar esta ley no significa que las empresas hayan quedado liberadas de toda responsabilidad climática.

La resolución elimina un mecanismo concreto para exigir una contribución económica, pero no desaparecen las preguntas sobre las emisiones, los impactos ambientales, las estrategias de transición energética o la responsabilidad de las compañías frente a las comunidades afectadas por el cambio climático.

Desde la perspectiva de la RSE, además, existe una diferencia entre responsabilidad jurídica y responsabilidad corporativa.

Una empresa puede no estar legalmente obligada a pagar por determinados daños bajo una legislación estatal y, al mismo tiempo, enfrentar cuestionamientos legítimos sobre cuál debería ser su contribución para reducir y gestionar los impactos de su actividad.

El caso de Nueva York pone precisamente esa tensión sobre la mesa: si los costos de la adaptación climática siguen aumentando, ¿deben recaer exclusivamente en los gobiernos y, por extensión, en los contribuyentes?

¿Quién debe pagar la adaptación al cambio climático?

La Ley Superfund pretendía responder a esta cuestión trasladando una parte de los costos hacia las empresas con una elevada huella histórica de carbono.

La lógica se relaciona con un principio ampliamente utilizado en materia ambiental: quien genera contaminación debe asumir parte de los costos derivados de ella.

Pero el fallo evidencia la dificultad de aplicar ese principio al cambio climático. Las emisiones son acumulativas, atraviesan fronteras y provienen de actividades desarrolladas durante décadas. Determinar jurídicamente qué empresa debe pagar, cuánto y por qué emisiones es mucho más complejo que identificar al responsable de un sitio específico contaminado.

El resultado es una paradoja: los efectos climáticos son globales, mientras que buena parte de las herramientas legales para exigir responsabilidades siguen siendo nacionales o estatales.

Por ello, el cobro a petroleras por emisiones continuará siendo un terreno de disputa jurídica y política.

cobro a petroleras por emisiones

¿Qué lecciones deja el caso para las empresas?

La primera es que la responsabilidad climática no debería comenzar cuando aparece una obligación legal. Las empresas, particularmente aquellas cuyos modelos de negocio tienen una elevada exposición a riesgos ambientales, necesitan anticipar cómo evolucionarán las expectativas regulatorias y sociales.

La segunda es que la gestión climática forma parte de la gobernanza corporativa. Las compañías deben evaluar no sólo cuánto emiten, sino también qué riesgos financieros, regulatorios, reputacionales y sociales pueden derivarse de esas emisiones.

Y la tercera es quizá la más importante: el hecho de que un tribunal impida un mecanismo de cobro no elimina el problema que ese mecanismo buscaba resolver.

Nueva York pretendía obtener 75 mil millones de dólares en 25 años para proteger a sus comunidades frente a impactos climáticos. El fallo impide utilizar esa vía, pero las necesidades de infraestructura y adaptación no desaparecen.

Para las empresas de combustibles fósiles, esto debería representar una señal para no limitar su estrategia climática al cumplimiento mínimo de la legislación vigente. La RSE exige preguntarse también qué responsabilidad corresponde asumir voluntariamente frente a los impactos de una actividad y cómo contribuir a una transición que reduzca esos riesgos.

El cobro a petroleras por emisiones queda frenado, pero el debate continúa

La decisión de la jueza Sannes marca un límite importante a la capacidad de los estados para imponer mecanismos de responsabilidad climática que puedan entrar en conflicto con la legislación federal. Pero no resuelve la cuestión de fondo.

¿Quién debe pagar por la adaptación frente a un cambio climático cuyos costos aumentan año con año?

Nueva York intentó responder que las compañías de combustibles fósiles con una elevada responsabilidad histórica debían asumir una parte significativa de esa factura. El tribunal determinó que el estado no puede hacerlo mediante esta ley.

Para la RSE, la lección es clara: la ausencia de una obligación jurídica específica no equivale a ausencia de responsabilidad empresarial. Las compañías pueden esperar a que los gobiernos definan nuevas reglas, o anticiparse y asumir un papel más activo en la reducción de sus impactos y en la transición hacia modelos menos intensivos en carbono.

El cobro a petroleras por emisiones no podrá aplicarse en Nueva York bajo este mecanismo. Pero mientras los costos sociales, económicos y ambientales del cambio climático continúen creciendo, la discusión sobre cuánto deben aportar las empresas que históricamente han contribuido a generarlos difícilmente desaparecerá.

ONU pide reglas globales para evitar que la inteligencia artificial se vuelva incontrolable

La inteligencia artificial avanza a una velocidad que empieza a superar la capacidad de los gobiernos para establecer límites comunes. Ante este escenario, el alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, pidió un esfuerzo internacional coordinado y a gran escala para acordar garantías de seguridad que eviten que los sistemas más avanzados lleguen a adquirir capacidades difíciles de controlar.

El funcionario también cuestionó la concentración de poder en torno al desarrollo de esta tecnología. Según señaló, un reducido grupo de personas concentra un poder “casi ilimitado” sobre la evolución de la IA, mientras que retrasar su regulación beneficia principalmente a las grandes empresas tecnológicas, sus propietarios y quienes las respaldan.

La pregunta, entonces, ya no es únicamente cómo aprovechar la inteligencia artificial, sino qué reglas para la IA deben existir antes de que sus capacidades hagan insuficientes los mecanismos de control actuales.

¿Por qué la ONU considera urgente establecer reglas para la IA?

Durante la inauguración de la 63ª sesión del Consejo de Derechos Humanos, Volker Türk aseguró que comparte la preocupación expresada por expertos de la industria respecto al “posible riesgo existencial” asociado con una inteligencia artificial avanzada.

Uno de los elementos que más preocupa es que algunos sistemas hayan mostrado comportamientos que, aun cuando se produjeron en pruebas o escenarios simulados, apuntan hacia una cuestión fundamental: qué ocurre cuando un sistema de IA intenta preservar sus propios objetivos frente a las instrucciones de quienes lo desarrollaron.

Entre los ejemplos mencionados se encuentran sistemas que:

  • Lograron escapar de sus entornos de prueba.
  • Intentaron evitar ser apagados.
  • Recurrieron al engaño en escenarios simulados.
  • Llegaron a utilizar el chantaje contra sus propios desarrolladores para impedir que fueran sustituidos o desconectados.

Estos casos no significan que la inteligencia artificial haya adquirido autonomía general ni que exista actualmente una tecnología fuera de control. Pero sí plantean un problema de gobernanza: los desarrolladores están encontrando comportamientos que requieren mecanismos de seguridad capaces de anticiparse a usos y respuestas que no siempre fueron previstos durante el diseño.

Por ello, para la ONU, establecer reglas para la IA no puede reducirse a regular sus aplicaciones una vez que llegan al mercado. También debe implicar establecer condiciones de seguridad para su desarrollo y determinar hasta dónde puede llegar una tecnología antes de que existan mecanismos suficientes para contenerla.

¿Qué pide exactamente la ONU a los gobiernos?

Türk llamó a los países que albergan centros de desarrollo de inteligencia artificial y a aquellos que participan en sus cadenas de suministro a establecer límites comunes.

La propuesta implica avanzar hacia una gobernanza internacional que no dependa exclusivamente de las decisiones individuales de cada empresa o país. Entre las medidas planteadas destacan:

  1. Acordar límites claros y comunes para el desarrollo de sistemas avanzados de IA.
  2. Establecer verificaciones independientes que permitan evaluar los riesgos de estos sistemas.
  3. Incrementar la cooperación de la industria en materia de seguridad.
  4. Considerar los efectos de la IA sobre los derechos humanos, además de sus implicaciones económicas y tecnológicas.
  5. Incorporar a la discusión sus consecuencias sobre el empleo, la democracia y el medioambiente.

El planteamiento es relevante porque traslada la discusión desde la innovación tecnológica hacia la responsabilidad. Una tecnología con impactos potencialmente globales no puede depender únicamente de la autorregulación de las compañías que tienen incentivos económicos para desarrollarla y comercializarla rápidamente.

Reglas para la IA: ¿quién controla a quienes desarrollan la tecnología?

Una de las advertencias más fuertes de Türk se refiere precisamente a la concentración de poder. El alto comisionado señaló que un pequeño grupo de personas concentra un poder “casi ilimitado” sobre el desarrollo de la IA.

Esta concentración plantea un dilema de gobernanza empresarial. Si las decisiones sobre tecnologías capaces de modificar el mercado laboral, afectar la democracia, transformar la información y generar impactos ambientales quedan concentradas en unas cuantas compañías y personas, ¿quién supervisa a quienes toman esas decisiones?

La regulación internacional busca responder justamente a esa pregunta. No se trata de frenar la innovación, sino de impedir que la velocidad de la innovación sea utilizada como argumento para retrasar los controles.

Türk reconoció que ya existen algunos avances, entre ellos la creación del Diálogo Global sobre IA, el Panel Científico Internacional Independiente sobre IA y medidas impulsadas por la Comisión Europea relacionadas con la responsabilidad de las plataformas. Sin embargo, consideró que estos esfuerzos todavía necesitan mayor velocidad y coordinación.

El problema es que la tecnología continúa avanzando mientras los mecanismos de gobernanza todavía están en construcción.

La RSE de las empresas de IA empieza antes de lanzar un producto

Desde la perspectiva de la responsabilidad social empresarial, la advertencia de la ONU plantea una cuestión todavía más incómoda para las compañías tecnológicas: ¿por qué desarrollar y lanzar sistemas cada vez más poderosos sin haber previsto desde el principio mecanismos suficientemente sólidos para evitar sus usos indebidos y contener sus riesgos?

La RSE no debería aparecer después de que ocurre el daño. Si una empresa sabe que está desarrollando una tecnología con capacidad de afectar derechos humanos, empleo, democracia o medioambiente, la identificación y prevención de esos impactos debería formar parte del proceso de desarrollo, no ser una reacción posterior.

Esto implica cambiar la lógica tradicional de innovación: primero desarrollar, después lanzar y finalmente corregir los problemas que aparezcan. En el caso de la inteligencia artificial avanzada, ese modelo puede resultar particularmente peligroso.

La responsabilidad de las empresas debería contemplar, desde el diseño:

  • Evaluaciones de riesgo antes del lanzamiento.
  • Pruebas de seguridad suficientemente rigurosas.
  • Mecanismos para impedir usos indebidos previsibles.
  • Sistemas capaces de detectar comportamientos inesperados.
  • Protocolos para detener o limitar un modelo cuando represente un riesgo.
  • Verificación independiente de sus mecanismos de seguridad.
  • Transparencia sobre los riesgos identificados y las medidas adoptadas.
  • Supervisión humana efectiva sobre sistemas de alta capacidad.

El planteamiento de la ONU también permite cuestionar un principio que ha dominado buena parte de la carrera tecnológica: que la posibilidad técnica de desarrollar algo constituye una razón suficiente para hacerlo.

No debería ser así.

Una empresa responsable no tendría que preguntarse únicamente si puede desarrollar una tecnología, sino si puede garantizar razonablemente que sabe cómo controlarla, qué riesgos genera y qué ocurrirá si sus mecanismos de seguridad fallan.

reglas para la IA

¿Qué riesgos debe considerar la gobernanza de la inteligencia artificial?

La intervención de Türk amplía el debate más allá de la seguridad técnica. Para la ONU, la gobernanza de la IA debe considerar al menos cuatro grandes ámbitos:

Derechos humanos

Los sistemas de inteligencia artificial pueden influir en decisiones y procesos que afectan directamente a las personas. Por ello, su desarrollo debe incorporar salvaguardas que eviten que la innovación tecnológica se traduzca en vulneraciones de derechos.

Empleo

La automatización y las nuevas capacidades de la IA pueden transformar las dinámicas laborales. Esto obliga a las empresas y gobiernos a anticipar no sólo las oportunidades de productividad, sino también las consecuencias para las personas trabajadoras.

Democracia

La capacidad de la IA para producir y distribuir información plantea desafíos para los procesos democráticos. La gobernanza debe considerar cómo evitar que estas herramientas sean utilizadas para manipular, engañar o deteriorar la calidad del debate público.

Medioambiente

El desarrollo de inteligencia artificial también tiene una dimensión ambiental. Por ello, las evaluaciones de sostenibilidad deben incorporar los impactos derivados de su infraestructura y operación, y no limitarse a medir los beneficios potenciales de la tecnología.

¿Qué lecciones deja el llamado de la ONU para la RSE?

La principal es que las reglas para la IA no pueden construirse únicamente después de que aparezcan los problemas. La prevención tiene que comenzar durante el diseño y el desarrollo de los sistemas.

La segunda es que la responsabilidad tecnológica requiere controles externos. Las empresas no deberían ser juez y parte cuando se trata de determinar si una tecnología que ellas mismas desarrollaron es suficientemente segura. De ahí la relevancia de las verificaciones independientes que plantea la ONU.

La tercera es que la RSE de las compañías de inteligencia artificial debe ampliar su campo de acción. Ya no basta con hablar de diversidad, emisiones, condiciones laborales o filantropía corporativa. La responsabilidad también consiste en decidir qué tecnologías desarrollar, bajo qué condiciones lanzarlas y qué límites establecer cuando los riesgos superan las capacidades de control.

Finalmente, existe una pregunta que las empresas tecnológicas deberían responder antes de cada nuevo lanzamiento: si ya sabemos que un sistema puede comportarse de maneras que sus propios desarrolladores no anticiparon, ¿es realmente responsable ponerlo a disposición del mundo antes de resolver cómo controlarlo?

La ONU está pidiendo reglas globales para responder a ese desafío. Pero para las empresas, la exigencia debería comenzar mucho antes de que llegue una nueva regulación: si una compañía tiene capacidad para crear una tecnología con impactos globales, también debería tener la responsabilidad de anticipar, prevenir y limitar sus riesgos.

Grupo Restaurantero Gigante se suma a Huerto Roma Verde: voluntariado, regeneración y una Bioteka

Un espacio abandonado puede convertirse en muchas cosas. En el caso de Huerto Roma Verde, en la Ciudad de México, se transformó en un laboratorio ciudadano donde recuperar un territorio también significa reconstruir comunidad. Esa transformación sirve como escenario para entender una nueva forma de voluntariado corporativo: una en la que las empresas no solo destinan recursos, sino que involucran a sus colaboradores en los procesos que buscan generar cambios en el entorno. 

Con esta visión, colaboradores de Grupo Restaurantero Gigante (GRG) participaron en una jornada de voluntariado en Huerto Roma Verde. Gracias a los voluntariados de Grupo Restaurantero Gigante, se logró llevar a los participantes de la conversación sobre emergencia climática directamente a la tierra, la composta y la siembra. 

Huerto Roma Verde: ¿cómo un espacio abandonado se convirtió en un laboratorio de regeneración? 

La historia comenzó después del terremoto de 1985, cuando el terreno quedó abandonado. Durante años permaneció sin un propósito definido, hasta que en 2012 vecinos, activistas y organizaciones comenzaron a recuperarlo para convertirlo en un huerto. 

Con el tiempo, el proyecto incorporó principios de permacultura, agroecología, reciclaje, bioconstrucción y educación ambiental. Hoy, Huerto Roma Verde funciona como un laboratorio de regeneración biosocial, donde la recuperación del ecosistema y la construcción de comunidad ocurren de manera paralela. Pero ¿qué significa realmente regenerar? 

Para Piero Barandiarán, director de Proyectos de Huerto Roma Verde, implica ir más allá de la idea tradicional de sostenibilidad: “No basta con hablar de sostenibilidad o sustentabilidad, necesitamos transitar a la regeneración.” 

La diferencia está en pasar de conservar lo que todavía existe a participar en la recuperación de aquello que se ha deteriorado. Y para entenderlo, en el Huerto no basta con escuchar: hay que hacerlo. 

voluntariados de Grupo Restaurantero Gigante

Del discurso a la acción: ¿cómo funciona el voluntariado de GRG? 

La jornada comenzó con una conversación sobre la emergencia climática y las acciones que pueden impulsarse desde distintos espacios. Después, el aprendizaje cambió de escenario: dejó el salón y llegó a las manos de los participantes. 

Los colaboradores sacaron y cernieron composta, prepararon semilleros, nutrieron el suelo, sembraron y realizaron mantenimiento en el Jardín Mandala. Entre todas estas actividades, la composta fue uno de los procesos que permitió observar con mayor claridad cómo un residuo puede adquirir una nueva función. 

Para Raúl Robert, encargado administrativo de una sucursal de GRG, conocer lo que sucede detrás de este proceso cambió su percepción: 

“Descubrir cómo pequeños organismos intervienen en el proceso de composta me permitió dimensionar el valor de algo que muchas veces termina simplemente como residuo.”[Text Wrapping Break]Raúl Robert, encargado administrativo de una sucursal de Grupo Restaurantero Gigante. 

La experiencia convirtió conceptos como economía circular y regeneración de suelos en algo tangible. Ya no se trataba únicamente de hablar sobre el aprovechamiento de residuos, sino de participar en el proceso que permite devolver nutrientes al suelo. 

voluntariados de Grupo Restaurantero Gigante

¿Qué aporta el voluntariado a Huerto Roma Verde? 

Mientras los colaboradores aprendían, el Huerto también recibía algo concreto: más capacidad de trabajo. Preparar semilleros, mover composta o dar mantenimiento a un jardín son actividades que requieren tiempo y constancia. Por ello, cada persona que se suma puede ayudar a que determinados procesos avancen con mayor rapidez. 

Laura Maldonado Corona, integrante del equipo de Integración Ambiental de Huerto Roma Verde, explica: “Cuando contamos con más manos, podemos avanzar mucho más rápido en tareas que, por tiempo y cantidad de personas, serían más difíciles de atender.” 

Ahí aparece uno de los puntos centrales de los voluntariados de Grupo Restaurantero Gigante: el beneficio no ocurre únicamente del lado de quienes participan. También fortalece el trabajo cotidiano de una iniciativa ambiental que necesita manos para mantenerse activa. Y la colaboración entre GRG y Huerto Roma Verde no comenzó con esta jornada. 

De una alianza a una Bioteka 

La relación se remonta a 2021, cuando Shake Shack, empresa perteneciente a GRG, inició una alianza con Huerto Roma Verde mediante el programa Buenos Vecinos. En 2026, esta colaboración sumó una donación para la restauración y desarrollo de la Bioteka, además del voluntariado corporativo. 

La iniciativa busca recuperar la vocación de biblioteca de un espacio que permaneció abandonado durante alrededor de 40 años. Hoy, su proyecto parte de una colección cercana a los 3,800 libros y contempla también una ludoteca y una semillateca. 

La apuesta es que la Bioteka no sea únicamente un lugar para consultar libros, sino un punto de encuentro desde el cual niñas, niños, familias y comunidades puedan acercarse a temas como biodiversidad, naturaleza y regeneración. De esta manera, la colaboración suma dos dimensiones: manos para trabajar el presente y recursos para construir espacios de aprendizaje a futuro. 

voluntariados de Grupo Restaurantero Gigante

¿Qué impacto tiene el voluntariado más allá de la jornada? 

Si la regeneración busca generar cambios que permanezcan, el impacto de un voluntariado tampoco tendría por qué terminar cuando los participantes salen del Huerto. Héctor Hernández, gerente administrativo de GRG, llegó a la jornada con un objetivo concreto: aprender a cuidar mejor las plantas que tiene en casa. Al finalizar, se llevó algo más: el interés por continuar aprendiendo y compartir esos conocimientos. 

“Llegué con la intención de aprender a cuidar mejor las plantas que tengo en casa y terminé llevándome también el interés por seguir aprendiendo y compartir ese conocimiento.”

Héctor Hernández, gerente administrativo de Grupo Restaurantero Gigante. 

Ese traslado del conocimiento —del Huerto a la casa, de una persona a otra— es lo que permite que una experiencia puntual tenga posibilidades de extenderse. En ese sentido, los voluntariados de Grupo Restaurantero Gigante pueden funcionar como un punto de encuentro entre la acción empresarial y los cambios que los colaboradores pueden replicar en su vida cotidiana. 

voluntariados de Grupo Restaurantero Gigante

Responsabilidad social: cuando la colaboración se convierte en impacto 

La experiencia de Grupo Restaurantero Gigante en Huerto Roma Verde muestra que la responsabilidad social puede ir más allá de una aportación económica o una actividad aislada. Cuando una empresa involucra a sus colaboradores, construye alianzas de largo plazo y responde a necesidades concretas de una comunidad, puede generar un impacto que trasciende la jornada. 

En este sentido, los voluntariados de Grupo Restaurantero Gigante reflejan una forma de llevar la responsabilidad social a la acción: sumar recursos, tiempo y conocimiento a proyectos que ya trabajan por transformar su entorno. Porque la RSE no solo consiste en preguntarse cuánto puede aportar una empresa, sino también cómo puede hacerlo de manera útil, constante y en colaboración con las comunidades. 

Cuando la reputación sale por la puerta de atrás: caso Jugos Del Valle y Coca-Cola

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ACTUALIZACIÓN: Coca-Cola ha emitido una postura oficial respecto a lo comunicado en esta nota. Puedes leerla, al final de la misma.

La lonchera escolar se encuentra nuevamente en el centro de una discusión que va mucho más allá de decidir qué alimentos llevar a la escuela. Un análisis realizado por El Poder del Consumidor y presentado junto con la Alianza por la Salud Alimentaria revisó 31 productos comercializados para el entorno escolar, entre ellos jugos, néctares, leches saborizadas, yogures, bebidas endulzadas y gelatinas. De acuerdo con lo reportado, algunos productos dirigidos a niñas, niños y adolescentes podrían contener tanta o incluso más azúcar que un refresco, pese a comercializarse sin sellos de advertencia.

Uno de los ejemplos señalados es Del Valle Junior sabor manzana. Según el estudio citado por El Economista, una presentación de 500 mililitros contiene el equivalente a 13 cucharaditas de azúcar, mientras que la misma cantidad de Coca-Cola Original contiene 10. Lo interesante es que Del Valle pertenece a Coca-Cola, quien ha apostado por disminuir azúcares en sus productos y ha declarado buscar la mejora en sus fórmulas ante la realidad de salud del país.

Las organizaciones también identificaron otros productos con 12, 13 o más cucharaditas de azúcar por envase equivalente. Al mismo tiempo, algunos de sus empaques incorporan mensajes relacionados con la lonchera, el regreso a clases o el consumo cotidiano.

La controversia, sin embargo, no se limita al contenido nutricional. Las organizaciones consideran que existe un problema relacionado con la interpretación y aplicación de las normas oficiales mexicanas. El análisis se concentra particularmente en la NOM-051, correspondiente al etiquetado frontal de advertencia, y la NOM-173, que regula productos como jugos, néctares y bebidas de fruta. El Poder del Consumidor sostiene que algunos productos declaran ingredientes como pulpa, jugo concentrado o jugo reconstituido de fruta dentro de sus azúcares totales, pero no como azúcares añadidos o libres.

De acuerdo con lo señalado en el artículo, la NOM-051 establece que los azúcares procedentes de jugos de fruta deben considerarse azúcares libres cuando son utilizados para endulzar un producto. Bajo esa interpretación, las organizaciones consideran que los productos correspondientes deberían mostrar sellos de “exceso de azúcares” y “exceso de calorías”. Liliana Bahena, coordinadora de la campaña Mi Escuela Saludable en El Poder del Consumidor, señaló que la industria estaría recurriendo a nuevas formulaciones e ingredientes para evitar los sellos y posicionar los productos como opciones escolares.

Otro componente relevante es la manera en que los productos se presentan ante su público. El artículo describe empaques con personajes animados, caricaturas, colores llamativos, códigos QR, juegos y frases relacionadas con la lonchera. Alejandra Contreras, investigadora del Instituto Nacional de Salud Pública, advierte que las decisiones alimentarias de niñas y niños ocurren dentro de un entorno donde existen productos con sabores intensamente dulces y estímulos vinculados con el entretenimiento. Según la especialista citada, esto puede favorecer la habituación temprana al dulzor y relacionarse con problemas que trascienden la salud individual, alcanzando aspectos como rendimiento escolar, productividad futura y gasto en salud.

El contexto presentado en la nota dimensiona el problema. Las organizaciones citan datos de la Ensanut Continua 2020-2022 según los cuales 12.7 millones de niñas, niños y adolescentes mexicanos de entre 5 y 19 años viven con sobrepeso u obesidad. Además, más de 60% de la población de ese rango de edad consume más azúcares añadidos de los recomendados.

La revisión también encontró cambios en otras categorías de alimentos. Según el análisis, 70% de las leches y yogures estudiados contienen lactasa, mientras que todas las bebidas y postres analizados incluyen alulosa o inulina. También se detectaron colorantes como amarillo 5 y 6, rojo 40, azul 1 y caramelo IV. Las organizaciones argumentan que para algunos ingredientes no existe evidencia suficiente sobre la seguridad de su consumo a largo plazo en población infantil, por lo que solicitan aplicar el principio precautorio.

Ante este escenario, El Poder del Consumidor presentó una denuncia ante la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris). Gabriela Guzmán, integrante de la coordinación jurídica de la organización, explicó que buscan que la autoridad ejerza sus facultades de verificación y vigilancia para determinar si los productos cumplen con la NOM-051. La acción solicita revisar la declaración de azúcares añadidos y libres, colocar los sellos correspondientes cuando proceda y sancionar posibles incumplimientos. También pide revisar la publicidad en empaques y redes sociales, especialmente aquella que utiliza personajes, deportistas, caricaturas o supuestos expertos.

El debate tiene además una dimensión comercial. En México, más de 34 millones de estudiantes regresan cada año a las aulas y, según el artículo, en 2010 se estimaba que el mercado escolar representaba alrededor de 20,000 millones de pesos en ventas. Actualmente existen lineamientos obligatorios y sancionables desde marzo de 2025 que prohíben dentro de las escuelas la venta de productos con sellos y leyendas de advertencia.

¿Por qué es relevante?

Desde una perspectiva de responsabilidad social empresarial y sostenibilidad, este caso resulta especialmente importante porque muestra la distancia que puede existir entre cumplir formalmente una regulación y responder integralmente a las expectativas de responsabilidad corporativa.

Para una empresa, la pregunta estratégica no debería limitarse a “¿podemos vender este producto sin sello?”, sino ampliarse a “¿es coherente comercializarlo de esta manera frente a una población especialmente vulnerable?”. Esa diferencia es fundamental en una gestión empresarial basada en debida diligencia.

También existe una cuestión de marketing responsable. Cuando un producto dirigido a población infantil incorpora personajes, juegos, colores y mensajes vinculados con la escuela o la lonchera, la responsabilidad corporativa abarca tanto su formulación como la manera en que se comunica. El artículo precisamente muestra que la denuncia solicita a Cofepris revisar ambos componentes: características de los productos y publicidad.

Desde la óptica de la responsabilidad corporativa, este caso deja otra lección: una estrategia de reformulación orientada principalmente a evitar advertencias regulatorias puede generar nuevos cuestionamientos si las personas consumidoras perciben que la modificación no representa necesariamente una mejora sustancial.

La gestión reputacional más sólida comienza antes de una denuncia pública. Requiere que las áreas de sostenibilidad, asuntos legales, marketing, innovación y dirección analicen conjuntamente no sólo aquello que permite una norma, sino los impactos potenciales del producto y su comunicación.

Hay además un elemento de responsabilidad compartida. ¿las escuelas serán espacios para la educación alimentaria o continuarán funcionando como una extensión del mercado donde productos con apariencia saludable compiten con frutas, agua simple y alimentos frescos?

Para las empresas, esto significa comprender que la licencia social para operar y comercializar productos no depende exclusivamente del cumplimiento normativo. También depende de la confianza.

La reflexión final

La denuncia presentada ante Cofepris todavía coloca una pregunta relevante sobre la mesa: qué significa actuar responsablemente cuando regulación, innovación de producto, marketing y protección de la infancia convergen.

La recomendación para las organizaciones es incorporar la debida diligencia desde el diseño del producto hasta su comunicación. Esto implica revisar formulaciones, etiquetado, mensajes publicitarios y públicos objetivo no únicamente desde la perspectiva legal, sino también desde sus posibles impactos sociales y reputacionales.

En responsabilidad corporativa, cumplir la norma constituye el punto de partida, no necesariamente el punto de llegada. Cuando niñas, niños y adolescentes forman parte de la ecuación, aplicar criterios preventivos, transparentes y coherentes puede convertirse tanto en una medida de protección como en una decisión fundamental para conservar la confianza.


Posicionamiento oficial de la Industria Mexicana de Coca-Cola

Tras la publicación de esta nota, la Industria Mexicana de Coca-Cola nos hizo llegar su posicionamiento oficial respecto a los hechos aquí abordados. A continuación, compartimos íntegramente el comunicado enviado por la compañía:

Del Valle Junior es una línea de jugos elaborada con 100% jugo de fruta de concentrado, sin azúcares ni edulcorantes añadidos. Los azúcares presentes en el producto provienen exclusivamente del jugo de fruta utilizado en su elaboración.

Su formulación y etiquetado cumplen con la normatividad mexicana aplicable, incluida la NOM-051 y la NOM-173.

En Jugos del Valle–Santa Clara y la Industria Mexicana de Coca-Cola mantenemos nuestro compromiso con ofrecer información clara y transparente a los consumidores y con el estricto cumplimiento de la regulación vigente.

Cuando la lluvia cambia los planes, ECOALF demuestra que también puede inspirar nuevas aventuras

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La temporada de lluvias tiene una forma muy particular de sorprendernos. Un cielo despejado puede convertirse en un aguacero en cuestión de minutos, pero eso no significa que los planes deban detenerse. Caminar por un parque después de la lluvia, recorrer una nueva ciudad, descubrir senderos, disfrutar un picnic improvisado o simplemente salir a vivir el día son experiencias que merecen disfrutarse sin importar el pronóstico.

Con esta filosofía, ECOALF presenta su Rain Collection – Stay Dry. Stay Cool., una propuesta diseñada para quienes entienden que la mejor aventura es aquella que se vive sin preocuparse por el clima. Una colección que combina diseño contemporáneo, innovación textil y el compromiso ambiental que distingue a la marca, utilizando materiales reciclados para crear prendas y calzado preparados para enfrentar los días más impredecibles.

Porque la naturaleza no sigue horarios y el clima tampoco, ECOALF apuesta por prendas funcionales que permiten disfrutar cada momento al aire libre con comodidad y estilo, reduciendo al mismo tiempo el impacto ambiental.

La protagonista de la colección es la Diluvio Jacket, una chamarra ultraligera de apenas 380 gramos que puede guardarse fácilmente en una mochila para estar siempre lista cuando aparezcan las primeras gotas.

ECOALF

Confeccionada con tejido de poliéster 100 % reciclado de tres capas, ofrece impermeabilidad 3K y transpirabilidad 3K, además de costuras termoselladas que mantienen la lluvia fuera mientras permiten la circulación del aire. Disponible en tonos neutros y colores vibrantes, es una pieza pensada para acompañar desde un paseo urbano hasta una escapada de fin de semana.

Por primera vez, ECOALF incorpora botas de lluvia a su colección con Anamaria, un modelo que rompe con la idea de que el calzado impermeable debe ser pesado o rígido.

Fabricadas con una mezcla de caucho natural reciclado y un forro de poliéster 100 % reciclado, ofrecen una gran flexibilidad para caminar durante todo el día sin sacrificar protección. Además, han sido probadas para resistir hasta 15,000 ciclos de flexión bajo condiciones de humedad, garantizando un desempeño duradero incluso en los días más lluviosos.

Su diseño contemporáneo convierte a Anamaria en un básico que funciona tanto para recorrer las calles de la ciudad como para disfrutar una escapada rodeada de naturaleza.

Para quienes prefieren un estilo más urbano, Lyon demuestra que un calzado impermeable no tiene que parecer técnico.

Su construcción integra una membrana impermeable invisible y materiales innovadores como poliéster reciclado y Sorona®, una fibra parcialmente elaborada a partir de residuos de cultivos de maíz.

ECOALF

Su desempeño ha sido certificado por INESCOP, el Instituto Tecnológico del Calzado de España, superando pruebas que validan su resistencia al agua tanto en inmersión estática durante cuatro horas como en 15,000 ciclos de flexión dinámica, simulando condiciones reales de uso.

No es únicamente una promesa de marca: es una tecnología respaldada por pruebas de laboratorio.

Rain Collection refleja la visión de ECOALF de crear productos que respondan a las necesidades reales de las personas sin dejar de lado la sostenibilidad. Cada pieza está diseñada para prolongar su vida útil, reducir el uso de materias primas vírgenes y demostrar que la innovación también puede contribuir al cuidado del planeta.

Porque algunas de las mejores experiencias suceden cuando dejamos de preocuparnos por el pronóstico y simplemente salimos a descubrir lo que hay allá afuera. Con ECOALF, la lluvia deja de ser un obstáculo para convertirse en parte de la aventura.

Disponible en:

– ecoalf.com

– El Palacio de Hierro

– Liverpool – a partir del mes de octubre

#BecauseThereIsNoPlanetB

El planeta entra en números rojos: el reto de regenerar lo que consumimos  

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Actualmente, la presión sobre los recursos naturales ha dejado de ser únicamente una preocupación ambiental para convertirse también en un asunto de competitividad, estabilidad y resiliencia económica. En este contexto, existen fechas que nos recuerdan la urgencia de actuar frente a una crisis que ya estamos viviendo. 

Una de ellas es el Día del Sobregiro de la Tierra (Earth Overshoot Day), la fecha en la que la demanda anual de recursos naturales y servicios ecológicos por parte de la humanidad supera la capacidad del planeta para regenerarlos durante ese mismo año. En otras palabras, marca el momento en que comenzamos a consumir más recursos de los que la Tierra puede reponer.1 

A partir del 30 de julio, la humanidad entra en un periodo de déficit ecológico, es decir se utilizan recursos naturales a un ritmo mayor del que los ecosistemas pueden regenerarlos y acumulamos residuos, especialmente emisiones de dióxido de carbono. Esta realidad pone de manifiesto que la transición hacia modelos de producción y consumo más sostenibles ya no es una opción, sino una necesidad compartida entre gobiernos, sociedad e industria.  

En este contexto, las empresas tienen un papel fundamental para reducir su impacto ambiental y acelerar el cambio hacia una economía más sustentable. En Grupo Danone México, esta visión se traduce en acciones concretas para impulsar una producción más eficiente, proteger los recursos naturales, promover la agricultura regenerativa, reducir las emisiones de carbono y avanzar hacia modelos de economía circular. Cada iniciativa representa un paso para disminuir el impacto ambiental de sus operaciones y contribuir a la salud del planeta. 

Por ejemplo, la agricultura regenerativa ocupa un lugar central en la Ruta de Impacto de Danone y se materializa a través de iniciativas orientadas a transformar la manera en que se producen los alimentos y se gestionan los recursos. Entre ellas se encuentran la promoción de prácticas sostenibles con productores de leche y fresa, así como una estrategia de economía circular enfocada en lograr que, para 2030, el 95% de sus empaques sean reutilizables, reciclables o compostables. 

Día del Sobregiro de la Tierra

Con estas acciones, la empresa busca avanzar hacia una cadena de valor que no solo reduzca sus impactos ambientales, sino que también contribuya activamente a conservar, regenerar y restaurar los recursos naturales de los que depende la producción de alimentos. 

Este compromiso también se refleja en el trabajo conjunto con organizaciones, autoridades y comunidades para impulsar el desarrollo sostenible de zonas prioritarias como la Sierra Patlachique, ya que su ecosistema desempeña un papel fundamental en la conservación de la biodiversidad, la captación de agua y el bienestar de las comunidades locales, por lo que su restauración representa una acción estratégica para fortalecer la conservación ambiental y el desarrollo en la región. 

Asimismo, Grupo Danone México colabora con instituciones académicas y especialistas para compartir conocimientos, aprendizajes y buenas prácticas que contribuyan a transformar el sector alimentario. Un ejemplo de ello es ‘’El futuro sostenible de la leche en México’’, un libro que reúne distintas perspectivas sobre los retos y las oportunidades de la cadena láctea. Para la empresa, difundir el conocimiento es una manera de ampliar el impacto de sus iniciativas, fortalecer capacidades y promover soluciones que puedan ser adoptadas por otros actores del sector. 

La cuenta regresiva hacia 2030 representa una ventana decisiva para acelerar esta transición. En un contexto en el que la demanda de recursos continúa creciendo y la capacidad del planeta para regenerarlos enfrenta una presión cada vez mayor, el futuro del planeta y la continuidad operativa de las empresas dependerán, en gran medida, de la solidez de sus cadenas de suministro y de su capacidad para proteger, regenerar y fortalecer la salud del planeta. 

México registra la mayor caída en felicidad laboral de LATAM en 2026

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En Latinoamérica, la felicidad en el trabajo parece resistir los cambios que han transformado la vida laboral durante los últimos años. En 2026, 82% de las personas encuestadas por Buk afirma sentirse feliz en su empleo, prácticamente el mismo resultado observado desde 2021. Pero detrás de esa aparente estabilidad existe una historia menos uniforme: mientras algunos países mantienen o mejoran su percepción, México registró la mayor caída de la región.

El porcentaje de trabajadores mexicanos que se considera feliz pasó de 84% a 80% en un año, quedando dos puntos por debajo del promedio latinoamericano. El dato podría parecer todavía positivo si se observa de manera aislada, pero adquiere otra dimensión cuando se revisan los factores que construyen esa experiencia. La felicidad laboral en México enfrenta una paradoja particularmente reveladora: existe un alto nivel de compromiso con el trabajo, pero una percepción mucho más débil de reconocimiento y valoración.

¿Por qué cayó la felicidad laboral en México en 2026?

El Estudio de Felicidad Organizacional 2026 de Buk analizó la experiencia de 156,247 trabajadores pertenecientes a 1,211 organizaciones de Chile, Colombia, México y Perú. En conjunto, los resultados muestran una estabilidad regional notable: desde 2021, el indicador de personas que se sienten felices en su trabajo se ha mantenido entre 81% y 83%.

México rompe parcialmente con esa tendencia. Después de registrar 84% en la medición anterior, el país descendió a 80%, convirtiéndose en el que presentó la mayor reducción de Latinoamérica. Aunque todavía ocho de cada diez colaboradores declaran sentirse felices, el retroceso plantea una pregunta importante para las organizaciones: ¿qué está ocurriendo con aquellos elementos que sostienen esa percepción positiva?

El estudio utiliza también una segunda medición, basada en el promedio de trabajadores promotores menos detractores, en una escala de 100 puntos. En este indicador, las empresas mexicanas obtuvieron 67 puntos. Para Lesley Warren, líder de Research de Buk, observar únicamente el promedio puede dar la impresión de que no hay nada que atender; analizar los factores permite encontrar señales más específicas sobre dónde actuar.

¿Por qué los trabajadores mexicanos están comprometidos pero no se sienten valorados?

La respuesta comienza a aparecer cuando se descompone la experiencia de los colaboradores. En México, la dimensión de compromiso laboral obtuvo 73.2 puntos, la calificación más alta entre los indicadores evaluados. El resultado muestra que las personas mantienen una relación sólida con sus responsabilidades, sus tareas y el trabajo que realizan.

El contraste aparece en el sentido de valoración, que apenas alcanzó 61.7 puntos, convirtiéndose en el segundo resultado más bajo de la región. La diferencia entre ambos indicadores es uno de los hallazgos más significativos del estudio: un colaborador puede estar comprometido con su organización sin sentir que la organización reconoce suficientemente lo que aporta.

La escasa retroalimentación, junto con la insatisfacción respecto de la remuneración y el reconocimiento, puede contribuir a explicar esta brecha. Desde la perspectiva de la gestión responsable de personas, el hallazgo resulta relevante porque muestra que el compromiso no debería interpretarse automáticamente como satisfacción. Una persona puede seguir dando lo mejor de sí y, al mismo tiempo, estar acumulando una percepción negativa sobre la manera en que su empresa responde a ese esfuerzo.

¿Cuáles son las principales áreas de oportunidad para mejorar el bienestar laboral en México?

El reconocimiento no es el único desafío. La dimensión de bienestar obtuvo 63.1 puntos y sostenibilidad alcanzó 65.0, mientras que el estudio identifica tres campos particularmente relevantes para las organizaciones mexicanas: balance vida-trabajo, confianza en las personas e iniciativas medioambientales.

Estos resultados amplían la conversación. La experiencia de un colaborador no termina cuando concluye una tarea ni se transforma únicamente mediante una prestación adicional. La posibilidad de equilibrar responsabilidades personales y profesionales, confiar en quienes toman decisiones y percibir que la empresa actúa de manera responsable también influye en la relación que las personas construyen con su lugar de trabajo.

Por eso, aumentar la felicidad laboral en México no necesariamente significa sumar beneficios a una lista cada vez más extensa. La propia investigación apunta a que el contexto importa y que las organizaciones necesitan identificar cuáles son las prácticas que realmente responden a sus necesidades. Como señala Warren, poner a las personas al centro requiere comprender las distintas dimensiones que afectan su bienestar y convertirlas en un activo estratégico.

¿Qué factores favorecen la felicidad de los trabajadores en México?

La fotografía tampoco es completamente negativa. Entre las fortalezas de las organizaciones mexicanas aparecen las tareas desafiantes, los entornos que permiten cometer errores y el orgullo de pertenencia. Son elementos que ayudan a explicar por qué, pese a la caída, una proporción importante de colaboradores todavía mantiene una percepción positiva de su experiencia laboral.

El dato sobre los entornos que admiten el error resulta especialmente interesante. En un mercado laboral donde la innovación y la adaptación son cada vez más relevantes, permitir que las personas se equivoquen sin que eso implique necesariamente una penalización puede favorecer espacios de mayor confianza y aprendizaje.

El desafío consiste en conectar esas fortalezas con los puntos débiles. Una organización puede ofrecer proyectos estimulantes y generar orgullo entre sus colaboradores, pero si el reconocimiento es insuficiente o el equilibrio entre trabajo y vida personal se deteriora, esos elementos positivos pueden perder fuerza. La estabilidad regional demuestra que la felicidad puede mantenerse; el caso mexicano muestra que también puede retroceder cuando determinados factores dejan de funcionar adecuadamente.

¿Cómo pueden las empresas mejorar la felicidad laboral según su tipo de organización?

Una de las aportaciones más interesantes del estudio es que no todas las organizaciones construyen la felicidad de la misma manera. Para entender estas diferencias, Buk analizó 663 empresas y las clasificó en cuatro arquetipos a partir de dos dimensiones: el nivel de formalización de sus procesos de Gestión de Personas y la autonomía de sus jefaturas.

Los cuatro perfiles son Formal Empoderado, Formal Jerárquico, Emergente Empoderado y Emergente Jerárquico. La clasificación permite observar que el tipo de estructura sí importa, pero no determina por sí solo qué tan felices serán sus colaboradores. Incluso organizaciones con contextos aparentemente menos favorables pueden alcanzar resultados comparables o superiores a aquellas con estructuras más desarrolladas.

felicidad laboral en México

El hallazgo se vuelve todavía más relevante al analizar nueve políticas de Gestión de Personas relacionadas con comunicación, capacitación, trabajo en equipo, diversidad e inclusión, equidad salarial, flexibilidad y evaluación de liderazgos. Todas muestran una asociación positiva con la felicidad organizacional, pero ninguna tiene el mismo efecto en los cuatro arquetipos. Por ejemplo, ampliar el acceso a capacitación tiene mayor impacto en empresas Formal Empoderado, mientras que formalizar los canales de comunicación con la gerencia general puede ser más efectivo en organizaciones Emergente Empoderado.

La estabilidad del 82% en Latinoamérica podría llevar a pensar que la felicidad laboral se ha convertido en una constante dentro de las organizaciones. Sin embargo, el caso de México demuestra lo contrario: detrás de un promedio regional estable existen experiencias distintas entre países, generaciones y empresas. La caída de 84% a 80% no representa por sí sola una crisis, pero sí una señal para revisar qué está sucediendo con el reconocimiento, el bienestar y las condiciones que sostienen el compromiso.

La felicidad laboral en México no parece depender de implementar cada vez más iniciativas, sino de elegir mejor cuáles tienen sentido para cada organización. Los resultados sugieren que no existe una receta universal: entender la estructura de la empresa, el nivel de autonomía de sus líderes y las necesidades de sus colaboradores puede ser más efectivo que replicar políticas de moda. Para las áreas de Recursos Humanos y responsabilidad social, el reto está en transformar estos hallazgos en decisiones capaces de cerrar la brecha entre un trabajador que está comprometido con lo que hace y uno que, además, siente que su organización reconoce su valor.

¿Menos plástico en las galletas? Mondelēz reemplaza bandejas de PET por papel

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Reducir el plástico de los empaques es uno de los grandes retos para la industria de alimentos, especialmente cuando se trata de productos que requieren protección durante su transporte y almacenamiento. En este contexto, Mondelēz International ha decidido sustituir las bandejas rígidas de PET de buena parte de su portafolio europeo de galletas por alternativas de papel con certificación FSC.

El cambio alcanza más de 115 productos de ocho marcas en 25 mercados y, de acuerdo con la compañía, permitirá eliminar toneladas de plástico virgen al año. Más allá de la cifra, el caso muestra cómo el rediseño puede convertirse en una herramienta para avanzar hacia modelos de producción con menor dependencia de materiales vírgenes.

¿Qué cambió Mondelēz en sus empaques?

La compañía reemplazó las bandejas rígidas de PET por bandejas de papel certificadas por el Forest Stewardship Council (FSC) en productos de sus marcas:

  • LU
  • Milka
  • Granola
  • Cadbury
  • Marabou
  • Chips Ahoy!
  • Lacta
  • Freia

La modificación se está implementando en mercados como Reino Unido, Irlanda, Alemania, Polonia, España y los países nórdicos.

En conjunto, las nuevas bandejas abarcan alrededor de 28,000 toneladas de galletas producidas cada año, lo que convierte la iniciativa, según Mondelēz, en la mayor acción de sostenibilidad de envases que ha desarrollado dentro de su categoría de panadería europea.

El objetivo detrás del cambio PET por papel es reducir significativamente el uso de plástico virgen sin abandonar la función que cumple el empaque: proteger el producto y facilitar su comercialización.

PET por papel

¿Cuánto plástico se eliminará con el cambio de PET por papel?

El dato más relevante de la iniciativa es la reducción proyectada de materiales vírgenes. Mondelēz estima que el cambio permitirá eliminar 2,200 toneladas de plástico virgen anualmente, aproximadamente un 80% menos que las utilizadas en las bandejas de plástico originales.

Esto resulta relevante desde una perspectiva de economía circular. Reducir el plástico virgen significa disminuir la necesidad de incorporar nuevos recursos fósiles a la fabricación de envases, aunque el impacto ambiental total de una alternativa no depende únicamente del material elegido.

Por ello, una de las principales lecciones del cambio PET por papel es que las estrategias de empaque deben evaluarse de manera integral: abastecimiento de materias primas, fabricación, transporte, uso y posibilidades de recuperación al final de su vida útil.

En este caso, la certificación FSC busca aportar trazabilidad sobre el origen responsable del material forestal utilizado en las bandejas.

¿Mondelēz está eliminando el plástico de todos sus empaques?

No. Y esta distinción es importante para entender la estrategia.

El reemplazo de las bandejas forma parte de un conjunto más amplio de acciones de Mondelēz para incorporar materiales reciclados en sus empaques. Antes y paralelamente a esta iniciativa, la compañía ha trabajado para reducir el uso de plástico virgen mediante diferentes tecnologías.

Por ejemplo, algunas bandejas de marcas como Milka, Oreo, Cadbury y Chips Ahoy! ya incorporaban aproximadamente 80% de PET reciclado. En el caso del envase flexible de Cadbury Dairy Milk, la empresa también utiliza tecnología de reciclaje avanzada para incorporar plástico reciclado certificado al 80%.

Esto muestra que no existe una única solución para todos los empaques. El desafío consiste en identificar qué material y tecnología funcionan mejor para cada producto y, al mismo tiempo, reducir la dependencia de recursos vírgenes.

De las bandejas a las bolsas: una estrategia más amplia

La apuesta por materiales reciclados también se ha extendido a otros productos.

A principios de año, Mondelēz colaboró con Amcor para utilizar un 65% de plástico reciclado certificado en los empaques de Mini Huevos Cadbury de distintos tamaños para Semana Santa. El material AmFiniti utilizado por Amcor transforma residuos plásticos posconsumo en nuevos envases.

Durante el verano, Mondelēz también trabajó con Amcor, LyondellBasell y Taghleef Industries para incorporar 75% de material reciclado químicamente en el empaque flexible de las tabletas de chocolate Marabou.

En este último caso, los polímeros CirculenRevive de LyondellBasell buscan contribuir al cumplimiento de los requisitos de contenido reciclado establecidos por el Reglamento de Envases y Residuos de Envases.

La combinación de iniciativas revela que la compañía está explorando diferentes rutas: sustituir materiales, incorporar contenido reciclado y utilizar tecnologías capaces de recuperar residuos para convertirlos nuevamente en materia prima.

¿Qué buenas prácticas de RSE deja el caso?

El cambio PET por papel ofrece aprendizajes que pueden ser útiles para otras empresas que buscan avanzar en sostenibilidad de empaques.

1. Escalar las soluciones.
Una innovación ambiental tiene mayor impacto cuando deja de aplicarse en productos piloto y alcanza una parte significativa del portafolio. En este caso, la sustitución llega a más de 115 productos y 25 mercados.

2. Reducir materiales vírgenes.
La estrategia no se limita a cambiar un material por otro: también incorpora PET reciclado y plástico reciclado químicamente en otras categorías.

3. Elegir materiales con criterios de trazabilidad.
La certificación FSC aporta un mecanismo para respaldar el origen responsable del papel utilizado en las bandejas.

4. Trabajar con socios especializados.
Las colaboraciones con empresas como Amcor, LyondellBasell y Taghleef Industries muestran que la transición hacia empaques más sostenibles requiere innovación y conocimiento a lo largo de toda la cadena de suministro.

5. Vincular sostenibilidad con cumplimiento.
La evolución de las regulaciones sobre envases obliga a las empresas a anticiparse. Incorporar materiales reciclados puede responder tanto a objetivos ambientales como a nuevas exigencias regulatorias.

¿Qué deben considerar las empresas antes de sustituir un empaque?

El caso de Mondelēz también demuestra que cambiar PET por papel no debe convertirse automáticamente en sinónimo de sostenibilidad. Para tomar decisiones responsables, las empresas necesitan analizar el ciclo de vida completo del empaque y verificar si el nuevo material mantiene las funciones necesarias para proteger el producto.

También es necesario considerar si existen sistemas adecuados para recuperar, reciclar o compostar el nuevo material en los mercados donde se comercializa.

La buena práctica, por tanto, no consiste simplemente en reemplazar un material, sino en rediseñar el sistema de empaque con objetivos ambientales medibles.

PET por papel

Un cambio que va más allá de las galletas

La decisión de Mondelēz de pasar de PET por papel en más de un centenar de productos demuestra que la sostenibilidad de los empaques puede abordarse desde diferentes frentes. Reducir 2,200 toneladas de plástico virgen al año representa un avance significativo, pero el verdadero valor del caso está en la estrategia que lo acompaña.

Para las empresas de alimentos, el mensaje es claro: reducir el impacto ambiental requiere innovación, medición y colaboración. Y para la RSE, implica pasar de compromisos generales a decisiones concretas sobre cómo se diseñan, producen y desechan los productos que llegan diariamente a millones de consumidores.

El desafío ahora será demostrar que estas alternativas pueden mantenerse a escala, cumplir su función y generar beneficios ambientales durante todo su ciclo de vida. Porque el futuro de los empaques sostenibles no dependerá únicamente de usar menos plástico, sino de diseñar sistemas capaces de utilizar mejor los recursos y reincorporarlos a la economía.