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En solo 19 días, los vuelos del presidente de la FIFA emitieron tanto CO₂ como 100 mexicanos en un año

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La sostenibilidad se ha convertido en uno de los ejes narrativos más importantes de la FIFA. El organismo se ha comprometido con reducir las emisiones un 50 % para el año 2030 y alcanzar las cero emisiones netas en 2040 como parte de su estrategia para el clima, e incluso, ha reiterado que el crecimiento del fútbol debe ir acompañado de una mayor responsabilidad con el planeta. Sin embargo, cuando el discurso se contrasta con las decisiones operativas, surgen interrogantes difíciles de ignorar. Los vuelos del presidente de la FIFA durante el Mundial 2026 ejemplifican esa tensión entre las aspiraciones climáticas y las prácticas reales del organismo.

En apenas 19 días del torneo organizado por México, Estados Unidos y Canadá, los desplazamientos de Gianni Infantino en un jet privado ya acumulan emisiones comparables a las que generan casi 100 mexicanos en todo un año. Más allá de las emisiones de un solo avión, el caso plantea una pregunta de fondo para cualquier estrategia ESG: ¿puede una organización promover la sostenibilidad mientras mantiene prácticas que contradicen el mensaje que busca transmitir?

Los vuelos del presidente de la FIFA ponen en entredicho el discurso climático del organismo

Durante los primeros 19 días del Mundial, Gianni Infantino recorrió aproximadamente 56,093 kilómetros para asistir a encuentros celebrados en distintas sedes del torneo, según datos de Expansión ESG. Su agenda incluyó escalas en Ciudad de México, Guadalajara, Los Ángeles, San Francisco, Vancouver, Miami, Kansas City, Houston y Monterrey, reflejando el carácter multinacional de esta edición de la Copa del Mundo.

Para realizar estos desplazamientos utilizó un Gulfstream G650ER, aeronave privada facilitada por Qatar Airways como parte de su acuerdo de patrocinio con la FIFA. Aunque el uso de este tipo de transporte suele justificarse por razones de logística y seguridad, también representa una de las formas más intensivas de movilidad en términos de emisiones por pasajero.

Los cálculos elaborados con base en información de BBC Verify, la base de datos Emissions Database for Global Atmospheric Research (EDGAR) y el registro de los partidos a los que ha asistido Infantino estiman que este avión emite 10.29 kilogramos de dióxido de carbono equivalente (CO₂e) por cada kilómetro recorrido.

Bajo esa metodología, hasta el encuentro entre Países Bajos y Marruecos disputado en Monterrey, los vuelos del presidente de la FIFA habían generado aproximadamente 584,374 kilogramos de CO₂e, equivalentes a 584.4 toneladas.

La dimensión de estas emisiones resulta aún más evidente al ponerlas en contexto, pues representan aproximadamente las emisiones anuales de 97 personas en México, considerando un promedio de seis toneladas de CO₂e por habitante, o el impacto climático de alrededor de 125 automóviles de gasolina circulando durante un año. En apenas unas semanas, los traslados del máximo dirigente del futbol mundial igualaron la huella anual de toda una comunidad.

BBC Verify y EDGAR evidencian la elevada huella de carbono del Gulfstream G650ER que usa Infantino

El análisis de las emisiones fueron construidos a partir del seguimiento realizado por BBC Verify, que documentó la presencia de Infantino en los distintos partidos del Mundial, combinado con los factores de emisión contenidos en la base de datos EDGAR, una de las referencias internacionales para estimar emisiones atmosféricas.

La metodología permitió reconstruir la ruta seguida por el Gulfstream G650ER y calcular el impacto climático acumulado de cada trayecto. Aunque la aviación representa aproximadamente 3% de las emisiones globales de dióxido de carbono, los jets privados presentan una intensidad de emisiones considerablemente mayor por pasajero que la aviación comercial, debido al reducido número de ocupantes y al elevado consumo de combustible por vuelo.

vuelos del presidente de la FIFA

Esta información adquiere especial importancia porque la propia FIFA ha reconocido en sus informes de sostenibilidad que la expansión de sus competiciones implica responsabilidades que van más allá del espectáculo deportivo. En su reporte, Gianni Infantino afirma:

“Si bien nuestra labor esencial consiste en organizar más competiciones y de más calidad, así como fomentar el desarrollo continuo y la igualdad de condiciones en todo el mundo, no debemos olvidar nunca la influencia que ejerce nuestra organización en las personas, la economía y el planeta”.

Asimismo, el organismo sostiene que fortalecerá sus reglamentos para proteger al fútbol frente a las consecuencias del cambio climático y construir un deporte más resiliente. Sin embargo, el caso de los vuelos del presidente de la FIFA muestra que la credibilidad de esos compromisos depende también de la coherencia entre los objetivos declarados y las decisiones cotidianas de sus principales representantes.

El Mundial 2026 podría convertirse en el más contaminante de la historia

Las emisiones asociadas al transporte del presidente representan únicamente una pequeña fracción de un problema mucho mayor. Diversas organizaciones especializadas, entre ellas Scientists for Global Responsibility (SGR) y Environmental Defense Fund (EDF), estiman que el Mundial 2026 podría generar alrededor de 9 millones de toneladas de CO₂e, casi el doble de los 5.25 millones de toneladas atribuidos a Catar 2022.

El incremento responde principalmente al formato ampliado del torneo, el mayor número de selecciones participantes, la dispersión geográfica de las sedes y la enorme cantidad de vuelos necesarios para trasladar equipos, personal, patrocinadores y aficionados entre tres países. Para Samran Ali, del Environmental Defense Fund, el problema trasciende las cifras:

“El Mundial 2026 nos une en torno a la pasión compartida por el futbol, pero también conlleva una elevada huella de carbono. Este coste no es abstracto: desde el aumento de las temperaturas hasta tormentas más intensas, lo sufren comunidades que ya enfrentan las consecuencias del cambio climático”.

vuelos del presidente de la FIFA

Ali añade que la FIFA necesita avanzar hacia contabilidad transparente, reducciones reales de emisiones, normas vinculantes y alianzas que reflejen una auténtica ambición climática, en lugar de limitarse a comunicar compromisos generales.

Las críticas también alcanzan la política comercial del organismo. Andrew Simms, integrante de Cool Down y de la Red de Acción Climática Deportiva, cuestionó que la FIFA haya firmado una alianza con Saudi Aramco, considerada una de las empresas con mayor contribución histórica a las emisiones globales. De acuerdo con las estimaciones citadas, las emisiones asociadas a este patrocinio podrían ascender a 29.95 millones de toneladas de CO₂e. Simms resume la contradicción con contundencia:

“Los responsables del fútbol están traicionando a los aficionados, a los jugadores y al futuro del deporte al organizar la Copa del Mundo más contaminante en los 95 años de historia del torneo”.

La combinación entre el uso recurrente de jets privados, la expansión del torneo y las alianzas con grandes emisores alimenta un cuestionamiento cada vez más frecuente: ¿puede una estrategia de sostenibilidad mantener legitimidad cuando sus principales decisiones operativas parecen avanzar en sentido contrario?

vuelos del presidente de la FIFA

Coherencia climática: la sostenibilidad también debe comenzar en la cancha directiva

El fútbol posee una capacidad única para movilizar personas, influir en comportamientos y acelerar conversaciones globales sobre desafíos sociales y ambientales. Precisamente por ello, la FIFA tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de convertir sus compromisos climáticos en acciones verificables que trasciendan los informes de sostenibilidad y permeen todas las decisiones relacionadas con la organización de sus torneos.

Los vuelos del presidente de la FIFA ilustran cómo una sola práctica puede poner en duda un discurso institucional cuidadosamente construido. Reducir la huella ambiental del Mundial no dependerá únicamente de compensaciones de carbono o de iniciativas de eficiencia energética, sino de una visión integral que abarque la movilidad de sus directivos, la selección de sus socios comerciales y la coherencia entre sus compromisos públicos y sus operaciones. En materia de responsabilidad social, predicar con el ejemplo sigue siendo la condición más importante para construir credibilidad.

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