La acción humanitaria en una encrucijada a medida que las crisis se intensifican y la financiación se reduce

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El mundo se encuentra en una encrucijada humanitaria. A medida que las necesidades mundiales alcanzan máximos históricos y la financiación para la ayuda se desploma, World Vision advierte de un punto de inflexión crítico para los niños y niñas más vulnerables del mundo.

El último informe del Panorama Humanitario Mundial (Global Humanitarian Overview, GHO) presenta una situación muy preocupante: uno de cada cinco niños o niñas en todo el mundo vive en zonas de conflicto o huye de ellas, mientras que 239 millones de personas necesitan asistencia humanitaria. Sin embargo, la respuesta es vacilante. A finales de noviembre, la financiación humanitaria había alcanzado solo los 12.000 millones de dólares, el nivel más bajo en diez años. Si se tiene en cuenta la inflación, el déficit es aún más acusado, lo que erosiona el valor real de la ayuda y limita la capacidad de responder a las crisis cada vez más graves.

El informe Global Disaster Management Overview 2025 (Panorama general de la gestión de desastres a nivel mundial para el año fiscal 2025) de World Vision revela que la organización llegó a casi 36 millones de personas, incluidos 18,6 millones de niños y niñas, en 70 países, en algunos de los contextos más frágiles del mundo, a pesar de lo que denomina «el período más turbulento para la acción humanitaria en décadas».

“El trabajo humanitario se encuentra bajo una presión sin precedentes. Los conflictos armados, las crisis climáticas y los desplazamientos se están intensificando, mientras que la falta de financiación obliga a tomar decisiones dolorosas. Nuevos recortes podrían poner en peligro a millones de personas, especialmente a la infancia que se enfrenta a una grave inseguridad alimentaria y al desplazamiento”, afirma Isabel Gomes, responsable global de Gestión de Desastres de World Vision. “Sin embargo, nuestro compromiso con los niños y niñas y las comunidades que se encuentran en primera línea de la crisis sigue siendo inquebrantable”.

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Déficit de financiación y decisiones difíciles

El resumen del Panorama Humanitario Global subraya la creciente brecha entre las necesidades y los recursos. La financiación humanitaria ha disminuido año tras año, lo que ha obligado a las agencias de ayuda humanitaria a tomar decisiones dolorosas sobre quién recibe ayuda vital.

En 2025, desaparecieron las últimas redes de seguridad para millones de personas. Las clínicas de salud cerraron sus puertas, se recortó la ayuda alimentaria, desaparecieron los programas de nutrición, los servicios de protección dejaron de funcionar, se agotó la ayuda en efectivo, se interrumpió el suministro de agua y los refugios quedaron en ruinas.

En medio de un panorama donante difícil y conflictos arraigados, las profundas raíces locales, la presencia global y las alianzas de World Vision permitieron una respuesta rápida a 104 emergencias este año. Como ejecutora de programas de ayuda en efectivo y alimentos, la organización distribuyó 276 millones de dólares en efectivo y vales y entregó el 85 % de su ayuda alimentaria total en entornos frágiles.

Algunas de las operaciones humanitarias más grandes y de más rápido crecimiento de World Vision se llevan a cabo en países como Sudán, Chad, la República Democrática del Congo, Líbano y Myanmar, que se enfrentan a necesidades de una gravedad sin precedentes y se encuentran entre los más afectados, con millones de personas desplazadas.

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La organización sigue prestando ayuda a gran escala, integrando el trabajo humanitario y de desarrollo, al tiempo que invierte en innovación, fortalece el liderazgo local y refuerza la rendición de cuentas, garantizando que la infancia no solo sobreviva, sino que prospere. 

Sin embargo, World Vision advierte que el cambio de prioridades de los donantes y la reducción del enfoque en la seguridad amenazan con erosionar los principios humanitarios que protegen a los niños y niñas y las comunidades.

“El coste de la inacción no solo se mide en vidas perdidas, sino en futuros perdidos. Por eso es fundamental dar forma al futuro de la acción humanitaria”, afirma Isabel Gomes.

La organización insta a sus socios, gobiernos, donantes y al público en general a trabajar juntos para construir un mundo en el que todos los niños y niñas puedan prosperar, incluso en los contextos más frágiles.

Nuevo reporte revela cómo se expresa la generosidad en América Latina y el Caribe en 2025

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El Hub de América Latina y el Caribe de GivingTuesday presenta “Generosidad en América Latina y el Caribe 2025: Explorando nuestras identidades filantrópicas”, la segunda edición de su informe anual sobre las prácticas de generosidad en la región. El reporte reúne datos, tendencias y perspectivas sobre cómo dan y donan las personas en cada uno de los países de la región, ofreciendo una visión amplia del ecosistema filantrópico en América Latina y el Caribe.

El panorama más completo de la filantropía regional

Consolidando investigaciones de fuentes como el World Giving Report, el Global Philanthropy Environment Index y estudios nacionales de Brasil, Chile, México y más, esta segunda edición ofrece el análisis más completo disponible hasta ahora sobre cómo, cuánto y por qué las personas dan en América Latina y el Caribe.

En un año en que muchas organizaciones de la sociedad civil enfrentan recortes en cooperación internacional y mayores restricciones al espacio cívico, los datos revelan patrones inesperados que entregan señales alentadoras para el sector. 

La generosidad en América Latina y el Carbe es, ante todo, relacional

“El 35% de latinoamericanos dona directamente a personas o familias necesitadas, superando significativamente al 26% que dona a organizaciones benéficas y al 20% que dona a organizaciones religiosas,” señala JP Vergueiro, Director del Hub de América Latina y el Carbie de GivingTuesday. “Este patrón refleja tradiciones comunitarias profundamente arraigadas de solidaridad y reciprocidad. También significa que las métricas tradicionales probablemente han subestimado la verdadera generosidad en nuestra región durante años”. 

La prosperidad no predice la generosidad

Los países más ricos de América Latina están entre los menos generosos. En las tres economías más prósperas del cono sur (Chile, Argentina y Uruguay) las personas donan apenas 0.6% de sus ingresos. Mientras tanto, en Centroamérica y el Caribe, a pesar de tener economías más pequeñas las personas donan más. Por ejemplo, en Honduras y República Dominicana, las personas donan 1.38% y 1.17% respectivamente.

¿Qué encontrarás?

Cuatro secciones exploran desde la “identidad filantrópica” regional hasta el panorama comparativo global. La principal innovación del reporte es la incorporación de fichas para los 33 países, que revelan por primera vez la magnitud de las brechas de datos y la invisibilidad casi total del Caribe en la investigación internacional.

Las recomendaciones finales plantean líneas de acción para fundaciones, investigadores, organizaciones sociales y formuladores de políticas: desmitificar la filantropía, visibilizar la generosidad que ya florece en América Latina y el Caribe y construir sistemas que la fortalezcan en la región.

Acceso al reporte: La versión completa está disponible aquí.

La línea roja del clima: ¿qué significa estar cerca de los puntos de no retorno?

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La Tierra está entrando en una fase inédita de su historia climática. Al acercarnos —e incluso rozar de forma temporal— el umbral de 1.5 °C de calentamiento global, el planeta comienza a mostrar señales claras de estrés sistémico. Eventos extremos más frecuentes, ecosistemas degradados y una creciente inestabilidad climática ya no son anomalías, sino parte de una nueva normalidad que redefine la relación entre la humanidad y el sistema terrestre.

Este contexto es especialmente preocupante porque no todos los cambios climáticos son reversibles. La ciencia advierte que estamos peligrosamente cerca de activar procesos que, una vez iniciados, no podrían detenerse aunque las emisiones se redujeran drásticamente después. Estos procesos se conocen como puntos de no retorno climático, y su cercanía eleva el riesgo de impactos catastróficos que exceden las capacidades tradicionales de adaptación y gestión del riesgo.

¿Qué son los puntos de no retorno climático y por qué importan ahora?

Los puntos de no retorno climático son umbrales críticos del sistema terrestre que, al ser superados, desencadenan cambios abruptos, autoalimentados y en gran medida irreversibles. A diferencia de los impactos graduales del cambio climático, estos procesos pueden acelerarse de forma no lineal y mantenerse durante siglos o incluso milenios, alterando de manera permanente el equilibrio del planeta.

Principales puntos de no retorno climático identificados por la ciencia

  • Colapso de la capa de hielo de Groenlandia
    A partir de cierto nivel de calentamiento, la pérdida de masa de hielo se vuelve irreversible, comprometiendo la estabilidad del nivel del mar a escala global durante siglos.
  • Inestabilidad de la Antártida Occidental
    El retroceso de glaciares marinos podría acelerar el aumento del nivel del mar, afectando regiones costeras densamente pobladas y sistemas urbanos críticos.
  • Degradación irreversible de la Amazonía
    La combinación de deforestación y aumento de temperatura puede llevar a un cambio de estado del ecosistema, reduciendo drásticamente su capacidad de absorber carbono.
  • Deshielo del permafrost
    Libera grandes cantidades de metano y dióxido de carbono, intensificando el calentamiento mediante retroalimentaciones difíciles de controlar.
  • Colapso de los arrecifes de coral
    La acidificación y el calentamiento oceánico amenazan con la pérdida casi total de estos ecosistemas, esenciales para la biodiversidad y la seguridad alimentaria.
puntos de no retorno climático

Estar “cerca” de estos puntos no implica necesariamente que ya se hayan cruzado, sino que el margen de seguridad se ha reducido drásticamente. El Informe Global de Puntos de Inflexión 2025 (GTP), elaborado con la participación de 160 autores de 23 países y 87 instituciones, señala que varios sistemas clave ya muestran signos de inestabilidad a niveles de calentamiento cercanos a 1.5 °C. En este escenario, pequeñas variaciones adicionales de temperatura pueden detonar respuestas desproporcionadas del sistema climático.

Riesgos sistémicos de acercarnos a los puntos de no retorno climático

De acuerdo con el GTP, el primer gran riesgo es perder el control del sistema climático. Al activarse uno o varios puntos de no retorno, se generan retroalimentaciones positivas que refuerzan el calentamiento global, incluso sin un aumento adicional significativo de emisiones humanas. Esto podría empujar al planeta hacia estados climáticos mucho más cálidos y menos habitables.

Desde una perspectiva social, los impactos se multiplican. Aumentan la inseguridad alimentaria, los desplazamientos forzados y la exposición a crisis sanitarias, especialmente en regiones ya vulnerables. Los puntos de no retorno climático no solo representan un desafío ambiental, sino un detonador de crisis humanitarias interconectadas.

En el plano económico y político, estos cambios amenazan la estabilidad global. La pérdida de ecosistemas clave, el estrés sobre los recursos hídricos y alimentarios, y el aumento de eventos extremos pueden intensificar tensiones geopolíticas y profundizar las desigualdades. El informe subraya que estos riesgos no se distribuyen de manera equitativa, planteando un desafío central para la justicia climática y la responsabilidad social.

puntos de no retorno climático

Qué recomienda el informe para minimizar la crisis climática

Cambiar la estrategia climática global

El informe es contundente: la prioridad debe ser reducir de inmediato y de forma sostenida las emisiones de gases de efecto invernadero. Cada décima de grado cuenta para evitar los puntos de no retorno climático, y retrasar la acción incrementa exponencialmente los riesgos. Apostar por reducciones futuras o compensaciones inciertas ya no es una estrategia viable.

Transformar la gobernanza climática

Se requiere un cambio profundo en la forma en que se gobierna la acción climática. Esto implica pasar de compromisos voluntarios a marcos regulatorios vinculantes, fortalecer la cooperación internacional y garantizar financiamiento suficiente. La gobernanza debe integrar criterios de justicia climática y responsabilidad histórica, reconociendo que los impactos no afectan a todos por igual.

Reformar los sistemas alimentarios

El informe identifica a los sistemas alimentarios como un eje clave de la crisis climática. Reducir la presión sobre ecosistemas críticos, transformar los modelos de producción y consumo, y disminuir el desperdicio de alimentos son acciones esenciales para limitar el calentamiento y evitar puntos de no retorno.

Proteger y restaurar ecosistemas clave

La protección de bosques, océanos, humedales y otros ecosistemas estratégicos es fundamental para mantener la estabilidad climática. Estos sistemas funcionan como amortiguadores naturales y su degradación acerca peligrosamente al planeta a cambios irreversibles. Restaurarlos no es opcional, sino una estrategia climática central.

Acelerar una transición justa

Finalmente, el informe subraya que la acción climática solo será efectiva si es socialmente justa. Esto implica proteger a las comunidades más vulnerables, invertir en capacitación y empleo verde, y asegurar que la transición no profundice desigualdades existentes. Evitar los puntos de no retorno climático requiere un enfoque que combine ambición ambiental con equidad social.

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El límite no es abstracto, es ahora

Hablar de puntos de no retorno ya no es una advertencia lejana, sino una descripción precisa del momento histórico que atravesamos. La cercanía a los puntos de no retorno climático redefine la urgencia de la acción y expone los límites de las respuestas incrementales. El margen de maniobra existe, pero se está cerrando rápidamente.

Para quienes trabajan en responsabilidad social, sostenibilidad y toma de decisiones estratégicas, el mensaje es claro: no se trata solo de gestionar impactos, sino de evitar umbrales que harían insuficiente cualquier esfuerzo posterior. La ciencia ha trazado el mapa de los riesgos; ahora, la diferencia entre cruzar o no esos límites depende de las decisiones que se tomen hoy.

Greenwashing en 2025: 8 marcas señaladas por engañar al consumidor

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El greenwashing en 2025 adquirió una nueva dimensión: ya no se trató únicamente de exagerar atributos ambientales, sino de vaciar de contenido compromisos climáticos previamente anunciados. Según información de Eco- Business, el fenómeno del greenrinsing se volvió especialmente visible cuando empresas multinacionales como Shell, BP, Unilever, Volvo y Coca-Cola, que habían prometido alcanzar emisiones netas cero comenzaron a retrasar plazos, debilitar metas o eliminar silenciosamente objetivos intermedios. Esta práctica no solo confundió a los mercados y a los consumidores, sino que evidenció la fragilidad de las promesas voluntarias en ausencia de mecanismos de rendición de cuentas.

A la par, sectores altamente contaminantes reforzaron narrativas tecnológicas que funcionaron como coartadas para la inacción. En 2025, las tecnologías de captura, uso y almacenamiento de carbono (CCUS) fueron presentadas como soluciones climáticas maduras, pese a su limitada eficacia demostrada a gran escala. Bajo este discurso, el gas natural fue reetiquetado como “combustible de transición” o incluso “energía limpia”, justificando la expansión de infraestructura fósil en un momento en el que la ciencia climática exige reducciones inmediatas y profundas de emisiones.

A su vez, el uso indebido de instrumentos financieros y de mercado profundizó esta tendencia. En regiones como el Sudeste Asiático, los créditos de carbono se consolidaron como la forma más común de lavado de imagen verde, mientras que los préstamos vinculados a la sostenibilidad comenzaron a generar dudas sobre su capacidad real para financiar transformaciones ambientales. Lejos de acelerar la transición, estos mecanismos fueron utilizados para mantener el statu quo, desplazando la atención de las reducciones estructurales de impacto hacia métricas opacas y difíciles de verificar.

greenwashing en 2025

El contexto político y regulatorio terminó de vaciar la narrativa verde. Durante la COP30, los gigantes del petróleo y el gas lanzaron campañas publicitarias masivas con mensajes favorables al clima, justo antes de unas negociaciones dominadas por lobbistas de combustibles fósiles y que concluyeron sin un acuerdo para eliminar progresivamente la energía sucia. Al mismo tiempo, el retroceso regulatorio en algunos bloques —como la retirada de la Directiva de Declaraciones Verdes de la Unión Europea— contrastó con el endurecimiento de normas a nivel nacional y con multas millonarias en países como Australia y Corea del Sur.

Es en este contexto de retrocesos, falsas soluciones y pérdida de credibilidad donde se inscriben los casos de empresas que, a lo largo del año, fueron señaladas por engañar al consumidor con afirmaciones de sostenibilidad que no resistieron el análisis. A continuación, se presentan algunos de los ejemplos más representativos de este patrón:

8 marcas acusadas de greenwashing en 2025

1. Toyota: soluciones climáticas que retrasan la transición

Durante la COP30, Toyota fue señalada por Greenpeace por promover prototipos de vehículos impulsados por biocombustibles como una vía viable para la descarbonización del transporte. La organización denunció que esta narrativa desvía la atención de la electrificación, una tecnología clave para reducir emisiones de manera efectiva. Además, advirtió que la expansión de biocombustibles puede afectar bosques tropicales y la seguridad alimentaria. La crítica se agravó al recordar que Toyota va rezagada en la electrificación de su flota. En el contexto del greenwashing en 2025, el caso evidenció el uso de falsas soluciones para mantener modelos tradicionales.

Las implicaciones ambientales son profundas, ya que estudios citados por Greenpeace estiman que los biocombustibles podrían emitir hasta 70 millones de toneladas adicionales de CO₂e anuales para 2030. Para los consumidores, estas narrativas generan confusión sobre qué tecnologías realmente contribuyen a la acción climática. Para las marcas comprometidas con la transición energética, este tipo de prácticas diluye el valor de los esfuerzos genuinos. También debilita la credibilidad del sector automotriz en su conjunto. En suma, refuerza la percepción de que el greenwashing en 2025 sigue siendo una estrategia de retraso.

greenwashing en 2025

2. Shein: sostenibilidad diluida en la moda ultrarrápida

Shein fue multada en Italia con un millón de euros por utilizar mensajes de sostenibilidad considerados vagos, emotivos o directamente engañosos. Las autoridades concluyeron que la marca exageró la reciclabilidad de sus productos y sugirió sistemas circulares inexistentes. También se cuestionaron las credenciales ambientales de su línea “evoluSHEIN by design”. Los reguladores señalaron inconsistencias entre sus objetivos climáticos y el aumento real de sus emisiones en 2023 y 2024. El caso se convirtió en uno de los ejemplos más visibles de greenwashing en 2025.

El impacto de este tipo de prácticas va más allá de la sanción económica. La moda ultrarrápida es una de las industrias más contaminantes del mundo, por lo que hacer afirmaciones verdes sin sustento agrava su huella ambiental. Para los consumidores, estas narrativas crean una falsa sensación de consumo responsable. Para las marcas que sí invierten en modelos circulares reales, el daño reputacional es colectivo. Así, Shein ejemplifica cómo el greenwashing en 2025 perpetúa modelos de producción insostenibles.

3. Banana Boat: arrecifes como argumento de marketing

Edgewell Group, propietaria de Banana Boat, enfrentó demandas en Estados Unidos y Australia por promocionar sus bloqueadores solares como “respetuosos con los arrecifes”. Aunque los productos no contenían ciertos químicos ampliamente prohibidos, sí incluían otras sustancias tóxicas para los corales. Las autoridades argumentaron que estas afirmaciones inducían a error al consumidor. El caso expuso cómo etiquetas aparentemente responsables pueden ocultar impactos ambientales reales. En el marco del greenwashing en 2025, el uso de términos absolutos sin respaldo científico fue clave.

Las consecuencias ambientales son especialmente graves al tratarse de ecosistemas altamente vulnerables como los arrecifes de coral. Para los consumidores, confiar en estas afirmaciones implica decisiones de compra basadas en información incompleta o falsa. Para las marcas realmente comprometidas con la protección marina, estas prácticas banalizan los estándares ambientales. Además, el hecho de que Banana Boat mantenga mensajes similares en otros mercados muestra la fragmentación regulatoria. Este caso ilustra cómo el greenwashing en 2025 sigue aprovechando vacíos legales.

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4. Nike: cuando “sostenible” no significa nada

En diciembre, el regulador publicitario del Reino Unido prohibió anuncios de Nike por el uso indebido del término “sostenible”. La marca promovía prendas como fabricadas con “materiales sostenibles” sin explicar qué significaba esto ni aportar evidencia clara. La autoridad concluyó que el mensaje podía inducir a error al consumidor promedio. El fallo se dio en una ronda que también afectó a otras marcas de moda. Así, Nike se convirtió en un referente del greenwashing en 2025 dentro del sector textil.

El problema de fondo es la dilución del lenguaje de la sostenibilidad. Cuando marcas globales utilizan términos ambiguos, erosionan la confianza del consumidor y vacían de contenido conceptos clave. Esto dificulta que el público identifique esfuerzos reales de reducción de impacto. Para las empresas comprometidas, competir en un mercado saturado de mensajes vacíos resulta cada vez más complejo. El caso demuestra que el greenwashing en 2025 también opera a través de palabras aparentemente inofensivas.

5. TotalEnergies: descarbonización en el discurso, expansión en la práctica

Un tribunal de París declaró ilegal la publicidad de TotalEnergies por lavado de imagen verde, marcando un precedente histórico. La petrolera se presentaba como “actor clave en la transición energética” mientras continuaba expandiendo proyectos de petróleo y gas. El fallo cuestionó directamente la coherencia entre su discurso y sus operaciones. Se trató de la primera sentencia de este tipo contra la narrativa climática de la industria petrolera. En el contexto del greenwashing en 2025, el caso tuvo un efecto simbólico y jurídico.

Las implicaciones son profundas para el sector energético. Para el medio ambiente, legitimar la expansión fósil bajo un discurso verde retrasa la reducción real de emisiones. Para los consumidores y la opinión pública, se refuerza la desconfianza hacia las promesas corporativas. Además, la sentencia sienta un precedente que podría limitar futuras campañas engañosas. TotalEnergies mostró cómo el greenwashing en 2025 puede convertirse en un riesgo legal de alto impacto.

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6. Woolworths: compromisos de no deforestación debilitados

Woolworths fue cuestionada por vaciar su compromiso de no deforestación al clasificar la carne de res como un producto de “bajo riesgo”. Organizaciones ambientales denunciaron que la empresa seleccionó de manera conveniente criterios de la regulación europea EUDR. Esto contrastó con su propio informe de 2024, donde reconocía a la ganadería como un factor clave de deforestación en Australia. El cambio generó dudas sobre la integridad de sus evaluaciones. El caso se inscribe en las formas más sutiles de greenwashing en 2025.

Este tipo de prácticas tiene efectos significativos sobre los bosques y la biodiversidad. Para los consumidores, genera una percepción distorsionada sobre el impacto real de los productos que adquieren. Para las marcas que sí enfrentan de manera transparente los riesgos de deforestación, estas estrategias debilitan los estándares del sector. Además, demuestra cómo los informes de sostenibilidad pueden convertirse en herramientas de maquillaje. Woolworths ejemplifica el greenwashing en 2025 a través de métricas flexibles.

7. Apple: neutralidad de carbono bajo cuestionamiento

Apple enfrentó una demanda colectiva en California por afirmar que ciertos modelos de Apple Watch eran “neutrales en carbono”. La empresa basó esta afirmación en la compra de compensaciones de carbono en proyectos ubicados en Kenia y China. Los demandantes argumentaron que dichos proyectos no generaban reducciones de emisiones reales ni adicionales. En agosto, se prohibió a Apple continuar utilizando este tipo de declaraciones. El caso se volvió emblemático del greenwashing en 2025 ligado a compensaciones.

La controversia puso en evidencia los límites del uso de créditos de carbono como sustituto de reducciones reales. Para el medio ambiente, depender de compensaciones de baja integridad retrasa la acción climática efectiva. Para los consumidores, se erosiona la confianza en marcas percibidas como líderes en innovación. Además, afecta a empresas que sí priorizan la reducción directa de emisiones. Apple mostró cómo el greenwashing en 2025 puede surgir incluso en estrategias climáticas sofisticadas.

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8. DWS: sostenibilidad exagerada para atraer inversión

DWS, la división de inversión de Deutsche Bank, fue multada con 25 millones de euros por engañar a los inversionistas sobre sus credenciales de inversión sostenible. Las autoridades concluyeron que la firma exageró el alcance de sus criterios ESG en materiales de marketing. El caso cerró una investigación iniciada años antes y que incluyó allanamientos en Fráncfort. La propia empresa reconoció que su comunicación había sido “exuberante”. Así, DWS se convirtió en uno de los casos financieros más relevantes de greenwashing en 2025.

El impacto de este tipo de prácticas es sistémico. Cuando el greenwashing alcanza al sector financiero, el capital se dirige a proyectos que no generan beneficios ambientales reales. Para los inversionistas, se socava la confianza en los productos ESG. Para el mercado, se distorsiona el propósito de la inversión sostenible. DWS demuestra que el greenwashing en 2025 no solo afecta al consumo, sino a la arquitectura financiera de la sostenibilidad.

Por qué el greenwashing es tan grave

El greenwashing no es solo un problema de marketing; es una amenaza directa a los esfuerzos globales por la sostenibilidad. Cuando grandes marcas engañan, ralentizan la acción climática y normalizan la inacción bajo discursos verdes.

Además, distorsiona la competencia: las empresas que sí invierten en transformación enfrentan desventajas frente a quienes solo invierten en narrativa. Esto desalienta la innovación y perpetúa modelos insostenibles.

Evitar el greenwashing implica transparencia, métricas claras y rendición de cuentas. En un mundo que ya no tiene margen para falsas soluciones, la honestidad corporativa es una condición mínima, no un valor agregado.

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Cuando el marketing verde deja de ser creíble

El greenwashing en 2025 dejó una lección contundente: la sostenibilidad sin sustancia tiene consecuencias legales, reputacionales y ambientales. Las multas, demandas y prohibiciones publicitarias muestran que el escrutinio llegó para quedarse.

Para las empresas, el mensaje es claro: o se transforma el modelo de negocio, o se pierde la confianza. En un contexto de crisis climática, el costo de engañar ya no es simbólico, es estructural.

Cuando los bancos hablan de cambio climático, no están haciendo activismo

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Durante mucho tiempo, el cambio climático fue un tema asociado principalmente a ONG, organismos multilaterales y comunidades académicas. Un terreno dominado por informes científicos, llamados urgentes y narrativas morales. Sin embargo, en los últimos años algo ha cambiado de manera silenciosa pero profunda: las instituciones financieras comenzaron a hablar del clima con lenguaje económico, técnico y estructural.

Cuando un banco como BBVA publica análisis detallados sobre las emisiones de gases de efecto invernadero, no está buscando sensibilizar ni posicionarse como actor ambientalista. Está haciendo algo distinto y más relevante: está reencuadrando el cambio climático como un riesgo económico y financiero, con implicaciones directas sobre crecimiento, competitividad y estabilidad de largo plazo.

Para el sistema financiero, el clima dejó de ser un asunto reputacional o voluntario y pasó a convertirse en una variable que incide en la evaluación de proyectos, en la asignación de capital y en la viabilidad futura de sectores completos. En ese contexto, hablar de emisiones no es hablar de externalidades, sino de riesgos estructurales que ya están entrando al balance.

El problema no es crecer, sino cómo se crece

El mensaje de fondo es claro: el problema no es si la economía debe crecer o no, sino cómo crece y con qué base energética. Desde esta lógica, ni el control poblacional ni el decrecimiento aparecen como soluciones viables o éticas. La discusión se desplaza hacia la eficiencia energética, la transformación de la matriz energética y las decisiones de inversión que acompañan —o frenan— esa transición.

Para sostener este enfoque, BBVA Research recurre a herramientas económicas concretas, no a slogans. Una de ellas es la Identidad de Kaya, un marco analítico que permite explicar las emisiones de gases de efecto invernadero a partir de cuatro factores: población, ingreso per cápita, intensidad energética de la economía e intensidad de emisiones de la energía. Más allá de la fórmula, su valor está en lo que revela: las emisiones responden a decisiones económicas y tecnológicas específicas, no a inevitabilidades abstractas.

Aplicada al caso de México, esta lectura arroja datos difíciles de ignorar. De acuerdo con BBVA Research, el país emitió en 2024 un total de 784 millones de toneladas de CO equivalente, lo que representa 1.3% de las emisiones globales, y registró un incremento anual de 3.2% respecto a 2023. Al mismo tiempo, para cumplir con la Contribución Nacionalmente Determinada (NDC) actualizada en 2025, México tendría que reducir sus emisiones en promedio 3.6% anual durante la próxima década, una trayectoria muy distante de la tendencia actual.

Cuando el clima entra al balance, el ESG cambia de etapa

Desde una perspectiva ESG, este tipo de análisis marca una transición relevante. La dimensión ambiental deja de ser un anexo narrativo y se integra al corazón de la gobernanza y la gestión de riesgos. Cuando un banco explica el cambio climático con este nivel de rigor, no está divulgando conocimiento: está preparando decisiones. Decisiones sobre qué proyectos financiar, bajo qué condiciones y con qué expectativas de largo plazo.

Esto ayuda a entender por qué el ESG está entrando en una etapa menos romántica y más exigente. Una etapa donde los compromisos públicos comienzan a traducirse en criterios operativos, y donde la falta de una estrategia clara de transición energética puede tener consecuencias reales en el acceso a financiamiento y capital.

Lo que deberían entender los clientes de los bancos

Para las empresas que trabajan con instituciones financieras como BBVA, este tipo de análisis no es solo información de contexto. Es una señal temprana de cómo se están ajustando los criterios con los que el sistema financiero evalúa riesgos y oportunidades.

Del lado de las amenazas, el mensaje es evidente: modelos de negocio intensivos en energía, con baja eficiencia o alta dependencia de combustibles fósiles enfrentan un entorno cada vez más exigente. No necesariamente por una regulación inmediata, sino porque el riesgo climático comienza a reflejarse en variables como el costo del capital, las condiciones crediticias y el apetito de financiamiento. No contar con una estrategia clara de transición deja de ser una omisión narrativa y se convierte en una vulnerabilidad operativa.

Pero también hay oportunidades claras. Empresas que invierten en eficiencia energética, electrificación de procesos, energías renovables y reducción estructural de emisiones no solo avanzan en sus compromisos ambientales; mejoran su perfil de riesgo frente a quienes asignan capital. En este contexto, la transición energética deja de leerse como un costo reputacional y empieza a entenderse como una ventaja competitiva.

Desde esta óptica, los análisis que hoy publican los bancos funcionan como un anticipo de conversaciones futuras. No son instrucciones explícitas, pero marcan el terreno sobre qué tipos de proyectos, sectores y estrategias serán más viables —y financiables— en los próximos años.

En ese sentido, que instituciones como BBVA hablen de cambio climático no debería sorprender. Tampoco debería leerse como una moda comunicativa. Es una señal clara de cómo el sistema financiero está reinterpretando el desafío climático: no como un tema externo a la economía, sino como una condición para su viabilidad futura.

Tal vez, entonces, la pregunta relevante ya no sea por qué los bancos hablan de cambio climático, sino qué pasará con las empresas que no sepan leer estas señales a tiempo, cuando el ESG ya no se discute en reportes, sino en decisiones de financiamiento.

Fuente: BBVA Research, México | ¿Qué factores impulsan el crecimiento de las emisiones de GEI? Explorando la identidad de Kaya, 15 de diciembre de 2025.

¿La falta de RSE puede convertirse en un riesgo financiero?

Durante años, la Responsabilidad Social Empresarial fue vista como un componente reputacional deseable, pero no indispensable. Hoy, ese enfoque resulta insuficiente frente a un entorno marcado por crisis sociales, desconfianza institucional y consumidores más informados. En este contexto, la falta de RSE preparar a tu empresa para una crisis social deja de ser un asunto ético y se convierte en una variable financiera crítica. La pregunta ya no es si invertir en RSE, sino cuánto cuesta no hacerlo.

Las tensiones sociales, los conflictos comunitarios y las exigencias regulatorias están impactando directamente los estados financieros. Las empresas que no anticipan estos riesgos enfrentan interrupciones operativas, pérdida de valor de marca y dificultades para acceder a capital. Comprender la RSE como un sistema de gestión del riesgo es clave para sostener el negocio en el largo plazo. Este análisis busca profundizar en ese vínculo desde una mirada estratégica y experta.

La RSE como sistema de prevención, no como discurso

Pensar la RSE solo como comunicación o filantropía limita su verdadero alcance. En la práctica, funciona como un sistema de prevención que permite identificar tensiones sociales antes de que escalen. Cuando no existe, la empresa opera a ciegas frente a su entorno. Esa falta de lectura social suele traducirse en costos inesperados.

Las organizaciones que integran la RSE en su gobernanza desarrollan mecanismos de escucha activa. Estos mecanismos permiten detectar conflictos laborales, comunitarios o ambientales de manera temprana.

Anticiparse reduce la probabilidad de paros, boicots o sanciones. No hacerlo expone al negocio a crisis evitables.

Desde una perspectiva financiera, la prevención siempre resulta menos costosa que la corrección. Las crisis sociales no solo afectan la reputación, también interrumpen cadenas de suministro y proyectos estratégicos. La RSE, bien entendida, actúa como un seguro operativo. Ignorarla equivale a asumir riesgos sin cobertura.

Riesgo social: la variable que muchos modelos financieros aún subestiman

Los modelos tradicionales de gestión de riesgos suelen priorizar variables macroeconómicas o regulatorias. Sin embargo, el riesgo social está demostrando tener impactos igual o más severos. Comunidades inconformes, colaboradores desmotivados o consumidores críticos generan presiones constantes. Estas presiones, cuando se acumulan, detonan crisis.

falta de RSE

La ausencia de una estrategia social clara dificulta la toma de decisiones en momentos críticos. Las empresas reaccionan tarde y de forma defensiva. Esto suele amplificar el conflicto en lugar de resolverlo. La improvisación tiene un costo financiero elevado.

Integrar el riesgo social en la planeación estratégica permite asignar recursos de forma más eficiente. También mejora la resiliencia organizacional frente a escenarios adversos. Las empresas que lo hacen no solo resisten mejor las crisis, sino que ganan ventaja competitiva. La RSE se convierte así en una herramienta de gestión avanzada.

Cuando la omisión se vuelve costo: señales tempranas ignoradas

Las crisis rara vez surgen de la noche a la mañana. Suelen estar precedidas por señales claras que no fueron atendidas. Quejas recurrentes, rotación de personal o conflictos con comunidades son alertas tempranas. La falta de estructuras de RSE impide leerlas correctamente.

Cuando estas señales se ignoran, el impacto se multiplica. Lo que pudo resolverse con diálogo termina en litigios o pérdidas operativas. En ese punto, la empresa ya no controla la narrativa ni los tiempos. El costo financiero y reputacional se dispara.

Analizar casos recientes demuestra un patrón común. La falta de RSE preparar a tu empresa para una crisis social se manifiesta en decisiones reactivas y desarticuladas.

La empresa paga por no haber invertido antes en prevención. Este aprendizaje se repite en distintos sectores.

Inversión, financiamiento y ESG: el costo de quedar fuera

El acceso a capital está cada vez más condicionado por criterios ESG. Fondos de inversión, bancos y aseguradoras evalúan el desempeño social con mayor rigor. Una estrategia débil de RSE se traduce en mayores tasas o exclusión financiera. Esto impacta directamente la competitividad.

Las empresas sin métricas sociales claras enfrentan dificultades para demostrar su resiliencia. En contextos de crisis, los inversionistas buscan organizaciones con capacidad de gestión integral. La RSE aporta evidencia de esa capacidad. No contar con ella genera desconfianza.

Además, los mercados castigan la opacidad y la improvisación. La falta de preparación social aumenta la volatilidad percibida del negocio. En consecuencia, el valor de la empresa se ve afectado. La RSE deja de ser un “extra” y se vuelve un requisito financiero.

Gobernanza y toma de decisiones en contextos de crisis social

Una crisis social pone a prueba la gobernanza corporativa. Las empresas con RSE integrada cuentan con comités, protocolos y responsables claros. Esto acelera la toma de decisiones y reduce errores. La estructura importa tanto como la intención.

Cuando la RSE no está institucionalizada, las decisiones se concentran y se retrasan. Se privilegia el corto plazo sobre la sostenibilidad. Esto suele agravar el conflicto y aumentar los costos asociados. La falta de claridad interna se refleja hacia afuera.

Incorporar la dimensión social en la gobernanza fortalece la coherencia estratégica. Permite alinear áreas financieras, legales y operativas. La empresa actúa con una sola voz. Esa coherencia es clave para contener impactos financieros.

De la reacción a la estrategia: aprender antes de la crisis

Las organizaciones más maduras en RSE entienden que la preparación es continua. No esperan a que estalle una crisis para actuar. Invierten en diagnósticos sociales, indicadores y capacitación interna. Este enfoque reduce la incertidumbre.

La RSE estratégica permite simular escenarios y evaluar impactos potenciales. Esto mejora la planificación financiera y operativa. La empresa gana margen de maniobra. La reacción deja paso a la anticipación.

En este punto, la falta de RSE preparar a tu empresa para una crisis social se vuelve evidente como una desventaja estructural. No se trata de buenas intenciones, sino de capacidad de gestión. Las empresas que aprenden antes, pagan menos después.

La relación entre RSE y riesgo financiero es hoy innegable. La falta de RSE preparar a tu empresa para una crisis social expone a las organizaciones a costos que podrían haberse evitado con visión estratégica. Para quienes lideran la agenda social, el reto está en traducir impacto social en lenguaje financiero. Solo así la RSE ocupará el lugar que le corresponde: el de una inversión clave para la sostenibilidad del negocio.

Microplásticos en la cadena alimentaria: una amenaza silenciosa para la salud pública

Jürgen Mahlknecht, líder del Centro de Investigación del  Clima y Sostenibilidad;

y Cristina Chuck, líder del Centro de Investigación en Salud y Seguridad Alimentaria

Escuela de Ingeniería y Ciencias, Tecnológico de Monterrey, México

El plástico ha transformado la vida moderna, pero sus residuos están transformando nuestra salud. Desde el agua embotellada hasta los productos del mar e incluso la sal de mesa, los microplásticos han infiltrado la cadena alimentaria global. Se estima que los seres humanos podrían ingerir entre 11 000 y 193 000 partículas al año a través de las bebidas, siendo el consumo de agua embotellada un factor de riesgo que incrementa considerablemente la exposición.

Estas diminutas partículas —de menos de 5 mm de tamaño— son el resultado de la degradación del plástico mediante procesos físicos, químicos y biológicos. Hoy en día, los microplásticos ya no son solo una preocupación ambiental: representan un desafío emergente de salud pública que exige acciones urgentes y políticas globales coordinadas.

Contaminantes en los alimentos: infiltración en la cadena trófica

Diversos estudios internacionales han confirmado la presencia de microplásticos en prácticamente todas las fuentes de agua y alimentos analizadas:

Cadenas alimentarias marinas: Los microplásticos afectan principalmente a organismos filtradores y peces pequeños, que posteriormente son ingeridos por depredadores de mayor tamaño. Esta acumulación permite que los microplásticos se transfieran a lo largo de la cadena trófica y, en última instancia, lleguen a los seres humanos.

Riesgo por consumo directo: La evidencia más sólida proviene del entorno marino: múltiples estudios han revelado la presencia del disruptor endocrino bisfenol A (BPA) y del plastificante DEHP (un ftalato) en un alto porcentaje de muestras de productos del mar, con variaciones según la especie y la región. Estos hallazgos implican una exposición directa y relevante para el consumidor.

Otras fuentes alimentarias: Además de los productos del mar, se han detectado microplásticos en la sal de mesa, la miel y la cerveza, lo que confirma la omnipresencia de estas partículas en la dieta cotidiana.

Aunque el agua constituye una vía primaria de exposición —especialmente el agua embotellada, que puede contener desde menos de una partícula hasta más de 6 000 por litro—, otros alimentos contribuyen de manera significativa a la ingestión total. La ingestión es la principal vía de exposición, seguida de la inhalación y, en menor medida, del contacto dérmico.

Microplásticos en la cadena alimentaria

Vectores de toxicidad y mecanismos de daño celular

Los microplásticos representan un riesgo dual: físico y químico.

Daño físico y estrés celular (riesgo directo)

Debido a su tamaño y forma, pueden interactuar directamente con células y tejidos, provocando estrés oxidativo, inflamación y daño celular. La evidencia es especialmente sólida en el caso de los nanoplásticos, que han demostrado capacidad para atravesar barreras biológicas. En el caso de los microplásticos de mayor tamaño, la evidencia es incipiente pero aún limitada.

Estrés oxidativo e inflamación: La exposición a microplásticos, incluidos los nanopartículas, induce estrés oxidativo y procesos inflamatorios crónicos, los cuales se asocian con trastornos neurológicos, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.

Daño celular y mitocondrial: Experimentos in vitro con líneas celulares intestinales (Caco-2) y dérmicas (HaCaT) han mostrado una reducción de la viabilidad celular, daño mitocondrial y un aumento de citocinas proinflamatorias. El daño mitocondrial resulta particularmente crítico, dada la función esencial de las mitocondrias en la generación de energía celular.

Alteración de barreras y translocación: Los nanoplásticos (< 1 µm) pueden atravesar barreras biológicas y alcanzar el hígado, los riñones y el sistema linfático, generando efectos hepatotóxicos y sistémicos. Estos hallazgos subrayan la importancia de evaluar de manera diferenciada los microplásticos y los nanoplásticos.

Microplásticos en la cadena alimentaria

Efecto vector (riesgo químico)

Los microplásticos también actúan como vectores de aditivos tóxicos, como el BPA, los ftalatos y otros compuestos, transfiriendo sustancias persistentes, bioacumulables y tóxicas a la red alimentaria.

Disrupción endocrina: El BPA, los ftalatos y otros componentes pueden imitar o bloquear hormonas naturales, afectando los sistemas cardiovascular, renal, gastrointestinal, neurológico y reproductivo.

Riesgos de carcinogenicidad: Algunos compuestos plásticos —como el estireno y ciertos ftalatos— están clasificados como probables carcinógenos o se asocian con genotoxicidad tras exposiciones prolongadas.

Estos hallazgos sugieren la necesidad imperativa de aplicar el principio de precaución: es crucial reducir de inmediato la exposición a los microplásticos y a sus aditivos, sin esperar evidencia epidemiológica concluyente.

La paradoja del agua y los desafíos metodológicos

Paradójicamente, la infraestructura diseñada para protegernos, como las plantas de tratamiento de aguas residuales, puede convertirse en puntos de redistribución de microplásticos. Aunque capturan parte de las partículas, descargan cantidades significativas en ríos y costas, mientras que los lodos residuales —utilizados como fertilizante— reintroducen microplásticos en el entorno agrícola.

El área metropolitana de Monterrey, México, ejemplifica esta paradoja: una alta dependencia del agua embotellada, la escasez hídrica y la creciente acumulación de residuos plásticos elevan el riesgo de exposición.

Microplásticos en la cadena alimentaria

Para enfrentar este desafío global, la comunidad científica y las autoridades sanitarias deben cerrar tres brechas críticas:

  • Estandarizar métodos de muestreo, tratamiento, captura e identificación, utilizando técnicas como FT-IR o Raman, además de análisis asistidos por inteligencia artificial.
  • Fortalecer la vigilancia sanitaria, integrando datos de exposición en agua y alimentos, con especial atención a las poblaciones vulnerables.
  • Implementar políticas preventivas, reduciendo los plásticos de un solo uso, mejorando la filtración en plantas de tratamiento y reforzando la responsabilidad extendida del productor.

El futuro de la salud pública depende de la rapidez con la que actuemos con la evidencia ya disponible. El costo de la inacción no es teórico: se acumula, partícula por partícula.

Cifras clave sobre el problema de los microplásticos

< 5 mm: Definición de microplásticos; los nanoplásticos (< 1 µm) representan un riesgo emergente.
6 000+ partículas/L: Niveles máximos detectados en agua embotellada a nivel mundial.
42 partículas/L: Promedio encontrado en agua de la llave y dispensadores en la Ciudad de México.
193 000 partículas/año: Ingesta máxima estimada en un adulto a través del consumo de agua.
70–80 %: Proporción de muestras de productos del mar que contienen BPA y ftalatos.
50 veces: Algunos estudios reportan que el agua embotellada puede contener hasta 50 veces más microplásticos que el agua de la llave.
100–300 partículas/kg: Niveles promedio encontrados en sal de mesa comercial.
2 400–9 400 partículas/kg: Abundancia reportada en ciertas algas comestibles.

(Las cifras pueden variar ampliamente según los métodos analíticos y los tamaños mínimos detectables.)


Referencias

Cierre 2025: México sigue con menos de la mitad de sus mujeres en el mercado laboral — el reto 2026 ya empezó

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En estas semanas de cierres, presupuestos y tableros de KPIs, muchas empresas mexicanas vuelven a poner sobre la mesa las mismas prioridades: productividad, atracción de talento, digitalización, control de costos y planes de expansión. Pero hay un indicador que sigue fuera del radar —y es exactamente el que puede decidir quién compite mejor en 2026—: cuántas mujeres están realmente dentro del mercado laboral, acumulando experiencia, ingresos, ahorro y poder económico.

El contraste es difícil de justificar. En México, la participación económica femenina ronda la mitad, mientras la masculina se acerca a tres cuartas partes. No es una diferencia marginal: es una barrera estructural que reduce el tamaño del talento disponible y, por lo tanto, limita el potencial de crecimiento y la capacidad de ejecución de miles de organizaciones.

La paradoja es que, en el papel, la región sí puede presumir avances. América Latina suele figurar entre las zonas con mejor desempeño global en indicadores de paridad, empujada por mejoras en educación y representación. Pero ese promedio convive con una realidad menos cómoda: el progreso no se reparte parejo. Se puede avanzar en algunos frentes y seguir fallando donde más pesa para la competitividad: empleo, calidad del trabajo y acceso a posiciones de decisión.

En el plano regional, la fotografía confirma el rezago laboral. La participación femenina sigue por debajo de la masculina, y la brecha salarial se mantiene persistente. Dicho sin eufemismos: una parte enorme del potencial productivo se queda estacionado… justo cuando 2026 exigirá más competitividad, más especialización y más resiliencia.

El problema no es solo cuántas mujeres participan, sino en qué condiciones. La informalidad sigue siendo un freno fuerte en México: erosiona estabilidad, reduce acceso a seguridad social, limita el crédito y dificulta construir patrimonio. Cuando una parte grande del empleo ocurre en esquemas de baja protección, la conversación deja de ser únicamente “igualdad” y se vuelve productividad país.

mujeres en el mercado laboral

Y aquí entra el gran “impuesto invisible” que condiciona 2026: el tiempo. La carga de trabajo no remunerado —cuidado de hijos, personas mayores o dependientes, además de tareas domésticas— recae de manera desproporcionada en las mujeres. El resultado es tan simple como contundente: menos horas disponibles para formación, empleo formal, movilidad profesional, redes de contacto y ascensos.

Para Florencia Ribes, Directora Comercial de ONT TRUST, el problema se entiende mejor cuando se mira más allá del sueldo y se piensa en patrimonio:

“Cada año que una mujer queda fuera del mercado laboral formal no solo pierde ingresos: pierde ahorro, inversión, historial crediticio y, en última instancia, poder de decisión sobre su propio futuro. En América Latina estamos subestimando el costo patrimonial de excluir a la mitad del talento”.

Ese “costo patrimonial” se traduce en un freno directo al crecimiento. Distintos análisis han estimado que, si México lograra acercar la participación económica femenina a la masculina, el efecto acumulado podría ser enorme sobre el PIB. Más allá de la cifra exacta, la lógica es robusta: cada punto de participación femenina que no se activa es crecimiento que no ocurre, innovación que se pospone y resiliencia que se sacrifica.

De cara a 2026, el desafío es doble. Primero, porque la demanda de talento seguirá presionando (y no solo en perfiles técnicos: también en operación, ventas, administración y servicios). Segundo, porque la transición tecnológica —incluida la adopción de IA— puede agrandar brechas si el acceso a capacitación y trayectorias formales no se democratiza. El riesgo es claro: si las mujeres entran tarde, entran menos, o entran en peores condiciones, el país se queda con una base laboral más frágil y menos productiva.

La conversación empresarial suele quedarse en “diversidad” como un capítulo de reputación. Pero el punto para 2026 es más frío —y más útil—: gestión del riesgo y calidad de decisiones. Una mayor representación de mujeres en posiciones de liderazgo se asocia, en múltiples estudios, con mejores prácticas de gobierno corporativo, mayor diversidad de criterios, mejor comprensión de mercados y señales más sanas de toma de decisiones.

mujeres en el mercado laboral

Ribes lo aterriza al lenguaje que sí atraviesa comités y presupuestos:

“Cuando medimos diversidad solo en presentaciones y no en flujos de caja, perdemos el punto. Equipos con más mujeres en posiciones de liderazgo tienden a gestionar mejor el riesgo, entender mejor a sus clientes y tomar decisiones más informadas. La verdadera pregunta para las empresas latinoamericanas no es si pueden permitirse impulsar la participación femenina, sino si pueden permitirse no hacerlo”.

El cierre de 2025 deja una lección incómoda: la región puede presumir avances agregados, pero si México entra a 2026 con una participación económica femenina estancada cerca de la mitad, seguirá compitiendo con un freno de mano puesto.

El futuro del trabajo en México no se va a definir solo por automatización, inversiones o anuncios de expansión. Se va a definir por decisiones mucho más terrenales: quién puede trabajar, quién puede crecer profesionalmente, quién tiene acceso a cuidados, quién puede formalizarse, quién puede liderar. Si 2026 trae un reto, es éste: dejar de tratar la igualdad como “tema adicional” y convertirla en una tesis central de negocio y productividad. Porque, a estas alturas, el rezago laboral femenino ya no es una brecha: es una desventaja competitiva.

L’Oréal Groupe obtiene por décima vez consecutiva la calificación AAA de CDP por su compromiso con el liderazgo medioambiental

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L’Oréal ha sido reconocida con una calificación triple A por la organización medioambiental sin ánimo de lucro CDP, por décimo año consecutivo, por su liderazgo en transparencia corporativa y su desempeño en materia de cambio climático, bosques y seguridad hídrica, convirtiéndose en la primera y única empresa en lograr esta distinción.

L’Oréal fue una de las 23 empresas que recibieron una calificación triple A en 2025, de entre las 22,100 empresas que presentaron informes este año, y la única en conseguirla 10 veces consecutivas. Esta distinción reconoce el profundo compromiso de L’Oréal Groupe con la construcción de un futuro sostenible.

Entre los principales logros de 2024 se incluyen alcanzar un 97% de energía renovable en todas sus instalaciones, obtener el 92% de los ingredientes y materiales de origen biológico de sus fórmulas y envases de fuentes sostenibles y trazables, y garantizar que el 53% del agua utilizada en sus procesos industriales provenga de fuentes recicladas o reutilizadas.

Este logro sin precedentes es testimonio del profundo compromiso de L’Oréal Groupe de integrar plenamente la sostenibilidad en el corazón de nuestra estrategia empresarial y en nuestras operaciones diarias”, afirmaron Ezgi Barcenas, directora de Responsabilidad Corporativa, y Antoine Vanlaeys, director de Operaciones de L’Oréal Groupe.

“Este reconocimiento refleja la dedicación de nuestros equipos y nuestro ecosistema. Más que nunca, estamos comprometidos con la innovación y las asociaciones colaborativas para un futuro más sostenible“.

calificación AAA de CDP

“Como la mayor empresa de belleza del mundo, reconocemos nuestra posición única y nuestra responsabilidad de impulsar un cambio real y significativo”, afirmó Nicolas Hieronimus, CEO de L’Oréal Groupe. “Estoy inmensamente orgulloso de que L’Oréal sea la única empresa que ha conseguido por décima vez consecutiva la calificación triple A del CDP. Me gustaría rendir homenaje a todos nuestros empleados y socios de nuestra cadena de valor que trabajan sin descanso para crear la belleza que mueve el mundo”.

La puntuación del CDP se basa en una metodología rigurosa e independiente, alineada con el marco del TCFD. Evalúa la profundidad de los informes de las empresas, su comprensión de los riesgos medioambientales y las pruebas de buenas prácticas, incluyendo el establecimiento de objetivos ambiciosos y acciones verificadas. El CDP mantiene el mayor repositorio de información medioambiental del mundo y es ampliamente utilizado como guía para las decisiones de inversión y adquisición que apoyan una economía global neutra en carbono, sostenible y positiva para el planeta. En 2025, 640 inversores con 127 mil millones de dólares en activos solicitaron al CDP que recopilara datos sobre el impacto, los riesgos y las oportunidades medioambientales.

Enhorabuena a todas las empresas que figuran en la lista A del CDP”, declaró Sherry Madera, directora general del CDP. “Las empresas que obtienen una calificación «A» están demostrando que la ambición medioambiental y la fortaleza comercial van de la mano. Los datos de alta calidad dan a los líderes la confianza necesaria para tomar decisiones positivas para el planeta que garanticen la competitividad a largo plazo, atraigan capital y protejan los sistemas naturales. Estas organizaciones muestran lo que se puede conseguir cuando la transparencia se convierte en la base de la acción”.

18 de diciembre, día internacional de las personas migrantes: únete a la campaña #TodoSeMueve de Hola América y Ashoka

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En el marco del Día Internacional de las Personas Migrantes, Hola América, la iniciativa de innovación social para la migración de Ashoka, presenta la campaña #TodoSeMueve, una acción colectiva en redes sociales que invita a repensar la manera en que hablamos y pensamos la movilidad humana, y a reconocer el movimiento como una experiencia humana compartida.

La iniciativa se lanza pocas semanas después del Festival Hola América, realizado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que reunió a más de 500 actores del sector social, público, privado y académico. El encuentro puso en el centro el rol de las personas migrantes como agentes de cambio, en un momento en que el debate público sobre migración se encuentra cada vez más polarizado.

Con frecuencia, el protagonismo dado a las personas migrantes es injusto y se utiliza para desviar la atención de problemas estructurales. Sin embargo, la forma en que abordemos la migración tendrá consecuencias determinantes en todas estas dimensiones.

“Cómo pensamos y actuamos en torno a la migración influirá directamente en el rumbo que tomarán nuestras sociedades: en su capacidad de sostener una democracia viva, en la forma en que se construye la gobernanza internacional y en la posibilidad de cuidar el planeta de manera colectiva. Si acertamos, podemos encaminar los grandes retos de nuestro tiempo hacia soluciones viables para todos. Si no lo hacemos, las consecuencias pueden ser profundas y durar décadas”, afirma Marianny Pacheco, directora de Hola América. 

Romper el ciclo de la crisis narrativa

Hoy, la opinión pública sobre la migración está marcada por discursos reduccionistas que presentan a las personas migrantes como amenaza, costo o problema. Esta mirada estrecha dificulta ajustar políticas, experimentar soluciones y adaptarse a realidades cambiantes, generando un círculo vicioso de alarmismo, sensación de descontrol y respuestas extremas.

Frente a este escenario, Hola América propone un enfoque alternativo. La campaña #TodoSeMueve parte de una premisa simple pero poderosa: el movimiento humano es una constante histórica, una fuente de innovación social y un motor de transformación colectiva. La acción convoca a personas, organizaciones y medios a sumarse compartiendo contenidos, reflexiones y piezas visuales que celebran a América Latina como una región en permanente movimiento.

TodoSeMueve


“No necesitamos una única política pública perfecta, sino un marco narrativo más amplio, realista y humano que permita experimentar, ajustar y construir soluciones. Cuando el debate se encierra en posiciones extremas, perdemos la capacidad de innovar. Con #TodoSeMueve queremos abrir ese” , agrega Pacheco. 

Una guía de uso para que cualquiera pueda sumarse

Para facilitar la participación, Hola América diseñó una Guía de Uso #TodoSeMueve, que incluye piezas y textos listos para adaptar y publicar en redes sociales. El material ofrece:

  • Cambio de foto de perfil con gráficos alusivos al movimiento y a la campaña.
  • Post estático para Instagram y otras redes, con un mensaje central sobre la migración como parte de la historia de todas las personas.
  • Guion sugerido para Reels o videos cortos, pensado para amplificar el mensaje en formatos audiovisuales.
  • Banner de portada para LinkedIn, que lleva el concepto a espacios profesionales y organizacionales.
  • Lineamientos para storytelling en Instagram, incluyendo el uso de GIFs e íconos visuales asociados al movimiento, la mariposa y las rutas migratorias.
  • Una pieza de cierre con el mensaje “Gracias por sumarte a #TodoSeMueve”, que refuerza el carácter colectivo de la acción.

La guía está pensada para que cualquier persona u organización pueda sumarse sin necesidad de equipo especializado en comunicación: basta con elegir las piezas, personalizar los textos sugeridos y compartirlos en sus propias redes.

TodoSeMueve

17 y 18 de diciembre: un movimiento digital coordinado

Durante el 17 y 18 de diciembre, la comunidad de Hola América, junto con aliados en toda la región y diversas oficinas de Ashoka en América Latina, difundirá recursos, historias y mensajes que buscan resignificar la narrativa sobre la movilidad humana.

La invitación está abierta a colectivos, instituciones educativas, empresas, medios de comunicación, emprendimientos, organizaciones de base y personas interesadas en aportar una mirada más justa y humana sobre las personas migrantes.

Quienes deseen sumarse a esta acción colectiva podrán acceder a los materiales, contenidos e historias en las redes de Hola América y Ashoka en la región:

  • Instagram: @festivalholaamerica
  • Ashoka Cono Sur: @ashokaconosur
  • Ashoka Región Andina: @ashokaregionandina
  • Ashoka MCC: @ashoka_mcc

Cada posteo, cada historia y cada pieza compartida bajo el hashtag #TodoSeMueve contribuye a cambiar la conversación sobre migración y a construir un futuro donde el movimiento sea entendido como lo que siempre ha sido: una experiencia humana, creativa y profundamente transformadora.

Descarga todos los materiales  aquí.