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Telas sostenibles sí, reducción de emisiones no al mismo ritmo: el balance de Gap

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La industria de la moda enfrenta una paradoja cada vez más difícil de ignorar: puede avanzar en la selección de materiales y, al mismo tiempo, encontrar obstáculos para reducir sus emisiones. Gap llega a 2025 con una señal clara en ese terreno: logró abastecerse de algodón proveniente en su totalidad de fuentes sostenibles y superó su meta de poliéster reciclado. Sin embargo, otros indicadores ambientales muestran que la transición no avanza de manera uniforme.

El Informe de Impacto 2025 de la compañía revela una fotografía más compleja que la de un simple listado de metas cumplidas. Mientras algunos resultados relacionados con materiales, agua y emisiones de alcance 3 mejoraron, el porcentaje de electricidad proveniente de fuentes renovables cayó y la reducción de emisiones de alcance 1 y 2 fue menor que la registrada el año anterior. Así, la sostenibilidad de Gap enfrenta el reto de convertir avances puntuales en una transformación consistente de toda su cadena de valor.

Sostenibilidad de Gap: algodón sostenible y más poliéster reciclado

Uno de los resultados más contundentes de Gap durante el ejercicio fiscal 2025 fue alcanzar el 100% de algodón proveniente de fuentes sostenibles. La cifra representa un avance frente al 98% reportado en 2024 y permite a la compañía cumplir con el objetivo que se había planteado para este material. Pero el siguiente desafío ya está sobre la mesa: duplicar el uso de algodón estadounidense con trazabilidad mediante TextileGenesis, plataforma que permite seguir el recorrido de los materiales desde la fibra hasta el punto de venta.

El poliéster también dejó una señal positiva. Durante 2025, Gap obtuvo 65% de este material de fuentes recicladas, por encima de su meta de alcanzar al menos 45%. Además, la compañía firmó una carta de intención para utilizar poliéster producido por Syre a partir de textiles reciclados, una alternativa que busca reducir la dependencia de materias primas vírgenes derivadas del petróleo.

Estos resultados muestran que la selección de materiales puede convertirse en una de las palancas más visibles de transformación dentro de la moda. No obstante, también plantean una pregunta relevante: ¿qué ocurre cuando la innovación en materiales avanza más rápido que la descarbonización de las operaciones?

Sostenibilidad de Gap: las emisiones avanzan, pero con ritmos distintos

En materia de emisiones, el panorama es menos lineal. Gap redujo 70% sus emisiones de gases de efecto invernadero de alcance 1 y 2 respecto de los niveles de 2017. Aunque se trata de una reducción significativa, representa un retroceso frente al 74% alcanzado en 2024. El objetivo de la empresa es llegar a una reducción de 90% para 2030, por lo que recuperar el ritmo será determinante.

El comportamiento de las emisiones de alcance 3 ofrece una lectura distinta. Las emisiones asociadas con bienes y servicios adquiridos disminuyeron 20% respecto de 2017, frente a una reducción de 13% registrada en 2024. Gap busca llegar a una reducción de 32.5% para 2030, apoyándose principalmente en la colaboración con proveedores para mejorar la eficiencia energética e incorporar energías renovables.

En conjunto, la compañía reporta una reducción de 20% en sus emisiones totales desde 2017, frente al 17% que había registrado en 2024. La meta de largo plazo es alcanzar cero emisiones netas en toda la cadena de valor para 2050. El desafío está en mantener una trayectoria descendente constante y evitar que los avances de un año sean seguidos por retrocesos en indicadores clave.

La energía renovable se convierte en un punto de atención

Si existe un dato que contrasta con los avances en materiales, es el relacionado con la electricidad renovable. En 2025, Gap obtuvo 46% de la electricidad utilizada en sus instalaciones a partir de fuentes renovables, una proporción menor al 52% registrado durante 2024. La compañía tiene como meta alcanzar el 100% de electricidad renovable para 2030.

Aun con este descenso, la cadena avanzó en proyectos específicos dentro de su red de proveedores. Un total de 420 instalaciones de nivel 1 y 2 invirtieron en energías renovables durante 2025. Entre ellas, dos instalaciones en Vietnam concluyeron la instalación de paneles solares en sus techos, con una capacidad que cubre aproximadamente un tercio de sus necesidades eléctricas.

El movimiento también llegó a la logística. Gap sustituyó los camiones de maniobra diésel utilizados para transportar contenedores por modelos eléctricos en cuatro centros de distribución. La medida permitió ahorrar más de 31,000 galones de diésel y la compañía planea extender la conversión al resto de sus instalaciones durante 2026.

Proveedores y agua: el impacto más allá de las tiendas

La transformación de la cadena de suministro es otro de los frentes donde Gap busca acelerar resultados. Cerca de 40 proveedores de nivel 1 y 2 se inscribieron o completaron el Programa de Acción Climática para Fabricantes de Cascale durante 2025. La iniciativa busca involucrar directamente a los fabricantes en acciones relacionadas con reducción de emisiones, eficiencia energética y transición hacia energías renovables.

El agua también registró un avance considerable. Gap repuso 39% del total de agua dulce que extrajo de su cadena de suministro durante 2025, frente al 14% de 2024. El resultado coloca a la empresa, según su propio reporte, en camino para alcanzar su meta de reponer 100% del agua dulce utilizada en la fabricación de prendas y en las instalaciones operadas por la compañía para 2030.

Estos indicadores recuerdan que la sostenibilidad de Gap no depende únicamente de qué materiales entran en una prenda. También está determinada por cómo se fabrican, cuánta energía requiere el proceso, qué ocurre con el agua y qué tan preparada está la red de proveedores para modificar sus operaciones.

Un nuevo liderazgo para integrar la sostenibilidad

El siguiente capítulo de la estrategia estará encabezado por Jeffrey Hogue, quien fue nombrado nuevo director de sostenibilidad de Gap. Hogue llega después de desempeñarse como director de sostenibilidad de Levi Strauss & Co., y asumirá la tarea de fortalecer la integración de estos asuntos dentro de la compañía y su cadena de suministro global.

El nombramiento ocurre en un momento particularmente relevante. Gap cuenta con avances concretos en materiales sostenibles, agua y emisiones de alcance 3, pero también enfrenta indicadores que muestran que la transición energética y la reducción de emisiones directas requieren mayor impulso.

Más que sumar nuevas metas, el reto será conectar las que ya existen. Alcanzar 100% de algodón sostenible, elevar el uso de materiales reciclados, avanzar hacia electricidad renovable y reducir las emisiones de toda la cadena de valor forman parte de una misma transformación. La capacidad de integrarlas será determinante para medir el verdadero progreso de la compañía.

El balance: avanzar no siempre significa avanzar al mismo ritmo

El caso de Gap muestra por qué evaluar la sostenibilidad corporativa únicamente a partir de metas cumplidas puede resultar insuficiente. La compañía consiguió importantes avances durante 2025, especialmente en algodón sostenible, poliéster reciclado, emisiones de alcance 3 y reposición de agua. Al mismo tiempo, algunos indicadores ambientales retrocedieron respecto de 2024, particularmente el uso de electricidad renovable y la reducción de emisiones de alcance 1 y 2.

La fotografía, por tanto, no es la de una estrategia que funciona o fracasa en bloque. Es la de una transformación con velocidades diferentes y con retos que se vuelven más complejos conforme las metas avanzan hacia 2030 y 2050. Para Gap, el siguiente paso será demostrar que los progresos en materiales pueden acompañarse de una descarbonización sostenida de sus operaciones y proveedores.

La llegada de un nuevo responsable de sostenibilidad puede marcar un punto de inflexión si logra convertir estos esfuerzos aislados en una estrategia más integrada. En una industria donde cada fibra, fábrica, traslado y kilowatt forman parte de la huella ambiental, el verdadero desafío no será solamente vestir las prendas con materiales más sostenibles, sino transformar todo lo que ocurre antes de que lleguen a las tiendas.

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