Por Edgar López Pimentel
Carta de relación de un mercado llamado Libre
Me pidieron que describiera un mercado.
Se llama Mercado Libre.
Pregunté dónde estaba y la respuesta no ayudó mucho: en México, pero también en Brasil, Argentina, Colombia, Chile, Uruguay y otros países de América Latina. Pregunté a qué hora abría. Me dijeron que no cerraba. Pregunté cuántos puestos tenía. Nadie los ha contado.
Lo que sí se cuenta es el movimiento: cada hora se crean o modifican 358,723 anuncios. De día y de noche. En seis meses fueron más de 1,570 millones.
Son casi cien cada segundo.
Intenté imaginarlo. Un puesto detrás de otro. Una camiseta junto a unos tenis. Un teléfono, un juguete, una señora que ofrece un librero hecho en su taller mientras alguien, quién sabe dónde, le cambia el precio a una refacción.
No pude.
Hay mercados demasiado grandes para recorrerlos.
No soy el primero con ese problema.
En 1520, Hernán Cortés quiso explicarle otro mercado a Carlos V. Los historiadores dicen que era el de Tlatelolco. Escribió de sus mercancías, de sus calles y de las decenas de miles de personas que llegaban cada día a comprar y vender. Dejó anotado también un detalle que parece menor.
Había jueces.
Y había personas que recorrían la plaza mirando lo que se vendía y las medidas con que se medía. De esas medidas, cuenta, se había visto romper alguna que estaba falsa.
Se había visto.
Me quedé con ese verbo.
I. La medida de los otros
Volví a Mercado Libre y pregunté quién vigilaba todo aquello.
Me hablaron de sistemas capaces de analizar más de 5,000 variables en menos de un segundo, y de equipos de personas detrás de ellos.
Pensé en una camiseta.
Durante el Mundial, caminando por la Ciudad de México con mis hijos, vimos muchas. Algunas eran evidentemente originales. Otras no necesitaban demasiada investigación.
—Es chafa —decían ellos.
Terminó convirtiéndose en una pequeña regla familiar: si sabemos que es falsa, no la compramos. No tuve que explicarles propiedad intelectual, falsificación ni derechos de marca.
En la calle, a veces bastan dos ojos y algo de sentido común. En un mercado como éste, no.
No es un problema menor. La cámara de la industria de transformación estima que en México se gastan más de 63 mil millones de pesos al año en productos pirata. Durante el propio Mundial, en puestos y locales del Centro Histórico de la Ciudad de México se vendieron copias de la camiseta de la Selección.
En el mercado digital, la escala vuelve a cambiar.
Entre enero y junio de 2026, Mercado Libre detectó y moderó 23,360,911 publicaciones que incumplían sus términos y condiciones.
No todas eran falsificaciones. En esa cuenta caben artículos prohibidos, infracciones de propiedad intelectual, publicaciones con datos personales y otras violaciones a las reglas del mercado. En conjunto representaron 1.49% de todas las publicaciones creadas o modificadas durante el semestre.
Pero había otro dato que decía más sobre la manera de administrar aquel mercado.
Sólo 71,748 publicaciones fueron denunciadas por usuarios o autoridades. El resto fue detectado por los propios equipos y sistemas.
99.69%.
Las camisetas tienen además su propia cuenta. En el capítulo de propiedad intelectual, el reporte registra 21,591,747 detecciones proactivas: 97% de los contenidos retirados por infringir esos derechos. Durante el Mundial, las relacionadas con FIFA y adidas se duplicaron.
El reporte no dice cuánto de una cuenta está dentro de la otra. Yo no las sumé.
Pregunté qué encontraban con mayor frecuencia en México.
La primera respuesta parecía escrita para aquellas camisetas: productos falsificados. Después aparecían medicamentos, importaciones y propiedad robada.
Fue entonces cuando volví a pensar en el nombre.
Mercado Libre.
Mercado ya lo había entendido. Libre resultó más complicado.
Porque libre no quiere decir que todo se vale. La libertad de vender no alcanza para utilizar la marca de otro, ofrecer aquello que las reglas prohíben o engañar a quien compra.
Un mercado puede ser libre.
Lo que no puede ser es libre de reglas.
Eso tampoco es nuevo. En Tlatelolco retiraban la medida falsa, y los demás podían seguir confiando en las medidas que se quedaban.
Encontré entonces un dato pequeño.
De cada cien publicaciones detectadas automáticamente como infractoras, 97.21 quedaron correctamente moderadas y 2.79 volvieron a la plataforma.
Detectar tampoco era el final del proceso.
Y entonces la pregunta cambió.
II. La medida propia
Quise saber qué era aquello que el propio Mercado Libre consideraba más importante cuidar.
La respuesta estaba en otro documento: su Reporte de Impacto 2025. Ahí identifica once asuntos materiales. Los tres primeros son la privacidad y seguridad de la información, la confianza y seguridad en productos y servicios, y la gobernanza, ética y transparencia.
En el lenguaje empresarial los llaman asuntos materiales. Yo los entendí de una manera más sencilla: son las medidas con las que este mercado decidió medirse también a sí mismo.
Y empecé a buscarlas.
Pregunté cuántas veces había tocado la puerta una autoridad. 448,888 veces en seis meses. El tiempo promedio de respuesta fue de 5.58 días. Pero el propio reporte cuenta también algo menos cómodo: en 3.64% de los casos la primera respuesta fue errónea o incompleta y tuvo que reiterarse.
Pregunté por los datos personales. Durante el semestre, los usuarios ejercieron 1,882,565 derechos de privacidad. Siete de cada diez correspondieron al derecho de cancelación y 99.09% del total se gestionó mediante sistemas automatizados.
Hasta ahí seguíamos hablando de lo que ocurre cuando alguien administra un mercado enorme.
Me faltaba la pregunta que no se suele hacer.
¿Qué pasa cuando la medida rota es la propia?
No tuve que insistir. Estaba escrito.
En 2025, Mercado Libre informó cuatro incidentes que afectaron algún pilar de confidencialidad, integridad o disponibilidad de los datos. Registró además 15 reclamos judiciales de habeas data y 48 denuncias de terceros ante autoridades regulatorias. En otra tabla aparecen 12 incidentes de seguridad, cuatro relacionados con datos personales o información de medios de pago.
El documento no cuenta qué ocurrió dentro de cada caso. Deja una constancia más elemental: ocurrieron.
También aparecen sanciones. En Brasil, la autoridad sanitaria sancionó a la empresa por productos prohibidos, productos sin registro o anuncios con alegaciones terapéuticas que terceros habían puesto a la venta en la plataforma. El regulador de telecomunicaciones confirmó otra sanción por productos no homologados. La misma cuenta registra también una resolución en sentido contrario: una multa reportada el año anterior que después fue anulada.
Nada de eso se vuelve buena noticia por estar publicado.
Un incidente sigue siendo un incidente. Una sanción sigue siendo una sanción. Y ningún reporte permite afirmar que sabemos todo lo que ocurrió.
Pero también eso estaba ahí: aquello que no había salido como debía.
Entonces entendí algo.
Mientras existan mercados habrá que comprobar, poner límites y corregir. Y, si de confianza se trata, hay una responsabilidad adicional: contarlo.
Hasta ese momento había pensado que la transparencia consistía en mostrar la medida con la que vigilamos a los demás. Quizá la prueba más difícil sea otra: mostrar también aquella con la que aceptamos ser medidos.
III. La plaza
Volví a Tlatelolco.
Hace más de quinientos años, una medida falsa se rompía en aquel mercado. No porque fuera un mercado sin trampas. Precisamente porque no lo era.
Y se había visto.
Hoy sería imposible reunir en una plaza a todos los que compran y venden en Mercado Libre. El mercado se volvió demasiado grande. También sus medidas.
Quizá por eso tuvo que construirse otra plaza. Una hecha de datos, reportes y cuentas.
Termino mi relación sin haber recorrido el mercado completo. Nadie podría.
Le dejo lo único que saqué en claro: cinco siglos después, la confianza sigue pidiendo un lugar donde todos podamos ver la medida.

Nota de lectura. Este es un relato documental. La escena del Mundial es una experiencia del autor; el resto de las escenas son recursos narrativos. Los datos del primer semestre de 2026 proceden del 12° Reporte de Transparencia de Mercado Libre; los asuntos materiales, incidentes y sanciones, de su Reporte de Impacto 2025. La referencia a Tlatelolco se basa en la Segunda Carta de Relación de Hernán Cortés. La estimación sobre productos pirata en México corresponde a declaraciones de la presidenta de Canacintra publicadas por La Jornada el 7 de octubre de 2026.













